Análisis pictórico de La
Asamblea de la Florida,
de Eduardo Amézaga
1.
Identificación de la obra
Título: La
Asamblea de la Florida, también conocida como La Declaratoria de la
Florida
Autor: Eduardo Amézaga (1911-1977)
Técnica: óleo sobre lienzo
Fecha de realización: 1943-1947
Tema: histórico
La obra de Eduardo Amézaga ocupa un lugar particularmente
importante dentro de la pintura histórica uruguaya porque transforma un
acontecimiento fundamental de la historia nacional en una imagen visual
fácilmente reconocible. El cuadro representa a los integrantes de la Sala de
Representantes reunidos durante la jornada del 25 de agosto de 1825, cuando
fueron aprobadas las leyes fundamentales que marcaron una etapa decisiva del
proceso independentista.
No estamos, sin embargo, ante una pintura realizada en la
época de los acontecimientos. Amézaga pintó la escena entre 1943 y 1947,
aproximadamente 118-122 años después de la Asamblea. Esta distancia temporal es
fundamental para comprender la obra: el artista no pudo observar directamente a
los protagonistas ni el interior de aquella sala. Su tarea consistió en reconstruir
visualmente un acontecimiento histórico a partir de documentos, retratos y
conocimientos disponibles.
2. El
contexto histórico que dio origen a la pintura
La obra nació dentro de un proyecto destinado a dotar de
imágenes a determinados acontecimientos fundamentales de la historia uruguaya.
En 1941, durante la presidencia de Alfredo Baldomir,
se convocó un concurso para artistas plásticos uruguayos con el propósito de
realizar una pintura al óleo que representara la Sala de Representantes de la
Provincia Oriental durante la sesión celebrada en la Villa de la Florida el 25
de agosto de 1825.
La iniciativa respondía a una necesidad concreta: aunque
existía abundante documentación escrita sobre los acontecimientos de la
formación del país, faltaban representaciones visuales capaces de convertir
aquellos episodios históricos en imágenes accesibles para el público.
Amézaga se presentó al concurso utilizando el seudónimo «Homero
Díaz». El jurado, integrado entre otros por Juan Pivel Devoto, José Luis
Zorrilla de San Martín y Pedro Argul, declaró desierto el primer premio y
otorgó a Amézaga el segundo. Posteriormente, el artista tuvo la oportunidad de
desarrollar su propuesta a mayor escala y con más tiempo del inicialmente
previsto.
El resultado fue una obra trabajada durante varios años,
entre 1943 y 1947, lo que permitió al pintor madurar y ampliar la idea
inicial.
3. Una
reconstrucción y no una fotografía del pasado
Este aspecto es fundamental para interpretar correctamente
la pintura.
La obra puede parecer, a primera vista, una especie de
«fotografía» de la Asamblea de 1825. Sin embargo, evidentemente no lo es.
Amézaga estaba trabajando más de un siglo después de los hechos.
Para reconstruir los rostros de los protagonistas recurrió a
los retratos conservados en el Museo Histórico Nacional. Esos retratos
habían sido realizados del natural por artistas como Amadeo Gras, Cayetano
Gallino y Eduardo Carbajal.
Por lo tanto, el proceso puede entenderse como una cadena de
reconstrucciones:
acontecimiento histórico → testimonios y documentos →
retratos de los protagonistas → interpretación de Amézaga → pintura histórica.
Esto le da a la obra un doble valor.
Por una parte, funciona como obra artística.
Por otra, funciona como una construcción visual de la
memoria histórica.
La pintura no nos muestra directamente cómo fue la Asamblea
de 1825; nos muestra cómo un artista uruguayo de mediados del siglo XX imaginó
y reconstruyó visualmente aquel acontecimiento. Esta diferencia es muy
importante desde la perspectiva actual de la historia del arte y de la cultura
visual.
4. El
género: pintura histórica
La Asamblea de la Florida pertenece al género de la pintura
histórica, caracterizado por representar acontecimientos considerados
relevantes para la memoria de una sociedad.
En este tipo de pintura, el objetivo no consiste simplemente
en reproducir personas y objetos. El artista debe organizar la escena para que
el espectador pueda comprender:
- quiénes
son los protagonistas;
- qué
acontecimiento está ocurriendo;
- cuál
es su importancia;
- qué
personajes ocupan una posición central;
- qué
ambiente corresponde al acontecimiento;
- qué
emociones o valores debe transmitir la escena.
Amézaga adopta una concepción académica y solemne del
episodio. La pintura no presenta una escena de agitación popular, movimiento o
combate. Por el contrario, muestra un espacio institucional en el que hombres
reunidos participan de un acto político y jurídico.
El propio Ministerio de Educación y Cultura ha señalado esta
diferencia al comparar la obra de Amézaga con otras representaciones de 1825:
mientras algunas imágenes ponen el acento en la participación popular y épica, Asamblea
de la Florida destaca especialmente el carácter institucional y jurídico
del acontecimiento.
5.
Análisis de la composición
Uno de los aspectos más interesantes de la pintura es su estructura
compositiva.
Amézaga no distribuye a los personajes de manera arbitraria.
Toda la escena está organizada mediante una combinación de líneas
horizontales y verticales que ayudan a ordenar visualmente el conjunto. El
análisis realizado por Uruguay Educa identifica cuatro líneas verticales dominantes
relacionadas con la ubicación de los personajes que permanecen de pie.
A estas líneas verticales se agregan varias horizontales.
Una primera línea organiza aproximadamente la altura de las
miradas de los personajes que están de pie.
Otra se relaciona con los personajes sentados.
Una tercera coincide con la altura de la mesa y contribuye a
ordenar las manos de los asistentes.
Una cuarta se vincula con la posición de las rodillas.
Finalmente, otra línea horizontal funciona como apoyo visual
para los pies de los personajes.
Esta estructura produce un efecto de orden, estabilidad y
equilibrio.
Y no es casual que sea así.
La organización geométrica de la escena corresponde
perfectamente con el significado del acontecimiento representado: estamos ante
una asamblea, es decir, un grupo de personas reunidas en un espacio
institucional para deliberar y tomar decisiones.
La composición ordenada transmite visualmente la idea de organización
política, autoridad, deliberación y solemnidad.
6. Las
líneas verticales
Las figuras que aparecen de pie generan importantes ejes
verticales.
Estas líneas tienen una función compositiva evidente: ayudan
a dividir el espacio y evitan que el gran número de personajes se convierta en
una masa desordenada.
Pero también poseen un valor expresivo.
Las verticales transmiten:
- estabilidad;
- firmeza;
- solemnidad;
- autoridad;
- permanencia.
Los personajes erguidos adquieren así una presencia
especialmente importante.
El espectador percibe un conjunto de figuras humanas que
parecen sostener visualmente la escena.
7. Las
líneas horizontales
Las líneas horizontales introducen un efecto diferente.
La mesa, las posiciones de los brazos, las piernas y los
pies crean sucesivas franjas que estructuran el espacio.
La mesa tiene especial importancia porque funciona como un
elemento organizador. Divide visualmente la composición y establece una
relación entre quienes están sentados y quienes permanecen de pie.
El resultado es una estructura casi arquitectónica.
Podríamos imaginar la pintura como una construcción en la que: las líneas verticales sostienen y las líneas horizontales organizan.
Esta estructura contribuye decisivamente a la sensación de
estabilidad que transmite la obra.
8. La
disposición de los personajes
Los personajes constituyen el elemento fundamental de la
composición.
No aparecen representados como individuos aislados, sino
formando un conjunto institucional.
Algunos están sentados alrededor de la mesa; otros aparecen
de pie. Esta diferencia permite crear distintos niveles dentro de la
composición y evita que todas las figuras se encuentren a la misma altura.
El espectador puede recorrer visualmente el grupo de un
personaje a otro.
La multiplicidad de figuras tiene, además, un significado
conceptual: el acontecimiento no se presenta como la acción exclusiva de un
héroe individual, sino como el resultado de una acción colectiva de
representantes reunidos.
Esta característica distingue la obra de aquellas pinturas
históricas centradas exclusivamente en una figura heroica.
Aquí el protagonista último es la Asamblea.
9. El
presidente y la autoridad institucional
Dentro del conjunto existe una jerarquización visual.
El presidente de la Asamblea, Juan Francisco Larrobla,
ocupa una posición que permite identificarlo como una figura de autoridad
dentro del grupo.
La presencia del presidente contribuye a que el espectador
comprenda que no está contemplando simplemente una reunión de hombres, sino una
institución organizada.
Esto refuerza uno de los mensajes fundamentales de la
pintura: la independencia aparece vinculada no solamente con la lucha armada,
sino también con la deliberación política y la construcción institucional.
10. El
espacio interior
El espacio arquitectónico tiene una importancia fundamental.
No estamos ante un paisaje abierto ni ante una escena de
batalla. La acción transcurre en un interior institucional.
El recinto proporciona el marco físico necesario para que la
Asamblea pueda desarrollarse.
Desde el punto de vista simbólico, el interior contribuye a
transformar la escena en un acto solemne.
La arquitectura funciona como un escenario histórico.
Dentro de ella se encuentran los representantes, la mesa,
los documentos y los elementos propios de una reunión formal.
Así, el espacio no es simplemente un fondo: ayuda a explicar
qué está ocurriendo.
11. El
centro de atención
El ojo del espectador recorre inicialmente el grupo de
personajes y posteriormente se detiene en los elementos que concentran la
acción: las personas, la mesa y los documentos relacionados con la
deliberación.
La composición evita convertir la escena en un espectáculo
excesivamente dramático.
No existe una figura que domine absolutamente toda la
superficie.
El interés se distribuye entre los distintos participantes.
Esta decisión resulta coherente con el significado histórico
del episodio: lo que importa es el acto colectivo de la Asamblea.
12. El
tratamiento de las figuras humanas
Amézaga se preocupa especialmente por individualizar a los
protagonistas.
No se limita a pintar una multitud anónima. Cada delegado
tiene una presencia propia.
Esto era particularmente importante porque el propósito de
la obra era representar personajes históricos concretos.
Para conseguirlo, el pintor utilizó como referencia los
retratos conservados en el Museo Histórico Nacional, realizados a partir de los
modelos originales por otros artistas.
La pintura se convierte así en una especie de galería
colectiva de protagonistas históricos.
Cada rostro cumple una doble función:
individual: representa a una persona concreta;
histórica: representa a uno de los protagonistas del
proceso político de 1825.
13. Los
gestos y las actitudes
Otro aspecto importante son las actitudes corporales.
Los personajes no aparecen realizando movimientos violentos
o gestos exagerados. Predominan las posturas contenidas y solemnes.
Esto corresponde al carácter institucional de la escena.
La ausencia de gestos excesivamente teatrales produce una
sensación de seriedad y concentración.
Los protagonistas parecen estar atentos a lo que ocurre
dentro de la Asamblea.
De esta manera, Amézaga evita convertir el acontecimiento en
una escena melodramática.
La solemnidad procede más de la composición general que de
una exageración emocional de los personajes.
14. El
color
El tratamiento cromático contribuye también al carácter
histórico y solemne de la obra.
La pintura utiliza una gama relacionada con los tonos
propios de una escena interior y de la representación académica: colores
terrosos, ocres, marrones, grises y tonos oscuros aparecen combinados con zonas
más claras.
Esta elección tiene varias consecuencias.
En primer lugar, ayuda a crear una atmósfera de
antigüedad.
En segundo lugar, permite que los personajes se destaquen
dentro del espacio.
En tercer lugar, evita que el color convierta la escena en
algo festivo o excesivamente luminoso.
La paleta contribuye, por tanto, a reforzar el carácter serio,
histórico y documental de la representación.
15. La
luz
La iluminación tampoco parece concebida como un efecto
espectacular.
La luz cumple principalmente una función de visibilidad y
organización.
Permite distinguir los rostros, las vestimentas y las
distintas posiciones de los personajes.
Las zonas iluminadas y oscuras generan profundidad y ayudan
a evitar que el conjunto se perciba como una superficie plana.
Desde el punto de vista simbólico, la luz puede
interpretarse como un recurso que permite destacar a los protagonistas y hacer
visible el acontecimiento histórico para el espectador contemporáneo.
16. El
vestuario
La vestimenta de los personajes desempeña una función
fundamental para situar temporalmente la escena.
Los trajes permiten al espectador reconocer que se encuentra
ante hombres pertenecientes a la primera mitad del siglo XIX.
El vestuario también diferencia visualmente a los
protagonistas de un espectador contemporáneo.
En una pintura histórica, este elemento es esencial porque
contribuye a construir la ilusión de estar ante un acontecimiento ocurrido en
otro período.
17. El
documento y la escritura como símbolos
Los documentos presentes en una escena de estas
características adquieren un valor que va más allá de lo puramente material.
Representan la palabra escrita convertida en acto
político.
La pintura muestra así que la transformación histórica no
ocurre solamente mediante acciones militares o enfrentamientos, sino también
mediante decisiones, leyes, documentos y deliberaciones.
La escritura adquiere una dimensión simbólica:
18.
Ausencia de dramatismo bélico
Una de las características más significativas de la obra es
precisamente aquello que no aparece.
No vemos una batalla.
No vemos soldados combatiendo.
No vemos una multitud enfervorizada.
No vemos una escena de violencia.
Amézaga decidió representar el momento institucional.
Esta elección modifica profundamente la interpretación del
proceso independentista.
La independencia aparece aquí como un fenómeno que también
requiere representación política, deliberación, acuerdos y formulación
jurídica.
Por eso la pintura tiene un tono mucho más sereno que otras
imágenes históricas.
19. El
carácter solemne de la escena
Todos los elementos anteriores convergen para producir una
sensación de solemnidad:
- la
composición ordenada;
- las
líneas horizontales y verticales;
- las
figuras agrupadas;
- la
arquitectura;
- las
posturas serias;
- la
iluminación;
- los
tonos cromáticos;
- la
ausencia de movimientos violentos;
- la
importancia otorgada a los documentos;
- la
presencia de autoridades institucionales.
La obra transmite así la idea de que estamos ante un momento
trascendental de la historia nacional.
20. El
valor simbólico de la obra
El significado de La Asamblea de la Florida supera
ampliamente la representación de una reunión ocurrida en 1825.
La obra contribuye a construir una determinada imagen de la
nación.
En ella, Uruguay aparece asociado a valores como:
- institucionalidad;
- deliberación;
- representación
política;
- soberanía;
- organización;
- identidad
nacional;
- construcción
histórica.
Por ello, la pintura puede entenderse como una imagen de
la independencia, pero también como una imagen de cómo el Uruguay del siglo
XX quiso recordar su proceso de formación.
El Ministerio de Educación y Cultura ha señalado
precisamente que las representaciones artísticas del 25 de agosto desempeñaron
un papel importante en la construcción de la memoria histórica y de los
símbolos de identidad nacional.
21. El
contraste entre 1825 y 1943-1947
Existe una interesante relación entre dos momentos
históricos muy alejados:
1825: acontecimiento representado.
1943-1947: momento en que Amézaga lo representa.
Esto significa que la obra habla simultáneamente de dos
épocas.
Habla del Uruguay de 1825, pero también del Uruguay de
mediados del siglo XX.
En otras palabras, la pintura nos permite preguntarnos no
solamente:
«¿Qué ocurrió en 1825?»
sino también:
«¿Cómo quería recordar el Uruguay de mediados del siglo
XX lo que ocurrió en 1825?»
Esta segunda pregunta es fundamental para una lectura
contemporánea de la obra.
22. La
obra como construcción de memoria
La pintura puede considerarse un auténtico lugar de
memoria visual.
Su importancia no depende exclusivamente de su exactitud
documental.
Una pintura histórica puede influir en la manera en que
generaciones posteriores imaginan un acontecimiento que nunca presenciaron.
Cuando una imagen se reproduce en libros, materiales
educativos, exposiciones, publicaciones y espacios públicos, termina
convirtiéndose en una representación familiar.
Así, la pintura deja de ser solamente una obra de arte y se
transforma en parte del imaginario histórico colectivo.
La exposición del Bicentenario de 2025 del Museo Histórico
Nacional incluyó precisamente la obra de Amézaga y presentó por primera vez al
público el proceso de restauración de la pintura, reafirmando su importancia
dentro de las conmemoraciones de 1825.
23. Una
obra que parece documental, pero que también es interpretativa
Aquí encontramos uno de los aspectos más interesantes para
enseñar a observar una pintura histórica.
La obra tiene apariencia documental porque:
- identifica
personajes;
- reconstruye
sus rostros;
- representa
un acontecimiento concreto;
- utiliza
vestimentas históricas;
- muestra
un espacio institucional;
- organiza
la escena de manera verosímil.
Pero, al mismo tiempo, es una interpretación artística.
Amézaga tuvo que decidir:
- qué
personajes mostrar;
- dónde
colocar a cada uno;
- quién
debía estar de pie;
- quién
debía estar sentado;
- qué
expresiones tendrían;
- cómo
organizar el espacio;
- qué
elementos destacar;
- qué
iluminación utilizar;
- qué
atmósfera transmitir.
Por lo tanto, ninguna pintura histórica debe confundirse
completamente con el acontecimiento histórico que representa.
24.
Relación entre forma y contenido
Uno de los grandes aciertos de la obra es la correspondencia
entre lo que representa y cómo lo representa.
El contenido es una Asamblea.
La composición está ordenada como una Asamblea.
El contenido habla de institucionalidad.
La estructura transmite estabilidad.
El contenido habla de una decisión política.
Los personajes aparecen concentrados y solemnes.
El contenido pertenece a un acontecimiento fundacional.
La pintura adopta un lenguaje académico y monumental.
Existe, por tanto, una estrecha relación entre forma y
significado.
25.
Comparación con otras representaciones de la independencia
La obra adquiere todavía mayor interés cuando se la compara
con otras imágenes del mismo acontecimiento.
El Ministerio de Educación y Cultura ha señalado, por
ejemplo, el contraste entre Asamblea de la Florida de Amézaga y La
marcha del Pueblo a la Piedra Alta, de Felipe Seade.
Seade representa una dimensión épica, colectiva y popular,
incorporando mujeres, gauchos, niños y otros grupos sociales.
Amézaga, en cambio, concentra la mirada en la Asamblea y
en el acto institucional.
No se trata necesariamente de decidir cuál representación es
más «verdadera». Cada una selecciona diferentes aspectos de un proceso
histórico complejo.
Una enfatiza la dimensión popular.
La otra, la dimensión institucional.
Esta comparación demuestra algo fundamental: una imagen
histórica siempre implica una selección y una interpretación.
26. Valor
educativo
La obra posee un enorme potencial educativo porque permite
trabajar simultáneamente:
Historia
El proceso de independencia y la Asamblea de 1825.
Artes visuales
Composición, líneas, color, luz, espacio, figuras y
perspectiva.
Cultura visual
La manera en que las sociedades construyen imágenes del
pasado.
Ciudadanía
Representación, deliberación, instituciones y decisiones
colectivas.
Memoria
La relación entre acontecimientos históricos y las formas
posteriores de recordarlos.
Por ello, Uruguay Educa propone justamente el análisis
compositivo de la obra como una forma de acercarse tanto al lenguaje visual
como al acontecimiento histórico.
27.
Importancia dentro de la trayectoria de Eduardo Amézaga
La obra también debe situarse dentro de la producción
general del artista.
Amézaga desarrolló una trayectoria vinculada a diferentes
géneros y técnicas, entre ellos el paisaje, las escenas rurales, los retratos y
los temas históricos. Obtuvo numerosos reconocimientos en salones nacionales y
municipales.
Entre sus obras históricas se encuentran, además, La
Reforma Escolar y Los primeros pobladores de Montevideo.
La Asamblea de la Florida ocupa, sin embargo, un
lugar especialmente significativo porque se convirtió en una de las imágenes
más reconocibles del proceso independentista uruguayo.
Conclusión: una imagen de la independencia y de la
memoria nacional
La Asamblea de la Florida es mucho más que la
representación de un grupo de hombres reunidos alrededor de una mesa.
Es una obra en la que historia, arte y memoria se
encuentran.
Eduardo Amézaga tomó un acontecimiento ocurrido en 1825 y lo
reconstruyó visualmente más de un siglo después. Para hacerlo, recurrió a
documentos y, especialmente, a retratos históricos conservados en el Museo
Histórico Nacional.
Desde el punto de vista plástico, organizó la escena
mediante una compleja estructura de líneas horizontales y verticales,
distribuyó cuidadosamente las figuras y creó un ambiente solemne y equilibrado.
Desde el punto de vista histórico, convirtió un
acontecimiento político y jurídico en una imagen comprensible y memorable.
Y desde el punto de vista simbólico, contribuyó a consolidar
una determinada manera de imaginar la independencia uruguaya: como un
acontecimiento solemne, colectivo e institucional, protagonizado por
representantes reunidos para tomar decisiones trascendentales.
Por eso su importancia no reside únicamente en que «cuente»
lo que sucedió el 25 de agosto de 1825. Su verdadera riqueza está también en
que nos permite observar cómo una sociedad posterior eligió representar,
recordar y transmitir ese acontecimiento a las generaciones siguientes.
En ese sentido, La Asamblea de la Florida es
simultáneamente una pintura histórica, una reconstrucción visual, un
documento de la cultura uruguaya del siglo XX y una pieza fundamental de la
memoria nacional.
Una precisión importante sobre la localización actual:
el Museo Histórico Nacional presentó en 2025 el proceso de restauración de la
obra dentro de la exposición {1825} en la Casa de Rivera, Rincón 437,
Montevideo. Esto permite actualizar la referencia del resumen original, que
señalaba al Museo de la Casa de Rivera como lugar de conservación.

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