Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

miércoles, 24 de octubre de 2012

24 DE OCTUBRE NACÍA DELMIRA AGUSTINI

 POETISA, ACTIVISTA FEMINISTA URUGUAYA


Delmira Agustini nació en Montevideo, en el atardecer del 24 de octubre de 1886, en una casa de balcones de mármol de la calle Río Negro 254, cuyo número actual es el 1230. 
Fue una poetisa, y activista feminista uruguaya.
 

Destacada poetisa uruguaya adscrita al modernismo, que inauguró con su obra lírica la trayectoria de la poesía femenina del siglo XX en el continente sudamericano. Formó parte de la llamada "generación de 1900" a la que también pertenecieron Julio Herrera y Reissig, Leopoldo Lugones y Rubén Darío, al que consideraba su maestro, y con el que mantuvo correspondencia tras conocerlo en 1912 en Montevideo. 

 Delmira a los 4 años

Su padre fue Santiago Agustini, uruguayo, y su madre María Murtfeld Triaca oriunda de Buenos Aires, Argentina, 
Perteneciente a una familia acomodada, descendiente de alemanes, franceses y porteños. Todos ellos sobreprotegían su vocación poética, con la que escandalizó a la burguesa sociedad rioplatense.
En 1891, a los cinco años ya sabía leer y escribir correctamente, a los diez componía versos y ejecutaba en el piano difíciles partituras. Sus cualidades artísticas fueron valoradas y apreciadas por sus padres, a quienes se les ha atribuido repetidamente una excesiva protección. Como era usual en la época entre las clases altas, sus padres se encargaron de su educación: clases privadas de francés, piano, pintura, dibujo. El contacto con otros niños de su edad fue escaso, algo que alimentó su gusto por la soledad y la introspección. Desde su infancia, mantiene una relación de amistad muy estrecha con André de Badet, compañero en sus clases de pintura.

Su obra se vincula a la vasta corriente modernista rioplatense, dominada mayoritariamente por hombres, y contó con la admiración de las principales figuras de la época como el propio Ruben Darío, Miguel de Unamuno y Manuel Ugarte. 

 La tónica general de su poesía es erótica, con imágenes de honda belleza y originalidad. El mundo de sus poemas es sombrío y atormentado, con versos de una musicalidad excepcional. Su lirismo llega a profundidades metafísicas que contrastan con su juventud.
Desde temprana edad envió colaboraciones en prosa a la revista Alborada, que se publicaba por entonces en la capital de su país.



En 1902, a la edad de dieciséis años, empieza a publicar sus primeros poemas en la revista La Alborada. También lo hace en otras revistas literarias, como Apolo y Rojo y Blanco. Es en estos poemas donde se identifica su estilo modernista más extremo, muy cercano al de Rubén Darío en Azul o Prosas profanas; allí están presentes el exotismo, el cosmopolitismo, el preciosismo y un afán por la rima musical. Asimismo, estos primeros poemas todavía están acentuados por una temática convencional donde sobresale un fuerte idealismo; precisamente porque es una joven adolescente, prefiere escribir sobre ilusiones y sueños. 


 En 1903, La Alborada la invita a colaborar en una sección que ella titula «La legión etérea» y que firma con el pseudónimo de Joujou. En esta sección, escribe retratos de mujeres de sociedad que sobresalen ya sea en lo cultural o lo social. 

 Delmira - año 1905

Durante sus años de adolescencia, Delmira prefiere la cómoda soledad de su habitación a las reuniones sociales. Su mayor interés sigue siendo la poesía, y su tiempo libre lo dedica a pasear con sus padres, quienes la suelen acompañar a dar largas caminatas por el parque.
 
 Delmira sentada con un libro en las manos, en 1907

En 1907 publica su primer poemario, El libro blanco (Frágil), con prólogo de Manuel Medina de Betancourt.
A partir de entonces empieza a establecer amistad con algunas de las figuras intelectuales más sobresalientes de la época, casi todas mayores que ella: el ya mencionado, Manuel Medina Betancourt, Alberto Zum Felde, Roberto de las Carreras, Juan Zorrilla de San Martín, Carlos Vaz Ferreira, Julio Herrera y Reissig, Samuel Blixen (editor del semanario cultural Rojo y Blanco), entre otros.
La correspondencia que establece con algunos de ellos se caracteriza por la hiperbólica admiración --propia de la retórica modernista- con que es elogiada tanto su poesía como su persona. 
Enrique Job Reyes

Tarjeta postal enviada por Enrique J. Reyes al comienzo del noviazgo. Florida 5/908
  
En 1908 comienza un noviazgo con Enrique Job Reyes a escondidas -ya que la madre no aprueba esta relación-, uno que al principio se limita al contacto epistolar y que llegará a durar cinco años

En 1910 publica "Cantos de la mañana", prologado por el escritor uruguayo Manuel Pérez y Curis. Para entonces es una poeta célebre y su prestigio es sobresaliente, tanto que en su casa es visitada por varios escritores atraídos por su talento. 


Asimismo, recibe una elogiosa carta del reconocido intelectual argentino, Manuel Ugarte; es el primer contacto de Delmira con quien, un par de años después, establecerá una ardiente correspondencia. 

Ruben Darío 


En 1912 conoce a Rubén Darío durante una de sus visitas a Montevideo e inician una amistad cordial que se expresa en un intercambio de cartas. 

Rubén Darío afirmó sobre ella:
 «[...] es la primera vez que en lengua castellana aparece un alma femenina en la verdad de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa en su exaltación mística [...] Si esta niña bella continúa la lírica, revelación de su espíritu, como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de habla española»...
 
Manuel Ugarte 

En esta visita a la capital uruguaya, a Ruben Darío lo acompaña su amigo Manuel Ugarte; es entonces cuando Delmira y el argentino, once años mayor que ella, se conocen personalmente. Las visitas de éste a la poeta se hacen más frecuentes con el tiempo. 

En febrero de 1913 publica su tercer libro de poemas, "Los cálices vacíos". El libro abre con un «Pórtico» de Rubén Darío alabando su poesía: 

"De todas cuantas mujeres hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini, por su alma sin velos y su corazón en flor. Es la primera vez que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de la verdad de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa en su exaltación divina. Cambiando la frase de Shakespeare, podría decirse "that is woman", pues por ser muy mujer, dice cosas exquisitas que nunca se han dicho."

Este poemario, más abiertamente erótico que los anteriores, levanta murmuraciones entre los miembros de la sociedad burguesa montevideana. 

Día de la boda

El 14 de agosto, Delmira y Reyes finalmente se casan. 
La vida y la personalidad de Enrique Job Reyes, están llenas de enigmas y contradicciones.
Hasta el día de hoy no se sabe con seguridad cuándo conoció Delmira a su futuro marido, Enrique Job Reyes, quien no pertenecía al ámbito intelectual ya mencionado. Lo que sí consta es que hacia 1908 él ya la visitaba.
Al principio, el romance se mantuvo en secreto ya que aparentemente la madre se oponía a esta relación amorosa, lo que indica que, contrariamente a lo que señalan sus biógrafos, su madre no controlaba su voluntad.
En una de sus cartas de este periodo, Delmira le escribe a Reyes lo siguiente:

 "Sigue formal como hasta ahora en tus cartas, nunca, ni por casualidad aludas a esta correspondencia. A veces cuando pienso en si llegara a descubrirse. No puedo añadir más ¡Peligro!".
 
En las cartas de Delmira a Reyes sobresalen una jerga infantil y algunas frases terriblemente caprichosas, muy diferentes al tono apasionado y al estilo más literario de las cartas que cuatro años después le enviará a Manuel Ugarte. Sin embargo, las cartas a Reyes reflejan la primera etapa de aquel romance clandestino, donde no faltan los celos. Después de cinco años de noviazgo, la pareja finalmente se casa el 14 de agosto de 1913.

Un año mayor que Delmira, Reyes era, según testimonios, un joven guapo, de figura atlética y talante seguro, pero de una naturaleza emocional un tanto agresiva y sobre todo, alguien acostumbrado a dominar. Provenía de una familia acomodada de  Florida y, cuando conoció a Delmira, estaba involucrado en el negocio de la compra y venta de caballos.
Sin embargo, lo que se debe destacar es que Reyes nunca le dio importancia al talento poético de Delmira, más bien lo consideraba una «debilidad» de soltera; solía decir que, una vez casados, se encargaría de ver que abandonara la escritura. 
Pero Delmira venía publicando poesía desde los dieciséis años: era, sin duda, su gran pasión. No obstante, a pesar de lo obvio, Reyes no supo darse cuenta de que alejaría a Delmira de su lado si le exigía que abandonara la escritura.

Adicionalmente, cuando Delmira se casa con Reyes, la poeta ya no está enamorada de él. Para entonces ya siente un fuerte apasionamiento por el intelectual argentino Manuel Ugarte, quien irónicamente será uno de los testigos de la boda. Las dudas que atormentaron a Delmira el día de su boda han quedado nítidamente reflejadas en una dramática carta dirigida a Ugarte y escrita poco después de su separación de Reyes:

    "Piense usted que esas dos palabras que yo pude en conciencia decirle el otro día de conocerlo, han debido ahogarse en mis labios ya que no en mi alma. Para ser absolutamente sincera yo debí decirlas; yo debí decirle que usted hizo el tormento de mi noche de bodas y de mi absurda luna de miel. Lo que pudo ser a la larga una novela humorística, se convirtió en tragedia. Lo que yo sufrí aquella noche no podré decírselo nunca. Entré a la sala como a un sepulcro sin más consuelo que el de pensar que lo vería. Mientras me vestían pregunté no sé cuántas veces si había llegado. Podría contarle todos mis gestos de aquella noche. La única mirada consciente que tuve, el único saludo inoportuno que inicié fueron para usted. Tuve un relámpago de felicidad. Me pareció un momento que usted me miraba y me comprendía. Que su espíritu estaba bien cerca del mío entre toda aquella gente molesta. Después, entre besos y saludos, lo único que yo esperaba era su mano. Lo único que yo deseaba era tenerle cerca un momento. El momento del retrato. Y después sufrir, sufrir hasta que me despedí de usted. Y después sufrir más, sufrir lo indecible."

Para cuando escribe esta carta, Delmira, quien no había soportado vivir más de un mes y medio al lado de Reyes, se había mudado a la casa de sus padres; aseguraba haber huido de la «vulgaridad».

El 13 de noviembre interpone una demanda de divorcio alegando hechos graves que imposibilitan cualquier reconciliación con su marido. También se refiere a amenazas sufridas posteriormente a la separación.

El 27 de noviembre, Reyes respondió a la demanda negando los cargos; sin embargo, alegó que, puesto que había sido su esposa la que había abandonado su casa y luego lo había acusado de una conducta «impropia de un caballero», estaba dispuesto a aceptar sus deseos ya que, bajo esas circunstancias, la vida en común le resultaría, también a él, inaguantable. Pero esta actitud orgullosa contrastaba con la privada, mucho más desesperada y vehemente; según André Badot, Reyes estaba tremendamente afectado: acosaba a la poeta incesantemente escribiéndole cartas, golpeando su ventana, suplicándole con amenazas.

Sin duda, herido en su virilidad, Reyes no pudo soportar que Delmira no sólo lo abandonara, sino que además inaugurara la ley de divorcio en el Uruguay. El caso tuvo una enorme repercusión debido a que con ello se sentaba un precedente en el continente y a que quien solicitaba el divorcio era una célebre autora de versos eróticos. Por tanto, es fácil comprender hasta qué punto, en un medio tremendamente machista, el marido se sentía cuestionado en su masculinidad. Esto lo confirman los testimonios de la hermana de Reyes, Alina, recogidos en la biografía de Clara Silva, Genio y figura de Delmira Agustini.

Por su parte, Delmira, poco después de la separación, empieza a cartearse intensamente con Ugarte, y el sentimiento de amor se hace cada vez más explícito. 
En una carta del 9 de marzo de 1914, Ugarte le escribe: 

«Será vanidad o misterioso presentimiento, pero siempre he pensado que la serpiente ondularía mejor si yo la acariciara. No sea orgullosa y estrechémonos otra vez las manos fuertemente y déjeme que me acerque bien a usted, que la haga crujir apretándola contra mi cuerpo y que ponga al fin en su boca, largo, culpable, inextinguible, el primer beso que siempre nos hemos ofrecido». 

Ella le responde:

 «Todavía me dura la embriaguez deliciosa de su última carta. ¿Si le dijera que hoy sufro escribiéndole? Me da miedo de parecer decirle demasiado y siento que todo lo que le diga me parecerá poco. Sin embargo, el deseo intenso, hasta doloroso, de volver a ver su letra, lo vence todo.».

 
 Revista Caras y Caretas, Buenos Aires, 14 de julio de 1914

 
 No obstante, estando el divorcio en pleno trámite, Delmira empieza a verse en secreto con su todavía marido en las habitaciones que este alquila en un edificio de la calle Andes, 1206. Unos dicen que Delmira perpetuó la intimidad con la esperanza de que el trámite de divorcio no se viera obstaculizado. 
Pero el divorcio se falla el 22 de junio de 1914 y ella vuelve a visitarlo el 6 de julio, la fecha fatídica en la que, requerida por su ya ex marido, es asesinada cuando este le dispara dos tiros a la cabeza y a continuación se suicida, todo en una habitación repleta de fotografías, pinturas y otros objetos de Delmira.
Ella tenía 27 años, él tenía 28, ambos de familias acomodadas, por lo que los periódicos llenaron sus páginas con reseñas sensacionalistas. Ciertamente, la forma en que murió ha originado un mito en torno a la figura de la poeta, uno que pervive hasta el día de hoy.
 Tras su desaparición nació un mito que desafía a ensayistas y biógrafos y sigue vigente en infinidad de versiones.


 





Después de su muerte, en 1924, salieron a la luz las Obras completas (tomo 1, El rosario de Eros; tomo 2, Los astros del abismo) y en 1969 su Correspondencia íntima.


 HOMENAJES

 
Memorial en la calle Andes 1206, lugar donde vivió y fue asesinada Delmira Agustini.
Se colocó una placa homenaje, se plantó un rosal como símbolo de vida junto a otras arbustos que la recuerdan, se hicieron las veredas a nuevo y se instaló una reja como forma de protección y seguridad. (Foto: Municipio B)

Homenaje del Club de Leones de Sayago a Delmira Agustini en su centenario 
( © 2010 Milagros Adipe )


Detalles Técnicos:
Fecha de emisión: 26/3/2009   Código: 2009-04-S   Valor: $ 12.-  (pesos uruguayos) Tirada: 15.000 sellos   Artista plástico: Nelson Romero   Plancha: 25 sellos  
 
POESIA DE DELMIRA AGUSTINI

AMOR

Lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
Era un amor desbordado de locura y de fuego,
Rodando por la vida como en eterno riego.

Luego soñélo triste, como un gran sol poniente
que dobla ante la noche su cabeza de fuego:
despues rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
sonaba sus cristales el alma de la fuente.

Y hoy sueño que es vibrante, y suave, y riente y triste,
que todas las tinieblass y todo el iris viste,
que frágil como un ídolo y eterno como un Dios

Sobre la vida toda su majestad levanta:
y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
en una flor de fuego deshojada por dos...



FIERA DE AMOR

Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones.
De palomos, de buitres, de corzos o leones,
No hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor;
Había ya estragado mis garras y mi instinto,
Cuando erguida en la casi ultratierra de un plinto,
Me deslumbró una estatua de antiguo emperador.

Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra
Ascendió mi deseo como fulmínea hiedra
Hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;
Y clamé al imposible corazón... la escultura
Su gloria custodiaba serenísima y pura,
Con la frente en Mañana y la planta en Ayer.

Perenne mi deseo, en el tronco de piedra
Ha quedado prendido como sangrienta hiedra;
Y desde entonces muerdo soñando un corazón
De estatua, presa suma para mi garra bella;
No es ni carne ni mármol: una pasta de estrella
Sin sangre, sin calor y sin palpitación...

¡Con la esencia de una sobrehumana pasión!

Poema que Delmira Agustini publicó en "Los cálices vacíos" (Montevideo, Bertani, 1913; prólogo de Rubén Darío, carátula de Carlos A. Castellanos). 



EL CISNE
Pupila azul de mi parque
Es el sensitivo espejo
De un lago claro, muy claro! …
Tan claro que a veces creo
Que en su cristalina página
Se imprime mi pensamiento.

Flor del aire, flor del agua,
Alma del lago es un cisne
Con dos pupilas humanas,
Grave y gentil como un príncipe;
Alas lirio, remos rosa …
Pico en fuego, cuello triste
Y orgulloso, y la blancura
Y la suavidad de un cisne …

El ave cándida y grave
Tiene un maléfico encanto;
— Clavel vestido de lirio,
Trasciende a llama y milagro! …
Sus alas blancas me turban
Como dos cálidos brazos;
Ningunos labios ardieron
Como su pico en mis manos;
Ninguna testa ha caído
Tan lánguida en mi regazo;
Ninguna carne tan viva,
He padecido o gozado:
Viborean en sus venas
Filtros dos veces humanos!

“El cisne” de Delmira Agustini se considera un texto subversivo respecto a la tradición modernista en la que la poeta uruguaya buscaba insertarse. Agustini es asociada a veces con Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni, otras poetas que la crítica ha denominado “postmodernas.” Estas poetas, aunque muy diversas entre sí, comparten las circunstancias de ser mujeres en un mundo poético dominado por los hombres y por no encajar, por ésa y otras razones, ni en el modernismo ni en las vanguardias que vinieron después. Agustini, por ejemplo, aunque es, quizás, la más modernista de las poetas mencionadas, no suele incluirse en el canon modernista, en parte porque era muy joven, incluso con respecto a la llamada segunda generación modernista.

En cuanto a su forma y su lenguaje, “El cisne” sigue muchas de las convenciones modernistas. Hay una atención al metro y a la sonoridad o musicalidad de los versos.
El cisne es un motivo típico, reincorporado a la poesía moderna por los simbolistas.
En la primera estrofa aparece una metáfora compuesta que puede considerarse típica también del simbolismo y que enmarca la lectura del resto del poema: ojo/lago/espejo/página. Esta metáfora asocia el lago con la lectura, la palabra escrita y la autocontemplación o autoexpresión.
La siguiente estrofa enlaza la última palabra de la primera para construir la metáfora pensamiento/flor/alma/cisne.
Así se establece que el lago/la poesía es donde habita el cisne/el espíritu (utilizo “espíritu” aquí en el sentido alemán–Geist–que puede significar tanto alma como pensamiento o intelecto).

Lo que sigue es una transformación parcial del cisne, que aparece con atributos humanos (“pupilas humanas”, “filtros dos veces humanos”, etc.).
Esta humanización del cisne ya subvierte los códigos parnasianos, según los cuales el cisne representaría el ideal puro de la belleza, la poesía o la divinidad (como en el mito de Leda).
Luego presenciamos la erotización del cisne, ora con el color rojo, ora con el uso de símbolos fálicos (“pico quemante”).
Finalmente, el cisne y la voz poética se copulan en una escena que rompe con las representaciones contemplativas de la escena de Leda y el cisne (como la que escribió Darío). En vez de ser un mero observador pasivo, la voz poética es un sujeto activo que participa del sexo.
De cierto modo, también el cisne deja de ser el típico representante de la sexualidad masculina que suele verterse en la hembra, pues ése recibe su color y su substancia del deseo femenino.
En el código modernista, las mujeres son siempre pasivas, cuando no medio muertas como las enfermizas mujeres prerrafaelitas. “El cisne” invierte la típica relación binaria macho/hembra, otorgándole el papel activo a la mujer.

Asimismo, es posible leer el poema de una manera que trasciende por completo esa relación binaria. Al final del poema, el cisne y la voz poética quedan claramente demarcados por la diferencia de color (“¡El cisne asusta, de rojo, / y yo, de blanca, doy miedo!).
Pero si entendemos el cisne de la forma aludida, como una representación del pensamiento o del espíritu de la poeta, es posible ver el poema como una fantasía autoerótica: el espejo del lago (el poema) refleja el sentimiento de la poeta. En este círculo cerrado la voz poética se autosatisface. Aunque tenga que escribir “al margen del lago claro”, o sea, fuera del canon modernista, la poeta es autosuficiente. De este modo, “El cisne” contrapone el autoeroticismo femenino al voyeurismo masculino preferido por los modernistas y, especialmente, por Darío en su poema sobre Leda.

En uno de sus poemas llamado “Nocturno”, Agustini es aun más explícita sobre su intención de subvertir los códigos modernistas. En ese poema, la voz poética asume la corporalidad de un cisne y rompe violentamente en un típico tableau modernista: el lago cristalino bajo las estrellas. El cisne cruza el lago, manchando su pureza con un rastro de sangre–imputando de nuevo el color rojo al cisne, normalmente níveo–que contamina la puesta en escena tranquila."


Jonathan Dettman

FUENTES
http://www.biografiasyvidas.com/
http://es.wikipedia.org/
http://www.correo.com.uy
http://cvc.cervantes.es