PauLa Beck:
Forjando su
propio rumbo
Fue una pintora alemana,
pionera del movimiento expresionista en la Alemania de fines del siglo XIX.
Su padre, Carl Woldemar Becker
nació en Odessa, el 31 de enero de 1841. Su oficio fue de ingeniero.
Las cartas que Carl Woldemar
Becker, su padre, le envió más tarde a su hija dan la imagen de un hombre
cultivado y abierto: visitante habitual de París y Londres, dominaba el ruso,
el francés y el inglés.
Su madre Matilde nació en Lübeck,
el 3 de noviembre de 1852.
Descendía de una familia
ilustre de la nobleza de Turingia, los von Bültzingslöwen.
La familia materna de Becker
presentaba la misma predisposición al viaje: el abuelo von Bültzingslöwen había
mandado un destacamento en el extranjero y varios hermanos de Matilde emigraron
a Indonesia, a Nueva Zelanda y a Australia. Eran los tiempos del nuevo Imperio
colonial alemán.
Becker era la tercera hija de
una familia de siete hermanos.
El 19 de julio del año 1886, con
10 años, Paula Modersohn-Becker sufrió un grave accidente, mientras jugaba en
las galerías de una cantera de arena cerca de Dresde, Alemania.
Jugaba junto a sus primas Cora
Parizot de11 años y Maidli Parizot, así como otro niño llamado Freddy von
Bültzingslöwen, cuando un derrumbamiento las sepultó. Paula y Maidli lograron
escapar a tiempo, pero Cora murió asfixiada bajo los escombros.
Todo ocurrió en una propiedad
llamada Villa Angermann en Hosterwitz.
Este trauma la marcó
profundamente; años después, lo mencionó en una carta a Rainer Maria Rilke,
revelando su huella emocional duradera en su infancia en Dresde y como esta
tragedia influyó en su sensibilidad
artística.
Hasta el año 1888, los doce
primeros años de su vida, pasó en Dresde, un período del que hay poca
información sobre su formación.
Bremen.
El domicilio de la familia Becker en la «Schwachhauser Chaussee 23» (ahora
«Schwachhauser Heerstrasse»)
En 1888, Carl Woldemar Becker obtuvo un trabajo en Bremen,
lo que obligó a la familia a dejar Dresde.
En Bremen había una destacada vida cultural. La madre de
Becker cultivó amistades varias en los círculos artísticos, de modo que la
familia Becker gozaba de una privilegiada relación con el mundo artístico de la
ciudad.
Carl Woldemar Becker y
Mathilde junto a Paula Becker (en el centro de pie), en el jardín de invierno
de "Schwachhauser Chaussee, nº 23", el hogar familiar desde 1888
hasta 1899.
La familia Becker se mudó a la «Friedrichstrasse 29», que
hoy es el número 46.
A principios del verano de
1892 sus padres la enviaron a Inglaterra.
Una hermanastra de su padre
vivía en las afuera de Londres y Becker debía reunirse con ella, para aprender
a hablar inglés y, al mismo tiempo, tener un hogar.
Gracias al apoyo de su tío, la
joven pudo también recibir cursos de arte en la St John's Wood Art School.
Después de algunos estudios
preliminares, comenzó a frecuentar una escuela privada de Bellas Artes, donde
pasaba seis horas al día, iniciándose en la técnica del dibujo.
Estos cursos sin embargo los
abandonó rápidamente: sus padres inicialmente habían fijado la duración de la
estancia londinense en un año, pero a los seis meses Becker volvió con su
familia a Alemania porque no le gustaba Inglaterra ni el carácter autoritario
de su tía y sentía nostalgia de su hogar y país.
Una vez nuevamente con su
familia, por deseo de su padre y por el respeto que este le inspiraba, Becker
siguió las clases de una escuela de formación de maestras a partir de 1893, en
Bremen.
Seguía, aunque a disgusto, los
pasos de su hermana mayor que estudió para maestra. A cambio consiguió de su
padre autorización para asistir a cursos de pintura.
Recibía clases de pintura en
la casa del pintor Bernhard Wiegandt, donde Becker tuvo la primera ocasión de
trabajar con verdaderos modelos.
De esta época datan por
ejemplo una serie de retratos de sus hermanos, así como su primer autorretrato,
realizado hacia 1893.
A principios de 1893 pudo
admirar por primera vez las realizaciones del círculo artístico de Worpswede,
cuando Fritz Mackensen, Otto Modersohn, Fritz Overbeck, Hans am Ende y Heinrich
Vogeler expusieron sus cuadros en la Kunsthalle de Bremen (el museo de arte de
Bremen).
La joven quedó encantada sobre
todo por una obra de su futuro marido, Otto Modersohn, que resplandecía de
colores extraños y daba un sabor muy particular a un paisaje de brezos.
Esta actividad artística no hizo
que descuidara sus estudios: en septiembre de 1895, Paula Becker pasó los
exámenes finales con buena nota y obtuvo el diploma de maestra.
Gracias a la rama materna de
su familia, pudo viajar a Berlín a principios de 1896 con el fin de seguir
durante seis semanas cursos de dibujo y pintura en la Asociación de Artistas
Berlineses (Verein der Berliner Künstlerinnen).
Este tipo de asociaciones eran
el camino por el que podían iniciarse en la pintura las mujeres que, en aquella
época, no tenían aún acceso a las academias de Bellas Artes.
Becker pudo continuar su
formación más allá de las seis semanas iniciales, gracias a que su madre acogió
a un pensionista en la casa familiar para poder pagar los estudios a su hija.
Por otra parte, el hermano de
Matilde, su tío Wulf von Bültzingslöwen, al igual que su esposa Cora, se
mostraron dispuestos a acoger y mantener a la joven.
La enseñanza impartida en
Berlín concedía un lugar preponderante al dibujo, realizado a partir de modelos
profesionales. Solo se admitía en las clases a aquellas candidatas que tenían
ya un buen dominio de la materia.
Dibujo
de Paula que representa un desnudo femenino sobre la hierba.
De este periodo se conservan
unos cuantos dibujos de desnudos realizados por Becker: las líneas, por regla
general, son fuertemente marcadas y abundan los efectos de claroscuro.
En 1897 fue admitida por primera
vez en la clase de Jeanna Bauck. Esta artista influyó profundamente en su joven
alumna y la convenció para que, más adelante, fuera a vivir por algún tiempo a
París.
Durante su estancia en Berlín,
Becker empleó mucho tiempo visitando las galerías de los museos. Al igual que
los artistas del movimiento nazareno, que había conocido su apogeo siete
décadas antes, a Becker le gustaban, por encima de todo, los cuadros del
Renacimiento alemán e italiano.
Con motivo de las bodas de
plata de los padres, la familia Becker emprendió en el verano de 1897 una
excursión al pequeño pueblo de Worpswede.
A Becker le impresionó la singularidad del
lugar, el colorido del paisaje y en especial la colonia artística
(Künstlerkolonie) allí fundada unos años antes.
Ese mismo otoño, Becker visitó
de nuevo Worpswede en compañía de una amiga.
En enero de 1898, heredó 600
marcos, pudo devolver parte del dinero prestado para proseguir sus estudios a
sus primos Arthur y Greta Becker, y decidió volver a Worpswede, con el
consentimiento familiar.
La intención en principio era
pasar unas vacaciones. Matilde Becker había previsto que su hija estuviera allí
durante dos semanas en las clases de pintura y dibujo de Fritz Mackensen, como
iniciación antes de marchar en otoño a París para trabajar de niñera
(«fille-au-pair»).
A pesar de todos los planes familiares, la intención de Becker, con 22 años, cuando tomó finalmente la carretera de Worpswede en septiembre de 1898, era permanecer bastante más tiempo del previsto, pues ambicionaba hacerse artista profesional.
Los artistas que se habían
instalado en Worpswede en 1889 reivindicaban su independencia frente a las
grandes academias artísticas.
La inmensa mayoría eran
antiguos alumnos de la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf, una institución
que había brillado con Wilhelm von Schadow.
Como muchos jóvenes artistas
del siglo XIX, consideraban las academias de pintura como instituciones
oficiales y a sus profesores y métodos obsoletos. En Worpswede, aspiraban a
crear un espacio con, por y para la naturaleza, siguiendo el ejemplo de
Théodore Rousseau con la escuela de Barbizon.
Como en Francia, el objetivo
era doble: trabajar «au plein air», revolucionando así la técnica pictórica, y
reflejar en su obra a la población campesina, a la que atribuían una pureza
original aún no contaminada por la civilización.
Una profunda amistad unió desde un principio a Becker y Clara Westhoff, joven aspirante a escultora, alumna de Mackensen en cursos de dibujo y modelado.
Becker, inicialmente al margen
del ideario de la colonia, se mostró menos reservada a partir de marzo de 1899,
en particular con su futuro marido Otto Modersohn y con Heinrich Vogeler.
Realizó varias estampas con la
técnica del aguafuerte durante el verano de 1899; la estricta disciplina que
imponían las técnicas de grabado no debió ser de su agrado.
Fritz Mackensen, tan
importante inicialmente para el despertar de su talento, dejó de atraerle ya a
finales de aquel año. Su original estilo, que tendía cada vez más a la
simplificación de las formas y los colores, no tenía reflejo en Worpswede.
Tampoco ayudarían las críticas
de que sería objeto su participación en algunas exposiciones aquel año; por ejemplo,
las del Weser-Zeitung, realizada el 20 de diciembre de 1889, con el siguiente
análisis de dos de sus obras expuestas:
«Para calificar este trabajo,
los recursos de una lengua pura no son suficientes, y nos negamos a utilizar
una impura. Digamos que, si una actividad creativa del mismo orden se hubiera
ilustrado en los ámbitos del teatro o la música, y si además hubiese tenido la
insolencia de aventurarse sobre escena o en la sala de un concierto, los
silbidos y los abucheos habrían puesto término a tal grosera mascarada»
A pesar de que artistas como
Max Slevogt, Lovis Corinth, Max Liebermann o Wilhelm Leibl empezaban a tener
sus primeros éxitos en Múnich y Berlín, en Alemania se preferían las
pinacotecas clásicas y el arte académico.
En París, al otro lado de la
frontera, la apertura y la innovación en la vida artística eran una tentación
irresistible para sensibilidades como la de Becker.
Muchacha
con pañuelo blanco, 1900 (45,3 x 66,2 cm).
En la noche del 31 de
diciembre de 1900 marchó a Francia. Si Roma había sido un gran centro de
atracción para todos los artistas alemanes a principios del siglo XIX, ahora lo
era París, convertido en el lugar de encuentro por excelencia de todas las
corrientes artísticas europeas.
Varios artistas alemanes muy conocidos, como
Emil Nolde, Bernhard Hoetger o Käthe pasaron temporadas más o menos largas en
la ciudad.
«Schwachhauser
Chaussee 23» en 1899. Los alrededores de su casa en Bremen.
En cuanto a Clara Westhoff, la
amiga de Becker en Worpswede, ya se encontraba allí desde fines de 1899,
animada por la esperanza de convertirse en alumna de Auguste Rodin. Becker y Westhoff
pasaron juntas un año en París.
En agosto retornaron a
Worspede y posteriormente pasaron juntas el invierno en Berlín.
Becker pudo costearse el viaje
porque seguía beneficiándose de la ayuda de sus padres y el resto de su
familia.
Se instaló en el número 9 de
la rue Campagne-Première, en el distrito XIV de París, y adornó su pequeño
estudio con útiles y mobiliarios procedentes de un rastro.
Siguió las clases de la
Académie Colarossi en el Barrio Latino de París, porque ofrecía la ventaja de
aceptar mujeres, y volvió a visitar los museos como había hecho en Berlín.
Sola o en compañía de Clara
frecuentaba las exposiciones y galerías artísticas para familiarizarse con la
pintura moderna francesa.
Clara Westhoff contó más tarde
algunas anécdotas vinculadas a este período, como, por ejemplo, la visita hecha
al marchante de arte Ambroise Vollard, o la profunda fascinación que sentía
Becker por la obra de Paul Cézanne, por entonces un completo desconocido.
En una carta con fecha de 21
de octubre de 1907 dirigida a Westhoff, Becker escribía años más tarde que
Cézanne:
«es uno de los tres o cuatros
grandes maestros que produjeron en mí el efecto de una tormenta.»
Becker asistió a la gran
exposición organizada por los nabis en París. Este grupo artístico,
profundamente influenciado por las estampas del arte japonés, ponía énfasis en
las superficies y en los colores caprichosos, cuyo objetivo no era reflejar
exactamente la realidad sino crear un significado propio.
Paula
Becker en su estudio “lirio”, Worpswede, ca. 1900 Foto: ©
Paula-Modersohn-Becker-Stiftung, Bremen
Zanja en el pantano, hacia 1900/1902 (54,1 x 33 cm).
Desde el mes de abril de 1900
se celebraba la Exposición Universal, destinada a conmemorar la llegada del
nuevo siglo. Este gran acontecimiento fue la ocasión para que Fritz Overbeckde
viajara a París y también lo hiciera el paisajista Otto Modersohn, que llegó en
junio.
Becker ya conocía a Otto, once
años mayor que ella, al que apreciaba y admiraba por su trabajo en Worpswede.
Modersohn estaba casado con Hélène, cuya mala salud retuvo a Otto en Worpswede.
La muerte de su esposa
precipitó el regreso de Modersohn y Overbeck a Alemania. Dos semanas después,
también Paula Becker y Westhoff regresaron a Worpswede porque el dinero se
acababa.
Otto Modersohn y Paula Becker
se casaron el 25 de mayo de 1901. A tal efecto, y bajo la presión ejercida por
sus padres, Paula aceptó hasta seguir un curso de cocina en Berlín, curso que
abandonó tan pronto pudo.
La pareja disfrutó de una
corta luna de miel cerca de Hirschberg en Silesia (hoy, Polonia), invitados por
Gerhart Hauptmann.
La
casa de Paula y Otto donde vivieron entre 1901 y 1907
A partir de entonces Becker intentó
conciliar sus ambiciones artísticas con su nueva vida de esposa, mujer de la
casa y madre de la pequeña Elisabeth, hija de Otto Modersohn de su matrimonio
anterior. Becker, como taller, disponía solo de una pequeña habitación con una
ventana. Otto decidió construir un tragaluz en el techo del edificio principal,
para que su esposa trabajara.
La joven esposa era ayudada en
la realización de las tareas diarias por una criada.
Paula
Modersohn Becker y su hijastra Elsbeth
Desde las nueve de la mañana hasta alrededor
de la primera hora de la tarde, Becker podía así pintar en su taller, salía
para almorzar y luego volvía de nuevo a su trabajo a las tres, para continuar a
menudo hasta la noche, cuando pasaban de las siete de la tarde.
Cabeza
de una pequeña muchacha.
Intentaba sin embargo ser una
madre atenta y concienzuda para su hijastra Elisabeth. Esta, por otra parte,
sirvió de modelo para toda una serie de retratos infantiles, como Muchacha en
un jardín al lado de una bola de cristal, que data de 1901 o 1902, y Cabeza de
una pequeña muchacha.
En este período su padre murió
en Bremen, el 30 de noviembre de 1901.
Ovejas en el bosque de abedules, 1903 - Tempera al óleo sobre cartón - Museo de Arte Meadows en Centenary College, Shreveport, Luisiana
El matrimonio garantizaba a
Becker su mantenimiento y por eso podía dedicarse al trabajo de pintora.
En vida, la joven vendió pocos lienzos, entre
ellos, dos a sus amigos Rilke y Vogeler; sin su unión con Otto, está claro que
no hubiera seguido los deseos de su padre y quedar subordinada.
La situación, no obstante, tenía también cosas
negativas. Mientras que Otto, en su diario, afirma que la vida conyugal se
desarrollaba mejor de lo que habría creído, en el diario de Paula Becker en la
Navidad de 1902 se aprecia una actitud más crítica y cierta ironía.
Otto parece haber sido muy feliz durante los tres primeros años de su nueva vida matrimonial. Su diario indica entonces regularmente hasta qué punto se convencía de compartir su existencia con una artista fuera de lo común, cosa a la que nadie parecía hacerse a la idea en la época.
Becker había encontrado en
Otto Modersohn a un hombre cariñoso y que, bien lejos de ser un obstáculo al
desarrollo de su sensibilidad artística, sabía al contrario acompañar esta
evolución de una mirada crítica y elogiosa.
Como muchos de sus
contemporáneos, sin embargo, carecía de una comprensión realmente profunda de
la obra de su esposa. Por otra parte, la intensidad con la cual Becker
reaccionaba a los menores sobresaltos de la vida artística parisina lo dejaba
un tanto perplejo.
Mientras que Otto buscaba la calma y la soledad de Worpswede para desarrollar su arte, Becker prefería una vida de cierta variedad y el contacto con el mundo exterior.
Niña tocando una flauta en el bosque de abedules, 1905 - Tempera al óleo sobre lienzo - © Fundación Paula-Modersohn-Becker, Bremen
Naturaleza
muerta con platillo de leche (Stilleben mit Milchsatte) 1905 (55 x 71,8 cm)
Museo Paula Modersohn-Becker, Bremen.
Clara
Rilke-Westhoff, 1905.
Esta insatisfacción hizo que Becker
dejara Worpswede el 23 de febrero de 1906. En su diario indica claramente que
este gesto equivalía a una ruptura con Otto, quien se sorprendió bastante,
aunque no cejó en su empeño de reunirse de nuevo con ella enviando cartas a París.
Ante los ruegos de Otto,
Becker le comunicó que se hiciera a la idea de que ella, en adelante, seguiría
su propio camino en la vida. Su marido incluso llegó a viajar a París durante
una semana en el mes de junio, pero el diálogo entre ambos siguió siendo
infructuoso. A pesar de todo, Otto Modersohn continuó manteniéndola
financieramente mientras recibía el apoyo moral de la propia familia de Becker,
que acusaba a esta última de egoísta.
La joven se instaló en un
taller especialmente espartano de la avenida de Maine, en el distrito XIV de
París. Volvió a frecuentar los cursos de dibujo, las exposiciones de la
vanguardia e incluso asistió a un curso de anatomía en la Escuela de Bellas
Artes porque no estaba contenta con su propio estilo.
Muy sorprendida por una
escultura expuesta en el Salón de los Independientes, visitó al escultor,
Bernhard Hoetger, en su taller. Cuando una observación de Becker reveló a
Hoetger que ella también era artista, él insistió en ver sus obras y quedó
admirado.
Chicas desnudas de pie y arrodilladas frente a Poppies II, 1906 - Tempera al óleo sobre lienzo - Lübecker Museen, Museo Behnhaus Drägerhaus gestiftet aus der Sammlung Dr. Kurt Wünsche, Zwickau
Becker hasta entonces solo había encontrado
apoyo en Worpswede al lado de su marido y de Rainer María Rilke. Paula quedó muy
emocionada por los elogios que recibió de Hoetger.
El 5 de mayo de 1906,
escribió:
«Usted hizo milagros. Usted me
restituyó a mí misma. Tomé valor. Mi valor siempre se encontraba detrás de
puertas cerradas y no sabía cómo salir. Usted abrió estas puertas. Usted me ha
sido de gran ayuda. Comienzo ahora a creer que algo quedará de mí. Y cuando
pienso en eso, me vienen lágrimas de felicidad... Usted me hizo tan feliz.
Estaba un poco sola»
La valoración de Hoetger hacia
Becker la animó a desplegar sin ningún temor toda la fuerza y el potencial de
su pintura.
Se calcula que el número de
telas realizadas entre 1906 y 1907 asciende aproximadamente a noventa.
Becker dedicó su tiempo
principalmente a las pinturas de desnudos; también a las pinturas de naturaleza
muerta; así como a numerosos autorretratos tales como el Autorretrato con
limón, donde la artista aparece generalmente semidesnuda. Es la iniciadora de
una clase de pintura inédita en la historia del arte: el autorretrato
enteramente desnudo.
El 3 de septiembre de 1906,
Becker hizo saber a su marido que quería divorciarse y le pidió una última suma
de 500 marcos. En consecuencia, ella misma se comprometía a satisfacer sus
propias necesidades.
Sin embargo, sobre su decisión
volvió algunos días más tarde, el 9 de septiembre, y resolvió volver a
Worpswede. Este cambio de actitud debe imputarse principalmente a Bernhard
Hoetger, que había convencido a Becker de hasta qué punto la deterioraría la
situación de garantizarse ella misma su subsistencia. Becker le escribió a
Westhoff al respecto de esta situación, el 17 de noviembre:
«He observado este verano que
era mejor que supiese seguir sola [...] si tengo culpa o razón, sólo el futuro
podrá decidirlo. Lo principal para mi trabajo, es la tranquilidad, y no corro peligro,
por cierto, de carecer de eso al lado de Otto Modersohn.»
Otto Modersohn había llegado a
París en octubre para pasar el invierno con ella. Se instaló en un taller
situado en el mismo edificio que el de su esposa.
En marzo de 1907, la pareja regresó de nuevo a
Worpswede. Becker finalmente consiguió la alegría de quedar embarazada, pero al
mismo tiempo sufría por no poder estar en condiciones adecuadas para pasar
tiempo frente a su caballete.
Vieja
criada en el jardín, 1906 (96 x 80,2 cm).
Autorretrato
con dos flores en su mano izquierda levantada, 1907 - Óleo sobre lienzo
Autorretrato
con camelias, 1907 (62 x 31 cm).
Entre sus últimas obras se
encuentran Vieja criada en el jardín y Autorretrato con camelias.
Paula y su hija Mathilda, “Till”
El 2 de noviembre, tras un
difícil parto, dio a luz a una niña, Mathilde (Tillie) Modersohn. El médico
recomendó que la madre primeriza guardara reposo en cama durante unos días.
El 20 de noviembre se le
permitió levantarse, pero enseguida Paula sufrió una embolia pulmonar.
El 21 de noviembre de 1907 murió
a los treinta y un años de edad.
Su tumba fue diseñada por el
escultor Bernhard Hoetger en 1907 y representa a la madre acostada con su hija
Mathilde (Tillie) en el regazo, simbolizando la transición entre la vida y la
muerte.
Su madre la sobrevivió y murió
en Bremen, el 22 de enero de 1926.
HOMENAJES
Paula Modersohn-Becker,
pionera del expresionismo alemán, ha recibido diversos homenajes post mortem
que mantienen vivo su recuerdo.
Museos y espacios dedicados
Museo Paula Modersohn-Becker
(Bremen, Alemania): inaugurado en 1927, fue el primer museo del mundo dedicado
exclusivamente a una mujer artista. Alberga una amplia colección de sus obras y
sigue siendo un centro de referencia para su estudio y difusión.
Casa Museo en Worpswede: la
localidad donde vivió y trabajó conserva su memoria a través de exposiciones y
actividades culturales.
El busto de Paula
Modersohn-Becker fue creado en 1899 por su amiga y colega Clara Westhoff (más
tarde conocida como Clara Rilke-Westhoff, tras casarse con el poeta Rainer
Maria Rilke).
Clara Westhoff era escultora y
formaba parte del círculo artístico de Worpswede, donde conoció a Paula.
El busto de Paula es una de
las primeras obras escultóricas que la representa, realizado cuando ambas eran
jóvenes artistas en formación.
Se considera un testimonio
íntimo de la amistad y del reconocimiento mutuo entre dos mujeres que buscaban
abrirse camino en un ambiente artístico dominado por hombres.
El busto es importante porque
constituye una de las pocas representaciones escultóricas directas de Paula en
vida.
Refleja la sensibilidad de
Clara hacia la personalidad de Paula, y se ha interpretado como un homenaje
temprano a su talento y carácter.
Con el tiempo, esta obra ha
adquirido un valor simbólico, pues une la memoria de Paula con la de Clara,
otra mujer artista que luchó por visibilidad en la misma época.
El busto se conserva como
parte del legado artístico de Clara Westhoff y ha sido mostrado en exposiciones
relacionadas con Worpswede y con la vida de Paula Modersohn-Becker.
Obras literarias y biográficas
Rainer Maria Rilke escribió el
célebre Requiem für eine Freundin (Réquiem para una amiga) en 1908, inspirado
en su amistad con Paula y su muerte prematura. Este poema es uno de los
homenajes más profundos y conocidos.
Numerosos estudios y
biografías han sido publicados en Alemania y otros países, reivindicando su
papel como precursora del arte moderno.
Reconocimientos culturales
Exposiciones retrospectivas en
Alemania y a nivel internacional han resaltado su importancia en la historia
del arte, especialmente como una de las primeras mujeres en pintar desnudos
femeninos desde la perspectiva de la propia mujer.
Placas conmemorativas y
monumentos en Worpswede y Bremen recuerdan su vida y obra.
En 1988, la Deutsche Bundespost emitió un sello dentro de la serie Famous Women (Mujeres Famosas), con un valor de 10 pfennig, dedicado a ella. El diseño fue realizado por Gerd Aretz y grabado por W. Mauer.
Su figura se ha convertido en
símbolo de la lucha por el reconocimiento de las mujeres artistas en la
historia del arte.
LEGADO
Paula Modersohn-Becker dejó un
legado perdurable como pionera del expresionismo alemán temprano, innovando con
autorretratos desnudos que exploraban la identidad femenina y la maternidad de
forma cruda y autónoma.
Innovaciones estilísticas
En el ámbito académico, se la
estudia como precursora del expresionismo y como pionera en la representación
de la maternidad y la intimidad femenina.
Su estilo fusionó
postimpresionismo (influencias de Gauguin y Cézanne), arte japonés y
Renacimiento alemán, priorizando formas simplificadas, colores terrosos y una
expresividad emocional que anticipó el modernismo.
Creó más de 700 pinturas y
1.000 dibujos en solo 14 años activos, incluyendo naturalezas muertas y
retratos campesinos que rechazaban el realismo ilusionista.
Impacto cultural actual
Su estilo y valentía han
inspirado a generaciones posteriores de artistas, y su nombre aparece en
proyectos educativos y culturales que buscan visibilizar la contribución
femenina al arte.
Aunque etiquetada como
"arte degenerado" por los nazis, su reconocimiento póstumo —impulsado
por cartas publicadas tras la II Guerra Mundial— ha generado exposiciones
globales recientes, como "Ich bin ich / I Am Me" (Neue Galerie NY,
2024; Art Institute Chicago, 2025), consolidándola como símbolo feminista y
precursora de autorretratos vanguardistas femeninos.
Su tumba en Worpswede y el museo dedicado mantienen
viva su influencia en el arte contemporáneo.
FUENTES
https://es.wikipedia.org/wiki/Paula_Modersohn-Becker
https://elojodelarte.com/biografias/paula-modersohn-becker-el-autorretrato-expresionista
https://es.tellerrandstories.de/paula-modersohn-becker/
https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_Paula_Modersohn-Becker


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