Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

jueves, 6 de junio de 2013

EL 6 DE JUNIO DE 1599 NACÍA DIEGO VELÁZQUEZ


 EL PINTOR DEL REY
MAESTRO DE LA PINTURA UNIVERSAL

Autorretrato -1650

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez - conocido como Diego Velázquez - nació  según la mayoría de los estudiosos del tema, el 5 de junio de 1599, en Sevilla, España.
Fue un pintor barroco, considerado uno de los máximos exponentes de la pintura española y maestro de la pintura universal.

Sus padres fueron Juan Rodríguez de Silva, nacido en Sevilla, aunque de origen portugués (sus abuelos paternos Diego Rodríguez y María Rodríguez de Silva se habían establecido en la ciudad procedentes de Oporto) y Jerónima Velázquez, sevillana de nacimiento.
Se habían casado en la misma iglesia de San Pedro el 28 de diciembre de 1597.
Diego, el primogénito, sería el mayor de ocho hermanos.
Velázquez, como su hermano Juan, también «pintor de imaginería», adoptó el apellido de su madre según la costumbre extendida en Andalucía, aunque hacia la mitad de su vida firmó también en ocasiones «Silva Velázquez» utilizando el segundo apellido paterno.


 Casa natal de Diego Veláquez

1611    Entra como aprendiz en el taller del pintor Francisco Pacheco.

Diego mostró desde muy pequeño su talento como dibujante y aprendiendo tan vertiginosamente el sutil arte de los colores que  Pacheco no osó torcer su genio y lo condujo con suavidad por donde la inspiración del joven lo llevaba. Entre maestro y discípulo se estrechó desde entonces una firme amistad basada en la admiración y en el razonable orgullo de Pacheco y en la gratitud del  muchacho.

Los Tres Músicos
1616   Pinta   Los Tres Músicos
Las escenas de carácter costumbrista no son muy habituales en el Barroco español. Sevilla era el puerto más importante de la España del siglo XVII y por allí entraba un buen número de obras de arte encargadas por la numerosa colonia flamenca e italiana. Gracias a este comercio, los pintores sevillanos recibieron un buen número de influencias extranjeras que provocaron el cambio en su concepción pictórica, abandonando el Manierismo e interesándose por las nuevas tendencias. De alguna manera se puede decir que Velázquez une en esta imagen el costumbrismo flamenco con el Naturalismo italiano. Contemplamos a tres personajes populares, totalmente realistas y alejados de la idealización, apiñados alrededor de una mesa sobre la que hay pan, vino y queso. Dos de los tres músicos tocan instrumentos y cantan, mientras el tercero - el más joven - sonríe al espectador y sostiene un vaso de vino en su mano izquierda. Las expresiones de los rostros están tan bien captadas que anticipa su faceta retratística con la que triunfará en Madrid. Un fuerte haz de luz procedente de la izquierda ilumina la escena, creando unos efectos de luz y sombra muy comunes a otras imágenes de esta etapa sevillana - Dos hombres a la mesa o Cristo en casa de Marta y María, por citar dos ejemplos - en las que se aprecia un marcado influjo de Caravaggio. El realismo de los personajes es otra nota característica así como el uso de ocres, sienas, pardos, negros y blancos. El bodegón de primer término vuelve a llamarnos la atención en un primer golpe de vista, casi más que las propias figuras





La Mulata
1617 Pinta La Mulata.
Obra perteneciente a la etapa sevillana de Velázquez en la que la influencia de Caravaggio y el Naturalismo Tenebrista es más marcada. En primer plano contemplamos a una joven de color - de ahí el título - tras una mesa, en la que destacan unos detallados cacharros que conforman un excelente bodegón. Al fondo aparece una escena religiosa que representaría la Cena en Emaus, vista a través de una ventana. Esta escena fue descubierta en 1933 al someter el lienzo a una restauración y limpieza. Desconocemos cúal sería el significado de la imagen, aunque la mayor parte de los especialistas tienden a interpretarla como una escena moralizante, entroncando con la nueva religiosidad imperante en los primeros años del Barroco.Lo más destacable de la composición sería la altísima calidad de los detalles del cesto, los jarrones o los platos, en los que apreciamos una minuciosa pincelada. Los efectos de claroscuro están tomados del Naturalismo, al igual que las tonalidades oscuras empleadas, abundando los sienas, ocres, marrones y blancos para contrastar. El realismo de la muchacha es sensacional, dando la impresión de ser observada desde una ventana.Esta magnífica imagen forma parte de las escenas de bodegón con imagen religiosa, junto a Cristo en casa de Marta y María. Desconocemos quién fue el cliente que las encargó, aunque sería alguien intereado por la novedad del estilo de Velázquez frente al Manierismo anterior. Algunos historiadores consideran que ese anónimo cliente sería Don Juan de Fonseca, uno de los artífices del éxito del maestro en Madrid.

1618    Se casa con Juana Pacheco, hija de su maestro. 

El viejo pintor decidió concederle la mano de su hija Juana a su aventajado alumno de diecinueve años.
Las razones que le decidieron a favorecer este matrimonio después de cinco años de educación y enseñanza fueron que admiraba mucho a Diego por sus virtudes y por la confianza que  tenía en su futuro por de su natural y gran genialidad en la pintura. 

Juana,  tenía apenas 15 años pues había nacido el 1 de junio de 1602. 
 Pinta La vieja friendo huevos (National Gallery, Edimburgo)

1619 Nace en Sevilla su hija Francisca, bautizada el 18 de mayo.



Dos hombres a la mesa

1620 Pintó Dos hombres a la mesa
La escasez de escenas de carácter costumbrista en el Barroco español hace que estas obras velazqueñas adquieran una mayor importancia. Realizadas durante su etapa sevillana, en ellas se aprecia la influencia de las imágenes flamencas e italianas que llegaban al puerto hispalense. Los rostros de los dos personajes que se sientan a la mesa aparecen total o parcialmente ocultos, llamando más la atención el bodegón que aparece en la zona izquierda del lienzo, iluminado por un fogonazo de luz clara que provoca fuertes zonas de sombra. Esta iluminación está inspirada en el Tenebrismo imperante en los primeros años del siglo XVII en Italia, gracias a las novedades impuestas por Caravaggio. El colorido es el habitual en las imágenes pintadas por Velázquez en estos años - véase la Vieja friendo huevos o El aguador de Sevilla - empleando tonalidades oscuras que contrastan con el blanco, de igual manera que hará dos siglos después Manet. La pincelada minuciosa es otra marca característica de esta fase, abandonándola a medida que transcurre el tiempo. Lo más atrayente es el realismo de ambas figuras, alejado de la idealización del Manierismo. (ARTEHISTORIA)


1621    Nace su segunda hija Ignacia, bautizada el 29 de enero.
Pinta El aguador de Sevilla (Colección Wellington, Londres).
 

1622    Se traslada a Madrid ya que Sevilla se le hizo pequeña  a Velázquez e intentó ganar una colocación en la corte, donde se había instalado recientemente Felipe IV, rey de pocas luces diplomáticas aunque muy aficionado a las artes y que con el tiempo llegaría a sentir por el pintor una gran devoción y hasta una rara necesidad de su compañía. En su primer viaje a Madrid no tuvo suerte, pues eran necesarias muchas recomendaciones para acceder a palacio y se volvió a su tierra natal sin haber cosechado el menor éxito.
 

1623    Poco más tarde, los amigos de Pacheco, principalmente Juan de Fonseca, que era capellán real y había sido canónigo de Sevilla, consiguieron que el conde-duque de Olivares llamase a Velázquez para retratar al rey.
Fue llamado a Madrid  hospedóse en la casa del conde-duque de Olivares, donde fue muy bien tratado, e hizo su retrato.
Todo indica que el joven monarca, seis años menor que Velázquez, que había recibido clases de dibujo de Juan Bautista Maíno, supo apreciar de inmediato las dotes artísticas del sevillano. Consecuencia de ese primer encuentro con el rey fue que en octubre de 1623 se ordenó a Velázquez trasladar su lugar de residencia a Madrid, siendo nombrado pintor del rey con un sueldo de veinte ducados al mes, ocupando la vacante de Rodrigo de Villandrando que había fallecido el año anterior. Ese sueldo, que no incluía la remuneración que le pudiese corresponder por sus pinturas, se vio pronto incrementado con otras concesiones, incluido un beneficio eclesiástico en las Canarias por valor de 300 ducados anuales, otorgado a petición del conde-duque por el papa Urbano VIII.
Felipe IV quedó tan complacido por esta obra que inmediatamente lo nombró pintor de la corte, obligando a Velázquez a trasladar su residencia a la capital y a vivir en el Palacio Real. En sus primeros años madrileños el artista fue sustituyendo sus característicos tonos terrosos por una insólita gama de grises que con el tiempo sería su recurso más admirable y un vivo exponente de su genio sutil.

  

Doña Antonia de Ipeñarrieta

1624   Pinta  Doña Antonia de Ipeñarrieta
Sobre la fecha de realización de este retrato se barajan varias hipótesis: bien podría estar realizado en 1624 - fecha en la que Doña Antonia enviuda por primera vez - o en 1632 - año en el que vuelve a enviudar de Don Diego del Corral y Arellano, al que también retrata Velázquez -. Del primer matrimonio no tuvo hijos por lo que sería fácil fechar la escena, pero hay quién piensa que el retrato del niño que aparece aquí, llamado Don Luis, estaría añadido. La polémica está servida. Pero sin duda, estamos ante un excelente retrato en el que destacan los rostros de las dos figuras que contemplamos, con una mirada penetrante, mostrando el maestro su capacidad para ahondar en el alma de sus modelos. También hay que destacar la minuciosidad de la pintura del sevillano en esta etapa madrileña como podemos observar en los pendientes, los puños y los bordados.El hecho de apoyar Doña Antonia la mano sobre una silla no es por cansancio sino que indica que la dama tiene derecho a sentarse dada su alta posición en la corte madrileña, sirviendo en la casa del príncipe Baltasar Carlos. (ARTEHISTORIA)

1627   El rápido crecimiento de Velázquez provocó el resentimiento de los pintores más veteranos, como Vicente Carducho y Eugenio Cajés, que lo acusaban de ser sólo capaz de pintar cabezas. Esta rivalidad hizo que se organizara un concurso en 1627 entre Velázquez y los otros tres pintores reales: Carducho, Cajés y Angelo Nardi.
El ganador sería elegido para pintar el lienzo principal del Salón Grande del Real Alcázar de Madrid. El motivo del cuadro era La expulsión de los moriscos de España. El jurado, presidido por Juan Bautista Maíno, entre los bocetos presentados declaró vencedor a Velázquez.
El cuadro fue colgado en este edificio y se perdió posteriormente en el incendio del mismo (Nochebuena de 1734). Este concurso contribuyó al cambio del gusto de la corte, abandonando el viejo estilo de pintura y aceptando la nueva pintura.
 
En marzo es nombrado «ujier de cámara», el primero de una larga serie de nombramientos honoríficos de 1627  con un sueldo de 350 ducados anuales. Quizá producto de haber  triunfado en el concurso,


Retrato de Rubens

1628    Conoce a Rubens, quien le anima a viajar a Italia.

1629-31    Primer viaje a Italia. Visita Génova, Milán, Venecia, Florencia y Roma.

  

El príncipe Baltasar Carlos

1631 - Pinta el retrato del  príncipe Baltasar Carlos.
El heredero de la corona de España aparenta tener unos cuatro años de edad, existiendo una diferencia de tres años con el retrato en el que aparece con su enano. Quizá se trate del retrato realizado con motivo de su juramento de fidelidad a las Cortes que tuvo lugar en marzo de 1632. Por ésto aparece vestido con uniforme militar - adaptado a su condición infantil - muy erguido, portando el bastón de mando de los generales españoles, la banda carmesí y la espada. Evidentemente, se aprecia el crecimiento del pequeño príncipe si se compara con el retrato anterior. El pincel de Velázquez se afana por conseguir la calidad del traje del niño a través de centenares de minúsculos toques de oro y blanco, obteniendo una enorme vitalidad en el lienzo. De esta manera demuestra que está tocando el techo de su madurez artística y que todavía puede darnos imágenes inolvidables como la Venus del Espejo o Las Meninas.Al recortar la figura sobre un fondo neutro acentua la sensación de volumen, como hacía Tiziano en el Renacimiento. El amplio vuelo del traje crea la impresión de que el príncipe está flotando en el aire, solventada al colocar la sombra en la zona de los pies. Precisamente, la intensidad de la luz apenas crea zonas de sombra en la figura, distribuyéndose acertadamente por el suelo. La mirada inteligente y avispada de Baltasar Carlos concentra nuestra atención, interesándose Velázquez en mostrar la psicología del pequeño heredero de la corona más poderosa de Europa.


1633    Trabaja en la decoración del Salón de los Reinos del Palacio del Buen Retiro. De las distintas obras que preparó para el salón, destaca La rendición de Breda (Museo del Prado, Madrid).
 

1638    Se ocupa de la decoración de la torre de la Parada, un pabellón de caza situado en el Pardo, para el que pinta diversos retratos de cortesanos en traje de caza.


La dama del abanico.
1639- pinta La dama del abanico.
Quizá sea éste uno de los retratos femeninos más atractivos de los pintados por Velázquez debido a la sensualidad con la que se representa a la modelo. Existen diferentes hipótesis sobre quién sería la retratada: una noble cortesana madrileña con el escotado traje que puso de moda la francesa Duquesa de Chevreuse y que se prohibió en abril de 1639; una prostituta de alto postín que conservaban la moda del escote a pesar de la prohibición; una noble dama que quería imitar la moda de las prostitutas - algo muy habitual en la moda del Siglo de Oro -; o el retrato de Francisca Velázquez, la hija mayor del pintor, que contaba con 20 años de edad. El rosario de oro con la cruz y la cinta azul con una medalla que cuelgan de la muñeca izquierda de la retratada otorgan un cierto toque de castidad a la imagen, obteniéndose una interesante mezcla de sensualidad y piedad que hace más atractiva la obra. La figura de la dama se recorta sobre un fondo neutro, ampliando la gama de colores oscuros empleados. Sólo el color blanco de los guantes, el lazo azul y la puntilla del escote otorgan claridad a la escena, sin olvidar el fuerte fogonazo de luz que incide en el pecho de la mujer, acentuando así sus atributos femeninos. La pincelada es cada vez más suelta, trabajando Velázquez con un desparpajo que le sitúa a la altura de los grandes maestros del Renacimiento a pesar de contar con 40 años.


1640 En estos años su intensa producción disminuyó drásticamente, y ya no se recuperó en el futuro. No se conoce con seguridad el motivo de tal descenso en la creación, si bien parece probable que todo su tirmpo estuviese ocupado en labores cortesanas al servicio del rey, que le ayudaron a ganar una mejor posición social, pero que le quitraban tiempo para pintar. Como superintendente de obras debía ocuparse además en tareas de conservación y dirigir las reformas que se hacían en el Real Alcázar.


Felipe IV en Fraga

1645-48   También debís  acompañar a la corte en las «jornadas de Aragón». Allí pintó un nuevo retrato del rey «de la forma que entró en Lérida» para conmemorar el levantamiento del cerco puesto a la ciudad por el ejército francés, enviado inmediatamente a Madrid y expuesto en público a petición de los catalanes de la corte.
Es el llamado "Felipe IV en Fraga", por la ciudad oscense donde se pintó, en el que Velázquez alcanzó un notable equilibrio entre la meticulosidad de la cabeza y los centelleantes brillos de la indumentaria. 
Realiza además algunas obras no encargadas de extraordinario nivel, como la Venus del espejo (National Gallery, Londres).
  


 La Costurera

1643  Pinta  La Costurera.
El aspecto inacabado de esta brillante imagen provoca que sea una de las más discutidas de Velázquez, especialmente en cuestión de la datación. Es verdaderamente difícil precisar cuál sería el año de su realización, que podría estar entre 1643 y 1649, antes de su segundo viaje a Italia. También existen dudas sobre quién es la representada: bien Francisca Velázquez, hija del pintor y supuesta protagonista de La dama del abanico; bien Juana Pacheco, su esposa; o podría ser una pintura de género sin una protagonista definida. Incluso existen opiniones que sugieren que estaríamos ante la amante de Velázquez en Italia, lo que motivaría el retraso de la fecha de ejecución.Lo que no se puede poner en duda es le realismo y la intimidad con la que Velázquez ha conseguido mostrarnos a la joven, realizada a base de manchas de luz y color, dando la impresión de que capta el movimiento de la aguja y de las manos. El colorido oscuro de verdes y pardos se rompe con las manchas blancas de la pañoleta que lleva la mujer sobre los hombros y con la tela que cose. En la zona de la izquierda se aprecia el retoque del brazo derecho de la costurera, demostrando así que Velázquez pintababa directamente sobre el lienzo, sin apenas realizar estudios preparatorios. La nota de color rojo en el moño y el fogonazo de luz del pecho sitúan esta imagen entre las más sugerentes del pintor.(ARTEHISTORIA)

1643 Velázquez ocupó el puesto de Ayuda de Cámara, que suponía el máximo reconocimiento de los favores reales, dado que era una de las personas más próximas al monarca. 
Después de este nombramiento, se sucedieron una serie de desgracias personales, la muerte de su suegro y maestro Francisco Pacheco, el 27 de noviembre de 1644, sumadas a las acontecidas en la corte: caída del poder del valido del rey, el Conde-Duque de Olivares, que había sido su protector; la muerte de la reina Isabel en 1644; y la defunción del príncipe Baltasar Carlos, a los 17 años de edad; que con las rebeliones de Cataluña y Portugal, y las derrotas de los tercios españoles en la batalla de Rocroi, harían de estos unos años difíciles también para Velázquez.

1649 El 21 de enero se embarca con una pequeña flota  en dirección a Génova, permaneciendo en Italia hasta mediados de 1651, con el fin de adquirir pinturas y esculturas antiguas para el rey. 
También debía contratar a Pietro da Cortona para pintar al fresco varios techos de estancias que se habían reformado en el Real Alcázar de Madrid.
Al no poder comprar esculturas antiguas tuvo que conformarse con encargar copias en bronce mediante vaciados o moldes obtenidos de originales famosos. Tampoco pudo convencer a Pietro de Cortona para realizar los frescos del Alcázar, y en su lugar contrató a Angelo Michele Colonna y Agostino Mitelli, expertos en la pintura de trampantojo.
Este trabajo de gestión, más que el propiamente creativo, le absorbió mucho tiempo; viajó buscando pinturas de maestros antiguos, seleccionando esculturas antiguas para copiar y obteniendo los permisos para hacerlo. Otra vez realizó un recorrido por los principales estados italianos en dos etapas: la primera le llevó hasta Venecia, donde adquirió obras de Veronés y Tintoretto para el monarca español


Detalle del retratode Juan Pareja

1650    En Roma, fue elegido miembro de las dos principales organizaciones de artistas: la Academia de San Lucas en enero, y la Congregazione dei Virtuosi del Panteón el 13 de febrero.
 La pertenencia a la Congregación de los Virtuosos le daba derecho a exponer en el pórtico del Panteón el 19 de marzo, día de San José, donde expuso su retrato de Juan Pareja (Museo Metropolitano de Arte de Nueva York). 
 El retrato más importante que pintó en Roma fue el del Papa Inocencio X. Gombrich considera que Velázquez debió sentir el gran reto de tener que pintar al papa, y sería consciente al contemplar los retratos que Tiziano y Rafael realizaron a anteriores papas, considerados obras maestras, que sería recordado y comparado con estos maestros. Velázquez, de igual forma, hizo un gran retrato, interpretando con seguridad la expresión del papa y la calidad de sus ropas (Galleria Doria Pamphili, Roma)
 
 

1651 En junio regresó a Madrid con numerosas obras de arte. 
Poco después, Felipe IV lo nombró Aposentador Real, lo que le encumbró en la corte y añadió fuertes ingresos que se sumaron a los que ya recibía como pintor, ayuda de cámara, superintendente y en concepto de pensión. Aparte recibía las cantidades estipuladas por los cuadros que realizaba.


 La Reina Doña Mariana de Austria

1652 - Pinta el retrato de  La Reina Doña Mariana de Austria
Considerado como uno de los mejores entre los realizados por Velázquez, este retrato de la reina Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, se suele fechar hacia 1652-53. Viste la soberana traje de color negro y plata, adornado con lazos rojos en las muñecas y en la peluca. Ese mismo color también aparece en el tocado de plumas, el cortinaje, el tapete de la mesa y el sillón sobre el que apoya su mano derecha, sillón al que Mariana tiene derecho por su categoría de reina. El reloj dorado en forma de torre que vemos detrás de ella subraya dicha categoría real y marca la exactitud en el cumplimiento de sus deberes.La postura de la modelo y la pincelada suelta empleada por el maestro son características de esta etapa velazqueña, obteniéndose un retrato sencillo pero a la vez elegante y majestuoso. El rostro excesivamente maquillado, en el que centra su atención el pintor, marca el gesto triste que acompañaría a esta mujer durante toda su vida, al no sentirse cómoda en la corte española, cuya rígida etiqueta era difícil de soportar para las soberanas. El lienzo formaba pareja con el retrato de Felipe IV con un león a los pies, también en el Museo del Prado.

1656 57  Sus cargos administrativos le absorbieron cada vez más, incluido el de Aposentador Real, que le quitaron gran cantidad de tiempo para desarrollar su labor pictórica. Aun así, a este periodo corresponden algunos de sus mejores retratos y sus obras magistrales Las Meninas (Museo del Prado, Madrid).y Las hilanderas.

Infanta Margarita María

1659     Pinta el retrato de la infanta Margarita María.
 La infanta Margarita María estaba prometida desde su nacimiento a su primo Leopoldo de Austria, quien llegaría a ser emperador. Ese compromiso motivaría el envió de numerosos retratos de la joven infanta a la corte de Viena para apreciar su crecimiento. Así encontramos uno con dos años, otro con aproximadamente cinco y éste que contemplamos, posiblemente enviado a Viena en 1659, cuando la infanta contaría con 9 años. Margarita ha perdido la gracia y belleza de los primeros retratos para tomar el gesto característico de la familia Habsburgo; viste un traje de raso en tonos azules y platas con el guardainfante característico de la moda y las mangas acuchilladas. Una gruesa cadena de oro que cruza su pecho en bandolera y una delicada gargantilla adornan el conjunto, apreciándose en el fondo un escritorio con un león dorado. El rubio cabello suelto se adorna con un lazo azul, en sintonía con el que encontramos en el pecho y en los laterales del vestido. La pincelada rápida, aparentemente imprecisa, domina la composición, creando insuperables aspectos atmosféricos, cromáticos y lumínicos, aplicando el óleo a través de pequeños toques que le sitúan como el mejor precedente del Impresionismo.

1659    Se le concede la Orden de Santiago. Habiendo sido rechazado anteriormente a instancias del rey, el papa Alejandro VII dictó un breve apostólico el 9 de julio de 1659, ratificado el 1 de octubre, otorgándole el permiso solicitado, y el rey lo nombró la hidalgo el 28 de noviembre, venciendo así la resistencia del Consejo de Órdenes, que en la misma fecha concedió a Velázquez el ansiado título.


María Teresa de España

1660 Pinta el Retrato de María Teresa de España
 Se trata de una réplica ejecutada por el taller de Velázquez de un retrato de medio cuerpo de la hija de Felipe IV e Isabel de Borbón, moza casadera en aquellos momentos por lo que abundan los retratos que se distribuyeron por las cortes europeas con el fin de encontrar esposo. María Teresa contrajo matrimonio con el rey francés Luis XIV en el año 1660, siendo el acto de su entrega en la isla de los Faisanes el último acto oficial en el que intervino Velázquez debido a su cargo de aposentador mayor de palacio. El original, aunque recortado, se conserva en el Metropolitan Museum de Nueva York, siendo interesante esta copia al aparecer parte del busto y los brazos. En la parte superior del lienzo encontramos el letrero en francés "LINFANTE. MARIE. TEREZE" lo que hace pensar que procede de la corte francesa. Resulta destacable el tocado de la infanta plagado de mariposas que hacen juego con los adornos del vestido. La luz impacta sobre su rostro acentuando su delicada piel y el colorete de las mejillas y el carmín de los labios. La obra carece de la genialidad velazqueña pero resulta de gran atractivo. (ARTEHISTORIA)

En 1660 el rey y la corte acompañaron a la infanta María Teresa a Fuenterrabía, cerca de la frontera francesa, donde se encontró con su nuevo esposo Luis XIV.
Velázquez, como aposentador real, se encargó de preparar el alojamiento del séquito y de decorar el pabellón donde se produjo el encuentro. El trabajo debió ser agotador y a la vuelta enfermó de viruela a finales de julio  y muere a las tres de la tarde en Madri el 6 de agosto de 1660. Al día siguiente, 7 de agosto, fue enterrado en la desaparecida iglesia de San Juan Bautista, con los honores debidos a sus cargos y como caballero de la Orden de Santiago.
Ocho días después, el 14 de agosto, falleció también su esposa Juana. 


CARACTERÍSTICAS DE SU OBRA

Las características más peculiares y representativas de la pintura de Velázquez son:

    Empleo de la perspectiva aérea.
    Profundidad.
    Pintura "alla prima", es decir, sin realización de bocetos. Por ello, las correcciones las hacía sobre la marcha y se nota en los numerosos "arrepentimientos" en sus cuadros.

La obra de Diego Velázquez es divisible en dos etapas: la sevillana y la madrileña

ETAPA SEVILLANA (1599-1623)

En esta fase, Velázquez tuvo como maestro a Pacheco. Con él aprendió a ser un gran dibujante y a organizar las composiciones. Las primeras obras que realizó pertenecen al tenebrismo (tendencia italiana que procede de Caravaggio). Las características de esta corriente son:

    Realismo.
    Contrastes de luz.
    Composición diagonal.

Los temas que Velázquez pintó en esta primera etapa son religiosos y también populares, extraídos de la vida cotidiana.

Las obras más importantes son:



Adoración de los Reyes Magos
En esta pintura, gran parte del escenario está oscuro y sólo ilumina la parte del mismo que quiere destacar. Se trata, por tanto, de un cuadro de estilo tenebrista, realista y composición diagonal.


La Vieja friendo huevos
Recuerda a un bodegón (con abundancia de naturaleza muerta). Sorprende su exquisito realismo, sobre todo al representar el material en que están hechos los objetos. También es una obra tenebrista.





El Aguador de Sevilla
Obra de nuevo muy tenebrista y de gran realismo, como se aprecia en las calidades de los objetos.

Bodegón a lo divino

Representa una escena de la vida cotidiana con gran realismo y en el fondo Marta y María con Cristo.

Con estas primeras obras alcanza un gran prestigio entre la nobleza sevillana lo que le permite catapultarse e instalarse en el Madrid de los Austrias.

ETAPA MADRILEÑA (1623- 1660)

Se trata de la etapa más amplia de la vida y obra de Velázquez que a su vez tiene distintas fases.

Inicialmente, desde 1623 a 1629 se emplea como pintor de cámara de Felipe IV y a medida que pasa el tiempo consigue mejores trabajos. En este periodo continúa su formación como pintor, tomando como referencia las galerías pictóricas de la Corte madrileña. Además, en esta etapa conoce al genio flamenco Rubens.

Las obras de esta primera etapa son:





Los Borrachos
se trata de un tema mitológico protagonizado por el dios Bacco. En este cuadro, Velázquez abandona casi totalmente el tenebrismo ya que distribuye la iluminación por todo el escenario.

Bacco está sentado y destaca por su posición, por su desnudo, por la luz, por la corona de hojas de vid...
Se representan las tres etapas de la borrachera gracias a las expresiones de los personajes.

Entre 1629 y 1631 pasa una larga estancia en Italia aconsejado por Rubens. Allí aprende mucho de la obra de los grandes pintores renacentistas y barrocos italianos.
Fruto de este periodo son sus obras:





La túnica de José
Aquí el pintor sevillano trata un tema religioso del Antiguo Testamento en que los hermanos de José muestran su túnica engañando a su padre.
En este cuadro, Velázquez aplica un magnífico estudio de la anatomía humana. Se piensa que tal virtud pudo estar influida por la obra de Miguel Ángel.
Se trata de una escena de interior con una ventana que muestra el paisaje con perspectiva aérea.


La Fragua de Vulcano

La Fragua de Vulcano
Tema mitológico cuyo protagonista es Vulcano, al que representa como dueño de una fragua con sus compañeros, que están confeccionando una armadura para el Dios de la guerra: Marte. El cuadro plasma el momento en que Apolo llega a contarle a Vulcano que su esposa le es infiel con Marte.
Salvo Apolo que es el personaje destacado, el resto es representado de una manera muy cotidiana con un taller artesano de gran realismo. De nuevo, Velázquez da muestras de una completo dominio de la anatomía humana.

En 1631 Diego Velázquez regresa a España permaneciendo hasta 1649. Se trata de una fase prolífica en que realiza numerosas obras.



"Rendición de Breda" o "Las Lanzas" de Diego Velázquez


Las Lanzas o la Rendición de Breda
Relata una victoria real en la guerra de los 30 años en que se elogia a la paz, puesto que los vencedores tratan con respeto y cortesía a los vencidos.
Se trata de una escena al aire libre con gran profundidad, donde aparece ardiendo la ciudad de Breda.
En primer plano aparecen los dos ejércitos (españoles y holandeses) y los caballos actúan como paréntesis de la escena.

Es en estos años cuando realiza muchos retratos en la Corte: el rey, su hijo, su valido... y también de los bufones.


Retrato de Felipe IV

Retrato de Felipe IV
Pinta al rey teniendo como fondo la Sierra de Guadarrama. El caballo está en corbetta, levantando sus patas delanteras y apoyado en las traseras. Emplea perspectiva aérea en el paisaje.


Retrato del Conde Duque de Olivares

Retrato del Conde Duque de Olivares
De nuevo el fondo es la Sierra de Guadarrama. Lo magistral de esta obra es su captación psicológica excepcional. De nuevo el caballo aparece en corbetta creando una línea diagonal que genera sensación de movimiento.

 Retrato del príncipe Baltasar Carlos

Retrato del príncipe Baltasar Carlos
Retrata al niño en un paisaje al aire libre con una gran exactitud en la representación del rostro del niño. En este caso, sitúa al caballo de frente.


Retrato del príncipe Baltasar Carlos con atuendo de caza.

Retrato del príncipe Baltasar Carlos con atuendo de caza.
Representa al príncipe con atuendo de caza acompañado de dos perros.


Don Sebastián de Morra

Don Sebastián de Morra
Velázquez representa al bufón de manera muy realista y con gran riqueza de colorido. El personaje está sentado, rodeado por un espacio muy amplio y mirando de frente al observador.


El Niño de Vallecas

El Niño de Vallecas
De nuevo es un retrato muy realista. Pinta al niño en gesto perdido y con las pierna en escorzo. Predominan los tonos verdosos.

También hace retratos que hacen referencia al mundo clásico:


Retrato de Esopo


Retrato de Esopo
Se representa a un anciano con un libros y vestimentas de color marrón.



Cristo crucificado

Cristo crucificado
Fue una donación real para el Convento de San Plácido. Es una excelente obra, de gran tenebrismo donde aparece muy iluminado Cristo en contraste con la oscuridad del resto. Su cuerpo es bellísimo, idealizado, con belleza clásica.

Velázquez realiza un segundo viaje a Italia en 1649 al encargarle el rey Felipe IV la adquisición de pinturas italianas. Va a permanecer en el país trasalpino durante dos años. Allí realiza varias obras:


Retrato de Juan de Pareja

Retrato de Juan de Pareja
Velázquez retrató a su esclavo, Juan de Pareja, que luego sería liberado y convertido en un gran pintor discípulo del propio Velázquez. El personaje aparece con expresión inteligente y viva mirando al observador. En el cuadro predominan tonos verdosos y blancos.
Velázquez demuestra un dominio total de la luz, pintando con pinceladas sueltas que anticipan el impresionismo.



Retrato del Papa Inocencio X

Retrato del Papa Inocencio X
Es un encargo del propio Papa donde además de la maestría en el tratamiento de la luz, destaca el estudio psicológico del personaje.


Paisajes de la Villa Medicci

Paisajes de la Villa Medicci
Aparecen dos figuras pequeñas enmarcadas en el paisaje. El maestro emplea aquí una pincelada muy suelta anticipándose en dos siglos al impresionismo.

En 1651 regresa de nuevo a España. Entre las obras que realiza en esta última etapa de su vida, están las más importantes (sus tres grandes obras).


La Venus del espejo

Venus del espejo
es un tema mitológico en que Velázquez pinta a la diosa Venus de espaldas y acostada sobre una cama o diván, percibiéndose el peso de su cuerpo. Venus es representada mirándose en un espejo que sujeta Cupido. Se trata de uno de los desnudos femeninos más bellos de la historia de la pintura.


Las hilanderas

Las hilanderas
De nuevo se trata de un tema mitológico que representa la disputa entre Atenea y una joven tejedora llamada Aracne.
En primer plano aparecen las hilanderas. En segundo plano, Atenea cuando castiga a Aracne y en tercer plano, un tapiz.
La composición es simétrica, dotada de gran realismo y movimiento, que se aprecia en la sensación de rotación de la rueca. También es una obra maestra en el tratamiento de la luz.


Las Meninas.- Diego Velázquez

Las Meninas, La Familia de Felipe IV

Autor: Velázquez
Fecha: 1656
Museo: Museo del Prado
Dimensiones: 318 x 276 cm.
Material: Oleo sobre lienzo

Las Meninas es la obra más famosa de Velázquez. Fue pintada por el genial artista sevillano en 1656, según Antonio Palomino, fecha bastante razonable si tenemos en cuenta que la infanta Margarita nació el 12 de julio de 1651 y aparenta unos cinco años de edad. Sin embargo, Velázquez aparece con la Cruz de la Orden de Santiago en su pecho, honor que consiguió en 1659. La mayoría de los expertos coinciden en que la cruz fue pintada por el artista cuando recibió la distinción, apuntándose incluso a que fue el propio Felipe IV quien lo hizo.
La estancia en la que se desarrolla la escena sería el llamado Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid, estancia que tenía una escalera al fondo y que se iluminaba por siete ventanas, aunque Velázquez sólo pinta cinco de ellas al acortar la sala. El Cuarto del Príncipe estaba decorado con pinturas mitológicas, realizadas por Martínez del Mazo copiando originales de Rubens, lienzos que se pueden contemplar al fondo de la estancia.
En la composición, el maestro nos presenta a once personas, todas ellas documentadas, excepto una. La escena está presidida por la infanta Margarita y a su lado se sitúan las meninas María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco. En la izquierda se encuentra Velázquez con sus pinceles, ante un enorme lienzo cuyo bastidor podemos observar. En la derecha se hallan los enanos Mari Bárbola y Nicolasillo Pertusato, este último jugando con un perro de compañía. Tras la infanta observamos a dos personajes más de su pequeña corte: doña Marcela Ulloa y el desconocido guardadamas. Reflejadas en el espejo están las regias efigies de Felipe IV y su segunda esposa, Mariana de Austria. La composición se cierra con la figura del aposentador José Nieto.
Las opiniones sobre qué pinta Velázquez son muy diversas. Soehner, con bastante acierto, considera que el pintor nos muestra una escena de la corte. La infanta Margarita llega, acompañada de su corte, al taller de Velázquez para ver como éste trabaja. Nada más llegar ha pedido agua, por lo que María Sarmiento le ofrece un búcaro con el que paliar su sed. En ese momento, el rey y la reina entran en la estancia, de ahí que algunos personajes detengan su actividad y saluden a sus majestades, como Isabel de Velasco. Esta idea de tránsito se refuerza con la presencia de la figura del aposentador al fondo, cuya misión era abrir las puertas de palacio a los reyes, vestido con capa pero sin espada ni sombrero. La pequeña infanta estaba mirando a Nicolasillo, pero se percata de la presencia de sus regios padres y mira de reojo hacia fuera del cuadro. Marcela Ulloa no se ha dado cuenta de la llegada de los reyes y continúa hablando con el aposentador, al igual que el enano, que sigue jugando con el perro.
Pero el verdadero misterio está en lo que no se ve, en el cuadro que está pintando Velázquez.
Algunos autores piensan que el pintor sevillano está haciendo un retrato del Rey y de su esposa a gran formato, por lo que los monarcas reflejan sus rostros en el espejo.
Carl Justi considera que nos encontramos ante una instantánea de la vida en palacio, una fotografía de cómo se vivía en la corte de Felipe IV.
Ángel del Campo afirma que Velázquez hace en su obra una lectura de la continuidad dinástica. Sus dos conclusiones más interesantes son las siguientes: las cabezas de los personajes de la izquierda y las manchas de los cuadros forman un círculo, símbolo de la perfección. En el centro de ese círculo encontramos el espejo con los rostros de los reyes, lo que asimila la monarquía a la perfección. Si unimos las cabezas de los diferentes personajes se forma la estructura de la constelación llamada Corona Borealis, cuya estrella central se denomina Margarita, igual que la infanta. De esta manera, la continuidad de la monarquía está en la persona de Margarita, en aquellos momentos heredera de la corona. Del Campo se basa para apoyar estas teorías en la gran erudición de Velázquez, quien contaba con una de las bibliotecas más importantes de su tiempo.
Jonathan Brown piensa que este cuadro fue pintado para remarcar la importancia de la pintura como arte liberal, concretamente como la más noble de las artes. Para ello se basa en la estrecha relación entre el pintor y el monarca, incidiendo en la idea de que el lienzo estaba en el despacho de verano del rey, pieza privada a lo que sólo entraban Felipe IV y sus más directos colaboradores.
En cuanto a la técnica con que Velázquez pinta esta obra maestra -considerada por Luca Giordano "la Teología de la Pintura"-, el primer plano está inundado por un potente foco de luz que penetra desde la primera ventana de la derecha. La infanta es el centro del grupo y parece flotar, ya que no vemos sus pies, ocultos en la sombra de su guardainfante. Las figuras de segundo plano quedan en semipenumbra, mientras que en la parte del fondo encontramos un nuevo foco de luz, impactando sobre el aposentador que recorta su silueta sobre la escalera.
La pincelada empleada por Velázquez no puede ser más suelta, trabajando cada uno de los detalles de los vestidos y adornos a base de pinceladas empastadas, que anticipan la pintura impresionista. Predominan las tonalidades plateadas de los vestidos, al tiempo que llama nuestra atención el ritmo marcado por las notas de color rojo que se distribuyen por el lienzo: la Cruz de Santiago, los colores de la paleta de Velázquez, el búcaro, el pañuelo de la infanta y de Isabel de Velasco, para acabar en la mancha roja del traje de Nicolasillo.
Pero lo que verdaderamente nos impacta es la sensación atmosférica creada por el pintor, la llamada perspectiva aérea, que otorga profundidad a la escena a través del aire que rodea a cada uno de los personajes y difumina sus contornos, especialmente las figuras del fondo, que se aprecian con unos perfiles más imprecisos y colores menos intensos. También es interesante la forma de conseguir el efecto espacial, creando la sensación de que la sala se continúa en el lienzo, como si los personajes compartieran el espacio con los espectadores. Como bien dice Carl Justi: "No hay cuadro alguno que nos haga olvidar éste".

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HOMENAJES 



El monumento a Diego Velázquez está situada frente a una de las puertas del Museo del Prado, que justamente lleva su nombre. Fue inaugurada el 14 de junio de 1899 por Alfonso XIII y su madre, aún regente del reino, María Cristina de Habsburgo. El monumento del pintor es obra de Aniceto Marinas, quién consiguió premio en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892, mientras que el pedestal sobre el que levanta es de Vicente Lámperez. En él se lee la siguiente inscripción: Los artistas españoles, por iniciativa del Círculo de Bellas Artes, 1899.
 

Categoría : Personaje
País:     España
Fecha emisión:     1936
Tamaño:     21 x 25 milímetros
Valor:     50  céntimos




Categoría: Personaje
País: España
Formato: Vertical
Color: Verde oscuro
Valor: 80 cents.
Año: 1959

Categoría: Personaje
País: España
Formato: Vertical
Color: Azul
Valor: 3ptas
Año: 1959
 
Categoría: Ilustraciones
Tema: La fragua de Vulcano
País:   España
Formato: Horizontal
Color: verde
Valor: 5c
Año: 1938

 FUENTES
http://www.biografiasyvidas.com
http://www.artehistoria.jcyl.es
http://www.arteespana.com
http://es.wikipedia.org/