Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

viernes, 1 de junio de 2012

29 DE MAYO DE 1892 NACÍA ALFONSINA STORNI

UNA SENSIBLE POETISA


Alfonsina Storni Martignoni nació en Sala Capriasca, Suiza, el 29 de mayo de 1892 (algunos biógrafos dan como fecha el 22 de mayo).
Fue una poetisa y escritora  del modernismo.
Sus padres fueron Alfonso Storni y Paulina Martignoni, quienes junto a sus hermanos mayores, María y Romero, llegaron a la provincia de San Juan -Argentina, desde Lugano, Suiza, en 1880.
Fundaron una pequeña empresa familiar de fabricación de cerveza.
Con el tiempo  la «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía», circulaba por toda la región.
Los padres de Alfonsina viajaron a Suiza en el año 1891, junto con sus dos pequeños hijos quedando en la provincia algunos hermanos.
En 1892, el 29 de mayo, nació Alfonsina, la tercera hija del matrimonio Storni, en Sala Capriasca, Suiza.
Hay otras versiones que indican que nació el 22 de mayo pero la registraron el 29 y otras que afirman que nació en un barco en altamar.
El nombre Alfonsina fue elegido por su padre, un hombre melancólico y raro. Con respecto a su nombre, Alfonsina decía a su amigo Fermín Estrella Gutiérrez: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo»
Alfonsina fue bautizada en la parroquia de Tesserete, lugar en el que actualmente se puede leer en el margen del acta de bautismo una inscripción realizada por el sacerdote Osvaldo Crivelli que dice "Grande poetesa morta al mar della Plata".
En esa estadía de 4 años Alfonsina aprendió a hablar en italiano.
En el año 1896 la familia vuelve a San Juan (Argentina), de donde son sus primeros recuerdos. «Estoy en San Juan, tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta».
Su madre la anotó en el jardín de infantes, donde se la recuerda como una chica curiosa y que hacía muchas preguntas, imaginaba mucho y mentía. Su madre tenía dificultades para enseñarle a decir la verdad. Inventaba incendios, robos, crímenes que nunca aparecían en los policiales de los periódicos, metía a su familia en líos y en una oportunidad invitó a sus docentes a pasar las vacaciones a una quinta imaginaria en las periferias de la ciudad.
En el año 1901, la familia se mudó a la ciudad de Rosario (Argentina), por motivos que no se conocen, un próspero puerto del litoral.
Paulina, la madre, abrió una pequeña escuela domiciliaria con algunos ahorros que tenían, y pasó a ser la cabeza de una familia numerosa, pobre y sin timón.
Los alumnos abonaban un peso con cincuenta por cada uno y llegaron a ser cincuenta; sin embargo, la ganancia de setenta y cinco pesos mensuales no permitían una vida decorosa.
Entonces instalaron el «Café Suizo», cerca de la estación de tren.   Por la precaria situación económica familiar Alfonsina dejó de asistir a la escuela y comenzó a trabajar lavando platos y atendiendo las mesas a la edad de diez años.
El negocio del  «Café Suizo» fracasó y cerró sus puertas.
El fracaso lo puede haber provocado la imposibilidad de manejar el negocio y el alcoholismo del padre, quien se sentaba en una mesa a beber hasta que su esposa, junto con uno de sus hijos, lo arrastraban hasta su cama. Una vez cerrado el Café, se mudaron de casa, su hermana María se casó y Alfonso, su esposo, falleció por causas que no se conocen. Este hecho coincide con la edad en que Alfonsina comenzó a escribir poesías. 
Sin el negocio las mujeres comenzaron a trabajar de costureras. 


El trabajo hogareño no la conformaba, ya que no le rendía económicamente y consumía largas horas de encierro. Para cambiar su situación, buscó trabajo en forma independiente: lo encontró en una fábrica de gorras y, posteriormente, se la vio entregando volantes en algún festejo del Día del Trabajo.
En 1905 llegó a Rosario la compañía de Manuel Cordero, un director de teatro que recorría las provincias. Alfonsina reemplaza a una actriz que se enfermó. Esto la decidió a proponerle a su madre que le permitiera convertirse en actriz y viajar con la compañía. 
A los trece años estaba haciendo teatro. 
Este salto brusco, producto de la casualidad, tuvo una gran influencia sobre su formación sensitiva, pues la puso en contacto con las mejores obras del teatro contemporáneo y clásico. Siendo casi una niña y pareciendo ya una mujer, la vida se le hizo insoportable. Sentía que el ambiente la ahogaba. Esta vida juvenil lejos de la familia  hizo que cometiera errores que ella reconoce posteriormente.
Con la comañía recorre Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán. Después dirá que representó "Espectros", de Ibsen, "La loca de la casa", de Pérez Galdós, y "Los muertos", de Florencio Sánchez.

Rosario - la actual y transitada calle Santa Fe, fotografiada desde su intersección con Maipú y hacia el Oeste, mostraba sobre fines del siglo XIX 

Cuando volvió a Rosario se encuentra con que su madre se ha casado y vive en Bustinza. La poetisa decide estudiar la carrera de maestra rural en Coronda, y allí recibe su título profesional. Gana un lugar sobresaliente en la comunidad escolar, consigue un puesto de maestra y se vincula a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas. Allí aparecen sus poemas durante todo ese año, y si bien no hay testimonio de ellos, sí sabemos de otros publicados al año siguiente en Mundo Argentino, y que tienen resonancias hispánicas. 

Revista Mundo Argentino 1921

A fines del año 1911 decide trasladarse a Buenos Aires. "En su maleta traía pobre y escasa ropa, unos libros de Darío y sus versos". Así, con nostalgia, evoca su hijo Alejandro la llegada. Pobre equipaje para enfrentarse con una ciudad que estaba abierta al mundo, con las expectativas puestas en esa inmigración que traería nuevas manos para producir y nuevas formas de convivencia. El nacimiento de su hijo Alejandro, el 21 de abril de 1912, define en su vida una actitud de mujer que se enfrenta sola a sus decisiones. Trabaja como cajera en la tienda «A la ciudad de México», en Florida y Sarmiento. También en la revista Caras y Caretas.


Su primer libro, "La inquietud del rosal", publicado con grandes dificultades económicas, apareció en 1916. En un homenaje al novelista Manuel Gálvez, por primera vez en Buenos Aires, en esta clase de reuniones, aparece Alfonsina recitando con aplomo sus propios versos. En junio de 1916, aparece en Mundo Argentino un poema titulado «Versos otoñales». Aunque los versos son apenas aceptables, sorprende su capacidad de mirarse por dentro, que por entonces no era común en los poetas de su generación.

1916


Versos otoñales de Alfonsina Storni
Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas…

¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito…
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo!… ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

Amado Nervo

En 1919 Nervo llega a la Argentina como embajador de su país, y frecuenta las mismas reuniones que Alfonsina. Ella le dedica un ejemplar de "La inquietud del rosal", y lo llama en su dedicatoria «poeta divino». Amado Nervo, el poeta mejicano paladín del modernismo junto con Rubén Darío, publica sus poemas también en Mundo Argentino, y esto le da a Alfonsina una idea de lo que significa para ella, una muchacha desconocida, de provincia, el haber llegado hasta aquellas páginas.
En esa época se vincula  a lo mejor de la vanguardia novecentista, que empezaba a declinar. 
José Enrique Rodó
En el archivo de la Biblioteca Nacional uruguaya hay cartas al uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época, modernista autor de "Ariel" y de "Los motivos de Proteo", ambos libros pilares de una interpretación de la cultura americana. El uruguayo escribía, como ella, en Caras y Caretas y era, junto con Julio Herrera y Reissig, el jefe indiscutido del nuevo pensamiento en el Uruguay. Ambos contribuyeron a esclarecer los lineamientos intelectuales americanos a principios de siglo, como lo hizo también Manuel Ugarte, cuya amistad le llegó a Alfonsina junto con la de José Ingenieros.

Su voluntad no la abandona, y sigue escribiendo. En mejores condiciones publica "El dulce daño", en 1918. 
El 18 de abril de 1918 se le ofrece una comida en el restaurante Génova, de la calle Paraná y Corrientes, donde se reunía mensualmente el grupo de Nosotros, y en esa oportunidad se celebra la aparición de "El dulce daño". 
Los oradores son Roberto Giusti y José Ingenieros, su gran amigo y protector, a veces su médico. Alfonsina se está reponiendo de la gran tensión nerviosa que la obligó a dejar momentáneamente su trabajo en la escuela, pero su cansancio no le impide disfrutar de la lectura de su «Nocturno», hecha por Giusti, en traducción al italiano de Folco Testena

También en 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas, junto con Alicia Moreau de Justo y Enrique del Valle Iberlucea. Años atrás, cuando empezó la guerra, Alfonsina había aparecido como concurrente a un acto en defensa de Bélgica, con motivo de la invasión alemana. 

Juana de Ibarbourou , Gabriela Mistral  y Alfonsina Storni
En estos años comienzan sus visitas a la ciudad de Montevideo, donde hasta su muerte frecuentará amigos uruguayos. Juana de Ibarbourou lo contó años después de la muerte de la poetisa argentina: «En 1920 vino Alfonsina por primera vez a Montevideo. Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía… Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina».

Pintor Emilio Centurión
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En 1922, Alfonsina ya frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. 
Allí conoció, seguramente, al escritor uruguayo Horacio Quiroga, que había llegado de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916. Su personalidad debió atraer a Alfonsina. Un hombre marcado por el destino, perseguido por los suicidios de seres queridos, que, además, se había atrevido a exiliarse en Misiones, e intentado allí forjar un paraíso. 
En 1922, era ya el autor de sus libros más importantes, Cuentos de la selva, Anaconda, El desierto. Vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas y desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura. Alfonsina había publicado sus libros "Irremediablemente" (1919) y "Languidez" (1920).


La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos. Cuenta Norah Lange que en una de sus reuniones, adonde iban todos los escritores de la época, jugaron una tarde a las prendas. El juego consistió en que Alfonsina y Horacio besaran al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena, sostenido por Horacio. Este, en un rápido ademán, escamoteó el reloj precisamente en el momento en que Alfonsina aproximaba a él sus labios, y todo terminó en un beso. Quiroga la nombra frecuentemente en sus cartas, sobre todo entre los años 1919 y 1922, y su mención la destaca de un grupo donde había no sólo otras mujeres sino también otras escritoras. Sin embargo, cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, Alfonsina no lo acompaña. Quiroga le pide que se vaya con él y ella, indecisa, consulta con su amigo el pintor Benito Quinquela Martín. Aquél, hombre ordenado y sedentario, le dice: «¿Con ese loco? ¡No!».
Horacio Quiroga

En el año 1923, la revista Nosotros, que lideraba la difusión de la nueva literatura argentina, y con hábil manejo formaba la opinión de los lectores, publicó una encuesta, dirigida a los que constituyen «la nueva generación literaria». La pregunta está formulada sencillamente: «¿Cuáles son los tres o cuatro poetas nuestros, mayores de treinta años, que usted respeta más?».

Storni junto a uno de sus amigos, el escritor Fermín Estrella Gutiérrez, en Córdoba en 1922.

Alfonsina Storni tenía en ese entonces treinta y un años recién cumplidos, es decir, que apenas bordeaba la cifra exigida para constituirse en «maestro de la nueva generación». Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, lo que la colocaba muy por encima de sus pares. Muchas de las respuestas a la encuesta de Nosotros coinciden en uno de los nombres: Alfonsina Storni.

En el año 1925 fue el año de la publicación de "Ocre", un libro que marca un cambio decisivo en su poesía. Llevaba dos años de profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, y su postura como escritora estaba absolutamente afianzada entre el público y sus iguales. Por aquella época muere José Ingenieros, y esto la deja un poco más sola.



Casa de Alfonsina Storni. Ubicada en Cuba 3015.

Hasta la casa de la calle Cuba llega una tarde la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser importante para la chilena, ya que publicó su relato ese año en El Mercurio. Llamó por teléfono a Alfonsina antes de ir, y le impresionó gratamente su voz, pero le habían dicho que era fea y entonces esperaba una cara que no congeniara con la voz. Por eso cuando la puerta se abre pregunta por Alfonsina, porque la imagen contradice a la advertencia. «Extraordinaria la cabeza, recuerda, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años». Insiste: «Cabello más hermoso no he visto, es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura». La chilena queda impresionada por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa manifestación de emotividad, por su profundidad sin trascendentalismos. Y sobretodo por su información, propia de una mujer de gran ciudad, «que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo».

Gabriela Mistral

El 20 de marzo de 1927 se estrena su obra de teatro, que despertaba las expectativas del público y de la crítica. El día del estreno asistió el presidente Alvear con su esposa, Regina Pacini. Al día siguiente la crítica se ensañó con la obra, y a los tres días tuvo que bajar de cartel. El diario Crítica tituló «Alfonsina Storni dará al teatro nacional obras interesantes cuando la escena le revele nuevos e importantes secretos». La escritora se sintió muy dolida por su fracaso, y trató de explicarlo atribuyéndole la culpa al director y a los actores.


Edificio de departamentos creado por la constructora Bencich Hermanos en 1927. En uno de esos apartamentos vivió Storni._esquina de la Avenida Córdoba y la calle Esmeralda.(desde_Córdoba)

Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. Allí conoció a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedica algunos poemas. 
En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: "Cimbelina" y "Polixene y la cocinerita". Está tranquila, colabora en el diario Crítica y en La Nación; sus clases de teatro son la rutina diaria, y su rostro empieza a cambiar. Las canas cubren su cabeza y le dan un aire diferente.

En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra. «La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina», afirma Alfonsina en un diario al referirse a su designación.


Federico García Lorca

En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en Mundo de siete pozos (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…».

El 20 de mayo de 1935 Alfonsina fue operada de un cáncer de mama.

En 1936 se suicida Horacio Quiroga y ella le dedicó un poema de versos conmovedores y que presagian su propio final:


A Horacio Quiroga

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como siempre en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria ...
Allá dirán.

No se vive en la selva impunemente,
ni cara al Paraná.
Bien por tu mano firme, gran Horacio ...
Allá dirán.

“No hiere cada hora –queda escrito-,
nos mata la final.”
Unos minutos menos ... ¿quién te acusa?
Allá dirán.

Más pudre el miedo, Horacio que la muerte
que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías ...
Allá dirán.

Sé que la mano obrera te estrecharon,
mas no si Alguno o simplemente Pan,
que no es de fuertes renegar su obra ...
(Más que tú mismo es fuerte quien dirá.)

Alfonsina Storni, Poesías Completas, Soc. Editora Latino Americana, Bs. As., 1968. 



 Alfonsina en Colonia

El veintiséis de enero de 1938, en Colonia, Uruguay, Alfonsina recibe una invitación importante. El Ministerio de Instrucción Pública ha organizado un acto que reunirá a las tres grandes poetisas americanas del momento, en una reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. La invitación pide «que haga en público la confesión de su forma y manera de crear». Tiene que prepararse en un día y, llena de entusiasmo, escribe su conferencia sobre una valija que ha puesto en las rodillas. Divertida, encuentra un título que le parece muy adecuado: «Entre un par de maletas a medio abrir y las mancillas del reloj».



Hacia mitad de año apareció "Mascarilla y trébol" y una "Antología poética" con sus poemas preferidos. Los meses que siguen fueron de incertidumbre y temor por la renuencia de la enfermedad. 
El 23 de octubre viajó a Mar del Plata y hacia la una de la madrugada del martes veinticinco Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar. Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América». A su entierro asistieron los escritores y artistas Enrique Larreta, Ricardo Rojas, Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Manuel Gálvez, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Alejandro Sirio, Augusto Riganelli, Carlos Obligado, Atilio Chiappori, Horacio Rega Molina, Pedro M. Obligado, Amado Villar, Leopoldo Marechal, Centurión, Pascual de Rogatis, López Buchardo.

Tumba de Alfonsina Stoni (La Chacarita)




 HOMENAJES

El 18 de noviembre se realizó un homenaje en la Universidad de Montevideo, organizado por la Sociedad Arte y Cultura Popular. Juana de Ibarbourou envió unas palabras, María V. de Muller expresó que se había perdido a una amiga insustituible, Eduardo J. Couture analizó Voy a dormir y el poeta Carlos Sabat Ercasty compuso un soneto.

El 21 de noviembre de 1938 el Senado de la Nación le rindió un homenaje con un discurso del senador Alfredo Palacios, quien se centró en el contexto social para explicarse con claridad.93 Palacios dijo:

    «Nuestro progreso material asombra a propios y extraños. Hemos construido urbes inmensas. Centenares de millones de cabezas de ganado pacen en la inmensurable planicie argentina, la más fecunda de la tierra; pero frecuentemente subordinamos los valores del espíritu a los valores utilitarios y no hemos conseguido, con toda nuestra riqueza, crear una atmósfera propicia donde puede prosperar esa planta delicada que es un poeta».


Con motivo de la celebración del septuagésimo aniversario de su muerte, la Asociación Mujeres en el Arte de Valencia en colaboración con O2 Project decidió rendirle un homenaje a la poetisa, para lo cual se realizaron una serie de conciertos en Nueva York, Luxemburgo, Bremen y Buenos Aires entre enero y julio de 2009 con obras musicales basadas en sus textos.

Varias calles llevan su nombre en localidades de Argentina, por ejemplo en en el barrio porteño de Saavedra, en el barrio Paso Piedras de Junín, en Concepción del Uruguay y por supuesto en Mar del Plata.


La casa de Alfonsina Storni, que está siendo demolida, pese al esfuerzo de los vecinos.
La casa de Terrada 578, en el barrio de Flores, fue la última que habitó la poeta antes de suicidarse en Mar del Plata. Originalmente, sus paredes eran grises, con pisos de pinotea y dos baños, algo curioso a principios del siglo XX. Aunque también vivió en otros dos lugares (José Bonifacio 2011 y Esteban Bonorino esquina Lobos), esta se destaca por las visitas de Benito Quinquela Martín.


Antigua foto de Mar del Plata

Actual foto de Mar del Plata


Monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata
En la costa de Mar del Plata se erige un monumento que es utilizado como lugar de peregrinación y de escritura de grafitis, y también en la costanera de Santa Teresita.94



Sello de Uruguay dentro de una serie dedicada a escritores y poetas.
Alfonsina Storni fue una poetisa argentina nacida en 1892.I






Su suicidio inspiró la canción «Alfonsina y el mar», de Ariel Ramírez y Félix Luna, que ha sido interpretada por innumerables músicos de lengua española, destacándose la versión de Mercedes Sosa y la versión de Chabuca Granda.

 El grupo de música celta Bad Haggis también grabó una canción titulada «Templo de agua», inspirada en el suicidio y compuesta e interpretada en colaboración con el panameño Rubén Blades.95 También los compositores argentinos Saúl Cosentino y Juan María Solare han musicalizado diversos poemas suyos. Desde 1996, la actriz Amelia Bence la interpreta en obras llevadas a cabo en diversos teatros latinoamericanos, intercalando poesía y música. Ella fue alumna de Storni en el Teatro Infantil Lavardén durante la década de 1920.96

FUENTES:
http://es.wikipedia.org
http://www.los-poetas.com