Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

martes, 18 de agosto de 2026

18 DE AGOSTO DE 1781 NACIA JOAQUÍN SUÁREZ - BIOGRAFIA

JOAQUIN SUÁREZ : UN PERSONAJE URUGUAYO ILUSTRADO

.

Joaquín Luis Miguel Suárez de Rondelo y Fernández nació en Villa de Canelones, el 18 de agosto de 1781, político uruguayo, campeón de la independencia y presidente de Uruguay.
Su padre Bernardo Suárez del Rondelo fue uno de los primeros pobladores de la jovencísima Villa del Guadalupe del Canelón, allí a fines del siglo XVIII. 
Asentado en estas tierras, y seguramente a través del trabajo duro único medio de subsistencia de un recién llegado al medio rural, como era de la tierra, se convirtió en un hacendado con un importante capital, quien según Andrés Lamas, era respetado por su honestidad. .

Bernardo Suárez se convirtió en una persona muy respetada, que obtuvo ciertos cargos y honores.
Por ejemplo: obtuvo el grado de Capitán del Ejército Español por su actuación en la guerra contra los portugueses.
Cuando Canelones se convirtió en un lugar importante debido a su creciente población, se estableció el primer Cabildo en el año 1782, donde Bernardo Suárez fue elegido para el cargo de Alguacil Mayor. 


 También trabajó en el campo que obtuvo en Cerro Largo, lo que le ayudó a extender su imagen a lo largo de la campaña, dándose a conocer más allá de Guadalupe. 
Por su desempeño como hombre de campo o terrateniente, y su importante cargo como hacendado de campaña, fue designado diputado del Gremio de Hacedados al frente de la Junta Económica Ejecutiva del Cuerpo de Hacedados en 1805. 
También tuvo una importante participación en la fundación de
la Villa de San Fernando de la Florida, por su cercanía e importancia en los alrededores de esa zona.

Se puede insinuar que la adhesión del futuro Joaquín a la causa independentista proviene también de su padre, quien durante la guerra de las Provincias Unidas del Río de la Plata contra el Imperio de Brasil entre 1825 y 1828, permitió el establecimiento de la Cuartel General en las inmediaciones de su estancia en Cerro Largo, así como el permiso que otorgó a estas fuerzas para obtener la cantidad de ganado que necesitaban. 

Esta situación puede aportar este rasgo de la personalidad paterna de Joaquín, y es muy posible que esta muestra documentada de mediados del siglo XIX haya podido significar, en los primeros años de su vida, un reforzamiento de los valores emancipadores que más tarde llevado adelante.
La relación que se estableció entre padre e hijo fue siempre muy agradable, como demuestra la comunicación epistolar que ambos mantuvieron.
En 1780, Bernardo Suárez se casó con María Fernández, nacida en Montevideo, y el 18 de agosto de 1781 nació Joaquín Luís Miguel Suárez, quien vivió en el campo hasta que murió su madre cuando él tenía trece años.
Este hecho lo llevó a unirse aún más con su padre, con quien se trasladaron a Montevideo, donde recibió educación. 
Con el paso de los años se dedicó al comercio, actividad que tuvo un gran y joven auge en el Montevideo de la época.
Administró algunas de las propiedades rurales de su padre, lo que lo devolvió al contacto con la campaña.

 
María Josefa Álamo esposa de Joaquín Suárez.

En 1806 Joaquín se casó con María Josefa Álamo (n. 19 de marzo de 1787 - m. 19 de junio de 1890),4 en la Villa de Guadalupe. 
La primera bandera nacional, según la historia de la familia Suárez, fue bordada por su propia esposa Josefa, para ser izada por primera vez por su esposo el 1 de enero de 1829. 
unto a Josefa, Joaquín se convierte en padre de 8 hijos , dos de los cuales murieron poco después del nacimiento.



Físicamente, Joaquín era una persona de baja estatura, de facciones regulares, de pómulos poco pronunciados, cabello fuertemente colocado, alargado en la frente que lucía una pequeña patilla en su parte media y central, de cuerpo delgado pero fuerte. 
Se puede decir que esta descripción es confiable, porque presenta a un hombre común y corriente, para nada idealizado.

A modo de resumen, se ha podido apreciar la figura de gran influencia de su padre, el entorno en el que se forjó y algunos personajes significativos de su vida privada.

A pesar de que su actividad como militar destaca a partir de 1811, existen datos documentales que revelan que se había iniciado antes de esa fecha. 
Fueron publicadas en el diario "La Razón" el 3 de mayo de 19107

En la Banda del Este en 1811 había varios focos revolucionarios.
A modo de ejemplo, podemos mencionar la actividad de José Artigas en Colonia del Sacramento, Pedro José Viera y Venancio Benavides en Monte Grande del Arroyo Asencio, Francisco Haedo en Villa nueva de Mercedes, Celedonio Escalada en Santo Domingo de Soriano, la de Tomás García de Zúñiga, Ramón Márquez, Pedro Celestino Bauzá y Joaquín Suárez en Florida y Canelones), y varios más a lo largo de la campaña.

Lo primero a destacar en estos años es la designación de Joaquín como "Capitán de Milicias", por el propio Artigas, al incorporarse a la revolución, y participar con ese rango en la Batalla de las Piedras. 
Este nombramiento se debe al reconocimiento que tuvo Suárez y la influencia que tuvo en esta parte sur de la Banda Oriental, así como a su conocimiento de su geografía, característica que compartía con Artigas. 
Su relación con Artigas se puede atribuir, entre otros antecedentes, al nombramiento hecho por los hacendados a Artigas como Guardia General de Campaña en 1804.

Luego de la Batalla de las Piedras, que tuvo enormes repercusiones, Suárez continúa su camino hacia el primer sitio de Montevideo. 
Su nombramiento como capitán de milicias hace que durante el asedio tenga una presencia importante, y que conozca de primera mano este hecho. 
Debiendo levantarse el cerco a raíz del armisticio firmado con el virrey Elío por la Junta de Buenos Aires, los orientales marchan hacia lo que históricamente se conoce como “el Éxodo Oriental”, en el marco del cual Suárez permanece trece meses fuera de su tierra.

En ese contexto, Suárez, junto a otros importantes orientales, firmaron una petición, solicitando permiso para instalarse en Entre Ríos, dirigida al Superior Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo que demuestra su importancia dentro y también fuera del territorio oriental. . 
Llama la atención que muchos personajes de alta posición social rechazaran el éxodo, pues lo veían como una actitud arcaica, bárbara.
Tras el éxodo, participó en el segundo sitio de Montevideo hasta su finalización en junio de 1814. 
Durante este se produjo una discrepancia que alejó a Suárez de Artigas, pues este último decidió abandonar el sitio por discrepancias con Rondeau en enero, mientras Suárez continuaba hasta finales de junio.

Al terminar el sitio, se retiró de su actividad militar, porque no quería participar, ni tomar partido en la lucha que de inmediato se suscitó entre las fuerzas bonaerenses y las antiguistas; Dejando las armas, Suárez entra en la actividad política.



José G. Artigas

Para concluir estos años, donde Suárez se involucró en la causa revolucionaria, es oportuno citar lo que el propio Joaquín escribe sobre Artigas en su autobiografía: ...Debo declarar

"que el General Artigas fue el primer patriota oriental, amigo de quien Hice mis observaciones, y puedo decir que fui el único que escuchó, si cometió algunos errores no fue por miserable ambición, sino porque llegó a ver su patria independiente; en ese sentido siempre ha actuado como un hombre honesto, nunca faltaba a su palabra, no era sanguinario y era muy sensible a los desdichados”.
 

Su actuación, en aciertos y errores según su punto de vista.

Para adentrarse en la vida de Suárez durante los años veinte, es importante ver su actuación y actitud durante y antes de la dominación luso-brasileña, iniciada unos años antes. 
Su primera reacción ante el nuevo invasor es distanciarse de toda actividad pública, retirándose a Guadalupe, rechazando y evitando cualquier cargo que le ofreciera el portugués, actitud que lo diferenciaba de la posición asumida por algunos de sus antiguos amigos personales.

Se publicó en "La Prensa Argentina", en un Semanario, el veintisiete de agosto de 1816, solicitud firmada por Miguel Barreiro, Joaquín Suárez y Pedro María de Taveiro. 
Esta publicación alienta al pueblo a tomar las armas para detener el avance portugués y continuar con las victorias logradas durante los cinco años anteriores de enfrentamientos.

    “El mundo entero nos mira con asombro. Corremos para hacernos por siempre objeto de admiración y respeto universal, haciendo que se cante la nueva destrucción de los esclavos de un rey en el año 16, por la victoria de los hombres libres”.

Este tipo de actitud demuestra, a pesar de haberse alejado del campo militar, el repudio a la dominación de la banda por parte de fuerzas extranjeras.

Cabildante elegido por Montevideo en 1816, y cuando se inició la lucha contra los invasores portugueses, compartió funciones ejecutivas con el Delegado Miguel Barreiro y desalojó la plaza el 18 de enero de 1817, casi en el momento en que llegaban los enemigos.


Carlos Federico Lecor - Barón de Laguna

Uno de los hechos que resume su actitud ante la dominación portuguesa, así como el respeto que le tenían las autoridades extranjeras, es la defensa que hizo de Pedro Amigo en 1823. Pedro fue acusado por el mismo Barón de Laguna a la pena de muerte. , debido a que se enfrentó, junto con otros, a las tropas brasileñas matando a algunos soldados. 
Como nadie quería participar en su defensa, Suárez tomó las riendas. 
En su alegato de defensa se observa claramente su repudio al dominio extranjero. 
Destacaré algunas frases sostenidas durante la defensa que demuestran el carácter de Suárez ante el nuevo invasor. 

Dice que su cliente actuó

 "  ...impulsado por la necesidad de defender los derechos de libertad de su patria a los que está obligado por todas las leyes civiles y humanas, defendiendo la causa del pueblo de Montevideo."

También alega en su defensa que
"
   ... un ciudadano en todo Estado tiene derecho a aspirar al gobierno más favorable que le haga el bien..."

    ... el amor a la justicia y al bien es un fuerte antemuro contra el invasor o contra el tirano...


   "Pedro Amigo no ha cometido ni lo uno (asesinato) ni lo otro (robo). Dio la orden, es verdad, de matar, hablemos sin rodeos, como enemigos y ladrones".

A partir del extenso alegato, esta síntesis de frases demuestra brevemente el sentimiento íntimo de Suárez, quien no rechaza la acción de su defendido, sino que la justifica a través de otro "pecado" aún peor, el de estar sujeto a una potencia extranjera.

 Finalmente, Pedro fue ejecutado en la plaza de Canelones, de lo que se deduce que, a pesar de haber hecho una disculpa a las autoridades extranjeras, la persona de Suárez no fue producto de ningún tipo de agravio. 

Esto sin duda demuestra el respeto que se le tenía, a pesar de chocar ideológicamente con Barón de Laguna, y hacerlo público. 

 Retrato de Juan Antonio Lavalleja por Jean Philippe Goulu

Otro hecho destacado de estos años es su posicionamiento frente a los acontecimientos de la Cruzada Libertadora de 1825. 
Poco después de la llegada de los "33 Orientales", el general Juan Antonio Lavalleja viajó a Canelones para reunirse con Suárez y otras personas con las que pudo confiar y encontrar apoyo. 
El apoyo de Suárez debe estimarse por el respeto, la influencia y las posibilidades económicas que podría brindar a este movimiento. 
En cuanto a las finanzas, Suárez entregó personalmente a Lavalleja cincuenta mil pesos para que pague los gastos militares

En política, su actividad se inició en abril de 1813 cuando participó como diputado por Guadalupe, en el Congreso de Tres Cruces.


 Asamblea Constituyente de Florida

Más de una década después, en 1825, Suárez fue designado Diputado a la Asamblea Constituyente de Florida, elegido por Florida. 
El hecho de que fuera electo por ese departamento a pesar de que su vida estuvo directamente ligada a Canelones se debe a que su padre Bernardo había sido agricultor en la zona y era una persona conocida y de buena reputación.
De esta forma formó parte nada más y nada menos que de la Primera Asamblea Legislativa, estando presente y participando en las resoluciones del 25 de agosto.

En ese marco, emitió un voto afirmativo ante la ley de la Unión; que implicó la unión con las demás provincias de Plateau. 
La respuesta a esta actitud puede explicarse en la consideración de que la mejor opción era fortalecer la unión local y evitar cualquier fricción hostil con Buenos Aires y así lograr una alianza común que enfrentara al Ejército Imperial Brasileño.

Suárez continuó con su labor en la Cámara de Diputados, en los meses posteriores al 25 de agosto de 1825, ya que, luego de operar en la Villa de la Florida del 20 de agosto al 6 de septiembre de ese año, se trasladó a la Villa de San José entre diciembre 27 y 13 de febrero del año 1826, período en el que también se celebraron sesiones extraordinarias en San José entre el 23 de junio y el 17 de julio del mismo año.
Finalmente en Canelones entre el 30 de septiembre y el 10 de abril de 1827, seguido de un período extraordinario del 17 de abril al 12 de octubre, donde se disolvió la Cámara.

Durante el inicio de la Cámara, hasta julio del año 26, Suárez ocupó el cargo de diputado. 
En ese intervalo se pueden observar algunas acciones legislativas importantes, impulsadas por él, como su propuesta del 14 de enero de 1826 para promover la agricultura a través de medidas proteccionistas que regularían los impuestos aplicados al trigo y la harina. 
Este proyecto fue ampliamente aceptado y aprobado sin ninguna objeción.

Otro ejemplo de su actividad legislativa durante este período se refiere a un informe de la comisión de legislación, realizado por él junto al diputado Chucarro, Gabriel Pereira, entre otros. Este proyecto versaba sobre las garantías individuales, donde algunos de los artículos aprobados tenían una importancia sustancial en el devenir de los derechos y garantías. 
En resumen, se establece que las personas sólo podrán ser detenidas para ser juzgadas por la autoridad que fuere competente; también que la injuria, la sedición, eran delitos; se decretó la libertad de opinión, al prohibirse la censura previa.

Estos puntos legislados son un ejemplo del pensamiento que Suárez compartió con sus compañeros de la legislatura, sobre la situación de la Provincia, y de los caminos a seguir para regular los derechos y obligaciones de la población, ya que estos habían sido tergiversados ​​durante muchos años. por el ambiente hostil, y con variaciones de autoridades, donde cada uno tenía su punto de vista sobre el tema.

El 5 de julio de 1826, como parte de la partida del General Lavalleja a una campaña militar, el cargo fue delegado a Joaquín Suárez por votación popular, convirtiéndose así en gobernador de la Provincia.

Este es quizás el momento más importante en la vida política de este personaje, con 45 años de edad en su haber. A su pedido, el gobierno se trasladó a Canelones como ya se dijo, continuando la organización administrativa de la Provincia Oriental, creando y discutiendo leyes y decretos. 

Ejemplos de este período pueden demostrar cuáles fueron las emergencias más notorias, así como las preocupaciones de Suárez al respecto.
El 2 de enero de 1827 se instituyó el Registro Oficial de Leyes y Decretos.
El 10 de enero se emitió un decreto sobre las garantías de la Seguridad Nacional, y la creación de la Contaduría Provincial.
El 24 de enero se organizaron las Cárceles.
El 25 de enero se organiza la Policía.
El 5 de febrero se reorganizaron los Centros Penitenciarios.
El 5 de marzo se crea el Archivo General de la Provincia. 
A partir de esa resolución se inició la organización de la Administración de Justicia entre marzo y abril.
El 27 de marzo se establecieron disposiciones sobre los Escribanos.
El 3 de abril sobre los Juzgados de Paz, y Defensores de Menores.
El 7 de abril en la Corte de Apelaciones.
El 9 de abril se creó la Ley de Libertad de Prensa.
El 16 de mayo se crea la primera Escuela Normal para la formación de maestros y se organizan las escuelas de campo.

Esta actividad legislativa demuestra el trabajo incesante durante el corto período en que Suárez tuvo el mando político; constituyendo para algunos autores una de las asambleas legislativas más importantes de toda la historia del Uruguay, que con errores y aciertos sentó las bases de la futura República.

Concluyendo con este fructífero y muy importante período en la vida de Suárez, cabe mencionar la disolución de la segunda legislatura por Lavalleja el 12 de octubre de 1827. 
Sobre este punto, cabe destacar la actitud mantenida por Suárez ante la nota escrita por Lavalleja se dirigió a él, para la reanudación del Gobierno de la Provincia y el cese de la Cámara de Diputados, en su persona. 
A esto, Suárez respondió que solo suspendería su ejercicio si el mismo organismo que lo eligió lo solicita. 
Por esta circunstancia Joaquín tuvo que dejar el Gobierno por la fuerza, debido a la violenta intervención llevada a cabo por Lavalleja y Oribe.

Quizás la divergencia de la relación Suárez-Lavalleja pueda llamar la atención, desde la amistad, la relación de respeto, hasta este último enfrentamiento y cruce de intereses. 
Pero hay que tener en cuenta que el proceder de ambos se debe a personalidades totalmente diferentes, donde Lavalleja se comportó no como un político, sino como un militar, mientras que Suárez se comportó, por su diferente formación y vocación, siguiendo lo que consideraba que haría. actuar en favor de las instituciones que se estaban forjando. 
Estas personalidades particulares los llevan a diferir en las visiones que ambos tuvieron en 1827, lo que constituye una especie de repetición de su distanciamiento con Artigas.

En todo caso, Suárez no se mantuvo alejado de la escena pública, y el 22 de noviembre de 1828 se instaló en San José la Asamblea General Constituyente y Legislativa del Estado, que luego funcionaría en Canelones y luego en Aguada, poniendo fin a su traslado y trabajó en la ciudad de Montevideo hacia 1930. 
Suárez en tan trascendental de hecho fue elegido diputado por el departamento de Soriano, y luego electo para el cargo de segundo vicepresidente.

Una de las primeras medidas que tomó la Asamblea fue crear un Gobierno Provisional y elegir al Gobernador del Estado, optando por José Rondeau. 
Como se encontraba fuera del país, Suárez fue designado como suplente temporal, por lo que volvió a ocupar un cargo importante en el gobierno. 
Ocupó este cargo por un breve período, entre el 1 de diciembre y el 22 del mismo mes.

En cualquier caso, a pesar del breve periodo en el que ocupó ese cargo, Suárez tomó la iniciativa en importantes resoluciones,
La primera que se menciona es el decreto del 13 de diciembre, donde se establece por ley el cese de autoridades extranjeras.

Otro decreto dentro de este corto plazo es la ley de creación de la bandera nacional, el 18 de diciembre.

El proceso de creación del pabellón se inició con un proyecto presentado por Suárez el 17 de enero de 1828 ante la Asamblea, donde destacó la urgente necesidad de crear un pabellón que representara a todos los ciudadanos del Estado.
Con el correr del tiempo, adquirió suma importancia hasta su promulgación como ley el 18 de diciembre. 
Ese día se decretó en una sesión integrada por 26 diputados, con la ausencia de otros 10 diputados.

En la Banda Oriental se izaron varias banderas como la del Reino de España, la del Reino de Portugal, la Union Jack británica, la de las Provincias Unidas, la de Artigas, la del Imperio de Brasil, la de la Cruzada Libertadora (tricolor), la de Florida (tricolor), la de Provincias Unidas izada en San José, la de 9 franjas celestes, y la definitiva de 4 franjas azules de 1830.



 Primera Bandera Nacional

La bandera creada en ese momento estaba compuesta por nueve franjas horizontales de color azul cielo (debido a los nueve departamentos en que se dividía el territorio oriental), alternadas con un fondo blanco, donde en la esquina superior del costado del asta tenía un caja con un sol

Este pabellón se creó oficialmente en Canelones, y Suárez tuvo el gran honor de levantarlo por primera vez. Cuenta la tradición que el primer pabellón lo hizo su esposa Josefa Álamo, junto con otras mujeres del ámbito patricio.

La ceremonia de bendición de la bandera se realizó en la Iglesia Matriz de Montevideo el 1 de enero de 1829. 

Luego de todo el acto religioso anterior, se izó la primera bandera nacional frente a la propia Iglesia, entre exclamaciones de júbilo de los presentes y disparos de artillería de los barcos fondeados en el puerto.

Casi simultáneamente en Canelones, tuvo lugar otra celebración similar, en la que Suárez izó la bandera.

Breve fue el desempeño de este cargo, pero vale la pena mencionar la importancia y el respeto que Suárez mantuvo en la órbita política, por lo que fue considerado de esa manera. También se nota de esto que su actuación política anterior fue muy bien vista, y que no mereció objeción alguna, a pesar de su salida violenta.

En junio de 1829, Suárez abandonó la Asamblea por motivos de salud, por lo que no participó en la formación del texto constitucional que fue sancionado el 10 de septiembre de 1829. 
Por el motivo antes señalado, la Asamblea aceptó su renuncia, con los debidos honores.
Al tomar esta resolución, la Honorable Asamblea ha tenido presente los importantes servicios que el Sr. Joaquín Suárez ha prestado a la Patria, y en consecuencia ha ordenado al suscrito expresar su más expresivo agradecimiento por el Patriotismo, celo y abnegación en el desempeño de los diversos cargos con que sus conciudadanos lo han distinguido en diferentes momentos.
El 19 de septiembre de 1831 fue convocado por el presidente Fructuoso Rivera para desempeñarse como Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, cargo al que renunció el 7 de noviembre de ese mismo año por no querer aprobar y firmar ciertas resoluciones que no compartía.

Fue electo en 1834 diputado por Montevideo a la 2° legislatura de la Cámara de Representantes y al término de su mandato fue electo senador por Cerro Largo.

En 1838 integró la Comisión Pacificadora que puso fin a la revolución riverista, produciéndose la renuncia de Manuel Oribe a la presidencia el 22 de octubre de ese año.



El 15 de febrero de 1839 fue elegido Presidente del Senado, por lo que, estando el General Rivera en campaña, asumió por primera vez la Presidencia en casi un año.
 En 1842 se promulgó la ley que abolió la esclavitud.
A fines de ese año, el desastre militar de Rivera contra el ejército de Juan Manuel de Rosas en Arroyo Grande abrió las puertas del país a la invasión del general Manuel Oribe quien, al frente de sus tropas uruguayo-argentinas, logró para llegar a las puertas de Montevideo, en febrero de 1843.

En 1844 participó en la Apertura de la Casa de la Moneda, acuñando la primera moneda nacional; en 1845 reglamentó los requisitos para ejercer la Medicina y la Cirugía, así como reconoció la Independencia de la República del Paraguay.

En los ocho años de la Gran Guerra hubo muchos episodios que no excluyen revoluciones, como el motín fluvial de abril de 1846, o motines de tropas, o estallidos de traición.

Andrés Lamas, uno de los miembros del gobierno que presidió, escribió sobre él: "Rosas y Oribe apodaba a todos sus enemigos salvajes y asquerosos unitarios; pero su única excepción cuando se referían siempre a él era don Joaquín Suárez".

En 1846, con motivo del cese de funciones de la V Legislatura, se crea la Asamblea de Notables y el Consejo de Estado, presidido por Alejandro Chucarro, que ofició como Poder Legislativo. En 1847 fundó el Instituto de Instrucción Pública; en 1848 se declaró la libertad de enseñanza.
En 1850 la Asamblea de Notables declaró que merecía por el bien de la patria la suma de 50.000 patacones del Tesoro Público, lo cual no aceptó.
En 1851 disolvió la Asamblea de Notables y creó el Tribunal Superior Militar, firmó el Tratado de Paz que culminó con el sitio de Montevideo después de 9 años el 8 de octubre de 1851 y fue condecorado por el Emperador de Brasil con la Gran Cruz de la Orden de Cristo

Al regresar al régimen constitucional el 15 de febrero de 1852, Suárez renunció al mando del presidente del Senado, Bernardo Prudencio Berro, por motivos de salud. 
Luego se retiró a la vida privada, a su caserío en la zona de Arroyo Seco de Montevideo, semiderruido por la guerra.

En 1854 fue elegido senador por Canelones y luego diputado por Montevideo en 1858, pero su mala salud lo obligó a renunciar, lo que le generó dificultades económicas. 
En 1861 le votaron una pensión que, debido a las constantes penurias del erario público, casi nunca llegó a cobrar.

En 1862, a la edad de ochenta años, presidió la Comisión de Vecinos encargada por la Junta Administradora de los Colegios Reducto y Paso Molino.
En 1866 con ceguera y al final de su vida preside los funerales que se realizan en la Iglesia Matriz en memoria de los Mártires de Quinteros.

Fallece el 26 de diciembre de 1868 a la edad de 87 años y está enterrado en la Catedral de Montevideo, junto a la tumba del General Fructuoso Rivera.


 HOMENAJES


Una ley de 1881 le decretó una estatua, la cual fue erigida en la Plaza Independencia en 1896 y luego trasladada a la actual plaza que lleva su nombre en el terreno donde anteriormente había estado su finca, en una bifurcación de la Avenida Agraciada con la actual Avenida llamado Joaquín Suárez.





  Sellos postales en homenaje a Joaquín Suárez 

LEGADO

El legado de Joaquín Suárez que aún perdura es fundamental para la historia y la identidad nacional de Uruguay. Suárez es recordado principalmente por su abnegación, patriotismo y su papel decisivo durante la Defensa de Montevideo en la Guerra Grande, un período clave en la consolidación de la independencia y la soberanía del Uruguay.


  • Fue un símbolo de la continuidad institucional y representó valores republicanos como la decencia, la abnegación, la rectitud y el cumplimiento del deber.

  • Suárez condujo la defensa de Montevideo durante 8 años y 232 días en circunstancias extremadamente difíciles, con la ciudad sitiada, sin recursos y amenazada. Gracias a su liderazgo, la ciudad resistió y se aseguró la independencia definitiva del país.

  • No buscó la gloria personal ni la fama, sino que actuó con paciencia, valentía y visión pragmática, poniendo el bienestar del país por encima de intereses propios.

  • Organizó y fortaleció la administración pública del país en tiempos de adversidad, con creación de leyes, escuelas, hospitales y otras instituciones básicas.

  • Fue el primer héroe civil nacional, en contraste con otros próceres militares de la época.

  • Su defensa y liderazgo durante el sitio de Montevideo garantizó que Uruguay se constituyera como una nación autónoma y soberana.

  • Valores que personificó como la hombría de bien, la importancia de la familia, la decencia y el trabajo son todavía valorados y presentados como ejemplos vigentes para la sociedad uruguaya.

Su nombre permanece en lugares como plazas y municipios, y su estatua, que inicialmente estuvo en la Plaza Independencia de Montevideo, ahora se encuentra en una plaza que lleva su nombre en el solar de su antigua chacra. Todo esto hace que el legado de Joaquín Suárez no solo sea histórico sino también cultural y moral dentro de la sociedad uruguaya.


FUENTES:

18 DE AGOSTO DE 1781- NACE JOAQUÍN SUÁREZ- ENSAYO


Joaquín Suárez : figura

 cardinal de la política

 uruguaya del siglo XIX



Introducción

 

En la constelación de próceres orientales, Joaquín Luis Miguel Suárez de Rondelo ocupa un lugar singular: no fue el caudillo de caballo y lanza que asociamos con la épica rioplatense, ni el general cuya gloria se mide en campos de batalla.

 Fue, más bien, el arquetipo del político civil que, con recursos jurídicos, diplomáticos y administrativos, sostuvo la continuidad institucional de un país que nacía en medio de guerras, facciones y asedios.

Su nombre se asocia de modo indeleble a la supervivencia republicana de Montevideo entre 1843 y 1851, cuando la capital—convertida en “Nueva Troya”—resistió a Manuel Oribe y sus aliados bajo el mando político de Suárez.

Ese gobierno, el de la Defensa, garantizó la existencia de un Uruguay legal en el corazón de una ciudad sitiada, preservando la legitimidad y una idea de país que, concluido el sitio, se proyectó al orden constitucional.

Nacido el 18 de agosto de 1781 en la Villa de Guadalupe (hoy Canelones), y fallecido en Montevideo el 26 de diciembre de 1868, Suárez encarna la figura del prócer que, sin el brillo de la caballería, defendió la legalidad como forma de la patria.

 

Formación, entorno y primeros compromisos

 

Hijo de un medio rural en formación y de redes familiares con peso local, Suárez creció en el clima turbulento que siguió a las reformas borbónicas y a las convulsiones atlánticas desarrolladas desde fines del siglo XVIII.

 Hacia 1816 ya se encontraba integrado a las instituciones locales: fue cabildante por Montevideo, y pronto debió enfrentar la presión portuguesa que desembocó en la ocupación luso-brasileña.

Testimonios de época lo muestran como un actor que asumía la defensa jurídica frente al poder militar extranjero: en 1823 protagonizó la célebre defensa de Pedro Amigo—un proceso penal de alta sensibilidad política—en la que se manifestó su rechazo al dominio brasileño, al mismo tiempo que dejaba en claro la apuesta por el encuadre legal, incluso cuando el desenlace fue adverso.

Ese episodio, con independencia de su resultado, cimentó la reputación de Suárez como hombre de leyes y convicciones, capaz de sostener una posición principista aun en circunstancias desfavorables.

La revolución de 1825, con la Cruzada Libertadora y el desembarco de los Treinta y Tres Orientales, también encontró a Suárez en la primera línea del compromiso civil: apoyó materialmente el movimiento con recursos propios—se menciona una contribución de cincuenta mil pesos—y facilitó contactos y abastecimientos que, en un territorio en disputa, resultaban tan decisivos como un batallón bien armado.

 Desde ese momento su prestigio se consolidó al lado de quienes procuraban dotar de institucionalidad al ideario de independencia.

 

1828–1830: símbolos, Estado y el primer tejido institucional

María Josefa Álamo de Suárez


La primera bandera uruguaya fue creada en 1828-1830 y tenía 19 franjas. Su diseño fue modificado por Ley del 12 de Julio de 1830, dejando en el modelo definitivo nueve franjas horizontales, que se distribuyen, en cuatro azules y cinco blancas alternadas. La primera franja y la última son de color blanco. El dibujo del sol consiste en un círculo radiante, con cara, orlado de dieciséis rayos, con un diámetro de 11/15 del cuadro blanco.

 

La construcción del Estado exige símbolos que lo hagan visible. Hay una página de la memoria doméstica uruguaya que vincula directamente a Suárez con la bandera: según tradición recogida por su familia, la primera enseña nacional fue bordada por su esposa, Josefa Álamo, e izada por él el 1.º de enero de 1829.

Más allá de lo anecdótico, ese gesto condensa el tránsito de la revolución a la administración: la patria no es sólo la proclama, sino también el rito cívico que reconoce un pabellón y lo instituye.

La pareja Suárez–Álamo fundó una amplia descendencia y, como ocurre con muchas familias patricias, su linaje se proyectó en la vida pública de generaciones posteriores.

Hacia 1830, en el proceso constituyente, Suárez emergió como referente civil moderado: ejerció cargos legislativos y ministeriales y se convirtió en un operador indispensable entre facciones.

En 1831 fue convocado por Fructuoso Rivera como ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, aunque renunció pronto por no compartir ciertas resoluciones—una señal de su estilo: mejor perder el cargo que firmar aquello que violentaba su criterio.

Ese año, y los inmediatos, lo vieron alternar en la Cámara de Representantes y luego en el Senado, donde su voz se orientó a la conciliación y al orden legal.

 

1838–1843: conciliación fallida y la sombra del Sitio


 

En 1838 integró la Comisión Pacificadora que procuró resolver la crisis riverista y, finalmente, precipitó la renuncia de Manuel Oribe a la presidencia.

 Fue una victoria para el sector colorado, pero no supuso estabilidad: las diferencias entre Rivera y Oribe derivaron en una guerra civil cuyo desenlace militar—la derrota de Rivera frente a las fuerzas federales aliadas a Oribe en Arroyo Grande (1842)—abrió a este último las puertas del país. En febrero de 1843, Oribe se instaló ante Montevideo y comenzó el Gran Sitio.

El mapa de soberanía se fracturó en dos: el “Gobierno de la Defensa”, asentado en la capital sitiada, y el “Gobierno del Cerrito”, instalado por Oribe en las afueras.

La república quedó partida entre dos legitimidades rivales, con Montevideo sometido a una presión militar que duraría casi nueve años.

 

1843–1852: el “Gobierno de la Defensa” y la resistencia de las instituciones

 

Aquí aparece la estatura histórica de Suárez. Nombrado presidente—en la práctica, jefe del Gobierno de la Defensa—el 1.º de marzo de 1843, ejerció la función hasta el 15 de febrero de 1852.

 Su figura se tornó el pivote de una experiencia inédita: gobernar un país reducido a una ciudad portuaria bajo asedio, sosteniendo un aparato de Estado, respaldando una economía abierta al Atlántico, negociando con potencias extranjeras y manteniendo una legalidad que no fuera mero simulacro.

La paradoja de la Defensa es que, sin vencer por las armas, logró hacer perdurar a la república por la fuerza de la ley, de la administración y de la diplomacia.

El Montevideo sitiado fue teatro de una intensa actividad internacional: allí confluyeron intereses británicos y franceses, que veían en la apertura del Río de la Plata un eje comercial estratégico; también operaron exiliados argentinos antirrosistas, italianos comprometidos con causas liberales—como Giuseppe Garibaldi—y una nutrida colonia de extranjeros que aportó capital, oficios y contactos.

Suárez supo traducir ese cosmopolitismo en protección diplomática y en una narrativa de legitimidad liberal. La ciudad resistió no sólo por sus murallas y cañones, sino por su condición de plaza abierta: puerto franco, prensa activa, vida cultural vibrante.

Tanto fue así, que la experiencia inspiró a Alejandro Dumas padre a escribir La Nouvelle Troie (1850), reforzando la imagen de Montevideo como baluarte heroico y comercial a la vez.

 

Gobierno en tiempos de sitio: administración, libertades y reformas

 

En ese marco extraordinario, el gobierno de Suárez impulsó medidas de profundo calado simbólico y jurídico.

La abolición de la esclavitud en 1842—en medio de una guerra civil—señala, a la vez, la voluntad de proyectar un orden liberal y la necesidad de recomponer la cohesión social de una ciudad que requería brazos libres para la defensa y para la economía.

Que la emancipación se formalizara en esa coyuntura habla tanto de convicciones ideológicas como de sentido de oportunidad: la república sitiada se definía como moderna frente a la vieja sociedad estamental.

La agenda suarista incluyó, además, la preservación del funcionamiento legislativo y judicial cuanto fuera posible, la garantía de cierta libertad de prensa—clave para la diplomacia informal con Europa—y una administración que, pese al estrechamiento fiscal, mantenía servicios esenciales.

En este punto, el mérito de Suárez fue sostener la encrucijada entre un orden jurídico mínimo y una economía de guerra.

Si Montevideo pudo continuar firmando contratos, emitiendo normas y negociando con potencias, fue en buena medida por la pertinacia de un presidente que creía que la ley era un arma política.

 

Diplomacia y final del Sitio

 

El Gran Sitio no terminó por una victoria clamorosa de uno u otro bando, sino por la convergencia de factores: el reequilibrio regional posterior a Caseros (1852), la presión de Brasil y el Imperio británico, y el agotamiento material y humano de la guerra.

Ya en octubre de 1851, Suárez firmó el Tratado de Paz que puso fin al asedio y recibió del emperador del Brasil la condecoración de la Gran Cruz de la Orden de Cristo, un gesto diplomático que subrayaba el rol de la Defensa como aliado en la arquitectura rioplatense de la época.

El 15 de febrero de 1852, restablecido el régimen constitucional, Suárez dejó el mando en manos del presidente del Senado, Bernardo Prudencio Berro—acto que tradujo en forma institucional la transición desde la excepcionalidad del sitio al cauce ordinario de la república.

 

El regreso a la vida ordinaria: Senado, Cámara y retiro

 

Concluido el ciclo bélico, Suárez retornó a la política parlamentaria: fue senador por Canelones en 1854 y diputado por Montevideo en 1858.

Su salud fue mermando, y su economía personal padeció los sobresaltos de una hacienda pública crónicamente apurada—típica secuela de años de guerra.

En 1861 se votó a su favor una pensión que, por los problemas fiscales, apenas percibía.

En 1862, ya octogenario, presidió una comisión vecinal vinculada a escuelas del Reducto y Paso Molino.

En 1866, prácticamente ciego, encabezó los funerales en la Matriz en memoria de los Mártires de Quinteros.

Cerró su vida el 26 de diciembre de 1868; sus restos reposan en la Catedral de Montevideo, próximo a la tumba de Fructuoso Rivera, símbolo elocuente de reconciliación histórica.

La posteridad republicana le ofreció homenajes acordes: una ley de 1881 dispuso erigir su estatua, inaugurada en Plaza Independencia en 1896 y luego trasladada a la plaza que hoy lleva su nombre, en la zona de su antigua quinta, cerca de la actual avenida Joaquín Suárez.

Estos signos urbanos hacen visible el lugar que la memoria pública reserva a quien condujo la Defensa.

 

Un nombre en el mapa: la ciudad de Joaquín Suárez

 


Más allá de plazas y avenidas, el tributo más elocuente está en el mapa canario: la ciudad de Joaquín Suárez, fundada por Francisco Piria en 1882, entre Toledo y Pando, perpetúa la memoria del presidente de la Defensa en la toponimia y la vida cotidiana.

El decreto de 1866 había aprobado la creación de la villa; con el tiempo, el poblamiento y el ferrocarril soldaron su desenvolvimiento.

Aún hoy, el gobierno departamental señala su identidad conmemorativa y ha celebrado aniversarios instalando monumentos y pabellones patrios “en honor al Capitán Joaquín Suárez”, señal de que la figura excede la historiografía y forma parte del repertorio cívico local.

 

Perfil político: legalismo, prudencia y firmeza

 

La política suarista puede leerse en tres claves.

La primera, un legalismo práctico: Suárez no finge que la ley flota en el vacío; sabe que se sostiene en alianzas, comercio, prensa y diplomacia.

Por eso el Gobierno de la Defensa es, a un tiempo, una experiencia de legalidad y de realismo político. Sin un puerto abierto, sin la atención de Londres, París y Río, la ley sería un papel; sin un marco jurídico que ofreciera previsibilidad, el puerto habría sido un botín de guerra sin atractivo para el comercio.

 La originalidad de Suárez fue mantener ese equilibrio.

 

La segunda clave es su talante civil. Frente a caudillos de espada reluciente, su autoridad proviene de la mesura y de la coherencia.

 No se trata de una prudencia tímida, sino de una firmeza que se expresa como contención: se mantiene en el cargo durante nueve años de sitio, resiste presiones y administra la escasez sin abdicar de la idea de Estado.

Así, su figura recuerda que la construcción republicana no es un acto único sino un hábito, una repetición de gestos legales y administrativos que, a fuerza de insistencia, devienen tradición.

 

La tercera es el reformismo simbólico: en tiempos adversos, Suárez impulsa la abolición de la esclavitud y cultiva una vida pública que atrae a la ciudad sitiada a gentes e ideas del Atlántico liberal.

El Montevideo de la Defensa, con sus periódicos, tertulias y asociaciones, es una urbe que respira el aire de la modernidad, aun en la estrechez. De allí que Dumas pudiera escribir sobre la “Nueva Troya”: Montevideo, asediada, es al mismo tiempo un buzón al mundo.

 

La relación con los caudillos y la política de facciones

 

El siglo XIX uruguayo fue una alquimia de caudillismos y ensayos institucionales.

Suárez no fue ajeno a esa dinámica: su carrera lo puso entre Rivera y Oribe, y la Defensa no se explica sin la gravitación militar de aliados como Garibaldi, ni sin la presión de Rosas desde Buenos Aires.

 Pero su impronta consistió en evitar que la política se redujera a la lógica del campo de batalla.

Si Rivera era la lanza que abría camino, Suárez ambicionaba ser la pluma que firmaba la paz. Cuando la conciliación fracasó en 1838–1842, aceptó la excepcionalidad del sitio, pero se propuso civilizarla: instauró un gobierno que, aunque militarizado, no se agotara en el fuero castrense.

 Aun la creación de instancias como el Tribunal Militar Superior en 1851 obedeció al esfuerzo por dar forma procesal a la guerra; podría objetarse el sesgo corporativo de tal decisión, pero en términos de época significaba someter la fuerza a reglas.

 

El legado material e inmaterial

 

¿Qué queda de Suárez?

En el plano material, quedan instituciones que sobrevivieron al sitio, prácticas administrativas que afirmaron la continuidad del Estado y una toponimia que lo recuerda.

En el plano inmaterial, queda un estilo de liderazgo político que, sin renunciar a la firmeza, privilegia la construcción de acuerdos y la defensa de la legalidad; una memoria de la república como acto civil que no depende enteramente del sable.

 Queda, también, la lección de que los símbolos fundacionales—la bandera izada en 1829, el duelo por los mártires, la condecoración extranjera—no son meras estampas: son piezas de una narrativa nacional en la que Montevideo, puerto y frontera, imitó y a la vez reescribió los guiones del liberalismo atlántico.

 

Una vida, muchas lecturas

 

Historiográficamente, Suárez admite múltiples lecturas.

La tradición colorada lo glorifica como el presidente que “salvó la república”; una mirada más crítica subrayará que el sostén extranjero de la Defensa—particularmente de Brasil—plantea una dependencia con costos geopolíticos.

Pero incluso bajo ese prisma, su liderazgo civil sugiere que el país optó por una inserción abierta al comercio y al concierto de las potencias de la época, en lugar de un repliegue estanciero en manos de una sola jefatura militar.

En esa elección—acertada o discutible—se cifra el tipo de modernidad rioplatense que Uruguay adoptó en el medio siglo que siguió.

Otra lectura atiende a su “biografía moral”: la renuncia temprana a un ministerio por razones de conciencia, la defensa del acusado en 1823 ante autoridades extranjeras, la entereza durante el asedio, la pobreza final y la ceguera. Esa biografía encarna una ética de servicio público que no se mide por riquezas acumuladas, sino por la continuidad de un proyecto político: que exista la república, que funcione la ley, que sea posible la alternancia. Para un país pequeño entre gigantes, esa ética no es una delicadeza de salón: es una estrategia de supervivencia.

 

Conclusión: la república como perseverancia

 

Joaquín Suárez no fue un fundador en el sentido heroico que consagra el bronce ecuestre; fue un perseverante.

En las edades turbulentas, la perseverancia es una forma de coraje. Suárez la ejerció en el nivel más complejo: el de mantener la regularidad en la excepción, la norma en el asedio, la firma en la pólvora.

Si la independencia requiere espadas, la república exige hábitos; y los hábitos los construye la política civil, día a día, expediente por expediente. Ese es su legado más profundo.

Cuando hoy se camina por la plaza que lleva su nombre, o se atraviesa la ciudad canaria que lo recuerda, no se homenajea sólo al jefe del Gobierno de la Defensa; se saluda a una tradición que cree en el poder público como puente entre la libertad y el orden, entre la contingencia y la ley. En ese puente, la figura sobria de Joaquín Suárez sigue en pie.

 

Fuentes consultadas

 

Síntesis biográficas y cronología en Wikipedia en español e inglés; especialmente para fechas clave, cargos y medidas de gobierno.

Gran Sitio de Montevideo: panorámica del conflicto y dualidad gubernativa (“Defensa” y “Cerrito”).

Real Academia de la Historia (DBE): perfil como “estadista y prócer civil”.

Intendencia de Canelones y páginas históricas sobre la ciudad de Joaquín Suárez: fundación y homenajes.