EL PENSAMIENTO DE
DEWEY
El PRAGMATISMO, UNA filosofía orientada a la
experienciA
John Dewey fue uno de los
principales representantes del pragmatismo estadounidense, una corriente
filosófica desarrollada también por Charles Sanders Peirce y William James.
El pragmatismo sostiene, en
términos generales, que las ideas deben examinarse en relación con la
experiencia y las consecuencias que producen. Dewey contribuyó a desarrollar
una versión propia de esta corriente, a la que también se asocia el nombre de
instrumentalismo.
Para comprender su
pensamiento, conviene recordar que Dewey no consideraba la inteligencia como
una capacidad destinada exclusivamente a contemplar verdades abstractas. La
entendía como una herramienta para afrontar situaciones problemáticas y mejorar
la relación de las personas con su entorno.
¿Cómo funciona el pensamiento
según Dewey?
Imaginemos que un grupo de
alumnos descubre que las plantas del jardín escolar están creciendo mal.
Una enseñanza exclusivamente
memorística podría pedirles que repitieran las partes de una planta y sus
necesidades básicas. Dewey propondría aprovechar el problema para desarrollar
una investigación.
1. Observar el problema
Los alumnos examinan las
plantas y describen lo que sucede.
2. Formular hipótesis
Consideran si falta agua, si
reciben poca luz o si el suelo presenta algún problema.
3. Investigar y experimentar
Comparan las condiciones de
crecimiento, reúnen información y ponen a prueba posibles explicaciones.
4. Evaluar los resultados
Analizan lo sucedido, revisan
sus hipótesis y explican qué han aprendido.
Este ejemplo ilustra el método
de investigación que Dewey defendía: una dificultad despierta la reflexión, la
reflexión orienta la búsqueda de soluciones y los resultados permiten revisar
las ideas iniciales.
No significa que toda
actividad práctica produzca automáticamente conocimiento. Para Dewey, la
experiencia debe acompañarse de reflexión, investigación y evaluación de sus
consecuencias.
Su revolución pedagógica: aprender haciendo
La expresión inglesa learning
by doing, habitualmente traducida como «aprender haciendo», resume uno de los
aspectos más conocidos de su pensamiento educativo.
Sin embargo, es importante
comprenderla correctamente. Dewey no proponía sustituir todos los libros por
actividades manuales ni eliminar los conocimientos académicos. Tampoco afirmaba
que los alumnos debieran aprender sin profesores.
Su planteamiento era más
profundo: el aprendizaje resulta más significativo cuando el conocimiento se
relaciona con la experiencia, los problemas y las preguntas del estudiante.
El niño como protagonista del
aprendizaje
En la escuela tradicional de
su época, era frecuente que el profesor ocupara el centro de la actividad,
mientras que los alumnos debían escuchar, memorizar y reproducir lo aprendido.
Dewey cuestionó esa
organización cuando convertía al estudiante en un receptor pasivo. Consideraba
que los niños poseen curiosidad, impulsos de exploración y deseos de comprender
el mundo que pueden convertirse en fuerzas educativas.
El docente debía aprovechar
esas disposiciones, pero también orientarlas para que evolucionaran hacia
formas de pensamiento más elaboradas.
Por ejemplo, el interés
espontáneo por los animales podía dar lugar al estudio de la biología, la
clasificación científica, los ecosistemas y las relaciones entre los seres
vivos.
La función del maestro
consistía en conectar ese interés inicial con conocimientos sistemáticos, sin
sofocar la curiosidad que había dado origen al aprendizaje.
La importancia del currículo
Dewey tampoco defendía que la
enseñanza dependiera únicamente de los intereses inmediatos de los niños. Sabía
que las disciplinas escolares reúnen conocimientos acumulados durante
generaciones y que esos conocimientos permiten comprender aspectos del mundo
que no se descubren espontáneamente.
El desafío pedagógico era
encontrar una relación fecunda entre dos elementos:
- La experiencia presente del estudiante,
con sus preguntas, necesidades e intereses.
- Los conocimientos organizados de las
ciencias, la historia, la literatura y las demás disciplinas.
Cuando ambos elementos se
conectan, el currículo deja de ser una lista de contenidos que deben
memorizarse y se convierte en una herramienta para ampliar la comprensión.
La escuela como una pequeña
sociedad
Para Dewey, la escuela debía ser
también un espacio de convivencia democrática.
Los alumnos necesitaban
oportunidades para colaborar, discutir problemas comunes, escuchar opiniones
diferentes y participar en tareas compartidas. De ese modo, podían aprender
formas de responsabilidad que serían importantes en la vida adulta.
La democracia no se enseñaba
solamente mediante una lección sobre las instituciones políticas. También debía
practicarse en las relaciones cotidianas.
Una clase en la que los
estudiantes investigan juntos, explican sus decisiones y aprenden a resolver
desacuerdos ofrece oportunidades para desarrollar capacidades democráticas.
Esta propuesta sigue siendo
relevante en debates actuales sobre el aprendizaje cooperativo, la educación
ciudadana, la resolución de problemas y el pensamiento crítico.
12. Democracia, ética y
responsabilidad social
La democracia ocupó un lugar
central en la obra de Dewey. Para él, no bastaba con establecer constituciones,
organizar elecciones o reconocer derechos formales.
Una sociedad democrática
necesitaba ciudadanos capaces de comprender los problemas colectivos y
participar en su solución.
Esta concepción se relaciona
directamente con su filosofía de la educación: si las personas no tienen
oportunidades de desarrollar su pensamiento, acceder a conocimientos y expresar
sus opiniones, su participación política puede quedar reducida a una
formalidad.
La educación como condición de
libertad
Dewey consideraba que la
libertad no consistía simplemente en hacer lo que uno desea. También requería
desarrollar la capacidad de comprender las circunstancias, valorar alternativas
y actuar teniendo en cuenta las consecuencias.
Desde esta perspectiva, educar
para la libertad significa ayudar a las personas a tomar decisiones razonadas,
comprender otros puntos de vista y revisar sus opiniones cuando aparecen
mejores argumentos.
La escuela democrática debía
evitar tanto el autoritarismo como la ausencia de orientación. La participación
no eliminaba la responsabilidad del docente: exigía una autoridad educativa
capaz de organizar experiencias significativas y favorecer el desarrollo
intelectual.
El valor de la comunicación
Dewey entendía la comunicación
como una condición fundamental de la vida colectiva. Las personas construyen
significados compartidos mediante el intercambio de experiencias, y una
comunidad democrática necesita canales para discutir sus problemas.
Por eso concedía tanta
importancia a la educación, la prensa, el debate público y la circulación de
información.
También advertía que las
sociedades modernas podían producir situaciones en las que las decisiones de
unos pocos afectaran a grandes grupos de personas sin que estas comprendieran
plenamente lo que estaba ocurriendo.
Su reflexión conserva interés
en una época en la que la información circula rápidamente y los ciudadanos
necesitan evaluar fuentes, distinguir hechos de opiniones y comprender las
consecuencias sociales de las decisiones tecnológicas y políticas.
Conclusión: el hombre que
quiso unir pensamiento y vida
John Dewey fue mucho más que
un pedagogo que recomendaba actividades prácticas en el aula. Fue un filósofo
que intentó comprender cómo las personas adquieren conocimientos, forman
hábitos, construyen comunidades y participan en la transformación de su
sociedad.
Su experiencia como maestro le
permitió conocer las dificultades de la enseñanza; sus estudios filosóficos le
proporcionaron instrumentos para analizar el pensamiento; su trabajo en Chicago
le ofreció la posibilidad de experimentar con nuevas formas de organización
escolar; y su trayectoria pública lo llevó a relacionar la educación con la
libertad, la justicia y la democracia.
La gran originalidad de Dewey
consistió en comprender que estas cuestiones no podían separarse por completo.
La forma en que una escuela organiza el aprendizaje influye en cómo sus
estudiantes se relacionan con los demás. La manera en que una sociedad
distribuye el conocimiento condiciona la participación de sus ciudadanos. Y la
capacidad de revisar las propias ideas resulta esencial tanto para el
aprendizaje como para la convivencia democrática.
Su propuesta no fue una
fórmula sencilla ni una solución universal. Fue una invitación a observar,
investigar, experimentar y corregir los errores.
En el fondo, toda su filosofía
puede resumirse en una convicción: el conocimiento adquiere su verdadero valor
cuando ayuda a las personas a comprender mejor el mundo, actuar con
inteligencia y construir una vida compartida más libre y responsable.
Esa es la razón por la que
John Dewey continúa ocupando un lugar fundamental en la historia de la
filosofía y de la educación. Su obra nos recuerda que enseñar no consiste
únicamente en transmitir lo que ya sabemos, sino también en desarrollar la
capacidad de pensar, aprender y afrontar juntos los desafíos que todavía no
conocemos.
La vigencia del pensamiento de John Dewey en la
educación actual
Managing AI Proliferation while Mitigating Student
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Bright Academy | Dyslexia School in Alabama
John Dewey (1859-1952) continúa siendo uno de los pensadores más relevantes para comprender los desafíos de la educación contemporánea. Aunque desarrolló sus principales teorías hace más de un siglo, muchas de sus preguntas siguen siendo fundamentales: ¿cómo conseguir que los alumnos aprendan de verdad?, ¿cómo enseñar a pensar y no solamente a recordar?, ¿qué papel debe desempeñar el docente?, ¿cómo preparar a los jóvenes para vivir en una sociedad democrática y en constante transformación?
La vigencia de Dewey reside en
que no concibió la educación como una simple transmisión de conocimientos, sino
como una experiencia de aprendizaje, reflexión, participación y crecimiento
personal y social.
Sus ideas dialogan con
propuestas actuales como el aprendizaje basado en proyectos, la resolución de
problemas, el trabajo cooperativo, el pensamiento crítico y la educación para
la ciudadanía. También ofrecen herramientas para reflexionar sobre los desafíos
de la inteligencia artificial, la desinformación y la convivencia en sociedades
diversas. La investigación educativa contemporánea continúa reconociendo la
importancia de relacionar la experiencia, la reflexión y la participación del
alumnado.
1. Aprender haciendo: una idea
que sigue transformando las aulas
Bright Academy | Dyslexia School in Alabama
Dewey cuestionó una enseñanza
en la que los estudiantes debían escuchar, memorizar y repetir información sin
comprender siempre su significado o su utilidad.
En la educación actual, su
planteamiento se refleja en las actividades que permiten investigar,
experimentar, construir, comparar, formular hipótesis y resolver problemas. El
alumno aprende mediante la acción, pero también mediante la reflexión sobre lo
que hace.
Pensemos en una clase que
estudia el agua. En lugar de limitarse a copiar definiciones sobre el ciclo
hidrológico, los alumnos pueden investigar el consumo de agua de su centro
educativo, analizar cómo se utiliza, representar los datos y proponer medidas
de ahorro.
En esa actividad intervienen
las ciencias, las matemáticas, la comunicación y la responsabilidad ambiental.
Los conocimientos dejan de aparecer como contenidos aislados y se convierten en
instrumentos para comprender una situación real.
Esta es una aplicación
genuinamente deweyana: partir de una experiencia significativa para construir
conocimientos más complejos.
Una aclaración importante:
Dewey no proponía eliminar los libros, las explicaciones del docente ni el
estudio sistemático. Defendía que esos recursos debían integrarse en
experiencias que ayudaran a comprender, investigar y pensar.
2. El alumno como protagonista
de su aprendizaje
Bright Academy | Dyslexia School in Alabama- structural-learning.com
Para Dewey, el estudiante no
debía ser un recipiente vacío que el profesor llenaba de información. Era una
persona con experiencias, intereses, preguntas y capacidades que podían
desarrollarse mediante una enseñanza bien organizada.
Esta concepción se relaciona
con los enfoques actuales que buscan promover la autonomía y la participación
del alumnado.
En la práctica, significa
ofrecer oportunidades para que los estudiantes:
- Formulen preguntas y expresen sus dudas.
- Relacionen los nuevos conocimientos con lo
que ya saben.
- Participen en decisiones adecuadas a su
edad.
- Aprendan a reconocer errores y revisar sus
explicaciones.
- Expliquen cómo llegaron a una conclusión.
- Desarrollen progresivamente la capacidad
de aprender por sí mismos.
Sin embargo, colocar al alumno
en el centro no significa dejarlo solo ni permitir que decida todo. El docente
sigue siendo esencial para seleccionar los contenidos, orientar la
investigación, ofrecer explicaciones, corregir errores y garantizar que todos
tengan oportunidades de aprender.
La aportación de Dewey
consiste en transformar la relación pedagógica: el profesor deja de ser
únicamente un transmisor y se convierte también en un organizador de
experiencias educativas.
3. El docente como guía,
investigador y profesional reflexivo
Una de las interpretaciones
equivocadas de la pedagogía activa consiste en creer que el maestro debe
intervenir lo menos posible. Dewey nunca sostuvo que cualquier actividad
espontánea produjera aprendizaje.
El docente necesita conocer su
disciplina, comprender las características de sus alumnos y diseñar situaciones
que les permitan avanzar desde sus conocimientos iniciales hacia otros más
elaborados.
Su tarea implica observar,
formular hipótesis sobre las dificultades de aprendizaje, ensayar estrategias,
evaluar los resultados y modificar sus propuestas cuando sea necesario.
Esta perspectiva mantiene una
gran actualidad: enseñar también exige investigar la propia práctica.
Por ejemplo, si una clase
obtiene resultados bajos en un tema de matemáticas, no basta con repetir la
explicación exactamente de la misma manera. El docente puede analizar qué
conceptos no se comprendieron, identificar errores comunes, emplear
representaciones diferentes y comprobar si la nueva estrategia mejora la
comprensión.
La evaluación, desde esta
perspectiva, no sirve solamente para asignar una calificación. También
proporciona información para mejorar la enseñanza.
La OCDE ha destacado
igualmente la importancia de apoyar a los docentes para que desarrollen
prácticas pedagógicas capaces de fomentar el pensamiento crítico, la
creatividad y la resolución de problemas.
4. Aprender a pensar
críticamente en la era digital
La sociedad en la que vivió Dewey era muy diferente de la actual. No existían Internet, las redes sociales ni la inteligencia artificial generativa. Sin embargo, su concepción del pensamiento reflexivo ofrece herramientas valiosas para afrontar estos cambios.
Hoy los estudiantes pueden
acceder en segundos a una cantidad enorme de información. El desafío ya no
consiste solamente en encontrar datos, sino en determinar si son fiables,
comprenderlos y utilizarlos responsablemente.
El pensamiento de Dewey invita
a enseñar a los alumnos a:
- Distinguir entre hechos, opiniones e
interpretaciones.
- Contrastar información y comprobar sus
fuentes.
- Reconocer prejuicios y errores de
razonamiento.
- Formular preguntas antes de aceptar una
respuesta.
- Examinar las consecuencias de las
decisiones.
- Revisar sus propias ideas cuando aparecen
evidencias nuevas.
Estas capacidades son
especialmente importantes frente a la desinformación y al uso de herramientas
de inteligencia artificial.
Por ejemplo, si un estudiante
utiliza una herramienta de IA para preparar un trabajo, una educación inspirada
en Dewey no se limitaría a valorar el texto producido. También le pediría
comprobar las afirmaciones, contrastarlas con fuentes fiables, identificar
posibles errores y explicar qué comprendió del tema.
La herramienta tecnológica
puede ayudar, pero no sustituye el juicio del estudiante.
Esta conexión entre autonomía,
alfabetización digital y pensamiento crítico coincide con preocupaciones educativas
actuales de la OCDE.
5. La democracia se aprende
practicándola
Centro Escolar Protestante Muldental: Cómo la democracia, la educación y la codeterminación moldean la vida escolar cotidiana | nadr.de
Esta es, posiblemente, una de
las dimensiones más profundas y actuales del pensamiento de Dewey.
En Democracy and Education
(1916), sostuvo que la democracia no debía entenderse únicamente como un sistema
político. También era una forma de vida compartida, basada en la comunicación,
la cooperación y el intercambio de experiencias.
Desde esta perspectiva, una
escuela no educa verdaderamente para la democracia si se limita a explicar qué
son las elecciones, las leyes o los derechos humanos, pero no permite que sus
estudiantes aprendan a escuchar, deliberar y participar.
La educación democrática
necesita espacios en los que los alumnos puedan expresar sus opiniones,
escuchar argumentos diferentes, resolver desacuerdos y asumir
responsabilidades.
¿Cómo se aplica en la escuela
actual?
Una clase puede organizar una
asamblea para decidir cómo mejorar la convivencia, elaborar acuerdos para el
uso de los espacios comunes o debatir distintas soluciones para un problema
ambiental.
En estas actividades, los
estudiantes aprenden que participar no significa imponer su voluntad. Significa
argumentar, escuchar, considerar otras perspectivas y aceptar acuerdos
razonados.
La democracia también exige
reconocer que todas las personas tienen dignidad y derechos, incluso cuando sus
opiniones son diferentes.
Un informe de la UNESCO
publicado en 2026 vuelve sobre esta relación entre educación y democracia:
destaca que el conocimiento cívico debe acompañarse de oportunidades reales
para debatir, participar y desarrollar pensamiento crítico.
Por eso, la escuela
democrática no es solamente aquella que habla de democracia, sino aquella que
procura practicarla en sus relaciones cotidianas.
6. La educación debe
relacionarse con la vida real
Dewey consideraba que los
conocimientos escolares debían ayudar a comprender el mundo y actuar en él.
Esta idea se relaciona con los enfoques interdisciplinarios y con el
aprendizaje basado en problemas.
En lugar de enseñar cada
asignatura como un compartimento aislado, es posible conectar las disciplinas
mediante situaciones que despierten preguntas y requieran distintos
conocimientos.
Un proyecto inspirado en Dewey
Tema: mejorar el entorno de la
escuela
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1. Ciencias
naturales: investigar las plantas autóctonas y la biodiversidad.
2. Matemáticas:
medir el espacio, calcular superficies y organizar datos.
3. Lengua:
redactar propuestas, elaborar informes y presentar argumentos.
4. Historia
y ciencias sociales: estudiar la transformación del barrio y sus necesidades.
5. Educación
ciudadana: debatir propuestas, distribuir responsabilidades y evaluar
resultados.
El proyecto permite aprender
contenidos curriculares mientras se aborda una situación concreta y se trabaja
con otras personas.
La actividad no sustituye los
objetivos de cada asignatura. Los articula alrededor de una experiencia que les
proporciona sentido.
Esta es una de las grandes
aportaciones de Dewey: mostrar que la relación entre escuela y sociedad puede
enriquecer el aprendizaje académico y, al mismo tiempo, desarrollar
responsabilidad y capacidad de cooperación.
7. Inclusión y atención a la
diversidad
Otro aspecto de su pensamiento
que conserva interés es la importancia de conocer al estudiante y su relación
con el entorno.
Los alumnos no aprenden todos
de la misma manera, al mismo ritmo ni a partir de las mismas experiencias. Por
eso, una enseñanza eficaz necesita reconocer las diferencias individuales sin
renunciar a objetivos educativos exigentes.
Una educación inspirada en
Dewey puede ofrecer distintas maneras de explorar un tema, explicar lo
aprendido y participar en una actividad, siempre que se mantengan claros los
objetivos y los conocimientos que deben alcanzarse.
Por ejemplo, en un proyecto
sobre los animales, unos alumnos pueden comenzar con la observación directa,
otros con la lectura de textos científicos y otros mediante esquemas, imágenes
o preguntas guiadas. Después, todos pueden trabajar para construir una
comprensión común del tema.
La diversidad no debe
convertirse en motivo de exclusión, pero tampoco debe llevar a suponer que cada
estudiante solamente puede aprender aquello que ya le interesa o le resulta
fácil.
La tarea educativa consiste en
partir de las capacidades y experiencias de cada persona para ayudarla a
avanzar.
Este planteamiento se
relaciona con los debates actuales sobre participación infantil, autonomía,
bienestar y equidad educativa.
8. ¿Qué límites tiene la
aplicación del pensamiento de Dewey?
Reconocer su vigencia no
significa considerar que todas sus propuestas puedan aplicarse de manera
idéntica en cualquier escuela.
Su filosofía necesita
interpretarse a la luz de los conocimientos actuales sobre aprendizaje, de los
objetivos curriculares y de las condiciones reales de cada centro educativo.
|
Dificultad actual |
Qué aporta Dewey |
|
Exceso de memorización sin
comprensión |
Relacionar los contenidos
con preguntas, experiencias y problemas. |
|
Programas extensos y poco
tiempo |
Diseñar experiencias que
integren contenidos sin perder los objetivos esenciales. |
|
Diferencias entre los
estudiantes |
Partir de sus experiencias y
ofrecer apoyos para que todos progresen. |
|
Uso superficial de la
tecnología |
Promover la investigación,
la comprobación y la reflexión crítica. |
|
Falta de participación del alumnado |
Incorporar oportunidades
reales de diálogo y responsabilidad. |
|
Actividades entretenidas pero poco formativas |
Exigir reflexión,
conocimientos, evaluación y comprensión de los resultados. |
Hay además una advertencia
fundamental: no toda experiencia es educativa y no todo aprendizaje activo es
necesariamente eficaz.
Un proyecto puede resultar
atractivo y, sin embargo, dejar lagunas importantes si carece de objetivos
claros, orientación docente o una evaluación adecuada. Del mismo modo, una
explicación del profesor puede ser indispensable para que los alumnos
comprendan conceptos complejos.
La cuestión no es elegir entre
enseñanza tradicional y enseñanza activa como si fueran opciones absolutamente
incompatibles. Es encontrar una combinación fundamentada que permita adquirir
conocimientos sólidos y aprender a utilizarlos.
El propio Dewey examinó este
problema en Experience and Education (1938), donde advirtió contra las
interpretaciones simplistas de la educación progresista.
9. La vigencia de Dewey en la
educación uruguaya
Las ideas de Dewey pueden
servir también para reflexionar sobre los desafíos de la escuela uruguaya, sin
suponer que sus propuestas deban trasladarse de forma automática.
En Uruguay, su pensamiento
ofrece un marco útil para analizar cuestiones como la participación
estudiantil, la convivencia, la formación ciudadana, la relación entre los
aprendizajes y el entorno y el desarrollo del pensamiento crítico.
Algunas posibilidades
concretas son:
- En Educación Inicial y Primaria: explorar
el entorno, investigar fenómenos naturales, desarrollar proyectos y
aprender mediante el juego con intención pedagógica.
- En Educación Media: abordar problemas
interdisciplinarios, analizar fuentes, argumentar y resolver situaciones
que requieren aplicar conocimientos de distintas asignaturas.
- En la convivencia escolar: crear espacios
de diálogo, participación estudiantil y construcción colectiva de
acuerdos.
- En la formación docente: reflexionar sobre
las prácticas, analizar evidencias del aprendizaje y compartir estrategias
que permitan mejorar la enseñanza.
- En la ciudadanía digital: investigar
información, reconocer contenidos engañosos y comprender las consecuencias
sociales del uso de tecnologías.
Estas propuestas deben
acompañarse de una enseñanza rigurosa de la lectura, la escritura, las
matemáticas, las ciencias y los demás conocimientos fundamentales.
Dewey no invita a disminuir
las exigencias académicas, sino a preguntarse cómo conseguir que los
estudiantes comprendan lo que aprenden y puedan utilizarlo de forma autónoma y
responsable.
10. Una reflexión final: ¿por
qué necesitamos a Dewey en el siglo XXI?
Más de un siglo después de la
publicación de Democracy and Education, la pregunta fundamental de Dewey
continúa abierta: ¿qué educación necesita una sociedad que cambia
constantemente?
La respuesta no puede
limitarse a preparar estudiantes para superar pruebas ni a proporcionarles
información que pronto podría quedar desactualizada. También debe ayudarlos a
comprender, investigar, colaborar, tomar decisiones y afrontar situaciones
nuevas.
La educación contemporánea
necesita transmitir conocimientos científicos, históricos, literarios y
matemáticos sólidos. Pero necesita, además, formar personas capaces de
relacionar esos conocimientos con los problemas de su tiempo.
Dewey nos recuerda que la
inteligencia se desarrolla cuando se ejercita, que los errores pueden
convertirse en oportunidades de aprendizaje cuando se analizan y que la
convivencia democrática requiere práctica, no solamente discursos.
Su pensamiento también plantea
una exigencia a los docentes y a las instituciones: no basta con pedir a los
alumnos que sean críticos, autónomos y responsables. Es necesario ofrecerles
experiencias en las que puedan desarrollar esas capacidades.
En definitiva, la vigencia de
Dewey no consiste en repetir literalmente sus métodos, sino en mantener vivas
las preguntas que orientaron su obra.
Su gran enseñanza para la educación actual podría expresarse así: enseñar no es conseguir que los alumnos reproduzcan respuestas, sino ayudarlos a desarrollar los conocimientos, la inteligencia y la responsabilidad necesarios para formular buenas preguntas, buscar respuestas fundamentadas y participar en la construcción de una sociedad mejor.
FUENTES
https://theeducationhub.org.nz/deweys-educational-philosophy/
https://cdn.educ.ar/dinamico/UnidadHtml__get__d400a747-7a08-11e1-82f6-ed15e3c494af/index.html
https://dialektika.org/educacion-pensamiento-reflexivo-teoria-john-dewey/
https://www.cuerpomente.com/psicologia/frase-dia-john-dewey-apreder_20422
https://iep.utm.edu/john-dewey/
Democracy and Education — para comprender la relación entre educación y democracia.
Experience and Education — para analizar las posibilidades y los límites del aprendizaje basado en la experiencia.
How We Think — para estudiar cómo se desarrolla la reflexión y cómo puede promoverse desde la enseñanza.








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