El 13 de
octubre se celebra el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de
Desastres, con el objetivo de minimizar los riesgos derivados de los desastres
naturales y generar una cultura mundial sobre prevención y preparación ante
fenómenos naturales.
Cada vez serán más frecuentes los desastres causados por fenómenos de la naturaleza y las ciudades, los pueblos y las personas debemos estar preparadas para minimizar las consecuencias de cara a preservar la vida humana y los bienes.
Es una fecha
destinada a crear conciencia sobre la importancia de prevenir los desastres,
disminuir sus consecuencias y preparar a las personas, las familias y las
comunidades para responder de manera adecuada ante situaciones de emergencia.
ANTECEDENTES
Tras días de continuas lluvias, partes del norte de Haití sufrieron graves inundaciones que dejaron más de una docena de muertos y miles de personas sin hogar. Foto:ONU/Logan Abassi
Los
hechos que culminaron con la declaración del 13 de octubre como Día
Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres (anteriormente conocido
como Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales) ocurren en
el siguiente orden cronológico:
En 1989,
la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió, mediante la resolución
44/236 del 22 de diciembre, designar el segundo miércoles de octubre como el
Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales.
Este día tenía como propósito concienciar a gobiernos y a la opinión pública sobre la importancia de tomar medidas para minimizar los riesgos asociados a los desastres naturales y antrópicos.
Se buscaba promover una cultura global de prevención y reducción del riesgo de desastres para proteger vidas y reducir pérdidas económicas y sociales.
A partir de 2009, la fecha se fijó específicamente en el 13 de octubre, en lugar del segundo miércoles, y el nombre cambió a Día Internacional para la Reducción del Riesgo de los Desastres.
Este cambio reflejaba una visión más integral, entendiendo que los desastres no son solo naturales, sino el resultado de la falta de prevención, planificación y la exposición de comunidades vulnerables a fenómenos naturales.
En 2005, antes del cambio de fecha, se adoptó el Marco de Acción de Hyogo (2005-2015), un acuerdo internacional que estableció un plan para reducir los riesgos de desastre a nivel global, fortaleciendo capacidades nacionales y locales para enfrentar desastres.
En marzo de 2015, en la Tercera Conferencia Mundial sobre la Reducción del Riesgo de Desastres en Sendai, Japón, se adoptó el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres (2015-2030).
Este marco ofrece un enfoque sistemático y global para reducir significativamente el riesgo y las pérdidas relacionadas con desastres, incluyendo vidas, medios de subsistencia, bienes, infraestructura y servicios esenciales.
Desde entonces, el Día Internacional se alinea con el Marco de Sendai y busca promover una cultura mundial de prevención y resiliencia frente a los desastres.
En años recientes, el énfasis ha estado en la relación entre la vulnerabilidad, la desigualdad y la exposición al riesgo, resaltando cómo el acceso desigual a servicios esenciales agrava la exposición a desastres y perpetúa ciclos de pobreza.
¿Qué
son los desastres naturales?
Con el término desastres
naturales se hace referencia a las pérdidas de vidas humanas y materiales como
consecuencia de fenómenos naturales.
La mayoría de muertes a causa de desastres naturales se deben a eventos meteorológicos en especial,
inundaciones,
tormentas
y olas de calor
que han duplicado sus cifras durante
los últimos 40 años.
Otra parte importante se da por eventos geofísicos extremos, en especial
terremotos,
tsunamis
y erupciones
volcánicas.
LEMA
2026
En 2026, el lema propuesto es
«La resiliencia empieza en casa». Este mensaje nos recuerda que la prevención
no comienza únicamente en las instituciones públicas, los organismos de
emergencia o los grandes planes nacionales: también se construye en nuestra
propia vivienda, mediante decisiones cotidianas que pueden proteger la vida y
reducir los daños.
Preparar nuestro hogar,
conocer los riesgos del entorno y acordar un plan familiar son medidas
sencillas que contribuyen a que estemos mejor preparados frente a inundaciones,
tormentas, incendios, olas de calor, terremotos y otras situaciones peligrosas,
según las características de cada lugar.
La idea fundamental es
comprender que un desastre no se enfrenta solamente cuando ocurre: también se
previene antes de que suceda.
1. ¿Qué
significa el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres?
Esta jornada invita a
reflexionar sobre la relación entre los fenómenos naturales, las actividades
humanas y las condiciones que hacen que una sociedad sea más o menos vulnerable
ante una emergencia.
Una tormenta intensa, una
inundación, un incendio forestal o un terremoto pueden convertirse en
situaciones de gran peligro. Sin embargo, sus consecuencias dependen también de
factores como la calidad de las construcciones, la ubicación de las viviendas,
el estado de la infraestructura, el acceso a la información, la organización
comunitaria y la rapidez de los sistemas de respuesta.
Por eso, reducir el riesgo de
desastres significa actuar para evitar que una amenaza se transforme en una
tragedia o para disminuir sus posibles consecuencias.
Entre los objetivos de esta
conmemoración se encuentran:
- Promover la prevención: fomentar acciones
que permitan identificar y reducir los peligros antes de que se produzca
una emergencia.
- Fortalecer la preparación: enseñar a las
personas cómo actuar, dónde encontrar información confiable y qué hacer
para protegerse.
- Proteger la vida y la salud: reducir las
lesiones, las pérdidas humanas y las consecuencias físicas y emocionales
de los desastres.
- Disminuir los daños materiales: proteger
las viviendas, las escuelas, los hospitales, los caminos y otros servicios
esenciales.
- Fomentar la solidaridad: impulsar la
colaboración entre las familias, los vecinos, las instituciones
educativas, las organizaciones sociales y las autoridades.
- Construir comunidades resilientes:
desarrollar la capacidad de anticiparse a las dificultades, responder a
ellas y recuperarse después de una emergencia.
Esta fecha también recuerda
que la prevención es una responsabilidad compartida. Las personas pueden
adoptar medidas en su vida cotidiana, pero las instituciones y los gobiernos
deben contribuir mediante la planificación territorial, las infraestructuras
seguras, los sistemas de alerta temprana, la educación y la protección de las
poblaciones más expuestas.
2. ¿Por
qué se celebra el 13 de octubre?
La Asamblea General de las
Naciones Unidas estableció en 1989 el Día Internacional para la Reducción de
los Desastres Naturales, con el propósito de fomentar una cultura mundial de
prevención y preparación.
Inicialmente, la conmemoración
estaba vinculada a una campaña internacional que se desarrollaba durante la
década de 1990. Posteriormente, en 2009, las Naciones Unidas modificaron su
denominación a Día Internacional para la Reducción de los Desastres, y en 2015
adoptó el nombre actual: Día Internacional para la Reducción del Riesgo de
Desastres.
La elección del 13 de octubre
busca mantener la atención internacional sobre la necesidad de anticiparse a
los peligros y disminuir los riesgos que amenazan a las poblaciones.
La jornada está vinculada al
trabajo de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de
Desastres (UNDRR), que promueve la cooperación internacional y la aplicación
del Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030.
Este marco internacional
establece prioridades para comprender los riesgos, fortalecer la gobernanza,
invertir en prevención y mejorar la preparación para responder eficazmente y
reconstruir mejor después de los desastres.
3.
Significado del lema 2026: «La resiliencia empieza en casa»
El lema elegido para 2026 por
la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres es
«La resiliencia empieza en casa» (Resilience Starts at Home).
Para comprender su
significado, es necesario detenernos en tres ideas esenciales: el hogar, la
resiliencia y la prevención.
A. El hogar: nuestro primer
espacio de protección
La vivienda es mucho más que
un edificio. Es el lugar donde descansamos, convivimos con nuestra familia,
cuidamos a quienes queremos y guardamos nuestros bienes y recuerdos.
Por eso, cuando se produce un
desastre, el hogar puede convertirse en uno de los espacios más afectados. Las
inundaciones pueden anegar habitaciones; las tormentas pueden dañar techos y
ventanas; las temperaturas extremas pueden poner en peligro la salud; y los
incendios pueden comprometer la seguridad de quienes viven allí.
La seguridad de una vivienda
depende de distintos factores:
- El lugar donde está construida y los
riesgos presentes en sus alrededores.
- La calidad de los materiales y las
condiciones de su estructura.
- El mantenimiento del techo, las paredes,
las instalaciones eléctricas y los desagües.
- La posibilidad de recibir alertas y
acceder a información confiable.
- La preparación de quienes viven en ella
para actuar ante una emergencia.
El lema invita, por tanto, a
preguntarnos si nuestra casa está preparada para afrontar los peligros que
pueden presentarse en el lugar donde vivimos.
No todas las familias disponen
de los mismos recursos para mejorar sus viviendas. Por eso, el mensaje también
interpela a las autoridades, los responsables de la construcción y las
instituciones para que promuevan viviendas seguras, accesibles y resistentes,
sin que la protección dependa exclusivamente de la capacidad económica de cada
hogar.
B. La resiliencia: la
capacidad de afrontar y recuperarse
La palabra resiliencia se
utiliza para describir la capacidad de una persona, una familia o una comunidad
de afrontar una situación difícil, adaptarse a ella y recuperarse de sus
consecuencias.
En el contexto de los
desastres, ser resiliente no significa que nada malo pueda ocurrir ni que una
vivienda sea invulnerable. Significa contar con conocimientos, recursos,
organización y apoyo para reducir los daños, responder a tiempo y recuperar las
condiciones de vida después de una emergencia.
Una familia fortalece su
resiliencia cuando:
- Conoce los peligros que pueden afectar a
su vivienda.
- Sabe cómo recibir y comprender las alertas
oficiales.
- Tiene acordado qué hacer ante diferentes
situaciones.
- Identifica cómo salir de la vivienda de
forma segura si fuera necesario.
- Sabe cómo comunicarse si sus integrantes
quedan separados.
- Considera las necesidades de los niños,
las personas mayores y las personas con discapacidad.
- Colabora con sus vecinos y solicita ayuda
cuando la situación lo requiere.
Por ejemplo, dos familias
pueden encontrarse ante una misma tormenta. La que conoce las alertas, ha asegurado
previamente los objetos que podrían ser desplazados por el viento y sabe dónde
encontrar información oficial estará mejor preparada para tomar decisiones
oportunas.
La resiliencia, por tanto, no
consiste en vivir con miedo, sino en estar preparados para actuar con
conocimiento, responsabilidad y serenidad.
C. La prevención: actuar antes
de que ocurra una emergencia
Una de las enseñanzas más
importantes del lema es que muchas medidas de protección deben adoptarse antes
de que aparezca el peligro.
Cuando comienza una
inundación, una tormenta intensa o un incendio, las posibilidades de actuar
pueden reducirse rápidamente. En cambio, la preparación anticipada permite
identificar problemas, organizar recursos y tomar decisiones con mayor
tranquilidad.
La prevención puede comenzar
con acciones tan cotidianas como revisar si los desagües están obstruidos,
mantener despejadas las salidas, conocer los lugares seguros de la vivienda y
conversar en familia sobre cómo responder ante una alerta.
También supone prestar
atención a los avisos meteorológicos, reconocer las señales de peligro y no
confiarse únicamente en experiencias anteriores. Que una zona nunca haya
sufrido un determinado fenómeno no significa que esté libre de riesgos.
En definitiva, el lema nos enseña
que cada decisión preventiva puede contribuir a proteger la vida y disminuir
las pérdidas.
1. ¿Cómo
podemos preparar nuestro hogar?
La propuesta de 2026 invita a
transformar la reflexión en acciones concretas. No es necesario esperar a que
ocurra una emergencia para comenzar.
1. Conocer los riesgos del
entorno
Averiguar si la vivienda está
expuesta a inundaciones, vientos intensos, incendios, olas de calor u otras
amenazas propias de la zona. Observar los alrededores y consultar mapas,
alertas y recomendaciones de las autoridades.
2. Preparar los elementos básicos
Organizar, según las
necesidades familiares, agua potable, alimentos no perecederos, una linterna,
pilas, una radio portátil, un botiquín, artículos de higiene y los medicamentos
que algún integrante necesite, siguiendo las recomendaciones sanitarias. Mantenerlos
en un lugar accesible y revisar sus condiciones periódicamente.
3. Acordar un plan familiar
Conversar sobre qué hacer ante
una alerta, cómo salir de forma segura si corresponde, dónde reunirse y cómo
comunicarse si los integrantes no están juntos. Todos deben conocer el plan,
incluidos los niños, de acuerdo con su edad.
4. Revisar las condiciones de
seguridad
Mantener las instalaciones
eléctricas en buen estado, comprobar los detectores de humo si existen,
conservar las salidas despejadas y atender los problemas de techos, filtraciones
y desagües. Las reparaciones que impliquen riesgos deben quedar en manos de
personas capacitadas.
5. Incluir a todos los
integrantes de la familia
Considerar las necesidades de
bebés, personas mayores, personas con discapacidad y animales de compañía. Si
alguien necesita ayuda para desplazarse, recibir una alerta o acceder a
recursos esenciales, debe quedar previsto quién puede asistirlo y cómo hacerlo
de manera segura.
Estas medidas deben adaptarse
a los riesgos reales de cada vivienda. No existe un único plan válido para
todos los lugares: una familia que vive junto a un arroyo puede necesitar
prepararse especialmente para las inundaciones, mientras que otra puede
requerir medidas específicas ante vientos fuertes o temperaturas extremas.
1. ¿Qué
significa conocer los riesgos del entorno?
Conocer los riesgos significa
identificar qué situaciones pueden afectar al lugar donde vivimos, qué
elementos están expuestos y qué medidas permiten disminuir los posibles daños.
Es importante distinguir tres
conceptos:
- Amenaza: fenómeno o situación que puede
causar daños. Por ejemplo, una tormenta intensa.
- Exposición: presencia de personas,
viviendas, infraestructuras o bienes en un lugar que podría verse
afectado.
- Vulnerabilidad: condiciones que hacen que
esas personas o bienes puedan sufrir mayores daños.
El riesgo surge de la
interacción entre estos factores y las capacidades disponibles para prevenir,
responder y recuperarse.
Veamos algunos ejemplos:
|
Amenaza |
Posibles factores de riesgo |
Medidas de prevención |
|
Inundación |
Viviendas en zonas
inundables, desagües obstruidos, falta de alertas conocidas |
Consultar alertas oficiales,
evitar zonas inundadas y seguir las indicaciones de evacuación |
|
Vientos intensos |
Techos deteriorados, ramas
peligrosas, objetos sueltos |
Revisar el mantenimiento,
asegurar objetos de forma preventiva y permanecer en un lugar protegido |
|
Incendio |
Instalaciones defectuosas,
salidas bloqueadas, ausencia de un plan |
Revisar las instalaciones,
mantener las salidas libres y conocer las vías de evacuación |
|
Ola de calor |
Viviendas muy calurosas,
ventilación insuficiente, personas vulnerables |
Seguir las recomendaciones
sanitarias, hidratarse y organizar cuidados para quienes necesitan asistencia |
|
Tormentas eléctricas |
Permanecer en espacios
abiertos o cerca de elementos peligrosos |
Buscar refugio en un
edificio seguro y seguir las recomendaciones oficiales |
La
finalidad no es generar alarma, sino aprender a reconocer las condiciones que
aumentan el peligro y actuar para reducirlas.
6.
¿Por qué es tan importante elaborar un plan familiar de emergencia?
Un plan familiar permite que
cada persona sepa cómo actuar cuando ocurre una situación inesperada. En una
emergencia, la confusión y la falta de información pueden dificultar las
decisiones; por eso, conversar previamente y establecer acuerdos ayuda a
responder de manera más organizada.
El plan debería incluir los
siguientes aspectos:
1. Las señales de alerta. Toda
la familia debe saber dónde consultar los avisos oficiales y qué significan las
advertencias recibidas.
2. Los lugares seguros. Es
necesario identificar los espacios protegidos de la vivienda y conocer las
rutas de evacuación indicadas por las autoridades para cada tipo de amenaza.
3. Los puntos de encuentro. Si
los integrantes se encuentran en lugares diferentes cuando ocurre una
emergencia, conviene acordar un lugar de reunión seguro y una persona de
contacto que viva en otra zona, cuando sea posible.
4. Los medios de comunicación.
Es útil tener anotados los números de teléfono importantes y acordar qué hacer
si falla la conexión a internet o la red telefónica.
5. Los recursos esenciales. La
familia debe saber dónde se encuentran la linterna, la radio, los documentos
importantes y los elementos básicos de emergencia.
6. La asistencia a quienes más
la necesitan. El plan debe contemplar cómo ayudar a los niños, las personas
mayores, quienes tienen dificultades de movilidad y los animales de compañía,
sin exponer a nadie a riesgos innecesarios.
7. La revisión periódica. Los
planes deben actualizarse cuando cambian las condiciones de la vivienda, los
integrantes de la familia o los riesgos del entorno.
No basta con escribir un plan
y guardarlo en un cajón. Es necesario conversar sobre él, asegurarse de que
todos lo comprendan y revisar periódicamente si sigue siendo adecuado.
7. La
resiliencia no termina en la puerta de casa
Aunque el lema de 2026 pone el
foco en la vivienda, la responsabilidad de reducir los riesgos no puede recaer
únicamente sobre las familias.
Una casa puede estar bien
organizada y, aun así, resultar vulnerable si se encuentra en una zona expuesta
a inundaciones, si la infraestructura pública es insuficiente o si las alertas
no llegan a tiempo.
Por eso, la resiliencia debe
construirse en varios niveles.
En el hogar
Prevenir accidentes, mantener
la vivienda, disponer de recursos básicos y elaborar un plan familiar.
En la comunidad
Compartir información
confiable, conocer los recursos disponibles, colaborar con los vecinos y
participar en actividades de preparación.
En las instituciones y los gobiernos
Planificar el territorio,
promover viviendas e infraestructuras seguras, mantener los sistemas de alerta
y garantizar que la información y la asistencia lleguen a quienes las
necesitan.
En las escuelas
Enseñar a reconocer los
riesgos, interpretar las alertas, actuar responsablemente y participar en
actividades de prevención adaptadas a cada edad.
Esta visión coincide con el
Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, que
promueve el conocimiento de los riesgos, la inversión en prevención y la
preparación para responder y recuperarse.
8. La
importancia de la educación para prevenir los desastres
La educación es una
herramienta fundamental para construir una cultura de prevención. Conocer los
riesgos permite sustituir la improvisación por decisiones informadas y ayuda a
comprender que la seguridad es una responsabilidad compartida.
En las escuelas, esta fecha
ofrece la oportunidad de desarrollar actividades que relacionen los
conocimientos científicos con las experiencias de la vida cotidiana.
Los alumnos pueden investigar
qué fenómenos afectan a su localidad, aprender a interpretar las alertas
meteorológicas, elaborar carteles informativos, analizar mapas de riesgo y
conversar sobre las medidas de protección que deben adoptarse en el hogar y en
el centro educativo.
También pueden aprender a
diferenciar la información oficial de los rumores, reconocer la importancia de
no difundir mensajes alarmistas y comprender por qué es necesario seguir las
indicaciones de los organismos de emergencia.
La educación debe enseñar,
además, que la preparación no significa vivir atemorizados ante posibles
desastres. Significa conocer el entorno, actuar con responsabilidad y
desarrollar la capacidad de ayudar a los demás.
Los niños y adolescentes
pueden contribuir compartiendo lo aprendido con sus familias y participando en
actividades preventivas, siempre bajo la orientación de los adultos
responsables.
9.
¿Cómo se relaciona esta fecha con la realidad de Uruguay?
En Uruguay, la reducción del
riesgo de desastres es especialmente relevante frente a fenómenos como las
inundaciones, las tormentas intensas, los vientos fuertes, las sequías y las
olas de calor.
Las consecuencias de estos
fenómenos varían según la región, la época del año y las condiciones de cada
localidad. Por eso, las medidas de prevención deben adaptarse a las
características del entorno.
En el país, el Sistema
Nacional de Emergencias (SINAE) coordina acciones de prevención, preparación,
respuesta y recuperación ante emergencias y desastres, junto con las
instituciones nacionales y departamentales.
La población puede contribuir
a la prevención mediante algunas acciones:
- Consultar los avisos y las recomendaciones
oficiales del Instituto Uruguayo de Meteorología (INUMET) y del SINAE.
- Conocer si la vivienda o el barrio están
expuestos a inundaciones y cuáles son las indicaciones locales ante una
eventual evacuación.
- No intentar atravesar calles, caminos o
cursos de agua inundados.
- Mantener los desagües y los espacios
exteriores en condiciones adecuadas, dentro de las posibilidades de cada
hogar.
- Prepararse para los episodios de calor
intenso y conocer cómo proteger a las personas más vulnerables.
- Colaborar con los vecinos que puedan
necesitar ayuda, respetando siempre las indicaciones de los equipos de
emergencia.
En las zonas rurales, la
preparación también puede abarcar los riesgos que afectan a los animales, los
cultivos, los caminos y el abastecimiento de agua. La pérdida de estos recursos
puede comprometer los medios de vida de las familias y dificultar su
recuperación.
La idea central es que cada
localidad necesita conocer sus propios riesgos y organizarse de acuerdo con
ellos. La prevención debe partir de la realidad concreta de las personas y de
las condiciones en las que viven.
10.
Actividades para conmemorar el 13 de octubre
El Día Internacional para la
Reducción del Riesgo de Desastres puede convertirse en una oportunidad para
aprender, investigar y desarrollar acciones prácticas.
Actividad 1. Un mapa de los
riesgos de mi entorno
Elaborar un mapa sencillo del
barrio o de la localidad, identificando lugares que podrían verse afectados por
inundaciones, caminos peligrosos u otras amenazas conocidas. Añadir los
servicios y los puntos seguros indicados por las autoridades.
Actividad 2. Mi familia se
prepara
Proponer que cada alumno
converse con su familia sobre los riesgos de su vivienda, los medios para
recibir alertas y los acuerdos básicos de un plan de emergencia. La actividad
debe realizarse sin pedir que se divulguen datos privados del hogar.
Actividad 3. Un mural por la
prevención
Crear un mural colectivo con
el lema «La resiliencia empieza en casa» e ilustraciones de acciones
preventivas: conocer los riesgos, preparar recursos básicos, seguir las alertas
y ayudar a la comunidad.
Actividad 4. Información que
protege
Consultar materiales oficiales
sobre un riesgo de la localidad y preparar una exposición que explique qué es,
cómo puede afectar a la población y qué medidas de prevención se recomiendan.
Como cierre, cada estudiante
puede completar la frase: «Para contribuir a que mi hogar sea más seguro,
puedo…». Las respuestas permitirán comprender que la prevención se construye mediante
acciones concretas y cotidianas.
11.
Reflexión final: una casa preparada, una comunidad más segura
El lema «La resiliencia
empieza en casa» nos invita a mirar nuestro hogar desde una perspectiva
diferente. Además de ser un espacio de convivencia, afecto y descanso, es un
lugar donde podemos comenzar a construir una cultura de prevención.
Prepararnos significa
reconocer que existen riesgos, aprender a identificarlos y adoptar medidas
razonables para reducirlos. Significa conversar con nuestros seres queridos,
compartir información confiable, cuidar las viviendas y conocer los recursos
disponibles para responder ante una emergencia.
También significa comprender
que no todas las personas cuentan con las mismas posibilidades de protegerse.
Por eso, la seguridad debe ser un objetivo colectivo, respaldado por viviendas
adecuadas, servicios públicos eficaces, alertas oportunas y comunidades
solidarias.
La resiliencia no se construye
en un solo día ni depende de una única acción. Se desarrolla con el conocimiento,
la planificación, la cooperación y el compromiso de mejorar nuestras
condiciones de vida.
El 13 de octubre nos recuerda
que prevenir es una forma de cuidar. Cuidar nuestra casa, a nuestra familia, a
nuestros vecinos y al entorno en el que vivimos.
Porque cuando aprendemos a
reconocer los riesgos y nos preparamos para afrontarlos, no solo protegemos lo
que tenemos: contribuimos a construir un futuro más seguro para todos.
«La resiliencia empieza en
casa, se fortalece en comunidad y se construye con la responsabilidad de
todos».
Campaña Sendai Siete
Actualmente, la UNISDR está
lanzando la campaña Sendai Siete, para promover cada una de las siete metas
incluidas en el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres,
adoptado en Sendai, Japón en marzo de 2015, que son las siguientes:
Reducir la mortalidad mundial.
Reducir el número de personas
afectadas.
Reducir las pérdidas
económicas.
Reducir los daños en
infraestructuras vitales e interrupción de los servicios básicos, como la salud
y la educación.
Incrementar el número de
países con estrategias de reducción de riesgos de desastres.
Mejorar la cooperación
internacional.
Incrementar la disponibilidad
de los sistemas de alerta temprana.
Desastres
naturales: Consejos y datos breves
1. Experimentar una
inundación, una tormenta o un terremoto violento o peligroso puede ser
especialmente traumático para niños y jóvenes, y la devastación del entorno
familiar puede durar mucho tiempo y provocar una gran angustia.
2. Los niños recurren a los
adultos importantes en sus vidas para que los guíen sobre cómo controlar sus reacciones
después de que acabó la amenaza inmediata.
Los padres, maestros y otros
cuidadores pueden ayudar a los niños y jóvenes a sobrellevar las consecuencias
de un desastre natural conservando la calma y asegurándoles a los niños que
todo estará bien.
3. Después de un desastre
natural, se sucede una cantidad de reacciones frecuentes; sin embargo, las reacciones
de los niños pueden variar de acuerdo con la edad y el nivel de desarrollo.
○ Educación preescolar:
comportamientos de regresión, disminución en la verbalización y aumento de la
ansiedad.
○ Educación elemental: poca
atención/concentración, evitar ir a la escuela, irritabilidad, dependencia, agresión,
manifestaciones somáticas, pesadillas, aislamiento social.
○ Educación media y
secundaria: problemas para dormir y comer, agitación, aumento de conflictos, quejas
físicas, conducta delictiva y poca concentración.
4. Varios factores de riesgo
pueden afectar la gravedad de las reacciones de un niño.
Estos incluyen la exposición
al evento real, lesión personal o pérdida de un ser querido, nivel de apoyo de
los padres, distanciamiento de su hogar o comunidad, nivel de destrucción
física y riesgos preexistentes, como una experiencia traumática previa o una
enfermedad mental.
5. A continuación se describen
los problemas relacionados con determinados desastres.
Mansiones destruidas por el huracán Nicole en Daytona Beach.AFP
○ Huracanes. Por
lo general, los huracanes se pronostican con anticipación para que las comunidades
tengan tiempo de prepararse y las familias puedan reunir provisiones y evacuar
sus viviendas, si fuese necesario.
Aun así, existe la posibilidad
de sentir miedo y ansiedad por el potencial impacto de la lluvia y los vientos
feroces.
Los niños pueden mostrar
respuestas exageradas de sobresalto, ansiedad y un gran estrés durante un
huracán o inmediatamente después de este.
En consecuencia, los niños pueden volver a experimentar reacciones de estrés similares cuando ocurran fenómenos meteorológicos graves posteriores.
Terremoto
de 1985: Devastador sismo que cambio para siempre el rostro de la Ciudad de
México
○ Terremotos. Las
réplicas diferencian los terremotos de otros desastres naturales. Debido a que
no existe un punto final claramente definido, los daños causados por los
temblores continuados pueden aumentar la angustia psicológica. Además, los
terremotos ocurren prácticamente sin advertencia, lo cual limita la capacidad
de las personas de hacer ajustes psicológicos que puedan ayudar a enfrentar el
problema y puede causar desesperación.
Las réplicas y la destrucción
pueden derivar en un período más prolongado hasta que los niños se sientan
realmente seguros.
El tornado
“Tri-State”
○ Tornados. Al
igual que con los terremotos, por lo general las personas tienen poco tiempo de
prepararse para los tornados. Puede ser difícil afrontar las vistas y los
olores de la destrucción que se ve después de un tornado. Además, se ha
observado que la culpa del sobreviviente es un desafío de superación
especialmente frecuente. Por ejemplo, algunos niños pueden sentir culpa porque
aún tienen una casa donde vivir mientras que su amigo no la tiene.
Las lluvias torrenciales han
dejado en los últimos días decenas de muertos y desaparecidos en la provincia
china de Henan. (@XHNews)
○Inundaciones En el
contexto de un clima global rápidamente cambiante, los peligros relacionados
con el agua encabezan la lista de desastres naturales con las mayores pérdidas
humanas en los últimos 50 años, según un nuevo informe de la Organización
Meteorológica Mundial (OMM).
Datos
sobre desastres naturales en los últimos años
Como datos curiosos, durante los últimos 20 años, más de 1,35 millones de personas han perdido la vida como resultado de la exposición a amenazas naturales, en especial mujeres y niñas.
Miles de infraestructuras y servicios básicos han sido destruidos y paralizados, causando más daños a la población y a la economía de los países afectados.
Después de un 2022 extremadamente
dramático en lo que a desastres naturales se refiere, 2023 trajo consigo un cierto
alivio. Durante ese último año, la cifra total de catástrofes fue de 398, de
las que más de dos quintas partes correspondieron a inundaciones.
Asia es el continente más
afectado
Países del mundo
más afectados por los desastres naturales en 2023
En 2032, Estados Unidos fue el
país que mayor cantidad de catástrofes naturales registró.
Le seguían en la lista China e
India, ambas empatadas en segunda posición con un total de 17 incidentes.
La mayoría de las catástrofes
ocurridas en 2032 fueron de carácter hidrometeorológico o causados por
fenómenos meteorológicos.
Terremotos más
intensos del mundo según la escala de Richter 1900-2023
Un terremoto se produce cuando
dos placas tectónicas situadas bajo la superficie de la Tierra se deslizan
entre sí, lo que provoca una liberación repentina de energía en la corteza
terrestre. Al ser el resultado de las fricciones entre los bordes de las
placas, los seísmos tienden a producirse en unas pocas áreas específicas,
localizadas alrededor de los llamados puntos calientes.
Si se observa el ranking de los terremotos de
mayor intensidad registrados a nivel mundial entre 1900 y 2023, la costa
pacífica de Sudamérica, Indonesia, Japón y Alaska son las zonas geográficas más
proclives a experimentar este tipo de fenómenos naturales, ya que se hallan
ubicados en las proximidades de al menos uno de los mencionados puntos
calientes.
¿Cómo se mide la intensidad de
un terremoto?
Según los últimos datos
disponibles sobre movimientos sísmicos en el planeta, en 2021 tuvieron lugar un
total de 2.206 terremotos de magnitud igual o superior a cinco puntos en la
escala Richter, de los cuales la gran mayoría se encontraban en un rango
comprendido los 5 y los 5,9 puntos.
Esta escala, desarrollada por el
sismólogo Charles F. Richter en 1935, es la manera más convencional empleada
por los especialistas de todo el mundo para medir la intensidad de un
terremoto.
La magnitud del temblor se
expresa en números enteros y fracciones decimales, donde 1 significa un nivel
de intensidad muy bajo y 10 un nivel de intensidad muy alto.
Pérdidas materiales y humanas
Los terremotos de gran magnitud
suelen provocar un mayor número de víctimas mortales, especialmente si las construcciones
no están preparadas para resistir los seísmos.
Pero la pérdida de vidas no es su
única consecuencia negativa. A ello se suma las cuantiosas pérdidas materiales
derivadas de estos, que pueden contabilizarse por miles de millones de dólares.
Muertes
ocasionadas por desastres naturales a nivel mundial 2007-2023
En 2023, el número de víctimas
mortales registradas a nivel mundial como consecuencia de las catástrofes
naturales ascendió a aproximadamente 74.000.
Esta cifra supone un
significativo aumento respecto a años anteriores, cuando los datos no superaban
la franja de los 10.000.
Cabe destacar que el terremoto
acontecido en Turquía y Siria en febrero de ese último año se cobró por sí solo
la vida de más de 60.000 personas.
Pérdidas
económicas globales provocadas por los desastres naturales 2000-2023
En 2023, las catástrofes
naturales provocaron pérdidas económicas por valor de aproximadamente 380.000
millones de dólares estadounidenses, de las cuales solo 118.000 millones
estaban aseguradas.
Esta cifra representa un ligero
decremento notable con respecto a 2022. América y Asia fueron dos de los
continentes más afectados un año más.
Los mayores desastres naturales en el siglo XXI:
miles de vidas arrebatadas por la naturaleza
Los
desastres más importantes de 2026 hasta el 13 de octubre
Importante: el año 2026
todavía no ha terminado. Por tanto, no es posible elaborar un balance anual
definitivo ni asegurar que los acontecimientos mencionados sean los peores de
todo el año.
1. Terremoto en Panamá
9 de octubre de 2026 · Panamá
Se informó de un terremoto de
magnitud 7,6 en el centro-sur de Panamá, con epicentro cerca de Pitaloza
Arriba, en la provincia de Los Santos. Se registraron daños en algunos
edificios y se realizaron evacuaciones preventivas. En el informe de la Organización
Panamericana de la Salud consultado no había todavía una evaluación oficial de
víctimas ni del alcance total de los daños.
2. Tormentas severas en
Estados Unidos
Primer semestre de 2026
Las tormentas intensas, con
granizo, tornados y vientos fuertes, representaron una parte importante de las
pérdidas aseguradas por desastres naturales durante los primeros seis meses del
año.
3. Tormentas invernales en
Norteamérica y Europa
Primer semestre de 2026
Las tormentas invernales
también contribuyeron a las pérdidas económicas registradas durante el
semestre, afectando infraestructuras y actividades cotidianas. Su impacto debe
evaluarse por separado de los desastres con mayor número de víctimas.
Los desastres más graves de 2025
Balance mundial: 358 desastres relacionados con amenazas naturales, 16.607 fallecimientos, 110,2 millones de personas afectadas y pérdidas económicas estimadas en 169.680 millones de dólares. Son cifras del informe de CRED publicado en abril de 2026.
Para 2026, la información
consultada no permite presentar con suficiente certeza una lista mundial
completa y ordenada de los desastres más mortíferos hasta octubre. Los datos de
víctimas, daños y personas afectadas pueden tardar semanas o meses en
consolidarse.
1. Terremoto de Myanmar
28 de marzo de 2025 · Myanmar
Un terremoto de magnitud 7,7
destruyó edificios y dañó infraestructuras en distintas zonas del país. El
balance recogido por CRED registró al menos 3.820 muertes y pérdidas económicas
cercanas a los 11.000 millones de dólares. Fue el desastre más mortífero del
año según ese informe.
2. Terremoto en Afganistán
31 de agosto de 2025 · Este de
Afganistán
Un terremoto de magnitud 6,0
afectó comunidades de zonas montañosas. La destrucción de viviendas y las
dificultades de acceso a las localidades perjudicaron las tareas de rescate. El
informe de CRED estimó alrededor de 2.200 muertes.
3. Inundaciones de Mokwa
Mayo de 2025 · Nigeria
Las lluvias torrenciales
desencadenaron inundaciones repentinas que afectaron viviendas, carreteras y
puentes. El balance de CRED contabilizó unas 1.100 víctimas entre fallecidos
confirmados y personas desaparecidas consideradas fallecidas, aunque las cifras
pueden variar.
4. Inundaciones monzónicas en
Pakistán
Junio–septiembre de 2025 ·
Pakistán
Las lluvias del monzón
provocaron inundaciones y deslizamientos de tierra. El balance superó las 1.000
muertes y alcanzó a millones de personas. Las pérdidas de viviendas, cultivos y
medios de subsistencia dificultaron la recuperación de numerosas comunidades.
5. Ciclón Ditwah e
inundaciones en Sri Lanka
Noviembre de 2025 · Sri Lanka
El ciclón ocasionó inundaciones
generalizadas y deslizamientos de tierra. CRED registró 823 personas fallecidas
o desaparecidas en el balance citado, además de graves daños en viviendas,
caminos y servicios.
6. Huracán Melissa
Octubre de 2025 · Caribe
Este huracán de gran
intensidad golpeó Jamaica y afectó también a Haití, Cuba y República
Dominicana. Provocó daños importantes en viviendas, redes eléctricas,
carreteras y actividades económicas. Las pérdidas en Jamaica se estimaron en
unos 10.000 millones de dólares.
7. Incendios de Los Ángeles
Enero de 2025 · California,
Estados Unidos
Los incendios de Palisades y
Eaton arrasaron barrios residenciales, destruyeron numerosas viviendas y
obligaron a evacuar a miles de personas. Se convirtieron en algunos de los
incendios forestales más costosos registrados, por el valor de los bienes
destruidos y las pérdidas aseguradas.
Estos casos muestran que en
2025 coincidieron terremotos devastadores, inundaciones, ciclones e incendios.
Aunque el total de pérdidas económicas mundiales fue menor que el de 2024, el
sufrimiento humano continuó siendo enorme.
Los desastres más graves de 2024
Balance mundial: 393 desastres
registrados, más de 167 millones de personas afectadas y alrededor de 242.000
millones de dólares en pérdidas económicas, según el balance de CRED publicado
en 2025.
1. Inundaciones en el sur de
Brasil
Abril–mayo de 2024 · Brasil
Las lluvias extraordinarias
provocaron inundaciones devastadoras en Rio Grande do Sul. Hubo muertes,
evacuaciones masivas, viviendas destruidas y graves daños en carreteras,
puentes, comercios y cultivos. Porto Alegre y numerosas localidades quedaron
afectadas.
2. Inundaciones de Valencia
Octubre de 2024 · España
Una DANA descargó lluvias
torrenciales, especialmente en la Comunidad Valenciana. Las riadas arrastraron
vehículos, anegaron poblaciones y causaron más de 200 muertes en España. La
tragedia evidenció la importancia de las alertas tempranas y de la
planificación frente a las inundaciones.
3. Tifón Yagi e inundaciones
en Asia
Septiembre de 2024 ·
Filipinas, China, Vietnam, Laos, Tailandia y Myanmar
El tifón provocó vientos
destructivos, inundaciones y deslizamientos de tierra. Vietnam sufrió consecuencias
especialmente graves, con numerosas víctimas, viviendas dañadas y pérdidas
agrícolas.
4. Terremoto de la península
de Noto
1 de enero de 2024 · Japón
Un terremoto de magnitud 7,6
provocó derrumbes, incendios y daños en carreteras y servicios básicos. La
destrucción de viviendas y las dificultades de acceso complicaron las tareas de
rescate y asistencia.
5. Huracán Helene
Septiembre de 2024 · Estados
Unidos
Helene causó inundaciones
catastróficas, especialmente en el sureste del país y los Apalaches. Murieron
más de 200 personas y se produjeron pérdidas económicas enormes, con
comunidades aisladas y daños extensos en viviendas e infraestructuras.
6. Incendios forestales en
Chile
Febrero de 2024 · Región de
Valparaíso
Los incendios avanzaron sobre
zonas pobladas y causaron más de un centenar de muertes. Destruyeron viviendas
y obligaron a numerosas personas a abandonar sus hogares. Constituyeron uno de
los episodios de incendios más mortíferos de la historia reciente del país.
Otros acontecimientos
importantes de 2024 fueron las inundaciones en África occidental y central, los
ciclones que afectaron el océano Índico y las olas de calor en distintas
regiones del mundo. El impacto de estos fenómenos no se mide únicamente por las
muertes: también importa el número de personas que perdieron sus hogares, sus
ingresos o el acceso al agua y a los servicios esenciales.
Vista aérea de las
inundaciones en el estado de Rio Grande do Sul, al sur de Brasil ©MSF/Marine
Henrio.
Las inundaciones ocurridas en
Brasil a partir del 29 de abril de 2024 tuvieron un costo humano irreparable. Según
datos provisionales, más de 150 personas murieron y unas 100 siguen
desaparecidas.
El estado de Rio Grande do Sul,
al sur del país, se encuentra en estado de emergencia. Más de 460 municipios quedaron
bajo el agua, dejando a poblaciones enteras sin hogar, asistencia médica y
alimento.
Más de 2 millones de personas se
vieron afectadas por la catástrofe y más de 600 mil han sido desplazadas. En
muchos lugares se construyeron refugios improvisados para recibir a personas
que no saben cuándo o si podrán regresar a sus hogares.
Ikra Tasci, una niña
de 7 años, tras ser rescatada con vida este jueves en la localidad turca de
Kahramanmaras. EFE/EPA/Abir Sultan
El terremoto de Turquía y Siria en
el año 2023 desplazó la superficie terrestre hasta 6 metros y causó más de
50.000 fallecidos y 85.000 heridos.
El número de muertos por los
devastadores terremotos superaron a los 20.000, de los cuales 17.134 se
contabilizaron en Turquía y 3.317 en Siria. En ambos países hubo más de 75.000
heridos.
En Turquía, más de 100.000
miembros de equipos de salvamento y del Ejército se movilizaron para rescatar a
los supervivientes, pero el tiempo invernal, el grado de destrucción y la
amplitud de la zona afectada complican los trabajos.
En Siria el número de muertos por
los terremotos en todo el país se elevó ya a 3.317 y el de heridos se sitúa en
al menos 5.245, incluidas las áreas en manos de la oposición y las controladas
por Damasco.
2022 I Volcán Tonga
La erupción del volcán de Tonga en 2022 fue la más explosiva del siglo XXI, destruyendo aproximadamente el 90% de la isla deshabitada de Hunga-Tonga-Ha'apai.
El volumen de material que expulsó el volcán de Tonga, fue de alrededor de 10 kilómetros cúbicos (km3), lo que lo convierte en la mayor erupción explosiva del siglo XXI, equiparable a la fuerza destructiva de la erupción del Monte Pinatubo (Filipinas), en 1991.
La erupción volcánica que causó más víctimas mortales en la historia sigue siendo la del volcán Tambora en Indonesia en 1815, con un total de 71.000 muertes por lo que se la denomina el volcán del milenio.
2019 | El ciclón Idai sacude Mozambique,
Zimbabue y Malawi
Más de 1.000 muertos a causa
de la peor catástrofe natural del hemisferio sur, según fuentes de la ONU,
dejaban a más de 1.5 millones de afectados en los tres países.
En las primeras semanas, ACNUR desalojó a refugiados y desplazados, para pasar a coordinar una respuesta entre varias agencias de las Naciones Unidas para ayudar a los supervivientes. En la semana del 27 de marzo, ACNUR puso en marcha el envío de tres aviones desde los almacenes para entregar refugios, mantas, bidones de agua y otros útiles humanitarios.
Imagen de ACNUR | Mujeres somalíes huyen del sur del país.
Huida de Somalia - 2017 | La peor sequía de los últimos 60 años llega a Somalia
La que ha sido catalogada como
la peor sequía de los últimos 60 años se cierne sobre la región del Cuerno de
África, empeorando el conflicto en Somalia y provocando hambruna ante la falta
de cultivos o ganado.
“Si volviésemos sólo tendríamos tierra seca y muerte”, dice un pastor somalí refugiado.
2016 | Terremoto de Ecuador
Cientos de personas y miles de
heridos sufrieron en 2016 un terremoto que comenzaba en la costa norte del
país. Para hacer frente, ACNUR envió de inmediato 100 toneladas de ayuda
humanitaria.
Soldados
nepalíes entre los restos de edificios en la plaza de Durbar, gravemente dañada
en el terremoto, el 29 de abril de 2015.
2015 | Terremoto de Nepal
En un país tan pequeño y pobre
como Nepal, el terremoto de 7,8 grados tuvo consecuencias catastróficas. 8.600
personas murieron y decenas de aldeas quedaron totalmente destruidas. Entonces,
ACNUR envió 4 millones de euros en ayuda (lonas plásticas, lámparas solares…)
en menos de 48 horas. 550.000 procedían de España.
2013 | Tifón Haiyán en
Filipinas
Más de 4 millones de filipinos tuvieron que huir tras el paso del Tifón Haiyán y 9 millones de personas necesitaron ayuda humanitaria. ACNUR entregó lonas plásticas a miles de familias para ayudarles a sobrevivir. “Los que pueden permitirse partir lo hacen, pero los más pobres están obligados a quedarse”, explicaba un trabajador.
2012 | Inundaciones en
Filipinas
A principios de 2012, las
inundaciones en la isla de Mindanao destruyeron las casas de más de 10.000
personas. En menos de 24 horas, ACNUR pudo enviar mantas, lonas y bidones desde
el almacén logístico que tiene ACNUR en Dubai.
2010 | Terremoto de Haití
A pocos
kilómetros de la capital de la isla de Haití, un terremoto de magnitud 7.0
dejaba más de 225.570 muertos y un número aún mayor de heridos. En la peor
catástrofe natural del siglo XXI, ACNUR dio asistencia a los más de 3 millones
de supervivientes desplazados en el país.
Australia ha sufrido numerosos incendios de grandes dimensiones en los últimos años.
Craig Sillitoe / Getty Images
2009 I Australia
Los Incendios del Sábado
Negro, como son conocidos, son unos de los más graves de la historia moderna.
El sábado 7 de febrero se declararon más de 400 focos de incendios en el estado
australiano de Victoria.
Las altas temperaturas (más de 40ºC) y el fuerte viento (más de 100 km/h) hicieron que los bomberos tardarán casi 40 días en apagarlo, con un triste balance: 173 muertos, más de 400 heridos, más de 2.000 hogares arrasados y 7.500 evacuados, además de más de medio millón de hectáreas destruidas.
Víctimas del 'Nargis',
rodeadas de desolación. (Foto: Save The Children)
2008 | Ciclón Nargis en
Birmania
El ciclón dejó 84.000 muertos,
50.000 desaparecidos y más de 1,3 millones de víctimas que recibieron
asistencia de agencias de Naciones Unidas como ACNUR.
2008 | Terremoto de Sichúan,
en China
Se calcula que este terremoto
se cobró la vida de más de 85.000 personas en uno de los mayores desastres
naturales del siglo XXI.
2005 | Huracán Katrina
El mayor desastre natural que
ha azotado a los Estados Unidos a lo largo de la historia dejaba el mayor
número de muertos en la ciudad de Nueva Orleans.
2005 | Terremoto de Cachemira
Se estima que más de 85.000
personas perdieron la vida tras un terremoto de grado 7,6 en la región de
Cachemira, en la India.
Imagen de ACNUR | Los trabajadores queman los restos de animales muertos para evitar que se contamine el agua.
2005 | Conflicto de Darfur y huida hacia el desierto
180.000 sudaneses huyeron del
conflicto en Darfur hacia el desierto de Chad: uno de los entornos más
inhóspitos en los que ACNUR ha trabajado nunca: largas distancias, calor
abrasador, tormentas de arena, escasez de agua potable…
Ahora, la estación de lluvias arrasa el Cuerno de África inundando y dificultando el acceso a las zonas de refugio.
Foto: Cordón Press / Ilir Sulejmani
2004 | Tsunami en el Sudeste asiático
160.000 personas murieron en el tsunami que abatió el Océano Índico. Naciones Unidas pudo llevar ayuda en menos de 24 horas para 1,7 millones de supervivientes.
¿Qué enseñanzas nos dejan estos desastres?
Los acontecimientos muestran
cinco cuestiones fundamentales:
1. Las
alertas tempranas salvan vidas. Recibir información a tiempo y comprender qué
medidas adoptar puede reducir considerablemente la exposición al peligro.
2. La
ubicación y la seguridad de las viviendas importan. Construir en zonas
expuestas y no contar con infraestructuras adecuadas puede aumentar las
consecuencias de una inundación, un terremoto o una tormenta.
3. La
preparación debe adaptarse a cada riesgo. Un plan para inundaciones no es
idéntico a uno para incendios, terremotos u olas de calor.
4. Los
desastres afectan más allá de las víctimas inmediatas. Pueden destruir
escuelas, hospitales, caminos, cultivos, empleos y redes de abastecimiento,
prolongando las dificultades durante años.
5. La
resiliencia es una tarea colectiva. Las familias pueden prepararse, pero necesitan
el apoyo de comunidades organizadas, servicios de emergencia eficaces e
instituciones que reduzcan los riesgos.
En relación con el lema de
2026, «La resiliencia empieza en casa», la principal enseñanza es que conocer
los riesgos, preparar los recursos esenciales y acordar un plan familiar son
medidas importantes. Sin embargo, también se necesitan políticas públicas,
infraestructuras seguras y sistemas de alerta que permitan a toda la población
protegerse.
Reducir el riesgo de desastres
significa anticiparse, prepararse y actuar antes de que una amenaza se
convierta en una tragedia.
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https://redescolar.ilce.edu.mx/
Oficina
de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR): Día Internacional para la Reducción del
Riesgo de Desastres 2026.
Naciones Unidas: Información
sobre la conmemoración y su lema de 2026.
Sistema Nacional de
Emergencias (SINAE): Información
y recomendaciones para Uruguay.




























