Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

domingo, 13 de julio de 2014

EL 13 DE JULIO DE 1875 NACÍA MARÍA EUGENIA VAZ FERREIRA

LA GENERACIÓN DEL 900


María Eugenia Vaz Ferreira nació el 13 de julio de 1875 en Montevideo.
Fue una poetisa uruguaya cuya obra parte del romanticismo y desemboca en el modernismo. 

 María Eugenia nació en el seno de una culta y acomodada familia de Montevideo.
Su padre fue Manuel Vaz Ferreira, era portugués y de profesión comerciante, su madre, Belén Ribeiro, era descendiente de asturianos y portugueses, .

Fue hermana de Carlos Vaz Ferreira, escritor y pensador uruguayo. Fue abogado de profesión, rector de la universidad y decano de la Facultad de Humanidades
Hogar de María Eugenia Vaz Ferreira y su madre Barrio: Ciudad Vieja - Cerrito 210
Fotógrafo:Yamandú Lasa
Fuente: Nota de María Eugenia Vaz Ferreira al Sr. Orsini, Archivo Literario de la Biblioteca Nacional de Uruguay

A María Eugenia le tocó vivir en una sociedad uruguaya que sufrió el gran cambio de finales del Siglo XIX y principios del XX.
 Se pasó de una excesiva libertad, a la represión en la expresión de los sentimientos, la vestimenta se volvió recatada y  la sexualidad se vivía con culpa. Esos fueron límites que ponía el Estado, se impuso la ética, el trabajo, la educación y sobre todo, la virtud. Era una sociedad patriarcal imperante, donde la vida de los niños y las mujeres se redujo al ambiente familiar. 


El piano de la poeta -Foto El País

De niña, María Eugenia Vaz Ferreira, como tantas mujeres de su época, no recibió ninguna instrucción formal, sino el poco de enseñanza del hogar y algún tiempo con preceptores particulares.
No asistió a escuelas públicas ni a colegios particulares.

De manera autodidacta María Eugenia aprendió alemán y piano, instrumento con el que realizaba las composiciones de sus músicos más admirados: Chopin y Wagner.

Así la describe  Telmo Manacorda:
"María Eugenia dominó de inmediato el alma sonora del piano, ejecutando con técnica suficiente y con expresión excepcional, desde muy joven.
El sonido y el colorido que ella sabía arrancar al teclado, fueron desde el principio cosa propia, de matiz y de vibración suyos, como expresión de un alma.
Tuvo desde las horas iniciales del piano, la ansiead de interpretar hondamente y de componer música a su antojo.
Así llegó con ímpetu y genio a sorprender a sus familiares con composiciones musicales, que en cierta época, alcanzaron, por su valor, a ser equivalentes a sus poesías.
Eran piezas finas, de una fineza extraña, y expresivas, de una expresión que en todo caso podría dar idea del género musical de Schurmann, por más que sus autores favoritos fuesen siempre y sobre todo Chopin y Wagner.
El gran número de estas composiciones de María Eugenia se ha perdido, lamentablemente, y sólo apenas quedan a salvo dos o tres cosas de las de  menor importancia.
Generalmente, María Eugenia no escribía sus composiciones, y el tumulto annonioso de su alma las
guardaba en secreto para volcarlas a capricho en magníficas explosiones de genio que fueron con frecuencia una característica personal.
Las otras, las que escribió, se perdieron poco a poco, puesto que nunca las quiso publicar.

Del mismo tiempo, son sus estudios pictóricos con su tío Julio Freiré. No perseveró en ellos, pero tenía naturales disposiciones artísticas, y ensayó motivos bellísimos con brochazos de color y de vida extraordinarios.

En literatura nunca hizo ningún estudio ni casi lectura de joven.
Todo fue espontaneo y natural como un cantó alado, salvo los muy primeros ensayos de niñez en que ligeras influencias de Lamartine y Bécquer se transparentan a menudo.
Su primera presentación pública fue la lectura de un monólogo en un festival del Club Católico, cuando recién tenía diez y ocho años.
Desde entonces, comenzó a producir con profundo concepto, como si en cada una de sus páginas pusiese belleza concentrada.
Nunca hizo libros, por más que insistentemente los proyectaba y rotulaba, pero al fin no se decidía a ello.
Sus poesías se fueron publicando como estrellas dispersas que la solicitud de los amigos recogía en las hojas impresas antes de que cayeran al vacío.
Así se conocieron, por parte del gran público, los versos de María Eugenia y así ejercieron su influencia.
Cuando se creó en Montevideo la Universidad de Mujeres, su persistente inclinación a la independencia la llevó a aceptar los cargos de Profesora de Literatura y de Secretaria.
El ejercicio de esta última función administrativa le fue muy penoso y su temperamento resintióse pronto de aquella disciplina rutinaria, agravando su salud y dañando, sin duda alguna, su jardín interior.
En cuanto al cargo de Profesora, lo desempeñó de un modo excepcional. A pesar de tratarse de una clase de enseñanza secundaria, María Eugenia la dictaba como una clase de Facultad, a base de explicaciones propias y previa lectura personal y directa de todos los autores.
El estado precario de su salud la obligó prematuramente a acogerse a la ley de jubilaciones, dejando la cátedra con mucha pena, ya que en ella había puesto singular dedicación y cariñoso empeño.
Entre los autores que más admiró María Eugenia figuraron siempre muchos de los grandes poetas alemanes, que conoció últimamente, cuando estudió sola el idioma para ir a leerlos, comprenderlos y traducirlos, de las fuentes originales."

 Otros poemas aparecieron en las principales revistas literarias del Novecientos.


 Fue una mujer contradictoria y rebelde en su manera exótica de vestir, en ir al "almacén de bebidas" a toma una copa de alcohol: producía curiosidad y también desdén al ser una dama de la sociedad culta. Fue desafiante en sus poemas y no aceptaba ser dominada por el poder del hombre: una poetisa que cuestionó sus sentimientos con planteos metafísicos, que escribió poemas muy emotivos, que hablan de la pasión, de la muerte, de la esperanza y de los misterios del amor y de la existencia.

Estudió música y fue pianista de cierta fama.  Sus primeros versos aparecieron publicados en diversas revistas de la época, donde ya expresó la intensidad de su sentimiento y la pulcritud en la composición.
 La Piedra Filosofal, drama lírico

Su primer libro, escrito hacia 1903 y titulado Fuego y mármol, quedó inédito. 
Entre los años 1905 y 1910 escribe La Piedra Filosofal, drama lírico y Los Peregrinos,  ambas estrenadas en el Teatro Solís, al cual por ese tiempo se le realizaron una serie de renovaciones en la decoración y obras de mantenimiento en base a propuestas de diferentes técnicos, donde se destacaron las pinturas del plafond de sala y el arco escénico realizadas por los pintores Carlos Mª. Herrera y Pío Collivadino en 1908. 

Carlos Vaz Ferreira hermano de Ma. Eugenia


Sólo su libro La isla de los cánticos, publicado en 1924, ha sido suficiente para que se la considere como una de las creadoras líricas más importantes de Hispanoamérica. Esta obra recoge los versos que la poetisa entregó a su hermano, el filósofo Carlos, para que fueran editados
Fruto de su atormentada existencia, tuvo el sistema nervioso en constante desequilibrio y murió joven en una clínica de alienados en 1924.

HOMENAJES

Obra en bronce del escultor José Belloni
 
En 1928, cuatro años después de su muerte, se inauguró en el Prado, próximo al Hotel, una obra en bronce del escultor José Belloni (1882-1965), en homenaje a María Eugenia.

Sello Postal- 1975



Salto rinde homenaje a María Eugenia Vaz Ferreira con una plazoleta que lleva su nombre. Se trata de un pequeño espacio situado sobre Costanera Sur Tomás Berreta, a escasos metros (hacia el sur) de su intersección con calle San Martín y del Club de Pesca. Allí se encuentra una estela de piedra en la que, pese a su mal estado de conservación, puede leerse: “Plaza María Eugenia Vaz Ferreira. 1875-1924- El Pueblo de Salto a la excelsa gloria de la poesía uruguaya. 1954”.

POEMAS 

Tu rosa y mi corazón

Antes que entre tus labios y mi oído
el ciprés del silencio, largo y mudo,
alce su quieta cima,
de tu palabra en el cristal sonoro
dame una roja rosa, que será
por tu lirismo y tu carne fragante
rosa de amor humano y rosa mística.

La prenderé en mi pecho
sobre la palpitante rosa mía,
y del perpetuo beso el tibio roce
esparcirá sus perfumadas ondas...

Hoy,
ebria de aroma me será brindada
la belleza infinita...
y en mi larva fugaz cuando se apaguen
los armoniosos éxtasis
me envolverán las perfumadas ondas
en su mortaja amante y siempreviva.

Dame una rosa, antes
que el ciprés largo y mudo, entre nosotros
alce su quieta cima...


Vaso furtivo

Por todo lo breve y frágil,
superficial, fugitivo,
por lo que no tiene bases,
argumentos ni principios;
por todo lo que es liviano,
veloz, mudable y finito;
por las volutas del humo,
por las rosas de los tirsos,
por la espuma de las olas
y las brumas del olvido...
por lo que les carga poco
a los pobres peregrinos
de esta trashumante tierra
grave y lunática, brindo
con palabras transitorias
y con vaporosos vinos
de burbujas centelleantes
en cristales quebradizos...


Voz del retorno

Nada le queda al náufrago; ya nada: ni siquiera
la dulce remembranza de un viejo sueño vano,
ni la marchita y frágil ala de una quimera
que al estrecharse deja su polvo entre la mano.
La media noche es tarde y el alba fue temprano,
y el orgulloso día le dijo al sol: “Espera”;
quien sin besarla aspira la flor de Primavera,
pasa como una sombra por el jardín humano.

Violetas de los prados en el solar fragante,
rosas de los pensiles rojas y perfumadas
que al pasajero abrieron su misterioso broche;
el náufrago retorna como una sombra errante,
sin una sola estrella de flámulas doradas
con que alumbrar el fondo de su infinita noche.

 

Historia póstuma

Todo me lo diste, todo:
el ritmo azul de las cunas
en cuentos maravillosos
glosados de suaves músicas...

Las palabras melodiosas
divinas como el silencio,
las rosas de nieve y oro
perfumadas de secretos...

Las albas anunciadoras
de los venturosos días
henchidos de primaveras
refulgentes de sonrisas...

Las pálidas nebulosas
de los cielos taciturnos,
la soledad, el olvido
y la paz de los sepulcros.


El ataúd flotante

Mí esperanza, yo sé que tú estás muerta.
No tienes de los vivos
más que la instable fluctuación perpetua;
no sé si un tiempo vigorosa fuiste,
ahora, estás muerta.
Te han roído quién sabe
qué larvas metafísicas que hicieron
entre tu dulce carne su cosecha.
En vano
el mágico abanico de tus alas
con irisadas ráfagas me orea
soltando al aire turbadoras chispas.
Yo sé que tú eres de esas
que vuelven redivivas en la noche
a decir otra vez su última verba...
Ya te he visto venir
blanca y piadosa como un santo espíritu
sobre el vaivén de las marinas ondas;
te he visto en el fulgor de las estrellas,
y hasta  los bordes de mi quieta planta
danzan tus llamas en festivas rondas.
Pero si al interior vuelvo los ojos
Veo la sombra de tu mancha negra,
miro tu nebulosa en el vacío
dar poco a poco su visión suspensa;
sin el miraje de los fueros fatuos
veo la sombra de tu mancha negra.
No llores porque sé los ojos míos
saben vivir en lontananzas huecas;
míralos secos y tranquilos; márchate
y el flotante ataúd reposar deja
hasta que junto a ti también tendida
nos abracemos como hermanas buenas
y otra vez enlazadas nos durmamos
en el sepulcro vivo de la tierra.
 


 

 FUENTES
 http://www.enlacesuruguayos.com/ 
http://www.archivodeprensa.edu.uy
es.wikipedia.org/