El humor y el encanto del
arte de Florencio Molina
Campos
Sus abuelos maternos, fueron don Manuel Ladislao Campo Escobar y doña Josefa Delfina Campos López Camelo, que vivían en una casa situada en la calle Lavalle 1693, de Buenos Aires.
Sus padres fueron don Florencio Molina Salas y doña Josefina del Corazón de Jesús Campos y Campos, ambos integrantes de viejas familias porteñas entroncadas con importantes personajes de la Colonia y de la historia nacional.
La familia estaba relacionada con el ámbito castrense.
Sus padres tenían campos en los pagos del Tuyu y General Madariaga, en provincia de Buenos Aires, y Chajarí, provincia de Entre Ríos.
Durante las vacaciones visita la estancia paterna de “Los Ángeles”, en el pago del Tuyú, (hoy Gral. Madariaga). Allí aprende a querer y a conocer profundamente a los hombres de campo y a enamorarse de los paisajes pampeanos que infinitas veces llevará a sus cuadros.
Alrededor del año 1905, la familia pasa a vivir a “La Matilde”, en Chajarí, Entre Ríos, frente al río Uruguay.
Florencia Molina fue un típico argentino, simpático, entrador, audaz, excelente bailarín, con un envidiable carisma del que se valía para amenizar las reuniones a las que concurría. Poseía un fuerte carácter, que rasaba en ocasiones el mal humor.
No tuvo una visión comercial de lo que hacía.
“Se ha dicho mucho en justo elogio de las figuras humanas de este artista y poco de la notable presentación del paisaje de la antigua pampa.
“Vemos renacer en su pincel, la llaneza de vida, es decir, vida no limitada, abierta como el paisaje; parsimonia en el hablar, y pensamiento reflexivo, equivalente a la sencillez de sus líneas, hospitalidad, consecuencia de lo que es vasto, sin amparo.
Se instala comercialmente en Florida 470 bajo el rubro “F. Molina Campos y Cía. Comisiones en general”.
El 11 de junio de 1921 nació su hija, Hortensia, a la que llaman "Pelusa".
En 1924 el matrimonio se separó de hecho, quedando la tenencia de Pelusa a cargo de su madre María Hortensia.
Pelusa, luego de un largo noviazgo, contrajo enlace con don Antonio “Buby” Gimenez, hijo único de una familia castrense tradicional participante de las históricas expediciones al Desierto.
Ese año de 1926 fue clave en la cultura de Argentina.
Durante una exposición que llevó a cabo en Mar del Plata en el año 1927, Florencio conoció a una joven mendocina, María Elvira Ponce Aguirre, a la que no volvió a ver por un largo período.
El 14 de marzo de 1930 Alpargatas S.A., aceptan la confección del almanaque del año 1931, que consistió en doce obras gauchescas ejecutadas al gouache con una visión idealizada y costumbrista. Las cuales tienen difusión a nivel internacional.
Estos almanaques continuarán hasta 1936 y luego se imprimirán en una segunda etapa desde1940 hasta 1944. De inmediato, el público rural los adopta y colecciona sus números mes a mes.
En 1931 el pintor realizó su primer viaje a Europa y expuso en París. Más adelante viajaría infinidad de veces, invitado por diferentes gobiernos como representante cultural argentino. Fue profesor de las nuevas generaciones, tanto en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda como en Bellas Artes.

En 1938 realiza una exposición en el English Book Shop de Nueva York.
Allí, construyó su rancho al cual puso de nombre Los Estribos, en honor a la marca que utilizaba la familia Molina Campos para el ganado, característica en todas las obras de Florencio y que son dos estribos cruzados.
En 1939, lo contratan firmas norteamericanas para efectuar publicidad comercial, a través de campañas de seguridad, avisos a doble página en las más afamadas revistas y cartelones en los caminos.
Cesáreo Bernaldo de Quirós, decía de Molina Campos: “Molina Campos es el creador personalísimo de ese personaje que, derivando del gaucho legendario, a quien tanta gloria le cupo como soldado de Libertad y como montonero en las guerras intestinas, gesta sus últimas bizarrías dentro de su natural coraje. ...
En 1942, Walt Disney lo contrató para sus estudios en carácter de asesor, para la realización de varias películas de ambiente argentino. Esta relación profesional duró poco tiempo, ya que Molina Campos objetó la falta de rigor documental de los dibujos producidos en los Estudios Disney "el fausto" .
La relación de amistad perduró durante toda la vida, pero se malogró la idea de recrear sus queridos paisanos junto con Disney. De todos modos, su obra quedó plasmada en “Goofy Goes Gaucho” y “The Flying Gaucho”, presentados en la Argentina como “El burrito volador”. También colaboró en “Saludos Amigos”, una película que narra el viaje de Disney por Sudamérica.
En 1946, “Vida Gaucha”, libro de texto para estudiantes de español en Estados Unidos.
Dejó completos los dibujos para una edición de la “Tierra Purpúrea” de G. H. Hudson, y bosquejó ilustraciones para el “Martín Fierro” y “Don Segundo Sombra”.
En 1950 conquistó el Premio CLARIN, Medalla de Oro del V Salón de Dibujantes Argentinos.
En 1951, editaron también 12 laminas de los originales de ese año.
En 1956 actuó en el cortometraje “Pampa Mansa”, que fue presentado en el Festival de Berlín, donde estuvo presente.
Luego del Festival de Berlín y ya de regreso al país, llevó a cabo en la galería Argentina, la que sería su última exposición.
Tras el evento, el 16 de noviembre de 1959, se internó para hacerse una operación donde falleció por una complicación cardíaca.
Florencio Molina Campos murió en Buenos Aires. Sus restos permanecieron en la bóveda familiar de la Recoleta hasta que, en la década del 70, fueron trasladados a instancias de Elvirita al Cementerio de Moreno, en donde permanecen.
Una treintena de exitosas exposiciones hicieron conocer sus originales en el país, en los Estados Unidos –donde tuviera en Edward Larocque Tinker un ferviente admirador-, en Francia y Alemania.
El crítico de arte Rafael Squirru escribió en la Carpeta N° 1 Florencio Molina Campos, Buenos Aires, 1972: “Como pocas, la obra de Molina Campos plantea la espinosa problemática del creador en Argentina, desde su significado social hasta las peculiaridades de su estilo.
Cuando Florencio Molina Campos murió, al decir de su amigo Edward Larocque Tinker, “el mundo perdió un genio que había dedicado su vida a llevar alegría a un mundo en tensión, por eso, qué mejor epitafio pudo haber tenido que este: Hizo sonreír mucho a millones”.
En vida Molina fue miembro de numerosas instituciones culturales, artísticas, profesionales y folklóricas y sostenedor ferviente de la tradición de la patria que tanto amó.
Actualmente su única hija y su nieto dirigen F. Molina Campos Ediciones, única firma autorizada para editar productos con sus imágenes, con oficinas en Buenos Aires. Conjuntamente con la Fundación Florencio Molina Campos son quienes fomentan la difusión de la obra de este artista, emblema de argentinidad a nivel mundial.
Florencio Molina Campos ha
recibido varios homenajes post mortem para mantener vivo su recuerdo:
Fue declarado ciudadano
ilustre post mortem por autoridades comunales, reconociendo su importancia
cultural.
En la Ciudad de Buenos Aires,
el Ministerio de Cultura organizó exposiciones dedicadas a él, como la del
Museo de Arte Popular José Hernández (MAP), en memoria de sus obras que
reflejan las costumbres del hombre de campo argentino.
La Fundación Molina Campos
participa en estos homenajes.
En Azul, el Espacio Cultural
"Recordando a Molina Campos" fue creado para rendirle homenaje.
Es un museo dedicado a su
obra, declarado de Interés Cultural y Bien Público por el Concejo Deliberante.
En eventos asociados, su nieto
Gonzalo Giménez Molina comparte anécdotas y acerca la figura de Molina Campos a
nuevas generaciones.
En Vicente López, aunque su
casa donde vivió fue demolida recientemente, se destaca que se colocaron placas
en su honor en lugares asociados a su vida y obra.
Además, se recuerda que fue
vecino de otros artistas plásticos destacados y participó en sociedades
culturales de la zona.
Estos homenajes consisten en
exposiciones, museos, placas conmemorativas, eventos culturales y la actividad
de fundaciones que preservan su obra y legado, manteniendo viva la memoria de
su contribución artística y cultural a la identidad argentina.
LEGADO
El legado de Florencio Molina
Campos, que perdura hasta hoy, es principalmente cultural y artístico, centrado
en la representación única y humorística de la vida y costumbres gauchas y
rurales argentinas.
Molina Campos fue un dibujante
y pintor argentino reconocido por sus pinturas, acuarelas y dibujos que
inmortalizaron la vida criolla en la pampa con un espíritu burlón, entrañable y
afectuoso hacia el gaucho, retratando sus hábitos, vestimenta, luchas,
diversiones y esperanzas.
Su obra es considerada una
pinacoteca popular y se diferenció por la identificación profunda con el hombre
rural, mostrando aspectos humanos de un sector modesto de la sociedad argentina
con cariño y humor.
Fue creador, entre otras
cosas, de los famosos almanaques ilustrados para la fábrica de Alpargatas, que
durante años difundieron su arte por todo el país y más allá.
Además, su trabajo inspiró
también a cineastas como Walt Disney, aunque con diferencias en la
interpretación del gaucho.
Molina Campos también dejó un
legado educativo y de preservación cultural; fundó una escuela rural que lleva
su nombre, promoviendo el rescate y mantenimiento del folklore y la tradición
nacional argentina.
Su mensaje fue un llamado a artistas y
escritores a recoger y preservar el patrimonio cultural disperso del campo
argentino para que las futuras generaciones no pierdan la memoria de sus
raíces.
Existen museos dedicados a su
obra y su figura, como el Museo Florencio Molina Campos en Moreno y el Museo
Las Lilas en San Antonio de Areco, que mantienen viva su memoria y obra.
Así, su legado artístico, cultural y educativo
sigue vivo y reconocido como un símbolo de la identidad rural argentina que aún
hoy perdura.
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