Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

miércoles, 13 de octubre de 2010

15 DE OCTUBRE DE 1887- NACE FERNÁN SILVA VALDÉS


LOS ÁRBOLES QUE NO DAN FLORES DAN NIDOS.
Y UN NIDO ES UNA FLOR CON PÉTALOS DE PLUMAS...

Fernán Silva Valdés nació en Montevideo, en una finca de la Ciudad Vieja, el 15 de octubre de 1887. Su padre, escribano, era descendiente directo de Antonio Teodoro Silva, en cuyos campos se desarrolló la batalla de Sarandí, en la que participó con aperos de plata y oro. Su madre pertenecía al tronco familiar de caudillo blanco Juan Valdés, que se batió a lanza, en duelo singular, con el coronel Vilela durante la batalla de Sauce Grande, el 16 de julio de 1840. La tradición blanca se prolongó en los dos hijos varones de los tres vástagos del matrimonio: Fernán y Julio, este también destacado poeta.
Tenía pocos años Fernán cuando su familia se trasladó a Sarandí del Yi, y allí crecieron los muchachos en el tranquilo ambiente del interior.
 
 Paisaje de Sarandí del Yí
Fue a la escuela (que funcionaba en una capilla vieja), pero sólo hizo hasta quinto año: “Allí aprendí –recordaría mucho más tarde– todo aquello de lo que luego me olvidé. Lo que sé lo aprendí solo, y es lo que hay que saber”. La familia, sin embargo, practicaba el hábito de la lectura. “Mi principal instrucción infantil –contaba el poeta– fueron los cuentos y anécdotas de sobremesa que mi padre relataba sobre Napoleón Bonaparte, pasando de éste, con facilidad encantadora a Oribe, Timoteo Aparicio, Aparicio Saravia”. 
En una ocasión, cayó en sus manos una edición del “Fausto” de Estanislao del Campo, y el joven quedó encantado con su lectura. Una tarde, para presumir, recitó algunos versos ante los paisanos del lugar, y estos le contestaron, para su sorpresa, con los consejos del viejo Vizcacha, del Martín Fierro. “Desde ese momento –diría el poeta– el ‘Fausto´ y el poema de José Hernández fueron mi plataforma literaria, el inicio de mi pasión por la poesía y por lo nuestro”.

Los libros que marcaron la vida de Fernán Silva Valdés


En 1907 a los  20 años, Fernán y su familia regresaron a la capital. Luis Alfredo Sciutto, escribe sobre el Montevideo de esa época y  la casa de los Silva Valdés, que había sido del abuelo del poeta y del Fernán que acababa de salir de la adolescencia y vivía allí con sus hermanos, sus padres y dos tías solteronas: “Era una casona enclavada entre la arboleda de una vieja quinta con aire de patriciado, recuerdo de pasados días esplendorosos, y estaba situada en la esquina que forman las calles que entonces se llamaban Maturana y Uruguayana. Con ellos nos reuníamos los muchachos del barrio y, aunque Fernán era un poco retraído y Julio mucho más dado, uno y otro chapaban el tema cuando el asunto venía de cosa negrera, tamboril y comparsas, parla popular y tango, porque de los dos Silva Valdés, el loco del tango era Fernán, bailarín con corte y gustador de entreverarse entre malevos y compadres, en las Academias del Bajo. Para nosotros, una especie de aureola heroica rodeaba la figura de Fernán, alto y flaco como un caballero castellano. "
Silva Valdés inició su producción literaria en el año 1913, publicando un pequeño libro de poemas que tituló “Ánforas de Barro” y después, en 1917 “Humo de Incienso”. Ambos con  estilo todavía predominante modernista.
 Fernán Silva Valdés decidido a hacer de la literatura el centro de su vida, viajó a París, como lo hacía todo poeta que se preciara de tal, en particular si era uruguayo.
Hay pocos datos sobre la estadía parisina de Silva Valdés, pero se sabe que se enamoró perdidamente de una francesita y que, al verse abandonado, cayó en  una depresión tan grave que obligó a su internación en una clínica psiquiátrica. 
A su regreso, el antiguo bohemio, sin desaparecer totalmente, dio lugar al hombre de familia y al poeta.
Consiguió trabajo en la Contaduría  General de la Nación .
En 1924 contrajo enlace con la joven Tulia Pérez Gambín. Su hijo, que se llamaba como él y firmó siempre con los apellidos Silva Valdés, fue un destacado arquitecto.
Durante varios años presidió la Asociación General de Autores del Uruguay. 
En 1969 fue electo miembro de la Academia Nacional de Letras, y en 1972 recibió un tardío Premio Nacional de Literatura. 
Falleció en Montevideo el 10 de enero de 1975. Sus versos, como dijera él mismo del nido de los pájaros, siguen siendo perfumes que entran por los oídos.

 SU OBRA
En las primeras décadas  del 1900, el modernismo en la poesía uruguaya  tuvo su mayor representante en Julio Herrera y Reissig  y con el nicaragüense Rubén Darío que en su época llenó todos los ámbitos de la poesía en español. 
Llegó el momento  en que el modernismo había agotado prácticamente sus temas, y ya hacía un abuso del exotismo; es decir, el gusto por la presentación de temas, imágenes y expresiones extraídas de los componentes culturales de la antigüedad griega y de otros orígenes europeos. El modernismo había llegado en la literatura a expresiones  casi siempre sin contenido poético.
 Como reacción al modernismo, ya se había manifestado anteriormente la corriente del americanismo. En la segunda mitad de la década de 1910, surgió con fuerte impulso la corriente del neo-americanismo, que ya no planteaba la cuestión en términos de nacionalismo trasladado a la literatura y especialmente a la poesía, sino en términos de utilización de temas e instrumentos estéticos vinculados a las circunstancias de la vida real en estos países.
Se pregonaba el alejamiento de temas e imágenes propios de la antigua mitología griega, de la época medieval de la caballería y los trovadores, pastores y aldeanas,  de estirpe afrancesada, propias de los castillos de la nobleza , de los barrios bohemios del París de la época anterior a la Gran Guerra.
El nuevo movimiento pretende recoger los elementos de la literatura en la vida real de los pueblos del área del Río de la Plata y de la vida de los hombres de sus campos.
Al mismo tiempo  en Europa surgía un nuevo movimiento de estética poética, el llamado vanguardismo que buscaba también alejarse de los moldes del modernismo.
 En 1920 en el Uruguay surgió   un grupo de críticos literarios y de cultores de la poesía que se denominó nativista. Este grupo  pretendía que la literatura retornara a los motivos nacionales ( temas como el ombú, el pago y el potro).
 Sin embargo, a pesar de que ya para esa época la vida de la sociedad uruguaya había evolucionado bastante hacia un modelo predominantemente urbano, con un tipo de temas y de imágenes propio, (que se reflejara principalmente en el teatro con Florencio Sánchez), el nativismo escogió una temática vinculada a los estilos y condiciones de vida más tradicionales, invocando un criollismo hasta cierto punto en vías de desaparición y una imaginería gauchesca que, aunque era de raigambre indudablemente local, ya para entonces estaba muy idealizada.
Caricatura de Fernán Silva Valdés

Silva Valdés produjo a partir de 1921 un tipo de poesía alusiva a los motivos tradicionales gauchescos. Su poesía se distingue  de la típica poesía gauchesca, en que es un gaucho mismo quien la expresa o se hacen relatos directamente descriptivos de las actividades propias de los gauchos.
Escribiendo en un lenguaje en que abundan los modismos rioplatenses más bien urbanos y diversas expresiones familiares del medio, utiliza sin embargo un formato idiomático depurado, que cuando emplea formas aparentemente desaliñadas lo hace con pleno cuidado y conciencia. Su poesía, a pesar de su indudable tonalidad y temática nativa, se presenta como la obra de un hombre culto y refinado
y no como la expresión del rudo hombre de campo casi siempre analfabeto, que expone lo más primario de sus sentimientos.
Esto indudablemente era
producto de su pasado literario modernista.
 En épocas posteriores, modificó en cierto modo su enfoque temático, apartándose en alguna medida de la figura del criollo tradicional, para incorporar el universo resultante de la inmigración europea. En su libro “Poemas Nativos” había incluído un poema final titulado “Hombres rubios en nuestros campos”; y en “Intemperie” su “Canto al hombre esperado”, en que recoge como componente de la sociedad criolla la incorporación del forastero de origen europeo, llamado a permanecer y a integrarse en esa sociedad, a la cual terminaría confiriendo sus caracteres predominantes. 





También se destacaron  sus “romances” - “Romancero del Sur” y “Romances chúcaros” - en que en forma similar a como los antiguos relatos versificados del romancero castellano contaban la vida y hazañas de antiguos caballeros y cruzados, relata circunstancias de la vida criolla y presenta la estampa de sus caudillos.
Asimismo, Silva Valdés ha frecuentado en su obra poética temas de origen urbano, aunque siempre predominen los de estirpe campera. Pero se trata de una presentación de imágenes urbanas propias del lugar y la época, en que aparecen elementos típicamente rioplatenses como marco de los temas y tipos humanos de que trata.
En su libro “Agua del tiempo” aparecen poemas que presentan motivos arrabaleros como “El Tango”, “La Giradora”, “La Cicatriz” y “Cabaret Criollo”.
En ese sentido, su poesía nativista es asimismo altamente realista, orientada también a frecuentar los temas del arrabal y de los ambientes habituales de las letras de tangos de su época fermental en las décadas entre 1920 y 1940.


Otras obras  fueron: “Leyendas” (1936); “Cuentos y leyendas del Río de la Plata” (1941), “Cuentos del Uruguay” (1945), “Leyendas americanas” (1945), “Tradiciones y costumbres uruguayas”, la leyenda gauchesca para teatro, “Santos Vega” (1952); el libro a la vez en prosa y en verso “Lenguaraz” (1955) y “Barrio Palermo” (1958).
 

También escribió varias obras para niños, en 1930 “Poesías y leyendas para niños”; “Ronda catonga” en 1941 y “Corralito” en 1944.
En el año 1966, la Colección Clásicos Uruguayos editada por el Estado uruguayo, publicó una muy completa antología de su obra.




SU RELACIÓN CON LA MÚSICA Y EL TEATRO

Paralelamente Fernán Silva Valdés desarrolló una intensa actividad como letrista de canciones, y algunas de las piezas musicales más célebres del repertorio popular y “culto” llevan su firma

 Entre ellas figuran “Clavel del aire” y “Canción del árbol del olvido”, podrían agregarse, en cita incompleta, la milonga “En blanco y negro”, con música de Néstor Feria (una de sus escasísimas incursiones en el lenguaje gauchesco), “El poncho” y la bellísima “El nido” (una apoteosis de la metáfora) musicalizadas por Eduardo Fabini, “El chingolito”, con Luis Clouzeau-Mortet, “Agua florida”, tango con música del Loro Collazo, “Margarita punzó” y “Adiós, Argentina”,con Gerardo Matos Rodríguez, “Tamboril”, con Pintín Castellanos, y un largo etc. 
Tres de sus canciones fueron interpretadas por Carlos Gardel: “Clavel del Aire”, “Querencia” y “Ponchito de vicuña”, esta última con música de José Razzano. 
Escribió el argumento del ballet “Mburucuyá”,con música de Fabini, y varias obras de teatro, entre las que pueden destacarse “Santos Vega”, “Barrio Palermo” y “Vidas de dos Cuchillos”.

Durante varios años presidió la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU). 
En 1969 fue electo miembro de la Academia Nacional de Letras, y en 1972 recibió un tardío Premio Nacional de Literatura. 
Falleció en Montevideo el 10 de enero de 1975. Sus versos, como dijera él mismo del nido de los pájaros, siguen siendo perfumes que entran por los oídos.

HOMENAJES 
 El 26 de setimbre de 1968 la  Escuela Nº 110 de Villa Sayago- Montevideo -recibó el nombre "Fernán Silva Valdés".
En en acto de nominación se realizó un emotivo acto al que asistó el poeta y su familia. 

Escudo de la Escuela nº 110


LEYENDO A FERNÁN SILVA VALDÉS
El Ceibo
 
Me lo dijo un indio viejo y medio brujo
que se santiguaba y adoraba al sol:
" Los ceibos del tiempo en que yo era niño
no lucían flores rojas como hoy.
Pero una mañana sucedió el milagro
-es algo tan bello que cuesta creer-;
con la aurora vimos al ceibal de grana,
cual si por dos lados fuera a amanecer.
Y era que la moza más linda del pago,
esperando al novio toda la velada,
por entretenerse se había pasado
la hoja del ceibo por entre los labios.
Entonces los ceibos como por encanto,
se fueron tiñendo de rojo color. . ."
Tal lo que me dijo aquel indio viejo
que se santiguaba y adoraba al sol.

FernánSilva Valdés 

El copete del cardenal

"En un árbol había un nido de pájaros con cinco pichones. Los pájaros dueños del nido eran de tamaño más bien grande, de lomo gris, pecho blanco y copete marrón. Éstos habían dicho a sus hijuelos que de madrugada, al despertarse, no se asomaran al borde del río, pues como era el principio de la primavera, hacía frío aún y se podían enfermar. Recién tenían permiso para asomarse al balcón del nido, cuando el sol ya estaba alto y empezaba a calentar. Pero los pichones eran muy curiosos; querían verlo todo y especialmente, querían ver el nacimiento del sol. Así fue que una mañanita, desoyendo la advertencia de sus padres, cuando ya había la suficiente claridad para distinguir las cosas, se asomaron al espacio por el borde del nido, en momentos en que salía el sol por el oriente, y lo miraron un rato llenos de asombro y de alegría al ver un espectáculo tan hermoso. Entonces, el sol, enterado en ese mismo instante de la travesura de los pajaritos, satisfecho, y puede ser que un poquito vanidoso al ver que el espectáculo de su belleza, era tan verdadero y hermoso que hasta unos simples pichoncitos de pájaro lo comprendían y admiraban, les mandó un rayo de luz derechito a las cabezas, tiñéndoles los copetes oscuros del rojo más vivo, pagándoles así, con un poco de belleza, su ingenua admiración. Y andando el tiempo, a esos pájaros de copete colorado, los hombres les dieron el nombre de cardenales".

EL INDIO

Venía
no se sabe de dónde.
Usaba vincha como el benteveo,
y penacho como el cardenal.
Si no sabía de patrias sabía de querencias.
Lo encontró el español establecido:
pescador en los ríos, cazador en los bosques,
bravío en todas partes y cerrándole el paso
con arreos de guerra, vivo o muerto;
siempre como un estorbo, siempre como una cuña
entre él y el horizonte.

Modelado en barro de rebeldías,
pasa como una sombra, desnudo y ágil,
por los senderos ásperos de la Leyenda.
Esbelto, musculoso, retobado en hastío,
entre el cobre y el rojo estaba su color;
una señal de guerra le hacía punta a su instinto
y entonces, por sus venas
en vez de correr sangre, corría sol.

Estético instintivo
se ponía en el rostro los más vivos colores,
y en la cabeza plumas, como las aves bellas;
si el exceso de adornos no lo hacía más indio
cuanto más se adornaba se sentía más hombre.

Señor de la comarca,
por un pleito de caza con la tribu vecina
blandía su coraje afilado en el viento;
como los troncos de la flora indígena
era dulce por fuera y era duro por dentro;
su única dulzura temblaba en su lenguaje,
como en las ramas de la flora india
tiemblan las pitangas.

Vadeaba los arroyos en canoas;
entraba a las querencias de las fieras
o ambulaba durante varias lunas
en una aspiración horizontal
-curtido de intemperie,
rojo de sol o húmedo de tormentas-
en los días rayados de chicharras
o en las noches tubianas de relámpagos.

La conquista española enderezó sus rumbos:
y las tribus que erraban por rutas diferentes
se ataron en un haz, alrededor de un jefe,
para rodar a un tiempo como las boleadoras.
No sabía reír ni sabía llorar;
bramaba en la pelea como los pumas
y moría sin ruido, cuando mucho
con un temblor de plumas, como mueren los pájaros.

FERNAN SILVA VALDÉS

FUENTE:
http://rigofa2010.blogdiario.com
www.todotango.com
http://buscabiografias.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

Querida Arinda:
Te escribo desde España
En primer lugar, deseo felicitarte de todo corazón por tu trayectoria profesional y el estupendo trabajo de tu vida, del cual, una pequeñísima parte, supongo, queda reflejado en este blog.
El motivo de que contacte contigo --aparte de felicitarte por tu trayectoria-- es el de pedirte permiso para utilizar alguno de tus dibujos sobre la batalla de maratón en un bonito libro que estoy terminando de escrihir: "Historias de la maraton, los 100 km. y otras largas distancias". Un texto que, seguro, te encantará cuando te lo envíe
Si lo deseas, también puedo poner un comentario tuyo y publicar tu fotografía
No sabes cuánto me gustaría que pudieras atender mi petición.
Espero que puedas contestarme y recibe un abrazo muy grande desde España.
José M. García-Millariega
Autor de: "Odisea en Grecia"
Ultradistance Runner:
100 km (28), 24 y 48 Horas
Organizador de las 24 Horas de La Fresneda Running Race
Maestro, Graduado Social, Licenciado en Ciencias del Trabajo, Diplomado en Periodismo por México DF.
asturfidipides@yahoo.es
Phone: ____676397613
____985264097
Principado de Asturias (Spain)