Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

martes, 20 de octubre de 2026

20 DE OCTUBRE DE 1859 NACÍA JOHN DEWEY- SU PENSAMIENTO

  EL PENSAMIENTO DE

 DEWEY




El PRAGMATISMO, UNA filosofía orientada a la experienciA

 

John Dewey fue uno de los principales representantes del pragmatismo estadounidense, una corriente filosófica desarrollada también por Charles Sanders Peirce y William James.

El pragmatismo sostiene, en términos generales, que las ideas deben examinarse en relación con la experiencia y las consecuencias que producen. Dewey contribuyó a desarrollar una versión propia de esta corriente, a la que también se asocia el nombre de instrumentalismo.

Para comprender su pensamiento, conviene recordar que Dewey no consideraba la inteligencia como una capacidad destinada exclusivamente a contemplar verdades abstractas. La entendía como una herramienta para afrontar situaciones problemáticas y mejorar la relación de las personas con su entorno.

¿Cómo funciona el pensamiento según Dewey?

Imaginemos que un grupo de alumnos descubre que las plantas del jardín escolar están creciendo mal.

Una enseñanza exclusivamente memorística podría pedirles que repitieran las partes de una planta y sus necesidades básicas. Dewey propondría aprovechar el problema para desarrollar una investigación.

1. Observar el problema

Los alumnos examinan las plantas y describen lo que sucede.

2. Formular hipótesis

Consideran si falta agua, si reciben poca luz o si el suelo presenta algún problema.

3. Investigar y experimentar

Comparan las condiciones de crecimiento, reúnen información y ponen a prueba posibles explicaciones.

4. Evaluar los resultados

Analizan lo sucedido, revisan sus hipótesis y explican qué han aprendido.

Este ejemplo ilustra el método de investigación que Dewey defendía: una dificultad despierta la reflexión, la reflexión orienta la búsqueda de soluciones y los resultados permiten revisar las ideas iniciales.

No significa que toda actividad práctica produzca automáticamente conocimiento. Para Dewey, la experiencia debe acompañarse de reflexión, investigación y evaluación de sus consecuencias.

 

Su revolución pedagógica: aprender haciendo

 

La expresión inglesa learning by doing, habitualmente traducida como «aprender haciendo», resume uno de los aspectos más conocidos de su pensamiento educativo.

Sin embargo, es importante comprenderla correctamente. Dewey no proponía sustituir todos los libros por actividades manuales ni eliminar los conocimientos académicos. Tampoco afirmaba que los alumnos debieran aprender sin profesores.

Su planteamiento era más profundo: el aprendizaje resulta más significativo cuando el conocimiento se relaciona con la experiencia, los problemas y las preguntas del estudiante.

 

El niño como protagonista del aprendizaje

En la escuela tradicional de su época, era frecuente que el profesor ocupara el centro de la actividad, mientras que los alumnos debían escuchar, memorizar y reproducir lo aprendido.

Dewey cuestionó esa organización cuando convertía al estudiante en un receptor pasivo. Consideraba que los niños poseen curiosidad, impulsos de exploración y deseos de comprender el mundo que pueden convertirse en fuerzas educativas.

El docente debía aprovechar esas disposiciones, pero también orientarlas para que evolucionaran hacia formas de pensamiento más elaboradas.

Por ejemplo, el interés espontáneo por los animales podía dar lugar al estudio de la biología, la clasificación científica, los ecosistemas y las relaciones entre los seres vivos.

La función del maestro consistía en conectar ese interés inicial con conocimientos sistemáticos, sin sofocar la curiosidad que había dado origen al aprendizaje.

 

La importancia del currículo

Dewey tampoco defendía que la enseñanza dependiera únicamente de los intereses inmediatos de los niños. Sabía que las disciplinas escolares reúnen conocimientos acumulados durante generaciones y que esos conocimientos permiten comprender aspectos del mundo que no se descubren espontáneamente.

El desafío pedagógico era encontrar una relación fecunda entre dos elementos:

  • La experiencia presente del estudiante, con sus preguntas, necesidades e intereses.
  • Los conocimientos organizados de las ciencias, la historia, la literatura y las demás disciplinas.

Cuando ambos elementos se conectan, el currículo deja de ser una lista de contenidos que deben memorizarse y se convierte en una herramienta para ampliar la comprensión.

 

La escuela como una pequeña sociedad

Para Dewey, la escuela debía ser también un espacio de convivencia democrática.

Los alumnos necesitaban oportunidades para colaborar, discutir problemas comunes, escuchar opiniones diferentes y participar en tareas compartidas. De ese modo, podían aprender formas de responsabilidad que serían importantes en la vida adulta.

La democracia no se enseñaba solamente mediante una lección sobre las instituciones políticas. También debía practicarse en las relaciones cotidianas.

Una clase en la que los estudiantes investigan juntos, explican sus decisiones y aprenden a resolver desacuerdos ofrece oportunidades para desarrollar capacidades democráticas.

Esta propuesta sigue siendo relevante en debates actuales sobre el aprendizaje cooperativo, la educación ciudadana, la resolución de problemas y el pensamiento crítico.

 

12. Democracia, ética y responsabilidad social

La democracia ocupó un lugar central en la obra de Dewey. Para él, no bastaba con establecer constituciones, organizar elecciones o reconocer derechos formales.

Una sociedad democrática necesitaba ciudadanos capaces de comprender los problemas colectivos y participar en su solución.

Esta concepción se relaciona directamente con su filosofía de la educación: si las personas no tienen oportunidades de desarrollar su pensamiento, acceder a conocimientos y expresar sus opiniones, su participación política puede quedar reducida a una formalidad.

 

La educación como condición de libertad

Dewey consideraba que la libertad no consistía simplemente en hacer lo que uno desea. También requería desarrollar la capacidad de comprender las circunstancias, valorar alternativas y actuar teniendo en cuenta las consecuencias.

Desde esta perspectiva, educar para la libertad significa ayudar a las personas a tomar decisiones razonadas, comprender otros puntos de vista y revisar sus opiniones cuando aparecen mejores argumentos.

La escuela democrática debía evitar tanto el autoritarismo como la ausencia de orientación. La participación no eliminaba la responsabilidad del docente: exigía una autoridad educativa capaz de organizar experiencias significativas y favorecer el desarrollo intelectual.

 

El valor de la comunicación

Dewey entendía la comunicación como una condición fundamental de la vida colectiva. Las personas construyen significados compartidos mediante el intercambio de experiencias, y una comunidad democrática necesita canales para discutir sus problemas.

Por eso concedía tanta importancia a la educación, la prensa, el debate público y la circulación de información.

También advertía que las sociedades modernas podían producir situaciones en las que las decisiones de unos pocos afectaran a grandes grupos de personas sin que estas comprendieran plenamente lo que estaba ocurriendo.

Su reflexión conserva interés en una época en la que la información circula rápidamente y los ciudadanos necesitan evaluar fuentes, distinguir hechos de opiniones y comprender las consecuencias sociales de las decisiones tecnológicas y políticas.

Conclusión: el hombre que quiso unir pensamiento y vida

John Dewey fue mucho más que un pedagogo que recomendaba actividades prácticas en el aula. Fue un filósofo que intentó comprender cómo las personas adquieren conocimientos, forman hábitos, construyen comunidades y participan en la transformación de su sociedad.

Su experiencia como maestro le permitió conocer las dificultades de la enseñanza; sus estudios filosóficos le proporcionaron instrumentos para analizar el pensamiento; su trabajo en Chicago le ofreció la posibilidad de experimentar con nuevas formas de organización escolar; y su trayectoria pública lo llevó a relacionar la educación con la libertad, la justicia y la democracia.

La gran originalidad de Dewey consistió en comprender que estas cuestiones no podían separarse por completo. La forma en que una escuela organiza el aprendizaje influye en cómo sus estudiantes se relacionan con los demás. La manera en que una sociedad distribuye el conocimiento condiciona la participación de sus ciudadanos. Y la capacidad de revisar las propias ideas resulta esencial tanto para el aprendizaje como para la convivencia democrática.

Su propuesta no fue una fórmula sencilla ni una solución universal. Fue una invitación a observar, investigar, experimentar y corregir los errores.

En el fondo, toda su filosofía puede resumirse en una convicción: el conocimiento adquiere su verdadero valor cuando ayuda a las personas a comprender mejor el mundo, actuar con inteligencia y construir una vida compartida más libre y responsable.

Esa es la razón por la que John Dewey continúa ocupando un lugar fundamental en la historia de la filosofía y de la educación. Su obra nos recuerda que enseñar no consiste únicamente en transmitir lo que ya sabemos, sino también en desarrollar la capacidad de pensar, aprender y afrontar juntos los desafíos que todavía no conocemos.


La vigencia del pensamiento de John Dewey en la educación actual

 


Managing AI Proliferation while Mitigating Student Privacy Risks: A Tech Director’s Action Plan


Bright Academy | Dyslexia School in Alabama


John Dewey (1859-1952) continúa siendo uno de los pensadores más relevantes para comprender los desafíos de la educación contemporánea. Aunque desarrolló sus principales teorías hace más de un siglo, muchas de sus preguntas siguen siendo fundamentales: ¿cómo conseguir que los alumnos aprendan de verdad?, ¿cómo enseñar a pensar y no solamente a recordar?, ¿qué papel debe desempeñar el docente?, ¿cómo preparar a los jóvenes para vivir en una sociedad democrática y en constante transformación?

La vigencia de Dewey reside en que no concibió la educación como una simple transmisión de conocimientos, sino como una experiencia de aprendizaje, reflexión, participación y crecimiento personal y social.

Sus ideas dialogan con propuestas actuales como el aprendizaje basado en proyectos, la resolución de problemas, el trabajo cooperativo, el pensamiento crítico y la educación para la ciudadanía. También ofrecen herramientas para reflexionar sobre los desafíos de la inteligencia artificial, la desinformación y la convivencia en sociedades diversas. La investigación educativa contemporánea continúa reconociendo la importancia de relacionar la experiencia, la reflexión y la participación del alumnado.


1. Aprender haciendo: una idea que sigue transformando las aulas


Bright Academy | Dyslexia School in Alabama

 

De la memorización a la comprensión

Dewey cuestionó una enseñanza en la que los estudiantes debían escuchar, memorizar y repetir información sin comprender siempre su significado o su utilidad.

En la educación actual, su planteamiento se refleja en las actividades que permiten investigar, experimentar, construir, comparar, formular hipótesis y resolver problemas. El alumno aprende mediante la acción, pero también mediante la reflexión sobre lo que hace.

Pensemos en una clase que estudia el agua. En lugar de limitarse a copiar definiciones sobre el ciclo hidrológico, los alumnos pueden investigar el consumo de agua de su centro educativo, analizar cómo se utiliza, representar los datos y proponer medidas de ahorro.

En esa actividad intervienen las ciencias, las matemáticas, la comunicación y la responsabilidad ambiental. Los conocimientos dejan de aparecer como contenidos aislados y se convierten en instrumentos para comprender una situación real.

Esta es una aplicación genuinamente deweyana: partir de una experiencia significativa para construir conocimientos más complejos.

Una aclaración importante: Dewey no proponía eliminar los libros, las explicaciones del docente ni el estudio sistemático. Defendía que esos recursos debían integrarse en experiencias que ayudaran a comprender, investigar y pensar.


2. El alumno como protagonista de su aprendizaje



Bright Academy | Dyslexia School in Alabama- structural-learning.com

Para Dewey, el estudiante no debía ser un recipiente vacío que el profesor llenaba de información. Era una persona con experiencias, intereses, preguntas y capacidades que podían desarrollarse mediante una enseñanza bien organizada.

Esta concepción se relaciona con los enfoques actuales que buscan promover la autonomía y la participación del alumnado.

En la práctica, significa ofrecer oportunidades para que los estudiantes:

  • Formulen preguntas y expresen sus dudas.
  • Relacionen los nuevos conocimientos con lo que ya saben.
  • Participen en decisiones adecuadas a su edad.
  • Aprendan a reconocer errores y revisar sus explicaciones.
  • Expliquen cómo llegaron a una conclusión.
  • Desarrollen progresivamente la capacidad de aprender por sí mismos.

Sin embargo, colocar al alumno en el centro no significa dejarlo solo ni permitir que decida todo. El docente sigue siendo esencial para seleccionar los contenidos, orientar la investigación, ofrecer explicaciones, corregir errores y garantizar que todos tengan oportunidades de aprender.

La aportación de Dewey consiste en transformar la relación pedagógica: el profesor deja de ser únicamente un transmisor y se convierte también en un organizador de experiencias educativas.

3. El docente como guía, investigador y profesional reflexivo

Una de las interpretaciones equivocadas de la pedagogía activa consiste en creer que el maestro debe intervenir lo menos posible. Dewey nunca sostuvo que cualquier actividad espontánea produjera aprendizaje.

El docente necesita conocer su disciplina, comprender las características de sus alumnos y diseñar situaciones que les permitan avanzar desde sus conocimientos iniciales hacia otros más elaborados.

Su tarea implica observar, formular hipótesis sobre las dificultades de aprendizaje, ensayar estrategias, evaluar los resultados y modificar sus propuestas cuando sea necesario.

Esta perspectiva mantiene una gran actualidad: enseñar también exige investigar la propia práctica.

Por ejemplo, si una clase obtiene resultados bajos en un tema de matemáticas, no basta con repetir la explicación exactamente de la misma manera. El docente puede analizar qué conceptos no se comprendieron, identificar errores comunes, emplear representaciones diferentes y comprobar si la nueva estrategia mejora la comprensión.

La evaluación, desde esta perspectiva, no sirve solamente para asignar una calificación. También proporciona información para mejorar la enseñanza.

La OCDE ha destacado igualmente la importancia de apoyar a los docentes para que desarrollen prácticas pedagógicas capaces de fomentar el pensamiento crítico, la creatividad y la resolución de problemas.


4. Aprender a pensar críticamente en la era digital



La sociedad en la que vivió Dewey era muy diferente de la actual. No existían Internet, las redes sociales ni la inteligencia artificial generativa. Sin embargo, su concepción del pensamiento reflexivo ofrece herramientas valiosas para afrontar estos cambios.

Hoy los estudiantes pueden acceder en segundos a una cantidad enorme de información. El desafío ya no consiste solamente en encontrar datos, sino en determinar si son fiables, comprenderlos y utilizarlos responsablemente.

El pensamiento de Dewey invita a enseñar a los alumnos a:

  • Distinguir entre hechos, opiniones e interpretaciones.
  • Contrastar información y comprobar sus fuentes.
  • Reconocer prejuicios y errores de razonamiento.
  • Formular preguntas antes de aceptar una respuesta.
  • Examinar las consecuencias de las decisiones.
  • Revisar sus propias ideas cuando aparecen evidencias nuevas.

Estas capacidades son especialmente importantes frente a la desinformación y al uso de herramientas de inteligencia artificial.

Por ejemplo, si un estudiante utiliza una herramienta de IA para preparar un trabajo, una educación inspirada en Dewey no se limitaría a valorar el texto producido. También le pediría comprobar las afirmaciones, contrastarlas con fuentes fiables, identificar posibles errores y explicar qué comprendió del tema.

La herramienta tecnológica puede ayudar, pero no sustituye el juicio del estudiante.

Esta conexión entre autonomía, alfabetización digital y pensamiento crítico coincide con preocupaciones educativas actuales de la OCDE.


5. La democracia se aprende practicándola


 

Evangelisches Schulzentrum Muldental: Wie Demokratiebildung und Mitbestimmung den Schulalltag prägen | NADR

Centro Escolar Protestante Muldental: Cómo la democracia, la educación y la codeterminación moldean la vida escolar cotidiana | nadr.de


Esta es, posiblemente, una de las dimensiones más profundas y actuales del pensamiento de Dewey.

En Democracy and Education (1916), sostuvo que la democracia no debía entenderse únicamente como un sistema político. También era una forma de vida compartida, basada en la comunicación, la cooperación y el intercambio de experiencias.

Desde esta perspectiva, una escuela no educa verdaderamente para la democracia si se limita a explicar qué son las elecciones, las leyes o los derechos humanos, pero no permite que sus estudiantes aprendan a escuchar, deliberar y participar.

La educación democrática necesita espacios en los que los alumnos puedan expresar sus opiniones, escuchar argumentos diferentes, resolver desacuerdos y asumir responsabilidades.

¿Cómo se aplica en la escuela actual?

Una clase puede organizar una asamblea para decidir cómo mejorar la convivencia, elaborar acuerdos para el uso de los espacios comunes o debatir distintas soluciones para un problema ambiental.

En estas actividades, los estudiantes aprenden que participar no significa imponer su voluntad. Significa argumentar, escuchar, considerar otras perspectivas y aceptar acuerdos razonados.

La democracia también exige reconocer que todas las personas tienen dignidad y derechos, incluso cuando sus opiniones son diferentes.

Un informe de la UNESCO publicado en 2026 vuelve sobre esta relación entre educación y democracia: destaca que el conocimiento cívico debe acompañarse de oportunidades reales para debatir, participar y desarrollar pensamiento crítico.


Por eso, la escuela democrática no es solamente aquella que habla de democracia, sino aquella que procura practicarla en sus relaciones cotidianas.


6. La educación debe relacionarse con la vida real

Dewey consideraba que los conocimientos escolares debían ayudar a comprender el mundo y actuar en él. Esta idea se relaciona con los enfoques interdisciplinarios y con el aprendizaje basado en problemas.

En lugar de enseñar cada asignatura como un compartimento aislado, es posible conectar las disciplinas mediante situaciones que despierten preguntas y requieran distintos conocimientos.

Un proyecto inspirado en Dewey

Tema: mejorar el entorno de la escuela


School and Community Gardens - Bay Backpack- baybackpack.com


1.  Ciencias naturales: investigar las plantas autóctonas y la biodiversidad.

2.  Matemáticas: medir el espacio, calcular superficies y organizar datos.

3.  Lengua: redactar propuestas, elaborar informes y presentar argumentos.

4.  Historia y ciencias sociales: estudiar la transformación del barrio y sus necesidades.

5.  Educación ciudadana: debatir propuestas, distribuir responsabilidades y evaluar resultados.

El proyecto permite aprender contenidos curriculares mientras se aborda una situación concreta y se trabaja con otras personas.

La actividad no sustituye los objetivos de cada asignatura. Los articula alrededor de una experiencia que les proporciona sentido.

Esta es una de las grandes aportaciones de Dewey: mostrar que la relación entre escuela y sociedad puede enriquecer el aprendizaje académico y, al mismo tiempo, desarrollar responsabilidad y capacidad de cooperación.


7. Inclusión y atención a la diversidad


Otro aspecto de su pensamiento que conserva interés es la importancia de conocer al estudiante y su relación con el entorno.

Los alumnos no aprenden todos de la misma manera, al mismo ritmo ni a partir de las mismas experiencias. Por eso, una enseñanza eficaz necesita reconocer las diferencias individuales sin renunciar a objetivos educativos exigentes.

Una educación inspirada en Dewey puede ofrecer distintas maneras de explorar un tema, explicar lo aprendido y participar en una actividad, siempre que se mantengan claros los objetivos y los conocimientos que deben alcanzarse.

Por ejemplo, en un proyecto sobre los animales, unos alumnos pueden comenzar con la observación directa, otros con la lectura de textos científicos y otros mediante esquemas, imágenes o preguntas guiadas. Después, todos pueden trabajar para construir una comprensión común del tema.

La diversidad no debe convertirse en motivo de exclusión, pero tampoco debe llevar a suponer que cada estudiante solamente puede aprender aquello que ya le interesa o le resulta fácil.

La tarea educativa consiste en partir de las capacidades y experiencias de cada persona para ayudarla a avanzar.

Este planteamiento se relaciona con los debates actuales sobre participación infantil, autonomía, bienestar y equidad educativa.


8. ¿Qué límites tiene la aplicación del pensamiento de Dewey?


Reconocer su vigencia no significa considerar que todas sus propuestas puedan aplicarse de manera idéntica en cualquier escuela.

Su filosofía necesita interpretarse a la luz de los conocimientos actuales sobre aprendizaje, de los objetivos curriculares y de las condiciones reales de cada centro educativo.

Dificultad actual

Qué aporta Dewey

Exceso de memorización sin comprensión

Relacionar los contenidos con preguntas, experiencias y problemas.


Programas extensos y poco tiempo


Diseñar experiencias que integren contenidos sin perder los objetivos esenciales.


Diferencias entre los estudiantes


Partir de sus experiencias y ofrecer apoyos para que todos progresen.


Uso superficial de la tecnología


Promover la investigación, la comprobación y la reflexión crítica.


Falta de participación del alumnado


Incorporar oportunidades reales de diálogo y responsabilidad.


Actividades 

entretenidas pero   poco  formativas

Exigir reflexión, conocimientos, evaluación y comprensión de los resultados.


Hay además una advertencia fundamental: no toda experiencia es educativa y no todo aprendizaje activo es necesariamente eficaz.

Un proyecto puede resultar atractivo y, sin embargo, dejar lagunas importantes si carece de objetivos claros, orientación docente o una evaluación adecuada. Del mismo modo, una explicación del profesor puede ser indispensable para que los alumnos comprendan conceptos complejos.

La cuestión no es elegir entre enseñanza tradicional y enseñanza activa como si fueran opciones absolutamente incompatibles. Es encontrar una combinación fundamentada que permita adquirir conocimientos sólidos y aprender a utilizarlos.

El propio Dewey examinó este problema en Experience and Education (1938), donde advirtió contra las interpretaciones simplistas de la educación progresista.


9. La vigencia de Dewey en la educación uruguaya


Las ideas de Dewey pueden servir también para reflexionar sobre los desafíos de la escuela uruguaya, sin suponer que sus propuestas deban trasladarse de forma automática.

En Uruguay, su pensamiento ofrece un marco útil para analizar cuestiones como la participación estudiantil, la convivencia, la formación ciudadana, la relación entre los aprendizajes y el entorno y el desarrollo del pensamiento crítico.

Algunas posibilidades concretas son:

  • En Educación Inicial y Primaria: explorar el entorno, investigar fenómenos naturales, desarrollar proyectos y aprender mediante el juego con intención pedagógica.
  • En Educación Media: abordar problemas interdisciplinarios, analizar fuentes, argumentar y resolver situaciones que requieren aplicar conocimientos de distintas asignaturas.
  • En la convivencia escolar: crear espacios de diálogo, participación estudiantil y construcción colectiva de acuerdos.
  • En la formación docente: reflexionar sobre las prácticas, analizar evidencias del aprendizaje y compartir estrategias que permitan mejorar la enseñanza.
  • En la ciudadanía digital: investigar información, reconocer contenidos engañosos y comprender las consecuencias sociales del uso de tecnologías.

Estas propuestas deben acompañarse de una enseñanza rigurosa de la lectura, la escritura, las matemáticas, las ciencias y los demás conocimientos fundamentales.

Dewey no invita a disminuir las exigencias académicas, sino a preguntarse cómo conseguir que los estudiantes comprendan lo que aprenden y puedan utilizarlo de forma autónoma y responsable.


10. Una reflexión final: ¿por qué necesitamos a Dewey en el siglo XXI?


Más de un siglo después de la publicación de Democracy and Education, la pregunta fundamental de Dewey continúa abierta: ¿qué educación necesita una sociedad que cambia constantemente?

La respuesta no puede limitarse a preparar estudiantes para superar pruebas ni a proporcionarles información que pronto podría quedar desactualizada. También debe ayudarlos a comprender, investigar, colaborar, tomar decisiones y afrontar situaciones nuevas.

La educación contemporánea necesita transmitir conocimientos científicos, históricos, literarios y matemáticos sólidos. Pero necesita, además, formar personas capaces de relacionar esos conocimientos con los problemas de su tiempo.

Dewey nos recuerda que la inteligencia se desarrolla cuando se ejercita, que los errores pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje cuando se analizan y que la convivencia democrática requiere práctica, no solamente discursos.

Su pensamiento también plantea una exigencia a los docentes y a las instituciones: no basta con pedir a los alumnos que sean críticos, autónomos y responsables. Es necesario ofrecerles experiencias en las que puedan desarrollar esas capacidades.

En definitiva, la vigencia de Dewey no consiste en repetir literalmente sus métodos, sino en mantener vivas las preguntas que orientaron su obra.

Su gran enseñanza para la educación actual podría expresarse así: enseñar no es conseguir que los alumnos reproduzcan respuestas, sino ayudarlos a desarrollar los conocimientos, la inteligencia y la responsabilidad necesarios para formular buenas preguntas, buscar respuestas fundamentadas y participar en la construcción de una sociedad mejor.

FUENTES

https://theeducationhub.org.nz/deweys-educational-philosophy/

https://cdn.educ.ar/dinamico/UnidadHtml__get__d400a747-7a08-11e1-82f6-ed15e3c494af/index.html

https://dialektika.org/educacion-pensamiento-reflexivo-teoria-john-dewey/

https://www.cuerpomente.com/psicologia/frase-dia-john-dewey-apreder_20422

https://blog.cambridgeinternational.org/reflections-on-the-100th-year-anniversary-of-john-deweys-democracy-and-education/

https://iep.utm.edu/john-dewey/

Democracy and Education — para comprender la relación entre educación y democracia.

Experience and Education — para analizar las posibilidades y los límites del aprendizaje basado en la experiencia.

How We Think — para estudiar cómo se desarrolla la reflexión y cómo puede promoverse desde la enseñanza.

 



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