Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

sábado, 31 de octubre de 2026

31 DE OCTUBRE UN CUENTO DE HALLOWEN-

 

 CASIMIRO EL VAMPIRO

Un cuento de Arinda 

Dibujos de IA


Casimiro era un vampiro muy original. Por qué digo que era muy original. Porque a Casimiro el Vampiro le daba asquito la sangre. A él le gustaban las golosinas. Nada de andar  mordiendo bichos para quitarles la sangre. Eso no lo haría ni por todo el oro del mundo. Por eso a Casimiro le encantaba una fecha muy especial del año, el 31 de octubre ¿Por qué se preguntarán ustedes? ¡Muy simple… porque se festeja Halloween!

Casimiro se levantó muy temprano y pasó largas horas frente al espejo, limando y lustrando sus uñas, cepillando su pelo . También cepillándose los dientes hasta dejarlos relucientes como perlas y sin  olvidarse del enjuague  bucal para tener “aliento con un suave perfume mentolado”, como le decía a sus amigos.



Debo decirles que tampoco vivía en una cueva, porque no le gustaba el olor a pis que casi todas las cuevas tienen. Así que se había instalado cómodamente, con todas sus pertenencias, en el hueco de un pino grande, que encontró en los largos paseos que daba por el monte. Su hogar le encantaba ya que en su interior se sentía un delicioso olor a resina.

Casimiro era muy pulcro y mantenía su casa limpia y ordenada. En un rincón tenía un baúl donde guardaba sus golosinas que acompañaba, según la ocasión, con agua purísima de rocío que juntaba de las hojas, temprano en las mañanas, en pequeñas botellitas y que nunca faltaban en su alacena. En ocasiones especiales las acompañaba con néctar que obtenía de las flores, abundantes en el monte.

Como decíamos, Casimiro ya estaba preparado para salir a pedir sus golosinas ese día de Halloween. Se detuvo por última vez frente al espejo; se peinó las cejas con un poquito de saliva; tomó su bolsita para mandados hecha de tela, porque no quería contaminar el ambiente, y no olvidó su gorra y sus lentes de sol, con filtro contra los  rayos U-V y antirreflejo, ya que mucho le molestaba la luz.




 Salió silbando una canción de moda. Cerró cuidadosamente la puerta y guardó la llave debajo del felpudo que ostentaba un cartel de “Bienvenidos”. 

Por todas partes se veían  animalitos vestidos para la ocasión, como brujas, magos, esqueletos, calabazas, fantasmas y de otras muchas maneras, que se movían de un lado para otro golpeando puerta a puerta al grito de “¿golosina o travesura?”.

-"Trick-or-treat"- gritaban algunos, para demostrar que “sabían inglés”, ya que en la escuela la profesora se los había enseñado

Si recibían golosinas lo festejaban con gran algarabía, pero si no les daban nada le tiraban un poco de espuma de afeitar en la nariz para que se lavaran la mala onda de la cara.

 Ellos no compartían la costumbre de tirar huevos contra la pared. ¡Eso nooo! Porque algunas veces tuvieron que ayudar a la mamá a limpiar, con gran trabajo, el pegote de huevo cuando algún desubicado lo había hecho contra su casa.

Casimiro se mezcló en todo ese barullo.

 Con su mejor sonrisa golpeó la puerta de Pita, la mulita.

-¡Hola, Feliz Halloween!- saludó gentilmente Pita.

-¿Golosina o travesura? – preguntó Casimiro haciendo una graciosa reverencia.

-Golosina, por supuesto- y le regaló cuatro bombones de chocolate.

 


 

Así siguió alegremente recorriendo las casas del bosque, visitó a Chirulí, el pecarí de collar; a Mará el guazubirá; al Sapito  Bufo;  a Cachorro, el zorro; a Chero, el Pato maicero. Esa mañana también visitó a Caluga, la tortuga; a Pirincho, el carpincho; a Pelillo el Zorrillo.



Ya cerca de la noche le quedaban pocos lugares a visitar.

Llegó a la casa de Ñacú, el Búho, el cual además de golosinas le dio varios consejos, y uno muy especial… que tuviera cuidado con Ciriaco el gato montés, primo del gato Cheshire del País de las Maravillas.

-Cuídate de él , es tan o más ladino que su primo- sentenció.

Casimiro estaba tan contento que no prestó atención a lo que le dijo Ñacú y tarareando visitó  la casa del yacaré y del manopelada, al que encontró lavando un fruto de murucuyá en el arroyo, para luego comerlo.

Ya tenía su bolsita ecológica repleta de golosinas y decidió llegar a la casa de Ciriaco el Gato montés, a pesar de las recomendaciones de Ñacú, el Búho.

-Toc Toc- llamó a la puerta.

-Hola ¿qué haces a esta hora lejos de tu casa?- dijo una voz melosa desde el tejado.

Casimiro miró para arriba y allí estaba el Gato Ciriaco con una sonrisa de oreja a oreja, que dejaba ver sus blancos dientes y sus ojos amarillos y brillantes.

-¿Golosina o travesura?- exclamó Casimiro.

-Jo..jo..jo- ¡Travesura nooooo…!  entra a mi casa y te daré

muuuuuchos dulces. – dijo el gato, sin perder su meloso tono.

 


Casimiro entró confiado a la casa del gato.

Allí era todo muy extraño; las paredes y los muebles estaban pintados con rayas y lunares de brillantes colores y lo que más llamó la atención de Casimiro era que los muebles explotaban como pompas de jabón desapareciendo continuamente y volviendo a aparecer en otro lado de la habitación.

-Siéntate amiguito- invitó el Gato y le señaló una silla pintada de rojo con lunares verde manzana.

-Gracias- dijo educadamente Casimiro, que como había caminado mucho estaba re-cansado.

Se aproximó a la silla y cuando se fue a sentar la silla desapareció y apareció a un metro de distancia. Casimiro fue hasta ella pero volvió a desaparecer y apareció adentro de un gran armario que tenía sus puertas abiertas.

-Esta es la mía, ahora no podrá retroceder más- pensó Casimiro, corrió y se sentó en la silla.



No bien hizo eso las puertas del armario se cerraron violentamente dando un gran susto a nuestro amigo.

-Déjame salir, estoy encerrado en el armario- gritó Casimiro un poquito nervioso

-Jo, jo, jo…. Conque golosina o travesura, a mí… - Escuchó que le decía el Gato con voz ladina.

- ¡No puedo salir… por favor Gato, abre la puerta del armario!- dijo Casimiro, un poco nervioso.

-Jo, jo y jo… allí te vas a quedar hasta que yo quiera jo…jo…jo– contestó el gato mientras metía el hocico adentro de la bolsa de golosinas que Casimiro había dejado sobre una mesa.

-Porfi, porfi, porfi… déjame salir …en serio, quiero irme a mi casa– suplicó Casimiro ahora sí muy nervioso y asustado.

-No, nada de porfi, te vas a quedar allí mientras yo saboreo las delicias  que tienes en la bolsa, y mientras tanto voy a pensar qué voy a hacer contigo jo, jo, jo – dijo el gato, con voz melosa.

-¿Cómo qué vas a hacer conmigo? – preguntó Casimiro ya mucho, muy asustado.

-La Bruja Cachavacha anda necesitando un vampirito mascota  para tenerlo atado de una pata sobre la chimenea donde hierve los brebajes para sus conjuros.

-¿¿¿Queeeeeeee? ¿Estás loco, Gato?– gritó espantado Casimiro, que ya se veía lejos de su perfumada casa, en un horrible lugar lleno de polvo y telarañas.

-Noooooo lo estoy … Muchos de sus conjuros llevan unos pelitos, o recorte de uña de vampiros, así que es una inmejorable oportunidad de ganarme una bolsa de monedas de chocolate- remató con voz satisfecha el Gato.

 

Casimiro podía escuchar el ruido de los papelitos de las golosinas al ser rasgados y el  chasquido de la lengua del gato al saborear los bombones, galletitas y caramelos.-

Todo ese ruido había hecho que su estómago le avisara con suaves rugidos que hacía horas que no comía.

-Tengo hambre, ¡déjame salir! – volvió a la carga Casimiro.

-No quiero compartir contigo, esto está muuuy rico y me lo voy a comer todo yo, así que seguirás quietito donde estás y no trates de huir o te va a ir muy mal- respondió el Gato sin perder su sonrisa ni su empalagosa voz .

Casimiro se sentó muy desalentado en la silla, pensando en el triste futuro que le esperaba.

-Por qué no le habré hecho caso a Ñacú el búho- se lamentó entre suspiros.

Así permaneció cabizbajo suspirando y sollozando de a ratos.

De pronto, sintió unos suaves golpecitos en el fondo del armario.

-Tucu, tucu – sonó.

Casimiro se paró, se aproximó al fondo del armario, apoyó la oreja en la madera y quedó en silencio para comprobar si había escuchado bien.

-Tucu, tucu- volvió a escuchar Casimiro.

Ahora analizó con más atención la madera y descubrió un pequeño orificio.

Se acercó a él y en voz baja, para que no escuchara el Gato, preguntó :  -¿Hay alguien allí?

-Sí, soy yo, Tucu Tucu– le respondió en un susurro, una voz del otro lado.

-¿Me puedes sacar de aquí?– preguntó ansioso Casimiro.

-Sí, eso voy a tratar de hacer, quédate tranquilo que voy a ir a buscar a todos tus amigos así te sacamos y además le damos una lección a este gato malvado- le respondió el Tucu Tucu.

Casimiro se quedó un poco más tranquilo, esperando la ayuda.

Las horas pasaban lentamente. Casimiro trataba de entretenerse recitando el abecedario,de la A a la Z y de la Z a la A, diciendo las tablas de multiplicar desde la del uno –que es la más fácil– hasta la del nueve.

Después se acordó que tenía una tiza en el bolsillo y se puso a jugar al ta-te-ti.

Tanto tiempo pasó, que ya tenía rayadas todas las paredes del armario y el piso, cuando escuchó el timbre de entrada.

-Qué suerte, debe ser Tucu Tucu con todos los amigos para sacarme de aquí- pensó Casimiro.

-Hola Gato Ciriaco, ¿para qué me llamaste?- se escuchó una voz cascada y horrorosa.

Casimiro atisbó a través de una rendija de la puerta y se le erizaron los pelitos de la nuca porque allí, en la mitad de la sala, estaba la bruja más fea y desagradable que hubiera conocido.

En aquella habitación tan colorida la bruja desentonaba totalmente, vestía de negro, su cara estaba muy arrugada, tenía una nariz ganchuda y una verruga con tres pelos en la pera. Cuando sonreía, su desagradable boca dejaba a la vista dos hileras de dientes amarillos y desparejos.

-Tengo una oferta que no puede dejar pasar- dijo el Gato

-¿Qué puedes tener tú que me pueda interesar, Gato chiflado? ¿Esos muebles hiperactivos? No… mis nervios no soportarían verlos moverse de un lado a otro y los terminaría convirtiendo en piedra- graznó la bruja.

-Noooooo, ese no es mi ofrecimiento, tengo algo que usted necesita..- contestó el gato.

-¡Dímelo de una vez, o te pinto de negro! Esas rayas violetas y rosadas de tu cuerpo me están volviendo loca y además, no tengo tiempo para perder porque todavía me quedan muchas maldades para hacer- dijo molesta la bruja.

-Tengo una mascota para usteddd- respondió el Gato, sin perder su estilo relamido.

Casimiro estaba aterrado, no podía ni respirar del susto porque estaban hablando de él y no quería que esa bruja lo llevara como mascota.

-¿Una mascota?- la actitud de Cachavacha cambió totalmente.

-Sí, una mascota, un vam–pi-ro- dijo el Gato.

-¿Un vampiro? ¿Un vampiro de verdad? ¿Con pelitos, uñitas y bigotes?- preguntó la Bruja con gesto codicioso.

-Sí, un vampiro, completito, vivito y coleando- contestó el Gato lleno de orgullo.

-¡Quiero verlo, quiero verlo! - exclamó la bruja dando saltitos por toda la habitación.

-Pare, alto, stop. Primero debemos arreglar el  precio – dijo el Gato.

-¿Cuánto quieres por él?- preguntó Cachavacha.

-Una gran, gran, gran bolsa de monedas de chocolate- espetó el Gato mientras se frotaba las manos.

-Bueeeeeeeno, eso es mucho, primero tengo que verlo para decidir- dijo la bruja que era especialista en el regateo.

-No tengo problemas, si usted no lo quiere el enano saltarín Rumpelstilzchen está dispuesto a pagar el doble de eso- contestó displicentemente el Gato.

-Supongo que sí, que me lo quedaré, quiero verlo- dijo rápidamente Cachavacha, temiendo perder la oportunidad de tener la mascota que tanto había buscado.

**

Ciriaco el gato se acercó al mueble donde estaba Casimiro y lo abrió violentamente.

Casimiro estaba en un rincón, todo arrolladito, como tratando de que no lo vieran y temblando como una hoja.

-Aquí lo tienes, ¿qué te parece?– dijo el gato, señalando al asustado Casimiro.

-Lindo, lindo– dijo Cachavacha acercándose a Casimiro. Estiró su huesuda mano y con su dedo nudoso hizo un rulito en el copete de Casimiro.

Los dientes de Casimiro sonaban como castañuelas. Su corazón parecía que se le iba a salir por la boca.

-¿Dónde están mis amigos? ¿Por qué no vienen?- pensaba aterrado.

Lo hicieron salir del armario y Casimiro comenzó a correr por toda la habitación tratando de esconderse detrás de las sillas y las mesas para que no lo alcanzaran. Allí se armó una gran batahola porque Casimiro no podía esconderse ya que los muebles desaparecían y aparecían en cualquier lado de la sala. El Gato se desarmaba todo, de pronto su cabeza sonriente aparecía arriba del aparador  mientras que su cola estaba debajo de la mesa y el cuerpo encima de una silla.

La bruja tropezaba con los muebles que se atravesaban en su camino, en una de las vueltas cayó aparatosamente adentro de un paragüero quedando con la nariz apretada entre las rodillas..

-¡Acame de quiiiiiiiiii! – farfullaba furiosa la bruja .

El gato tiraba del gorro de la bruja para sacarla, pero ni se movió, entonces la escoba mágica se acercó volando, empujó el paragüero y le dio tal golpe en el fondo que hizo salir disparada a Cachavacha, la que quedó colgando de la lámpara del techo.

**

En ese momento se escuchó un gran estrépito afuera de la casa y la puerta fue abierta de par en par entrando a la sala el Tucu Tucu, Chirulí el pecarí de collar, Mará el guazubirá, el Sapito Bufo,  Cachorro el zorro, Chelo el Pato maicero, Caluga la tortuga, Pirincho el carpincho, Pelillo el Zorrillo y todos los amigos del bosque.

-¡Viva, Viva, llegaron mis amigos!- gritó Casimiro con alivio.

–Te lo dije, te lo dije- le reprochó Ñacú el búho.

**

Con la escoba voladora que encontraron en la sala le dieron una paliza a la bruja hasta que le quedó el trasero como un tomate.

Al fin la bruja pudo desenredarse de las lámparas de la araña y  escapándose de los rescatistas tomó su escoba y se alejó volando toda maltrecha .

 

 

Antes de salir por la puerta manoteó de la cola al gato lo metió en un bolsillo de su vestido y se elevó perdiéndose en la noche.

-Suéltame vieja loca… déjame bajar!!!- Por un rato se escucharon los gritos del Gato.

-No te suelto, ahora vas a ser mi mascota; por tu culpa recibí una paliza y me lo tengo que cobrar- gritaba furiosa Cachavacha.

 **

Casimiro abrazó a sus amigos y antes de volver a sus casas hicieron una fiesta con las golosinas que el gato no se había comido.

Casimiro había aprendido la lección, en adelante iba a escuchar a los amigos más sabios.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado. Pero si te portas bien mañana te cuento cien!!!

 

                          **

No hay comentarios: