LEMA 2026
1.
El Tema Oficial (Lema Central): Para 2026, el
eje temático principal establecido por la FAO y el PNUMA es "Transformative Potential of
Reducing Food Loss and Waste" (El potencial transformador
de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos). Este título
encabeza los reportes institucionales, los debates globales de este año y los
eventos de la Semana Forestal Mundial.
2.
El Eslogan de Acción (Lema Permanente):
Para acompañar las campañas en redes sociales y la movilización ciudadana, se
mantiene fijo el llamado a la acción institucional: "Poner fin a la pérdida y el desperdicio de
alimentos. Por las personas. Por el planeta." (Stop food loss and waste.
For the people. For the planet.).
Por lo tanto, mientras que el "potencial
transformador" es el enfoque específico que se analiza a fondo durante las
conferencias de 2026, el segundo funciona como el lema permanente de la campaña
global de concienciación.
El potencial transformador
de reducir la pérdida
y el desperdicio de alimentos
El lema del Día Internacional de Concienciación sobre la
Pérdida y el Desperdicio de Alimentos 2026 —«Stop food loss and waste.
For the people. For the Planet.», «Detengamos la pérdida y el
desperdicio de alimentos. Por las personas. Por el planeta»— adquiere
en esta edición un significado especialmente amplio.
La FAO ha definido para 2026 como tema central el «Potencial
transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos» (Transformative
Potential of Reducing Food Loss and Waste). No se trata simplemente de
insistir en que debemos tirar menos comida. La expresión «potencial
transformador» propone mirar el problema desde una perspectiva mucho más amplia:
reducir las pérdidas y el desperdicio puede contribuir a transformar los
sistemas agroalimentarios, mejorar la seguridad alimentaria, proteger los
recursos naturales, disminuir las emisiones, fortalecer las economías y generar
nuevas oportunidades.
La FAO resume esta posibilidad mediante una idea
especialmente significativa: una triple ganancia. Actuar contra la
pérdida y el desperdicio puede significar, simultáneamente, mejorar la
seguridad alimentaria y la nutrición; reducir la presión sobre los recursos
naturales y las emisiones de gases de efecto invernadero; y aumentar la
productividad y el crecimiento económico.
1. ¿Qué significa realmente «potencial transformador»?
La expresión potencial transformador indica que una
acción aparentemente sencilla puede desencadenar cambios mucho más amplios.
Si se consigue que una mayor cantidad de los alimentos
producidos llegue efectivamente a las personas, no solamente se evita que esos
alimentos terminen desperdiciados.
También se aprovecha mejor:
- la
tierra utilizada para producirlos;
- el
agua;
- la
energía;
- el
trabajo humano;
- los
fertilizantes y otros insumos;
- la
infraestructura;
- el
transporte;
- las
instalaciones de almacenamiento;
- las
inversiones realizadas a lo largo de la cadena.
Por lo tanto, reducir una pérdida en un punto de la cadena
puede generar beneficios en muchos otros.
La FAO considera que la pérdida y el desperdicio de
alimentos constituyen un desafío central para construir sistemas alimentarios
sostenibles, y señala que reducirlos permite maximizar el uso de los
alimentos que ya han sido producidos.
Aquí se encuentra la idea fundamental:
no siempre es necesario producir más para disponer de más
alimentos; también es necesario aprovechar mucho mejor los alimentos que ya producimos.
2. Transformar significa pasar de la pérdida al
aprovechamiento
La primera transformación consiste en cambiar la lógica de
funcionamiento de los sistemas alimentarios.
Un sistema ineficiente puede producir, transportar y
comercializar enormes cantidades de alimentos mientras una parte termina
perdiéndose antes de llegar al consumidor.
La pregunta entonces deja de ser únicamente:
«¿Cómo podemos producir más?»
y comienza a ser también:
«¿Cómo podemos aprovechar mejor lo que ya producimos?»
Este cambio de perspectiva es fundamental.
Si una cosecha se pierde por problemas de almacenamiento,
aumentar la producción no resuelve necesariamente el problema. Si frutas y
verduras se deterioran durante el transporte, producir más puede significar
simplemente aumentar también la cantidad perdida.
Por eso, reducir las pérdidas puede ser una de las maneras
más eficientes de aumentar la cantidad de alimentos efectivamente
disponibles sin incrementar proporcionalmente la presión sobre los recursos
naturales.
3. Primera gran transformación: mejorar la seguridad
alimentaria
La primera dimensión de la «triple ganancia» señalada por la
FAO es la seguridad alimentaria y la nutrición.
Esto resulta especialmente importante porque el mundo
necesita alimentar a una población que seguirá creciendo.
La FAO recuerda que la población mundial, de aproximadamente
8.200 millones de personas, podría acercarse a los 9.700 millones hacia 2050.
Al mismo tiempo, millones de personas continúan enfrentando hambre o
inseguridad alimentaria.
En este contexto, perder alimentos significa desperdiciar
una oportunidad de alimentar a las personas.
Pero existe una precisión importante: reducir el
desperdicio no significa que cada kilogramo de alimento recuperado pueda
trasladarse directamente a una persona que pasa hambre.
La relación es más compleja.
Lo que cambia es la eficiencia y la capacidad del sistema
alimentario para poner alimentos disponibles a disposición de las personas.
La reducción de pérdidas puede contribuir a:
- aumentar
la disponibilidad de alimentos;
- mejorar
el acceso a los alimentos;
- proteger
los ingresos de pequeños productores;
- disminuir
determinadas ineficiencias;
- fortalecer
la resiliencia de las cadenas de suministro.
La propia FAO señala que reducir las pérdidas puede generar
beneficios en diferentes dimensiones relacionadas con el hambre, entre ellas la
disponibilidad y el acceso a los alimentos y los ingresos de los pequeños
productores.
4. Una transformación especialmente importante:
aprovechar mejor los alimentos nutritivos
No todos los alimentos tienen la misma importancia desde el
punto de vista nutricional.
Las frutas y las verduras, por ejemplo, son componentes
fundamentales de una alimentación saludable y se encuentran entre los grupos
que presentan mayores niveles de pérdidas.
Por eso, reducir sus pérdidas no significa simplemente
recuperar «cantidad de comida»: puede significar conservar una mayor proporción
de alimentos de elevado valor nutricional.
Esto conecta directamente la lucha contra el desperdicio con
la calidad de la alimentación, no solamente con la cantidad disponible.
La transformación que propone la FAO, por lo tanto, también
consiste en avanzar hacia sistemas capaces de conservar y distribuir mejor los
alimentos nutritivos.
5. Segunda gran transformación: proteger los recursos
naturales
La segunda dimensión fundamental se refiere al planeta.
Todo alimento requiere recursos para ser producido.
Detrás de una fruta, un cereal, una hortaliza, un producto
lácteo o cualquier otro alimento existen recursos naturales y energía.
Cuando el alimento finalmente no se consume, una parte de
esos recursos ha sido utilizada sin cumplir su finalidad.
La FAO destaca que la pérdida y el desperdicio representan
un uso muy ineficiente de recursos como la mano de obra, el agua, la energía
y la tierra, además de contribuir al cambio climático y a otros impactos
ambientales.
Por eso, reducir el desperdicio puede interpretarse como una
forma de hacer más eficiente el uso de los recursos del planeta.
6. Tierra: producir alimentos que finalmente no serán
consumidos
La dimensión territorial resulta especialmente
significativa.
La FAO señala que los alimentos que nunca llegan a
consumirse utilizan aproximadamente el 28 % de la superficie agrícola
mundial. La estimación corresponde al área utilizada para producir alimentos
que terminan perdiéndose o desperdiciándose.
Esto ayuda a comprender por qué el problema supera
ampliamente la cuestión de «tirar comida».
Si una parte de la producción nunca se consume, también se
ha utilizado tierra agrícola para producir algo que no cumplirá su finalidad.
Reducir esas pérdidas puede ayudar a disminuir la presión
para destinar nuevas tierras a la producción de alimentos.
Esto tiene consecuencias para:
- los
ecosistemas;
- los
bosques;
- la
biodiversidad;
- la
conservación de los suelos;
- los
recursos hídricos.
Por eso la reducción del desperdicio también puede
contribuir a una relación más equilibrada entre agricultura y naturaleza.
7. Agua: un recurso que no vemos cuando miramos un
alimento
El agua constituye otro ejemplo de un recurso invisible.
Cuando vemos un alimento en un supermercado o en un plato,
no vemos el agua que fue necesaria para producirlo.
Pero esa agua formó parte del proceso.
Si el alimento se pierde, también se ha desperdiciado
indirectamente una parte del agua utilizada para producirlo.
De ahí que la lucha contra el desperdicio pueda contribuir a
una gestión más eficiente de un recurso fundamental para la agricultura y para
la vida.
La FAO incluye expresamente el agua entre los recursos cuyo
uso se vuelve ineficiente cuando los alimentos se pierden o desperdician.
8. Tercera gran transformación: contribuir a la lucha
contra el cambio climático
La pérdida y el desperdicio de alimentos tienen también una
importante dimensión climática.
La FAO estima actualmente que representan alrededor del 10
% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Esto significa que reducir el desperdicio puede formar parte
de las estrategias de acción climática.
La explicación es sencilla:
si se producen alimentos que no serán consumidos, se
generan emisiones durante su producción, procesamiento, transporte,
almacenamiento y otras etapas, aunque finalmente ese alimento no cumpla su función
de alimentar.
Por lo tanto, evitar pérdidas significa también evitar parte
de las emisiones asociadas a una producción innecesaria.
La FAO señala expresamente que reducir la pérdida y el
desperdicio constituye una vía de acción climática que puede contribuir a
disminuir las emisiones y proteger los recursos naturales.
9. Una transformación ambiental que va más allá del clima
El beneficio ambiental tampoco se limita a las emisiones.
La FAO relaciona la pérdida y el desperdicio con:
- contaminación;
- degradación
de ecosistemas;
- pérdida
de biodiversidad;
- presión
sobre la tierra;
- utilización
ineficiente del agua;
- utilización
innecesaria de energía.
Por eso, la reducción de pérdidas puede formar parte de una
estrategia ambiental más amplia.
No se trata solamente de «emitir menos carbono», sino
de utilizar de manera más inteligente los recursos que sostienen los sistemas
alimentarios.
10. Cuarta transformación: de un modelo de descarte a una
economía circular
La FAO incorpora otro concepto fundamental: la economía
circular.
En un modelo lineal, el recorrido puede representarse así:
producir → distribuir → consumir → desechar.
La economía circular intenta modificar esta lógica para que
los recursos se mantengan en uso durante el mayor tiempo posible.
En el ámbito alimentario esto significa priorizar:
prevenir → reducir → recuperar → redistribuir →
reutilizar → aprovechar.
La prevención debe ocupar el primer lugar.
Si un alimento puede evitar perderse, esa es la solución más
eficiente.
Si existe un excedente apto para consumo, puede estudiarse
su recuperación y redistribución.
Y cuando un alimento ya no puede destinarse al consumo
humano, pueden existir otras formas de aprovechamiento dependiendo del contexto
y de las normas aplicables.
La FAO señala que la innovación y los enfoques de economía
circular pueden contribuir a prevenir, reducir, reutilizar y dar nuevos usos
a las pérdidas y desperdicios, generando además oportunidades laborales y
beneficios económicos.
11. Quinta transformación: innovación y tecnología
El potencial transformador también se encuentra en la innovación.
Reducir pérdidas no significa solamente pedir a las personas
que sean más cuidadosas.
En muchos casos es necesario modificar la manera en que
funcionan las cadenas alimentarias.
Esto puede implicar:
- mejores
sistemas de almacenamiento;
- tecnologías
de conservación;
- refrigeración
adecuada;
- mejores
sistemas de transporte;
- herramientas
digitales;
- sistemas
de información;
- mejores
métodos de planificación;
- nuevas
formas de procesamiento;
- sistemas
de medición y seguimiento.
La FAO señala que para maximizar los impactos positivos de
la reducción de pérdidas y desperdicios se necesitan infraestructuras,
tecnología e innovación, además de gobernanza y desarrollo del capital
humano.
Por lo tanto, el lema no propone regresar a un modelo más
rudimentario de producción.
Por el contrario:
propone utilizar mejor el conocimiento, la ciencia y la
tecnología para evitar pérdidas innecesarias.
12. Sexta transformación: convertir los datos en
decisiones
Existe una dimensión especialmente importante en 2026: medir
para poder actuar.
No es suficiente saber que existe desperdicio.
Es necesario saber:
dónde ocurre, cuánto ocurre, por qué ocurre y en qué
etapa ocurre.
La FAO destaca la importancia de disponer de mejores datos
para identificar los puntos críticos, comprender las causas y diseñar políticas
e intervenciones eficaces.
La organización ha puesto precisamente de relieve en 2026 el
papel de los datos para detener la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Esto introduce una idea fundamental:
lo que se mide puede comprenderse; lo que se comprende
puede gestionarse; y lo que se gestiona puede mejorarse.
Por eso, las estadísticas no son un aspecto secundario. Son
una herramienta para transformar el sistema.
13. Séptima transformación: mejorar la economía
La tercera dimensión de la «triple ganancia» mencionada por
la FAO es la productividad y el crecimiento económico.
La pérdida de alimentos representa una pérdida económica.
La FAO estima que la pérdida de alimentos a lo largo de las
cadenas posteriores a la cosecha tiene un valor de aproximadamente 400.000
millones de dólares anuales, mientras que el desperdicio de alimentos
representa más de 1 billón de dólares cada año.
Estas cifras muestran que reducir el desperdicio no
constituye únicamente una preocupación ambiental o social.
También representa una oportunidad para hacer más
eficientes las actividades económicas relacionadas con la alimentación.
Una empresa que reduce pérdidas puede aprovechar mejor sus
materias primas.
Un productor que disminuye las pérdidas poscosecha puede
conservar una mayor parte del valor de su producción.
Un comercio que mejora la gestión de sus productos puede
reducir descartes.
Un hogar que compra y conserva mejor sus alimentos puede
aprovechar mejor sus recursos económicos.
14. Octava transformación: mejorar los medios de vida
La reducción de pérdidas también puede favorecer a quienes
viven de la producción de alimentos.
Esto resulta especialmente importante para los pequeños
productores.
Cuando una parte de la cosecha se pierde antes de llegar al
mercado, el productor pierde potencialmente una parte de los ingresos que
podría haber obtenido.
Mejorar las condiciones de cosecha, almacenamiento,
transporte y comercialización puede ayudar a conservar una mayor proporción del
valor producido.
La FAO señala que reducir las pérdidas puede contribuir a
mejorar los ingresos de los pequeños productores.
Por eso, la lucha contra el desperdicio también puede tener
una dimensión de desarrollo rural y mejora de los medios de vida.
15. Novena transformación: crear nuevas oportunidades de
empleo
La economía circular relacionada con los alimentos puede
generar además nuevas actividades.
La recuperación, redistribución, transformación y
aprovechamiento de excedentes pueden requerir:
- nuevas
empresas;
- nuevos
servicios;
- nuevas
tecnologías;
- profesionales
especializados;
- sistemas
logísticos;
- investigación;
- innovación.
La FAO señala que los enfoques de economía circular pueden
contribuir a crear oportunidades de empleo, mejorar los medios de vida y
generar beneficios financieros para diferentes actores.
De esta manera, lo que hoy consideramos «residuo» puede, en
determinados casos y bajo condiciones adecuadas, convertirse en un recurso.
16. Décima transformación: cambiar la forma de entender
el valor de los alimentos
Existe además una transformación cultural.
Durante mucho tiempo, en determinadas sociedades se ha
instalado una cultura de abundancia y descarte:
comprar más → consumir una parte → desechar lo que sobra.
El mensaje de 2026 propone recuperar otra concepción:
los alimentos tienen valor incluso antes de llegar al
plato.
Tienen valor económico.
Tienen valor nutricional.
Tienen valor ambiental.
Tienen valor social.
Y tienen detrás trabajo humano.
Por eso, reducir el desperdicio implica también recuperar
una cultura de respeto y valoración de los alimentos.
17. La transformación debe producirse en toda la cadena
Una de las ideas más importantes de la campaña es que ningún
sector puede solucionar por sí solo el problema.
La FAO identifica como actores necesarios a productores,
inversores, empresas, integrantes de las cadenas de suministro, consumidores,
investigadores, instituciones académicas, sociedad civil y sectores público y
privado.
Cada uno puede actuar en una etapa diferente.
Productores
Pueden mejorar las prácticas de cosecha, almacenamiento y
manipulación.
Transportistas
Pueden contribuir a mantener condiciones adecuadas de
conservación.
Industrias
Pueden mejorar los procesos y aprovechar subproductos.
Comercios
Pueden perfeccionar la gestión de inventarios y de productos
perecederos.
Restaurantes
Pueden mejorar la planificación y el manejo de cantidades.
Hogares
Pueden comprar, conservar y aprovechar mejor los alimentos.
Gobiernos
Pueden establecer políticas, normas, incentivos y sistemas
de medición.
Ciencia y universidades
Pueden desarrollar nuevas tecnologías y aportar
conocimiento.
Por eso, el potencial transformador solamente puede
hacerse realidad mediante una acción coordinada.
18. No basta con concienciar: hay que cambiar sistemas
Esta es quizás una de las conclusiones más importantes del
enfoque de 2026.
La concienciación es necesaria, pero no suficiente.
Una persona puede querer desperdiciar menos alimentos y, sin
embargo, encontrarse con problemas relacionados con:
- tamaños
de envases;
- información
poco clara;
- dificultades
de conservación;
- falta
de infraestructura;
- cadenas
de frío insuficientes;
- cantidades
excesivas;
- prácticas
comerciales;
- ausencia
de mecanismos para aprovechar excedentes.
Por eso, la FAO insiste en la necesidad de combinar sensibilización,
políticas adaptadas, datos, infraestructura, tecnología, innovación, gobernanza
y cooperación.
La transformación debe producirse tanto en los hábitos
individuales como en las estructuras que organizan los sistemas
alimentarios.
19. La conexión con el ODS 12.3
Todo este planteamiento se encuentra relacionado con la meta
12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Esta meta establece el compromiso de reducir a la mitad
el desperdicio de alimentos per cápita en los niveles minorista y de consumo y
reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y
suministro para 2030.
El tema de 2026 adquiere así una dimensión práctica.
No se trata simplemente de celebrar una fecha internacional.
Se trata de acelerar el cumplimiento de un compromiso
concreto de la Agenda 2030.
Y para hacerlo es necesario pasar:
del diagnóstico → a la medición → de la medición → a la
acción → y de la acción → a resultados verificables.
20. La «triple ganancia»: el corazón del potencial
transformador
Todo el planteamiento de la FAO puede resumirse en tres
grandes beneficios interrelacionados.
1. GANANCIA PARA LAS PERSONAS
Reducir pérdidas y desperdicios puede:
- mejorar
la disponibilidad de alimentos;
- favorecer
la seguridad alimentaria;
- contribuir
a una mejor nutrición;
- proteger
los ingresos de productores;
- reducir
pérdidas económicas;
- generar
nuevas oportunidades.
2. GANANCIA PARA EL PLANETA
Puede:
- reducir
el uso innecesario de tierra;
- ahorrar
recursos hídricos;
- reducir
emisiones;
- disminuir
la contaminación;
- proteger
ecosistemas;
- contribuir
a conservar la biodiversidad.
3. GANANCIA PARA LA ECONOMÍA
Puede:
- aumentar
la eficiencia;
- reducir
costos;
- aprovechar
mejor las materias primas;
- mejorar
la productividad;
- estimular
la innovación;
- generar
nuevas actividades económicas.
Esta es precisamente la «triple ganancia» que la FAO
utiliza para explicar el potencial transformador de reducir la pérdida y el
desperdicio de alimentos.
21. Una transformación que comienza con una acción
aparentemente pequeña
La importancia del tema también reside en que la
transformación puede comenzar en diferentes escalas.
Una familia puede desperdiciar menos.
Un restaurante puede modificar sus procedimientos.
Un supermercado puede mejorar la gestión de productos
perecederos.
Un agricultor puede adoptar una nueva técnica de
conservación.
Una empresa puede desarrollar una tecnología.
Un municipio puede implementar un programa.
Un gobierno puede establecer objetivos y sistemas de
medición.
Una universidad puede investigar nuevas soluciones.
Ninguna de estas acciones, por sí sola, resolverá el
problema mundial.
Pero todas pueden formar parte de una transformación
acumulativa.
Por eso la FAO afirma en sus mensajes de 2026:
cada acción para reducir la pérdida y el desperdicio de
alimentos importa.
22. Del desperdicio como problema al desperdicio como
oportunidad de transformación
Quizás el cambio conceptual más importante que propone la
campaña de 2026 sea precisamente este.
Tradicionalmente, hablamos del desperdicio de alimentos como
un problema.
La FAO propone mirar también aquello que puede ocurrir
cuando comenzamos a reducirlo:
el problema puede convertirse en una oportunidad.
Una pérdida evitada significa:
un alimento aprovechado;
un recurso natural conservado;
una emisión evitada;
un costo reducido;
un ingreso protegido;
una oportunidad de innovación;
una mejora de la eficiencia.
Así se comprende mejor por qué la FAO utiliza la expresión «potencial
transformador».
No se trata solamente de eliminar algo negativo.
Se trata de liberar beneficios que permanecen ocultos
mientras los alimentos continúan perdiéndose o desperdiciándose.
Conclusión: transformar la manera en que producimos,
valoramos y consumimos alimentos
El «potencial transformador de reducir la pérdida y el
desperdicio de alimentos» es, en definitiva, una invitación a mirar el
problema desde una perspectiva diferente.
No se trata solamente de evitar que la comida termine en la
basura.
Se trata de preguntarnos qué ocurriría si consiguiéramos
aprovechar mucho mejor los alimentos que ya producimos.
La respuesta de la FAO es amplia: podríamos contribuir a
mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, proteger agua,
tierra, biodiversidad y otros recursos naturales, reducir las emisiones
de gases de efecto invernadero, aumentar la eficiencia económica,
fortalecer los medios de vida, impulsar la innovación y favorecer
sistemas agroalimentarios más resilientes y sostenibles.
Por eso, el concepto de 2026 puede sintetizarse en una
cadena de ideas:
MENOS PÉRDIDA
↓
MÁS ALIMENTOS APROVECHADOS
↓
MEJOR SEGURIDAD ALIMENTARIA
↓
MENOR PRESIÓN SOBRE LOS RECURSOS
↓
MENOS IMPACTO AMBIENTAL
↓
MAYOR EFICIENCIA ECONÓMICA
↓
SISTEMAS AGROALIMENTARIOS MÁS RESILIENTES Y SOSTENIBLES.
Y aquí se encuentra la verdadera fuerza del lema:
«Por las personas. Por el planeta.»
Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos no es
solamente una cuestión de consumir responsablemente. Es una oportunidad para transformar
la manera en que producimos, distribuimos, comercializamos, aprovechamos y
valoramos los alimentos.
En 2026, la FAO invita, por tanto, a dejar de considerar la
reducción del desperdicio como una acción aislada y comprenderla como una palanca
de transformación de todo el sistema alimentario.
Porque cuando un alimento deja de perderse, no solo se salva
un alimento:
se aprovecha mejor el trabajo que lo produjo, se
conservan recursos naturales, se reducen impactos ambientales y se fortalece la
posibilidad de alimentar a las personas hoy y en el futuro.
Ese es, precisamente, el potencial transformador al
que apunta la campaña de 2026.
"Poner fin a la pérdida y el desperdicio
de alimentos. Por las personas. Por el planeta." (Stop food
loss and waste. For the people. For the planet.).
«Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Por las personas. Por el planeta»
Análisis del lema del Día Internacional de Concienciación
sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos 2026
Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional
de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, una
jornada establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2019 para
llamar la atención sobre un problema que afecta simultáneamente a la
alimentación, la economía, el ambiente y el futuro de las sociedades. La
jornada busca promover la sensibilización y, sobre todo, impulsar acciones
concretas para reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos.
En 2026, el mensaje se expresa con una frase breve, directa
y contundente:
«Stop
food loss and waste. For the people. For the Planet.»
«Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Por las personas. Por el planeta.»
Aunque se trata de una frase corta, contiene una propuesta
de gran alcance. El lema comienza con una llamada urgente a la acción y
termina señalando las dos grandes razones que justifican esa acción: las
personas y el planeta.
No se trata únicamente de evitar que un alimento termine en
la basura. El mensaje invita a comprender todo lo que existe detrás de cada
alimento: tierra, agua, energía, trabajo humano, transporte, infraestructura,
inversión y recursos naturales. Cuando ese alimento no llega a ser consumido,
todos esos recursos han sido utilizados sin cumplir plenamente su finalidad.
1. «Poner fin»: de la preocupación a la acción
La primera expresión del lema es quizás la más importante: «Poner
fin».
No dice simplemente conocer, recordar, reducir
un poco o prestar atención. Plantea la necesidad de actuar para
detener y disminuir de manera significativa un problema que se ha convertido en
una de las grandes ineficiencias de los sistemas alimentarios.
Esta elección de palabras transforma la jornada en un
llamado a la responsabilidad. La concienciación es necesaria, pero no
suficiente. Conocer cuánto alimento se pierde o desperdicia debe conducir a
modificar prácticas, mejorar procesos, invertir en infraestructura, desarrollar
tecnologías, cambiar determinados hábitos de consumo y fortalecer la
cooperación entre los distintos actores de la cadena alimentaria.
La FAO destaca que reducir las pérdidas y el desperdicio
puede producir beneficios simultáneos para la seguridad alimentaria y la
nutrición, los recursos naturales, el clima, la productividad y la economía.
Por eso, el lema de 2026 no presenta el problema solamente como una cuestión
ambiental: lo presenta como una oportunidad de transformación.
2. «Pérdida» y «desperdicio»: dos problemas relacionados,
pero diferentes
El lema utiliza deliberadamente las dos expresiones: pérdida
de alimentos y desperdicio de alimentos.
No son exactamente lo mismo.
Según la FAO, las pérdidas de alimentos se producen a
lo largo de la cadena alimentaria después de la cosecha y antes del nivel
minorista, como consecuencia de decisiones y acciones de los proveedores de la
cadena. Pueden estar relacionadas con problemas de almacenamiento, transporte,
manipulación, procesamiento, infraestructura, conservación o condiciones
inadecuadas.
El desperdicio de alimentos, en cambio, se relaciona
principalmente con decisiones y acciones de minoristas, servicios de
alimentación y consumidores. Puede ocurrir cuando alimentos todavía aptos para
el consumo son descartados, cuando se compra más de lo necesario, cuando las
porciones son excesivas o cuando los alimentos se deterioran antes de ser
utilizados.
Esta distinción es fundamental porque demuestra que el
problema no comienza ni termina en el hogar.
Puede empezar en el campo y continuar durante la cosecha, el
almacenamiento, el transporte, la elaboración, la distribución, el comercio, la
preparación y el consumo.
Por eso tampoco existe una única solución.
3. La dimensión del problema
Las cifras ayudan a comprender por qué Naciones Unidas y la
FAO consideran urgente actuar.
Las estimaciones actualmente utilizadas por los organismos
internacionales indican que alrededor del 13,2 % de los alimentos se pierde
después de la cosecha y antes de llegar a las etapas minoristas, mientras
que otro 19 % de los alimentos disponibles para los consumidores se
desperdicia en los hogares, los servicios de alimentación y el comercio
minorista.
El informe de ONU Medio Ambiente estimó que en 2022 se
desperdiciaron aproximadamente 1.050 millones de toneladas de alimentos
en los niveles minorista, servicios de alimentación y hogares. Los hogares
representaron alrededor del 60 % de ese desperdicio, seguidos por los servicios
de alimentación y el comercio minorista.
Estas cifras permiten comprender la verdadera dimensión del
mensaje:
no se está hablando simplemente de comida que sobra en un
plato. Se está hablando de una enorme cantidad de alimentos y de recursos que
se utilizan para producir alimentos que finalmente no cumplen su propósito de
alimentar a las personas.
4. «Por las personas»: el primer gran significado del
lema
La primera razón que ofrece el lema para actuar es «por
las personas».
La alimentación constituye una necesidad humana fundamental.
Por eso, desperdiciar alimentos adquiere una dimensión social que va mucho más
allá del valor económico de lo que se tira.
La FAO señala que la pérdida y el desperdicio de alimentos
afectan negativamente la seguridad alimentaria y la nutrición. Al mismo tiempo,
el desperdicio ocurre en un mundo en el que millones de personas enfrentan
hambre o dificultades para acceder a una alimentación saludable.
Sin embargo, el lema no debe interpretarse de una manera
simplista, como si cada alimento desperdiciado pudiera ser trasladado
directamente a una persona que tiene hambre. La relación es más compleja.
Reducir las pérdidas y el desperdicio significa hacer que
los sistemas alimentarios sean más eficientes, aumentar la disponibilidad
efectiva de alimentos, evitar pérdidas económicas innecesarias y favorecer
sistemas de producción y distribución capaces de responder mejor a las
necesidades de las poblaciones.
También significa proteger los medios de vida de quienes
trabajan en la producción y comercialización de alimentos.
Cuando una cosecha se pierde por falta de almacenamiento
adecuado, cuando productos perecederos se deterioran durante el transporte o
cuando alimentos perfectamente utilizables son descartados, no desaparece
solamente un producto: también desaparece parte del trabajo, la inversión y los
recursos empleados para producirlo.
Por eso, reducir las pérdidas significa también proteger
el esfuerzo humano que hay detrás de cada alimento.
5. «Por las personas» también significa economía y
bienestar
El segundo significado de esta parte del lema está
relacionado con la economía.
La pérdida y el desperdicio representan dinero perdido para
agricultores, empresas, comerciantes, restaurantes, familias y economías
nacionales.
La FAO considera que la pérdida y el desperdicio de
alimentos constituyen pérdidas económicas y un uso ineficiente de recursos como
la mano de obra, el agua, la energía y la tierra.
Reducirlos puede generar beneficios económicos porque
permite aprovechar mejor los recursos ya utilizados.
Para una familia, esto puede significar planificar mejor las
compras y aprovechar los alimentos disponibles.
Para un restaurante, puede significar mejorar la planificación
de las cantidades y utilizar mejor los ingredientes.
Para un comercio, puede implicar mejorar la gestión de
inventarios y facilitar la redistribución de excedentes.
Para los productores, puede requerir mejores instalaciones
de almacenamiento, transporte, refrigeración o tecnologías poscosecha.
De esta manera, combatir el desperdicio no significa
solamente gastar menos: significa utilizar de manera más inteligente aquello
que ya tenemos.
6. «Por las personas» incluye a quienes producen nuestros
alimentos
Existe además una dimensión humana que muchas veces pasa
inadvertida.
Detrás de cada alimento hay personas:
- agricultores;
- trabajadores
rurales;
- pescadores;
- transportistas;
- trabajadores
de plantas de procesamiento;
- comerciantes;
- cocineros;
- vendedores;
- trabajadores
de supermercados;
- familias
que compran y preparan los alimentos.
Por eso, desperdiciar un alimento significa también
desaprovechar una parte del trabajo colectivo que permitió que llegara hasta
nosotros.
El lema invita a mirar el alimento no solamente como una
mercancía que aparece en una góndola o en un plato, sino como el resultado
final de una extensa cadena de trabajo humano.
7. «Por el planeta»: cada alimento tiene una huella
ambiental
La segunda gran razón del lema es «por el planeta».
Un alimento no comienza su existencia en el supermercado.
Para producirlo se necesitan recursos naturales. Se necesita
tierra para cultivarlo, agua, energía, fertilizantes, infraestructura y
trabajo. Posteriormente debe ser cosechado, almacenado, transportado,
procesado, refrigerado y distribuido.
Cuando finalmente se pierde o se desperdicia, todos esos
recursos también han sido utilizados sin que el alimento haya cumplido su
finalidad.
La FAO destaca que reducir las pérdidas y el desperdicio
contribuye a proteger los recursos naturales y la biodiversidad, reducir la
contaminación y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
8. Agua: un recurso invisible detrás de cada alimento
Uno de los aspectos menos visibles del problema es el agua.
Los alimentos necesitan agua para ser producidos. Las
plantas necesitan riego o lluvia; los animales necesitan agua para su
desarrollo; además, existen necesidades de agua asociadas al procesamiento y a
otras etapas de la cadena.
Por lo tanto, cuando se desperdicia un alimento también se
desperdicia indirectamente parte del agua utilizada para producirlo.
Esta relación permite comprender una idea fundamental:
el desperdicio de alimentos también es desperdicio de
recursos naturales.
Por eso, reducirlo forma parte de una gestión más
responsable del agua.
9. Tierra y biodiversidad
La producción de alimentos también requiere grandes
superficies de tierra.
La FAO señala que aproximadamente 28 % de las tierras
agrícolas del mundo se utilizan para producir alimentos que finalmente no son
consumidos.
Esto permite dimensionar otro aspecto del problema.
Si una parte de la producción agrícola termina
desperdiciándose, existe una presión innecesaria sobre los ecosistemas que
proporcionan la tierra.
Reducir el desperdicio puede contribuir, por tanto, a
disminuir la necesidad de utilizar nuevos territorios para producir alimentos
que podrían haberse aprovechado mejor.
La cuestión se relaciona además con la biodiversidad, los
bosques y la conservación de los ecosistemas.
10. Pérdida y desperdicio de alimentos y cambio climático
Uno de los vínculos más importantes del lema con la agenda
ambiental es el cambio climático.
La FAO estima que la pérdida y el desperdicio de alimentos
representan aproximadamente entre 8 % y 10 % de las emisiones mundiales de
gases de efecto invernadero.
Esto sucede porque producir alimentos que finalmente no
serán consumidos genera emisiones a lo largo de toda la cadena.
Además, cuando los residuos alimentarios terminan en
determinados sistemas de disposición, pueden producir gases como el metano
durante su descomposición.
Por eso, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos
constituye también una forma de acción climática.
No es la única solución al cambio climático, pero sí una de
las áreas en las que pueden obtenerse simultáneamente beneficios ambientales,
económicos y sociales.
11. Un problema que comienza mucho antes de la basura
Una de las ideas más importantes que transmite el lema es
que no debemos limitar el problema al momento en que un alimento termina en
un contenedor.
La pérdida puede producirse mucho antes.
Por ejemplo:
Producción → cosecha → almacenamiento → transporte →
procesamiento → distribución → comercio → preparación → consumo
En cualquiera de esas etapas pueden producirse pérdidas o
desperdicios.
La falta de refrigeración, por ejemplo, puede provocar
deterioro de productos perecederos. La FAO señala que las deficiencias en
refrigeración constituyen un factor importante de pérdidas alimentarias y
estima que cientos de millones de toneladas se pierden o desperdician por
insuficiencias relacionadas con la refrigeración.
Esto demuestra que la solución requiere tanto cambios de
comportamiento como infraestructura, tecnología, inversión y políticas
públicas.
12. El lema no culpa a un único responsable
Otro aspecto importante es que el mensaje utiliza una
expresión colectiva: «Stop food loss and waste».
No señala exclusivamente al consumidor, al productor, al
supermercado, al restaurante o al gobierno.
La FAO y ONU Medio Ambiente consideran que deben participar
numerosos actores: productores, empresas, integrantes de las cadenas de
suministro, consumidores, gobiernos, investigadores, organizaciones de la
sociedad civil y otros sectores.
Esto es especialmente importante porque las causas de las
pérdidas y del desperdicio son diferentes según el lugar y el momento de la
cadena alimentaria.
En algunos casos se necesitan mejores tecnologías.
En otros, mejores sistemas de almacenamiento.
En otros, cambios en las prácticas comerciales.
En otros, educación y cambios de hábitos.
Por eso, el lema propone una responsabilidad compartida.
13. Del modelo lineal a un sistema alimentario más
circular
El mensaje de 2026 también puede relacionarse con la idea de
economía circular.
El modelo lineal puede resumirse de manera sencilla:
producir → comprar → consumir → desechar.
Un enfoque más circular intenta mantener los alimentos y sus
recursos dentro del sistema durante el mayor tiempo posible.
La prioridad debe ser prevenir el excedente y evitar que los
alimentos se pierdan. Cuando existen excedentes aptos para el consumo, pueden
buscarse mecanismos de redistribución. Los materiales que ya no pueden
utilizarse como alimento pueden, según corresponda, incorporarse a otras formas
de aprovechamiento.
La FAO destaca precisamente la importancia de prevenir,
reducir, reutilizar y buscar nuevos aprovechamientos dentro de sistemas
alimentarios más circulares.
La idea central es sencilla:
el mejor desperdicio es el que nunca llega a producirse.
14. La responsabilidad del consumidor
El lema también interpela directamente a las personas en su
vida cotidiana.
Los hogares representan una parte muy importante del
desperdicio alimentario. Según el Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 de
ONU Medio Ambiente, los hogares fueron responsables de alrededor del 60 % del
desperdicio medido en los niveles de consumo, servicios de alimentación y
comercio minorista en 2022.
Por eso, pequeñas decisiones cotidianas pueden formar parte
de la solución:
- planificar
las compras;
- comprar
cantidades adecuadas;
- conservar
correctamente los alimentos;
- aprovechar
las sobras;
- comprender
mejor las fechas de los productos;
- preparar
cantidades razonables;
- evitar
comprar alimentos que probablemente no serán utilizados.
Pero el mensaje no debería reducirse a «el consumidor
debe ser más cuidadoso».
Las personas también necesitan que los sistemas comerciales
y alimentarios les faciliten esas decisiones mediante información clara,
mejores envases, posibilidades de compra adecuadas, sistemas de redistribución
y otras soluciones.
15. La importancia de la educación
El lema posee también una dimensión educativa.
Muchas veces el desperdicio surge de hábitos adquiridos y de
la falta de información.
Educar sobre el valor de los alimentos significa enseñar que
una fruta, una verdura, un pan o cualquier otro alimento no es simplemente un
objeto que puede reemplazarse inmediatamente.
Detrás de él existen recursos naturales, trabajo, energía,
transporte y conocimientos.
La educación puede ayudar a construir una cultura basada en
el respeto por los alimentos y por los recursos necesarios para producirlos.
Esta educación puede comenzar en la infancia, continuar en
la escuela y extenderse a los hogares, los comercios y los lugares de trabajo.
16. El lema y el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3
El mensaje de 2026 está estrechamente vinculado con los Objetivos
de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, especialmente con la meta
12.3 del ODS 12, dedicada a garantizar modalidades de consumo y producción
sostenibles.
Esta meta establece el objetivo de reducir a la mitad el
desperdicio de alimentos per cápita en los niveles minorista y de consumo y
reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y
suministro para 2030.
Por ello, el lema no constituye únicamente una frase de
sensibilización.
También funciona como un recordatorio de un compromiso
internacional concreto que debe medirse y en el que es necesario acelerar los
avances.
17. «Por las personas. Por el planeta.»: una relación
inseparable
Quizás la característica más profunda del lema sea
precisamente la conexión entre sus dos últimas expresiones:
Por las personas.
Por el planeta.
No se presentan como objetivos separados.
La alimentación humana depende de la salud de los
ecosistemas.
Necesitamos suelos fértiles, agua disponible, biodiversidad,
condiciones climáticas relativamente estables y sistemas agrícolas capaces de
producir alimentos de manera sostenible.
Al mismo tiempo, necesitamos sistemas alimentarios que sean
capaces de alimentar a las personas de manera suficiente, nutritiva, segura y
económicamente accesible.
Por eso, proteger a las personas y proteger al planeta
forman parte del mismo desafío.
18. Un mensaje de justicia intergeneracional
El lema también puede interpretarse desde una perspectiva de
futuro.
Los alimentos que desperdiciamos hoy no solamente
representan recursos desaprovechados en el presente. También forman parte de la
presión que ejercemos sobre los recursos que necesitarán las generaciones
futuras.
Si se utilizan grandes cantidades de tierra, agua y energía
para producir alimentos que finalmente no se consumen, se está utilizando de
manera ineficiente una parte de los recursos disponibles.
Reducir las pérdidas y el desperdicio significa, por tanto, hacer
un uso más responsable de los recursos que compartimos con quienes vivirán
mañana.
19. El verdadero sentido de «detener»
La palabra «detener» no debe interpretarse como la
posibilidad de conseguir que absolutamente ningún alimento vuelva a perderse.
En cualquier sistema alimentario existen circunstancias
inevitables: deterioro natural, partes no comestibles, problemas climáticos,
accidentes u otras situaciones.
El objetivo realista es prevenir y reducir al máximo las
pérdidas evitables, mejorar la eficiencia de los sistemas y aprovechar
mejor los alimentos y los recursos.
Por eso, el lema de 2026 invita a pasar de una cultura del
descarte a una cultura de prevención, aprovechamiento y responsabilidad.
20. El potencial transformador del lema de 2026
La FAO presenta la edición 2026 bajo la idea del potencial
transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos. La
expresión es significativa porque no se trata únicamente de solucionar un
problema concreto.
Reducir el desperdicio puede producir simultáneamente varios
beneficios:
más seguridad alimentaria + mejor aprovechamiento de los
recursos + menor presión ambiental + menos emisiones + mayor eficiencia
económica.
Por eso se habla de una posible «triple ganancia»:
mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, reducir la presión sobre los
recursos naturales y las emisiones, y favorecer la productividad y el
crecimiento económico.
Conclusión
«Poner fin a la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Por las personas. Por el planeta.» es un lema breve, pero reúne una
problemática mundial de enorme complejidad.
La primera parte, «Poner fin a la pérdida y el
desperdicio de alimentos», constituye un llamado a actuar y a transformar
la manera en que producimos, transportamos, almacenamos, comercializamos,
preparamos y consumimos los alimentos.
La segunda, «Por las personas», recuerda que reducir
el desperdicio significa contribuir a sistemas alimentarios más eficientes y
resilientes, proteger el trabajo y los ingresos de quienes participan en la
cadena alimentaria y mejorar las condiciones necesarias para avanzar hacia una
mayor seguridad alimentaria.
La tercera, «Por el planeta», recuerda que cada
alimento lleva detrás una huella de tierra, agua, energía, trabajo y recursos
naturales. Cuando se pierde o se desperdicia, todos esos recursos también se
utilizan de manera ineficiente y se generan impactos ambientales evitables.
En definitiva, el lema propone comprender que combatir la
pérdida y el desperdicio de alimentos no consiste simplemente en tirar menos
comida. Significa dar mayor valor a los alimentos, respetar el trabajo
de quienes los producen, aprovechar mejor los recursos naturales, reducir
impactos ambientales y construir sistemas alimentarios capaces de responder a
las necesidades de las generaciones presentes y futuras.
Por eso, las dos últimas frases del lema adquieren todo su
sentido cuando se leen juntas:
POR LAS PERSONAS.
POR EL PLANETA.
Porque alimentar mejor a las
personas y cuidar mejor el planeta no son objetivos contradictorios: forman
parte de un mismo desafío de sostenibilidad.
¿Por qué es
importante reducir la pérdida y desperdicio de alimentos?
Cuando se pierden o desperdician
alimentos, todos los recursos que se utilizaron para su producción -como el
agua, la tierra, la energía, la mano de obra y el capital- se desaprovechan.
Además, la eliminación de los alimentos perdidos o desperdiciados en vertederos
genera emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), lo que contribuye al
cambio climático. La pérdida y el desperdicio de alimentos también pueden tener
repercusiones negativas en la seguridad alimentaria y la disponibilidad de
alimentos, y contribuir a aumentar el costo de la alimentación.
Nuestros sistemas alimentarios no
pueden ser resilientes si no son sostenibles. De ahí la necesidad de centrarse
en la adopción de enfoques integrados concebidos para la reducción de la
pérdida y el desperdicio de alimentos.
Es necesario adoptar medidas a
escala mundial y local para aprovechar al máximo los alimentos que producimos.
Para introducir este cambio transformador es fundamental incorporar tecnologías,
soluciones innovadoras (en particular plataformas de comercio electrónico para
la comercialización y sistemas de elaboración de alimentos replegables y
móviles), nuevas formas de trabajar y buenas prácticas con miras a gestionar la
calidad de los alimentos y reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos.
Cuando quedan seis años para
alcanzar la meta 12.3 del Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 (ODS), es
imperativo agilizar las medidas encaminadas a reducir la pérdida y el
desperdicio de alimentos.
SITUACIÓN EN
URUGUAY
Uruguay no es ajeno a la problemática
asociada a la pérdida y desperdicio de alimentos (PDA), aquí algunos datos y
qué estamos haciendo para abordarla.
Las primeras estimaciones con
respecto a la generación de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos indican que
aproximadamente el 11 % del total de alimentos disponibles para consumo humano
pierde o se desperdicia anualmente
(datos del período 2011-2016), lo que equivale a cerca de 1 millón de
toneladas al año.
En términos económicos (en base a
materia prima), el volumen de PDA se traduce en una pérdida estimada de 600
millones de dólares al año (1).
Cerca del 70 % de las pérdidas y
los desperdicios de alimentos se concentrarían en las etapas de producción y
poscosecha, es decir en las etapas iniciales de la cadena agroalimentaria.
Calendario de
actividades y propuestas
Para la semana del lunes 26 al
viernes 30 de setiembre, el MA organiza y promueve una serie de actividades,
que visibilizan esta problemática, dan cuenta de las acciones desarrolladlas y
proyectadas en nuestro país, y te orientan sobre qué podés hacer vos para
evitar o reducir la pérdida y desperdicio de alimentos.
ALGUNAS ESTRATEGIAS PARA Poner fin a la
pérdida y el desperdicio de alimentos
1. Reduce el desperdicio de alimentos: compra solo los alimentos que necesitas, aprende a amar las frutas y verduras de aspecto feo, sírvete raciones realistas, ten en cuenta las fechas de caducidad, almacena los alimentos de manera inteligente, dona los excedentes y convierte los alimentos sobrantes en la comida del día siguiente.
Cuando desperdiciamos comida, también
desperdiciamos todos los recursos utilizados para cultivar, procesar,
transportar y comercializar esos alimentos. La comida es mucho más que lo que
hay en nuestros platos.
2. Apoya a los productores de alimentos: los chefs obtienen premios, estrellas y reconocimientos por sus creaciones.
Pero ¿qué pasa con nuestros agricultores? Sin ellos, no tendríamos los alimentos frescos que necesitamos a diario para preparar cualquiera de nuestros preciados platos. ¿No son los campesinos los verdaderos héroes?
Compra en mercados locales y conoce a los agricultores.
Darles una oportunidad de negocio equivale a concederles tu reconocimiento y
respeto.
3. Valora el trabajo que requiere producir los alimentos: la agricultura no es solo trabajo, es arte. Se requiere tanto esfuerzo para producir nuestros alimentos... Hacen falta semillas y tierra, agua y trabajo, protección y paciencia. ¿Sabías que se necesitan unos 50 litros de agua para producir una naranja?
Los alimentos que elegimos afectan a la salud de nuestro planeta y al futuro de la alimentación.
Cuando comes estás consumiendo los recursos naturales y el arduo trabajo de los campesinos, las abejas, quienes recolectaron los alimentos y todas las demás personas involucradas en conseguir que los alimentos lleguen a tu plato.
Aprecia la
comida como si fuera una obra de arte.
4. Adopta una dieta más saludable y sostenible: nuestros cuerpos se quedan sin calorías y sin nutrientes. Obtenemos nuestra energía y mantenemos nuestra salud a partir de unos alimentos adecuados. Normalmente no prestamos atención a la influencia que tienen los alimentos y la nutrición sobre nuestros cuerpos.
Necesitamos entender que los alimentos son
energía. Consumir demasiada comida en general, o demasiada comida de un solo
tipo puede conducir a la obesidad, a carencias o a enfermedades relacionadas
con la dieta.
5. Aprende de dónde proceden los alimentos: ¿los kiwis provienen de árboles o de arbustos? ¿Son los tomates una fruta o una hortaliza?
Al aprender más sobre nuestra comida, de dónde viene, qué alimentos se producen en cada temporada y qué se necesita para producirlos, aumentamos nuestro conocimiento y respeto por lo que estamos comiendo.
6. Mantén una conversación: al tratar cada almuerzo con orgullo, respetamos a los agricultores que lo produjeron, los recursos que se utilizaron para producirlo y las personas que no pueden disfrutarlo.
El respeto se puede transmitir. Habla
con las personas que te rodean y con las nuevas generaciones sobre cómo elegir
de forma informada alimentos saludables y sostenibles.
Respetar la comida significa apreciar la historia que hay detrás de los alimentos. Cuando vemos el panorama completo, es más fácil ver qué significa nuestra comida y cuán preciosa es en verdad.
Aprende más sobre cómo tus acciones pueden dar forma al futuro de la alimentación.
¿Qué hace la ONU para concienciar a la
población sobre la pérdida y desperdicio de alimentos?
La Organización de las Naciones
Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), destaca que ya es hora de
poner fin al hambre y la miseria de un gran número de personas a nivel mundial.
Sin embargo, esto no será posible
si no se llevan a cabo medidas para evitar la pérdida de grandes cantidades de
alimentos debido a causas naturales y también como resultado de las malas
decisiones y prácticas llevadas a cabo por el hombre y que han dañado los
recursos naturales, indispensables para la vida como el agua, el suelo, el
aire, entre otros.
De acuerdo a este organismo
internacional, es importante abrir y fortalecer los espacios de los que
trabajan la tierra, es decir, los pequeños y medianos agricultores para generar
una mayor producción de alimentos, que a la vez, contribuya a impulsar los
mercados nacionales e internacionales para que los productos puedan llegar a
muchas más personas de forma más equitativa.
https://www.diainternacionalde.com/ficha/dia-internacional-conciencia-desperdicio-alimentos
https://www.fao.org/platform-food-loss-waste/flw-events/international-day-food-loss-and-waste/es
https://www.un.org/es/observances/international-days-and-weeks
