Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

jueves, 1 de enero de 2026

1 DE ENERO DE 1932 NACÍA MAROSA DI GIORGIO


La escritorra surrealista


 que desafió las


normas literarias



María Rosa di Giorgio Médici conocida como di Giorgio Medici nació en Salto, el 1 de enero de 1932.
Fue una poeta uruguaya que también se aventuró con la prosa erótica y la novela.

La primera creación literaria de Marosa fue ella misma. Cierta vez comentó que tenía que actuar de Marosa. 

Desde su primer libro se firmó con el nombre que la inmortalizaría sin nunca revelar el suyo verdadero: María Rosa, que fuera también el nombre de su abuela.

Según decía ella, Marosa es el nombre de una planta italiana, fantástica; cada tanto da una flor sumamente abrillantada. Parece ser que esta flor fue traída de las Galias, o no, pero formó parte de los rituales druídicos. Así decían siempre en mi casa. A lo mejor inventaron todo. Inventaron el nombre Marosa

Sus padres fueron Pedro Giorgio y Clementina Médici y eran descendiente de inmigrantes italianos y vascos  .

Por parte de su padre sabemos que Doménico di Giorgio su abuelo, vino de Italia con su hijo Pedro, de diecisiete años. (Su esposa, Marianna Grossi, había fallecido).

Pedro di Giorgio, acompañado por su padre, porque era un adolescente, desembarcó en el puerto de Salto. Fue un largo viaje Toscana-Génova-Marsella-Buenos Aires-Salto, durante cuarenta largos días marinos.

La primera muchacha con la que cambió unas palabras fue con Clementina Médici y después de varios años se reencontraron y se casaron.

Pedro di Giorgio se estableció en Salto y su padre se volvió a Italia.

Pedro fue agricultor, experto en plantaciones de árboles. 

A sus manos se le deben los árboles de la Estación Arapey.

Por parte de su madre sabemos que Eugenio Médicis se casó con Rosa Arreseigor, de sangre vasca.  

Prosperó en su actividad comercial y se construyó un edificio cercano al puerto, en la hoy esquina de Albisu y Brasil y  una casa-quinta en  Apolón  y San Martín  donde iría sus últimos años junto a su hijas Clementina y Josefina su melliza, e Ida. 

La chacra  tendría dimensiones y habitantes que Don Eugenio nunca pudo soñar.

Josefina tendría dos hijos, Rubén Darío, que falleció muy joven, y Hebe Iris (Poupeé), con la que Morosa  compartió los años de infancia, y que se iría a vivir a Santa Fe

Ida, que contrajo enlace con Carlos D. Zunini, y sería la madre de Carlos Celiar e Ilse Nevia.

Clementina, la madre de Morosa se casó con Pedro di Giorgio. 

Cuando Pedro se casó con Clementina Médici, el padre de ella le entregó una chacra para trabajar. La chacra de Apolón y San Martín.

Vivió su infancia rodeada del amor de su familia integrada por sus abuelos y sus padres.

Tuvo una relación muy intima y cariñosa con su madre y esto se ve claramente reflejado  en  su obra y por tanto en su visión de mundo. 

Marosa perteneció a una familia de clase media. En los ámbitos en que se me movía no se veían diferencias. 

Marosa fue una niña callada, se maravillaba con las flores los frutos y los pequeños animales que  habitaban  en ese medio natural que la vio crecer.
La naturaleza, la magia, la mitología y el misterio, se convirtieron en importantes protagonistas en toda su vida en contacto directo con la naturaleza y que luego se reflejaría en su obra como se puede ver en este como en otros tantos textos.

Su imaginación fue enriquecida por un entorno constituido por la casa de sus abuelos que ella recuerda como  larga, oscura y baja, de cien años, y poblada de fantasmas o algunas gentes extrañas y hermosísimas, o un animal blanco y poderosamente milagroso Rodeada de  flores donde rondaban todas las bestias imaginadas por ella fue el escenario de su niñez. 

Hasta los cuatro años fue según sus palabras una niña común. A partir de ahí comenzó a ver el mundo de otra manera, se transformó en una testigo, sensible y ardiente, de todas las cosas.

Para ella las cosas pasaban y las miraba en profundidad, con una atención extrema y dolorosa. 

Cuenta que un día en el jardín, de pronto, se emparentó con la magnolia. Como ella echó unos ojos grandes, blancos, negros, nerviosos, fijos. 

Recuerda tener miedo, que algo estuviera en las sombras, acechando, sobre todo de noche porque la casa estaba siempre abierta y estaba rodeada de una arboleda de noche impenetrable...Y las sombras de los  mayores que aunque fuesen protectores, infundían un poco de miedo  también. 

Comenzó sus estudios primarios en una escuela que también estaba rodeada de flores.

Marosa decía "borroneó mi caligrafía primera el polvo amarillo de la garganta de las amapolas. 

La escuela quedaba lejos. Marosa asiste con pasión desvelada y con devoción por su maestra, a pesar de que ya desde los cuatro años, sabía leer y dibujar sus primeras letras.

Tenía cinco años y su mamá la llevó de la mano a la escuela número 13. Ella recuerdo claramente el sol de oro, un tulipán en el mismo color, que a los pocos días llevó a la maestra. Pero lo que más se le grabó,  fue sui madre, de sacón granate, dialogando con la maestra. Y un humo tornasolado que veló y alzó para siempre todo. 

A la Escuela Nº 13, Agraria, (frente a la entonces quinta de Guglielmone) asistió junto a Nidia, que ingresó a la escuela con cuatro años. 

Según recuerda las maestras eran muy buenas, y ella era una niña correctísima. Le gustaba mucho ir a la escuela. Una vez que debió faltar, mandó a su mamá a que mirara por los ventanales de la escuela lo que estaban enseñando, para no perder eso. En el liceo fue igual. 

En 5º y 6º años, Marosa y Nidia asistieron a la Escuela Urbana Nº 8 de Salto.

El padre las llevaba muchas veces en sulky a la escuela. Sin duda este recuerdo se convirtió en esta vivencia casi en estado puro.

Este hecho fue motivo para imaginar historias fantásticas. En plena edad de los automóviles y los aviones, el coche estaba allí, largo y negro, y tirado por caballos.
Tenía lámparas y su papá era el auriga, y ella con su hermana Nidia, viajaban, tan naturalmente, por arriba de los jardines encantados, donde nacían arvejas con antenas y luciérnagas comestibles. Los vecinos salían a mirar; saludaban con las manos. Pero, a la vez, parecía que, siempre, era muy tarde, e iba a ocurrir algo desolador, y fantaseaba con que se salvaban en El Coche.

Lectora incansable, con su hermana Nidia, leían a Constancio Vigil, cuyos cuentos protagonizados por animales les producían un gran encanto También a Calleja, inquietante por la actividad de brujas y hadas. 

Cuenta que leyó Alicia en el país de las maravillas de adulta, habiendo publicado ya muchos libros. De ella dice "Siempre me conectan a Carroll y su Alicia, como si hubiese algún vínculo. Alicia es inefable, no encuentro calificativo que le venga bien. La conocí desde solo una lectura, y es un esplendor escondido que no debo volver a visitar. La niña que atraviesa mi trabajo, la que lo protagoniza bajo diferentes nombres, o con el propio, es Marosa, es mi alma andando y andando como sin fin, encandilada. "

Leía y caminaba de un modo casi obsesivo, pero también distraído, pero también atento, a lo largo de duraznos, ciruelas, almendros, rosales, morenas, vides, olivares. Iba y venía.

A la vuelta de las caminatas, en su casa, la esperaban revistas extranjeras. Eran publicaciones finas, algunas en italiano, a las que su abuelo Eugenio Médicis estaba suscripto. 

Esa literatura y ese otro idioma fueron determinantes en la formación de Marosa. Siempre se sintió italiana y sudamericana, a la vez. El lugar donde  transcurrieron sus primeros trece años, parecía un trasplante de Toscana. Todos habían venido de allá y se conocían. Eran vecinos allá y hablaban, claro está, en italiano y fundaron las maravillosas quintas de naranjas, las quintas negras y de oro. 

La Primera Comunión, realizada en el Templo del Carmen, marcó la línea divisoria entre la niñez y la adolescencia. Entre sus recuerdos  se destaca la imagen de ella y su hermana Nidia vestidas de organdí blanco, manta celeste, varas de azucenas. El atuendo de María inmaculada. Hubo fotos, un pequeño festejo y ella se desmayó. 

Finalizado el ciclo escolar tuvo que dar examen de ingreso al liceo. Concurrió al que era por entonces el único liceo público de Salto (hasta 1965), el Instituto Politécnico Osimani y Llerena.

Apenas pasado el umbral de la adolescencia, ella siente que Dios le quitó todo lo bueno. Su contacto con la ciudad no era lo mismo que el bosque, a pesar de espejos y sus flores. Se vio rodeada de mucha gente ella que era un espíritu solitario.

Mientras cursó primer año, la familia todavía vivía en la chacra. Marosa iba al liceo en el ómnibus que pasaba al mediodía y volvía de tardecita, cuando cerraban los comercios. Tenía que hacer tiempo después del liceo para volver”. 

Cuando Marosa asistió el segundo año, ya la familia se había mudado al centro de la ciudad de Salto.

Las casas en las que vivieron en la ciudad de Salto serían, por su orden: en calle Silvestre Blanco entre Delgado y Zorrilla; en calle 19 de abril, a la altura de la Plaza de Deportes, y la tercera en 8 de Octubre 457, ap. 4. 

Cuando debió abandonar el mundo idílico de la chacra para seguir estudiando, coincidió con la pérdida real de las propiedades de la familia, una decadencia económica que se había iniciado con la enfermedad del abuelo, una parálisis.  

La chacra había significado un patrimonio importante, con árboles frutales de todo tipo, viñedos y elaboración de dulces, conservas y vinos. Ella recuerda con añoranza “Las cosas más insólitas venía la gente de la ciudad a buscar a casa. La abuela no supo manejar los negocios y a mi padre no le gustaba hacerlo. Cuando el abuelo vendió, se hizo lechería y se cortaron las plantaciones.”

Marosa conservó un muy buen recuerdo de sus profesores y de sus compañeros de clase. Completó los estudios de bachillerato como todas las niñas del mundo. 

En ocasión de los cien años del liceo al que concurrió Marosa se editó en 1973 un álbum “Instituto Politécnico Osimani y Llerena”, con la dirección de Aníbal Barrios Pintos. 

Marosa colaboró con un texto que da cuenta de su ingreso al liceo, que más que una crónica es verdaderamente un poema. 

             Primer día en el liceo

Un día, no sé cuál, porque se lo llevaron las flores.

Yo, todavía, vivía adentro de la rosa natal; por el aire transitaban las azucenas y la miel. Y las hermosas moscas moradas que nacen adentro de los alelíes.

No sé cómo llegué al Instituto Politécnico Osimani y Llerena. Yo era una pequeña niña con un ramo de rosas en la mano, o de naranjas salvajes, invisibles, pero evidentes. Ya, la misma extraña, con el mismo miedo y la misma seguridad de las estrellas. ¿Qué me habrían dicho? Tal vez, “álgebra”, por primera vez, y yo creí que era el nombre de otra azucena con muchas vueltas de pétalos; “Prehistoria y Oriente”. Caras de piedra mirando el cielo y lapislázuli en el Valle de las Reinas.

Lo que recuerdo bien fue el regreso. Al bajar del coche rojo, empecé a pasar jardines y más jardines con nombres conocidos. A lo lejos, el sol caía, deslumbrante y triste, porque algo había cambiado y no se sabía qué. Sin embargo, las vecinas eran las mismas, las de siempre, cortaban las violetas para el té de antes y después de la cena; así lo exigía el ceremonial. Vi las alteas con su olor a lluvia y a altea, las salvias con su mantón de miel, y el saúco negro de las pesadillas. Mis familiares me estarían aguardando con gran inquietud, porque algo, ya, había cambiado y no se sabía qué.

Todos los gatos de la casa salieron a esperarme; eran cien o solo uno; eran cien. Amarillos, blancos, negros, amarillos. Se apostaron a los dos costados del camino. Las miradas escrutadoras y fijas.

Tanto Mora como su hermana fueron excelentes estudiantes, pero a ninguna de las dos le atrajo el estudio de una carrera universitaria.

Marosa llegó a asistir unos meses a la Facultad de Derecho. Pero prontamente descubrió que no se pueden forzar los caminos y que el suyo estaba signado por la vocación de construir mundos con palabras. 

Nunca tendría el más mínimo arrepentimiento por el abandono de los estudios curriculares.                         

 El primer escritor que conoció textos de Marosa fue Adolfo Montiel Ballesteros. Montiel llegó a aprobar la publicación de un conjunto anterior a Poemas que su autora, a las pocas semanas de habérselo enviado, destruyó. En las palabras de Marosa se hacía presente Montiel, con su picardía y su figura quijotesca. 

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 Me acuerdo de los repollos acresponados, blancos -rosas...
 

Me acuerdo de los repollos acresponados, blancos -rosas
nieves de la tierra, de los huertos-, de marmolina, de la
porcelana más leve, los repollos con los niños dentro.
Y las altas acelgas azules.
Y el tomate, riñón de rubíes.
Y las cebollas envueltas en papel de seda, papel de fumar,
como bombas de azúcar, de sal, de alcohol.
Los espárragos gnomos, torrecillas del país de los gnomos.
Me acuerdo de las papas, a las que siempre plantábamos en
el medio un tulipán.
Y las víboras de largas alas anaranjadas.
Y el humo del tabaco de las luciérnagas, que fuman sin reposo.
Me acuerdo de la eternidad.

De "Historial de las violetas" 1965

Empezó a escribir desde muy pequeña y ya, a sus 17 años (1947), algunas revistas locales publicaban sus obras.
Era reconocida por las calles de Salto por su mirada absorta, rodeada de un halo de misterio, como si estuviera contemplando su interior, su forma extravagante de vestirse, el uso de bijouterie llamativa y de gran tamaño y un cargado maquillaje. 
Pese a esta apariencia física  era tímida, cálida y generosa. Según quienes la conocieron "tenía alma de niña".


En 1954 publica su primer libro " Poemas",   poemas en prosa desde los que desbordaba la pasión, la ternura y un lirismo algo salvaje. 
 A esta publicación le siguen:
 Humo (1955)
Druida (1959)
Historial de las violetas (1965)
Magnolia (1968)
La guerra de los huertos (1971)
Está en llamas el jardín natal (1975)
Realizó viajes al exterior visitando España, luego  París.

Al fallecer su padre, en 1978, se trasladó a Montevideo donde se radicó y vivió, solitaria y solidaria,  escribiendo un libro tras otro.
Clavel y tenebrario (1979)
La liebre de marzo (1981)



En 1982 ganó el premio de la Sociedad de petrarca con su libro "La flor de Laura".
Trabajó en la columna semanal de la revista Posdata y editó libros en Buenos Aires. Además, recibió una pensión del gobierno otorgada a personas con una trayectoria  destacada en las artes y las ciencias.

Otras obras publicadas fueron:
Mesa de esmeralda (1985)
Los papeles Salvajes (recopilación de sus poemas), Primer tomo (1989)
La falena (1989)
Membrillo de Lusana (1989)
Los papeles Salvajes (recopilación de sus poemas), Segundo tomo (1991)
Misales (1993), relatos eróticos
Camino de las pedrerías (1997), relatos eróticos
Reina Amelia (1999), B. Aires, Adriana Hidalgo, novela

En el 2000 se publicó en Argentina una edición posterior a "Papeles salvajes", donde se agregó el libro "Diamelas a Clementina Médici", dedicado por la poeta a su madre.






En el año 2001, recibió el Primer Premio del Festival Internacional de Poesía en lengua castellana, de Medellín, por su obra "Los papeles salvajes".
Rosa mística (2003) poemas



Se interesó mucho en realizar recitales que se constituían como performances de su obra, lo que en este caso le da un carácter visionario. 

La enfermedad que la llevaría a la muerte, después de años de tratamiento, silencioso y secreto, le fue diagnosticada en 1993. Cáncer en los huesos. 

Nunca tuvo postura contraria a la ciencia y fue una respetuosa de sus médicos. 

 Apenas en dos poemas de La flor de lis, se hace referencia a la enfermedad. El primero es La flor de lis 8, que trata de un examen ginecológico que da cuenta de difíciles situaciones derivadas de la descompensación general. 

El segundo es La flor de lis 117, que integra los días difíciles con su mundo mágico:

 En los últimos tiempos ella ya no salía estando ya sin poder moverse  de su casa de la calle Colonia y alguna más en la casa de Nidia. 

La letra de Marosa, como consecuencia de una caída que le había dejado muy mal su mano derecha, era muy mala. Y ella se daba cuenta. 

En un reportaje, a la pregunta “Cómo te gustaría morir”, había contestado: "Transformándome en una Mariposa ondeante sobre el jardín natal y en la diminuta cabeza, la fantasía, mis familiares, mis animales y plantas, Dios. "

El 17 de agosto de 2004, a las 9: 45 de la mañana, murió Marosa en la casa de Nidia. “A consecuencia de Insuficiencia venti-respiratoria”, reza el certificado de defunción firmado por el Dr. Ignacio Larrañaga. No fue necesaria la internación para aplacar dolores intolerables. Se fue apagando con una tranquilidad completa.

Sus restos fueron llevados a Salto, y sabiendo que no volvería en su presente envoltura, dijo que lo haría convertida en mariposa.

 Bajó una mariposa a un lugar oscuro


...Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de
hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica
creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros
niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
Yo dije: -Sí, su cuerpo parece un hombrecito.
Pero, ellos aclararon que era un hombre de tamaño natural.
Me arrodillé y vi. Era verdad lo que decían los niños. ¿Cómo
cabía un hombre de tamaño normal bajo las alitas?
Llamamos a un vecino. Trajo una pinza. Sacó las alas. Y un
hombre alto se irguió y se marchó.
Y esto que parece casi increíble, luego fue pintado
prodigiosamente en una caja.

De "La liebre de marzo"  1981


Poema X
 

Este melón es una rosa,
este perfuma como una rosa,
adentro debe tener un ángel
con el corazón y la cintura siempre en llamas.
Este es un santo,
vuelve de oro y de perfume
todo lo que toca;
posee todas las virtudes, ningún defecto,
Yo le rezo,
después lo voy a festejar en un poema.
ahora, sólo digo lo que él es:
un relámpago,
un perfume,
el hijo varón de las rosas.

De "Magnolia", 1965.



salteño.

HOMENAJES



Marosa di Giorgio ha sido homenajeada post mortem a través de diversas iniciativas, homenajes y cobertura cultural que han mantenido vivo su recuerdo como una de las voces más singulares de la literatura latinoamericana.

 

Reconocimientos institucionales y premiaciones póstumas: 



La obra de Marosa di Giorgio ha sido objeto de reediciones, antologías y reseñas críticas que continúan situándola como referencia clave de la poesía uruguaya y latinoamericana.

Estas publicaciones mantienen su legado vivo en la academia y en el mundo editorial.

Inauguración de espacios y salas con su nombre: 



Existen referencias a la creación de salas y espacios dedicados a su figura, lo que facilita la conmemoración viva de su obra en instituciones culturales y bibliotecas. 

Este tipo de homenajes se enmarca dentro de esfuerzos institucionales para conservar su legado.

Documentales ,difusión audiovisual y teatro:


Marosa: es un espectáculo teatral inspirado en los libros de la fantástica escritora uruguaya.

Es la primera obra teatral en contar con escenografía y vestuario realizada con micelio y biomateriales, en homenaje a Di Giorgio.

Se han producido piezas documentales y contenidos en video que recuperan su vida, su voz performativa y su corpus literario, acercando a nuevas audiencias su poética única.

Recuerdos y notas de prensa en aniversarios: 

la prensa cultural y revistas especializadas han dedicado artículos y secciones recordando su fallecimiento y destacando su aporte, especialmente en aniversarios de su muerte. Este tipo de cobertura ayuda a mantener su figura en el imaginario cultural.

Divulgación y presencia en revistas culturales:



Publicaciones periódicas y revistas literarias han recuperado y discutido su obra, reforzando su influencia y su presencia en la memoria crítica de la poesía hispanoamericana

Marosa di Giorgio es reconocida por su estilo experimental, su imaginería ligada a la naturaleza y su mezcla de erotismo y surrealismo, elementos que siguen sorprendiendo a lectores y críticos. Su trayectoria poética y su actuación escénica en recitales han sido objeto de debates y celebraciones en diferentes contextos culturales.

En Uruguay y otros países, la difusión de su obra a través de reediciones, antologías y festivales ha contribuido a sostener su recuerdo entre nuevas generaciones de lectores y estudiosos.

LEGADO


El legado literario de Marosa di Giorgio radica en su estilo experimental y singular, que fusiona surrealismo, erotismo salvaje y una visión mística de la naturaleza, influyendo en poetas contemporáneos de Latinoamérica.

Su obra perdura hasta hoy por su capacidad para transfigurar lo cotidiano en rituales sensoriales y fantasmagóricos, inspirando a nuevas generaciones de escritores.

 Características principales

Su poesía se distingue por un lenguaje propio, cargado de metáforas exuberantes sobre flores, animales, frutas y cuerpos en mutación, donde lo erótico se entrelaza con lo sagrado y lo infantil.

Esta imaginería desbordante crea un universo poético cerrado y coherente, con símbolos recurrentes como niñas-hadas, altares florales y cielos bíblicos, que desafía interpretaciones racionales y prioriza la experiencia sensorial.

El tono místico y rítmico, influido por el surrealismo pero transformado en una estética personal, escandalizó y sedujo a sus contemporáneos, manteniendo su relevancia en lecturas actuales.

Influencia perdurable

Hasta la fecha, su estilo onírico y autoficcional inspira a poetas, dramaturgos y artistas visuales, con reediciones y análisis críticos que destacan su fusión de géneros (poesía, prosa y teatro).

La cohesión temática y sonora de su obra resuena en la literatura hispanoamericana, donde su visión de la realidad como "doblemente fantástica" sigue siendo explorada en revistas y festivales.

Ejemplos incluyen su impacto en escritores que valoran la transformación de experiencias vitales en poesía ritual.

FUENTES

EL 1 DE ENERO DE 1618 FUE BAUTIZADO BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

 

El pintor del

Barroco español



Bartolomé Esteban Murillo nació en Sevilla, donde pasó la mayor parte de su vida. Fue bautizado casi de inmediato en la iglesia de la Magdalena el 1 de enero de 1618 .


Pila bautismal de la Iglesia Magdalena




Partida de bautismo de Bartolomé Esteban Murillo. Archivo parroquia Santa María Magdalena (Sevilla) Libro de Bautismo número 16 folio 121 vº.

 

TRANSCRIPCIÓN: En lunes, primero día del mes de henero de mil y seiscientos y diez y ocho años. Yo el licenciado Francisco de Heredia, benefiçiado y cura de santa iglesia de la Magdalena de Seuilla, baptizé a Bartolomé, hijo de Gaspar Esteuan, y de su lijítima mujer María Pérez. Fue su padrino Antonio Pérez al qual se le amonestó el parentesco espiritual y lo firmé. Fecho vt supra. El licenciado Francisco de Heredia (rúbrica). (Al margen) Bartolomé

 

Conforme al uso anárquico de la época, aunque alguna vez firmó Esteban adoptó comúnmente el segundo apellido de la madre.

Bartolomé Esteban Murillo es quizá el pintor que mejor define el barroco español. Aunque es más conocido por sus obras religiosas, Murillo también produjo un número considerable de pinturas de mujeres y niños contemporáneos. Estos retratos animados y realistas de floristas, pilluelos callejeros y mendigos constituyen un registro extenso y atractivo de la vida cotidiana de su época. También pintó dos autorretratos, uno en la Colección Frick que lo retrata cuando tenía 30 años y otro en la Galería Nacional de Londres que lo retrata unos 20 años después.

Era el menor de catorce hermanos, hijos del barbero Gaspar Esteban y de María Pérez Murillo, que procedía de una familia de plateros y contaba entre sus parientes cercanos con algún pintor.

Su padre era un acomodado barbero, cirujano y sangrador al que en ocasiones se le da tratamiento de bachiller, y del que en un documento de 1607 se decía que era «rico y ahorrador», arrendatario de algunos bienes inmuebles junto a la iglesia de San Pablo cuyos derechos heredó Bartolomé y le proporcionaron rentas durante casi toda su vida.

Con nueve años y en el plazo de seis meses quedó huérfano de padre y madre y fue puesto bajo la tutela de una de sus hermanas mayores, Ana, casada también con un barbero cirujano, Juan Agustín de Lagares.

El joven Bartolomé debió de mantener buenas relaciones con la pareja, pues no mudó de domicilio hasta su matrimonio, en 1645, y en 1656 su cuñado, ya viudo, le nombró albacea testamentario.

Apenas se sabe  de los primeros años de vida de Murillo y de su formación como pintor.

En el año 1633, cuando contaba quince años, solicitó licencia para pasar a América con algunos familiares, motivo por el que hizo testamento en favor de una sobrina. 

Según la costumbre de la época, por esos años o algo antes debió de iniciar su formación artística. Es muy posible que, que se formase en el taller de Juan del Castillo, casado con una de las hijas de Antonio Pérez, tío y padrino de bautismo de Murillo y pintor de imaginería él mismo.

Pintor discreto, caracterizado por la sequedad del dibujo y la amable expresividad de sus rostros, la influencia de Castillo se advierte con claridad en las que probablemente sean las más tempranas de las obras conservadas de Murillo.


La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo



Entre los años 1638-1640 pinta La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo (Sevilla, Palacio arzobispal y antigua colección del conde de Toreno)

Murillo todavía no ha creado un estilo personal y por eso en el dibujo muestra evidentes influencias de su maestro, Juan del Castillo, especialmente en los rasgos delicados y finos con los que describe los rostros y las sonrisas insinuadas. 

En el rompimiento de Gloria que aparece en la zona superior -formado por ángeles mancebos que tocan música y cantan mientras que angelitos arrojan flores a santo Domingo- se constata la influencia de Juan de Roelas. 

Los ropajes que cubren a los personajes estarían inspirados en Zurbarán, sobre todo el modelado recio de los pliegues. Quizá por esta amalgama de influencias, algunos especialistas consideran, injustificadamente, que no se trata de una obra salida de los pinceles de Murillo.


La Virgen con fray Lauterio, san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino, hacia 1638-1640.

De esta época es la pintura La Virgen con fray Lauterio, san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino (Cambridge, Fitzwilliam Museum), de dibujo seco y alegre colorido.

Una cartela en el ángulo inferior derecho explica el contenido de este inusual asunto, en el que la Virgen aconseja al franciscano fray Lauterio, estudiante de teología, la consulta de la Summa Theologiae del aquinatense para resolver sus dudas de fe.

Con Juan del Castillo, permanecerá por cinco años.

En 1645 Murillo recibe su primer encargo de importancia. Se trata de la serie  de trece lienzos para el claustro chico del Convento de San Francisco, en Sevilla. 

En estas obras muestra una notable influencia de Van Dyck, Tiziano y Rubens, lo que hace pensar a algunos expertos en un posible viaje a Madrid, a la Corte.

Este año de 1645 será de gran importancia para el artista porque se casa el 26 de febrero con Beatriz Cabrera y Villalobos, joven sevillana de 22 años, vecina de la Parroquia de la Magdalena, donde se celebró el enlace. 

En los 18 años que duró el matrimonio tuvieron una amplia descendencia consistente en nueve hijos.

El éxito alcanzado con la serie del Claustro Chico -al aportar un estilo más novedoso que los veteranos Herrera el Viejo o Zurbarán- motivará el aumento del número de encargos. 

Por ello en 1646 ingresa en su taller un joven aprendiz llamado Manuel Campos al tiempo que debe buscar una casa más amplia para organizar un taller. 


Sagrada Familia del pajarito, hacia 1649-1650, óleo sobre lienzo, 144 x 188 cm, Madrid, Museo del Prado. Con un tratamiento de la luz y un estudio de los objetos inanimados todavía zurbaranescos, Murillo crea un ambiente intimista de apacible cotidianidad que será el característico de su pintura, abordando el hecho religioso, en el que la figura de San José cobra especial protagonismo, con los recursos propios del naturalismo y una personal y humanísima visión.


Se traslada a la calle Corral del Rey, donde sufrió la terrible epidemia de peste que asoló la zona de Andalucía -y en especial Sevilla- en 1649. La mitad de la población de la capital perdió la vida y entre ellos los cuatro pequeños hijos del matrimonio Murillo. 


Niño espulgándose, hacia 1650, París, Museo del Louvre

La crisis económica que vive la ciudad no impide que los encargos continúen a buen ritmo, siendo uno de los más importantes el enorme lienzo de la Inmaculada Concepción para la iglesia del desaparecido convento de los Franciscanos, llamada "La Grande" por su tamaño.


Adoración de los Pastores

Las primeras obras de Murillo denotan una evidente influencia del Naturalismo tenebrista que tanto éxito estaba cosechando en Sevilla por aquellas fechas, teniendo en Zurbarán a su máximo representante. 

Sería lógico pensar que si el joven Murillo pretende obtener rápidos triunfos será en un estilo admitido por todas las fuerzas artísticas de la ciudad, teniendo tiempo posteriormente de introducir novedades en su pintura. 

Así, esta Adoración de los Pastores muestra una importante influencia de la obra de Ribera, sin olvidar a Zurbarán y al joven Velázquez. Murillo ha dejado en penumbra a San José, que era el protagonista de la Sagrada Familia del Pajarito, iluminando a la Virgen y al Niño. 

Junto a ellos, dos pastores y una pastora entregan sus presentes: un cordero, huevos y una gallina. El realismo que caracteriza a las figuras tiene una clara muestra en los pies sucios de los pastores, como ya había hecho Caravaggio

En 1658 se traslada a Madrid, donde es muy probable que conociese a Velázquez, quien le pondría en contacto con las colecciones reales, donde tomaría contacto con la pintura flamenca y veneciana.

A finales de 1658 Murillo está de nuevo en Sevilla. Aparece en los anales como vecino de la parroquia de Santa Cruz, donde permaneció hasta 1663, cuando se trasladó a la de San Bartolomé. Los numerosos encargos que recibía le permitían disfrutar de una saneada economía.


El Buen Pastor, hacia 1660, óleo sobre lienzo, 123 x 101 cm, Madrid, Museo del Prado.

Anciana espulgando a un niño

En la década de 1660 pintaría esta Anciana espulgando a un niño, también llamada Abuela espulgando a su nieto. 

La composición se desarrolla en un interior, recortándose las figuras sobre un fondo neutro al estar iluminadas por un potente foco de luz que entra por la ventana. El pequeño tumbado sobre el suelo come pan y acaricia al perrillo mientras que la mujer procede a quitarle las pulgas o los piojos de la cabeza. La anciana concentra toda la atención en su tarea y ha abandonado sus útiles de hilado que aparecen sobre la banqueta de la derecha. Al fondo podemos contemplar una mesa con una jarra y un cántaro, lo que nos indica que se trata de una familia con escasos recursos económicos pero que sobrevive humildemente. Este detalle también se puede apreciar en sus vestidos ya que no observamos jirones como en otras escenas -véase los Niños jugando a los dados-. El naturalismo con el que trata Murillo la escena se aleja del empleado por Zurbarán años atrás, lo que indica la evolución de su pintura hacia un estilo muy personal, caracterizado por las atmósferas.

El 11 de enero de 1660 funda una Academia de Dibujo en Sevilla, en colaboración con Francisco de Herrera el Mozo. Los dos artistas compartieron la presidencia durante el primer año de funcionamiento de esta escuela, en la que los aprendices y los artistas se reunían para estudiar y dibujar del natural. 

La presidencia de la Academia será abandonada por Murillo en 1663, siendo sustituido por Juan de Valdés Leal.

Ese mismo año, Murillo quedó viudo al fallecer su esposa como consecuencia del último parto. De los nueve hijos sólo sobrevivían en aquel momento cuatro.


Niños jugando a los dados, hacia 1665-1675, óleo sobre lienzo, 140 x 108 cm, Múnich, Alte Pinakothek.

El periodo más fecundo de Murillo se inicia en 1665 con el encargo de los lienzos para Santa María la Blanca –el Sueño del Patricio y el Patricio relatando su sueño al papa Liberio-

Consiguió aumentar su fama y recibir un amplio número de encargos: las pinturas del retablo mayor y las capillas laterales de la iglesia de los Capuchinos de Sevilla y las pinturas de la Sala Capitular de la catedral hispalense.


Dos mujeres en una ventana , c.  1655-1660 , Galería Nacional

 de Arte , Washington, DC

Ese mismo año de 1665, Murillo ingresa en la Cofradía de la Santa Caridad, lo que le permitió realizar uno de sus trabajos más interesantes.  La decoración del templo del Hospital de la Caridad de Sevilla, encargo realizado por Miguel de Mañara, un gran amigo del artista. 

Josua van Belle, 1670, óleo sobre lienzo, 125 x 102 cm, Dublín, National Gallery of Ireland. Murillo retrató a Belle, comerciante neerlandés llegado a Sevilla en 1663, con la elegante actitud propia del retrato nórdico que pudo conocer en las colecciones de pintura de los comerciantes de esa procedencia establecidos en la ciudad, ante una cortina de vivo color púrpura que no se aprecia en esta reproducción.


Autorretrato

Hacia 1670 los hijos de Murillo le encargan la realización de este autorretrato tal y como aparece en la inscripción en latín. Para su ejecución, el maestro toma como base los tipos de los retratos flamencos y holandeses empleados desde finales del siglo XVI. 

No hay que olvidar la importante colonia de comerciantes flamencos que estaba afincada en Sevilla con la que el artista tendría una buena relación. 

El pintor aparece enmarcado en un óvalo decorado con molduras, mientras que sobre la mesa que sujeta el fingido marco encontramos elementos alusivos a su profesión: la paleta y los pinceles en la derecha y un dibujo con el lápiz, el compás y la regla en la izquierda. 

El modelo saca la mano del óvalo y la apoya en el marco, para crear una mayor sensación de perspectiva y acentuar el naturalismo que caracteriza a todo el conjunto. El centro de la imagen es, sin duda, el rostro de Murillo, captado con toda su profundidad psicológica, resaltando sus facciones agradables y su mirada serena. La intensidad de las luces en algunas partes y el fondo en penumbra refuerza la potencia del retrato, demostrando la calidad de Murillo para esta temática que no tocó en demasía. 

En 1682 el cuadro fue grabado en Amberes a instancias de don Nicolás de Omazur por lo que sería una obra admirada por buena parte de los pintores europeos.

La fama alcanzada por Murillo se extenderá por todo el país, llegando a la corte madrileña. El rey Carlos II invitó a Murillo a asentarse en Madrid. El artista rechazó el ofrecimiento alegando razones de edad.

Niño riendo asomado a la ventana, hacia 1675, Londres, National Gallery.

En 1681 Murillo traslada su vivienda al barrio de Santa Cruz. Allí recibió el último encargo: las pinturas para el retablo de la iglesia del convento capuchino de Santa Catalina de Cádiz. Cuando trabajaba en este encargo sufrió una caída al estar pintando las partes superiores del cuadro principal.

A consecuencia de la caída, algunos meses más tarde, falleció el 3 de abril de 1682, de manera repentina ya que no llegó a acabar de dictar su testamento.

En él pide que se le entierre en la parroquia de Santa Cruz, lo cual se llevó a cabo, pero este templo fue destruido por las tropas francesas en 1811. 

Una placa colocada en la plaza de Santa Cruz en 1858 señala el lugar aproximado donde reposan los restos del gran artista sevillano.

SU OBRA

Dos elementos clave en la obra de Murillo serán la luz y el color. En sus primeros trabajos emplea una luz uniforme, sin apenas recurrir a los contrastes. 

Este estilo cambia en la década de 1640 cuando trabaja en el claustro de San Francisco, donde se aprecia un marcado acento tenebrista, muy influenciado por Zurbarán y Ribera. Este estilo se mantendrá hasta 1655, momento en el que Murillo asimila la manera de trabajar de Herrera el Mozo, con sus transparencias y juegos de contraluces, tomados de Van Dyck,

Rubens y la escuela veneciana. Otra de las características de este nuevo estilo  será el empleo de sutiles gradaciones lumínicas con las que consigue crear una sensacional perspectiva aérea, acompañada del empleo de tonalidades transparentes y efectos luminosos resplandecientes. 

El empleo de una pincelada suelta y ligera define claramente esta etapa. Las obras de Murillo alcanzaron gran popularidad y durante el Romanticismo se hicieron numerosas copias, que fueron vendidas como auténticos "Murillos" a los extranjeros que visitaban España.

LEGADO

Bartolomé Esteban Murillo, es reconocido como uno de los más grandes exponentes del arte barroco español.

Su legado trasciende el tiempo a través de su innovador enfoque artístico, su compromiso con la educación y su capacidad para capturar la esencia humana. Su influencia perdura no solo en el ámbito artístico, sino también como un símbolo del patrimonio cultural español que sigue inspirando a generaciones actuales y futuras.

Murillo es célebre por su estilo naturalista y su capacidad para capturar la humanidad y la emoción en sus obras, especialmente en sus pinturas religiosas. Su habilidad para utilizar la luz y el color creó atmósferas evocadoras que aún resuenan en el arte contemporáneo.

Entre sus obras más emblemáticas se encuentran "La Inmaculada Concepción" y "La Virgen de la Servilleta", que no solo reflejan su maestría técnica, sino que también popularizaron temas religiosos en la pintura.

Además de sus obras religiosas, Murillo también se destacó en la representación de escenas costumbristas, retratando la vida cotidiana de Sevilla con un enfoque que mezcla realismo y emotividad. Esto le permitió documentar aspectos sociales de su tiempo, convirtiéndolo en un cronista visual de la vida del siglo XVII.

Murillo fue un ferviente defensor del arte y la educación.

En 1660, cofundó la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla, donde promovió la enseñanza del arte a nuevas generaciones de artistas.

Esta institución ha sido fundamental para el desarrollo del arte en España y ha dejado una huella duradera en el ámbito educativo artístico.

A lo largo de su vida, Murillo alcanzó gran fama tanto en España como internacionalmente, siendo uno de los pintores más valorados de su época.

 Su obra ha sido objeto de admiración y estudio continuo, influyendo en numerosos artistas posteriores.

Aunque su popularidad fluctuó en el siglo XIX debido a cambios en los gustos artísticos, su legado ha sido reevaluado recientemente, destacando su versatilidad como retratista y su relevancia cultural.

HOMENAJES




El monumento a Murillo es una estatua sobre pedestal, obra

 de 1867 del escultor español Sabino Medina, dedicada al

 artista Bartolomé Esteban Murillo. Se encuentra en la plaza

 de Murillo, junto a la puerta del mismo nombre del Museo del

 Prado en Madrid (España).


La Sala Murillo del Museo de Cádiz

Casa de Murillo 

La Casa de Murillo está situada en el número 8 de la calle Santa Teresa, en la parroquia de Santa Cruz, y fue la penúltima residencia familiar del artista. En ella vivió Murillo como un pintor plenamente reconocido y admirado por la sociedad sevillana del momento y fue donde estuvo emplazado el obrador donde el artista trabajó los últimos años de su vida.







Filatelia

FUENTES

https://www.britannica.com/

https://www.nationalgallery.org.uk/

https://en.wikipedia.org/

https://es.wikipedia.org/

https://historia-arte.com/

https://www.biografiasyvidas.com/