Blog de Arinda

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sábado, 10 de octubre de 2026

10 DE OCTUBRE DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL

 



Cada 10 de octubre conmemoramos el Día Mundial de la Salud Mental, un recordatorio de que no existe salud sin bienestar emocional.

Los hechos que impulsaron la creación y declaración del 10 de octubre como Día Mundial de la Salud Mental se centran en la necesidad de visibilizar la importancia de la salud mental como un derecho fundamental y un aspecto inseparable del bienestar integral de las personas.

 ANTECEDENTES

 

El Día Mundial de la Salud Mental se celebra cada 10 de octubre desde 1992. Fue establecido por la Federación Mundial para la Salud Mental (World Federation for Mental Health, WFMH), una organización internacional dedicada a promover la salud mental, prevenir los problemas de salud mental y mejorar la atención y el respeto de los derechos de las personas.

Su creación no fue el resultado de una única decisión aislada. Fue la culminación de un proceso histórico en el que fueron cambiando la manera de comprender la salud mental, la atención a las personas y la necesidad de sensibilizar a la población mundial.

Para comprender cómo se llegó a elegir el 10 de octubre, conviene recorrer los principales acontecimientos en orden cronológico.

 

1. Antes de 1940: la necesidad de cambiar la manera de comprender la salud mental

Durante siglos, las dificultades de salud mental estuvieron rodeadas de desconocimiento, prejuicios y explicaciones que no se correspondían con los conocimientos científicos actuales.

Muchas personas eran excluidas de la vida comunitaria y recibían una atención que no siempre respetaba su dignidad. La enfermedad mental se consideraba, con frecuencia, un asunto que debía ocultarse o resolverse lejos de la sociedad.

Con el desarrollo de la medicina, la psicología y otras disciplinas, comenzó a crecer la comprensión de que los problemas de salud mental requieren atención, investigación, prevención y apoyo social.

Sin embargo, los avances médicos no bastaban por sí solos. También era necesario modificar las actitudes de la población, mejorar los servicios y reconocer los derechos de las personas.

Este contexto contribuyó a impulsar iniciativas de cooperación internacional.

 

2. 1948: se funda la Federación Mundial para la Salud Mental



En agosto de 1948, representantes de distintos países participaron en una reunión internacional celebrada en Londres, en la que se acordó fundar la Federación Mundial para la Salud Mental.

La organización surgió con la intención de promover una comprensión amplia de la salud mental y fomentar la colaboración entre profesionales, asociaciones y entidades de distintos lugares del mundo.

La Federación defendió que la salud mental debía abordarse no solo desde la medicina, sino también desde sus dimensiones educativas, biológicas, psicológicas y sociales.

Su creación fue un antecedente fundamental porque proporcionó una organización internacional capaz de impulsar campañas educativas, promover la cooperación y defender que la salud mental debía recibir atención en todos los países.

La idea que iría adquiriendo cada vez más importancia era que la salud mental constituye una parte esencial de la salud y del bienestar de las personas y de las comunidades.

 

3. 1948: la Organización Mundial de la Salud reconoce una visión integral de la salud

También en 1948 se creó la Organización Mundial de la Salud (OMS), organismo especializado de las Naciones Unidas.

La Constitución de la OMS, que entró en vigor ese año, estableció una concepción amplia de la salud, que comprende el bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades.

Esta definición contribuyó a fortalecer una idea fundamental: no puede hablarse de salud plena si se ignora la salud mental.

A partir de esta perspectiva, la prevención, la atención y la promoción del bienestar mental debían formar parte de las responsabilidades de los sistemas sanitarios.

La existencia de la OMS y de la Federación Mundial para la Salud Mental proporcionó un marco internacional para impulsar la cooperación y la sensibilización sobre estos asuntos.

 

4. Décadas de 1950 a 1980: crece la necesidad de informar y combatir los prejuicios

Durante las décadas posteriores, los avances científicos y los debates sociales contribuyeron a modificar progresivamente la comprensión de los problemas de salud mental.

Se hizo más evidente la necesidad de:

  • Mejorar la prevención y los tratamientos.
  • Promover la formación de profesionales.
  • Informar a la población sobre la salud mental.
  • Combatir la discriminación y el aislamiento.
  • Mejorar las condiciones de atención.
  • Reconocer la importancia del entorno familiar, educativo y social.

La Federación Mundial para la Salud Mental continuó desarrollando actividades de educación y defensa de la salud mental en distintos países. Sin embargo, seguía siendo necesario disponer de una iniciativa internacional que concentrara periódicamente la atención pública en estos asuntos.

La creación de una jornada mundial permitiría reunir esfuerzos que, de otro modo, podían quedar dispersos entre organizaciones, profesionales y asociaciones nacionales.

Es importante aclarar que no hubo un único acontecimiento durante estas décadas que determinara por sí solo la fecha del 10 de octubre. Se trató de un proceso de evolución de las ideas y de fortalecimiento de la cooperación internacional.

 

5. Alrededor de 1992: surge la iniciativa de establecer una jornada mundial


A comienzos de la década de 1990, Richard «Dick» Hunter, entonces secretario general adjunto de la Federación Mundial para la Salud Mental, impulsó la creación de una jornada anual dedicada a promover la salud mental en todo el mundo.

La iniciativa contó también con el respaldo del entonces presidente de la Federación, Max Abbott, de Nueva Zelanda.

La propuesta respondía a una necesidad: conseguir que la salud mental recibiera mayor atención pública y que las personas, las organizaciones y los gobiernos dispusieran de una ocasión común para reflexionar sobre los problemas existentes y las medidas necesarias.

La intención era superar las fronteras nacionales, culturales, políticas y económicas, y transmitir un mensaje compartido: la salud mental es un asunto que concierne a toda la humanidad.

La jornada también aspiraba a contribuir a que la salud mental recibiera una atención comparable a la salud física en las prioridades y los servicios sanitarios.

 

6. 10 de octubre de 1992: se celebra por primera vez el Día Mundial de la Salud Mental


Este es el acontecimiento decisivo de la historia.

El 10 de octubre de 1992 se celebró por primera vez el Día Mundial de la Salud Mental, como una iniciativa anual de la Federación Mundial para la Salud Mental.

La primera edición no tuvo un lema temático específico como los que se utilizan actualmente. Su propósito general era promover la sensibilización, la educación pública y la defensa de la salud mental.

Una de las principales actividades fue una transmisión televisiva internacional de aproximadamente dos horas, difundida por satélite mediante el sistema de la Agencia de Información de Estados Unidos.

El programa se emitió desde estudios de Tallahassee, Florida, y contó con la participación de integrantes de la Federación. Hubo intervenciones telefónicas en directo desde Australia, Chile, Inglaterra y Zambia, además de segmentos grabados en Ginebra, Atlanta y Ciudad de México.

La experiencia demostró que era posible conectar a personas y organizaciones de distintos lugares del mundo alrededor de una preocupación compartida.

La elección del 10 de octubre quedó establecida como fecha anual de la conmemoración. Las fuentes históricas consultadas documentan la elección y la primera celebración, pero no atribuyen esa fecha a una efeméride histórica concreta.

 

7. 1993: se consolida la iniciativa internacional

Durante los primeros años, la Federación mantuvo el Día Mundial de la Salud Mental como una actividad anual de alcance internacional.

Las transmisiones y actividades permitían difundir información, conectar organizaciones y favorecer la participación de personas interesadas en mejorar la atención y el reconocimiento de la salud mental.

La jornada todavía no funcionaba mediante un lema diferente cada año. Su objetivo principal era general: educar, sensibilizar y conseguir que la salud mental recibiera mayor atención.

La continuidad fue importante porque permitió comprobar que la conmemoración podía convertirse en un punto de encuentro para asociaciones y profesionales de distintos países.

 

8. 1994: se introduce por primera vez un tema específico

En 1994 se produjo un cambio importante en la organización de la jornada: se incorporó por primera vez un tema específico para orientar las actividades de la conmemoración.

El tema de aquel año fue «Mejorar la calidad de los servicios de salud mental en todo el mundo» (Improving the Quality of Mental Health Services throughout the World).

La incorporación de un tema anual permitió profundizar en aspectos concretos y orientar las campañas, los materiales educativos y las actividades de cada edición.

En lugar de limitarse a hablar de la salud mental en términos generales, las organizaciones podían concentrarse en problemas determinados y promover acciones relacionadas con ellos.

Este sistema de temas anuales se convirtió en una característica duradera de la celebración.

 

9. Desde mediados de la década de 1990: la jornada se extiende y diversifica sus actividades

Con el paso del tiempo, el Día Mundial de la Salud Mental fue adquiriendo mayor presencia internacional.

Las organizaciones comenzaron a utilizar la fecha para desarrollar conferencias, encuentros comunitarios, actividades educativas, campañas informativas y debates sobre la atención y la prevención.

Los temas anuales permitieron abordar distintas dimensiones de la salud mental, como la calidad de los servicios, la prevención, los derechos de las personas, el acceso a la atención y la lucha contra el estigma.

La jornada también ofreció oportunidades para que las asociaciones nacionales adaptaran los mensajes internacionales a las necesidades de sus comunidades.

Así, una iniciativa surgida en el seno de una organización internacional fue convirtiéndose en una plataforma de sensibilización y movilización en numerosos países.

 

10. Desde 2013: la OMS impulsa campañas mundiales de la jornada

La Organización Mundial de la Salud ha desempeñado un papel destacado en las campañas internacionales del Día Mundial de la Salud Mental. Las Naciones Unidas señalan que, desde 2013, la OMS organiza una campaña mundial vinculada a esta conmemoración.

 

Estas campañas contribuyen a difundir información, promover la participación de distintos sectores y llamar la atención sobre las necesidades de salud mental en todo el mundo.

Es importante distinguir las funciones de las organizaciones: la Federación Mundial para la Salud Mental estableció la jornada en 1992; la OMS ha contribuido a ampliar su alcance y a impulsar campañas internacionales. No fue una fecha creada originalmente mediante una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

 

11. De 2013 a 2026: una jornada que aborda nuevos desafíos

En los últimos años, la conmemoración ha tratado asuntos relacionados con el acceso a la atención, la prevención, los entornos de trabajo, las emergencias humanitarias y los derechos humanos.

Algunos ejemplos permiten observar cómo ha evolucionado el enfoque:

Año

Tema de la campaña

2019

Prevención del suicidio.

2020

Mayor inversión y mayor acceso a la atención de salud mental para todos.

2021

Atención de salud mental para todos: hagámosla realidad.

2022

Hacer de la salud mental y el bienestar para todos una prioridad mundial.

2023

La salud mental es un derecho humano universal.

2024

La salud mental en el trabajo.

2025

Salud mental en emergencias humanitarias.

2026

«Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real».

Esta evolución muestra que la jornada no se limita a recordar la existencia de los problemas de salud mental. También busca promover respuestas, identificar necesidades desatendidas y favorecer la participación de las personas, las comunidades y las instituciones.

 

Conclusión: ¿qué hechos llevaron a establecer el 10 de octubre?

La secuencia histórica puede resumirse en seis grandes pasos:

1.  1948: cooperación internacional. Se funda la Federación Mundial para la Salud Mental y se fortalece la idea de abordar la salud mental como una parte esencial del bienestar humano.

2.  Décadas posteriores: sensibilización. Crece la necesidad de mejorar la información pública, combatir los prejuicios y ampliar la atención.

3.  1992: iniciativa de Richard Hunter y la Federación. Se propone una jornada anual que reúna los esfuerzos internacionales.

4.  10 de octubre de 1992: primera celebración. La jornada se realiza por primera vez mediante actividades de alcance internacional.

5.  1994: comienzo de los lemas temáticos. Se incorpora un tema específico que orienta las actividades de cada año.

6.  Desde 2013: impulso de las campañas mundiales de la OMS. La conmemoración gana proyección como plataforma de educación, sensibilización y acción.

Por tanto, el 10 de octubre no fue declarado Día Mundial de la Salud Mental por una resolución de la ONU. Fue establecido en 1992 por la Federación Mundial para la Salud Mental y se consolidó progresivamente como una conmemoración internacional, con una participación destacada de la OMS y de organizaciones de numerosos países.

Su propósito sigue vigente: recordar que la salud mental forma parte de la salud integral, que merece atención durante todo el año y que su promoción requiere educación, prevención, servicios adecuados, respeto por los derechos humanos y compromiso colectivo.

LEMA 2026

 Lema: «Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real»

El Día Mundial de la Salud Mental se conmemora cada 10 de octubre. En 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propone como lema «Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real», cuya versión original en inglés es “Lived Experiences Heard: Real Voices, Real Change”.

 

La consigna transmite un mensaje fundamental: para mejorar la salud mental no basta con estudiar los problemas, elaborar diagnósticos o diseñar tratamientos; también es indispensable escuchar a quienes han vivido esas experiencias e incorporar sus conocimientos a las decisiones que afectan sus vidas.

El lema invita a pasar de una escucha meramente simbólica a una participación auténtica, capaz de transformar las políticas públicas, los servicios de atención, las relaciones sociales y las actitudes de la comunidad.

No se trata únicamente de dar la palabra a las personas, sino de reconocer que tienen derecho a ser escuchadas, que sus experiencias aportan conocimientos valiosos y que deben poder intervenir en la construcción de las soluciones.

A continuación, se desarrolla el significado de cada una de las partes del lema y sus principales implicaciones para la sociedad.

1. «Escuchemos»: escuchar es mucho más que oír

La primera palabra del lema es una invitación colectiva: «Escuchemos». No dice simplemente «hablemos de salud mental», «informemos sobre los trastornos mentales» o «ayudemos a quienes los padecen». Propone una actitud diferente: escuchar activamente a las personas que conocen esas experiencias de primera mano.

Escuchar significa prestar atención a lo que alguien expresa, intentar comprender su perspectiva y reconocer que su relato merece consideración, incluso cuando no coincide con nuestras ideas, expectativas o conocimientos previos.

En materia de salud mental, esta actitud es especialmente importante porque el sufrimiento emocional no siempre resulta visible. Una persona puede continuar estudiando, trabajando, cuidando de su familia o participando en actividades sociales mientras atraviesa dificultades que los demás desconocen.

Por eso, no es suficiente observar su comportamiento desde fuera. Es necesario ofrecer espacios seguros y respetuosos donde pueda expresar cómo se siente, qué necesita, qué dificultades encuentra y qué clase de apoyo considera útil.

¿Qué implica escuchar de verdad?

  • Prestar atención sin juzgar. Evitar las críticas, las burlas y las conclusiones apresuradas.
  • No minimizar el sufrimiento. Frases como «no es para tanto», «todo está en tu cabeza» o «deberías poner de tu parte» pueden hacer que alguien sienta que su experiencia carece de importancia.
  • No imponer interpretaciones. Cada persona vive sus dificultades de una manera particular; no debemos suponer que sabemos exactamente lo que siente.
  • Respetar los tiempos y los límites. Nadie está obligado a contar experiencias personales ni a compartir detalles que prefiere mantener en privado.
  • Tomar en serio las necesidades expresadas. Escuchar pierde su sentido si después se ignoran sistemáticamente las preocupaciones de quien habló.

La escucha también exige reconocer que no todas las personas necesitan lo mismo. Algunas pueden buscar acompañamiento emocional; otras necesitan atención profesional, apoyo educativo, mejores condiciones laborales, ayuda económica o un entorno familiar más comprensivo.

El primer cambio comienza cuando dejamos de hablar exclusivamente sobre las personas y empezamos a escucharlas.

2. «A las personas con experiencia vivida»: reconocer un conocimiento que nace de la propia experiencia

Esta expresión es el núcleo del lema de 2026 y merece especial atención.

La OMS utiliza el concepto de experiencia vivida para referirse a los conocimientos y aprendizajes que una persona adquiere al haber atravesado personalmente una situación relacionada con su salud mental, al haber buscado ayuda, recibido atención o encontrado dificultades para acceder a ella.

No se trata solamente de haber leído sobre un trastorno, estudiado sus características o aprendido a reconocer sus síntomas. Se trata de conocer, desde la propia experiencia, cómo repercute una dificultad de salud mental en la vida cotidiana.

Por ejemplo, una persona puede explicar qué siente al intentar continuar sus estudios durante una etapa emocional difícil, qué obstáculos encuentra cuando busca ayuda, qué actitudes de los demás le resultan reconfortantes o qué barreras le impiden recibir la atención que necesita.

Otra puede contar qué le ha facilitado recuperar sus actividades habituales, mantener sus relaciones personales o sentirse comprendida en su entorno.

Estos conocimientos pueden aportar información que no siempre aparece en los manuales, las estadísticas o los protocolos profesionales.

¿Por qué es tan importante este conocimiento?

Porque la experiencia personal permite identificar necesidades concretas que otras personas podrían pasar por alto.

Un profesional puede conocer los procedimientos de atención, pero la persona que los utiliza puede advertir que los horarios son incompatibles con sus estudios o su trabajo, que las explicaciones recibidas no son suficientemente claras o que teme ser juzgada al pedir ayuda.

Del mismo modo, quienes han atravesado dificultades de salud mental pueden contribuir a diseñar materiales informativos más comprensibles, espacios de atención más acogedores y formas de acompañamiento que respondan mejor a las necesidades reales.

Esto no significa que la experiencia individual sustituya a la formación profesional, la investigación científica o la evidencia médica. Significa que los conocimientos profesionales y los conocimientos derivados de la experiencia personal se complementan.

Cada uno aporta una perspectiva diferente y necesaria.

¿Quiénes pueden aportar su experiencia vivida?

Entre otras personas:

  • Quienes han atravesado dificultades de salud mental y desean compartir lo aprendido.
  • Quienes han recibido atención psicológica, psiquiátrica o de otros servicios de apoyo.
  • Quienes han encontrado obstáculos para acceder a la atención.
  • Quienes están en proceso de recuperación o han aprendido a convivir con dificultades persistentes.
  • Quienes han participado en grupos de apoyo entre personas con experiencias similares.
  • Quienes han vivido situaciones de discriminación, incomprensión o exclusión relacionadas con su salud mental.

No existe una única experiencia que represente a todas las demás. Las vivencias dependen de la edad, el entorno familiar, las condiciones económicas, la cultura, las relaciones sociales, el acceso a servicios y muchas otras circunstancias.

Por eso, escuchar una sola historia no es suficiente para comprender la diversidad de necesidades existentes.

También debe respetarse la decisión de quienes no desean compartir públicamente su historia. Participar es un derecho, no una obligación de revelar la propia intimidad.


3. «Voces reales»: sustituir los prejuicios por testimonios, conocimientos y participación

La expresión «voces reales» subraya la importancia de que las personas puedan hablar desde su propia perspectiva, sin que otros interpreten, distorsionen o sustituyan sistemáticamente lo que tienen para decir.

Durante mucho tiempo, las conversaciones sobre salud mental han estado dominadas por las opiniones de especialistas, instituciones, autoridades, medios de comunicación y familiares. Todas estas perspectivas pueden ser valiosas, pero no deben desplazar la voz de quienes experimentan directamente las dificultades.

El lema no propone dejar de escuchar a los profesionales. Propone ampliar el diálogo para que las personas que reciben atención sean reconocidas como participantes activas y no únicamente como destinatarias de decisiones tomadas por otros.

 

¿Qué significa dar espacio a las voces reales?

a) Escuchar sin prejuicios

Los trastornos mentales y las dificultades emocionales continúan rodeados de estereotipos. A veces se considera que una persona que atraviesa una dificultad emocional es débil, incapaz de tomar decisiones o responsable de lo que le sucede.

Estos prejuicios pueden provocar aislamiento, vergüenza y temor a pedir ayuda.

Dar espacio a las voces reales significa permitir que las personas expliquen sus experiencias sin ser reducidas a un diagnóstico, una etiqueta o una imagen simplificada.

b) Reconocer que cada persona tiene una historia propia

Dos personas con un mismo diagnóstico pueden experimentar situaciones muy diferentes. Una puede contar con apoyo familiar y acceso a servicios, mientras que otra puede enfrentarse a dificultades económicas, soledad o discriminación.

Escuchar sus voces ayuda a comprender esas diferencias y evita generalizaciones que no reflejan la realidad.

c) Incorporar a las personas en las conversaciones públicas

Las personas con experiencia vivida deben poder participar en actividades educativas, investigaciones, encuentros comunitarios, campañas de sensibilización y debates sobre políticas de salud mental, siempre que así lo deseen y cuenten con condiciones adecuadas para hacerlo.

d) Respetar su autonomía y dignidad

Una persona no debe ser considerada únicamente desde sus dificultades. Tiene capacidades, conocimientos, preferencias, proyectos, relaciones y derechos.

Escucharla supone reconocerla como una persona completa, capaz de expresar opiniones y participar en las decisiones que afectan su vida.

e) Evitar que los testimonios se conviertan en un simple recurso publicitario

Invitar a alguien a contar una experiencia durante una campaña puede ser un primer paso, pero no garantiza una participación real. Si después su opinión no se tiene en cuenta, la escucha resulta incompleta.

La campaña de 2026 reclama precisamente superar esa participación simbólica y crear oportunidades para que las experiencias compartidas tengan consecuencias concretas.

En definitiva, las voces reales no deben escucharse únicamente para conmover al público. Deben contribuir a comprender los problemas, cuestionar las prácticas inadecuadas y construir respuestas mejores.

 

4. «Cambio real»: convertir la escucha en decisiones y acciones concretas

Esta segunda parte del lema establece una relación directa entre escuchar y transformar.

El cambio real no se produce solamente porque una persona haya podido contar su historia o porque una institución haya organizado una actividad de sensibilización. Se produce cuando esa escucha contribuye a modificar situaciones, eliminar obstáculos, mejorar servicios o garantizar derechos.

La OMS destaca que la participación significativa de las personas con experiencia vivida puede ayudar a construir sistemas de salud mental más centrados en las personas, respetuosos de sus derechos y capaces de responder a sus necesidades. 


¿En qué ámbitos debe producirse ese cambio?


1. En las políticas públicas

Las personas con experiencia vivida deben participar en la elaboración y revisión de las leyes, los planes nacionales y las estrategias de salud mental. Sus aportes pueden ayudar a identificar necesidades desatendidas, barreras de acceso y problemas que las estadísticas por sí solas no explican.



2. En los servicios de atención

Los usuarios deben poder contribuir al diseño, la organización y la evaluación de los servicios. Esto incluye considerar sus opiniones sobre el trato recibido, la claridad de la información, la accesibilidad, la continuidad de la atención y el respeto de sus decisiones.


3. En el apoyo entre pares

Las personas que han atravesado experiencias similares pueden colaborar en grupos de apoyo y acompañamiento entre pares. Compartir estrategias, aprendizajes y recursos puede favorecer la comprensión mutua, sin sustituir la atención profesional cuando esta resulta necesaria.


4. En los centros educativos

Las opiniones de estudiantes, familias y personas con experiencia vivida pueden orientar acciones de prevención del acoso, educación emocional, detección temprana de dificultades y creación de entornos escolares seguros, respetuosos e inclusivos.



5. En los lugares de trabajo

Escuchar a los trabajadores permite identificar situaciones que afectan al bienestar, como la sobrecarga, la falta de apoyo, el hostigamiento o la dificultad para conciliar las responsabilidades. Esa información puede orientar medidas de prevención y entornos laborales más saludables.


6. En la comunidad y en la vida cotidiana

Familias, asociaciones, medios de comunicación y organizaciones sociales pueden contribuir a combatir la estigmatización, facilitar la participación y promover relaciones basadas en el respeto, la empatía y la solidaridad.

El cambio también exige comprobar si las medidas adoptadas funcionan. Una institución que escucha sugerencias debe explicar qué decisiones tomó, qué mejoras realizó y qué dificultades todavía necesita resolver.

Escuchar, actuar y evaluar son partes de un mismo proceso.

5. La idea central: «Nada sobre nosotros sin nosotros»

Uno de los principios que mejor resume el mensaje de la campaña es la idea de que las decisiones sobre la salud mental deben construirse con las personas afectadas, no solamente para ellas.

La diferencia entre ambas formas de actuar es importante.

Cuando las decisiones se toman exclusivamente desde las instituciones, existe el riesgo de que los servicios respondan a lo que sus responsables consideran conveniente, pero no necesariamente a lo que las personas necesitan o valoran.

En cambio, cuando las personas con experiencia vivida participan desde el comienzo, pueden aportar sus perspectivas en todas las etapas: identificar los problemas, proponer soluciones, colaborar en su aplicación y evaluar los resultados.

Por ejemplo, si una institución quiere crear un programa de acompañamiento para personas con dificultades de salud mental, podría limitarse a contratar profesionales y establecer horarios. Pero también podría consultar a quienes utilizarán el servicio para conocer sus necesidades, las barreras que enfrentan y las características que consideran más útiles.

Esta segunda alternativa permite diseñar una respuesta más próxima a la realidad.

La participación no debería limitarse a una consulta ocasional. Debe ofrecer oportunidades reales para influir en las decisiones, en condiciones de respeto, accesibilidad y colaboración.

Esto implica reconocer a las personas con experiencia vivida como colaboradoras en igualdad de condiciones, sin suponer que todas piensan igual ni que una sola persona puede representar a todo un colectivo. 

6. La salud mental como una cuestión de derechos humanos

El lema de 2026 también tiene una dimensión ética: reconocer la voz de las personas significa reconocer su dignidad, autonomía y derecho a participar en las decisiones que les conciernen.

Las personas que atraviesan dificultades de salud mental conservan sus derechos. Deben ser tratadas con respeto, recibir información comprensible, expresar sus preferencias y participar en las decisiones sobre su atención, de acuerdo con las circunstancias y las garantías que correspondan.

La experiencia vivida permite identificar situaciones en las que esos derechos pueden verse comprometidos, por ejemplo, cuando una persona no recibe información suficiente, sus opiniones son ignoradas o se enfrenta a prácticas discriminatorias.

Por ello, escuchar también supone estar dispuestos a revisar las costumbres institucionales y corregir las prácticas que no respetan a las personas.

La importancia de una atención centrada en la persona y en la comunidad

La OMS destaca en la campaña de 2026 la necesidad de avanzar desde modelos basados en internaciones prolongadas hacia servicios comunitarios de calidad, centrados en la persona y respetuosos de sus derechos.

Esto no significa que nunca deba existir atención hospitalaria. Significa que la atención debe responder a las necesidades de cada persona y que, siempre que sea apropiado, deben existir alternativas que permitan recibir apoyo sin perder innecesariamente los vínculos familiares, educativos, laborales y comunitarios.

Para que este cambio sea posible, no basta con cerrar instituciones. Es necesario desarrollar servicios de salud mental accesibles, acompañamiento profesional, vivienda y apoyos sociales, además de recursos que permitan a las personas participar en la vida comunitaria.

Las opiniones de quienes han vivido en instituciones o han recibido atención en ellas son especialmente importantes para identificar qué debe mejorarse y qué apoyos hacen falta.

 

7. ¿Por qué es necesario insistir en este lema? Algunos datos reveladores

La campaña responde a un problema concreto: la participación significativa de las personas con experiencia vivida todavía no está suficientemente extendida.

Según los resultados de la encuesta del Atlas de Salud Mental 2024 de la OMS, entre los países que respondieron:

37 %

Formación de profesionales

Informaron que habían incluido a personas con experiencia vivida en la capacitación sobre salud mental de trabajadores de atención primaria.

45 %

Planificación y prestación de servicios

Informaron que colaboraban con personas con experiencia vivida y grupos de defensa de familias o cuidadores en la planificación, prestación o seguimiento de servicios.

59 %

Legislación sobre salud mental

Señalaron que la legislación se había elaborado consultando a personas con experiencia vivida.

80 %

Políticas y planes de salud mental

Entre los países que contaban con una política o un plan de salud mental, informaron que lo habían desarrollado mediante consultas con personas con experiencia vivida.

Fuente: OMS, campaña del Día Mundial de la Salud Mental 2026, basada en el Atlas de Salud Mental 2024. Los porcentajes corresponden a países encuestados que respondieron, no a la proporción de personas de todo el mundo.

 

Estos datos muestran avances, pero también señalan que la participación todavía no constituye una práctica universal.

Además, consultar no equivale necesariamente a compartir el poder de decisión. El verdadero desafío es conseguir que las opiniones recibidas influyan efectivamente en las políticas, los presupuestos, los servicios y la evaluación de sus resultados.

La campaña invita, por tanto, a pasar de la consulta ocasional a una colaboración sostenida.

 

8. ¿Qué responsabilidad tenemos como sociedad?

El lema no se dirige exclusivamente a gobiernos, profesionales de la salud o instituciones especializadas. También interpela a las familias, las escuelas, los lugares de trabajo, los medios de comunicación y cada integrante de la comunidad.

Todos podemos contribuir a construir entornos en los que las personas se sientan respetadas y encuentren menos obstáculos para expresar sus necesidades.

Ámbito

Acciones que pueden contribuir al cambio

Familias

Escuchar sin juzgar, respetar los sentimientos y acompañar en la búsqueda de ayuda cuando sea necesaria.

Escuelas

Promover la convivencia, prevenir el acoso, enseñar a reconocer las emociones y ofrecer espacios seguros para conversar.

Lugares de trabajo

Prevenir la discriminación, atender las preocupaciones de los trabajadores y favorecer condiciones laborales saludables.

Servicios de salud

Escuchar las preferencias de los usuarios, facilitar información comprensible e incorporar sus aportes a la mejora de la atención.

Medios de comunicación

Evitar estereotipos, informar responsablemente y dar espacio a perspectivas diversas.

Gobiernos e instituciones

Garantizar la participación efectiva, desarrollar servicios accesibles y evaluar si las medidas responden a las necesidades reales.

Comunidad

Fomentar la empatía, combatir los prejuicios y facilitar la inclusión social.

Una sociedad que escucha no es aquella en la que todas las personas están siempre de acuerdo. Es aquella en la que las diferencias pueden expresarse sin humillación y donde las opiniones se consideran seriamente.

También es aquella que entiende que pedir ayuda no debería ser motivo de vergüenza y que el bienestar mental depende tanto de la atención profesional como de las condiciones sociales en las que vivimos.

 

9. ¿Cómo llevar el lema a la práctica durante el Día Mundial de la Salud Mental?

La conmemoración del 10 de octubre puede convertirse en una oportunidad para pasar de las declaraciones a las acciones.

Algunas propuestas son:

  • Organizar encuentros de diálogo donde las personas puedan expresar qué necesitan para cuidar su salud mental, sin obligación de compartir experiencias íntimas.
  • Invitar a personas con experiencia vivida que deseen participar en actividades educativas, respetando su autonomía y privacidad.
  • Realizar campañas escolares contra los prejuicios y la discriminación relacionados con la salud mental.
  • Crear espacios de consulta para que estudiantes, trabajadores y usuarios de servicios propongan mejoras.
  • Promover formación para aprender a escuchar, acompañar y responder respetuosamente ante las dificultades emocionales.
  • Difundir información fiable sobre los recursos de atención disponibles en cada comunidad.
  • Establecer mecanismos para recoger sugerencias y explicar qué medidas se adoptaron a partir de ellas.
  • Evaluar periódicamente si los servicios son accesibles, respetuosos y adecuados para las personas que los utilizan.

La participación debe ser voluntaria, inclusiva y respetuosa. Nadie debería sentirse obligado a revelar experiencias personales para demostrar que su opinión tiene valor.

El objetivo no es únicamente escuchar relatos, sino crear condiciones para que las personas puedan ejercer sus derechos e influir en las decisiones que afectan su bienestar.

10. Significado profundo del lema: de la escucha al cambio

El lema de 2026 reúne tres ideas que forman una secuencia inseparable.

Escuchar

Reconocer que las personas tienen experiencias, necesidades y opiniones que merecen atención.

Incorporar sus voces

Reconocer la experiencia vivida como una fuente de conocimiento y permitir que las personas participen en las decisiones.

Transformar la realidad

Convertir las aportaciones en mejoras concretas, servicios más adecuados, mayor respeto de los derechos y una sociedad menos discriminatoria.

La primera etapa sin las siguientes resulta insuficiente. Escuchar sin actuar puede generar frustración y desconfianza. Incorporar opiniones sin permitir que influyan en las decisiones puede convertir la participación en un gesto simbólico. El cambio real requiere voluntad, recursos, continuidad y evaluación.

Por eso, el lema propone una transformación cultural e institucional: dejar de considerar a las personas con dificultades de salud mental como receptoras pasivas de atención y reconocerlas como protagonistas de su propio proceso y colaboradoras en la mejora de los sistemas de apoyo.

Conclusión

«Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real» es mucho más que una consigna para una jornada internacional. Es una invitación a revisar cómo nos relacionamos con quienes atraviesan dificultades de salud mental y cómo se toman las decisiones que afectan su vida.

Nos recuerda que el conocimiento no se encuentra únicamente en los libros, las investigaciones o los consultorios. También se construye a partir de las experiencias de quienes han vivido situaciones difíciles, han buscado ayuda, han encontrado obstáculos y han aprendido qué apoyos pueden resultarles útiles.

Reconocer ese conocimiento exige escuchar con respeto, combatir los prejuicios, proteger la intimidad y garantizar oportunidades auténticas de participación.

El cambio esperado debe reflejarse en políticas públicas más inclusivas, servicios de atención más humanos, centros educativos y lugares de trabajo más comprensivos y comunidades capaces de acompañar sin discriminar.

En definitiva, una sociedad que escucha a las personas con experiencia vivida no solo comprende mejor sus necesidades: también aprende a construir soluciones más justas, eficaces y respetuosas de la dignidad humana.

El mensaje final de la campaña de 2026 es claro: no basta con hablar de las personas, hablar por ellas o invitarlas ocasionalmente a contar sus historias. Debemos escucharlas, trabajar junto a ellas y permitir que sus voces contribuyan a transformar la realidad.

Porque las voces reales merecen ser escuchadas y porque solo cuando esa escucha se convierte en acciones concretas podemos hablar de un cambio real.


necesidades psicológicas de las personas y comunidades afectadas por desastres naturales, conflictos armados, crisis sanitarias o sociales

 

Atender las necesidades psicológicas de las personas y comunidades afectadas por desastres naturales, conflictos armados, crisis sanitarias o sociales es una urgencia humanitaria, sustentada en múltiples hechos y evidencias.

 

1. Impacto emocional inmediato y prolongado

 

Reacciones de shock, miedo, ansiedad y desesperación aparecen en las primeras horas o días tras un desastre.

 

Sin apoyo adecuado, estos síntomas pueden evolucionar hacia trastornos de estrés postraumático (TEPT), depresión, trastornos de ansiedad o consumo problemático de sustancias.

 

Estudios de la OMS indican que una de cada cinco personas en situaciones de emergencia humanitaria padece un trastorno mental moderado o grave.

 

 2. Pérdida de seres queridos, hogar y medios de vida

 

Los desastres destruyen redes familiares, sociales y económicas.

 

Estas pérdidas generan duelo complicado, culpa sobreviviente y sensación de desarraigo, afectando la capacidad de recuperación individual y colectiva.

 

Sin intervención psicológica o comunitaria, el riesgo de crisis emocionales severas y suicidio aumenta significativamente.

 

 3. Desorganización social y ruptura del tejido comunitario

 

Las crisis interrumpen la cohesión social y el sentido de pertenencia.

 

La falta de comunicación y confianza puede derivar en conflictos internos, violencia intrafamiliar o discriminación hacia grupos vulnerables.

 

La intervención psicosocial temprana ayuda a restaurar la solidaridad, la cooperación y el funcionamiento comunitario.

 

 4. Relación directa entre salud mental y salud física

 

El estrés crónico debilita el sistema inmunológico y aumenta la vulnerabilidad a enfermedades.

 

En crisis sanitarias (como pandemias), el miedo y la incertidumbre agravan los problemas de salud pública.

 

Cuidar la salud mental favorece una recuperación física más rápida y mejora la adhesión a tratamientos médicos.

 

 5. Vulnerabilidad de grupos específicos

 

Niños y adolescentes pueden sufrir regresiones, ansiedad por separación y alteraciones del desarrollo.

 

Mujeres, personas mayores y personas con discapacidad son más propensas a sufrir estrés psicológico y violencia en contextos de crisis.

 

Las intervenciones psicosociales adaptadas previenen traumas a largo plazo y fortalecen la resiliencia.

 

 6. Consecuencias socioeconómicas y culturales

 

La salud mental deteriorada reduce la productividad, la capacidad de aprendizaje y la participación cívica.

 

Los efectos psicológicos no atendidos pueden perpetuar la pobreza y la exclusión social.

 

El apoyo psicosocial favorece la reconstrucción cultural y económica sostenible.

 

 7. Evidencia empírica y marcos internacionales

 

Organismos como la OMS, ONU, Cruz Roja y OPS reconocen la atención psicosocial como parte esencial de la respuesta humanitaria.

Los Programas de Apoyo Psicosocial y Salud Mental en Emergencias (MHPSS) recomiendan incluir equipos de salud mental desde las primeras fases del desastre.

Los hechos demuestran que la atención psicológica y psicosocial temprana no es un lujo, sino una necesidad vital.

Su ausencia puede prolongar el sufrimiento, obstaculizar la recuperación y dejar secuelas colectivas duraderas.

 En cambio, su implementación adecuada fortalece la resiliencia individual y comunitaria, promueve la reconstrucción emocional y contribuye al bienestar integral de las poblaciones afectadas.


LA SALUD MENTAL EN EL URUGUAY

 

Medidas que Uruguay ha adoptado para responder a la urgencia de abordar las necesidades psicológicas de personas y comunidades afectadas por desastres, crisis sanitarias o sociales —y también los desafíos que persisten.

 

Actitudes emergentes

 

Reconocimiento institucional creciente

 

La salud mental ha ido ocupando un lugar más visible en la agenda pública uruguaya. Se ha pasado de verla casi exclusivamente como un asunto clínico o psiquiátrico, hacia un enfoque más comunitario, de derechos, prevención, promoción y recuperación.

 

Hay una mayor conciencia de la magnitud de los malestares psicológicos en la población, especialmente tras la pandemia de COVID-19: se reconocen los efectos en ansiedad, depresión, soledad, etc.

 

Enfoque territorial e intersectorial

 

Uruguay apuesta por planes departamentales de salud mental. Esto implica descentralizar las acciones, adaptarlas a las realidades locales, con los Directores Departamentales de Salud actuando como responsables dentro de cada territorio.

 

Se incorporan perspectivas de género, curso de vida, equidad, inclusión social en los planes.

 

Prevención y vigilancia

 

Se fortalecen los sistemas de vigilancia epidemiológica relacionados a la salud mental, como la vigilancia digital de intentos de suicidio en tiempo real.

Organización Panamericana de la Salud

 

Se impulsa la Estrategia Nacional de Salud Mental 2025-2030, que tiene objetivos asociados con la reducción de suicidios, mejorar la información, acceso y calidad de servicios.

 

Desarrollo de guías y protocolos

 

Existe una Guía práctica de salud mental en situaciones de desastres por el Sistema Nacional de Emergencias (SINAE), que sirve para orientar al personal de respuesta en emergencias, atención primaria, equipos de ayuda humanitaria, etc.

 

También se realizan capacitaciones como seminarios para profesionales en salud mental, emergencias y desastres.

 

Uso de nuevas herramientas como telemedicina

 

En el departamento de Río Negro, por ejemplo, se ha lanzado un plan de trabajo conjunto entre OPS/OMS e Intendencia que incluye salud mental y telemedicina, para mejorar el acceso.

 

Medidas específicas relevantes

 

Planes departamentales de salud mental

Los departamentos están siendo llamados a elaborar sus propios planes alineados al Plan Nacional de Salud Mental, lo que permite adaptar las intervenciones a los recursos y necesidades locales. Río Negro es citado como ejemplo.

 

Registro nacional de intentos de suicidio

Obligatorio en los servicios de urgencias, con reporte en tiempo real. Esto permite detección temprana, mejora en la vigilancia y en la planificación de respuestas.

 

Estrategia Nacional de Salud Mental 2025-2030

Fue elaborada recientemente para abordar de manera integral diversos desafíos, alejándose del modelo biomédico hacia un enfoque comunitario, de derechos humanos, enfatizando la prevención, promoción, acceso, recuperación y apoyo psicosocial.

 

Guía del SINAE para desastres y emergencias

Esta guía práctica ofrece herramientas para evaluar daños psicosociales, planificar intervenciones de primera ayuda psicológica, apoyo emocional, ayuda mutua, etc.

 

Proyectos en telemedicina localizados

En Río Negro, la colaboración con OPS/OMS incluye telemedicina para acercar servicios de salud mental donde la distancia o la falta de especialistas lo hacen más difícil.


Limitaciones, desafíos y aspectos por mejorar

 

Presupuesto y capacidad de implementación: Hay críticas en cuanto a que, aunque las leyes y estrategias estén en marcha, los recursos no siempre acompañan, lo cual limita el cumplimiento de metas normativas.

 

Protocolos en ciertas instituciones: Por ejemplo, hay denuncias de ausencia de protocolos de actuación por parte del Ministerio del Interior en casos de descompensación de salud mental en la vía pública. Esto muestra vacíos en coordinación institucional.

 

Desigualdad territorial: Disparidades en el acceso a profesionales especializados en salud mental entre Montevideo y otros departamentos, lo que puede dejar comunidades más alejadas más vulnerables.

 

Retos en atención oportuna: Aunque se promueven estrategias de prevención y vigilancia, la atención psicológica directa para todos los que la necesitan no siempre está garantizada con prontitud.

 

¿Qué derechos tenemos?

 

De acuerdo lo establece el artículo 6 de la ley n.º 19529 todos tenemos derecho a:

 

Que se respete nuestra singularidad y diversidad de valores y étnica-racial, de orientación sexual, cultural, ideológica, religión, etc.

Recibir atención en centros de salud en nuestro barrio, zona, localidad o departamento y no ser distanciadas de nuestro vínculos familiares y redes afectivas.

Recibir un trato digno y humano.

Solicitar cambio de profesional o equipo tratante si lo considero necesario.

Ser partícipes de las decisiones sobre nuestro tratamiento y a solicitar la alternativa terapéutica que no restrinja nuestra libertad.

Contar con el apoyo de familiares, allegados o representantes legales para tomar decisiones sobre nuestra atención y tratamiento.

Dar consentimiento informado sobre tratamientos que se nos indican. Saber los motivos y consecuencias posibles del tratamiento que se me propone.

Que se respeten todos nuestros derechos si nos encontramos en situación de internación.

Que el abordaje de mi situación promueva la mayor autonomía posible. Que permita la reinserción familiar, laboral y comunitaria. En este sentido, el trabajo, por ejemplo, es un derecho y un recurso terapéutico.

Que se respete nuestro derecho a la comunicación, a la cultura y a la recreación.

Que se nos proteja de cualquier tipo de explotación, trato abusivo o degradante, estigmatización, o trato discriminatorio.

No sufrir explotación laboral, ni sometimiento a trabajo forzado.

Debemos recibir justa remuneración cuando participamos de programas laborales, trabajo comunitario o de rehabilitación.

Contar con asistencia legal cuando sea necesario para nuestra protección y de nuestros bienes.

 

¿Qué cambios promueve la Ley de Salud Mental?

 

Con esta ley, Uruguay apunta a avanzar hacia un modelo de salud mental en clave de derechos humanos.

 

Históricamente, la atención en Salud Mental se ha basado en el modelo manicomial y de encierro, que ha privilegiado la atención psiquiátrica y psicológica, centrándose en internaciones en instituciones psiquiátricas (públicas y privadas) en las que las personas se han encontrado en condiciones de vulneración de sus derechos, de las condiciones de tratamiento y de la calidad de la atención, así como edilicias, de higiene y de superpoblación.

 

El nuevo enfoque propone una atención integral, alcanzar la desmanicomización en nuestro país e integrar a la comunidad como un pilar fundamental en la contención y el apoyo a las personas que lo necesiten, promoviendo un sentido de responsabilidad colectiva para garantizar que todos y todas puedan acceder a un sistema de atención de salud mental humano y accesible.

Es decir; pone en el centro el bienestar de la persona desde una perspectiva holística, considerando no solo el aspecto médico, sino también el apoyo comunitario y la participación activa de la sociedad civil. La salud mental es un derecho humano que debe ser abordado con una mirada amplia e inclusiva, que abarque tanto el estado emocional y físico como las condiciones sociales que afectan a cada individuo.

 

Los cambios que promueve la ley son:

 

Reconoce, promueve y garantiza el derecho a la salud mental de todas las personas habitantes y residentes de nuestro país, sean usuarias o no de los servicios de salud mental.

A partir de la Ley, el abordaje en salud mental debe ser integral e interdisciplinario, basado en los derechos humanos, y con responsabilidad de todos los organismos del Estado y la participación de sociedad civil

Pretende avanzar hacia un modelo comunitario, privilegiando la prevención y que la atención se realice en la comunidad (barrios, pueblos, localidades o departamentos)

Prevé la participación de la ciudadanía, especialmente de las personas usuarias en la construcción de las políticas para la salud mental

Se contempla el derecho de la persona a ser partícipe de las decisiones sobre su propio tratamiento

Reconoce la necesidad de la formación y capacitación continua en derechos humanos de los y las profesionales en todas las instituciones

La creación de: centros de atención comunitaria, centros de rehabilitación y espacios para la integración social, residencias con apoyo e inclusión en viviendas para las poblaciones más vulnerables 

La adecuación de los programas, planes y dispositivos ya existentes para lograr la atención integral y la integración social

El cierre de los hospitales psiquiátricos públicos y clínicas psiquiátricas privadas

Las internaciones deben realizarse en salas de salud mental de Hospitales Generales

La internación en Hospitales debe ser el último recurso. Cuando es necesaria, y supere los 45 días, deberá explicarse los motivos mediante informe técnico a la Comisión Nacional de Contralor de la Atención en Salud Mental y a la INDDHH

La internación no debe ser indicada o prolongada para resolver problemas sociales o de vivienda

Los tratamientos biológicos y psicosociales deben contar con el consentimiento informado de la persona.

 

 

Teléfonos útiles:

Línea de apoyo emocional (de ASSE): 0800 1920

Línea para la contención para el uso problemático de drogas (de la JND): *1020

Línea para la prevención del suicidio (de ASSE): 0800 0767 / *0767

Conclusión

La salud mental en el trabajo es un tema crítico que requiere atención urgente en Uruguay. Con un enfoque colaborativo entre empleadores, empleados y autoridades, es posible crear entornos laborales más saludables que beneficien tanto a los individuos como a la economía en general.

FUENTES

https://www.un.org/es/observances/international-days-and-weeks

https://www.diainternacionalde.com/ficha/dia-mundial-salud-mental

https://www.diainternacionalde.com/ficha/dia-mundial-salud-mental

https://www.paho.org/es/campanas/dia-mundial-salud-mental-2024

 https://www.expoknews.com/8-acciones-para-cuidar-de-la-salud-mental-en-el-trabajo/

https://www.gub.uy/institucion-nacional-derechos-humanos-uruguay/comunicacion/campanas/campana-2024-salud-mental

Organización Mundial de la Salud — Día Mundial de la Salud Mental 2026: lema, mensajes y datos de la campaña.

Publicación oficial de la OMS: «Lived experiences heard: real voices, real change».

Naciones Unidas: Día Mundial de la Salud Mental 2026.