Las ideas educativas de Paulo Freire:
educación, diálogo, conciencia crítica y transformación social
Introducción
Paulo Freire (1921–1997) fue un educador y filósofo
brasileño cuya obra transformó profundamente la manera de pensar la enseñanza,
especialmente la alfabetización de jóvenes y adultos y la educación popular. Su
pensamiento surgió de experiencias concretas con sectores populares y de su
trabajo como docente y activista social. La UNESCO reconoce su legado como una
de las expresiones fundamentales de la pedagogía crítica y destaca que su
pensamiento influyó en la educación popular a escala mundial.
Freire no entendía la educación simplemente como la
transmisión de conocimientos. Para él, educar significaba establecer una
relación entre las personas, el conocimiento y el mundo en que viven. Por eso,
enseñar a leer y escribir no podía reducirse a aprender letras, palabras y
frases: debía ayudar también a interpretar críticamente la realidad y a descubrir
que las personas pueden intervenir sobre ella.
Esta concepción aparece especialmente desarrollada en Pedagogía
del oprimido, publicada originalmente en 1970, obra en la que contrapone la
denominada educación bancaria con una educación problematizadora y
dialógica.
Su propuesta puede sintetizarse en una idea fundamental: la
educación debe contribuir a que las personas se conviertan en sujetos capaces
de comprender su realidad, dialogar con otros y participar responsablemente en
su transformación.
1. Una concepción de la educación profundamente humanista
Para comprender las propuestas de Freire es necesario partir
de su concepción de la persona. El ser humano no es, para él, un recipiente que
debe ser llenado con información. Es un sujeto que vive en una realidad
histórica determinada, posee experiencias, interpreta el mundo y tiene
capacidad para aprender, cuestionar y actuar.
Por eso, la educación tiene una dimensión necesariamente
humana. No consiste únicamente en adquirir conocimientos útiles para aprobar
exámenes o desempeñar una profesión. También implica desarrollar la capacidad
de comprenderse a uno mismo, comprender a los demás y comprender el mundo.
Freire considera además que los seres humanos son seres inacabados:
nunca están completamente terminados y, por lo tanto, permanecen abiertos al
aprendizaje y a la transformación. Esta concepción aparece explícitamente
vinculada en Pedagogía del oprimido con la idea de que la educación es
un proceso mediante el cual las personas buscan realizar más plenamente su
humanidad.
De aquí surge una consecuencia pedagógica importante: nadie
debería ser reducido a objeto del proceso educativo.
El estudiante no es simplemente alguien sobre quien el
docente actúa. Es alguien que participa en el proceso de conocimiento.
2. La educación no es neutral
Una de las afirmaciones más importantes del pensamiento
freireano es que la educación nunca es completamente neutral.
Esto no significa que cada clase deba convertirse en una
actividad partidaria o que el docente deba imponer sus ideas políticas a sus
estudiantes. El planteamiento de Freire es más profundo: toda práctica educativa
parte de determinadas concepciones acerca del conocimiento, de las personas, de
la sociedad y de lo que significa vivir juntos.
Elegir qué se enseña, qué conocimientos se consideran
importantes, quién tiene derecho a hablar, cómo se organiza la clase y qué tipo
de participación se permite son decisiones que tienen consecuencias sociales.
Por ello, Freire analiza la educación también como una
práctica vinculada con las relaciones de poder.
Una educación puede contribuir a que las personas
simplemente acepten como naturales determinadas situaciones sociales. Pero
también puede proporcionarles herramientas para analizarlas, formular preguntas
y participar activamente en su comunidad.
La UNESCO ha destacado precisamente esta dimensión
ético-crítica-política-educativa de la obra de Freire.
Educación como reproducción o como posibilidad
Desde esta perspectiva, Freire establece una diferencia
entre:
- una
educación que favorece la adaptación pasiva a la realidad;
- y
una educación que desarrolla la capacidad de comprender, cuestionar y
transformar esa realidad.
La educación, entonces, no debería limitarse a enseñar a las
personas cómo funcionar dentro del mundo existente. También debe permitirles
preguntarse por qué el mundo es como es y cómo podría ser diferente.
3. “Leer el mundo” antes de “leer la palabra”
Una de las expresiones más conocidas asociadas con Freire es
la idea de que la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra.
Esta concepción resulta especialmente importante para
comprender su propuesta de alfabetización.
Tradicionalmente, alfabetizar puede entenderse como enseñar
a reconocer letras, formar sílabas, leer palabras y escribir oraciones. Freire
consideraba que eso era necesario, pero insuficiente.
Una persona puede aprender a descifrar un texto y, sin
embargo, no disponer de herramientas para interpretar críticamente las
circunstancias en las que vive.
Por eso, la alfabetización debía partir de la experiencia
concreta de los educandos.
Por ejemplo, en una comunidad determinada podían aparecer
como temas educativos el trabajo, la tierra, la vivienda, el salario, la
alimentación, las relaciones familiares o las condiciones de vida. Esos
elementos cotidianos podían convertirse en puntos de partida para aprender a
leer y escribir y, simultáneamente, para analizar la realidad.
La alfabetización dejaba así de ser exclusivamente
lingüística y se convertía también en una forma de interpretación del mundo.
La documentación de la UNESCO sobre Freire destaca
justamente que su metodología de alfabetización de adultos estaba vinculada con
una teoría del conocimiento y con una perspectiva crítica.
4. La conciencia crítica
Otro concepto fundamental es la concientización,
término frecuentemente utilizado para traducir el portugués conscientização.
La conciencia crítica supone mucho más que acumular
información.
Una persona desarrolla conciencia crítica cuando comienza a:
1.
reconocer las circunstancias en las que vive;
2.
identificar problemas y contradicciones;
3.
comprender que muchas situaciones tienen causas
históricas y sociales;
4.
cuestionar aquello que anteriormente parecía
inevitable;
5.
dialogar con otras personas acerca de esas
cuestiones;
6.
descubrir posibilidades de acción.
Por eso, la conciencia crítica no equivale simplemente a
"tener una opinión".
Implica aprender a formular preguntas, analizar las causas
de los problemas y relacionar las experiencias individuales con procesos
sociales más amplios.
La UNESCO ha relacionado explícitamente la obra de Freire
con el diálogo, la identificación de experiencias de opresión y el desarrollo
de una conciencia capaz de reconocer posibilidades de cambio.
5. La crítica a la “educación bancaria”
Uno de los conceptos más conocidos de Freire es el de educación
bancaria.
La metáfora procede de la idea de un banco: el docente posee
determinados conocimientos y los "deposita" en los estudiantes, que
deben recibirlos, almacenarlos y reproducirlos.
En este modelo:
docente → transmite → estudiante recibe
El conocimiento aparece como algo que ya está terminado y
pertenece fundamentalmente al profesor. El estudiante ocupa una posición
pasiva.
Freire critica este sistema porque considera que reduce la
capacidad del educando para pensar por sí mismo.
La UNESCO explica que, según Freire, la educación bancaria
tiende a excluir interpretaciones alternativas de la realidad, reforzar la
autoridad del docente y favorecer un análisis poco crítico.
¿Qué problemas encuentra Freire en este modelo?
Entre otros:
- el
estudiante es tratado como receptor;
- sus
conocimientos previos pueden ser ignorados;
- la
experiencia cotidiana queda separada del aprendizaje;
- se
privilegia la memorización;
- el
docente aparece como quien posee todas las respuestas;
- se
reduce el espacio para preguntar;
- se
dificulta la reflexión crítica.
Freire no está diciendo que el docente no deba enseñar
conocimientos. Su crítica se dirige a la concepción según la cual enseñar
consiste exclusivamente en transmitir información desde quien sabe hacia quien
supuestamente no sabe nada.
6. Frente a la educación bancaria: la educación
problematizadora
Como alternativa, Freire propone una educación problematizadora.
En lugar de presentar el conocimiento como algo cerrado, el
docente puede presentar problemas, preguntas y situaciones que inviten a
investigar.
Por ejemplo, en lugar de limitarse a enseñar una determinada
cuestión social mediante una definición, puede preguntar:
- ¿Cómo
se manifiesta este problema en nuestra comunidad?
- ¿Por
qué ocurre?
- ¿A
quiénes afecta?
- ¿Qué
causas puede tener?
- ¿Siempre
fue así?
- ¿Qué
alternativas podrían existir?
El conocimiento se convierte entonces en una búsqueda
compartida.
Esto no significa que docente y estudiante tengan
exactamente los mismos conocimientos o responsabilidades. El docente continúa
teniendo una responsabilidad pedagógica y una preparación específica. Lo que
cambia es la relación: el profesor deja de ser la única fuente legítima de
conocimiento y reconoce que los estudiantes también llegan al aula con
experiencias, preguntas y saberes.
En Pedagogía del oprimido, Freire contrapone
explícitamente el modelo bancario con la educación problematizadora y vincula
esta última con la superación de la contradicción rígida entre profesor y
estudiante.
7. El diálogo como método educativo
El diálogo ocupa un lugar central en toda la
pedagogía freireana.
Pero dialogar no significa simplemente conversar.
Para Freire, el verdadero diálogo supone reconocer al otro
como una persona capaz de pensar, preguntar, aprender y aportar.
Por eso, el diálogo educativo requiere:
- respeto;
- escucha;
- apertura;
- humildad
intelectual;
- participación;
- disposición
para aprender;
- reconocimiento
de la dignidad del otro.
La investigación sobre Freire destaca que el diálogo implica
reconocimiento mutuo y que constituye la base de una pedagogía crítica y
problematizadora.
El docente también aprende
Esta es una de las consecuencias más interesantes de la
propuesta freireana.
El profesor enseña, pero también aprende.
Los estudiantes aprenden del profesor, pero el profesor
puede aprender de las experiencias, preguntas y conocimientos de sus
estudiantes.
Por eso Freire propone sustituir una relación vertical
rígida por una relación dialógica.
No se trata de eliminar la autoridad pedagógica, sino de
distinguirla del autoritarismo.
El docente conserva la responsabilidad de orientar el
aprendizaje, pero no necesita convertir esa responsabilidad en una imposición
permanente.
8. Los estudiantes como sujetos y no como objetos
Para Freire, uno de los objetivos fundamentales de la
educación es convertir a las personas en sujetos de su propia historia.
Esto significa que los estudiantes deben desarrollar la
capacidad de:
- pensar;
- decidir;
- preguntar;
- argumentar;
- participar;
- asumir
responsabilidades;
- interpretar
su realidad;
- actuar
sobre ella.
El estudiante no debe ser considerado simplemente como un
objeto sobre el que se aplican determinadas técnicas educativas.
Es una persona con historia, cultura, conocimientos y
capacidad de acción.
Esta idea tiene una dimensión profundamente democrática: una
educación que fomenta sujetos autónomos contribuye a formar personas capaces de
participar responsablemente en la vida social.
9. Educación y transformación: no solamente adaptación
Freire cuestiona una educación cuyo objetivo fundamental sea
adaptar a las personas a las condiciones existentes.
Si una sociedad presenta desigualdades, discriminación,
pobreza o exclusión, limitarse a enseñar a las personas a desenvolverse dentro
de esas condiciones puede significar aceptar esas condiciones como inevitables.
Por el contrario, una educación transformadora invita a
preguntarse:
¿Qué realidad tenemos? ¿Por qué es así? ¿Qué queremos
conservar? ¿Qué queremos cambiar? ¿Cómo podemos participar responsablemente en
ese cambio?
La transformación no debe entenderse como una acción
individual aislada.
En Freire existe una dimensión colectiva: las personas
dialogan, se organizan, reconocen problemas comunes y construyen posibilidades
de acción.
La documentación de la UNESCO sobre su legado señala
precisamente la relación entre su pensamiento, los movimientos populares, la
educación de adultos y distintas experiencias emancipatorias en América Latina
y otras regiones.
10. La “Pedagogía del oprimido”
Pedagogía del oprimido es probablemente la obra más
conocida de Freire y constituye uno de los pilares de su pensamiento.
El concepto de "opresión" se refiere a relaciones
sociales en las que determinados grupos ven limitadas sus posibilidades de
desarrollarse plenamente como sujetos.
Freire sostiene que la liberación no puede ser simplemente
concedida desde afuera. Requiere la participación de las propias personas
involucradas.
Por eso, la pedagogía del oprimido no es una pedagogía
"para" personas consideradas incapaces, sino una pedagogía construida
con ellas.
En la estructura de la obra aparecen varios elementos
fundamentales:
opresión → conciencia → diálogo → problematización →
organización → acción transformadora
La obra contrapone explícitamente la educación bancaria con
una educación orientada hacia la liberación y dedica una parte fundamental al
diálogo y al desarrollo de la conciencia crítica.
11. Alfabetización de adultos y educación popular
Las ideas de Freire no quedaron limitadas a la teoría.
Uno de sus aportes más importantes fue su trabajo en alfabetización
de adultos, particularmente en contextos populares.
Su metodología buscaba partir de la experiencia de los
propios participantes y de las situaciones concretas de sus comunidades.
Esto modificaba la pregunta tradicional:
¿Qué contenidos debemos enseñar?
para incorporar otra pregunta:
¿Qué realidad viven estas personas y qué necesitan
comprender para ampliar sus posibilidades de participación y acción?
Así, la alfabetización podía convertirse simultáneamente en
aprendizaje de la lectura y escritura y en una experiencia de reflexión sobre
la propia realidad.
La UNESCO reconoce que Freire desarrolló una metodología de
alfabetización de adultos que pasó a formar parte de la historia mundial de la
educación popular.
12. Las experiencias y saberes de los educandos
Una consecuencia fundamental de esta metodología es el
reconocimiento de los saberes previos.
Un adulto que llega a una clase de alfabetización puede no
saber leer y escribir convencionalmente, pero eso no significa que no sepa
nada.
Puede poseer conocimientos sobre:
- su
trabajo;
- su
familia;
- su
comunidad;
- el
campo;
- los
oficios;
- la
naturaleza;
- la
economía cotidiana;
- las
relaciones humanas;
- la
cultura local.
Para Freire, esos conocimientos no deben ser despreciados.
El proceso educativo puede partir de ellos para construir
nuevos conocimientos.
Esto transforma también la imagen del educador: no es
simplemente quien posee todo el saber, sino quien organiza condiciones para que
el conocimiento pueda ser construido, cuestionado y ampliado.
13. La esperanza como dimensión educativa
En una etapa posterior de su pensamiento, Freire desarrolló
con especial fuerza la idea de la esperanza, especialmente en Pedagogía
de la esperanza, publicada en 1994. La UNESCO incluye esta obra entre sus
principales textos.
Para Freire, la esperanza no es ingenuidad ni la simple
confianza en que las cosas mejorarán por sí solas.
Es una disposición activa.
Tener esperanza significa considerar que la realidad puede
cambiar y, por lo tanto, que vale la pena actuar para transformarla.
La educación necesita esperanza porque aprender supone
imaginar posibilidades que todavía no existen plenamente.
Un estudiante que considera que nada puede cambiar
difícilmente encontrará motivos para investigar, participar y construir
alternativas.
Por eso, la esperanza tiene una dimensión educativa y
también ética.
14. Ética, responsabilidad y autonomía
La pedagogía freireana no propone solamente libertad.
Propone libertad acompañada de responsabilidad.
La autonomía no significa hacer cualquier cosa sin
considerar a los demás. Significa desarrollar la capacidad de tomar decisiones
reflexivas, asumir sus consecuencias y respetar la dignidad de otras personas.
De esta manera, la educación debe favorecer:
autonomía + responsabilidad + diálogo + respeto +
participación.
La formación de una persona autónoma tiene, por lo tanto,
una dimensión ética.
Educar no consiste solamente en formar individuos capaces de
resolver problemas, sino personas capaces de preguntarse también qué
consecuencias tienen sus acciones sobre los demás y sobre la comunidad.
15. El papel del docente
La propuesta de Freire modifica profundamente la figura
tradicional del profesor.
El docente continúa siendo una figura fundamental. No
desaparece ni se convierte simplemente en un compañero más.
Su función consiste en:
- organizar
situaciones de aprendizaje;
- estimular
preguntas;
- presentar
conocimientos;
- ayudar
a relacionar experiencias;
- introducir
nuevas perspectivas;
- promover
la investigación;
- favorecer
el diálogo;
- acompañar
el desarrollo de la autonomía.
Pero debe evitar transformar su autoridad en autoritarismo.
El profesor debe tener conocimientos que ofrecer, pero
también debe estar dispuesto a reconocer que enseñar y aprender son procesos
relacionados.
Esta concepción convierte al aula en un espacio de
producción de conocimiento y no solamente de transmisión.
16. El diálogo no significa ausencia de rigor
Una posible interpretación equivocada de Freire consiste en
pensar que una educación dialógica significa que "todo vale" o que el
docente no necesita enseñar contenidos.
No es así.
El diálogo no elimina el conocimiento sistemático ni la
exigencia intelectual.
Por el contrario, una educación crítica requiere rigor,
investigación y argumentación.
La diferencia está en que el conocimiento no se presenta
como una verdad que debe aceptarse pasivamente. Se convierte en algo que puede
ser comprendido, interrogado y relacionado con problemas concretos.
Así, Freire busca combinar:
conocimiento + experiencia + reflexión + diálogo +
acción.
17. Educación y democracia
La pedagogía de Freire tiene una relación muy estrecha con
la democracia.
Una sociedad democrática necesita personas capaces de:
- escuchar;
- argumentar;
- expresar
sus ideas;
- aceptar
diferencias;
- formular
preguntas;
- participar;
- asumir
responsabilidades;
- analizar
críticamente la información.
Una escuela que fomenta únicamente obediencia y repetición
difícilmente puede desarrollar todas esas capacidades.
Por eso, el aula puede convertirse en un espacio donde se
practique la democracia cotidiana.
La UNESCO, en propuestas educativas contemporáneas, también
destaca la importancia del diálogo, la cooperación, la participación y el
aprendizaje como procesos relacionados con la construcción de futuros más
justos.
18. La relación entre reflexión y acción
Otro concepto fundamental es la praxis.
En términos generales, Freire entiende la praxis como la
relación entre reflexión y acción.
No basta con actuar sin pensar, pero tampoco basta con
comprender un problema sin hacer nada frente a él.
Puede representarse así:
realidad → reflexión → diálogo → acción → nueva reflexión
→ nueva acción
La acción transforma la realidad, pero también produce
nuevos conocimientos y preguntas.
De esta manera, el aprendizaje no termina cuando se obtiene
una respuesta. La respuesta puede convertirse en el punto de partida de una
nueva investigación.
19. Diferencias entre la pedagogía crítica de Freire y
modelos conservadores o tradicionales
La comparación debe hacerse con cuidado, porque "modelo
conservador" puede referirse a corrientes educativas diferentes. En
términos generales, pueden señalarse estas diferencias conceptuales:
|
Aspecto |
Pedagogía crítica de Freire |
Modelo tradicional/conservador de tipo transmisivo |
|
Papel del docente |
Orientador, educador y participante del proceso |
Principal transmisor del conocimiento |
|
Papel del estudiante |
Sujeto activo |
Receptor de contenidos |
|
Conocimiento |
Se construye mediante investigación, diálogo y reflexión |
Se transmite como contenido previamente establecido |
|
Experiencia del estudiante |
Punto de partida relevante |
Puede ocupar un lugar secundario |
|
Método |
Problematización y diálogo |
Exposición, repetición y memorización |
|
Relación educativa |
Dialógica |
Más vertical |
|
Preguntas |
Son instrumentos centrales del aprendizaje |
Pueden quedar subordinadas a la búsqueda de respuestas
correctas |
|
Realidad social |
Objeto de análisis crítico |
Frecuentemente aparece como contexto externo al contenido |
|
Finalidad |
Autonomía, conciencia crítica y participación |
Adaptación, adquisición de conocimientos y cumplimiento de
objetivos establecidos |
|
Transformación social |
Forma parte de la finalidad educativa |
No necesariamente constituye un objetivo educativo |
|
Esperanza |
Posibilidad activa de construir alternativas |
Puede no ocupar un lugar central |
Esta comparación no significa que toda enseñanza tradicional
sea idéntica ni que Freire rechace toda transmisión de conocimientos. Su
crítica se dirige fundamentalmente a una relación educativa vertical, pasiva
y cerrada al cuestionamiento.
20. Un mapa conceptual de la pedagogía de Freire
Puede sintetizarse su pensamiento mediante el siguiente
mapa:
PAULO FREIRE
↓
EDUCACIÓN COMO
PRÁCTICA HUMANA, ÉTICA Y POLÍTICA
↓
No neutral
Puede
reproducir Puede transformar
dominación realidad
↓
↓
Educación bancaria Educación
liberadora
↓
↓
Docente deposita Diálogo
contenidos Problematización
↓
↓
Estudiante pasivo Estudiante sujeto
↓
↓
Memorización Reflexión crítica
↓
↓
Adaptación Conciencia crítica
↓
Praxis
↓
Acción colectiva
↓
Transformación social
En el centro de todo este esquema se encuentran conceptos
estrechamente relacionados:
DIÁLOGO → CONCIENCIA →
AUTONOMÍA → PARTICIPACIÓN → ACCIÓN → TRANSFORMACIÓN
21. La vigencia del pensamiento de Freire
La influencia de Freire no quedó limitada a Brasil o América
Latina.
La UNESCO señala que su pensamiento atravesó fronteras y
tuvo influencia en diferentes campos del conocimiento y en experiencias de
educación popular, alfabetización, movimientos sociales y formación política.
Su legado puede encontrarse en ámbitos como:
- formación
docente;
- educación
popular;
- alfabetización
de jóvenes y adultos;
- educación
comunitaria;
- educación
en derechos humanos;
- pedagogías
críticas;
- proyectos
sociales;
- educación
intercultural;
- movimientos
comunitarios;
- experiencias
educativas participativas.
Su influencia también puede reconocerse en debates actuales
sobre el papel de la escuela y sobre la necesidad de que los estudiantes
comprendan la relación entre los conocimientos que aprenden y el mundo en que
viven.
La propia UNESCO continúa planteando la necesidad de
pedagogías basadas en cooperación, diálogo, participación y capacidad de los
estudiantes para intervenir responsablemente en el mundo.
22. Una mirada crítica sobre su legado
La importancia de Freire no significa que todas sus
propuestas deban aplicarse literalmente o que exista una única manera
"freireana" de enseñar.
Su pensamiento fue desarrollado en contextos históricos
concretos y alrededor de problemas específicos, particularmente la
alfabetización de adultos, la desigualdad y la educación popular.
Por eso, trasladar sus ideas a las escuelas actuales
requiere interpretación y adaptación.
Sin embargo, varias de sus preguntas conservan gran
actualidad:
- ¿Qué
lugar ocupa la voz de los estudiantes?
- ¿Se
reconocen sus experiencias?
- ¿Aprenden
solamente respuestas o también aprenden a formular preguntas?
- ¿Pueden
relacionar lo aprendido con su realidad?
- ¿La
escuela fomenta autonomía?
- ¿El
conocimiento se presenta como algo terminado o como algo que puede
investigarse?
- ¿Existe
verdadero diálogo?
- ¿La
educación ayuda a comprender críticamente el mundo?
Estas preguntas permiten utilizar el pensamiento de Freire
no como una receta pedagógica, sino como una herramienta de reflexión sobre
la práctica educativa.
Conclusión
El legado de Paulo Freire puede entenderse como una
concepción de la educación que une conocimiento, diálogo, ética, autonomía,
conciencia crítica, esperanza y transformación.
Su crítica a la educación bancaria cuestionó una concepción
del estudiante como receptor pasivo y propuso comprenderlo como sujeto de
conocimiento. Frente a la transmisión unilateral, colocó el diálogo; frente a
la memorización aislada, la problematización; frente a la adaptación pasiva, la
posibilidad de transformación.
Su propuesta de alfabetización amplió radicalmente el
significado de aprender a leer y escribir: leer una palabra también supone
aprender a leer el mundo en el que esa palabra adquiere sentido.
La educación, desde esta perspectiva, no termina en el aula.
Lo aprendido adquiere significado cuando permite comprender mejor la realidad,
relacionarse con otras personas, formular preguntas y participar
responsablemente en la construcción de la vida colectiva.
Por eso, el pensamiento de Freire puede resumirse como una
pedagogía que busca pasar:
del objeto al sujeto,
de la pasividad a la participación,
del silencio al diálogo,
de la repetición a la reflexión,
de la adaptación a la transformación
y de la desesperanza a la esperanza.
En síntesis, su legado es simultáneamente teórico y
práctico. No se limita a proponer una determinada técnica para enseñar,
sino que plantea una pregunta mucho más profunda: ¿qué tipo de personas y
qué tipo de sociedad queremos contribuir a formar mediante la educación?
Esa pregunta explica buena parte de la vigencia de Freire.
Su obra sigue invitando a pensar la educación no como un simple mecanismo de
transmisión de información, sino como una práctica mediante la cual las
personas pueden desarrollar conocimientos, autonomía, responsabilidad y
capacidad de participar en el mundo que comparten.
Fuentes de referencia
- UNESCO — Educator Paulo Freire Fonds
- UNESCO — Collection Educator Paulo Freire
- Bloomsbury
Academic — *Pedagogy of the Oppressed*, 50th Anniversary Edition
- Internet Encyclopedia of
Philosophy — Paulo Freire
- UNESCO —
Five questions on transformative education

No hay comentarios:
Publicar un comentario