Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

miércoles, 1 de julio de 2015

1 DE JUNIO DE 1818 NACIA IGNACIO FELIPE SEMMELWEIS

EL SALVADOR DE LAS MADRES



 “Mi vida ha sido infernal. La idea de la muerte de mis pacientes me ha resultado siempre insoportable, sobre todo cuando se cuela entre las dos grandes alegrías de la existencia, la de ser joven y la de dar vida”.

Ignác Fülöp Semmelweis (Ignacio Felipe Semmelweis, en español), nació el 1 de julio de 1818 en Buda, en la orilla derecha del Danubio, en un barrio comercial de la capital húngara de población mayoritariamente alemana.

Fue un médico húngaro de origen alemán que consiguió disminuir drásticamente la tasa de mortalidad en un 70 % por sepsis puerperal (una forma de fiebre puerperal) entre las mujeres que daban a luz en su hospital mediante la recomendación a los obstetras de que se lavaran las manos con una solución de cal clorurada antes de atender los partos.

Actualmente es considerado una de las figuras médicas pioneras en antisepsia y prevención de la infección nosocomial o iatrogenia.

Semmelweis, hijo de un tendero de comestibles de origen germano, Cursa estudios elementales en el Gimnasio Católico de Buda, y de 1835 a 1837 se forma en la Universidad de Pest, al otro lado del río.

A los diecinueveaños viajó a Viena para estudiar Derecho, y un día, tras escuchar una clase de Josef Skoda -clínico y maestro de la Semiología-, decidió estudiar Medicina. Su tesis doctoral, “La vida de las plantas”, escrita en 1844, no iba a tener ninguna relación con su futuro campo de interés: la infección puerperal.
A mediados del siglo XIX, aún no se conocían los principios científico-epidemiológicos de la transmisión de las enfermedades infectocontagiosas. Por lo que se producían verdaderas epidemias de infecciones nosocomiales en los hospitales de la época, como era el caso de la Fiebre Puerperal en el Hospital General de Viena.

En aquel entonces (antes de Pasteur) nueve de cada diez operaciones terminaban con la muerte o infección del paciente. “El juego del talento consistía en explicar la muerte en función del ‘pus bien ligado’, del ‘pus de buena naturaleza’, del ‘pus laudable’. En el fondo ecos de la impotencia. Las muertes se suceden con total simplicidad. Semmelweis no sabe aún por dónde va a emprender una grandiosa reforma de esta cirugía maldita, pero es el hombre para esta misión”. 

En efecto, en febrero de 1846, Semmelweis fue nombrado asistente del profesor Klin, director de uno de los pabellones de maternidad del Hospicio General de Viena.
Allí, comprobó que en su sector el riesgo de muerte por fiebre puerperal era mucho mayor que en el otro (a cargo del profesor Bartch): cada mes fallecía hasta el 33% de las mujeres internadas. En mayo, la mortalidad llegó al 96%, por lo que se convocó a una Comisión Imperial. 



Frente a esta realidad, Semmelweis creía que el destino lo había elegido para descubrir las medidas decisivas que evitaran tanta muerte. Su punto de partida para resolver la tragedia era una única certeza entre tanta confusión y oscuridad: había más decesos en el pabellón de Klin que en el de Bartch. A partir de este dato, Semmelweis, entonces, elaboró deducciones prácticas: en el pabellón Bartch el tacto era practicado por alumnas de comadronas, mientras que en el pabellón Klin era hecho por alumnos de medicina. Así, las comadronas de Bartch fueron intercambiadas por los estudiantes de Klin y Semmelweis pudo comprobar que la muerte seguía a los discípulos de Klin: las estadísticas de Bartch empezaron a ser tan angustiantes que los estudiantes fueron devueltos a su pabellón original. De esta manera, llegó a su segunda comprobación: los estudiantes jugaban un papel de primera importancia en este desastre. 

Klin empezó a sostener que eran los practicantes extranjeros los que propagaban la fiebre puerperal y los terminó expulsando. Sin estar de acuerdo con la decisión, Semmelweis decidió volver sobre el único hecho demostrado para investigar por qué morían más mujeres de fiebre puerperal dentro del hospital que en la ciudad, más en el pabellón de Klin que en otras clínicas de Viena. En efecto, él había notado que las mujeres que daban a luz en la calle y no iban al pabellón de Klin hasta más tarde se salvaban casi siempre (incluso en temporadas de epidemia). Así, advertía: “La causa que busco está en nuestra clínica y en ninguna otra parte”.

Mientras Klin dejó de hablarle, buscando la oportunidad para revocarle el cargo de asistente, Semmelweis, que había estudiado con Karl von Rokitansky, recordó los cortes a menudo mortales que sufrían los alumnos durante las disecciones. La verdad estaba más cerca: los estudiantes debían lavarse las manos antes de entrar en contacto con mujeres embarazadas. No obstante, Klin se negó a tomar este recaudo y el 20 de octubre de 1846, luego de una discusión, lo destituyó.
A partir de una sugerencia de Skoda, Semmelweis viajó a Venecia en compañía de su mejor amigo, el cirujano Lajos Markusovszky. Dos meses después, al regresar a Viena, se enteró que el 13 de marzo de 1847 había muerto su profesor de anatomía, Jakob Kolletchka, como consecuencia de una herida que se había hecho durante una disección. Kolletchka era profesor de Medicina Forense del Hospital General de Viena y realizaba autopsias con propósitos legales en compañía de estudiantes. Luego de lastimarse, había desarrollado linfangitis y flebitis del miembro superior con un cuadro idéntico al de la infección puerperal: pleuritis bilateral, pericarditis, peritonitis y meningitis.
Puesto que Kolletchka había muerto como resultado de una incisión cadavérica, Semmelweis culpaba a las secreciones de los cadáveres del contagio.

Dice Semmelweis “Este acontecimiento me sensibilizó extraordinariamente y, cuando conocí todos los detalles de la enfermedad que le había matado, la noción de identidad de este mal con la infección puerperal de la que morían las parturientas se impuso tan bruscamente en mi espíritu, con una claridad tan deslumbradora, que desde entonces dejé de buscar por otros sitios.”

Streptococcus agalactiae, el agente causante más frecuente de la sepsis puerperal por contaminación con flora autóctona, a 10000 aumentos. 

La infección estudiada por Semmelweis se debía a contaminación desde cadáveres con bacterias anaerobias.
 Él razonaba: “Son los dedos de los estudiantes, ensuciados en el curso de las disecciones, los que llevan las partículas cadavéricas fatales a los órganos genitales de las mujeres embarazadas, sobre todo a la altura del cuello uterino. Todo el problema reside en limpiar las manos”.



Por solicitud de Skoda, Bartch terminó aceptando al médico en su maternidad como asistente. En mayo de 1847, Semmel weis hizo preparar una solución de cloruro de calcio y pidió que todos los estudiantes que hubiesen practicado disecciones el mismo día o el día anterior- se lavasen las manos antes de efectuar cualquier exploración en una mujer embarazada. Al mes siguiente de la aplicación de esta medida, la mortalidad había caído a un 12%.
Sin embargo, a Semmelweis no le parecía suficiente y ordenó que cualquier persona, hubiese practicado o no disecciones, se sometiera a una cuidadosa desinfección de las manos con la solución de cloruro de calcio antes de explorar a una mujer embarazada. En el curso del próximo mes, la mortalidad por fiebre puerperal bajaría al 0,23%.
Semmelweis había triunfado sobre la fiebre puerperal, pero víctima de la envidia y las rencillas no logró la aprobación que esperaba. Unos sostenían que las cifras eran erróneas, otros aclamaban que las cifras eran falsas. Ningún centro médico de Europa reconocía el hallazgo y el personal de los hospitales se oponía al lavado de manos por considerarlo inútil. Sólo cinco médicos apoyaban a Semmelweis: Rokitansky, Hébra, Heller, Helm y Skoda; el resto de los colegas, estudiantes y enfermeros lo llenaban de injurias.
El profesor Hebra decía: “Cuando se haga la Historia de los errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocará asombro que hombres tan competentes, tan especializados, pudiesen, en su propia ciencia, ser tan ciegos, tan estúpidos”.

Molesto, el ministerio destituyó a Semmelweis por segunda vez el 20 de marzo de 1849, y le ordenó que abandonara Viena.
Refugiado en Budapest, Semmelweis pasó hambre y apenas podía ejercer la medicina.
Además, en un plazo de pocos días, se fracturó un brazo y una pierna, y quedó inmovilizado en cama. Su amigo Lajos Markusovszky lo encontró solo, hambriento y enfermo. “Está tan envejecido que apenas he podido reconocerle. Hay una gran melancolía grabada en sus rasgos, temo que para siempre”, escribió su compañero en aquella ocasión.

 Portada de la primera edición de la obra principal de Ignaz Semmelweis 1861- Die Ätiologie, der Begriff und die Prophylaxis des Kindbettfiebers

Afortunadamente, un tiempo después fue admitido en la maternidad San Roque (de Budapest) donde comenzó la redacción de su libro capital, “La etiología de la fiebre puerperal.”
Para 1856, el Dr. Birley, director de la institución, había muerto y Semmelweis lo sucedió. Sin embargo, luego de escribir una carta abierta a todos los profesores de Obstetricia (en la que calificaba de asesinos a los detractores de las reglas prescriptas para evitar la fiebre puerperal), comenzó a sufrir las mismas hostilidades que en Viena.

“Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho… ¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias…”

Por esa época, su único amigo, el Dr. Arneth, en marzo de 1858 viajó a París con el manuscrito de Semmelweis para participar de las sesiones consagradas a la fiebre puerperal de la Academia. Allí, sólo recibió más oposición a la aplicación del método de Semmelweis.
Agotado, rotos todos los caminos de la razón y perdidos todos los apoyos, Semmelweis cayó en la melancolía y la alienación; se dejaba dominar por las alucinaciones y una tarde corrió hasta las aulas de anatomía de la facultad, se apoderó de un escalpelo, cortó los tejidos putrefactos de un cadáver y se hizo un corte profundo. Estaba infectado mortalmente. Este fue su último recurso para demostrar que su teoría era cierta.
Skoda, advertido de la situación de su discípulo, viajó a Budapest y trasladó a Semmelweis a Viena. El 22 de junio de 1865 fue internado en un manicomio. Sin embargo, al poco tiempo, desarrolló linfagitis, pleuresía, peritonitis y meningitis, y tras una agonía de tres semanas, murió el 16 de agosto de 1865 a los cuarenta y siete años de edad.
Su obra, aunque fue ignorada por su época, será eterna.
El perdió su vida, que la integro a la causa de la ciencia, salvando con su acto heroico miles y miles de vidas.

Fue a finales del siglo XIX cuando la medicina empieza a evolucionar con las disciplinas de higiene para preservar contagios. Luis Pasteur publicaría su hipótesis microbiana, y Joseph Lister  demostrará inequívocamente la naturaleza etiológica de los procesos infecciosos, con ello se lograría imponer la desinfección, la asepsia y la esterilización en todas las especialidades médicas.

Este estudio posterior de los microorganismos (contagium animatum) en el tratamiento de enfermedades infecciosas. Tres figuras sobresalen a este respecto: Pasteur, Koch y Joseph Lister. Sin embargo, lo más importante es que a partir de ese momento la realidad médica fue vista de forma diferente. Los pacientes ya no sólo enfermaban por factores internos a su cuerpo, sino también podían contraer patologías por factores externos. Se había dado un cambio de paradigma.

HOMENAJES

El Hospicio General de Viena tiene una estatua que representa al profesor Semmelweis. Bajo la efigie se ha colocado una placa con la inscripción: "El salvador de las madres".


Memorial de Semmelweis  entre el viejo Hospital de niños y el jardín botánico en el Neuenheimer Feld en Heidelberg (Baden-Württemberg, Alemania


Estatua de la reina Elisabeth ("Sissi") en el Hospital del parque de Semmelweis, Miskolc, Hungría.

 Sello postal alemán en homenaje a Semmelweis.



FUENTES