Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

martes, 29 de septiembre de 2026

29 DE SETIEMBRE - DÍA INTERNACIONAL DE CONCIENTIZACIÓN SOBRE LA PÉRDIDA Y EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS

  





 El Día Internacional de la Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos se celebra el 29 de septiembre gracias un decreto oficial establecido por la ONU y cuyo principal objetivo es evitar que los alimentos se desperdicien, ya que son un bien escaso, sobre todo, en aquellos países donde los índices de pobreza van en aumento cada día.

LEMA 2026




 Hay una precisión interesante para presentar correctamente el tema de 2026.

 

1.  El Tema Oficial (Lema Central): Para 2026, el eje temático principal establecido por la FAO y el PNUMA es "Transformative Potential of Reducing Food Loss and Waste" (El potencial transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos). Este título encabeza los reportes institucionales, los debates globales de este año y los eventos de la Semana Forestal Mundial.

2.  El Eslogan de Acción (Lema Permanente): Para acompañar las campañas en redes sociales y la movilización ciudadana, se mantiene fijo el llamado a la acción institucional: "Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos. Por las personas. Por el planeta." (Stop food loss and waste. For the people. For the planet.).

Por lo tanto, mientras que el "potencial transformador" es el enfoque específico que se analiza a fondo durante las conferencias de 2026, el segundo funciona como el lema permanente de la campaña global de concienciación.


 



El potencial transformador

de reducir la pérdida

y el desperdicio de alimentos

 

El lema del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos 2026 —«Stop food loss and waste. For the people. For the Planet.», «Detengamos la pérdida y el desperdicio de alimentos. Por las personas. Por el planeta»— adquiere en esta edición un significado especialmente amplio.

La FAO ha definido para 2026 como tema central el «Potencial transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos» (Transformative Potential of Reducing Food Loss and Waste). No se trata simplemente de insistir en que debemos tirar menos comida. La expresión «potencial transformador» propone mirar el problema desde una perspectiva mucho más amplia: reducir las pérdidas y el desperdicio puede contribuir a transformar los sistemas agroalimentarios, mejorar la seguridad alimentaria, proteger los recursos naturales, disminuir las emisiones, fortalecer las economías y generar nuevas oportunidades.

La FAO resume esta posibilidad mediante una idea especialmente significativa: una triple ganancia. Actuar contra la pérdida y el desperdicio puede significar, simultáneamente, mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición; reducir la presión sobre los recursos naturales y las emisiones de gases de efecto invernadero; y aumentar la productividad y el crecimiento económico.

 

1. ¿Qué significa realmente «potencial transformador»?

La expresión potencial transformador indica que una acción aparentemente sencilla puede desencadenar cambios mucho más amplios.

Si se consigue que una mayor cantidad de los alimentos producidos llegue efectivamente a las personas, no solamente se evita que esos alimentos terminen desperdiciados.

También se aprovecha mejor:

  • la tierra utilizada para producirlos;
  • el agua;
  • la energía;
  • el trabajo humano;
  • los fertilizantes y otros insumos;
  • la infraestructura;
  • el transporte;
  • las instalaciones de almacenamiento;
  • las inversiones realizadas a lo largo de la cadena.

Por lo tanto, reducir una pérdida en un punto de la cadena puede generar beneficios en muchos otros.

La FAO considera que la pérdida y el desperdicio de alimentos constituyen un desafío central para construir sistemas alimentarios sostenibles, y señala que reducirlos permite maximizar el uso de los alimentos que ya han sido producidos.

Aquí se encuentra la idea fundamental:

no siempre es necesario producir más para disponer de más alimentos; también es necesario aprovechar mucho mejor los alimentos que ya producimos.

 

2. Transformar significa pasar de la pérdida al aprovechamiento

La primera transformación consiste en cambiar la lógica de funcionamiento de los sistemas alimentarios.

Un sistema ineficiente puede producir, transportar y comercializar enormes cantidades de alimentos mientras una parte termina perdiéndose antes de llegar al consumidor.

La pregunta entonces deja de ser únicamente:

«¿Cómo podemos producir más?»

y comienza a ser también:

«¿Cómo podemos aprovechar mejor lo que ya producimos?»

Este cambio de perspectiva es fundamental.

Si una cosecha se pierde por problemas de almacenamiento, aumentar la producción no resuelve necesariamente el problema. Si frutas y verduras se deterioran durante el transporte, producir más puede significar simplemente aumentar también la cantidad perdida.

Por eso, reducir las pérdidas puede ser una de las maneras más eficientes de aumentar la cantidad de alimentos efectivamente disponibles sin incrementar proporcionalmente la presión sobre los recursos naturales.

 

3. Primera gran transformación: mejorar la seguridad alimentaria

La primera dimensión de la «triple ganancia» señalada por la FAO es la seguridad alimentaria y la nutrición.

Esto resulta especialmente importante porque el mundo necesita alimentar a una población que seguirá creciendo.

La FAO recuerda que la población mundial, de aproximadamente 8.200 millones de personas, podría acercarse a los 9.700 millones hacia 2050. Al mismo tiempo, millones de personas continúan enfrentando hambre o inseguridad alimentaria.

En este contexto, perder alimentos significa desperdiciar una oportunidad de alimentar a las personas.

Pero existe una precisión importante: reducir el desperdicio no significa que cada kilogramo de alimento recuperado pueda trasladarse directamente a una persona que pasa hambre.

La relación es más compleja.

Lo que cambia es la eficiencia y la capacidad del sistema alimentario para poner alimentos disponibles a disposición de las personas.

La reducción de pérdidas puede contribuir a:

  • aumentar la disponibilidad de alimentos;
  • mejorar el acceso a los alimentos;
  • proteger los ingresos de pequeños productores;
  • disminuir determinadas ineficiencias;
  • fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro.

La propia FAO señala que reducir las pérdidas puede generar beneficios en diferentes dimensiones relacionadas con el hambre, entre ellas la disponibilidad y el acceso a los alimentos y los ingresos de los pequeños productores.

 

4. Una transformación especialmente importante: aprovechar mejor los alimentos nutritivos

No todos los alimentos tienen la misma importancia desde el punto de vista nutricional.

Las frutas y las verduras, por ejemplo, son componentes fundamentales de una alimentación saludable y se encuentran entre los grupos que presentan mayores niveles de pérdidas.

Por eso, reducir sus pérdidas no significa simplemente recuperar «cantidad de comida»: puede significar conservar una mayor proporción de alimentos de elevado valor nutricional.

Esto conecta directamente la lucha contra el desperdicio con la calidad de la alimentación, no solamente con la cantidad disponible.

La transformación que propone la FAO, por lo tanto, también consiste en avanzar hacia sistemas capaces de conservar y distribuir mejor los alimentos nutritivos.

 

5. Segunda gran transformación: proteger los recursos naturales

La segunda dimensión fundamental se refiere al planeta.

Todo alimento requiere recursos para ser producido.

Detrás de una fruta, un cereal, una hortaliza, un producto lácteo o cualquier otro alimento existen recursos naturales y energía.

Cuando el alimento finalmente no se consume, una parte de esos recursos ha sido utilizada sin cumplir su finalidad.

La FAO destaca que la pérdida y el desperdicio representan un uso muy ineficiente de recursos como la mano de obra, el agua, la energía y la tierra, además de contribuir al cambio climático y a otros impactos ambientales.

Por eso, reducir el desperdicio puede interpretarse como una forma de hacer más eficiente el uso de los recursos del planeta.

 

6. Tierra: producir alimentos que finalmente no serán consumidos

La dimensión territorial resulta especialmente significativa.

La FAO señala que los alimentos que nunca llegan a consumirse utilizan aproximadamente el 28 % de la superficie agrícola mundial. La estimación corresponde al área utilizada para producir alimentos que terminan perdiéndose o desperdiciándose.

Esto ayuda a comprender por qué el problema supera ampliamente la cuestión de «tirar comida».

Si una parte de la producción nunca se consume, también se ha utilizado tierra agrícola para producir algo que no cumplirá su finalidad.

Reducir esas pérdidas puede ayudar a disminuir la presión para destinar nuevas tierras a la producción de alimentos.

Esto tiene consecuencias para:

  • los ecosistemas;
  • los bosques;
  • la biodiversidad;
  • la conservación de los suelos;
  • los recursos hídricos.

Por eso la reducción del desperdicio también puede contribuir a una relación más equilibrada entre agricultura y naturaleza.

 

7. Agua: un recurso que no vemos cuando miramos un alimento

El agua constituye otro ejemplo de un recurso invisible.

Cuando vemos un alimento en un supermercado o en un plato, no vemos el agua que fue necesaria para producirlo.

Pero esa agua formó parte del proceso.

Si el alimento se pierde, también se ha desperdiciado indirectamente una parte del agua utilizada para producirlo.

De ahí que la lucha contra el desperdicio pueda contribuir a una gestión más eficiente de un recurso fundamental para la agricultura y para la vida.

La FAO incluye expresamente el agua entre los recursos cuyo uso se vuelve ineficiente cuando los alimentos se pierden o desperdician.

 

8. Tercera gran transformación: contribuir a la lucha contra el cambio climático

La pérdida y el desperdicio de alimentos tienen también una importante dimensión climática.

La FAO estima actualmente que representan alrededor del 10 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Esto significa que reducir el desperdicio puede formar parte de las estrategias de acción climática.

La explicación es sencilla:

si se producen alimentos que no serán consumidos, se generan emisiones durante su producción, procesamiento, transporte, almacenamiento y otras etapas, aunque finalmente ese alimento no cumpla su función de alimentar.

Por lo tanto, evitar pérdidas significa también evitar parte de las emisiones asociadas a una producción innecesaria.

La FAO señala expresamente que reducir la pérdida y el desperdicio constituye una vía de acción climática que puede contribuir a disminuir las emisiones y proteger los recursos naturales.

 

9. Una transformación ambiental que va más allá del clima

El beneficio ambiental tampoco se limita a las emisiones.

La FAO relaciona la pérdida y el desperdicio con:

  • contaminación;
  • degradación de ecosistemas;
  • pérdida de biodiversidad;
  • presión sobre la tierra;
  • utilización ineficiente del agua;
  • utilización innecesaria de energía.

Por eso, la reducción de pérdidas puede formar parte de una estrategia ambiental más amplia.

No se trata solamente de «emitir menos carbono», sino de utilizar de manera más inteligente los recursos que sostienen los sistemas alimentarios.

 

10. Cuarta transformación: de un modelo de descarte a una economía circular

La FAO incorpora otro concepto fundamental: la economía circular.

En un modelo lineal, el recorrido puede representarse así:

producir → distribuir → consumir → desechar.

La economía circular intenta modificar esta lógica para que los recursos se mantengan en uso durante el mayor tiempo posible.

En el ámbito alimentario esto significa priorizar:

prevenir → reducir → recuperar → redistribuir → reutilizar → aprovechar.

La prevención debe ocupar el primer lugar.

Si un alimento puede evitar perderse, esa es la solución más eficiente.

Si existe un excedente apto para consumo, puede estudiarse su recuperación y redistribución.

Y cuando un alimento ya no puede destinarse al consumo humano, pueden existir otras formas de aprovechamiento dependiendo del contexto y de las normas aplicables.

La FAO señala que la innovación y los enfoques de economía circular pueden contribuir a prevenir, reducir, reutilizar y dar nuevos usos a las pérdidas y desperdicios, generando además oportunidades laborales y beneficios económicos.

 

11. Quinta transformación: innovación y tecnología

El potencial transformador también se encuentra en la innovación.

Reducir pérdidas no significa solamente pedir a las personas que sean más cuidadosas.

En muchos casos es necesario modificar la manera en que funcionan las cadenas alimentarias.

Esto puede implicar:

  • mejores sistemas de almacenamiento;
  • tecnologías de conservación;
  • refrigeración adecuada;
  • mejores sistemas de transporte;
  • herramientas digitales;
  • sistemas de información;
  • mejores métodos de planificación;
  • nuevas formas de procesamiento;
  • sistemas de medición y seguimiento.

La FAO señala que para maximizar los impactos positivos de la reducción de pérdidas y desperdicios se necesitan infraestructuras, tecnología e innovación, además de gobernanza y desarrollo del capital humano.

Por lo tanto, el lema no propone regresar a un modelo más rudimentario de producción.

Por el contrario:

propone utilizar mejor el conocimiento, la ciencia y la tecnología para evitar pérdidas innecesarias.

 

12. Sexta transformación: convertir los datos en decisiones

Existe una dimensión especialmente importante en 2026: medir para poder actuar.

No es suficiente saber que existe desperdicio.

Es necesario saber:

dónde ocurre, cuánto ocurre, por qué ocurre y en qué etapa ocurre.

La FAO destaca la importancia de disponer de mejores datos para identificar los puntos críticos, comprender las causas y diseñar políticas e intervenciones eficaces.

La organización ha puesto precisamente de relieve en 2026 el papel de los datos para detener la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Esto introduce una idea fundamental:

lo que se mide puede comprenderse; lo que se comprende puede gestionarse; y lo que se gestiona puede mejorarse.

Por eso, las estadísticas no son un aspecto secundario. Son una herramienta para transformar el sistema.

 

13. Séptima transformación: mejorar la economía

La tercera dimensión de la «triple ganancia» mencionada por la FAO es la productividad y el crecimiento económico.

La pérdida de alimentos representa una pérdida económica.

La FAO estima que la pérdida de alimentos a lo largo de las cadenas posteriores a la cosecha tiene un valor de aproximadamente 400.000 millones de dólares anuales, mientras que el desperdicio de alimentos representa más de 1 billón de dólares cada año.

Estas cifras muestran que reducir el desperdicio no constituye únicamente una preocupación ambiental o social.

También representa una oportunidad para hacer más eficientes las actividades económicas relacionadas con la alimentación.

Una empresa que reduce pérdidas puede aprovechar mejor sus materias primas.

Un productor que disminuye las pérdidas poscosecha puede conservar una mayor parte del valor de su producción.

Un comercio que mejora la gestión de sus productos puede reducir descartes.

Un hogar que compra y conserva mejor sus alimentos puede aprovechar mejor sus recursos económicos.

 

14. Octava transformación: mejorar los medios de vida

La reducción de pérdidas también puede favorecer a quienes viven de la producción de alimentos.

Esto resulta especialmente importante para los pequeños productores.

Cuando una parte de la cosecha se pierde antes de llegar al mercado, el productor pierde potencialmente una parte de los ingresos que podría haber obtenido.

Mejorar las condiciones de cosecha, almacenamiento, transporte y comercialización puede ayudar a conservar una mayor proporción del valor producido.

La FAO señala que reducir las pérdidas puede contribuir a mejorar los ingresos de los pequeños productores.

Por eso, la lucha contra el desperdicio también puede tener una dimensión de desarrollo rural y mejora de los medios de vida.

 

15. Novena transformación: crear nuevas oportunidades de empleo

La economía circular relacionada con los alimentos puede generar además nuevas actividades.

La recuperación, redistribución, transformación y aprovechamiento de excedentes pueden requerir:

  • nuevas empresas;
  • nuevos servicios;
  • nuevas tecnologías;
  • profesionales especializados;
  • sistemas logísticos;
  • investigación;
  • innovación.

La FAO señala que los enfoques de economía circular pueden contribuir a crear oportunidades de empleo, mejorar los medios de vida y generar beneficios financieros para diferentes actores.

De esta manera, lo que hoy consideramos «residuo» puede, en determinados casos y bajo condiciones adecuadas, convertirse en un recurso.

16. Décima transformación: cambiar la forma de entender el valor de los alimentos

Existe además una transformación cultural.

Durante mucho tiempo, en determinadas sociedades se ha instalado una cultura de abundancia y descarte:

comprar más → consumir una parte → desechar lo que sobra.

El mensaje de 2026 propone recuperar otra concepción:

los alimentos tienen valor incluso antes de llegar al plato.

Tienen valor económico.

Tienen valor nutricional.

Tienen valor ambiental.

Tienen valor social.

Y tienen detrás trabajo humano.

Por eso, reducir el desperdicio implica también recuperar una cultura de respeto y valoración de los alimentos.

 

17. La transformación debe producirse en toda la cadena

Una de las ideas más importantes de la campaña es que ningún sector puede solucionar por sí solo el problema.

La FAO identifica como actores necesarios a productores, inversores, empresas, integrantes de las cadenas de suministro, consumidores, investigadores, instituciones académicas, sociedad civil y sectores público y privado.

Cada uno puede actuar en una etapa diferente.

Productores

Pueden mejorar las prácticas de cosecha, almacenamiento y manipulación.

Transportistas

Pueden contribuir a mantener condiciones adecuadas de conservación.

Industrias

Pueden mejorar los procesos y aprovechar subproductos.

Comercios

Pueden perfeccionar la gestión de inventarios y de productos perecederos.

Restaurantes

Pueden mejorar la planificación y el manejo de cantidades.

Hogares

Pueden comprar, conservar y aprovechar mejor los alimentos.

Gobiernos

Pueden establecer políticas, normas, incentivos y sistemas de medición.

Ciencia y universidades

Pueden desarrollar nuevas tecnologías y aportar conocimiento.

Por eso, el potencial transformador solamente puede hacerse realidad mediante una acción coordinada.

 

18. No basta con concienciar: hay que cambiar sistemas

Esta es quizás una de las conclusiones más importantes del enfoque de 2026.

La concienciación es necesaria, pero no suficiente.

Una persona puede querer desperdiciar menos alimentos y, sin embargo, encontrarse con problemas relacionados con:

  • tamaños de envases;
  • información poco clara;
  • dificultades de conservación;
  • falta de infraestructura;
  • cadenas de frío insuficientes;
  • cantidades excesivas;
  • prácticas comerciales;
  • ausencia de mecanismos para aprovechar excedentes.

Por eso, la FAO insiste en la necesidad de combinar sensibilización, políticas adaptadas, datos, infraestructura, tecnología, innovación, gobernanza y cooperación.

La transformación debe producirse tanto en los hábitos individuales como en las estructuras que organizan los sistemas alimentarios.

 

19. La conexión con el ODS 12.3

Todo este planteamiento se encuentra relacionado con la meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Esta meta establece el compromiso de reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita en los niveles minorista y de consumo y reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y suministro para 2030.

El tema de 2026 adquiere así una dimensión práctica.

No se trata simplemente de celebrar una fecha internacional.

Se trata de acelerar el cumplimiento de un compromiso concreto de la Agenda 2030.

Y para hacerlo es necesario pasar:

del diagnóstico → a la medición → de la medición → a la acción → y de la acción → a resultados verificables.

 

20. La «triple ganancia»: el corazón del potencial transformador

Todo el planteamiento de la FAO puede resumirse en tres grandes beneficios interrelacionados.

1. GANANCIA PARA LAS PERSONAS

Reducir pérdidas y desperdicios puede:

  • mejorar la disponibilidad de alimentos;
  • favorecer la seguridad alimentaria;
  • contribuir a una mejor nutrición;
  • proteger los ingresos de productores;
  • reducir pérdidas económicas;
  • generar nuevas oportunidades.

2. GANANCIA PARA EL PLANETA

Puede:

  • reducir el uso innecesario de tierra;
  • ahorrar recursos hídricos;
  • reducir emisiones;
  • disminuir la contaminación;
  • proteger ecosistemas;
  • contribuir a conservar la biodiversidad.

3. GANANCIA PARA LA ECONOMÍA

Puede:

  • aumentar la eficiencia;
  • reducir costos;
  • aprovechar mejor las materias primas;
  • mejorar la productividad;
  • estimular la innovación;
  • generar nuevas actividades económicas.

Esta es precisamente la «triple ganancia» que la FAO utiliza para explicar el potencial transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos.

 

21. Una transformación que comienza con una acción aparentemente pequeña

La importancia del tema también reside en que la transformación puede comenzar en diferentes escalas.

Una familia puede desperdiciar menos.

Un restaurante puede modificar sus procedimientos.

Un supermercado puede mejorar la gestión de productos perecederos.

Un agricultor puede adoptar una nueva técnica de conservación.

Una empresa puede desarrollar una tecnología.

Un municipio puede implementar un programa.

Un gobierno puede establecer objetivos y sistemas de medición.

Una universidad puede investigar nuevas soluciones.

Ninguna de estas acciones, por sí sola, resolverá el problema mundial.

Pero todas pueden formar parte de una transformación acumulativa.

Por eso la FAO afirma en sus mensajes de 2026:

cada acción para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos importa.

 

22. Del desperdicio como problema al desperdicio como oportunidad de transformación

Quizás el cambio conceptual más importante que propone la campaña de 2026 sea precisamente este.

Tradicionalmente, hablamos del desperdicio de alimentos como un problema.

La FAO propone mirar también aquello que puede ocurrir cuando comenzamos a reducirlo:

el problema puede convertirse en una oportunidad.

Una pérdida evitada significa:

un alimento aprovechado;

un recurso natural conservado;

una emisión evitada;

un costo reducido;

un ingreso protegido;

una oportunidad de innovación;

una mejora de la eficiencia.

Así se comprende mejor por qué la FAO utiliza la expresión «potencial transformador».

No se trata solamente de eliminar algo negativo.

Se trata de liberar beneficios que permanecen ocultos mientras los alimentos continúan perdiéndose o desperdiciándose.

 

Conclusión: transformar la manera en que producimos, valoramos y consumimos alimentos

El «potencial transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos» es, en definitiva, una invitación a mirar el problema desde una perspectiva diferente.

No se trata solamente de evitar que la comida termine en la basura.

Se trata de preguntarnos qué ocurriría si consiguiéramos aprovechar mucho mejor los alimentos que ya producimos.

La respuesta de la FAO es amplia: podríamos contribuir a mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, proteger agua, tierra, biodiversidad y otros recursos naturales, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentar la eficiencia económica, fortalecer los medios de vida, impulsar la innovación y favorecer sistemas agroalimentarios más resilientes y sostenibles.

Por eso, el concepto de 2026 puede sintetizarse en una cadena de ideas:

MENOS PÉRDIDA
↓
MÁS ALIMENTOS APROVECHADOS
↓
MEJOR SEGURIDAD ALIMENTARIA
↓
MENOR PRESIÓN SOBRE LOS RECURSOS
↓
MENOS IMPACTO AMBIENTAL
↓
MAYOR EFICIENCIA ECONÓMICA
↓
SISTEMAS AGROALIMENTARIOS MÁS RESILIENTES Y SOSTENIBLES.

Y aquí se encuentra la verdadera fuerza del lema:

«Por las personas. Por el planeta.»

Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos no es solamente una cuestión de consumir responsablemente. Es una oportunidad para transformar la manera en que producimos, distribuimos, comercializamos, aprovechamos y valoramos los alimentos.

En 2026, la FAO invita, por tanto, a dejar de considerar la reducción del desperdicio como una acción aislada y comprenderla como una palanca de transformación de todo el sistema alimentario.

Porque cuando un alimento deja de perderse, no solo se salva un alimento:

se aprovecha mejor el trabajo que lo produjo, se conservan recursos naturales, se reducen impactos ambientales y se fortalece la posibilidad de alimentar a las personas hoy y en el futuro.

Ese es, precisamente, el potencial transformador al que apunta la campaña de 2026.

 

"Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos. Por las personas. Por el planeta." (Stop food loss and waste. For the people. For the planet.).

  

«Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos. Por las personas. Por el planeta»

Análisis del lema del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos 2026

Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, una jornada establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2019 para llamar la atención sobre un problema que afecta simultáneamente a la alimentación, la economía, el ambiente y el futuro de las sociedades. La jornada busca promover la sensibilización y, sobre todo, impulsar acciones concretas para reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

En 2026, el mensaje se expresa con una frase breve, directa y contundente:

«Stop food loss and waste. For the people. For the Planet.»

«Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos. Por las personas. Por el planeta.»

Aunque se trata de una frase corta, contiene una propuesta de gran alcance. El lema comienza con una llamada urgente a la acción y termina señalando las dos grandes razones que justifican esa acción: las personas y el planeta.

No se trata únicamente de evitar que un alimento termine en la basura. El mensaje invita a comprender todo lo que existe detrás de cada alimento: tierra, agua, energía, trabajo humano, transporte, infraestructura, inversión y recursos naturales. Cuando ese alimento no llega a ser consumido, todos esos recursos han sido utilizados sin cumplir plenamente su finalidad.

 

1. «Poner fin»: de la preocupación a la acción

La primera expresión del lema es quizás la más importante: «Poner fin».

No dice simplemente conocer, recordar, reducir un poco o prestar atención. Plantea la necesidad de actuar para detener y disminuir de manera significativa un problema que se ha convertido en una de las grandes ineficiencias de los sistemas alimentarios.

Esta elección de palabras transforma la jornada en un llamado a la responsabilidad. La concienciación es necesaria, pero no suficiente. Conocer cuánto alimento se pierde o desperdicia debe conducir a modificar prácticas, mejorar procesos, invertir en infraestructura, desarrollar tecnologías, cambiar determinados hábitos de consumo y fortalecer la cooperación entre los distintos actores de la cadena alimentaria.

La FAO destaca que reducir las pérdidas y el desperdicio puede producir beneficios simultáneos para la seguridad alimentaria y la nutrición, los recursos naturales, el clima, la productividad y la economía. Por eso, el lema de 2026 no presenta el problema solamente como una cuestión ambiental: lo presenta como una oportunidad de transformación.

 

2. «Pérdida» y «desperdicio»: dos problemas relacionados, pero diferentes

El lema utiliza deliberadamente las dos expresiones: pérdida de alimentos y desperdicio de alimentos.

No son exactamente lo mismo.

Según la FAO, las pérdidas de alimentos se producen a lo largo de la cadena alimentaria después de la cosecha y antes del nivel minorista, como consecuencia de decisiones y acciones de los proveedores de la cadena. Pueden estar relacionadas con problemas de almacenamiento, transporte, manipulación, procesamiento, infraestructura, conservación o condiciones inadecuadas.

El desperdicio de alimentos, en cambio, se relaciona principalmente con decisiones y acciones de minoristas, servicios de alimentación y consumidores. Puede ocurrir cuando alimentos todavía aptos para el consumo son descartados, cuando se compra más de lo necesario, cuando las porciones son excesivas o cuando los alimentos se deterioran antes de ser utilizados.

Esta distinción es fundamental porque demuestra que el problema no comienza ni termina en el hogar.

Puede empezar en el campo y continuar durante la cosecha, el almacenamiento, el transporte, la elaboración, la distribución, el comercio, la preparación y el consumo.

Por eso tampoco existe una única solución.

 

3. La dimensión del problema

Las cifras ayudan a comprender por qué Naciones Unidas y la FAO consideran urgente actuar.

Las estimaciones actualmente utilizadas por los organismos internacionales indican que alrededor del 13,2 % de los alimentos se pierde después de la cosecha y antes de llegar a las etapas minoristas, mientras que otro 19 % de los alimentos disponibles para los consumidores se desperdicia en los hogares, los servicios de alimentación y el comercio minorista.

El informe de ONU Medio Ambiente estimó que en 2022 se desperdiciaron aproximadamente 1.050 millones de toneladas de alimentos en los niveles minorista, servicios de alimentación y hogares. Los hogares representaron alrededor del 60 % de ese desperdicio, seguidos por los servicios de alimentación y el comercio minorista.

Estas cifras permiten comprender la verdadera dimensión del mensaje:

no se está hablando simplemente de comida que sobra en un plato. Se está hablando de una enorme cantidad de alimentos y de recursos que se utilizan para producir alimentos que finalmente no cumplen su propósito de alimentar a las personas.

 

4. «Por las personas»: el primer gran significado del lema

La primera razón que ofrece el lema para actuar es «por las personas».

La alimentación constituye una necesidad humana fundamental. Por eso, desperdiciar alimentos adquiere una dimensión social que va mucho más allá del valor económico de lo que se tira.

La FAO señala que la pérdida y el desperdicio de alimentos afectan negativamente la seguridad alimentaria y la nutrición. Al mismo tiempo, el desperdicio ocurre en un mundo en el que millones de personas enfrentan hambre o dificultades para acceder a una alimentación saludable.

Sin embargo, el lema no debe interpretarse de una manera simplista, como si cada alimento desperdiciado pudiera ser trasladado directamente a una persona que tiene hambre. La relación es más compleja.

Reducir las pérdidas y el desperdicio significa hacer que los sistemas alimentarios sean más eficientes, aumentar la disponibilidad efectiva de alimentos, evitar pérdidas económicas innecesarias y favorecer sistemas de producción y distribución capaces de responder mejor a las necesidades de las poblaciones.

También significa proteger los medios de vida de quienes trabajan en la producción y comercialización de alimentos.

Cuando una cosecha se pierde por falta de almacenamiento adecuado, cuando productos perecederos se deterioran durante el transporte o cuando alimentos perfectamente utilizables son descartados, no desaparece solamente un producto: también desaparece parte del trabajo, la inversión y los recursos empleados para producirlo.

Por eso, reducir las pérdidas significa también proteger el esfuerzo humano que hay detrás de cada alimento.

 

5. «Por las personas» también significa economía y bienestar

El segundo significado de esta parte del lema está relacionado con la economía.

La pérdida y el desperdicio representan dinero perdido para agricultores, empresas, comerciantes, restaurantes, familias y economías nacionales.

La FAO considera que la pérdida y el desperdicio de alimentos constituyen pérdidas económicas y un uso ineficiente de recursos como la mano de obra, el agua, la energía y la tierra.

Reducirlos puede generar beneficios económicos porque permite aprovechar mejor los recursos ya utilizados.

Para una familia, esto puede significar planificar mejor las compras y aprovechar los alimentos disponibles.

Para un restaurante, puede significar mejorar la planificación de las cantidades y utilizar mejor los ingredientes.

Para un comercio, puede implicar mejorar la gestión de inventarios y facilitar la redistribución de excedentes.

Para los productores, puede requerir mejores instalaciones de almacenamiento, transporte, refrigeración o tecnologías poscosecha.

De esta manera, combatir el desperdicio no significa solamente gastar menos: significa utilizar de manera más inteligente aquello que ya tenemos.

 

6. «Por las personas» incluye a quienes producen nuestros alimentos

Existe además una dimensión humana que muchas veces pasa inadvertida.

Detrás de cada alimento hay personas:

  • agricultores;
  • trabajadores rurales;
  • pescadores;
  • transportistas;
  • trabajadores de plantas de procesamiento;
  • comerciantes;
  • cocineros;
  • vendedores;
  • trabajadores de supermercados;
  • familias que compran y preparan los alimentos.

Por eso, desperdiciar un alimento significa también desaprovechar una parte del trabajo colectivo que permitió que llegara hasta nosotros.

El lema invita a mirar el alimento no solamente como una mercancía que aparece en una góndola o en un plato, sino como el resultado final de una extensa cadena de trabajo humano.

 

7. «Por el planeta»: cada alimento tiene una huella ambiental

La segunda gran razón del lema es «por el planeta».

Un alimento no comienza su existencia en el supermercado.

Para producirlo se necesitan recursos naturales. Se necesita tierra para cultivarlo, agua, energía, fertilizantes, infraestructura y trabajo. Posteriormente debe ser cosechado, almacenado, transportado, procesado, refrigerado y distribuido.

Cuando finalmente se pierde o se desperdicia, todos esos recursos también han sido utilizados sin que el alimento haya cumplido su finalidad.

La FAO destaca que reducir las pérdidas y el desperdicio contribuye a proteger los recursos naturales y la biodiversidad, reducir la contaminación y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

 

8. Agua: un recurso invisible detrás de cada alimento

Uno de los aspectos menos visibles del problema es el agua.

Los alimentos necesitan agua para ser producidos. Las plantas necesitan riego o lluvia; los animales necesitan agua para su desarrollo; además, existen necesidades de agua asociadas al procesamiento y a otras etapas de la cadena.

Por lo tanto, cuando se desperdicia un alimento también se desperdicia indirectamente parte del agua utilizada para producirlo.

Esta relación permite comprender una idea fundamental:

el desperdicio de alimentos también es desperdicio de recursos naturales.

Por eso, reducirlo forma parte de una gestión más responsable del agua.

 

9. Tierra y biodiversidad

La producción de alimentos también requiere grandes superficies de tierra.

La FAO señala que aproximadamente 28 % de las tierras agrícolas del mundo se utilizan para producir alimentos que finalmente no son consumidos.

Esto permite dimensionar otro aspecto del problema.

Si una parte de la producción agrícola termina desperdiciándose, existe una presión innecesaria sobre los ecosistemas que proporcionan la tierra.

Reducir el desperdicio puede contribuir, por tanto, a disminuir la necesidad de utilizar nuevos territorios para producir alimentos que podrían haberse aprovechado mejor.

La cuestión se relaciona además con la biodiversidad, los bosques y la conservación de los ecosistemas.

 

10. Pérdida y desperdicio de alimentos y cambio climático

Uno de los vínculos más importantes del lema con la agenda ambiental es el cambio climático.

La FAO estima que la pérdida y el desperdicio de alimentos representan aproximadamente entre 8 % y 10 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Esto sucede porque producir alimentos que finalmente no serán consumidos genera emisiones a lo largo de toda la cadena.

Además, cuando los residuos alimentarios terminan en determinados sistemas de disposición, pueden producir gases como el metano durante su descomposición.

Por eso, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos constituye también una forma de acción climática.

No es la única solución al cambio climático, pero sí una de las áreas en las que pueden obtenerse simultáneamente beneficios ambientales, económicos y sociales.

 

11. Un problema que comienza mucho antes de la basura

Una de las ideas más importantes que transmite el lema es que no debemos limitar el problema al momento en que un alimento termina en un contenedor.

La pérdida puede producirse mucho antes.

Por ejemplo:

Producción → cosecha → almacenamiento → transporte → procesamiento → distribución → comercio → preparación → consumo

En cualquiera de esas etapas pueden producirse pérdidas o desperdicios.

La falta de refrigeración, por ejemplo, puede provocar deterioro de productos perecederos. La FAO señala que las deficiencias en refrigeración constituyen un factor importante de pérdidas alimentarias y estima que cientos de millones de toneladas se pierden o desperdician por insuficiencias relacionadas con la refrigeración.

Esto demuestra que la solución requiere tanto cambios de comportamiento como infraestructura, tecnología, inversión y políticas públicas.

 

12. El lema no culpa a un único responsable

Otro aspecto importante es que el mensaje utiliza una expresión colectiva: «Stop food loss and waste».

No señala exclusivamente al consumidor, al productor, al supermercado, al restaurante o al gobierno.

La FAO y ONU Medio Ambiente consideran que deben participar numerosos actores: productores, empresas, integrantes de las cadenas de suministro, consumidores, gobiernos, investigadores, organizaciones de la sociedad civil y otros sectores.

Esto es especialmente importante porque las causas de las pérdidas y del desperdicio son diferentes según el lugar y el momento de la cadena alimentaria.

En algunos casos se necesitan mejores tecnologías.

En otros, mejores sistemas de almacenamiento.

En otros, cambios en las prácticas comerciales.

En otros, educación y cambios de hábitos.

Por eso, el lema propone una responsabilidad compartida.

 

13. Del modelo lineal a un sistema alimentario más circular

El mensaje de 2026 también puede relacionarse con la idea de economía circular.

El modelo lineal puede resumirse de manera sencilla:

producir → comprar → consumir → desechar.

Un enfoque más circular intenta mantener los alimentos y sus recursos dentro del sistema durante el mayor tiempo posible.

La prioridad debe ser prevenir el excedente y evitar que los alimentos se pierdan. Cuando existen excedentes aptos para el consumo, pueden buscarse mecanismos de redistribución. Los materiales que ya no pueden utilizarse como alimento pueden, según corresponda, incorporarse a otras formas de aprovechamiento.

La FAO destaca precisamente la importancia de prevenir, reducir, reutilizar y buscar nuevos aprovechamientos dentro de sistemas alimentarios más circulares.

La idea central es sencilla:

el mejor desperdicio es el que nunca llega a producirse.

 

14. La responsabilidad del consumidor

El lema también interpela directamente a las personas en su vida cotidiana.

Los hogares representan una parte muy importante del desperdicio alimentario. Según el Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 de ONU Medio Ambiente, los hogares fueron responsables de alrededor del 60 % del desperdicio medido en los niveles de consumo, servicios de alimentación y comercio minorista en 2022.

Por eso, pequeñas decisiones cotidianas pueden formar parte de la solución:

  • planificar las compras;
  • comprar cantidades adecuadas;
  • conservar correctamente los alimentos;
  • aprovechar las sobras;
  • comprender mejor las fechas de los productos;
  • preparar cantidades razonables;
  • evitar comprar alimentos que probablemente no serán utilizados.

Pero el mensaje no debería reducirse a «el consumidor debe ser más cuidadoso».

Las personas también necesitan que los sistemas comerciales y alimentarios les faciliten esas decisiones mediante información clara, mejores envases, posibilidades de compra adecuadas, sistemas de redistribución y otras soluciones.

 

15. La importancia de la educación

El lema posee también una dimensión educativa.

Muchas veces el desperdicio surge de hábitos adquiridos y de la falta de información.

Educar sobre el valor de los alimentos significa enseñar que una fruta, una verdura, un pan o cualquier otro alimento no es simplemente un objeto que puede reemplazarse inmediatamente.

Detrás de él existen recursos naturales, trabajo, energía, transporte y conocimientos.

La educación puede ayudar a construir una cultura basada en el respeto por los alimentos y por los recursos necesarios para producirlos.

Esta educación puede comenzar en la infancia, continuar en la escuela y extenderse a los hogares, los comercios y los lugares de trabajo.

 

16. El lema y el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3

El mensaje de 2026 está estrechamente vinculado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, especialmente con la meta 12.3 del ODS 12, dedicada a garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.

Esta meta establece el objetivo de reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita en los niveles minorista y de consumo y reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y suministro para 2030.

Por ello, el lema no constituye únicamente una frase de sensibilización.

También funciona como un recordatorio de un compromiso internacional concreto que debe medirse y en el que es necesario acelerar los avances.

 

17. «Por las personas. Por el planeta.»: una relación inseparable

Quizás la característica más profunda del lema sea precisamente la conexión entre sus dos últimas expresiones:

Por las personas.
Por el planeta.

No se presentan como objetivos separados.

La alimentación humana depende de la salud de los ecosistemas.

Necesitamos suelos fértiles, agua disponible, biodiversidad, condiciones climáticas relativamente estables y sistemas agrícolas capaces de producir alimentos de manera sostenible.

Al mismo tiempo, necesitamos sistemas alimentarios que sean capaces de alimentar a las personas de manera suficiente, nutritiva, segura y económicamente accesible.

Por eso, proteger a las personas y proteger al planeta forman parte del mismo desafío.

 

18. Un mensaje de justicia intergeneracional

El lema también puede interpretarse desde una perspectiva de futuro.

Los alimentos que desperdiciamos hoy no solamente representan recursos desaprovechados en el presente. También forman parte de la presión que ejercemos sobre los recursos que necesitarán las generaciones futuras.

Si se utilizan grandes cantidades de tierra, agua y energía para producir alimentos que finalmente no se consumen, se está utilizando de manera ineficiente una parte de los recursos disponibles.

Reducir las pérdidas y el desperdicio significa, por tanto, hacer un uso más responsable de los recursos que compartimos con quienes vivirán mañana.

 

19. El verdadero sentido de «detener»

La palabra «detener» no debe interpretarse como la posibilidad de conseguir que absolutamente ningún alimento vuelva a perderse.

En cualquier sistema alimentario existen circunstancias inevitables: deterioro natural, partes no comestibles, problemas climáticos, accidentes u otras situaciones.

El objetivo realista es prevenir y reducir al máximo las pérdidas evitables, mejorar la eficiencia de los sistemas y aprovechar mejor los alimentos y los recursos.

Por eso, el lema de 2026 invita a pasar de una cultura del descarte a una cultura de prevención, aprovechamiento y responsabilidad.

 

20. El potencial transformador del lema de 2026

La FAO presenta la edición 2026 bajo la idea del potencial transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos. La expresión es significativa porque no se trata únicamente de solucionar un problema concreto.

Reducir el desperdicio puede producir simultáneamente varios beneficios:

más seguridad alimentaria + mejor aprovechamiento de los recursos + menor presión ambiental + menos emisiones + mayor eficiencia económica.

Por eso se habla de una posible «triple ganancia»: mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, reducir la presión sobre los recursos naturales y las emisiones, y favorecer la productividad y el crecimiento económico.

 

Conclusión

«Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos. Por las personas. Por el planeta.» es un lema breve, pero reúne una problemática mundial de enorme complejidad.

La primera parte, «Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos», constituye un llamado a actuar y a transformar la manera en que producimos, transportamos, almacenamos, comercializamos, preparamos y consumimos los alimentos.

La segunda, «Por las personas», recuerda que reducir el desperdicio significa contribuir a sistemas alimentarios más eficientes y resilientes, proteger el trabajo y los ingresos de quienes participan en la cadena alimentaria y mejorar las condiciones necesarias para avanzar hacia una mayor seguridad alimentaria.

La tercera, «Por el planeta», recuerda que cada alimento lleva detrás una huella de tierra, agua, energía, trabajo y recursos naturales. Cuando se pierde o se desperdicia, todos esos recursos también se utilizan de manera ineficiente y se generan impactos ambientales evitables.

En definitiva, el lema propone comprender que combatir la pérdida y el desperdicio de alimentos no consiste simplemente en tirar menos comida. Significa dar mayor valor a los alimentos, respetar el trabajo de quienes los producen, aprovechar mejor los recursos naturales, reducir impactos ambientales y construir sistemas alimentarios capaces de responder a las necesidades de las generaciones presentes y futuras.

Por eso, las dos últimas frases del lema adquieren todo su sentido cuando se leen juntas:

POR LAS PERSONAS.
POR EL PLANETA.

Porque alimentar mejor a las personas y cuidar mejor el planeta no son objetivos contradictorios: forman parte de un mismo desafío de sostenibilidad.




¿Por qué es importante reducir la pérdida y desperdicio de alimentos?

Cuando se pierden o desperdician alimentos, todos los recursos que se utilizaron para su producción -como el agua, la tierra, la energía, la mano de obra y el capital- se desaprovechan. Además, la eliminación de los alimentos perdidos o desperdiciados en vertederos genera emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), lo que contribuye al cambio climático. La pérdida y el desperdicio de alimentos también pueden tener repercusiones negativas en la seguridad alimentaria y la disponibilidad de alimentos, y contribuir a aumentar el costo de la alimentación.

Nuestros sistemas alimentarios no pueden ser resilientes si no son sostenibles. De ahí la necesidad de centrarse en la adopción de enfoques integrados concebidos para la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Es necesario adoptar medidas a escala mundial y local para aprovechar al máximo los alimentos que producimos. Para introducir este cambio transformador es fundamental incorporar tecnologías, soluciones innovadoras (en particular plataformas de comercio electrónico para la comercialización y sistemas de elaboración de alimentos replegables y móviles), nuevas formas de trabajar y buenas prácticas con miras a gestionar la calidad de los alimentos y reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

Cuando quedan seis años para alcanzar la meta 12.3 del Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 (ODS), es imperativo agilizar las medidas encaminadas a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos.

 


SITUACIÓN EN URUGUAY

 

Uruguay no es ajeno a la problemática asociada a la pérdida y desperdicio de alimentos (PDA), aquí algunos datos y qué estamos haciendo para abordarla.

Las primeras estimaciones con respecto a la generación de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos indican que aproximadamente el 11 % del total de alimentos disponibles para consumo humano pierde o se desperdicia anualmente  (datos del período 2011-2016), lo que equivale a cerca de 1 millón de toneladas al año.

En términos económicos (en base a materia prima), el volumen de PDA se traduce en una pérdida estimada de 600 millones de dólares al año (1).

Cerca del 70 % de las pérdidas y los desperdicios de alimentos se concentrarían en las etapas de producción y poscosecha, es decir en las etapas iniciales de la cadena agroalimentaria.

Calendario de actividades y propuestas

Para la semana del lunes 26 al viernes 30 de setiembre, el MA organiza y promueve una serie de actividades, que visibilizan esta problemática, dan cuenta de las acciones desarrolladlas y proyectadas en nuestro país, y te orientan sobre qué podés hacer vos para evitar o reducir la pérdida y desperdicio de alimentos.

ALGUNAS ESTRATEGIAS PARA Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos



1.    Reduce el desperdicio de alimentos: compra solo los alimentos que necesitas, aprende a amar las frutas y verduras de aspecto feo, sírvete raciones realistas, ten en cuenta las fechas de caducidad, almacena los alimentos de manera inteligente, dona los excedentes y convierte los alimentos sobrantes en la comida del día siguiente. 

Cuando desperdiciamos comida, también desperdiciamos todos los recursos utilizados para cultivar, procesar, transportar y comercializar esos alimentos. La comida es mucho más que lo que hay en nuestros platos.




2.    Apoya a los productores de alimentos: los chefs obtienen premios, estrellas y reconocimientos por sus creaciones. 

Pero ¿qué pasa con nuestros agricultores? Sin ellos, no tendríamos los alimentos frescos que necesitamos a diario para preparar cualquiera de nuestros preciados platos. ¿No son los campesinos los verdaderos héroes? 

Compra en mercados locales y conoce a los agricultores. Darles una oportunidad de negocio equivale a concederles tu reconocimiento y respeto.

 


3.     Valora el trabajo que requiere producir los alimentos: la agricultura no es solo trabajo, es arte. Se requiere tanto esfuerzo para producir nuestros alimentos... Hacen falta semillas y tierra, agua y trabajo, protección y paciencia. ¿Sabías que se necesitan unos 50 litros de agua para producir una naranja? 

Los alimentos que elegimos afectan a la salud de nuestro planeta y al futuro de la alimentación. 

Cuando comes estás consumiendo los recursos naturales y el arduo trabajo de los campesinos, las abejas, quienes recolectaron los alimentos y todas las demás personas involucradas en conseguir que los alimentos lleguen a tu plato. 

Aprecia la comida como si fuera una obra de arte.

 


4.     Adopta una dieta más saludable y sostenible: nuestros cuerpos se quedan sin calorías y sin nutrientes. Obtenemos nuestra energía y mantenemos nuestra salud a partir de unos alimentos adecuados. Normalmente no prestamos atención a la influencia que tienen los alimentos y la nutrición sobre nuestros cuerpos. 

Necesitamos entender que los alimentos son energía. Consumir demasiada comida en general, o demasiada comida de un solo tipo puede conducir a la obesidad, a carencias o a enfermedades relacionadas con la dieta.



 

5.    Aprende de dónde proceden los alimentos: ¿los kiwis provienen de árboles o de arbustos? ¿Son los tomates una fruta o una hortaliza? 

Al aprender más sobre nuestra comida, de dónde viene, qué alimentos se producen en cada temporada y qué se necesita para producirlos, aumentamos nuestro conocimiento y respeto por lo que estamos comiendo. 

 


6.    Mantén una conversación: al tratar cada almuerzo con orgullo, respetamos a los agricultores que lo produjeron, los recursos que se utilizaron para producirlo y las personas que no pueden disfrutarlo. 

El respeto se puede transmitir. Habla con las personas que te rodean y con las nuevas generaciones sobre cómo elegir de forma informada alimentos saludables y sostenibles.

 Para muchas personas en nuestro planeta, la comida es algo que se da por hecho. Está ahí, en casa o en una tienda, y por lo general, tienen los medios para comprarla. Pero para mucha gente, la comida es escasa o inaccesible. Para los millones de personas que padecen hambre cada año, la comida no es algo que esté garantizado. Supone un reto diario.

Respetar la comida significa apreciar la historia que hay detrás de los alimentos. Cuando vemos el panorama completo, es más fácil ver qué significa nuestra comida y cuán preciosa es en verdad.

Aprende más sobre cómo tus acciones pueden dar forma al futuro de la alimentación.


¿Qué hace la ONU para concienciar a la población sobre la pérdida y desperdicio de alimentos?

 



La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), destaca que ya es hora de poner fin al hambre y la miseria de un gran número de personas a nivel mundial.

 

Sin embargo, esto no será posible si no se llevan a cabo medidas para evitar la pérdida de grandes cantidades de alimentos debido a causas naturales y también como resultado de las malas decisiones y prácticas llevadas a cabo por el hombre y que han dañado los recursos naturales, indispensables para la vida como el agua, el suelo, el aire, entre otros.

 

De acuerdo a este organismo internacional, es importante abrir y fortalecer los espacios de los que trabajan la tierra, es decir, los pequeños y medianos agricultores para generar una mayor producción de alimentos, que a la vez, contribuya a impulsar los mercados nacionales e internacionales para que los productos puedan llegar a muchas más personas de forma más equitativa.

 

 FUENTES

https://www.gub.uy/ministerio-ambiente/comunicacion/noticias/semana-para-concientizacion-sobre-perdida-desperdicio-alimentos

https://www.gub.uy/secretaria-derechos-humanos/comunicacion/noticias/dia-internacional-concienciacion-sobre-perdida-desperdicio-alimentos

https://www.diainternacionalde.com/ficha/dia-internacional-conciencia-desperdicio-alimentos

https://www.fao.org/platform-food-loss-waste/flw-events/international-day-food-loss-and-waste/es

https://www.un.org/es/observances/international-days-and-weeks