Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

viernes, 24 de abril de 2026

EL 24 DE ABRIL DE 1809 SE FUNDÓ LA CIUDAD DE SAN FERNANDO DE LA FLORIDA



HISTORIA DE LA FUNDACIÓN DE SAN FERNANDO DE LA FLORIDA




Al momento de la Revolución de mayo de 1810, la Banda Oriental, tenía como jurisdicciones, subdividiéndose en tres subsectores:

la Intendencia de Buenos Aires,

el Gobierno de Montevideo

y el Gobierno de las Misiones Guaraníes,

La región de Río Grande que había pasado a Portugal, al este del río Yaguarón, la laguna Merín y el arroyo Chuy, en donde se halla Río Grande que había sido fundada el 17 de febrero por José da Silva Paes como colonia militar llamada Fuerte de Jesús, María, José de Río Grande y desde mayo como colonia civil, poblado que permaneció bajo ocupación española entre el 12 de mayo de 1763 y 1 de abril de 1776 cuando la recuperaron los portugueses, lo mismo que un breve tiempo en 1767.

Gobierno de Montevideo

El Gobierno Político y Militar de Montevideo comprendía el sector entre el arroyo Cufré, cerro Pan de Azúcar (Uruguay), la Cuchilla Grande (Uruguay) hasta el cerro Ojosmín (Departamento de Flores) y el Río de la Plata, existiendo allí las poblaciones de:

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San Fernando de la Florida, última población erigida por los españoles, fue fundada el 24 de abril de 1809. Su nombre fue un homenaje a Fernando VII y al Conde de Floridablanca, primer presidente de la Soberana y Superior Junta Central de España ( Indias.

 

VILLA VIEJA



A veinte quilómetros de distancia del punto donde se levantaría la ciudad de Florida, en campos fértiles de suave ondulación con caídas al arroyo de la Virgen, se fundó a fines del siglo XVIII el Fortín del Pintado y luego la Capilla del Pintado, donde se venera la imagen de la Virgen de Luján.

Capilla del Pintado




Ese fortín y esa capilla son los primeros esbozos de la ciudad de Florida, pues en 1809 la población allí establecida se trasladó a la costa del Santa Lucia Chico, donde nació y creció la futura capital del departamento.

Desde entonces a aquel paraje se le llamó Villa Vieja.

Hasta hace pocos años aún quedaban allí descendientes de los primeros pobladores. Grandes fundaciones de gruesas piedras se veían en el lugar donde se asentaba el caserío..

De aquella población, primero próspera, luego decadente, provienen hombres como Suárez, Figueredo, Mas, Bermúdez, García de Zúñiga, De León, que actuaron junto a Artigas en Las Piedras y en otros episodios de la Revolución Oriental.

 

 

Dibujo de Florida en el año 1898. Calles Ituzaingó e Independencia. Al fondo se pueden ver las torres de la catedral en construcción

 

El traslado de la población hacia el asentamiento actual de Florida convertía en realidad el deseo del presbítero Santiago Figueredo, quien siendo cura de la parroquia de la Villa del Pintado (Villa Vieja) solicitó al gobierno español el traslado de esta parroquia a una zona de la Estancia del Cabildo (Florida).

Motivó esta solicitud el hecho de que la Villa del Pintado fuera fundada al amparo de los Fortines de Pintado, zona apta para fines militares pero no para la labranza y la cría de animales, ya que escaseaban el agua y la madera, elementos que se encontraban en abundancia en la Estancia del Cabildo. Para entonces el Fortín ya se había clausurado, lo que hacía inadecuada la ubicación de la población en ese lugar casi hostil.

Fue el síndico procurador Bernardo Suárez del Rondelo el que realizó ante el gobierno el pedido del presbítero Santiago Figueredo, solicitud que, gracias al empeño del impulsor, se concretó rápidamente.

El lugar era adecuado. Aguas abundantes del río Santa Lucía Chico, del arroyo Pintado y del hoy Tomás González, y con ellos los montes indígenas, los que aseguraban leña y madera para los lugareños, además de estar situado en la ruta del Camino Real, lo que aseguraba algunas comunicaciones.

Así fue que, ante algunos vecinos del Pintado, el 24 de abril de 1809 se fundó la Villa de la Florida, en las márgenes del río Santa Lucía Chico, a unos 20 kilómetros de la Villa del Pintado. Ese día se marcó el centro urbano: plaza, calles y solares, se delimitó el ejido y se repartieron 23 “tierras de labor” (chacras) entre 134 vecinos, con tres cuadras de frente por doce de fondo. Este era el principal atractivo para esos vecinos de condición muy humilde.

Rey Fernando VII


Conde de Floridablanca, José Moñino, primer presidente de la Soberana y Superior Junta Central de España e Indias.

Su nombre oficial fue San Fernando de la Florida, en honor al Rey Fernando VII y al conde de Floridablanca, José Moñino, primer presidente de la Soberana y Superior Junta Central de España e Indias.

Sería el agrimensor Prudencio Murguiondo el que primero enmarcaría la Plaza Mayor, hoy Plaza Asamblea, luego seguiría con las manzanas lindantes.

El primer perímetro estaba comprendido por las actuales calles Manuel Calleros, Juan Antonio Lavalleja, Santiago Figueredo y Juan I. Cardozo. En el primer trazado, frente a la Plaza Mayor había ocho manzanas, en lugar de las cuatro actuales.

Desde el centro de cada lado de la plaza, se iniciaba una calle algo más angosta que las otras, las que tenían sólo una cuadra de longitud. La iglesia estaba a un costado de una de esas callejuelas, y atrás del primer cementerio. La iglesia conserva el lugar, la Escuela de las Hermanas, en el lugar del cementerio.

La vía de comunicaciones, el Camino Real, atravesaba la Villa; desde Montevideo se entraba por el Paso Viejo o Paso de los Dragones, corría por la actual calle José Batlle y Ordóñez, doblaba en Ituzaingó bordeando la plaza, llegaba hasta Independencia y por ésta hacia el norte, rumbo a Durazno. Este era el trazado urbano del Camino Real. Luego la calle Independencia tomaría a nivel popular este nombre: Calle Real. La plaza era el centro de la Villa y sus edificios más importantes estaban sobre ese camino, encontrándose a mediados del siglo XIX sobre la actual calle Batlle los edificios privados más importantes.

El ferrocarril llegaría en 1873, y con él la fisonomía de Florida cambiaría, tomando cierta importancia la zona de la Estación Florida, levantándose algunas edificaciones de relieve sobre la actual avenida Artigas y las calles W. Beltrán y A. Sierra.

En 1909 se inaugura el polémico puente que utilizaba a la histórica Piedra Alta como cabecera. Esto motivó largos debates, pero finalmente factores económicos determinaron que sobre el cerro pasara la Ruta n.º 5, tomando entonces importancia la actual calle Aparicio Saravia.


Así era la ciudad de Florida a principios del siglo XX.

Algunos barrios ya comenzaban a formarse: Piedra Alta,  Prado Español, San Cono, Corralón del Tigre, de la Calera, Florida Blanca, entre otros.


CAMPAMENTO DE ARTIGAS DE 1813





Sobre el Santa Lucia Chico, a diez quilómetros del pueblo de Florida, acampó el ejército artiguista, de vuelta del éxodo del Pueblo Oriental  en el año 1813 siendo la antesala del segundo sitio de Montevideo y la preparación de las instrucciones del año XIII, algunas de las que fueron iniciadas por Artigas en dicho campamento.-

Paso de la Arena fue un acto de guerra contra las fuerzas del unitarismo porteño, que pretendía sojuzgar a los orientales a sus dictados, una verdadera pulseada política entre Artigas y Buenos Aires que, si hubiera salido mal, de seguro habría cambiado el rumbo de la historia nacional.

Un mes estuvieron acampados en esa zona.

Son numerosos los nacimientos registrados en la iglesia de de la ciudad de Florida, con la indicación de "Nacido en el campamento del Sr. General Artigas", o la de "Hijo de Fulano de Tal y China del Ejército" o también "Hijo de la Patria".

En ese lugar el Gobierno Departamental, colocó un monolito alusivo al hecho histórico.


LA CATEDRAL




En la catedral se venera la imagen de la Virgen de Luján, traída de la Villa del Pintado.

Estatuilla de una belleza maravillosa, ha recibido el nombre de Virgen de los Treinta y Tres y dice una antigua placa que ellos inclinaron ante su imagen la bandera.


ASAMBLEA DEL 25 DE AGOSTO DE 1825



A pocos metros de la Catedral se encuentra el predio en que estuvo ubicado el rancho de Basilio Fernández, donde se reunieron los asambleístas de 1825. Sólo nos quedó el predio. Hasta hace cuarenta años quedaban vecinos octogenados que alcanzaron a conocer el histórico rancho y otros que lo conocían por tradición oral.

Fue destruido cuando la toma de la Florida por el general Flores. El dibujante floridense Alberto Pratto lo bosquejó sobre datos de los vecinos Polla y Guariglia, y últimamente Juan Curuchet, pintor lugareño, con esos datos y tradiciones orales, lo pintó para el Estado.

El rancho en que funcionó la Asamblea fue, según Orestes Araújo, escuela pública. La primera escuela de Florida, a cargo del maestro Gabriel Lezaeta, que daba clase en una pieza donde había recados, armas, lazos, muebles, etc. y tomaba los exámenes en la plaza, para que el pueblo apreciara el aprovechamiento de sus muchachos. Luego el rancho fue reñidero de gallos y tuvo fin cuando la revolución de Flores.

El predio perteneció siempre a la famila Fernández, que lo vendió al Estado hace pocos años.

Cuando se fundó Florida se le adjudicó al Presbítero Figueredo, quien lo vendió a doña Ana Hernández y ésta, a principios de 1852, al capitán español don Basilio Fernández.

LA PIEDRA ALTA

1912




Luego de atravesar el Santa Lucia Chico, la mole granítica de la Piedra Alta, tan modificada ahora en su aspecto por el puente, los caminos de acceso, la rambla, etc.

Decía el Arq.Scasso: "Esta roca monumental debería estar liberada de todo para mostrar su imponencia, pero su re- ciedumbre y su prosapia se amansaron para prestar su lomo gris a sostener el puente carretero y a ser cubierta en parte por «obras de embellecimiento» hechas por el hombre, que en realidad le han quitado su natural belleza".


PLAZA ASAMBLEA Y MONUMENTO DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL




La Plaza Asamblea fue creada hace más de doscientos años y ha sido declarada Monumento Histórico Nacional.

Juan Manuel Ferrari

El monumento de la Declaración de la Independencia Nacional, creado por un escultor de nacionalidad italiana cuyo nombre es Juan Ferrari.

El monumento está formado por un pedestal y columnas realizadas en mármol. En la parte inferior se encuentran tallados los nombres de los treinta y tres orientales que realizaron el juramento y lograron recuperar la independencia de Uruguay.

La estatua posee una altura que supera los tres metros y en ella la libertad se encuentra representada con la figura de una mujer, levantando en su mano izquierda una cadena rota que pueden notarse las partes caídas a sus pies y en la otra mano lleva una espada.


ZORRILLA DE SAN MARTÍN


En la plaza Asamblea se levanta el hermoso monumento de mármol blanco y granito rosa, obra de Ferrari, a la Declaratoria de la Independencia Nacional.

Monumento a la Libertad erigido en tiempos de Latorre; curiosos designios de la historia. Allí Zorrilla de San Martin declamó por primera vez su "Leyenda Patria", al ser inaugurado el monumento, y cincuenta años más tarde volvió a hacerlo en el mismo sitio.




Junto a la estatua de la Libertad, el 19 de mayo de 1879 surgió el Poeta de la Patria: Juan Zonilla de San Martin, a la sazón un joven de 24 años, recitaba las estrofas encendidas de su '"Leyenda Patria".

El cronista de la época relataba así el memorable suceso: "Es la voz de la Patria ..." dijeron los labios emocionados del bardo.

Un hondo silencio se hizo en todos los ámbitos, mientras las estrofas vibraban en todos los corazones."

FUENTES

https://es.wikipedia.org/wiki/Florida_(Uruguay)

https://uruguayeduca.anep.edu.uy/efemerides/384

https://www.gub.uy/intendencia-florida/institucional/creacion-evolucion-historica

https://www.ninariva.com.uy/wp-

content/uploads/2021/06/cronologia.pdf


24 DE ABRIL DE 1825 NACIÓ ROBERT MICHAEL BALLANTYNE

 

Robert Ballantyne: Aventurero y narrador del mundo salvaje



Robert Michael Ballantyne nació el 24 de abril de 1825 en Edimburgo, Escocia.

Fue un escritor escocés de literatura juvenil y de aventuras, uno de los autores más influyentes del siglo XIX en el ámbito anglosajón. Sus novelas, ambientadas en lugares exóticos y escenarios de exploración, marcaron profundamente la imaginación de generaciones de jóvenes lectores y contribuyeron al desarrollo del género de aventuras.

Su padre, también llamado Robert Ballantyne, era editor y pertenecía a una conocida familia de impresores escoceses.

Robert M. creció en un entorno literario: su padre era editor de periódicos e impresor en una empresa familiar, y su tío también era impresor, lo que influyó en su temprana exposición a libros y escritura.

Sin embargo, dificultades económicas afectaron a la familia cuando Robert era todavía joven.

Debido a estos problemas financieros, Ballantyne no pudo recibir una educación universitaria formal prolongada.

A los 16 años, en 1841, ingresó como aprendiz en la Hudson’s Bay Company, la compañía británica dedicada al comercio de pieles en Norteamérica.

Este hecho marcaría profundamente su vida y su futura obra literaria.

​Se mudó a Canadá para trabajar seis años con la Compañía de la Bahía de Hudson, experiencia que inspiró su primer libro en 1848, sin menciones previas a estudios formales en Escocia.

Cuando Robert Michael Ballantyne llegó a Canadá en 1841 como joven empleado de la Hudson’s Bay Company, apenas tenía dieciséis años.

Dejaba atrás la relativa seguridad de Edimburgo para internarse en un mundo vasto y desconocido que transformaría para siempre su carácter y su imaginación.

Durante casi seis años vivió en regiones remotas del territorio que hoy corresponde principalmente a Manitoba y Ontario, en el corazón de la extensa red comercial de pieles que se extendía por los ríos, lagos y bosques del norte canadiense.

La vida allí estaba muy lejos de cualquier comodidad urbana. Ballantyne convivió estrechamente con comerciantes de pieles —hombres endurecidos por el clima y el aislamiento— cuya existencia dependía del intercambio constante con las poblaciones indígenas. Aprendió a observar sus costumbres, a escuchar sus relatos y a comprender, al menos en parte, la compleja red de relaciones que sostenía el comercio en aquellas tierras.

El contacto con los pueblos originarios le permitió conocer técnicas de orientación, caza y desplazamiento que resultaban esenciales para sobrevivir en un entorno donde el error podía costar la vida.

El joven escocés pronto se vio obligado a adquirir habilidades prácticas que en Europa habrían parecido extraordinarias.

 Aprendió a desplazarse en canoa por ríos caudalosos y traicioneros, a caminar largas distancias con raquetas sobre la nieve, a soportar inviernos de frío extremo y a improvisar refugios en medio del bosque. La naturaleza no era un paisaje pintoresco, sino una fuerza imponente que imponía sus propias reglas.

Los veranos traían enjambres de insectos y travesías interminables bajo el sol; los inviernos, temperaturas glaciares y tormentas que aislaban durante semanas a quienes habitaban los fuertes.

En aquellos puestos comerciales —fortines dispersos en la inmensidad del territorio— la vida transcurría entre la rutina del intercambio de pieles y la tensión constante de la distancia.

El aislamiento era profundo: meses podían pasar sin noticias del exterior. Ballantyne fue testigo de la disciplina necesaria para mantener el orden, del compañerismo que surgía entre hombres obligados a confiar unos en otros y también de los peligros latentes de una frontera en expansión.

Cada jornada implicaba trabajo físico, vigilancia y adaptación continua al entorno.

 

Pero junto a las dificultades, el joven Robert descubrió también la grandeza del paisaje norteamericano.

Los bosques interminables, los lagos que reflejaban el cielo como espejos inmóviles, el silencio profundo de la nieve recién caída y la presencia constante de la fauna salvaje despertaron en él una sensibilidad especial hacia la naturaleza.

Aquella experiencia directa, intensa y prolongada le proporcionó un conocimiento que ningún libro podría haberle ofrecido.

Años más tarde, cuando regresó a Europa y comenzó su carrera literaria, esos recuerdos se convertirían en la materia prima de muchas de sus novelas.

Las descripciones vívidas de travesías en canoa, de campamentos improvisados o de tormentas invernales no surgían de la imaginación pura, sino de la memoria.

Su paso por Canadá le permitió escribir con una autenticidad poco común, dotando a sus relatos de una credibilidad que fascinó a sus lectores. La vida en la naturaleza, la aventura en territorios inexplorados y el espíritu de resistencia ante la adversidad se convirtieron en sellos distintivos de su obra, todos ellos nacidos en aquellos años formativos en la vasta y salvaje de  América del Norte.

Estas vivencias se convertirían más tarde en la base de muchas de sus novelas. Su experiencia directa le permitió dotar a sus relatos de una gran autenticidad descriptiva, especialmente en lo que respecta a la vida en la naturaleza y la aventura en territorios inexplorados.

En 1847, Ballantyne regresó a Escocia y descubrió que su padre había fallecido.



Al año siguiente, 1948, publicó su primer libro, Hudson’s Bay; or, Every-day Life in the Wilds of North America " La Bahía de Hudson: o la vida en las tierras salvajes de Norteamérica", y durante un tiempo trabajó para la editorial Messrs. Constable .

En este libro relató sus experiencias en Canadá, combinando memoria autobiográfica y narrativa de aventuras. El éxito moderado de esta obra lo animó a continuar escribiendo.

A partir de entonces decidió dedicarse profesionalmente a la literatura.

En 1856, abandonó el mundo empresarial para centrarse en su carrera literaria y comenzó la serie de relatos de aventuras para jóvenes con la que popularmente se asocia su nombre.



En el año 1857 publicó The Coral Island: A Tale of the Pacific Ocean.

 Es una novela de aventuras que captura el espíritu indomable de la era victoriana. La historia sigue a tres jóvenes británicos —Ralph Rover, el narrador reflexivo; Jack Martin, el líder natural y valiente; y Peterkin Gay, el bromista ingenioso— quienes, tras sobrevivir a un terrible naufragio en el Pacífico, despiertan en las arenas blancas de una isla coralina desierta.

Armados solo con su ingenio, cooperación y una fe inquebrantable en la providencia divina, transforman el paraíso tropical en un hogar autosuficiente.

 Desde el principio, los muchachos exploran su nuevo mundo con entusiasmo juvenil. Ralph describe con detalle vívido las palmeras ondulantes, los arrecifes multicolores y las aguas turquesas rebosantes de vida marina, pintando un entorno exótico que evoca tanto maravilla como peligro.

Construyen una cabaña elevada para protegerse de los huracanes, fabrican anzuelos de hueso de tortuga para pescar, y cultivan huertos con semillas recolectadas de cocos y yucas silvestres.

Su cooperación brilla en cada desafío: Jack idea trampas para cazar jabalíes salvajes, Peterkin añade humor con sus chistes mientras pela mangos, y Ralph registra todo en un diario improvisado, enfatizando lecciones de perseverancia y hermandad.

Sin embargo, la isla no es un edén pacífico eterno. Piratas malayos irrumpen en su refugio, introduciendo violencia y tentación moral.

Los protagonistas enfrentan pruebas que exaltan el carácter británico idealizado: Jack resiste la codicia del botín pirata, Ralph confía en la oración durante una fiebre devastadora, y Peterkin demuestra lealtad al arriesgar su vida contra nativos caníbales. Ballantyne infunde una fuerte carga cristiana, con referencias a la Biblia que guían sus decisiones éticas, subrayando que la verdadera fuerza radica en la virtud, no en la fuerza bruta.

Estas escenas culminan en un rescate providencial, donde los muchachos emergen más fuertes, listos para llevar su fe y coraje al mundo civilizado.

La novela celebra el espíritu aventurero imperial, idealizando la superioridad moral de los jóvenes ingleses frente a "salvajes" y paganos, un reflejo del optimismo victoriano.

Su popularidad masiva inspiró generaciones, pero también provocó una reinterpretación sombría en El señor de las moscas de William Golding (1954), que invierte el paraíso en caos primitivo, cuestionando la inocencia inherente de Ballantyne.

 Así, The Coral Island permanece como un himno narrativo a la aventura, la moral y la resiliencia humana.

​Las características de  esta obra son:

Exaltación del espíritu aventurero.

Idealización del carácter británico victoriano.

Fuerte carga moral y cristiana.

Descripciones detalladas del entorno tropical.

 La novela fue extraordinariamente popular y ejerció una influencia directa en William Golding, quien escribió Lord of the Flies (1954) como una reinterpretación crítica y oscura del modelo optimista de Ballantyne.

Ballantyne escribió más de 100 libros, principalmente dirigidos a jóvenes lectores. Sus temas recurrentes incluyen:

Aventuras marítimas.

Exploraciones en África.

Vida en el Ártico.

Misiones cristianas.

Piratería.

Conflictos coloniales.

Supervivencia en la naturaleza.

Rasgos de su estilo:

Narración clara y directa.

Ritmo ágil.

Detalladas descripciones geográficas.

Protagonistas jóvenes valientes y moralmente rectos.

Optimismo característico de la época victoriana.

 

Sus historias promovían valores como:

El coraje.

La fe cristiana.

La disciplina.

El compañerismo.

La lealtad al Imperio británico.

 

Además de The Coral Island, escribió numerosas novelas populares:

 


The Young Fur Traders (1856)





Entre 1857 y 1858, Ballantyne escribió varios cuentos infantiles bajo el seudónimo de «Comus», entre ellos Tres gatitos (1857),

Mi madre (1857),

El baile de la mariposa y el festín del saltamontes (1857),

El señor zorro (1857)

El gatito ladrón (1858).

Fueron impresos por Thomas Nelson and Sons en ediciones ilustradas con versiones en verso (en el caso de El baile de la mariposa de William Roscoe y Mi madre de Ann Taylor) y arreglos musicales para piano y para un dueto con un niño

En el año  1857 publica Ungava.

The Gorilla Hunters  publicado en el año  es publicado en 1861

 

En el año 1860 publica The World of Ice.

 


The Pirate City (1874)



The Dog Crusoe (1861)

 

Cada una de ellas explora distintos escenarios exóticos y aventuras en contextos históricos o geográficos diversos.

 En el año 1866, Ballantyne contrajo matrimonio con Jane Grant. El matrimonio tuvo seis hijos.

 Durante su vida adulta residió principalmente en Inglaterra y Escocia, dedicándose por completo a la escritura.

A pesar de su éxito editorial, no alcanzó grandes riquezas, aunque sí disfrutó de reconocimiento y popularidad.


1867 James Grant; Jane Dickson Ballantyne (de soltera Grant); Robert Michael Ballantyne

Robert Michael Ballantyne falleció el 8 de febrero de 1894 en Roma, Italia, donde se encontraba por motivos de salud. Tenía 68 años.

Fue enterrado en el Cementerio Protestante de Roma.

HOMENAJES

 

Después de la muerte de Robert Michael Ballantyne en 1894 en Roma, se organizaron varios homenajes y medidas para mantener vivo su recuerdo, especialmente entre los lectores jóvenes que lo habían admirado tanto en vida:

 

Tumba conmemorativa financiada por lectores

 

La tumba de Ballantyne en Roma

Tras su fallecimiento, se realizó una suscripción pública en Gran Bretaña para erigir un monumento sobre su tumba, ubicada en el Cementerio Protestante de Roma, también conocido como el Cimitero Acattolico.

 

Miles de escolares de toda Gran Bretaña contribuyeron con donaciones, entregando pequeñas cantidades de dinero como peniques y seis peniques —demostración del impacto que sus historias de aventuras habían tenido en generaciones de jóvenes.

 

Parte de los fondos recaudados se usó específicamente para comprar y colocar la lápida conmemorativa en su tumba, lo que simboliza el cariño popular hacia él y su obra.

 

Reconocimientos literarios y culturales

 

Aunque no existen homenajes monumentales de gran escala (como estátuas públicas), Ballantyne ha sido recordado constantemente en el mundo editorial y académico:

 

Se le reconoce como un autor influyente en la literatura juvenil victoriana, especialmente por The Coral Island, que ha seguido publicándose y estudiándose a lo largo de más de un siglo.

 

Su obra ha influido de forma indirecta a otros escritores célebres, como Robert Louis Stevenson, quien admiró sus aventuras juveniles (y lo mencionó con respeto en relación con Treasure Island).

 

Mantenimiento cultural de su legado

 

La obra de Ballantyne sigue siendo reimpresa en múltiples ediciones y traducida a varios idiomas, lo que en sí mismo funciona como una forma de homenaje continuo, ya que permite que nuevas generaciones de lectores accedan a sus historias de exploración y aventura.

Aunque la mayor parte de los homenajes más visibles fue la recogida pública de fondos para su tumba, la pervivencia de sus libros en la cultura literaria internacional es quizás la forma más significativa en que su memoria continúa hoy.

legado

 

Ballantyne es considerado:

 Uno de los pioneros de la literatura juvenil de aventuras. 

  • Un precursor del género de supervivencia. 
  • Una figura clave en la narrativa imperial victoriana.

 

Su obra influyó en autores posteriores como:

  •  G. A. Henty  
  • Jules Verne (en el ámbito de la aventura juvenil)  
  • William Golding (como contrapunto crítico)

 

Aunque hoy algunas de sus obras son analizadas críticamente por su visión colonialista y su representación idealizada del Imperio británico, sigue siendo una figura fundamental en la historia de la literatura infantil y juvenil.

 

Valoración crítica moderna

 

En la actualidad, los estudios literarios destacan:

  •  Su capacidad descriptiva basada en experiencias reales. 
  • Su contribución al imaginario aventurero juvenil. 
  • Su papel en la construcción del héroe juvenil victoriano.

 

El contraste ideológico entre su optimismo moral y la visión más pesimista del siglo XX.

 

The Coral Island, en particular, continúa siendo objeto de estudio académico por su influencia cultural.

 

Conclusión

 

Robert Michael Ballantyne fue un escritor cuya vida de aventura real alimentó una prolífica producción literaria que definió el género juvenil de aventuras en el siglo XIX.

Su combinación de experiencia personal, moral victoriana y escenarios exóticos dejó una huella duradera en la literatura occidental.

FUENTES

https://www.gutenberg.org/files/21736/21736-h/21736-h.htm

https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/795/biografia/verDetalle/3060/Cristobal%20Colon

https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Michael_Ballantyne

https://www.npg.org.uk/collections/search/person/mp00233/robert-michael-ballantyne

https://www.epdlp.com/escritor.php?id=1431

https://www.iskultur.com.tr/yazarlar/robert-michael-ballantyne

https://www.britannica.com/topic/The-Coral-Island

 



jueves, 23 de abril de 2026

23 DE ABRIL- DIA MUNDIAL DEL LIBRO Y DERECHOS DE AUTOR- A TRAVÉS DEL ARTE


Lectura, Libros, Pintura y Poesía


  LAS OBRAS DE ARTE Y LA LECTURA

En el vasto lienzo de la cultura humana, la lectura y los libros no solo son portales a mundos imaginarios, sino también musas eternas que han inspirado las mayores obras de la pintura y la poesía. Desde las silenciosas figuras absortas en páginas amarillentas en cuadros de maestros como Jean-Honoré Fragonard o Carl Spitzweg, hasta los versos que cantan la magia de las palabras en poetas como Jorge Luis Borges o Pablo Neruda, estos elementos se entrelazan en un diálogo profundo sobre el conocimiento, la introspección y la belleza efímera.

 

Un Homenaje a la Inspiración Literaria

Imagina un lector inmerso en un libro, su rostro iluminado por la luz tenue de una vela, capturado en óleos que transmiten la quietud del alma: así Fragonard en "La lectora" evoca la intimidad del acto de leer, mientras que en poesía, Octavio Paz transforma el libro en símbolo de infinito con líneas como las de "Piedra de sol". Esta fusión artística nos recuerda que los libros no solo se leen, sino que se pintan, se versifican y se viven, tejiendo el tapiz de nuestra herencia cultural.


LA PINTURA



1. La lectora – Jean-Honoré Fragonard (c. 1770)

Estilo: Rococó

Descripción: Una joven de perfil, vestida con un vestido amarillo brillante, absorta en su lectura.

Ambiente: Íntimo, elegante, lleno de luz y serenidad.

Galería Nacional de Arte, Washington D.C.

 


2. Vieja leyendo – Gerrit Dou (c. 1631)

Estilo: Barroco holandés

Descripción: Una anciana iluminada por la luz que entra desde una ventana, sosteniendo un libro con atención.

Temática: Sabiduría, devoción, paso del tiempo.

Rijksmuseum, Ámsterdam



3. Lectura en el jardín – Mary Cassatt (c. 1898)

Estilo: Impresionismo

Descripción: Una mujer y una niña leyendo juntas en un jardín, rodeadas de flores.

Sensación: Paz familiar y conexión emocional.

 Museo de Bellas Artes, Boston



4. La lectora absorta – Félix Vallotton (1922)

Estilo: Postimpresionismo / Nabis

 Descripción: Una mujer muy concentrada en su libro, completamente inmersa en la lectura.

 Color: Tonos apagados, íntimos.

Kunsthaus, Zúrich




5. Mujer leyendo una carta – Johannes Vermeer (c. 1663)

Estilo: Barroco

Descripción: Una mujer en una habitación tranquila, de pie frente a una ventana, leyendo una carta.

Detalles: La luz natural, el mapa detrás, la expresión concentrada.

  Rijksmuseum, Ámsterdam



6. Mujer leyendo – Pablo Picasso (1935)

Estilo: Cubismo

 Descripción: Figura femenina sentada, estilizada y angular, con un libro en las manos.

Interpretación: Mezcla de calma y tensión.

 Ubicado en : Museo Picasso, París

 


7. La lección de lectura | Toulmouche

"La lección de lectura" es una pintura realizada en 1865 por el artista francés Auguste Toulmouche (1829–1890), reconocido por sus representaciones detalladas de la vida burguesa parisina durante el Segundo Imperio. La obra se encuentra en la colección del Museum of Fine Arts de Boston .​

Año de creación: 1865

Técnica: Óleo sobre lienzo

Dimensiones: 36,5 cm x 27,6 cm

Ubicación actual: Museum of Fine Arts, Boston​

Descripción y estilo

La pintura muestra a una madre elegantemente vestida, sentada frente a un piano, enseñando a leer a su hija pequeña.

Ambas están absortas en la lectura de un libro, lo que resalta la importancia de la educación en el entorno doméstico burgués de la época.

Toulmouche, conocido por capturar la moda y las costumbres de las mujeres parisinas, utiliza esta escena para reflejar los valores familiares y el papel de la mujer en la educación de los hijos durante el siglo XIX .​

 


8. The Writing Lesson, by Georges Claude. French, (1854-      1922)

"La lección de escritura" es una pintura del artista francés Georges Claude (1854-1922).

La pintura representa una escena de una madre enseñando a escribir a un niño, presumiblemente en un entorno que enfatiza el valor del arte y la educación dentro de la familia.

La escena se desarrolla en un interior bien equipado, con el niño y la madre en un escritorio cubierto de papeles.


9. "Niña leyendo", de Auguste Renoir (1890)

El cuadro "Niña leyendo", de Auguste Renoir fue realizado en la época artística más tardía del pintor, en 1890. El lienzo muestra colores pesados, con tendencia al amarillo, construyendo el rostro y cuerpo de una niña en la calidez del hogar. Las manchas de óleo aplicadas conforman a la muchacha rodeada de elementos: silla, libro, cortinas y pared de fondo. La obra forma parte de la colección del Museo de Bellas Artes de Houston, Estados Unidos.

Autor:    Pierre-Auguste Renoir

Título original:      La lecture

Título inglés: Girl Reading

Tipo:      Cuadro

Estilo:    Impresionismo

Técnica: Óleo

Soporte: Lienzo

Año:      1890

Género: Retrato

Se encuentra en: Museo de Bellas Artes de Houston.


“Dos niñas leyendo en el jardín” de Pierre-Auguste Renoir (1890-1891)

El cuadro conocido como Dos niñas leyendo en el jardín fue realizado por Pierre-Auguste Renoir alrededor de 1890-1891. 

Existen algunas variaciones menores en el título (“Two Young Girls Reading”, “Two Girls Reading in the Garden”), pero todas hacen referencia a la misma obra.

Descripción de la obra:

La pintura muestra a dos niñas absortas en la lectura de un documento o libro, sentadas en un entorno natural, probablemente un jardín. 

La niña en primer plano, de cabello oscuro, aparece con una expresión contemplativa y cercana al espectador, mientras que la segunda niña, parcialmente oculta detrás, lleva un sombrero de ala ancha adornado con flores rojas, que aportan un toque vibrante al conjunto. 

El sombrero proyecta una sombra sobre su rostro, acentuando la atmósfera de intimidad de la escena.

 Renoir utiliza una pincelada suelta y fluida, característica del impresionismo, para capturar la luz natural y los matices en la piel y la ropa de las niñas. 

La paleta de colores es cálida, dominada por verdes, amarillos y rojos, lo que contribuye a la sensación de tranquilidad y armonía.

 Técnica: Óleo sobre lienzo

 Dimensiones: Aproximadamente 46 × 55 cm, aunque existen versiones con medidas ligeramente distintas según la fuente consultada.

 Estilo y contexto:

La obra es un ejemplo representativo del impresionismo, movimiento en el que Renoir fue una figura central. 

El cuadro destaca por su tratamiento de la luz, la atmósfera relajada y la representación de la vida cotidiana y los pequeños placeres, temas recurrentes en la producción del artista.

Ubicación:

Una de las versiones conocidas de la obra se encuentra en la colección Stavros Niarchos en Atenas, Grecia. 
Otra versión está en el Los Angeles 

LA POESÍA

UN LECTOR

Jorge Luis Borges 

Que otros se jacten de las páginas que han escrito;

a mí me enorgullecen las que he leído.

No habré sido un filólogo,

no habré inquirido las declinaciones, los modos, la laboriosa mutación de las letras,

la de que se endurece en te,

la equivalencia de la ge y de la ka,

pero a lo largo de mis años he profesado

la pasión del lenguaje.

Mis noches están llenas de Virgilio;

haber sabido y haber olvidado el latín

es una posesión, porque el olvido

es una de las formas de la memoria, su vago sótano,

la otra cara secreta de la moneda.

Cuando en mis ojos se borraron

las vanas apariencias queridas,

los rostros y la página,

me di al estudio del lenguaje de hierro

que usaron mis mespadas y soledades,

y ahora, a través de siete siglos,

desde la Última Thule,

tu voz me llega, Snorri Sturluson.

El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa

y lo hace en pos de un conocimiento preciso;

a mis años, toda empresa es una aventura

que linda con la noche.

No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,

no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;

la tarea que emprendo es ilimitada

y ha de acompañarme hasta el fin,

no menos misteriosa que el universo

y que yo, el aprendiz.

 

POEMA DEL LIBRO

José Ángel Buesa

Entre todos mis libros, es este el que prefiero

este que un día dejé a medio leer

lo cerré de repente, lo puse en el librero,

y ya lo cubre el polvo del ayer.

 

Recuerdo que era un libro de una belleza

era como si en cada frase floreciera un rosal

pero temí de pronto que me desencantara

si seguía leyendo hasta el final.

 

Y ahí está en el librero, donde lo puse un día

tal vez un poco triste por lo que no leí,

pues recordé, muchacha, que casi fuiste mía,

y al guardar aquel libro, pensé en ti…

 

 Oda al Libro I

 Pablo Neruda

Libro, cuando te cierro

abro la vida.

Escucho

entrecortados gritos

en los puertos.

Los lingotes del cobre

cruzan los arenales,

bajan a Tocopilla.

Es de noche.

Entre la islas

nuestro océano

palpita con sus peces.

Toca los pies, los muslos,

Las costillas calcáreas

de mi patria.

Toda la noche pega en sus orillas

y con la luz de día

amanece cantando

como si despertara una guitarra.

A mí me llama el golpe

del océano. A mí

me llama el viento,

y Rodríguez me llama,

José Antonio,

recibí un telegrama

del sindicato «Mina»

y ella, la que yo amo

(no les diré su nombre),

me espera en Bucalemu.

Libro, tú no has podido

empapelarme,

no me llenaste

de tipografía,

de impresiones celestes,

no pudiste

encuadernar mis ojos,

salgo de ti a poblar las arboledas

con la ronca familia de mi canto,

a trabajar metales encendidos

o a comer carne asada

junto al fuego en los montes.

Amo los libros

exploradores,

libros con bosque o nieve,

profundidad o cielo,

pero

odio

el libro araña

en donde el pensamiento

fue disponiendo alambre venenoso

para que allí se enrede

la juvenil y circundante mosca.

Libro, déjame libre.

Yo no quiero ir vestido

de volumen,

yo no vengo de un tomo,

mis poemas

no han comido poemas,

devoran

apasionados acontecimientos,

se nutren de intemperie,

extraen alimento

de la tierra y los hombres.

Libro, déjame andar por los caminos

con polvo en los zapatos

y sin mitología:

vuelve a tu biblioteca,

yo me voy por las calles.

He aprendido la vida

de la vida,

el amor lo aprendí de un solo beso,

y no pude enseñar a nadie nada

sino lo que he vivido,

cuanto tuve en común con otros hombres,

cuanto luché con ellos:

cuanto expresé de todos en mi canto.