Un cuento de Arinda
Dibujos de IA
Casimiro era un vampiro muy original. Por qué digo que era muy original. Porque a Casimiro el Vampiro le daba asquito la sangre. A él le gustaban las golosinas. Nada de andar mordiendo bichos para quitarles la sangre. Eso no lo haría ni por todo el oro del mundo. Por eso a Casimiro le encantaba una fecha muy especial del año, el 31 de octubre ¿Por qué se preguntarán ustedes? ¡Muy simple… porque se festeja Halloween!
Casimiro
se levantó muy temprano y pasó largas horas frente al espejo, limando y
lustrando sus uñas, cepillando su pelo . También cepillándose los dientes hasta
dejarlos relucientes como perlas y sin olvidarse del enjuague bucal para tener “aliento con un suave
perfume mentolado”, como le decía a sus amigos.
Debo
decirles que tampoco vivía en una cueva, porque no le gustaba el olor a pis que
casi todas las cuevas tienen. Así que se había instalado cómodamente, con todas
sus pertenencias, en el hueco de un pino grande, que encontró en los largos
paseos que daba por el monte. Su hogar le encantaba ya que en su interior se
sentía un delicioso olor a resina.
Casimiro
era muy pulcro y mantenía su casa limpia y ordenada. En un rincón tenía un baúl
donde guardaba sus golosinas que acompañaba, según la ocasión, con agua
purísima de rocío que juntaba de las hojas, temprano en las mañanas, en
pequeñas botellitas y que nunca faltaban en su alacena. En ocasiones especiales
las acompañaba con néctar que obtenía de las flores, abundantes en el monte.
Como
decíamos, Casimiro ya estaba preparado para salir a pedir sus golosinas ese día
de Halloween. Se detuvo por última vez frente al espejo; se peinó las cejas con
un poquito de saliva; tomó su bolsita para mandados hecha de tela, porque no
quería contaminar el ambiente, y no olvidó su gorra y sus lentes de sol, con
filtro contra los rayos U-V y
antirreflejo, ya que mucho le molestaba la luz.
Por
todas partes se veían animalitos
vestidos para la ocasión, como brujas, magos, esqueletos, calabazas, fantasmas
y de otras muchas maneras, que se movían de un lado para otro golpeando puerta
a puerta al grito de “¿golosina o travesura?”.
-"Trick-or-treat"- gritaban algunos, para demostrar que “sabían inglés”, ya que en la
escuela la profesora se los había enseñado
Si
recibían golosinas lo festejaban con gran algarabía, pero si no les daban nada
le tiraban un poco de espuma de afeitar en la nariz para que se lavaran la mala
onda de la cara.
Ellos no compartían la costumbre de tirar
huevos contra la pared. ¡Eso nooo! Porque algunas veces tuvieron que ayudar a
la mamá a limpiar, con gran trabajo, el pegote de huevo cuando algún desubicado
lo había hecho contra su casa.
Casimiro
se mezcló en todo ese barullo.
-¡Hola,
Feliz Halloween!- saludó gentilmente Pita.
-¿Golosina
o travesura? – preguntó Casimiro haciendo una graciosa reverencia.
-Golosina,
por supuesto- y le regaló cuatro bombones de chocolate.
Así
siguió alegremente recorriendo las casas del bosque, visitó a Chirulí, el pecarí
de collar; a Mará el guazubirá; al Sapito Bufo; a
Cachorro, el zorro; a Chero, el Pato maicero. Esa mañana también visitó a Caluga,
la tortuga; a Pirincho, el carpincho; a Pelillo el Zorrillo.
Ya
cerca de la noche le quedaban pocos lugares a visitar.
Llegó
a la casa de Ñacú, el Búho, el cual además de golosinas le dio varios consejos,
y uno muy especial… que tuviera cuidado con Ciriaco el gato montés, primo del
gato Cheshire del País de las Maravillas.
-Cuídate
de él , es tan o más ladino que su primo- sentenció.
Casimiro
estaba tan contento que no prestó atención a lo que le dijo Ñacú y tarareando visitó
la casa del yacaré y del manopelada, al que
encontró lavando un fruto de murucuyá en el arroyo, para luego comerlo.
Ya
tenía su bolsita ecológica repleta de golosinas y decidió llegar a la casa de
Ciriaco el Gato montés, a pesar de las recomendaciones de Ñacú, el Búho.
-Toc
Toc- llamó a la puerta.
-Hola
¿qué haces a esta hora lejos de tu casa?- dijo una voz melosa desde el tejado.
Casimiro
miró para arriba y allí estaba el Gato Ciriaco con una sonrisa de oreja a
oreja, que dejaba ver sus blancos dientes y sus ojos amarillos y brillantes.
-¿Golosina
o travesura?- exclamó Casimiro.
-Jo..jo..jo-
¡Travesura nooooo…! entra a mi casa y te
daré
muuuuuchos
dulces. – dijo el gato, sin perder su meloso tono.
Casimiro
entró confiado a la casa del gato.
Allí
era todo muy extraño; las paredes y los muebles estaban pintados con rayas y
lunares de brillantes colores y lo que más llamó la atención de Casimiro era
que los muebles explotaban como pompas de jabón desapareciendo continuamente y volviendo
a aparecer en otro lado de la habitación.
-Siéntate
amiguito- invitó el Gato y le señaló una silla pintada de rojo con lunares
verde manzana.
-Gracias-
dijo educadamente Casimiro, que como había caminado mucho estaba re-cansado.
Se
aproximó a la silla y cuando se fue a sentar la silla desapareció y apareció a
un metro de distancia. Casimiro fue hasta ella pero volvió a desaparecer y
apareció adentro de un gran armario que tenía sus puertas abiertas.
-Esta
es la mía, ahora no podrá retroceder más- pensó Casimiro, corrió y se sentó en
la silla.
No
bien hizo eso las puertas del armario se cerraron violentamente dando un gran
susto a nuestro amigo.
-Déjame
salir, estoy encerrado en el armario- gritó Casimiro un poquito nervioso
-Jo,
jo, jo…. Conque golosina o travesura, a mí… - Escuchó que le decía el Gato con
voz ladina.
-
¡No puedo salir… por favor Gato, abre la puerta del armario!- dijo Casimiro, un
poco nervioso.
-Jo,
jo y jo… allí te vas a quedar hasta que yo quiera jo…jo…jo– contestó el gato
mientras metía el hocico adentro de la bolsa de golosinas que Casimiro había
dejado sobre una mesa.
-Porfi,
porfi, porfi… déjame salir …en serio, quiero irme a mi casa– suplicó Casimiro
ahora sí muy nervioso y asustado.
-No,
nada de porfi, te vas a quedar allí mientras yo saboreo las delicias que tienes en la bolsa, y mientras tanto voy
a pensar qué voy a hacer contigo jo, jo, jo – dijo el gato, con voz melosa.
-¿Cómo
qué vas a hacer conmigo? – preguntó Casimiro ya mucho, muy asustado.
-La
Bruja Cachavacha anda necesitando un vampirito mascota para tenerlo atado de una pata sobre la
chimenea donde hierve los brebajes para sus conjuros.
-¿¿¿Queeeeeeee?
¿Estás loco, Gato?– gritó espantado Casimiro, que ya se veía lejos de su
perfumada casa, en un horrible lugar lleno de polvo y telarañas.
-Noooooo
lo estoy … Muchos de sus conjuros llevan unos pelitos, o recorte de uña de
vampiros, así que es una inmejorable oportunidad de ganarme una bolsa de
monedas de chocolate- remató con voz satisfecha el Gato.
Casimiro
podía escuchar el ruido de los papelitos de las golosinas al ser rasgados y
el chasquido de la lengua del gato al
saborear los bombones, galletitas y caramelos.-
Todo
ese ruido había hecho que su estómago le avisara con suaves rugidos que hacía
horas que no comía.
-Tengo
hambre, ¡déjame salir! – volvió a la carga Casimiro.
-No
quiero compartir contigo, esto está muuuy rico y me lo voy a comer todo yo, así
que seguirás quietito donde estás y no trates de huir o te va a ir muy mal-
respondió el Gato sin perder su sonrisa ni su empalagosa voz .
Casimiro
se sentó muy desalentado en la silla, pensando en el triste futuro que le
esperaba.
-Por
qué no le habré hecho caso a Ñacú el búho- se lamentó entre suspiros.
Así
permaneció cabizbajo suspirando y sollozando de a ratos.
De
pronto, sintió unos suaves golpecitos en el fondo del armario.
-Tucu,
tucu – sonó.
Casimiro
se paró, se aproximó al fondo del armario, apoyó la oreja en la madera y quedó
en silencio para comprobar si había escuchado bien.
-Tucu,
tucu- volvió a escuchar Casimiro.
Ahora
analizó con más atención la madera y descubrió un pequeño orificio.
Se
acercó a él y en voz baja, para que no escuchara el Gato, preguntó : -¿Hay alguien allí?
-Sí,
soy yo, Tucu Tucu– le respondió en un susurro, una voz del otro lado.
-¿Me
puedes sacar de aquí?– preguntó ansioso Casimiro.
-Sí,
eso voy a tratar de hacer, quédate tranquilo que voy a ir a buscar a todos tus
amigos así te sacamos y además le damos una lección a este gato malvado- le
respondió el Tucu Tucu.
Casimiro
se quedó un poco más tranquilo, esperando la ayuda.
Las
horas pasaban lentamente. Casimiro trataba de entretenerse recitando el
abecedario,de la A a la Z y de la Z a la A, diciendo las tablas de multiplicar
desde la del uno –que es la más fácil– hasta la del nueve.
Después
se acordó que tenía una tiza en el bolsillo y se puso a jugar al ta-te-ti.
Tanto
tiempo pasó, que ya tenía rayadas todas las paredes del armario y el piso, cuando
escuchó el timbre de entrada.
-Qué
suerte, debe ser Tucu Tucu con todos los amigos para sacarme de aquí- pensó
Casimiro.
-Hola
Gato Ciriaco, ¿para qué me llamaste?- se escuchó una voz cascada y horrorosa.
Casimiro
atisbó a través de una rendija de la puerta y se le erizaron los pelitos de la
nuca porque allí, en la mitad de la sala, estaba la bruja más fea y
desagradable que hubiera conocido.
En
aquella habitación tan colorida la bruja desentonaba totalmente, vestía de
negro, su cara estaba muy arrugada, tenía una nariz ganchuda y una verruga con
tres pelos en la pera. Cuando sonreía, su desagradable boca dejaba a la vista dos
hileras de dientes amarillos y desparejos.
-Tengo
una oferta que no puede dejar pasar- dijo el Gato
-¿Qué
puedes tener tú que me pueda interesar, Gato chiflado? ¿Esos muebles
hiperactivos? No… mis nervios no soportarían verlos moverse de un lado a otro y
los terminaría convirtiendo en piedra- graznó la bruja.
-Noooooo,
ese no es mi ofrecimiento, tengo algo que usted necesita..- contestó el gato.
-¡Dímelo
de una vez, o te pinto de negro! Esas rayas violetas y rosadas de tu cuerpo me
están volviendo loca y además, no tengo tiempo para perder porque todavía me
quedan muchas maldades para hacer- dijo molesta la bruja.
-Tengo
una mascota para usteddd- respondió el Gato, sin perder su estilo relamido.
Casimiro
estaba aterrado, no podía ni respirar del susto porque estaban hablando de él y
no quería que esa bruja lo llevara como mascota.
-¿Una
mascota?- la actitud de Cachavacha cambió totalmente.
-Sí,
una mascota, un vam–pi-ro- dijo el Gato.
-¿Un
vampiro? ¿Un vampiro de verdad? ¿Con pelitos, uñitas y bigotes?- preguntó la
Bruja con gesto codicioso.
-Sí,
un vampiro, completito, vivito y coleando- contestó el Gato lleno de orgullo.
-¡Quiero
verlo, quiero verlo! - exclamó la bruja dando saltitos por toda la habitación.
-Pare,
alto, stop. Primero debemos arreglar el
precio – dijo el Gato.
-¿Cuánto
quieres por él?- preguntó Cachavacha.
-Una
gran, gran, gran bolsa de monedas de chocolate- espetó el Gato mientras se
frotaba las manos.
-Bueeeeeeeno,
eso es mucho, primero tengo que verlo para decidir- dijo la bruja que era
especialista en el regateo.
-No
tengo problemas, si usted no lo quiere el enano saltarín Rumpelstilzchen
está dispuesto a pagar el doble de eso- contestó displicentemente el Gato.
-Supongo que sí, que me lo
quedaré, quiero verlo- dijo rápidamente Cachavacha, temiendo perder la oportunidad
de tener la mascota que tanto había buscado.
**
Ciriaco el gato se acercó al
mueble donde estaba Casimiro y lo abrió violentamente.
Casimiro estaba en un rincón,
todo arrolladito, como tratando de que no lo vieran y temblando como una hoja.
-Aquí lo tienes, ¿qué te
parece?– dijo el gato, señalando al asustado Casimiro.
-Lindo, lindo– dijo Cachavacha
acercándose a Casimiro. Estiró su huesuda mano y con su dedo nudoso hizo un
rulito en el copete de Casimiro.
Los dientes de Casimiro
sonaban como castañuelas. Su corazón parecía que se le iba a salir por la boca.
-¿Dónde están mis amigos? ¿Por
qué no vienen?- pensaba aterrado.
Lo hicieron salir del armario
y Casimiro comenzó a correr por toda la habitación tratando de esconderse
detrás de las sillas y las mesas para que no lo alcanzaran. Allí se armó una
gran batahola porque Casimiro no podía esconderse ya que los muebles
desaparecían y aparecían en cualquier lado de la sala. El Gato se desarmaba
todo, de pronto su cabeza sonriente aparecía arriba del aparador mientras que su cola estaba debajo de la mesa
y el cuerpo encima de una silla.
La bruja tropezaba con los
muebles que se atravesaban en su camino, en una de las vueltas cayó
aparatosamente adentro de un paragüero quedando con la nariz apretada entre las
rodillas..
-¡Acame de quiiiiiiiiii! –
farfullaba furiosa la bruja .
El gato tiraba del gorro de la
bruja para sacarla, pero ni se movió, entonces la escoba mágica se acercó
volando, empujó el paragüero y le dio tal golpe en el fondo que hizo salir disparada
a Cachavacha, la que quedó colgando de la lámpara del techo.
**
En ese momento se escuchó un
gran estrépito afuera de la casa y la puerta fue abierta de par en par entrando
a la sala el Tucu Tucu, Chirulí el
pecarí de collar, Mará el guazubirá, el Sapito Bufo, Cachorro el zorro, Chelo el Pato maicero,
Caluga la tortuga, Pirincho el carpincho, Pelillo el Zorrillo y
todos los amigos del bosque.
-¡Viva, Viva, llegaron mis
amigos!- gritó Casimiro con alivio.
–Te lo dije, te lo dije- le
reprochó Ñacú el búho.
**
Con la escoba voladora que
encontraron en la sala le dieron una paliza a la bruja hasta que le quedó el
trasero como un tomate.
Al fin la bruja pudo
desenredarse de las lámparas de la araña y
escapándose de los rescatistas tomó su escoba y se alejó volando toda
maltrecha .
Antes de salir por la puerta
manoteó de la cola al gato lo metió en un bolsillo de su vestido y se elevó
perdiéndose en la noche.
-Suéltame vieja loca… déjame
bajar!!!- Por un rato se escucharon los gritos del Gato.
-No te suelto, ahora vas a ser
mi mascota; por tu culpa recibí una paliza y me lo tengo que cobrar- gritaba
furiosa Cachavacha.
**
Casimiro abrazó a sus amigos y
antes de volver a sus casas hicieron una fiesta con las golosinas que el gato
no se había comido.
Casimiro había aprendido la
lección, en adelante iba a escuchar a los amigos más sabios.
Y colorín colorado este cuento
se ha acabado. Pero si te portas bien mañana te cuento cien!!!
**








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