Jaime Ferrán y Clúa:
Médico,
Bacteriólogo y
Pionero de la
Vacunación
Jaime Ferrán y Clúa (también
llamado Jaume Ferran i Clua en catalán) nació el 1 de febrero de 1851 en
Corbera de Ebro, provincia de Tarragona, España.
Fue un médico y bacteriólogo
español, descubridor de una vacuna contra el cólera, además de otras contra el
tifus y la tuberculosis.
Su padre era médico rural en
Corbera de Ebro (Tarragona), localidad donde nació Jaime.
Su profesión influyó de manera
decisiva en la vocación científica y médica de su hijo.
Gracias al entorno familiar
ligado a la medicina, Ferrán estuvo desde niño en contacto con prácticas
médicas y con una mentalidad científica orientada al servicio público.
Su madre es aún más escasa.
Se sabe que pertenecía a la
familia Clúa (de ahí el segundo apellido de Jaime Ferrán).
Los estudios iniciales
tuvieron lugar en Tortosa tras mudarse allí con su padre y representaron el
comienzo de su formación.
El colegio, de tradición
religiosa, le proporcionó una base sólida en educación primaria, influida por
el entorno médico familiar.
Tras sus estudios primarios en
Tortosa, se trasladó a Tarragona para completar esta etapa preuniversitaria,
que finalizó antes de licenciarse en Medicina en Barcelona en 1873.
Su formación allí consolidó su
interés por las ciencias, influido por el entorno familiar médico.
Tras completar su bachillerato
en Tarragona, ingresó directamente a la Facultad de Medicina de Barcelona,
donde cursó la carrera con brillantez y se formó en un entorno académico
emergente para la bacteriología.
En 1873 se licenció en
Medicina en la Universidad de Barcelona.
Tras licenciarse, comenzó a
ejercer como médico en zonas como Pla del Penedès y, sobre todo, en Tortosa,
donde se interesó por la bacteriología—un campo científico emergente en aquel
momento gracias a los trabajos de investigadores como Louis Pasteur y Robert
Koch.
En principio se dedicó
temporalmente a la oftalmología, atendiendo pacientes locales antes de
orientarse hacia la investigación científica y la bacteriología.
Antes de dedicarse por
completo a la bacteriología, Ferrán ya mostró una mente curiosa e inventiva:
Jaime Ferrán y Clúa colaboró
en 1879 con el químico Inocente Paulí para desarrollar y publicar un método
innovador de emulsión fotográfica, mucho más rápido que los existentes en la
época.
Publicaron el libro La
instantaneidad en fotografía, donde detallaron una emulsión de bromuro de plata
usando almidón (como fécula de patata o arroz) en lugar de gelatina, lo que
abarató costes y permitió placas secas preparadas con antelación, eliminando posados
largos.
Esta fórmula influyó en la
industria fotográfica; fue adoptada por empresas como Kodak en los años 1890
para soportes más baratos y sentó bases para el film en papel, aunque no
patentada directamente por ellos.
Apenas cinco años después de
licenciarse en Medicina, Ferrán demostró un temprano interés por la telefonía,
construyendo transmisores y receptores rudimentarios basados en los principios
recién descubiertos por Alexander Graham Bell (patentado en 1876).
Jaime Ferrán y Clúa estableció
en 1878 una línea telefónica experimental entre Tortosa y Tarragona, utilizando
aparatos que él mismo construyó.
La línea cubría unos 50 km
entre ambas ciudades catalanas, funcionando de manera efectiva para
transmisiones de voz básicas, lo que le valió reconocimientos locales por su
ingenio técnico más allá de la medicina.
Estas actividades muestran su
amplitud de intereses científicos y su capacidad de aplicar la ciencia a
problemas prácticos.
Esta etapa fue corta, ya que
pronto abandonó la práctica clínica para centrarse en estudios experimentales,
influido por el contexto de epidemias como el cólera.
El logro más conocido de
Ferrán fue el desarrollo de una vacuna contra el cólera, una enfermedad
infecciosa que causaba epidemias mortales en el siglo XIX:
En 1884 fue comisionado por el
Ayuntamiento de Barcelona y enviado a Marsella (Francia) para estudiar una
epidemia de cólera.
Allí, combinó sus
observaciones con las investigaciones de Robert Koch, quien había demostrado
que el cólera era causado por un microorganismo específico.
De regreso a España, en su
laboratorio preparó cultivos de vibriones coléricos atenuados que podían
inmunizar a los seres humanos contra la enfermedad si se inoculaban de forma
controlada.
En el año 1884 publicó Memorias
sobre el parasitismo bacteriano (premiada por la Academia de Medicina).
En 1884 ganó un premio de la
Academia de Medicina de Madrid por su exposición sobre la nueva realidad
etiológica.
Caricaturizado
por Cilla en El Dr. Sangredo (1885)
El 31 de marzo de 1885
comunica sus descubrimientos a la Academia de Ciencias de París.
En 1885, durante una epidemia
en la región de Valencia, Ferrán aplicó esta vacuna primero a grupos pequeños y
luego en campañas más amplias, vacunando a miles de personas.
Este fue uno de los primeros
intentos de vacunación masiva humana contra una enfermedad bacteriana y
representa un hito en la historia de la inmunización.
A pesar de los resultados
positivos, su método fue muy discutido —en parte por su falta de
estandarización y en parte por resistencia de la comunidad científica de la
época, incluyendo figuras como Santiago Ramón y Cajal y comisiones extranjeras
que cuestionaron su eficacia.
Además del cólera, Ferrán
investigó y desarrolló vacunas y tratamientos para varias enfermedades
infecciosas importantes:
Jaime Ferrán y Clúa desarrolló
tratamientos contra la rabia adaptando los métodos de Louis Pasteur, aplicando
un sistema de vacunación supraintensiva que administraba dosis múltiples y
concentradas para maximizar la inmunidad.
Creó su propia versión del
suero antirrábico mediante inyecciones diarias de virus atenuado en dosis
crecientes durante 15-20 días, superando la efectividad del método pasteuriano
original al usar suspensiones más potentes de médula espinal de conejo
infectado.
Entre 1887 y principios de los
1890, vacunó exitosamente a cientos de pacientes en su laboratorio de Barcelona
y Valencia, reportando tasas de curación cercanas al 100% en casos
post-exposición, lo que le dio prestigio internacional aunque generó
controversias con Pasteur por no reconocer plenamente su influencia inicial.
También Jaime Ferrán y Clúa
desarrolló vacunas contra el tifus exantemático, enfocándose en métodos de
atenuación bacteriana similares a sus trabajos previos con cólera y rabia.
Utilizó cultivos vivos de
Rickettsia prowazekii (agente causal del tifus) pasados por múltiples
generaciones en medios artificiales para reducir su virulencia, administrando
series de inyecciones progresivas que generaban inmunidad duradera sin efectos
graves.
En las primeras décadas del
siglo XX aplicó estas vacunas en brotes epidémicos en España, logrando tasas de
protección del 80-90% en grupos vacunados, aunque su método quedó eclipsado por
la falta de ensayos controlados y el auge posterior de antibióticos.
Dentro de sus investigaciones
más destacadas están relacionadas con la tuberculosis.
Estudió la inmunidad contra
diversas formas del bacilo tuberculoso y creó una vacuna llamada vacuna anti-Alfa,
aplicada a gran escala en varias poblaciones a partir de la década de 1910.
Antitoxinas: Produjo suero
antitetánico y otros sueros antidiftéricos con impacto médico significativo.
Estas investigaciones lo
colocan como uno de los investigadores más audaces de su tiempo, aunque muchas
veces caracterizado por un enfoque experimental y controvertido.
En 1887, Ferrán fue llamado a
Barcelona para organizar y dirigir el Laboratorio Microbiológico Municipal, que
combinaba funciones de investigación, análisis bacteriológico y producción de
medios de prevención y tratamiento.
Entre los años 1887-1889
publicó Estudios sobre la rabia y su profilaxis, basado en sus
tratamientos supraintensivos.
Entre los años 1890 y 1920 publicó
libros que incluyen tratados sobre peste
bubónica, mutaciones bacterianas y reducción de mortalidad infantil.
La inoculación
preventiva contra el cólera morbo asiático es publicada en español y traducida al francés
en 1893.
Dirigió este laboratorio hasta
1905, enfrentándose a críticas científicas y administrativas que finalmente
llevaron a su destitución.
Sus problemas incluyeron
debates sobre el uso público de vacunas experimentales y disputas políticas en
la institución.
Tras dejar el laboratorio
municipal, Ferrán continuó investigando en su propio Instituto Ferrán:
Se centró en la investigación
sobre la tuberculosis y en la producción de vacunas y sueros profilácticos.
Aunque muchas de sus ideas
fueron polémicas entonces, reconocimientos posteriores de su trabajo llegaron,
entre ellos el Premio Bréant de la Academia de Ciencias de París en 1907 por
sus aportes a la vacunación.
Falleció el 22 de noviembre de
1929 en Barcelona.
HOMENAJES
En 1952 el Ayuntamiento de
Tortosa le nombró hijo adoptivo de la ciudad. Se realizó un homenaje del que
hoy perdura una placa conmemorativa (demasiado alta para ser leída desde la
calle que lleva su nombre) en el edificio, a orillas del río Ebro, donde
residió: la casa de la Diputación del General en Tortosa.
El 8 de julio de 1952 la FNMT
emitió una serie de dos sellos de correos, en huecograbado, uno dedicado Ferran
Clúa y el otro a Santiago Ramón y Cajal.
En 1952 se erigió en su honor
un monumento en la calle de la Princesa de Madrid.
Monumento a Jaime Ferrán en
Madrid, en el espacio que históricamente ocupó desde el siglo xvii la fuente de
los Afligidos.
En 1972 los Amigos del paseo
Maragall, levantaron en su honor un relieve en bronce sobre una estrella, obra
del escultor José Cañas y Cañas (1905-2001), en el Paseo de Maragall, entre las
calles Acacias y Garcilaso.
En la actualidad un premio de
investigación concedido por la Sociedad Española de Microbiología honra su
nombre.
Existe también un Instituto de
Educación Secundaria (IES) "Jaime Ferrán Clúa" en San Fernando de
Henares (Madrid) y un colegio de educación primaria "CEIP Doctor Ferran i
Clua" en la calle Manigua (Barcelona) y uno en Valldoreix "Escola
Jaume Ferran i Clua" , otro en Collado Villalba (Madrid) IES Jaime Ferran
y en su pueblo natal Corbera d'Ebre el "CEIP Dr.Ferran".
En la actualidad cuenta con
multitud de calles a su nombre a lo largo de toda la geografía española. En
algunas provincias se les conoce como "DocFe" a modo de abreviatura,
sobre todo en los estratos poblacionales más jóvenes.
Varias instituciones
educativas llevan su nombre, como escuelas y centros de investigación en
España.
Monumentos, placas
conmemorativas y premios científicos también recuerdan su legado.
LEGADO
Ferrán ha sido recordado como
pionero de la microbiología experimental y vacunología en España, cuyas
investigaciones avanzaron el entendimiento de la inmunidad y la prevención de
enfermedades infecciosas.
Investigaciones sobre el
paludismo, tuberculosis y diversas vacunas.
Aunque en vida enfrentó
controversias, Ferrán ha sido honrado póstumamente por ser:
Un médico innovador que aplicó
la bacteriología para resolver problemas de salud pública.
El primer científico en
aplicar una vacuna anticolérica a gran escala en humanos.
Investigador de vacunas contra
numerosas enfermedades infecciosas.
Figura controvertida, cuyas
ideas a veces estuvieron adelantadas a su tiempo.


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