Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

martes, 3 de agosto de 2010

EL CUENTO FANTÁSTICO Y LA EDUCACIÓN

IMPORTANCIA DEL CUENTO EN LA EDUCACIÓN

Es interesante que, desde las Mil y una noches, probablemente el libro de cuentos más antiguo, hasta nuestros días se percibe la necesidad humana de escuchar , leer y de narrar cuentos. Lo que nos lleva a preguntar: ¿Qué función tienen y por qué los humanos tenemos esta necesidad de los cuentos tradicionales ?

Conviene detenernos en algunas consideraciones de tipo psicológico-pedagógico. Es conocido el rechazo de cierta pedagogía —sobre todo la de raíz positivista— por los cuentos tradicionales, considerándolos factores perturbadores de la psiquis infantil (por su condición demasiado cruel, por la presencia de personajes algo siniestros, por la importancia de la muerte en ellos). Según esos pedagogos, el niño tendrá tiempo al crecer de conocer la vida con sus bemoles. Se llegó al extremo de acusar a estas sagas populares de ser causa del famoso "sentimiento de culpa" que ha caracterizado a parte de la filosofía europea.


Pero desde hace algunas décadas —mucho antes en círculos esotérico teosóficos— comenzó el proceso de revaloración de estos relatos, destacando su valor terapéutico. Bruno Bettelheim, el gran sicoanalista, se colocó a la vanguardia de tal rescate a través de su hoy clásica obra "Psicoanálisis de los cuentos de hadas". En esas páginas, apelando al rigor técnico prueba que aquellos relatos tan vituperados por décadas ayudan sicológicamente a los chicos desde el momento que les proporcionan "criterios de valor", y lo hacen en un lenguaje alegórico, mítico y mágico, que no es otro que el de la propia infancia. Además indica que la estructura de estos textos convoca arquetipos de la esencia humana, que penetran adecuadamente en la psiquis infantil alimentándola con algo que ni la escuela ni nadie podría darle. Más todavía: Bettelheim afirma que mediante los cuentos de hadas el niño va conociendo, con alegorías adecuadas a su modo de aprehender el mundo, la cruda realidad de la vida.

Los cuentos de hadas, por su temática de fondo, por su contenido, por su simbolismo, pero también por la forma, por la estructura de la narración que hace de continente, despliegan ante los ojos maravillados del niño, ese mundo de fantasía que tan bien conecta con los miedos y fantasías inconscientes que habitan su interior. Es como si a través de los cuentos, -gracias al hecho de compartirlos con quien leyéndolos, comprendiéndolos y disfrutándolos-, se iluminase su interior y así, la angustia de lo informe, la oscuridad temida de la noche, pero también y sobre todo de su mundo interno inconsciente, el miedo a lo desconocido, a la soledad y al abandono, se diluyesen en el psiquismo del niño/a, que además, puede entonces disfrutar de lo que ya tiene para él formas y palabras, de lo que es una historia, una narración con la que puede a la vez identificarse y distanciarse.


Todo esto es posible porque los cuentos de los que hablamos, sin que los autores lo hubiesen pretendido, sirven para crear un espacio en el que el niño/a, puede “jugar” creativamente con sus temores, ilusiones, fantasías, y objetos internos que luego podrá recrear y disfrutar en el momento de la soledad vivida antes de quedarse dormido. Los cuentos de hadas son un excelente remedio para ayudar a los niños no solamente a calmar sus “nervios”, sus ansiedades, sino también, para elaborar entre otras, la angustia de separación y de pérdida que viven antes de dormirse.
Los cuentos de hadas son alimentos para el psiquismo del niño, estimulan su fantasía y cumplen una función terapéutica; primero, porque reflejan sus experiencias, pensamientos y sentimientos; y, segundo, porque le ayudan a superar sus ataduras emocionales por medio de un lenguaje simbólico, haciendo hincapié en todas las etapas -periodos o fases- por las que atraviesa a lo largo de su infancia. Cuando el niño lee o escucha un cuento popular, pone en juego el poder de su fantasía y, en el mejor de los casos, logra reconocerse a sí mismo en el personaje central, en sus peripecias y en la solución de sus dificultades, en virtud de que el tema de los cuentos le permite trabajar con los conflictos de su mundo interno.
Los cuentos de hadas suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema existencial. La maldad está siempre presente igual que la bondad, pero nunca en una sola persona sino en dos personajes diferentes. En los cuentos de hadas el malo siempre pierde, de modo que la convicción que se transmite es de que el crimen no es rentable, no resuelve nada, y además, el culpable siempre tiene su correspondiente castigo; de esta manera, los cuentos de hadas contribuyen de manera esencial en la temprana educación cívica del niño/a, así como en el aprendizaje y adquisición de normas éticas básicas, haciéndolo además de una forma más eficaz que la enseñanza de normas morales.


Los personajes de los cuentos de hadas no son ambivalentes, es decir que no son buenos y malos al mismo tiempo, como somos todos en realidad. Cenicienta es buena y las hermanastras son malas, ella es hermosa y las otras son feas, ella es trabajadora y las demás perezosas. Esta particularidad ayuda al niño a comprender más fácilmente la diferencia entre ambos caracteres. Las ambigüedades no deberían plantearse hasta que el niño no haya construido una personalidad relativamente firme y capaz de soportarlas. La disociación –desconexión de aspectos normalmente conectados entre sí- inconsciente que hace el niño pequeño entre lo bueno y lo malo, reflejo de la necesaria escisión defensiva del yo primitivo del niño y del objeto externo, es necesaria para asegurarle un espacio psíquico libre de conflicto. Más adelante, con su evolución y tras las experiencias repetidas en las que la gratificación vence a la frustración, el placer supera al malestar, y el amor se impone al odio, (entendido como frustración del amor), el niño podrá reunir en un solo objeto, interno y externo, todos los aspectos disociados, e integrarlos en su psiquismo, accediendo así, al sentimiento de culpabilidad, a la ambivalencia afectiva y también, a la capacidad de reparación.
En los cuentos de hadas, los protagonistas, siempre niños o adolescentes, se enfrentan a los peligros de la vida sin contar, o sin poder contar con la ayuda de los padres, venciendo y superando los obstáculos que se les presentan en el camino de la vida con astucia, inteligencia, coraje, bondad, fantasía, magia, etc.
Fuente -
Juan Larbán Vera, psiquiatra y psicoterapeuta
Letras Uruguayas - Hermógenes Bastarrica