Aleijadinho: El genio
del barroco brasileño
que
desafió su destino
Antonio Francisco Lisboa,
conocido como Aleijadinho, fue un escultor, arquitecto y tallador brasileño,
considerado el máximo exponente del barroco en Brasil y América Latina,
especialmente en Minas Gerais.
Nació el 26 de agosto del año 1730 o 1738 en
Ouro Preto (entonces Vila Rica).
Manuel Francisco Lisboa era un
maestro carpintero y arquitecto portugués, mientras que Isabel era una esclava
africana.
Manuel Francisco Lisboa
también era considerado el mejor arquitecto y maestro carpintero de su tiempo
en Minas Gerais y fue quien enseñó a Aleijadinho las bases del oficio de la
carpintería, el dibujo y la escultura.
La mezcla de su herencia portuguesa y africana
marcó profundamente la identidad y obra artística de Aleijadinho.
Su vida y obra se
desarrollaron en un contexto social complejo, siendo hijo natural de un arquitecto
y maestro carpintero portugués y una esclava africana, y enfrentando una
enfermedad deformante que le causó grandes limitaciones físicas en su madurez.
Aleijadinho recibió sus
estudios primarios en Vila Rica (actual Ouro Preto), donde aprendió las
primeras letras, latín y música con algunos padres locales.
Se sabe que tuvo una educación
básica bastante completa para la época, incluyendo formación religiosa y
artística desde joven.
Aprendió a esculpir observando
a su padre y desde niño mostró talento para las artes relacionadas con la
arquitectura, la escultura, el dibujo y la carpintería, actividades que
desarrolló junto a su familia y maestros eclesiásticos.
La adolescencia de
Aleijadinho, transcurrió en Ouro Preto (entonces Vila Rica) en un ambiente
intensamente vinculado al arte y la religión.
Entre los años 1750 y 1762
asistió al internado del Seminario de los Franciscanos Donatos del Hospicio de
la Tierra Santa en Ouro Pretol donde recibió formación en gramática, latín,
matemáticas y religión.
Durante estos años
adolescentes, acompañó a su padre en obras arquitectónicas y en la talla de
madera, aprendiendo directamente con él y con otros artistas relevantes de la
época como su tío Antônio Francisco Pombal y el tallador Francisco Xavier de
Brito.
Hacia 1752 creó su primer
proyecto individual conocido, un diseño para la fuente del patio del Palacio de
los Gobernadores en Ouro Preto.
Se cree que en 1756 tuvo la
oportunidad de visitar Río de Janeiro, donde pudo conocer influencias
artísticas más amplias.
Su adolescencia estuvo marcada
también por el reconocimiento de su talento artístico, a pesar del prejuicio
socio-racial que enfrentaba como mulato, y comenzó a trabajar como artesano y
aprendiz en la carpintería, escultura y arquitectura apoyado por su familia.
Así, su adolescencia fue una
etapa fundamental en la formación técnica y profesional, con una educación
integral que combinó estudios formales con práctica artesanal bajo la tutela de
su padre y otros maestros locales.
Entre los años 1756 y 1765,
Aleijadinho estuvo en proceso de formación y consolidación de su carrera como
artista. Durante este período trabajó junto a su padre en obras arquitectónicas
y de escultura, desarrollando su talento en el ambiente barroco que predominaba
en Minas Gerais.
Aleijadinho tuvo una relación
muy significativa con la Iglesia de San Francisco de Asís en Ouro Preto, Minas
Gerais.
Fue responsable del diseño
arquitectónico de la iglesia, proyectada en 1766, y también realizó la
ornamentación escultórica y tallas doradas interiores.
Entre sus contribuciones
destacan el altar-mor, el retablo, el frontispicio y la pila de la sacristía.
Además, esculpió púlpitos en
piedra jabón ubicados junto al arco del crucero, mostrando su maestría en
combinar arquitectura y escultura de forma armoniosa y expresiva.
Esta iglesia es uno de los
monumentos barrocos más importantes de Brasil y una de las obras maestras de
Aleijadinho que define la identidad artística de Ouro Preto y del barroco
brasileño en general.
La iglesia refleja la
integración de elementos arquitectónicos, escultóricos y decorativos en el
estilo rococó característico del período colonial brasileño.
Su trabajo en esta iglesia es
considerado un símbolo de genialidad y resistencia artística, aún realizado
cuando Aleijadinho ya padecía su enfermedad física.
En 1767, tras la muerte de su
padre, asumió la construcción de la iglesia de San Juan en Tiradentes, lo que
marcó un momento clave en su carrera, aunque ya en esos años había comenzado a
recibir encargos importantes.
Además, en este lapso decidió
dedicarse principalmente a la escultura, separándose un poco de la
arquitectura, y estableció un taller propio donde inició la producción más
autónoma con la ayuda de asistentes, dado que empezaban a aparecer los primeros
síntomas de su enfermedad.
Se cuenta que compró varios
esclavos para su servicio, signo de una prosperidad económica creciente.
Aleijadinho tuvo un hijo
llamado Manoel Francisco Lisboa, nacido alrededor de 1775.
La madre de este hijo fue una
esclava llamada Narciza Rodrigues da Conceição, quien según los registros, fue
infiel a su marido con Aleijadinho.
Aleijadinho legalmente
reconoció a su hijo en 1777 mediante trámites en Río de Janeiro.
También en estos años comenzó
a forjar su fama regional como un artista muy solicitado, aunque todavía sin
mostrar las graves deformaciones que aparecerían hacia 1777.
En el año 1777 comenzaron a
manifestarse en Aleijadinho los síntomas de una enfermedad degenerativa que
deformó gravemente su cuerpo, afectando principalmente sus extremidades.
Aunque no hay consenso sobre
el diagnóstico exacto, se ha especulado que pudo haber sufrido una combinación
de sífilis terciaria, zamparina (una molestia regional), escorbuto e incluso
lepra.
Esta enfermedad fue progresiva
y debilitante: perdió casi todos los dedos de manos y pies, y su rostro sufrió
deformaciones visibles que lo llevaron a ser conocido como
"Aleijadinho" (que significa "el lisiadito").
A pesar de esta cruel
realidad, continuó trabajando con una fuerza de voluntad extraordinaria.
Como no podía sostener las
herramientas con sus manos deformadas, sus asistentes le amarraban cinceles y
martillos a los muñones para que pudiera seguir esculpiendo.
Se dice que trabajaba muchas
veces de rodillas debido a la incapacidad para caminar con normalidad.
También en esta época fue muy
discreto y evitaba mostrarse en público, ocultando su cuerpo y rostro con
grandes capas y sombreros.
Aleijadinho siguió activo como escultor y arquitecto, produciendo obras maestras del barroco brasileño, a pesar de vivir en constantes dolores y limitaciones físicas hasta su muerte en 1814.
Santuario del Buen Jesús de Congonhas en Brasil
Capilla
Aleijadinho fue el autor principal de las 12 esculturas de los profetas talladas en piedra jabón que adornan el atrio del santuario, realizadas entre 1800 y 1805. Estas esculturas son un símbolo del barroco brasileño por su dramatismo y expresividad, y fueron hechas durante las últimas etapas de la vida de Aleijadinho, cuando su salud estaba muy deteriorada por una enfermedad.
Además, Aleijadinho también dirigió la creación de las figuras de madera en las seis capillas que representan las estaciones del Vía Crucis dentro del santuario.
Entre 1796 y 1799, Aleijadinho
creó la serie escultórica conocida como los Pasos de la Pasión, un conjunto de
66 figuras de madera de tamaño natural que representan siete episodios
vinculados a la Pasión de Cristo.
Estas esculturas fueron
realizadas para las seis pequeñas capillas dispuestas a lo largo de la cuesta
que conduce al Santuario de Bom Jesus de Matozinhos, en Congonhas, Minas
Gerais.
Las escenas representadas
incluyen momentos significativos del Vía Crucis, tales como la Última Cena, la
Oración en el Huerto de los Olivos, el Prendimiento de Cristo, la Flagelación y
Coronación de Espinas, Jesús cargando la Cruz hacia el Calvario, y la
Crucifixión.
Las imágenes, talladas en
cedro, están policromadas y muestran una fuerte expresividad y dramatismo,
reflejando la técnica barroca con una mezcla de solemnidad y patetismo.
Aunque Aleijadinho realizó la
mayoría de las esculturas, contó con la ayuda de sus asistentes en algunas
figuras, y la policromía fue ejecutada por el pintor Manoel da Costa Athaide.
Este conjunto escultórico no
solo es una expresión artística excepcional, sino que también cumple una
función religiosa y devocional, permitiendo a los fieles realizar un recorrido
visual y meditativo sobre la pasión y sacrificio de Cristo, en un modelo
inspirado en los "sacri monti" italianos.
Este trabajo es considerado
uno de los grandes logros del barroco brasileño y la obra más emblemática de
Aleijadinho.
Entre los años 1800 y 1805,
Aleijadinho culminó una de sus obras maestras: las doce estatuas monumentales
de profetas del Antiguo Testamento, esculpidas en esteatita (piedra-amianto o
piedra jabón) para el Santuario de Bom Jesus de Matozinhos en Congonhas, Minas
Gerais.
Estas esculturas, ubicadas en
el adro (patio delantero) de la iglesia, son consideradas un hito del barroco
mineiro y se destacan por su expresividad, dramatismo y detalle en la
representación de los profetas bíblicos.
La estatua del profeta Baruch realizada por Aleijadinho en Congonhas do Campo, Minas Gerais, fue creada en el período entre 1800 y 1805.
Cada estatua mide
aproximadamente tamaño natural, con algunas características anatómicas
estilizadas que realzan un efecto teatral y espiritual. Los profetas
representados son: Isaías, Jeremías, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oséias, Joel,
Abdías, Amós, Jonas, Habacuc y Naum.
La ubicación y postura de cada
uno fueron cuidadosamente planificadas para crear un sentido de armonía y
narrativa visual en torno a la escalinata del santuario. Aleijadinho es
especialmente reconocido por la fuerza expresiva en las caras de las
esculturas, reflejo directo de su genialidad.
El conjunto escultórico de los
Doce Profetas y las escenas de la Pasión han sido declarados Patrimonio de la
Humanidad por la UNESCO y forman parte del legado más valioso del barroco
brasileño y de la historia del arte colonial americano.
En 1810, Aleijadinho seguía
activo a pesar del agravamiento de su enfermedad degenerativa que limitaba
severamente su movilidad y capacidad física. En ese año trabajó en obras
relacionadas con la iglesia de Vila Rica (actual Ouro Preto), una ciudad donde
residió toda su vida y que fue epicentro de su obra artística. Sin embargo,
debido a sus crecientes limitaciones, no firmó personalmente los contratos,
sino que la formalización de los mismos la hizo un alumno y asistente suyo,
identificado como Justino.
Esta situación refleja cómo su deterioro físico lo obligó a delegar formalmente y supervisar más que ejecutar directamente las obras, aunque mantuvo un control creativo sobre los trabajos y siguió aportando como mentor y maestro. Su obra tardía en Vila Rica se caracteriza por un estilo más simplificado, pero con un refinamiento que mantiene la esencia del barroco mineiro. Estos trabajos incluyen retablos, decoración de altares, y planificación de esculturas religiosas, reafirmando su legado como figura clave del arte colonial brasileño justo hasta los últimos años de su vida.
Aleijadinho falleció el 18 de
noviembre de 1814 en Ouro Preto (antigua Vila Rica), tras un período de
aproximadamente dos años de parálisis y casi ceguera, consecuencia de una
enfermedad degenerativa que afectó gravemente su cuerpo. Durante estos últimos
años de vida, su salud había empeorado tanto que dependía completamente de sus
cuidadores, y su capacidad motora y visual estaba casi anulada.
Antes de su muerte, se
trasladó a una casa cercana a la Iglesia del Carmo para supervisar algunos
trabajos que realizaba su discípulo Justino de Almeida. Luego regresó a su
residencia y finalmente se trasladó a la casa de su nuera, donde recibió
cuidados hasta su fallecimiento.
Fue enterrado en la iglesia de
Nuestra Señora de la Concepción, en una tumba junto al altar de Nuestra Señora
de la Buena Muerte, en Ouro Preto.
Su muerte marcó el fin de la
vida del más grande representante del barroco brasileño y uno de los artistas
más emblemáticos de América Latina en la época colonial.
HOMENAJES
Después de su muerte,
Aleijadinho ha recibido numerosos homenajes para mantener vivo su recuerdo y
destacar su importancia como el máximo exponente del barroco brasileño.
La idealización y mitificación
de su figura, que comenzaron aproximadamente 50 años después de su muerte,
convirtiéndolo en un héroe nacional y un símbolo de la identidad cultural
brasileña. Su imagen ha sido reinterpretada políticamente en diferentes
momentos históricos, desde el Imperio hasta la era moderna y el régimen de
Vargas, donde se exaltó como un ícono del mestizaje y la cultura nacional.
El reconocimiento oficial del
conjunto escultórico del Santuario del Bom Jesus de Matozinhos en Congonhas,
que incluye sus doce Profetas y las escenas de la Pasión, declarado Patrimonio
de la Humanidad por la UNESCO.
Exposiciones y museos que
exhiben sus obras originales y promocionan su legado, como por ejemplo el Museo
de Arte de São Paulo (MASP), que ha reunido esculturas y piezas relacionadas
con Aleijadinho para mostrarlas públicamente y fomentar la investigación en
torno a su figura.
El nombramiento de
instituciones educativas y culturales en su honor, además de congresos,
publicaciones, investigaciones y actividades académicas que estudian y difunden
su vida y obra.
En las ciudades de Minas
Gerais, especialmente Ouro Preto, se organizan eventos culturales y
celebraciones para rememorar su legado, además de conservar sus obras
monumentales como joyas del patrimonio histórico y artístico regional y
nacional.
Estos homenajes y
reconocimientos mantienen vigente la memoria de Aleijadinho como un símbolo
artístico y cultural fundamental de Brasil y América Latina.
LEGADO
El legado artístico de
Aleijadinho impacta hasta hoy como uno de los mayores hitos del barroco y el
rococó en América Latina, especialmente en Brasil. Su obra se distingue por una
combinación única de expresividad emocional, detalle anatómico y una
espiritualidad profunda que trasciende las limitaciones estilísticas de su
época.
Aleijadinho representa una
metáfora viva del mestizaje brasileño, siendo hijo de un portugués y una
esclava africana. Fue el primero en Brasil en introducir en sus esculturas un
"gusto francés" refinado que aportó sofisticación y ecléctico al
barroco colonial. Su lenguaje artístico trasciende límites geográficos e
históricos y es considerado universal y atemporal.
Su especialidad fueron las
temáticas bíblicas, con un enfoque devocional intenso que refleja las pautas
del Concilio de Trento de la Contrarreforma. Este arte barroco defendía la fe
católica mediante imágenes impactantes que llevaban el mensaje religioso con fuerza
dramática y teatralidad, en clara oposición a la Reforma protestante.
Aleijadinho logró trascender
el barroco tradicional al dotar a sus esculturas de un expresionismo y
patetismo únicos, visibles en detalles como manos y pies sobredimensionados,
cuerpos enflaquecidos que revelan huesos y tendones, y rostros llenos de
dramatismo contenido.
Este toque humano y sufriente
refleja quizás sus propias dolencias y le imprime una fuerza emocional que
sigue inspirando.
Su influencia perdura en la
arquitectura, escultura y arte sacro de Brasil y América Latina. Ha sido un
símbolo artístico nacional que inspira a artistas contemporáneos tanto en
técnicas como en la expresión emocional y espiritual. Su obra, declarada
Patrimonio Mundial por la UNESCO, es referencia continua en la historia del
arte como ejemplo de creatividad, persistencia y excelencia en condiciones
adversas.
FUENTES
"El Aleijadinho, el gran
escultor leproso del siglo XVIII en el Brasil" de Ángel Guido
https://es.wikipedia.org/wiki/Aleijadinho
https://educacion.ufm.edu/o-aleijadinho-el-profeta-ezequiel-esteatita-1800/
https://es.brazilianexperience.com/brasil-de-la-a-a-la-z-aleijadinho/
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/aleijadinho.htm
https://www.urbipedia.org/hoja/Aleijadinho
https://es.brazilianexperience.com/brasil-de-la-a-a-la-z-aleijadinho/
https://bahia.ws/es/historia-do-barroco-mineiro-aleijadinho-e-o-mestre-ataide/
https://agenciabrasil.ebc.com.br/en/node/
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