La rabia: una enfermedad mortal que
puede prevenirse
La rabia es una enfermedad infecciosa de origen viral que
afecta al sistema nervioso central de los mamíferos, incluidos los seres
humanos. Es una zoonosis, es decir, una enfermedad que puede transmitirse de
los animales a las personas. Aunque existe desde hace miles de años y continúa
siendo un importante problema de salud pública en distintas regiones del mundo,
la rabia tiene una característica particularmente importante: la muerte por
rabia puede prevenirse casi por completo si se actúa antes de que aparezcan los
síntomas.
El virus de la rabia pertenece al género Lyssavirus. Una vez
que alcanza el sistema nervioso central puede provocar una encefalitis
—inflamación del cerebro— que evoluciona rápidamente y que, una vez iniciados
los síntomas clínicos, es prácticamente siempre mortal. Por eso, frente a una
posible exposición, no se debe esperar a comprobar si aparecen síntomas: la
atención médica debe comenzar cuanto antes.
¿Cómo se transmite
la rabia?
El virus se encuentra principalmente en la saliva de los
animales infectados. La forma más habitual de transmisión a las personas es la
mordedura de un animal infectado, porque la saliva entra directamente en los
tejidos.
Los perros constituyen el principal reservorio de la rabia
que afecta a los seres humanos. Según la Organización Mundial de la Salud,
aproximadamente el 99 % de los casos humanos de rabia están relacionados con
perros infectados. También pueden transmitirla otros mamíferos, entre ellos
gatos, zorros, chacales, mapaches y, en determinadas regiones, murciélagos.
No es necesario que exista una mordedura profunda para que
haya riesgo. La exposición puede producirse también mediante arañazos que hayan
contaminado la herida con saliva o cuando la saliva de un animal infectado
entra en contacto con una herida abierta o con mucosas, como las de los ojos o
la boca.
Por el contrario, tocar a un animal o ser lamido sobre piel
intacta no constituye, en general, una exposición que requiera profilaxis
posexposición. La valoración concreta, sin embargo, corresponde a los
profesionales sanitarios.
La rabia no se transmite normalmente de persona a persona.
Los casos humanos se producen fundamentalmente por contacto con animales
infectados.
¿Qué ocurre
después de la infección?
Después de entrar en el organismo, el virus permanece
inicialmente cerca del lugar de exposición y posteriormente se desplaza hacia
los nervios hasta alcanzar el sistema nervioso central. Por esta razón, existe
un período de incubación entre la exposición y la aparición de los primeros
síntomas.
La duración de este período es variable. Habitualmente se
sitúa entre dos y tres meses, aunque puede ser mucho más corto o prolongarse
hasta un año. Entre los factores que pueden influir se encuentran el lugar
donde se produjo la exposición, la cantidad de virus introducida y la distancia
que debe recorrer el virus hasta llegar al sistema nervioso central.
Esta característica explica por qué existe una oportunidad
fundamental para impedir la enfermedad: el tratamiento preventivo administrado
después de la exposición puede eliminar el riesgo antes de que el virus alcance
el sistema nervioso central.
¿Cuáles son los
síntomas de la rabia?
Los primeros síntomas suelen ser poco específicos y pueden
confundirse con los de otras enfermedades. Entre ellos aparecen fiebre,
malestar general, debilidad, dolor de cabeza y otras sensaciones anormales.
Un signo característico puede ser la aparición de dolor,
picazón, hormigueo o sensación de quemazón en el lugar donde se produjo la
mordedura o exposición, incluso después de que la herida haya cicatrizado.
A medida que el virus afecta al sistema nervioso aparecen
alteraciones neurológicas. Existen dos formas clínicas principales.
Rabia furiosa
Es la forma que muchas personas asocian tradicionalmente con
la enfermedad. Puede producir:
agitación y excitación;
alteraciones importantes del comportamiento;
confusión;
alucinaciones;
falta de coordinación;
dificultad para tragar;
espasmos;
hipersalivación;
hidrofobia, es decir, dificultad o reacción dolorosa ante el
intento de beber agua;
aerofobia, una marcada sensibilidad a las corrientes de
aire.
La enfermedad progresa hasta producir una afectación grave
del cerebro y de otras funciones neurológicas.
Rabia paralítica
En otros casos predomina una parálisis progresiva. Puede
comenzar con debilidad y extenderse posteriormente a diferentes grupos
musculares.
Esta forma puede resultar más difícil de reconocer
inicialmente porque no presenta necesariamente la agitación y las alteraciones
de comportamiento características de la forma furiosa.
En ambas formas, cuando aparecen los síntomas clínicos, la
enfermedad tiene una mortalidad extremadamente elevada. Por ello, la prevención
después de la exposición es muchísimo más eficaz que intentar tratar la
enfermedad una vez instalada.
¿Existe
tratamiento para la rabia?
Aquí es fundamental diferenciar prevención después de la
exposición de tratamiento de una enfermedad que ya presenta síntomas.
Cuando una persona ha sido mordida, arañada o expuesta de
alguna otra manera a un animal potencialmente infectado, puede recibir una
profilaxis posexposición (PPE). Esta intervención es una emergencia médica y
tiene como objetivo impedir que el virus llegue al sistema nervioso central.
La primera medida consiste en lavar inmediatamente la herida
con abundante agua y jabón durante al menos 15 minutos. Después debe buscarse
atención médica urgente para que profesionales capacitados evalúen el riesgo y
determinen el tratamiento necesario.
La PPE puede incluir:
limpieza cuidadosa de la herida;
vacuna antirrábica;
inmunoglobulina antirrábica o anticuerpos monoclonales,
cuando están indicados.
La combinación exacta depende de las características de la
exposición y de si la persona había recibido previamente vacunación contra la
rabia.
Por eso, ante una mordedura de un animal que pueda estar
infectado, no hay que esperar a que aparezcan síntomas ni decidir por cuenta
propia que la herida es poco importante.
Una vez que aparecen los síntomas neurológicos de la rabia,
las posibilidades de supervivencia son extraordinariamente bajas. La OMS señala
que, después de la aparición de los síntomas clínicos, el desenlace es
prácticamente siempre mortal.
¿Dónde se
concentra actualmente la rabia?
La rabia está presente en distintas partes del mundo, pero
la carga de enfermedad humana se concentra especialmente en África y Asia.
La OMS señala que la rabia continúa siendo un importante
problema de salud pública principalmente en estos dos continentes. La OMSA
estima que más del 95 % de las muertes por rabia ocurren en África y Asia.
No resulta sencillo establecer una lista mundial exacta de
los países "con mayor índice" porque la vigilancia y la notificación
no son iguales en todos los países. Además, los datos pueden referirse a
muertes humanas, casos animales, exposiciones o brotes, que son indicadores
diferentes.
Entre las regiones donde la rabia transmitida por perros
continúa siendo endémica se encuentran numerosos países de África y Asia. En
Asia y el Pacífico, la OMSA identifica la rabia como una enfermedad endémica y
señala que la transmisión por perros continúa siendo la principal fuente de
enfermedad humana.
En África también persiste una importante carga de rabia
transmitida por perros, particularmente en zonas donde existen dificultades
para acceder a vacunación animal, atención sanitaria y profilaxis después de
las exposiciones.
Es importante destacar que la presencia de rabia no
significa que todos los habitantes de esos países tengan un riesgo elevado. El
riesgo depende de factores como la circulación del virus en animales, la
vacunación de los perros, el acceso a los servicios sanitarios y la posibilidad
de entrar en contacto con animales infectados.
Una enfermedad que afecta especialmente a las zonas rurales
La distribución de la rabia también presenta una dimensión
social y geográfica.
La OMSA señala que más del 80 % de las muertes por rabia se
producen en zonas rurales, donde puede existir un acceso limitado a los
servicios de salud, a la educación sanitaria y a los tratamientos posteriores a
una mordedura. Además, aproximadamente cuatro de cada diez personas que mueren
por rabia son niños.
Los niños constituyen un grupo particularmente vulnerable
porque pueden tener dificultades para reconocer el peligro de acercarse a un
animal desconocido o pueden no comunicar inmediatamente una mordedura o arañazo
a un adulto.
Por eso la educación desde la infancia constituye una de las
herramientas de prevención.
¿Qué perjuicios
provoca la rabia?
Los daños provocados por la rabia no se limitan a las
personas que enferman.
En primer lugar, produce una enfermedad neurológica
extremadamente grave y, una vez iniciados los síntomas, casi siempre mortal.
En segundo lugar, representa un importante problema para las
familias y los sistemas sanitarios. Las personas expuestas necesitan una
evaluación médica urgente y, cuando corresponde, un tratamiento preventivo que
puede requerir varias dosis de vacuna y otros productos biológicos.
También provoca importantes pérdidas económicas en las
comunidades afectadas. Los gastos sanitarios, el control de los animales, las
campañas de vacunación y la vigilancia epidemiológica representan un esfuerzo
considerable, especialmente en países con recursos limitados.
A esto se suma el impacto sobre la ganadería, los animales
domésticos y la fauna silvestre.
La rabia es, por tanto, un problema que involucra
simultáneamente la salud humana, la salud animal y el ambiente.
¿Cómo se puede
prevenir?
La prevención de la rabia se basa en actuar sobre diferentes
puntos de la cadena de transmisión.
1. Vacunar a los perros
La vacunación masiva de los perros es considerada la
estrategia más eficaz para prevenir la rabia humana transmitida por perros.
La razón es sencilla: si los perros están vacunados, se
interrumpe el ciclo de transmisión antes de que el virus llegue a las personas.
La OMS considera que la vacunación de los perros es una de
las estrategias más costoeficaces para prevenir la rabia humana.
2. Evitar el contacto con animales desconocidos
No se debe intentar acariciar, alimentar o manipular
animales desconocidos, especialmente si presentan un comportamiento extraño,
están enfermos, desorientados o muestran signos neurológicos.
Los niños deben aprender desde pequeños que un animal
aparentemente dócil también puede reaccionar de manera imprevisible si está
asustado, herido o enfermo.
3. Enseñar a prevenir las mordeduras
La educación sanitaria es fundamental. Los niños y adultos
deben conocer cómo comportarse frente a perros y otros animales y qué hacer si
se produce una mordedura o un arañazo.
4. Actuar inmediatamente después de una exposición
Una de las medidas más importantes consiste en no minimizar
una mordedura.
La recomendación de la OMS es lavar la herida con agua y
jabón durante al menos 15 minutos y buscar atención médica inmediatamente. El
profesional sanitario determinará si es necesario iniciar la profilaxis
posexposición.
5. Vacunación de personas con riesgo elevado
También existe vacunación preventiva antes de la exposición
para determinadas personas que, por su profesión o actividades, tienen mayor
posibilidad de entrar en contacto con el virus.
Entre ellas se encuentran determinados trabajadores de
laboratorios, personas que trabajan en programas de control de enfermedades
animales y profesionales que trabajan con fauna silvestre. También puede
recomendarse a algunas personas que viajan o viven en regiones donde la rabia
es endémica y el acceso a la atención médica es limitado.
Sin embargo, la vacunación previa no elimina la necesidad de
recibir atención médica después de una exposición.
El papel de los
animales y de la fauna silvestre
Aunque el perro es el principal responsable de la
transmisión de la rabia a los seres humanos a escala mundial, la enfermedad
también circula entre animales silvestres.
En diferentes regiones del planeta pueden actuar como
reservorios distintas especies de mamíferos. Los murciélagos tienen especial
importancia en determinadas zonas y pueden representar una fuente de exposición
incluso cuando no existe una mordedura evidente.
Por este motivo, nunca debe manipularse directamente un
murciélago u otro animal silvestre que aparezca enfermo, desorientado o incapaz
de desplazarse normalmente.
Una enfermedad que puede ser eliminada
Uno de los aspectos más esperanzadores de la rabia es que, a
diferencia de otras enfermedades infecciosas difíciles de controlar, existen
las herramientas necesarias para eliminar la rabia humana transmitida por
perros.
La estrategia internacional se basa fundamentalmente en la
vacunación de los perros, la vigilancia de la enfermedad, el acceso rápido de
las personas expuestas a la profilaxis posexposición y la educación de la
población.
La meta internacional es acabar para 2030 con las muertes
humanas causadas por la rabia transmitida por perros, mediante un enfoque de
"Una sola salud", que integra la salud humana, animal y ambiental.
En 2026 se produjo, además, un avance significativo: la OMS
validó a Bhután como el primer país de la región del Sudeste Asiático y el
primer país fuera de las Américas en alcanzar la eliminación de la rabia humana
transmitida por perros como problema de salud pública. Este logro demuestra que
la eliminación es posible cuando se mantienen durante años las campañas de
vacunación, la vigilancia y la cooperación entre los sectores sanitario y
veterinario.
La importancia del enfoque "Una sola
salud"
La rabia constituye un ejemplo perfecto de por qué la salud
humana y la salud animal no pueden tratarse como cuestiones independientes.
Para reducir las muertes humanas no basta con atender a las
personas después de una mordedura. Es necesario actuar también sobre la
población canina, vacunar a los animales, vigilar la circulación del virus,
controlar los animales infectados, mejorar el acceso a los servicios sanitarios
y educar a la población.
Por eso la lucha contra la rabia requiere la colaboración de
médicos, veterinarios, autoridades sanitarias, especialistas en fauna
silvestre, gobiernos, escuelas y comunidades.
Una enfermedad casi 100 % prevenible
La rabia presenta una paradoja: es una de las enfermedades
infecciosas más letales, pero al mismo tiempo es una enfermedad prácticamente
100 % prevenible cuando se dispone de las medidas adecuadas y se actúa a
tiempo.
La clave está en no esperar a que aparezcan los síntomas. La
vacunación de los perros reduce el riesgo en la comunidad; evitar el contacto
con animales potencialmente peligrosos reduce las exposiciones; y la atención
médica inmediata después de una mordedura o arañazo puede impedir que una
infección se convierta en una enfermedad mortal.
Por ello, combatir la rabia no significa únicamente tratar a
quienes han sido expuestos. Significa prevenir las mordeduras, vacunar a los
animales, educar a la población, garantizar el acceso a la atención médica y
mantener una vigilancia permanente.
La experiencia internacional demuestra que estas medidas
funcionan. El objetivo de un mundo libre de muertes humanas por rabia
transmitida por perros para 2030 no depende de descubrir una nueva vacuna
milagrosa: las herramientas ya existen. El desafío consiste en conseguir que
lleguen a todas las personas y animales que las necesitan.
FUENTES
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/rabies?utm_source=chatgpt.com
https://www.paho.org/es/dia-mundial-contra-rabia
https://es.wikipedia.org/wiki/Rabia

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