Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

jueves, 20 de octubre de 2016

EL 20 DE OCTUBRE DE 1902 NACÍA FILISBERTO HERNÁNDEZ

COMPOSITOR, PIANISTA Y ESCRITOR URUGUAYO
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Felisberto Hernández nació en Montevideo, el 20 de octubre de 1902 y murió el 13 de enero de 1964.
Fue un compositor, pianista y escritor uruguayo, caracterizado por sus obras, en un principio catalogadas como literatura fantástica, basadas, principalmente, en una reflexión sobre sí mismo.
Comenzó a publicar a los 23 años, aunque en vida sus obras nunca alcanzaron una repercusión masiva. Tras la última etapa como músico itinerante, abandonó la carrera de pianista dedicándose exclusivamente a la literatura.
Se diferencian tres etapas en su producción literaria: desde 1925 a 1941 publica en diarios e impresiones realizadas por imprentas del interior del país, como el “Libro sin tapas” (porque no tenía tapas); desde 1941 a 1946, define su estilo humorístico y fantástico en dos extensas narraciones; desde 1947 a 1960, muestra una mirada extravagante en libros como “Nadie encendía las lámparas” y “La casa inundada”.


Sus padres, fueron, Prudencio Hernández González (1878-1940) y Juana Hortensia Silva (1884-1971), se habían casado en 1900. 

El padre, era de origen canario, se dedicó al gremio de la construcción. La madre, apodada  Calita, trabajó como criada para su tía Deolinda Arecha de Martínez, y ésa es la razón por la cual cambió su nombre, llamándose en lo sucesivo Juanita Martínez. En la obra de Filisberto  aparecieron como personajes ambas mujeres.



Felisberto fue el primero de los cuatro hijos del matrimonio Hernández-Silva.

Nació en Montevideo, en una casa construida en el barrio de Atahualpa. Ya desde esa fecha inaugural, el pequeño experimentó un equívoco de la identidad, cuando erróneamente fue apuntado en el registro civil como Feliciano Félix Verti. 
La relación violenta con la tía Deolinda determinó que Felisberto se convirtiera en  un ser concentrado al extremo, un introvertido, susceptible de las mayores inhibiciones. Sus abstracciones provienen de la infancia, para escapar a feroces castigos, perpetrados contra él más que frente a sus hermanos, por esa tía abuela a la que temía extraordinariamente. Era capaz de transcurrir horas en un mismo lugar haciendo hablar y moviendo cosas u objetos a los que investía de una figuración recóndita.


De niño, fue muy imaginativo y lo expresaba a través de sus manos. Era tibio observador del mundo exterior y sus personajes. Por momentos le interesaban algunos, pero era para operar con ellos la transformación mágica de la creación. Entonces se volvía capaz de obsesionarse, cuando sentía que le serían útiles

El 7 de diciembre  de 1905 nació la hermana del escritor, Deolinda Hernández.

Ismael, su hermano menor, nació el 1 de diciembre de 1906.

En el año 1907 sus padres se instalaron  en la casa que los abuelos paternos de Felisberto poseían en el Cerro. 



 
Familia Hernández-Silva, 1907- De izq  a der  Felisberto, Juana "Calita" su madre, Ismael y Deolinda,  sus hermanos y Prudencio  su padre


 Un año después, 1908,  coincidiendo con el fallecimiento de su abuelo Ignacio, el pequeño Felisberto  comenzó la primaria.

Ese mismo año de 1908 tras escuchar a Bernardo de los Campos, un pianista ciego, de Las Piedras decidió su vocación musical.

El 14 de julio de 1911 nació Mirta, su hermana menor. A ese acontecimiento se sumó otro de carácter decisivo, y es que el niño Felisberto comenzó a estudiar piano con la profesora francesa Celina Moulié, literariamente retratada en El caballo perdido.

En el año 1914 fue matriculado como alumno en la Escuela Artigas de Enseñanza Primaria. Recibió clases de excelente profesores donde se destacó José Pedro Bellán. Al mismo  tiempo que asistió a las aulas del citado centro con el propósito de completar sus estudios preuniversitarios, Felisberto pasó a formar parte de una asociación juvenil de boy-scouts, las Vanguardias de la Patria, entre cuyas actividades figuraba un extenso programa de excursiones a través de Uruguay y de los países cercanos.

En el año 1915 entró en la vida de Felisberto Hernández un personaje fundamental en lo que tiene que ver con la música, Clemente Colling, luego inmortalizado en las páginas de En los tiempos de Clemente Colling. 
Este profesor de piano enseñó al muchacho composición y armonía, además de otras materias quizá más durables y de más difícil catalogación.


1917 Cruce de los Andes con el grupo de boy-scouts Vanguardia de la Patria - Felisberto con la bandera Nacional


En el año 1817 viajó a Mendoza, Argentina, junto a sus compañeros de las Vanguardias de la Patria. Años después, al recordar estas andanzas, el escritor recordará todo ese anecdotario adolescente en las páginas de Tierras de la memoria: «Con esa misma institución de niños —similar a los boy-scouts de Inglaterra— había ido a Chile cruzando a pie la provincia de Mendoza y la cordillera de los Andes. Era en la época que estudiábamos historia y sabíamos cuándo sería el centenario de la batalla de Chacabuco ganada por San Martín. Para esa fecha habíamos sido invitados todos los scouts de América y se haría una gran concentración en los campos de Chacabuco. Íbamos cuatro uruguayos: tres muchachos y el jefe, un hombre que luchó desesperadamente por conservar esa institución y que la llamó Vanguardia de la Patria. 

Felisberto 1918

En el año 1918, debido a dificultades económicas, a los 16 años comenzó a dar clases particulares de piano y a ilustrar musicalmente películas, trabajando de pianista en varias salas de cine mudo. Prosigue con apasionamiento los estudios musicales, esa fascinación por el piano resta tiempo a las disciplinas universitarias, paulatinamente abandonadas por el escritor. Pasaba catorce horas diarias en la práctica del piano, un instrumento que ya definía su modo de vida. Una habitación de la casa familiar, situada en la calle Minas 1816, se convirtió en improvisado conservatorio, y ahí es donde recibía a los alumnos que solicitaban sus clases particulares.



En el año 1919 su búsqueda musical se convirtió en obsesión, Felisberto se dio cuenta que un descanso era necesario, y por ello viajó hasta Maldonado, para pasar un tiempo en la casa de su tía abuela Deolinda. Estas vacaciones le dieron la oportunidad de conocer a dos personas decisivas en su porvenir. Así, tuvo un primer contacto con Venus González Olaza, quien será su futuro editor y empresario; y también se acercó a María Isabel Guerra, una maestra de cuyo encanto se enamoró. Por desgracia, la familia Guerra no confiaba en la personalidad de Felisberto, y ese recelo enfatizó aún más el romance entre el pianista y su amada. Para disimular su relación, los novios se reunían cada semana con la disculpa de unas clases de piano que María Isabel tomaba. Así fue creciendo un vínculo sentimental .




En el año 1920 todo lo aprendido con el profesor francés, Clemente Colling, le sirvió para impartir clases de piano en el interior del país y en su Conservatorio de la calle Minas  en Montevideo.

Esas clases de piano le proporcionaron a Felisberto la destreza necesaria en disciplinas como la armonía y la composición. Como corresponde a su prolongado apego como dicípulo, el joven pianista descubrió en Colling esos detalles que distinguen a un practicante de un maestro: el matiz valioso, ejemplar, que aporta personalidad, fuerza y colorido a cada interpretación.


En el año 1922 su carrera como pianista cobró un nuevo impulso cuando Felisberto Hernández empezó a dar recitales. En su repertorio, como un detalle significativo de futuras creaciones, se incorporaron piezas enteramente ideadas por el joven concertista. Por esta época se relacionó con el  filósofo Carlos Vaz Ferreira, cuyas enseñanzas le fueron muy útiles en su trayectoria intelectual.





En 1924 la compañía de Clemente Colling pasaba el día con el joven pianista. No obstante, la unión entre ambos distó mucho de ser agradable para otros miembros de la familia Hernández, que en un principio aceptaron al maestro como nuevo inquilino de su hogar. Dispuesto a ofrecer los peores rasgos de su carácter, Colling era un hombre ajeno a los protocolos de la convivencia, ignoraba el aseo, y ello acabó por espantar a varios amigos de Felisberto, incapaces de soportar a semejante personaje. Incluso la madre de éste decidió marcharse de la casa, desplazada por un invitado tan atípico y fastidioso.

 
Felisberto con su esposa Maria Isabel Guerra y su primer hija, Mabel. Maldonado, 1926



En el año 1925 tomó clases de piano con Guillermo Kolischer.

Este mismo año contrajo matrimonio con María Isabel Guerra. El hogar de ambos no estaba lejos del de Carlos Vaz Ferreira, creándose un vínculo laboral. De hecho, Felisberto protagonizó habitualmente las sesiones musicales organizadas por el filósofo. En el terreno literario, se editó Fulano de tal, costeada por un amigo del autor, José Rodríguez Riet. El volumen contenía una miscelánea de escritos dispersos, y su formato, llamativamente reducido, era de ocho por once centímetros.

En 1926 nació su primera hija, Mabel Hernández Guerra, pero el ajetreo profesional de Felisberto le impidió conocerla hasta cuatro meses después de su nacimiento. Esta circunstancia coincidió en el tiempo con dos hechos de grave alcance sentimental para el músico, quien se enteró de la muerte de Clemente Colling por las mismas fechas en que comienza su distanciamiento con su esposa.

En el año 1927 estrenó dos de sus primeras composiciones al mismo tiempo en que dió su primer concierto en Montevideo. El escenario de dicho estreno fue el Teatro Albéniz.

Entre sus obras se destacaron, Canción de Cuna, Primavera, Negros, Marcha Fúnebre, Crepúsculo.

En 1928, en la Casa del Arte, en Montevideo, Felisberto llevó a cabo un segundo recital pianístico. Su buena ejecución mereció los elogios de la crítica local y presagió un porvenir sonriente para el joven concertista.


  




En el año 1929 su amigo Carlos Rocha recurr a la imprenta La Palabra para publicar el Libro sin tapas, cuya recepción quedó resumida por las siguientes palabras de Vaz Ferreira: «Tal vez no haya en el mundo diez personas a las que les resulte interesante y yo me considero una de las diez».

Homenajeado por sus amigos, Felisberto Hernández disfrutó del agasajo que le dedicaron, entre otros, José Pedro Bellán, Leandro Castellanos Balparda, Manuel de Castro y el matrimonio formado por Esther y Alfredo Cáceres. Precisamente fueron los Cáceres quienes hospedaron en su casa al músico y escritor, recién llegado tras una gira de conciertos por el departamento de Rocha.





En 1930 publicó su tercer libro, La cara de Ana.




En el año 1931 la separación de Felisberto y de su esposa fue definitiva. No obstante, dedicó a María Isabel Guerra la primera edición de La envenenada, su cuarto libro.

Como había sucedido con anteriores títulos, esta nueva entrega no alcanzó repercusión literaria más allá del amable círculo que festejaba los talentos del escritor, enfrentado ahora a uno de los episodios más dramáticos de este periodo, pues María Isabel mantuvo la custodia de la pequeña Mabel. Padre e hija no volverán a reencontrarse hasta veintitrés años más tarde, cuando ella contrajo matrimonio.





En 1932 se un profesionalmente a Yamandú Rodríguez para llevar a cabo diversas giras poético-musicales.



En 1933 Yamandú Rodríguez y Felisberto Hernández presentaron su espectáculo en el Teatro París, de Buenos Aires. La buena experiencia sirvió al músico para plantear otras giras similares, aunque esta vez fue acompañado por Venus González Olaza, buen amigo y encargado de gestionar los contratos de Felisberto hasta 1936.



En el año 1934 la asociación entre Venus González y Felisberto rinde aceptables resultados. A lo largo de estas giras, el pianista se da a conocer en numerosos lugares, aunque siempre procura retornar a Montevideo, donde protagoniza varios conciertos.



 

Filisberto Hernández y Amalia Nieto



En el año 1935 una vez completado el trámite de su divorcio, Felisberto Hernández conoce a la pintora Amalia Nieto, de quien se enamora durante un homenaje que le dedican en el Ateneo montevideano. 

Amalia era una pintora, grabadora y escultora uruguaya de larga trayectoria, integrante de la Asociación de Arte Constructivo liderada por Joaquín Torres García y creadora de un estilo propio que la destaca en el arte uruguayo del siglo XX.
Entre los asistentes a dicho acto, destacaron Esther de Cáceres, el pintor Torres García y el crítico Alberto Zum Felde.
 

En 1937 contrajo matrimonio con Amalia Nieto. Pese a que el estado financiero de Felisberto no es muy seguro, el apoyo de la familia Nieto armoniza su situación familiar.



Felisberto Hernández, Amalia Nieto y su hija Ana María Hernández caminan de la mano por las calles de Buenos Aires, en 1941



El 8 de marzo de 1938 nac su segunda hija, Ana María Hernández Nieto. A tan feliz noticia se sumó el anuncio de una nueva gira del pianista por Argentina.



En el año 1939 Felisberto Hernández ofrec en Buenos Aires un concierto en cuyo programa figuraron obras de Igor Stravinsky. Apoyando el esfuerzo de su marido, Amalia Nieto diseñó el cartel donde se anunciaba el recital, celebrado en el Teatro del Pueblo. Los críticos que escuchan su ejecución elogiaron el virtuosismo del pianista.



El 23 de febrero de 1940 murió su padre. Felisberto recib esta noticia mientras completaba la gira de conciertos que había iniciado en la provincia de Buenos Aires. Cuando regresó a Uruguay, debió enfrentarse a nuevos conflictos matrimoniales. Su vida itinerante y las carencias económicas preocupaban a Amalia. Las circunstancias demandaron una solución financiera, y Felisberto se ve movido a fundar una librería, El Burrito Blanco, cuyas puertas se abren en el garaje de la casa de los Nieto.

Ayudado por su mujer, el pianista atiendía el negocio, pero no demostró compromiso en la actividad. Estaba más preocupado por estructurar un sistema taquigráfico de su invención. Al final, ese desinterés hará fracasar todo el proyecto.

 
Por la misma época en que se dedica a escribir Primera casa, ocurre algo en su vida que lo lleva a escribir un nuevo relato. Su amigo, el doctor Alfredo Cáceres lo recibe en el pabellón psiquiátrico del hospital donde ejerce su labor. Entre los pacientes de Cáceres, hay una que despierta el interés del escritor. Se trata de una joven que padece hidropesía y que vive permanentemente acostada en la trastienda del negocio familiar. El detalle que fascina a Felisberto es la habitación donde habita la enferma: una sala pequeña y claustrofóbica, iluminada con luz eléctrica, carente de ventanas y con las paredes pintadas de color verde. Cuando sale del lugar junto a Cáceres, el narrador le comenta: «A esta mujer le hace falta una ventana. Voy a escribir un cuento». Dos días después, concluye el relato titulado «El balcón». 


En el año 1941 viajó a Treinta y Tres con frecuencia, y allí se hospeda en el hogar de su hermano Ismael. Es en ese lugar donde comienza la redacción de Por los tiempos de Clemente Colling.


En el año 1942 gracias al apoyo económico de varios amigos del autor, la editorial González Panizza publicó Por los tiempos de Clemente Colling. Entre quienes decidieron costear la tirada figuran Alfredo Cáceres y Luis Gil Salguero. 
Un premio del Ministerio de Instrucción Pública subraya el acierto de la entrega, cuya buena acogida resulta muy favorable para la carrera literaria de Felisberto Hernández. Otro episodio de interés, relacionado con el libro en cuestión, vinculó al escritor con el poeta franco-uruguayo Jules Supervielle, quien respond al envío de un ejemplar con una carta muy elogiosa que inaugura la amistad entre ambos intelectuales.
En el terreno personal, cabe pensar que el afortunado recibimiento de Por los tiempos de Clemente Colling tiene un efecto balsámico. Y es que, por estos días, la vida familiar del escritor es calamitosa. Las dificultades económicas le han forzado a poner en venta su piano, y esta circunstancia tiene mucho que ver con su abandono de la carrera musical y, , con su separación de Amalia Nieto. Todo ello desvaloriza en grado sumo la vida social de Hernández, quien se deja llevar por la amargura y la desesperación. Confirmando ese extravío vital, no era extraño verlo deambular por las tabernas, donde se dedicó a revisar febrilmente sus manuscritos. Por estas fechas ´vivió junto a su madre en una mísera pensión.

 Paulina Medeiros

 En el año 1943 el noviazgo con Paulina Medeiros, iniciado el año anterior, hizo que se recuperara emocionalmente.


Paulina Medeiros fue una narradora, poeta, dramaturga, novelista y cuentista uruguaya.
Publicó varios libros de poemas (Calle de otoño; Fronda sumergida, etcétera) y muchos volúmenes de narrativa (Las que  llegaron  después; Río  de  lanzas; El  faetón  de  los  Almeida; Miedo, su  servidor; Resplandor  sobre  el  abismo,  entre  otros);  había  participado en algunas publicaciones literarias importantes de los años treinta, como Alfar o  los Cuadernos  Julio  Herrera  y  Reissig



Paulina, de profesión asistente social, trabajó en barrios humildes y zonas rurales del Uruguay.  fue una activa militante en la defensa de los derechos de la mujer.

Activa opositora de la dictadura de Gabriel Terra en Uruguay (1933-1938). Durante su gobierno fue secuestrada y encarcelada, exiliándose luego en Buenos Aires. Fue miembro de organizaciones gremiales de escritores, como la Asociación Uruguaya de Escritores (AUDE), en la que se desempeñó como secretaria desde el año 1949

Felisberto conoc a la escritora Paulina Medeiros en el homenaje que le organizó su amigo Soria Gowland en la audición "Escritores de América" que se trasmitía por CX 32 radio Águila. Fue una relación, que se extendió, como las dos anteriores, alrededor de cinco años, que se basó mas que en el amor, en la estima, respeto y afecto. Su desvinculación formal con la escritora se produjo en 1948, al regresar de Francia, donde ya "había conocido a la que sería su tercera esposa y cuarta mujer, María Luisa Las Heras.


 

Gracias al apoyo de Paulina y gracias asimismo al interés de la familia Supervielle, Felisberto se dedicó enteramente a la literatura. No obstante, persistían los síntomas que enrarecían la psicología del escritor, alterada por actitudes neuróticas cuyo origen tal vez nacieran en la infancia. .A pesar de tales molestias, la publicación de El caballo perdido anima su carrera literaria, cada vez más firme. 
Los elogios a esta nueva creación culminaron con la entrega de un premio en el Salón Municipal de Montevideo.

A partir de este año —y hasta 1956—, desempeñó tareas burocráticas en el departamento de Control de Radio de la Asociación Uruguaya de Autores.

En el año 1944 diversas publicaciones, entre las que figuran las revistas Papeles de Buenos Aires y Contrapunto, así como el diario El Plata, recogieron en sus páginas la colaboración literaria de Felisberto Hernández, que incluyeron notables fragmentos de Tierras de la memoria.
A través de los micrófonos de Radio Oriente tuvo la oportunidad de leer varios de sus textos. Otra emisora, Radio Águila, le homenajeó en la audición Escritores de América, durante la cual interpretó varias de sus piezas originales al piano y le párrafos escogidos de su obra.

En el año 1945 el relato El balcón aparec publicado en la prensa argentina. Por la misma época, Jules Supervielle pondera su talento en el salón de los Amigos del Arte.

EL ESCRITOR Y SUS HEREDERAS. Felisberto Hernández junto a sus hijas, Ana María y María Isabel en 1946, en Montevideo.

En 1946 recib una beca del gobierno de Francia que le permit viajar a París en octubre de ese año. Su alojamiento en la capital francesa fue en el Hotel Rollin, en la Place de la Sorbonne.





En el año 1947 mientras en Buenos Aires aparec la edición de Nadie encendía las lámparas, su autor prolongó una aventura francesa llena de acontecimientos favorables.

Así, el 17 de diciembre Jules Supervielle lo presentó en el PEN Club de París; y Susana Soca, que editaba en esa ciudad La Licorne, introdujo a Felisberto en el entorno literario parisino. Asimismo, es Soca quien acompañó al escritor uruguayo hasta Londres, donde él tuvo la oportunidad de dar una conferencia.


En el año 1948 siempre leal a Felisberto, Jules Supervielle condujo a su amigo hasta las aulas de la Sorbona, donde éste le uno de sus relatos. Para su mayor satisfacción, Susana Soca editó en La Licorne el relato El balcón; y otro de los cuentos del uruguayo, El acomodador, que fue conocido por los lectores de la revista Points en una traducción titulada «Chez les autres».



 

África de las Heras o María Luisa de las Heras fue una militante comunista española nacionalizada soviética y una destacada espía del KGB cuyo nombre en clave era Patria, si bien adoptó los nombres de María Luisa de las Heras de Darbat, María de la Sierra, Patricia, Ivonne, María de las Heras, Znoi o María Pavlovna.
 


Antes de irse para Europa, la relación amorosa de Felisberto con Paulina Medeiros  estaba casi extinguida.
En el ámbito sentimental, Filisberto se siente atraído por una española exiliada en París, María Luisa Las Heras. 


África de las Heras supo desde el primer momento de la virulencia anticomunista que obsesionaba a Felisberto. Oyéndolo despotricar subido de tono contra el régimen soviético, ella se levantó de una mesa cercana y sonriendo con admiración le espetó que daba gusto oír hablar así a un español en París. En ese instante Felisberto quedó deslumbrado por su encanto. Luego se enamoraría de su imagen de mujer convencional, modista exitosa, femenina y hogareña.

La relación con Felisberto se caracterizó por  la habilidad para fingir que supo asumir África en todo momento. La promesa de Felisberto de traerla consigo a Montevideo le abría las puertas al cumplimiento de la misión de instalarse en un país sudamericano para llevar a cabo una importante misión de espionaje.
 
Este romance se afianzó en Montevideo, donde la revista Escritura publicó otro de sus cuentos: Mur



En el año 1949 se casó en Montevideo con María Luisa Las Heras y pasaron a vivir en un apartamento pequeño pero en un buen edificio céntrico.

María desarrolló su oficio de modista de alta costura, se vinculó con mucha gente.

En la revista Escritura se publica Las Hortensias con ilustraciones de Olimpia Torres.

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En 1950 una publicación montevideana, La Voz de Israel, incluyó en sus páginas el relato que Felisberto titula Mi primera maestra.

Aunque ese mismo año viajaron juntos a Buenos Aires, el escritor y su esposa no lograron consolidar su vida matrimonial y finalmente decidieron separarse. Como ya ha sucedido en anteriores rupturas, él busco nuevamente consuelo en su madre, Calita, con quien vuelv a vivir en una pensión.


En 1952 de nuevo en Amigos del Arte, le las páginas de «Lucrecia».




En el año 1953 La Licorne publica en Montevideo Lucrecia.

 
Reina Reyes fue una maestra y pedagoga uruguaya, que se desempeñó además como psicóloga, periodista y legisladora.



En el año 1954 su nuevo amor fue Reina Reyes, una profesora de pedagogía y escritora con quien inicia un romance que interrumpirá en 1958. No obstante, parece claro que, a lo largo de esos años, el afecto de Reina será decisivo para que él recupere la pasión literaria. Además de apoyarlo y de aceptar los vaivenes de su carácter, ella va a lograr que lo admitieran como taquígrafo en la Imprenta Nacional. Asimismo, gestionó para Hernández un permiso en el Ateneo montevideano, de forma que tuviera acceso al piano de dicha institución.

En el año 1955 La Licorne publicó Explicación falsa de mis cuentos. Mientras tanto elaboró el manuscrito de Diario del sinvergüenza, que será publicado póstumamente. La redacción de esta obra tiene lugar en el sótano que sirv de hogar a Felisberto y a Reina Reyes.


En el año 1956 el Movimiento de Trabajadores de la Cultura produce una serie de espacios radiofónicos de contenido anticomunista, en los que también colaboró el escritor. Estas conferencias radiadas correspondían a sus actividades como integrante del Movimiento Nacional de la Defensa de la Libertad (MONDEL). Si bien no se han aclarado las íntimas razones que lo empujaron a esta labor propagandística, parece claro que en todo ello subyace un fuerte individualismo, exacerbado por su penuria económica y social.



En 1958 el escritor concluyó su relación con Reina Reyes de una forma elusiva y escasamente gentil. Cuando ella es hospitalizada tras un accidente, Felisberto aprovechó el la ocasión para mudar sus pertenencias. De acuerdo con su peculiar talante, se rehusó a visitar en el hospital a la compañera que tanto le había ayudado. De hecho, muy pocos meses después ya se le vio junto a otra mujer, María Dolores Roselló, de quien se  enamoró en la Imprenta Nacional.



En el año 1959 prosperó su relación con María Dolores Roselló.
La demora en los trámites de divorcio (no toda, tal vez, imputable a los procedimientos, sino, en parte, a la propia modalidad de Hernández) y la muerte del narrador impidieron su decisión de casarse con ella; pero fue ella, sin embargo, y Ana María, la hija que había tenido con Amalia Nieto, las que estuvieron con él hasta el último momento 
De nuevo con ánimos, vuelve a trabajar como pianista, esta vez contratado por J. Estruch para que intervenga en el espectáculo musical Caracol, col, col…



En 1960 Ángel Rama decide incluir La casa inundada en la colección Letras de Hoy, publicada por la editorial Alfa. El propio Rama, José Pedro Díaz, Lucien Mercier y G. Castillo integran la mesa redonda que se organiza en Amigos del Arte, con el propósito de glosar la obra mencionada.


En el año 1961, en Punta del Este, la editorial El Puerto comercializa una tirada especial de El cocodrilo, que incluye ilustraciones de Glauco Capozzoli. Este mismo año, el Almanaque del Banco de Seguros saca de su imprenta los pliegos de Manos equivocadas.
 

En el año 1963 aparecieron los primeros síntomas de una enfermedad que él atribuye a la obesidad. En un principio, no creyó que su vida estuviera amenazada por ese mal que, poco a poco, fue fatigando su cuerpo. Sin embargo, la realidad fue otra. A fines de año, el doctor Pablo Purriel, del Hospital de Clínicas, le diagnosticó una leucemia en fase terminal. Pese a estar aquejado por tan grave dolencia, aún tuvo la oportunidad de publicar la segunda edición de El caballo perdido.




 La novela inconclusa Tierras de la memoria, siguió un extraño derrotero en lo que refiere a su publicación. 
El 23 de junio de 1944 se publicaron algunos de sus fragmentos en las páginas de El Plata. Tres meses después, hicieron lo propio en los Papeles de Buenos Aires, y ya en diciembre, una parte del mismo relato apareció en Contrapunto. La obra en su totalidad fue publicada r dos décadas, pues Tierras de la memoria fue editada póstumamente, en la primera tirada de las Obras Completas de Felisberto Hernández, que Arca comercializó en 1965.

Las transfusiones de plasma no consiguieron detener la leucemia. Aceptando lo irreversible del proceso, el 3 de enero de 1964 los médicos del Hospital de Clínicas le permitieron ocupar una habitación en el hogar de su hermana Ronga. Los nuevos chequeos a que se sometió, se agrava su estado de salud. Al descender el porcentaje de plaquetas en su torrente sanguíneo, la coagulación intravascular fue coloreando de púrpura la superficie de su piel, y ello aumentó su inquietud. Finalmente, debió ponerse de nuevo bajo un estrecho cuidado médico.

Murió durante la madrugada del 13 de enero de 1964. Su cuerpo, muy maltrecho y abotargado por la enfermedad, era tan grueso que se hacía difícil su manejo. No cupo por la puerta y finalmente debieron pasarlo a través de la ventana. Como si en ello se revelara una última desdicha, los empleados del Cementerio del Norte de Montevideo también se ven forzados a dejar en tierra el cadáver, mientras procuran ensanchar la sepultura que ha de acogerlo en su definitivo reposo.

  

HOMENAJES

 Publicación de Homenaje a Felisberto Hernandez de la Fundación- 2010







En México, la recopilación de su producción salió a la venta en 1983, con el sello de Siglo xxi. Bajo el epígrafe de Tierras de la memoria, dicha edición incluía el relato homónimo más «El cocodrilo», «Lucrecia» y «La casa nueva». En el  2008 se publican 3 tomos con la obra de Felisberto Hernández.



 Mabel Hernández hija de Felisberto

En conmemoración del cincuenta aniversario de la muerte del escritor y músico Felisberto Hernández y en reconocimiento a quien fuera funcionario durante seis años de la Imprenta Nacional, el salón de actos del Centro de Información Oficial (IMPO) lleva su nombre desde este jueves 11 de diciembredel 2014.
 

FUENTES

http://cvc.cervantes.es
https://es.wikipedia.org
http://letras-uruguay.espaciolatino.com
http://www.viajeauruguay.com/
http://www.lr21.com.uy