Arte, tradición y movimiento en la
obra de Enrique Castells Capurro
Dice el historiador Ricardo Goldaracena que
"como los Brueghel o los Van Eyck pintores
por la gracia de Dios un viejo linaje montevideano ha dado al país a lo
largo de mas de cien años varias generaciones de pintores. Los Castells familia
de antigua alcurnia catalana han impuesto definitivamente aquí su nombre como
sinónimo de una temática gauchesca
curiosamente trasmitida entre consanguíneos"
Enrique Castells Capurro nació en
Montevideo, Uruguay, el 9 de marzo de 1913.
Fue un acuarelista, pintor y
escultor uruguayo.
A pesar de haber sido autodidacta
recibió gran influencia de su tío Carlos Castells. Su tema central es el
caballo y el gaucho al igual que lo era para su tío Carlos.
Castells Capurro vivió en un
período de importantes transformaciones sociales y culturales en Uruguay.
Durante el siglo XX el país experimentó procesos de modernización y
urbanización, pero al mismo tiempo mantuvo una fuerte identidad vinculada a su
pasado rural.
Julio Castells
Capurro, su madre y nieto en la Quinta Capurro
En el año 1911 hermano de Enrique Castells Capurro, Julio
Alberto Castells Capurro, también
fue pintor especialmente
acuarelista de temas gauchescos habiendo expuesto junto por ejemplo en la Sociedad Criolla Elías
Regules por los años 40.
Enrique, Kike, como le llamaban en su familia, creció en el seno de una
familia vinculada tanto al mundo empresarial como al cultural.
Su padre, Julio Alberto Castells
Carafí fue corredor de bolsa, fundador del Club de Golf de Punta Carretas en
1922 y parte de una familia de artistas catalanes radicada en Uruguay.
Su padre pertenecía a la familia
Castells, de origen catalán.
Su madre Mercedes Capurro Charry
pertenecía a la rama Capurro, de origen genovés con influencia en el comercio y
la sociedad montevideana. Una familia con
raíces italianas que se había establecido en Uruguay durante el siglo XIX.
Estas familias tuvieron cierta
presencia en la vida económica y social del país. Algunos miembros de la
familia Castells participaron en emprendimientos comerciales y asociaciones
empresariales, mientras que otros desarrollaron actividades culturales.
Dentro de su propia familia
existía una tradición artística. Su tío, el pintor Carlos Castells, ejerció una
influencia fundamental en su formación. Carlos Castells también era conocido
por sus pinturas de temática rural y ecuestre, y se considera que fue una de
las primeras figuras que introdujo a Enrique en el mundo del arte.
Este ambiente familiar, combinado
con el contexto cultural del Uruguay de principios del siglo XX, favoreció el
desarrollo de la sensibilidad artística del joven Castells.
La familia Castells Capurro
destaca por su tradición pictórica, con influencias de tíos como Carlos
Castells, y Enrique fue autodidacta pero inspirado en este entorno artístico.
Enrique mostró un talento
extraordinario para el dibujo desde muy temprana edad. Se cuenta que comenzó a
dibujar a los cuatro años.
La educación en su infancia y
adolescencia se desarrolló en Montevideo.
A los diez años, en 1923, realizó
un retrato de la famosa bailarina rusa Anna Pavlova durante su visita a
Montevideo, un hecho ampliamente documentado en fuentes biográficas y
periodísticas uruguayas.
Este dibujo no solo evidenció su
precocidad, sino que fue publicado en la revista Mundo Uruguayo, que en 1924 lo
elogió por su habilidad para capturar el movimiento a tan solo diez años.
En 1928, “Mundo Uruguayo” se
expresa así de los dibujos del joven artista: “se aprecia la frescura del
dibujo, la intensa vida que los anima, su movilidad extraordinaria y la fuerza
emotiva que anima a su autor que percibe y retiene con una fidelidad única lo
que hiere sus retinas…”.
En el año 1927, los 14 años,
realizó su primera exposición en «Amigos del Arte», en Montevideo, y pocos
meses después expuso en Buenos Aires.
Desde entonces, su estilo
dinámico y fresco se destacó en ilustraciones de ballet, fútbol, turf y escenas
gauchescas para diarios y revistas, consolidando su legado como artista
autodidacta influido por su familia.
Este episodio es significativo
porque refleja dos aspectos importantes de su personalidad artística:
La precocidad de su talento.
Su capacidad de observación del
movimiento.
El movimiento sería, de hecho,
uno de los elementos fundamentales de su obra futura.
Durante su infancia y
adolescencia desarrolló su habilidad dibujando escenas de la vida cotidiana.
Entre sus temas preferidos se encontraban: escenas de ballet, partidos de
fútbol, carreras de caballos, escenas rurales.
Su capacidad para captar el
movimiento y la dinámica de las figuras ya era notable desde muy joven.
Revistas de la época destacaron su talento cuando apenas tenía diez años,
señalando la fuerza expresiva y la vitalidad de sus dibujos.
Enrique Castells Capurro fue en
gran medida autodidacta. No siguió una formación académica formal prolongada en
escuelas de arte, a diferencia de muchos contemporáneos.
Su aprendizaje se basó en la
observación directa. Desde niño captaba escenas cotidianas como bailes, fútbol
y paisajes gauchescos en Montevideo y Punta del Este, perfeccionando su trazo
dinámico mediante el estudio de la naturaleza y el movimiento real.
La práctica constante fue clave
en su evolución. Dibujaba e ilustraba diariamente acumulando miles de acuarelas
y óleos que refinaron su estilo fresco y espontáneo sin rigidez académica.
La influencia de su tío Carlos
Castells resultó fundamental. Miembro de la familia de artistas catalanes en
Uruguay, Carlos le transmitió técnicas pictóricas y el amor por temas
tradicionales, inspirando su inclinación por lo gaucho.
El contacto con el ambiente
cultural y editorial lo consolidó. Colaboró con editores, artistas y el milieu
montevideano de los años 20-50, recibiendo retroalimentación práctica y
exponiendo tempranamente, lo que aceleró su madurez artística.
Este tipo de formación
autodidacta fue relativamente común entre artistas nativistas, quienes preferían
aprender directamente del contacto con la naturaleza y la vida rural.
Enrique Castells Capurro
desarrolló una técnica sólida en diversos medios. Dominó la acuarela, tinta,
óleo, aguada y hasta escultura en bronce, destacando en cada uno por su trazo
dinámico y espontáneo.
Durante su juventud comenzó a
trabajar como ilustrador en diarios y revistas.
Colaboró con medios gráficos
uruguayos y argentinos, destacando por su capacidad para capturar movimiento en
temas variados.
En una época en la que la
fotografía aún no era tan común o de buena calidad, los ilustradores tenían un
papel fundamental en la prensa.
También ilustró diarios como El
Día. Antes de la era de la fotografía de calidad, sus trazos rápidos cubrieron
turf, polo y escenas camperas, consolidando su estilo dinámico en la prensa
montevideana de los años 20-50.
La revista Mundo Uruguayo fue su
principal escaparate temprano. En 1924 y 1928, la revista elogió su frescura,
movilidad y fidelidad en dibujos de ballet, fútbol y gauchos.
Se destacaba por la precisión y
líneas rápidas en temas de ballet, turf y fútbol desde su juventud.
En acuarela capturó escenas
gauchescas vibrantes. Su uso ligero del color y pinceladas sueltas transmitían
movimiento en paisajes y jinetes, logrando obras frescas que se exponen en
museos uruguayos.
En óleo exploró formatos mayores.
Sus pinturas más monumentales, como murales en Punta del Este, revelan
profundidad volumétrica y atmósferas intensas típicas del gaucho.
Desde 1957 se especializó en la
pintura al fresco, técnica que utilizó en diversos murales.
Además de sus pinturas y
acuarelas, Castells Capurro realizó importantes murales para instituciones
públicas en Uruguay.
Entre los lugares donde se
encuentran obras suyas se incluyen:
la Administración de
Ferrocarriles del Estado
la Biblioteca Nacional
el Fuerte de San Miguel
La Comercial del Este
- Mural representando la diligencia realizado por Enrique Castells Capurro y
existente en la plaza principal de la ciudad de Maldonado.
En el año 1957 Castells Capurro realizó
una magnífica obra pictórica para la estación de servicio SADAR, ubicada en la
parada 1 y la rambla Pte. Williman (donde luego la empresa constructora SAFEMA
construyó los edificios Malecón). Dicho mural se encontraba en el interior del
edificio de la automotora.
En 1976 fue trasladado a la plaza
San Fernando, por iniciativa de la entonces Junta de Vecinos y el Intendente
interventor de turno. Al fresco se le colocó un marco de metal, logrando
trasladar parte de la pared a su nueva ubicación en la Plaza, sobre la calle 25
de Mayo.
Durante casi 30 años el mural
permaneció en dicho lugar, constituyéndose en un punto de atracción cultural
del centro de la ciudad. La pintura está referida a la célebre diligencia del
mayoral Etanislao Tassano, denominada "La Comercial del Este", que
realizaba el viaje entre Montevideo y Maldonado a fines del Siglo XIX y
principios del XX. Para esa época se podía llegar hasta Maldonado por mar en
barco (existiendo frecuencias que hacían la carrera hasta La Paloma y recalaban
en el Puerto de Maldonado), o por tierra, a caballo o en diligencia (el
ferrocarril recién llegó a nuestra ciudad en 1910). Precisamente, en los
últimos años, una de las últimas diligencias que efectuaba la travesía, desde
la Estación La Sierra - hasta donde llegaba el tren - a Maldonado, era la
diligencia de Tassano.
También pintó un mural en las instalaciones
vinculadas a la aerolínea PLUNA
Estas obras contribuyeron a
integrar el arte nativista dentro de espacios públicos, acercándolo a un
público amplio.
La aguada y bronce ampliaron su
repertorio. La aguada suavizó transiciones en paisajes.
Castells también incursionó en la
escultura.
Esculturas como jinetes en bronce
añadieron tridimensionalidad a su visión tradicional.
Durante varios años fue el
encargado de realizar en bronce los premios otorgados por el Jockey Club de
Montevideo en el prestigioso Gran Premio José Pedro Ramírez, la principal
carrera hípica del Uruguay.
Esto demuestra nuevamente su
estrecha relación con el mundo del caballo.
Castells Capurro también se
destacó como ilustrador de libros. Muchas de estas publicaciones estaban
vinculadas a la literatura gauchesca y al folclore rioplatense.
Extendió su labor a almanaques y
libros. Participó en el Almanaque del Banco de Seguros del Estado, Alpargatas y
ediciones de Martín Fierro, obras de Hilario
Ascasubi y Serafín J. García, popularizando su iconografía gauchesca.
Entre las obras que ilustró se
encuentran:
Los Tacuruses, de Serafín J.
García
Santos Vega, de Hilario Ascasubi
obras inspiradas en Martín Fierro
Uno de sus libros más conocidos
fue:
La serie de “Gauchos, prendas y
costumbres” tuvo numerosas ediciones y
contribuyó a difundir su iconografía del gaucho.
Esta versatilidad técnica amplió
el alcance de su obra. Le permitió trabajar en ediciones populares, murales
públicos y piezas coleccionables, consolidando su legado en cultura uruguaya.
Las ilustraciones de Castells se
caracterizan por la precisión en el detalle de vestimenta y aperos, la
fidelidad histórica y por su fuerte expresividad en las figuras.
Esta colaboración amplió su
difusión masiva. Sus imágenes llegaron a porcelanas Limoges y premios del
Jockey Club, integrando arte popular y editorial en la cultura uruguaya.
Esta experiencia fue clave para
el desarrollo de su estilo. El trabajo en prensa exigía rapidez, precisión y
capacidad narrativa visual.
El tema central de la obra de
Castells Capurro fue el caballo. En torno a él construyó gran parte de su
producción artística.
El caballo trascendía lo animal
en la obra de Castells Capurro. Representaba un símbolo cultural profundamente
arraigado en la identidad rioplatense, encarnando libertad, destreza y vínculo
con la pampa infinita.
Aparecían gauchos montando a
caballo con maestría. Sus acuarelas capturaban la silueta del jinete fusionado
con el animal en galope, transmitiendo velocidad y armonía en paisajes
abiertos.
Las escenas de doma resaltaban
tensión y control. Mostraban potros indomables bajo la rienda del gaucho, con
pinceladas dinámicas que sugerían polvo, esfuerzo y triunfo tradicional.
Arreos de ganado evocaban faena
colectiva. Grupos de jinetes guiando vacas en movimiento transmitían el pulso
laboral de la campaña, con énfasis en arreos y mugidos implícitos.
Carreras y polos añadían
adrenalina competitiva. Capturó turf y jockeys en acción, fiel a su experiencia
en hipódromos, con líneas que aceleraban el ritmo visual.
Escenas de descanso humanizaban
el símbolo. Jinetes desmontados bajo ombúes, compartiendo mate, equilibraban la
rudeza con ternura cotidiana del gaucho y su compañero equino.
El artista desarrolló una
extraordinaria habilidad para representar el movimiento del caballo. Sus
figuras ecuestres transmiten velocidad, energía y dinamismo.
Esta capacidad de capturar el
movimiento fue considerada por muchos críticos como una de sus mayores
virtudes.
Aunque su obra estaba
profundamente arraigada en la cultura uruguaya, Castells Capurro alcanzó reconocimiento
internacional.
Sus obras se encuentran en colecciones privadas en diversos países, instituciones
culturales, universidades, organismos internacionales.
En el año 1954 Enrique Castells
Capurro participó en exposiciones colectivas internacionales. Ese año presentó
43 obras en la galería de arte del Barbizon-Plaza Hotel de Nueva York,
coincidiendo con el estreno del documental Gauchos del Uruguay de Harry Foster.
La muestra neoyorquina destacó su
temática gauchesca. Exhibió acuarelas y óleos con jinetes, domas y paisajes
rioplatenses, consolidando su proyección global y el orgullo por llevar gauchos
"echando un pial" al mundo.
Este hito amplió su carrera más
allá de Uruguay. Precedió viajes a EE.UU. para murales en la ONU (1957) y la
Universidad de Austin, integrando su arte costumbrista en circuitos
internacionales junto a Buenos Aires, Boston, Texas y Londres.
También realizó trabajos
especiales relacionados con la corte británica y con el mundo ecuestre europeo.
Durante gran parte de su vida
adulta residió en Punta del Este, donde estableció su casa y taller.
Su residencia llevaba el nombre
de “Ormonde”, en honor a un famoso caballo de carreras. Allí vivió y trabajó
durante aproximadamente cuarenta y cinco años.
En este entorno continuó
desarrollando su obra artística, inspirándose en el paisaje rural y en la
cultura ecuestre.
Enrique Castells Capurro continuó
trabajando prácticamente hasta el final de su vida.
Falleció el 3 de julio de 1987 en
su residencia de Punta del Este.
Su muerte marcó el cierre de una
trayectoria artística de más de seis décadas.
HOMENAJES
Enrique Castells Capurro ha
recibido varios homenajes post mortem, especialmente en Maldonado y Punta del
Este, donde residió sus últimos 40 años.
Exposición Permanente
"Castells Capurro: su legado"
Inaugurada en agosto de 2023 en
la Casa de la Cultura de Maldonado (salas Manolo Lima y Edgardo Ribeiro),
organizada por su nieta Virginia Castells Capurro. Incluye óleos, acuarelas,
objetos personales y documentos de su chalet "Ormonde"; abierta de
lunes a viernes de 9 a 17 horas.
Aniversarios y Muestras
conmemorativas
En 2023, Fundación BROU celebró
su 110º aniversario con exposiciones de su acervo (unas 1300 obras nacionales).
Muestras retrospectivas recientes en Eduardo Saldain y Museo San Fernando,
destacando gauchos y caballos.
Presencia en Instituciones
Obras en el Museo Nacional de
Artes Visuales (MNAV) y colecciones públicas; menciones en catálogos y videos
como el de YouTube (2023) sobre su legado. Exposiciones internacionales
póstumas en Nueva York y Texas mantienen su difusión global.
Enrique Castells Capurro fue un
artista que supo transformar el paisaje cultural del Uruguay en imágenes
poderosas y dinámicas. Su pasión por el caballo y el mundo del gaucho se
tradujo en una obra extensa y profundamente representativa del espíritu
rioplatense.
Autodidacta, trabajador
incansable y observador privilegiado de la naturaleza y la tradición rural,
Castells logró crear un estilo propio que aún hoy continúa siendo admirado.
Su obra no sólo tiene valor
artístico, sino también histórico y cultural, pues constituye un testimonio
visual de las tradiciones del campo uruguayo.
El cineasta norteamericano Harry
Foster realizó una película en 1954 de
la Metro Goldwyn Meyer en donde los gauchos de Castells Capurro cobran vida
en forma de dibujos animados.
Ilustró almanaques como el famoso almanaque de
la empresa Alpargatas durante años y el libro que publica el Banco de Seguros
del Estado.
Hay dibujos de Castells Capurro
en porcelanas francesas como Limoges.
LEGADO
El arte de Castells supo reflejar
ese imaginario colectivo, preservando visualmente tradiciones, personajes y
escenas del campo uruguayo.
Su obra trascendió las fronteras
nacionales y fue reproducida en libros, revistas, murales, esculturas, sellos
postales y objetos de uso cotidiano. Gracias a ello, su iconografía del gaucho
y del caballo se convirtió en parte del patrimonio cultural visual del Uruguay.
Estilo artístico
El estilo de Castells Capurro se
caracteriza por varios rasgos distintivos:
Dinamismo
Sus obras transmiten movimiento y
energía, especialmente en las escenas ecuestres.
Observación directa
El artista estudiaba con atención
los gestos, posturas y movimientos de caballos y jinetes.
Fidelidad cultural
Sus pinturas reflejan con precisión
la cultura gauchesca.
Uso magistral de la acuarela
Fue considerado uno de los
mejores acuarelistas uruguayos de su época.
Legado cultural
La obra de Enrique Castells
Capurro constituye una parte importante del patrimonio artístico uruguayo.
Su legado se manifiesta en:
museos
colecciones privadas
libros ilustrados
murales
esculturas
Además, su iconografía del gaucho
contribuyó a consolidar una imagen visual de la identidad rural uruguaya.

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