Blog de Arinda

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domingo, 1 de febrero de 2026

1 DE FEBRERO DE 1851 NACÍA JAIME FERRÁN y CLÚA

 

Jaime Ferrán y Clúa:

 Médico,

 Bacteriólogo y

 Pionero de la

 Vacunación



Jaime Ferrán y Clúa (también llamado Jaume Ferran i Clua en catalán) nació el 1 de febrero de 1851 en Corbera de Ebro, provincia de Tarragona, España.

Fue un médico y bacteriólogo español, descubridor de una vacuna contra el cólera, además de otras contra el tifus y la tuberculosis.

Su padre era médico rural en Corbera de Ebro (Tarragona), localidad donde nació Jaime.

Su profesión influyó de manera decisiva en la vocación científica y médica de su hijo.

Gracias al entorno familiar ligado a la medicina, Ferrán estuvo desde niño en contacto con prácticas médicas y con una mentalidad científica orientada al servicio público.

Su madre es aún más escasa.

Se sabe que pertenecía a la familia Clúa (de ahí el segundo apellido de Jaime Ferrán).

Los estudios iniciales tuvieron lugar en Tortosa tras mudarse allí con su padre y representaron el comienzo de su formación.

El colegio, de tradición religiosa, le proporcionó una base sólida en educación primaria, influida por el entorno médico familiar.

Tras sus estudios primarios en Tortosa, se trasladó a Tarragona para completar esta etapa preuniversitaria, que finalizó antes de licenciarse en Medicina en Barcelona en 1873.

Su formación allí consolidó su interés por las ciencias, influido por el entorno familiar médico.

Tras completar su bachillerato en Tarragona, ingresó directamente a la Facultad de Medicina de Barcelona, donde cursó la carrera con brillantez y se formó en un entorno académico emergente para la bacteriología.

En 1873 se licenció en Medicina en la Universidad de Barcelona.

Tras licenciarse, comenzó a ejercer como médico en zonas como Pla del Penedès y, sobre todo, en Tortosa, donde se interesó por la bacteriología—un campo científico emergente en aquel momento gracias a los trabajos de investigadores como Louis Pasteur y Robert Koch.

En principio se dedicó temporalmente a la oftalmología, atendiendo pacientes locales antes de orientarse hacia la investigación científica y la bacteriología.

Antes de dedicarse por completo a la bacteriología, Ferrán ya mostró una mente curiosa e inventiva:

Jaime Ferrán y Clúa colaboró en 1879 con el químico Inocente Paulí para desarrollar y publicar un método innovador de emulsión fotográfica, mucho más rápido que los existentes en la época.

Publicaron el libro La instantaneidad en fotografía, donde detallaron una emulsión de bromuro de plata usando almidón (como fécula de patata o arroz) en lugar de gelatina, lo que abarató costes y permitió placas secas preparadas con antelación, eliminando posados largos.

Esta fórmula influyó en la industria fotográfica; fue adoptada por empresas como Kodak en los años 1890 para soportes más baratos y sentó bases para el film en papel, aunque no patentada directamente por ellos.

Apenas cinco años después de licenciarse en Medicina, Ferrán demostró un temprano interés por la telefonía, construyendo transmisores y receptores rudimentarios basados en los principios recién descubiertos por Alexander Graham Bell (patentado en 1876).

Jaime Ferrán y Clúa estableció en 1878 una línea telefónica experimental entre Tortosa y Tarragona, utilizando aparatos que él mismo construyó.

La línea cubría unos 50 km entre ambas ciudades catalanas, funcionando de manera efectiva para transmisiones de voz básicas, lo que le valió reconocimientos locales por su ingenio técnico más allá de la medicina.

Estas actividades muestran su amplitud de intereses científicos y su capacidad de aplicar la ciencia a problemas prácticos.

Esta etapa fue corta, ya que pronto abandonó la práctica clínica para centrarse en estudios experimentales, influido por el contexto de epidemias como el cólera.

El logro más conocido de Ferrán fue el desarrollo de una vacuna contra el cólera, una enfermedad infecciosa que causaba epidemias mortales en el siglo XIX:

En 1884 fue comisionado por el Ayuntamiento de Barcelona y enviado a Marsella (Francia) para estudiar una epidemia de cólera.

Allí, combinó sus observaciones con las investigaciones de Robert Koch, quien había demostrado que el cólera era causado por un microorganismo específico.

De regreso a España, en su laboratorio preparó cultivos de vibriones coléricos atenuados que podían inmunizar a los seres humanos contra la enfermedad si se inoculaban de forma controlada.

En el año 1884 publicó Memorias sobre el parasitismo bacteriano (premiada por la Academia de Medicina).

En 1884 ganó un premio de la Academia de Medicina de Madrid por su exposición sobre la nueva realidad etiológica.

Caricaturizado por Cilla en El Dr. Sangredo (1885)

El 31 de marzo de 1885 comunica sus descubrimientos a la Academia de Ciencias de París.

En 1885, durante una epidemia en la región de Valencia, Ferrán aplicó esta vacuna primero a grupos pequeños y luego en campañas más amplias, vacunando a miles de personas.

Este fue uno de los primeros intentos de vacunación masiva humana contra una enfermedad bacteriana y representa un hito en la historia de la inmunización.

A pesar de los resultados positivos, su método fue muy discutido —en parte por su falta de estandarización y en parte por resistencia de la comunidad científica de la época, incluyendo figuras como Santiago Ramón y Cajal y comisiones extranjeras que cuestionaron su eficacia.

Además del cólera, Ferrán investigó y desarrolló vacunas y tratamientos para varias enfermedades infecciosas importantes:

Jaime Ferrán y Clúa desarrolló tratamientos contra la rabia adaptando los métodos de Louis Pasteur, aplicando un sistema de vacunación supraintensiva que administraba dosis múltiples y concentradas para maximizar la inmunidad.

Creó su propia versión del suero antirrábico mediante inyecciones diarias de virus atenuado en dosis crecientes durante 15-20 días, superando la efectividad del método pasteuriano original al usar suspensiones más potentes de médula espinal de conejo infectado.

Entre 1887 y principios de los 1890, vacunó exitosamente a cientos de pacientes en su laboratorio de Barcelona y Valencia, reportando tasas de curación cercanas al 100% en casos post-exposición, lo que le dio prestigio internacional aunque generó controversias con Pasteur por no reconocer plenamente su influencia inicial.

También Jaime Ferrán y Clúa desarrolló vacunas contra el tifus exantemático, enfocándose en métodos de atenuación bacteriana similares a sus trabajos previos con cólera y rabia.

 

Utilizó cultivos vivos de Rickettsia prowazekii (agente causal del tifus) pasados por múltiples generaciones en medios artificiales para reducir su virulencia, administrando series de inyecciones progresivas que generaban inmunidad duradera sin efectos graves.

En las primeras décadas del siglo XX aplicó estas vacunas en brotes epidémicos en España, logrando tasas de protección del 80-90% en grupos vacunados, aunque su método quedó eclipsado por la falta de ensayos controlados y el auge posterior de antibióticos.

 

Jaime Ferrán y Clúa 

Dentro de sus investigaciones más destacadas están relacionadas con la tuberculosis.

Estudió la inmunidad contra diversas formas del bacilo tuberculoso y creó una vacuna llamada vacuna anti-Alfa, aplicada a gran escala en varias poblaciones a partir de la década de 1910.

Antitoxinas: Produjo suero antitetánico y otros sueros antidiftéricos con impacto médico significativo.

Estas investigaciones lo colocan como uno de los investigadores más audaces de su tiempo, aunque muchas veces caracterizado por un enfoque experimental y controvertido.

En 1887, Ferrán fue llamado a Barcelona para organizar y dirigir el Laboratorio Microbiológico Municipal, que combinaba funciones de investigación, análisis bacteriológico y producción de medios de prevención y tratamiento.

Entre los años 1887-1889 publicó Estudios sobre la rabia y su profilaxis, basado en sus tratamientos supraintensivos.

Entre los años 1890 y 1920 publicó libros  que incluyen tratados sobre peste bubónica, mutaciones bacterianas y reducción de mortalidad infantil.

La inoculación preventiva contra el cólera morbo asiático  es publicada en español y traducida al francés en 1893.

Dirigió este laboratorio hasta 1905, enfrentándose a críticas científicas y administrativas que finalmente llevaron a su destitución.

Sus problemas incluyeron debates sobre el uso público de vacunas experimentales y disputas políticas en la institución.

Tras dejar el laboratorio municipal, Ferrán continuó investigando en su propio Instituto Ferrán:

Se centró en la investigación sobre la tuberculosis y en la producción de vacunas y sueros profilácticos.

 

Aunque muchas de sus ideas fueron polémicas entonces, reconocimientos posteriores de su trabajo llegaron, entre ellos el Premio Bréant de la Academia de Ciencias de París en 1907 por sus aportes a la vacunación.

 

Falleció el 22 de noviembre de 1929 en Barcelona.

 

HOMENAJES


 

En 1952 el Ayuntamiento de Tortosa le nombró hijo adoptivo de la ciudad. Se realizó un homenaje del que hoy perdura una placa conmemorativa (demasiado alta para ser leída desde la calle que lleva su nombre) en el edificio, a orillas del río Ebro, donde residió: la casa de la Diputación del General en Tortosa.

El 8 de julio de 1952 la FNMT emitió una serie de dos sellos de correos, en huecograbado, uno dedicado Ferran Clúa y el otro a Santiago Ramón y Cajal.



En 1952 se erigió en su honor un monumento en la calle de la Princesa de Madrid.

Monumento a Jaime Ferrán en Madrid, en el espacio que históricamente ocupó desde el siglo xvii la fuente de los Afligidos.



En 1972 los Amigos del paseo Maragall, levantaron en su honor un relieve en bronce sobre una estrella, obra del escultor José Cañas y Cañas (1905-2001), en el Paseo de Maragall, entre las calles Acacias y Garcilaso.

En la actualidad un premio de investigación concedido por la Sociedad Española de Microbiología honra su nombre.

Existe también un Instituto de Educación Secundaria (IES) "Jaime Ferrán Clúa" en San Fernando de Henares (Madrid) y un colegio de educación primaria "CEIP Doctor Ferran i Clua" en la calle Manigua (Barcelona) y uno en Valldoreix "Escola Jaume Ferran i Clua" , otro en Collado Villalba (Madrid) IES Jaime Ferran y en su pueblo natal Corbera d'Ebre el "CEIP Dr.Ferran".

En la actualidad cuenta con multitud de calles a su nombre a lo largo de toda la geografía española. En algunas provincias se les conoce como "DocFe" a modo de abreviatura, sobre todo en los estratos poblacionales más jóvenes.

 

Varias instituciones educativas llevan su nombre, como escuelas y centros de investigación en España.

 

Monumentos, placas conmemorativas y premios científicos también recuerdan su legado.

 

LEGADO



Ferrán ha sido recordado como pionero de la microbiología experimental y vacunología en España, cuyas investigaciones avanzaron el entendimiento de la inmunidad y la prevención de enfermedades infecciosas.

Investigaciones sobre el paludismo, tuberculosis y diversas vacunas.

Aunque en vida enfrentó controversias, Ferrán ha sido honrado póstumamente por ser:

Un médico innovador que aplicó la bacteriología para resolver problemas de salud pública.

El primer científico en aplicar una vacuna anticolérica a gran escala en humanos.

Investigador de vacunas contra numerosas enfermedades infecciosas.

Figura controvertida, cuyas ideas a veces estuvieron adelantadas a su tiempo.

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