Mimi y el Picnic (título original en inglés: Mimi and the
Picnic, 1995, ilustrado por Leo Hartas) enseña la importancia del cuidado
mutuo, la responsabilidad en la familia y el alivio colectivo al reunirse.
El cuento destaca que los niños pequeños necesitan
vigilancia constante de los mayores, fomentando empatía, trabajo grupal y el
valor de la familia unida en momentos de crisis, con un final feliz que celebra
el amor fraternal.
Mimi y el picnic.
Martin Waddell e ilustrada por Leo Hartus.
Mimi vivía con sus hermanas y hermanos ratones, bajo un gran
árbol.
Los ratones eran de todos los tamaños, y el más pequeño se
llamaba Hugo.
Un día en que todos fueron de picnic a la orilla del río
Mimi preparó un almuerzo encantador para sus hermanas y hermanos.
Para llegar al lugar del picnic, navegaron en botes hechos
con cáscaras de nuez, cruzando el agua viviendo una gran aventura.
Hugo se sentó en su hoja grande y observó mientras las hermanas
y hermanos corrían a jugar a la arena.
Jugaban con
sus botecitos.
Jugaban a saltar.
Y jugaban en las ramas.
Y jugaron a la pelota.
Y jugaron en el agua, con las plantas, con la arena,
jugaron cada vez más, se lo pasaban genial
No había rastro de
Hugo en absoluto. Hugo era tan pequeño que se podía perder fácilmente.
Mimi dijo
--Mejor empezamos a buscar a Hugo de inmediato.
Las hermanas y hermanos corrían, miraron bajo las hojas buscando por
todos lados
Buscaron alrededor del nido de petirrojos
Buscaron en las flores y subieron por el camino del Tejón junto a las dos latas oxidadas cerca de la madriguera del topo.
Y miraron
y miraron y miraron de nuevo
y miraron otra vez, pero Hugo no
aparecía,
y miraron y luego
miraron mucho más, en la arena y en las hierbas.
Algunos miraron donde habían mirado antes de que Hugo se
perdiera.
Las hermanas, los hermanos y Mimi estaban muy tristes.
Hugo era tan pequeño y todos le querían mucho.
Mimi se sentó en la hoja grande de Hugo y empezó a llorar.
Grandes lágrimas de ratón rodaron por sus mejillas y su boca.
Las hermanas y los hermanos también lloraron,
Y lloraron
porque todos querían tanto al pequeño Hugo.
Mimi lloró y lloró Lloró , buscó un poco más y lloró otra
vez y entonces … encontraron a Hugo
--¡ Pero mira quién está aquí pasándolo en grande.!—dijo Mimí.
--No está llorando, -- dijo un hermano—
--¿Qué está haciendo? – dijeron las hermanas
Hugo estaba sentado
en el centro de una fuente llena de crema de queso mordiendo una cereza.
Pero ya no era tan pequeño como antes porque había comido
mucho queso, había tenido una merienda muy grande .
FIN


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