Sara
de Ibáñez: Canto del Hum en el Río de la Plata
Sara Iglesias Casadei,
conocida como Sara de Ibáñez Chamberlain, nació en Tacuarembó, el 10 de enero
de 1909.
Fue una poeta uruguaya conocida cariñosamente como «Gran Sara» por escritores como Octavio Paz.
Vivió de niña en Chamberlain,
departamento de Tacuarembó, hasta que su familia se mudó a Montevideo.
Probablemente completó su educación
primaria y secundaria dada la época y el contexto rural de origen.
Comenzó a escribir de niña, aunque no publicó un libro hasta cumplidos 30 años. Todos sus libros recibieron premios en Uruguay, además de dos póstumos.
Su primera publicación fue Canto, de 1940, (tenía 31 años), con prólogo de Pablo Neruda quien consideró que ella recogía aspectos de la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz.
Su obra, que abarcaría un total de ocho libros -todos laureados en Uruguay- tuvo una importante repercusión con distinciones y elogios.
Entre muchos otros, de parte de Gabriela Mistral, y de Jules Supervielle, para quien la obra entera de Ibáñez ‘es una inmensa antología'.
En 1941 el Ministerio de Instrucción Pública le otorgó el Premio único y medalla de oro por su Canto a Montevideo.
Este galardón se concedió en el marco de un concurso organizado para celebrar el Centenario del Certamen Poético de 1841, convocado por la Comisión Municipal de Cultura de Montevideo.
El poema, publicado ese mismo año por la Intendencia Municipal de Montevideo, exaltaba la ciudad y consolidó su prestigio entre críticos como Pablo Neruda y Gabriela Mistral.
Este logro impulsó su carrera, abierto paso a otros premios.
Sara fue profesora de enseñanza secundaria en Uruguay a partir de 1945, nombrada por el Ministerio de Instrucción Pública gracias al reconocimiento de su obra poética, especialmente tras el premio por Canto a Montevideo en 1941.
Ingresó al Consejo de
Enseñanza Secundaria como docente de Literatura, donde impartió clases durante
décadas hasta su fracaso en 1971, destino por su dedicación a la enseñanza en
Montevideo. Este cargo reflejaba el prestigio de su producción literaria en un
sistema educativo que valoraba el talento artístico.
Su bandejatoria docente
coincidió con una etapa prolífica en publicaciones como Trino y uno (1945) y
otros poemas, equilibrando la documentación con su vocación poética en un entorno
familiar y retraído. Fuentes biográficas enfatizan este rol como pilar de su
vida adulta post-mudanza a la capital.
Entre otros premios obtuvo el Premio de la Academia Nacional de Letras y el Premio Nacional de Literatura en 1972.
Se casó con el también poeta Roberto Ibáñez,el crítico y poeta Roberto Ibáñez, creador del Dpto. de Investigaciones de la Biblioteca Nacional de Uruguay, de quien tomó su apellido como nombre artístico. .
La pareja tuvo tres hijas, Ulalume, Suleika y Solveig, que también se convirtieron en escritoras.
Ulalume se trasladó a México donde, bajo el nombre de Ulalume González de León, se desarrolló como poeta, traductora, ensayista y editora.
Llevó una vida recogida y privada.
Sara tenía por costumbre escribir dos libros a
la vez al igual que hacía su marido; cada uno era diferente en tema y
estructura.
En 1945, debido a la calidad de su producción poética, ya reconocida y atestada por los varios premios ganados en los años precedentes, el Consejo de Enseñanza Superior la nombró profesora de Literatura en ambos ciclos.
En vida fue aclamada por
varios poetas contemporáneos, como Pablo Neruda, quien prologó uno de sus
libros, comparándola con Sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral y María
Luisa Bombal, y expresó su admiración por sus poesías en varias ocasiones
Mistral también citó a Ibáñez,
de su poesía misteriosa y de significados profundos, Jules Supervielle alabó su
conocimiento de la poesía occidental, especialmente del simbolismo francés, y
así Vicente Aleixandre, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Cecilia Meireles,
Manuel Bandeira, Carlos Drummond de Andrade, Josep Carner, Rafael Alberti, León
Felipe, Octavio Paz, Amado Alonso, Emilio Noulet entre otros.
Murió en la capital uruguaya,
donde residía desde su infancia tras dejar Chamberlain, Tacuarembó, y donde
desarrollo su carrera profesional y literaria.
No se detallan causas
específicas en las fuentes biográficas disponibles, pero su muerte ocurrió en
un contexto de retiro familiar y productivo.
OBRA
Estilo y temas
Sara de Ibáñez destaca por su
poesía misteriosa y casi hermética, de cierta tradición barroca, e ideas claras
y descarnadas. Su hermetismo causa, sin embargo, dificultades de interpretación
que hacen accesibles sus escritos tan sólo a minorías cultas.8 Mostró en
muchas ocasiones los temas del suicidio y de las batallas.
Su obra se caracteriza por la
angustia de la existencia, el desamparo, la muerte, el amor, la autoaniquilación
de la humanidad y la relación hombre-Dios.
En menor medida, trata el
sentimiento patriótico (Canto a Montevideo) y la condena a la guerra (Hora
ciega). Sus libros más representativos son La batalla y Apocalipsis 20.
Se ha notado un gusto por la
simetría, iniciando varios versos de la misma manera o estableciendo reglas de
palabras antónimas.
Buscaba la perfección técnica
y la pureza y transparencia de las imágenes. Llegó a ser una maestra de la
métrica y el ritmo.
Poemarios
Canto (1940)
Canto a Montevideo (1941)
Hora ciega (1943).
Pastoral (1948).
Artigas (1951).
Las estaciones y otros poemas
(1957).
La batalla (1967).
Apocalipsis 20 (1970).
Canto póstumo (1972).
POEMAS
La
página vacía
a
Stéphane Mallarmé
Cómo
atrever esta impura
cerrazón
de sangre y fuego,
esta
urgencia de astro ciego
contra
tu feroz blancura.
Ausencia
de la criatura
que su
nacimiento espera,
de tu
nieve prisionera
y de
mis venas deudora,
en el
revés de la aurora
y no
de la primavera.
Callar
a A.
Rimbaud
Rigor
de esta ciencia rara
que en
relámpago indiviso
del
infierno al paraíso
quiebra
el color de mi cara.
Que ya
no me desampara
su
asistencia abrasadora,
la
palabra me devora
si me
aviva el pensamiento,
y en
callada flor del viento
mi
antigua canción demora.
Atalaya
Sobre
este muro frío me han dejado
Con la
sombra ceñida a la garganta
Donde
oprime sus brotes de tormenta
Un
canto vivo hasta quebrarse en ascuas.
Yo
aquí mientras el sueño los despoja
Y en
sueños comen su mentida baya
Para
erguirse en las venas de la aurora
Pábulo
gris de su sonrisa vana;
Yo
aquí mientras los sabios inocentes
Y los
tranquilos de crujiente casa
Durmiendo
abajo, y aprendiendo el frío
De sus
angostos mármoles descansan;
Yo
aquí volteado por el viento negro
Que el
olor de la noche desampara,
Los
cabellos fundidos en raíces
Que van
abriendo turbulentas lamas;
Yo
solo entre planetas condenados
Que en
busca de sus huesos se desmandan
-la
edad del mundo en esta pobre sangre
que
entre las quiebras de su historia clama-
yo
aquí turbado por la paz bravía
que
con sagaces témpanos me aplaca,
sintiendo
entre las médulas ausentes
el
duro frenesí de las espadas;
yo
aquí velando, los desiertos ojos
quemado
por el soplo de la nada,
las
negras naves y los negros campos
vacíos
de sus oros y sus lacras.
Yo
aquí temblando en la vigilia ciega
Rodeado
por un sueño de cien alas,
Vestido
por mi llanto me arrodillo
Mientras
vuela mi sangre en nieve airada.
Sobre
este muro frío me recobran.
Oigo
el rumor de los medidos pasos.
Canta
la noche en fuga por mi muerte,
Y el
alba sale de mi rostro blanco.
No
puedo
No
puedo cerrar mis puertas
ni
clausurar mis ventanas:
he de
salir al camino
donde
el mundo gira y clama,
he de
salir al camino
a ver
la muerte que pasa.
He de
salir a mirar
cómo
crece y se derrama
sobre
el planeta encogido
la
desatinada raza
que
quiebra su fuente y luego
llora
la ausencia del agua.
He de
salir a esperar
el
turbión de las palabras
que
sobre la tierra cruza
y en
flor los cantos arrasa,
he de
salir a escuchar
el
fuego entre nieve y zarza.
No
puedo cerrar las puertas
ni
clausurar las ventanas,
el
laúd en las rodillas
y de
esfinges rodeada,
puliendo
azules respuestas
a sus
preguntas en llamas.
Mucha
sangre está corriendo
de las
heridas cerradas,
mucha
sangre está corriendo
por el
ayer y el mañana,
y un
gran ruido de torrente
viene
a golpear en el alba.
Salgo
al camino y escucho,
salgo
a ver la luz turbada;
un
cruel resuello de ahogado
sobre
las bocas estalla,
y
contra el cielo impasible
se
pierde en nubes de escarcha.
Ni en
el fondo de la noche
se
detiene la ola amarga,
llena
de niños que suben
con la
sonrisa cortada,
ni en
el fondo de la noche
queda
una paloma en calma.
No
puedo cerrar mis puertas
ni
clausurar mis ventanas.
A mi
diestra mano el sueño
mueve
una iracunda espada
y echa
rodando a mis pies
una
rosa mutilada.
Tengo
los brazos caídos
convicta
de sombra y nada;
un
olvidado perfume
muerde
mis manos extrañas,
pero
no puedo cerrar
las
puertas y las ventanas,
y he
de salir al camino
a ver
la muerte que pasa.
La
palabra
De
pronto el viento que movía
Las
vestiduras y las almas
Borra
en un sueño de ala inmóvil
Su
rumorosa torre de alas.
Cada
mujer y cada hombre
Solo
en su sola huella marcha,
Y se
ignoran secretamente
En el
desnudo de la plaza.
Todos
esperan, convocados
Por un
silencio de campanas;
Todos
esperan, sombra a sombra,
Que
por sus ojos hable el alba.
En
cada gota de la sangre
Preludia
un mar de lenta escama,
Y el
peso antiguo de la nieve
Las
vigilantes lenguas cuaja.
Todos
tiemblan y nada saben:
Algo
se triza, algo se alza.
Todos
escuchan ateridos,
Un
rumor de médulas blancas.
¿Quién
se detiene y es cruzado
Por
mil heridas destelladas?
¿Quién
ha medido ya su muerte
Sobre
las losas de la plaza?
Bajo
las piedras cristalinas
Bellos
demonios verdes braman,
Y
entre los árboles de humo
Gemas
agónicas estallan.
Las
soledades se han quebrado:
Se
llena el aire de ventanas.
Rechinan
dientes en lo oscuro.
La
miel de llanto se dispara.
Corren
venenos amarillos
Por
las venas de los fantasmas.
Fuentes
suicidas se clausuran,
Y
desiertos su arena mascan.
Se
arrodillan vivos y muertos
En sus
túnicas solidarias,
porque
hay uno, entre todos uno,
que
fue mordido de la llama.
Los
dulces pies del alcanzado
Lumbre
en la tierra azul derraman.
La
ciudad hunde sus raíces
En la
tersa furia del alba.
Hasta
esa boca mensajera
Sube
una flor desesperada.
Todo
el jardín de Dios se encoge
Tironeado
por las entrañas.
Porque
hay uno, entre todos uno,
Glorioso
pasto de la llaga.
Rey
sin ventura. El inocente:
El que
ha traído la palabra.
Liras
(IV)
¿Por
qué me duele el cielo
su luz
de llaga que olvidó la muerte?
¿Por
qué este oscuro duelo
que mi
lengua pervierte
y en
mi propio verdugo me convierte?
Voy a
vivir la estrella
voy a
tocar su frente de alegría.
Voy a
matar la huella.
Voy a
estrenar el día.
Voy a
olvidar la gran palabra fría.
Voy
con el agua entera
llena
de pechos vivos y rumores;
la
mansa, la viajera
de los
largos temblores,
la de
los infinitos ruiseñores.
Voy
por la savia oscura.
Voy a
crecer con cedros y palmeras.
Voy
por la rosa pura,
por
las enredaderas,
por
los pausados musgos de las eras.
Por la
vena de oro
suelto
mis minerales sensitivos.
Gastaré
mi tesoro,
mis
panales altivos,
la
silenciosa luz de mis olivos.
Voy a
escapar... Ya siento
flotar
mi gran raíz libre y desnuda!
Pero
no... Me arrepiento
y
tuerzo el ceño, ruda,
amarga,
amarga amarga, amarga y muda.
HOMENAJES
Sara de Ibáñez ha recibido
varios homenajes póstumos en Uruguay para preservar su legado, centrados en
premios literarios, publicaciones y reconocimientos institucionales.
Premios nacionales
Recibió el Premio Nacional de
Literatura por el bienio 1971-1972, otro tras su muerte en 1971, junto a otro
piso por su obra completa, destruyendo su perfección formal.
Estos galardones oficiales
consolidaron su estado en la tradición lírica uruguaya.
Publicaciones y antologías
En 1973 se editó Canto
Póstumo, recuperado por su espíritu Roberto Ibáñez, y en 1974 la Fundación de
Cultura Universitaria pública Homenaje a Sara de Ibáñez.
Reconocimientos culturales
La Academia Nacional de Letras
y el Ministerio de Educación y Cultura la inclusión en biografías oficiales,
con memorias anuales en su natalicio (10 de enero), como publicaciones en redes
y sitios literarios que reivindican su deuda con esta poeta subvalorada
localmente.
En 1972, al año siguiente de
su fallecimiento, fue condecorada con el Premio Nacional de Literatura.
En el año 2017, la Biblioteca
Nacional editó el libro Sara de Ibánez, Poesía completa con edición de Luca
Salvi, que reúne por primera vez la totalidad de su obra poética.
LEGADO
Características estéticas
Su obra fusión elementos
clásicos, barrocos y simbolistas: rigoroso uso de formas tradicionales
(sonetos, décimas, silvas), riqueza metafórica oscura, musicalidad y rechacio
al verso libre, con metáforas densas que evocan a Baudelaire.
Críticos destacan su "perfección
formal" y "aristocracia del lenguaje", donde el arrebato
emocional se contiene en estructuras geográficas precisas.
Temas centrales
Predomina el principio de
Thánatos sobre Eros, con angustia existencial, visiones de lo efímero y
símbolos de decadencia, como en Isla en la tierra, influenciando en poetas
posteriores por su profundidad introspectiva y sobria visionaria.
Influencia en los poetas
Sara de Ibáñez influyó
sutilmente en poetas uruguayos posteriores por su adhesión rigurosa a formas
clínicas como sonetos, décimas y silvas, actuando como contrapunto conservador
frente al verso libre dominante en las generaciones de resistencia y
experimentalismo de los 60-70.
Referencia formalista
Su "perfección
formal" y "aristocracia del lenguaje" inspiraron a autores que
valoraron la métrica tradicional en contextos de ruptura vanguardista, como en
la poesía de la "generación de la resistencia", donde el rigor métrico
servicio de resistencia sutil contra imposiciones políticas mediante elipsis y
figuras retóricas contenidas.
Legado en tradición
Aunque no generó una escuela
directa, su ejemplo de musicalidad barroca-simbolista y rechacio al
informalismo permeó a poetas como los del "Grupo de Tacuarembó" o
epígonos formalistas, promoviendo un lirismo introspectivo y medio en la poesía
uruguaya del siglo XX tarde.
FUENTES
https://es.wikipedia.org/wiki/Sara_de_Ib%C3%A1%C3%B1ez
https://www.gub.uy/ministerio-educacion-cultura/academia-nacional-letras/sara-ibanez
https://www.poemas-del-alma.com/sara-de-ibaniez.htm


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