Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

domingo, 16 de noviembre de 2008

CUATRO CHICOS Y UN PERRO - En busca de los Ah Puch
Novela para niños que obtuvo una mención en el Concurso Anual de Literatura organizado por el Ministerio de Educación y Cultura , año 2004- (Obra inédita)
Fue presentada con el seudónimo- Sofía Pagliano


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(Hacer click sobre las imágenes para ampliarlas)

Comparto con ustedes los capítulo 1 y 2

CAP.1

Amigos de vacaciones
Habían comenzado las vacaciones y en esa tarde de verano, el sol reverberaba en los médanos haciendo ver más dorada que nunca la fina arena de la playa.
Una franja de verde monte costero, donde convivían pinos, acacias, eucaliptus con especies autóctonas como ceibo , sauce criollo y plantas de juncos, totora y espadaña, separaba la playa de las primeras viviendas del balneario.
Bajo esa sombrilla esmeralda Valentina y sus amigos miraban como Chanfle, el perro, correteaba a las gaviotas que bajaban a picotear los peces muertos arrojados por las olas a la orilla del mar.
Valentina era delgada y chiquita, de largo cabello castaño recogido en dos trenzas que balanceaba con rápidos movimientos de cabeza.
Parecía de menor edad que la que tenía.
Curiosa por naturaleza, siempre estaba haciéndose preguntas a sí misma y a los demás.
Su amigo Marcelo tenía el pelo rubio cortado en forma de taza.
Alto y ágil, con la piel del color del trigo maduro de tanto andar deambulando al aire libre huyendo de la siesta obligatoria de su familia.-
Mariana, hermana melliza de Valentina, se parecía físicamente a ella, “como dos gotas de agua”, según decían los chicos.
Acertadamente sus padres, al contrario de otros que procuran hacer un calco de los gemelos, se empeñaban en diferenciarlas para que cada una formara su personalidad,
Las acostumbraron a vestirse en forma diferente, con el corte de pelo distinto. Mariana, que usaba melenita con flequillo, era más tímida y por ello se apoyaba en las decisiones de su hermana, de carácter más osado.
Daniel completaba el cuarteto; amigo desde la época del jardín de infantes. Todavía hoy compartían juegos y estudios.
Daniel era un moreno de ojos vivarachos, mota apretada contra el cráneo y una sonrisa llena de dientes blancos y brillantes.
Chanfle se cansó de correr a las gaviotas y volvió junto a la pandilla con un trote recto y alegre, echándose a los pies de Valentina. Bostezó, hundió el hocico entre sus patas delanteras y quedó dormido.-
Valentina acarició con ternura la cabeza del perro y recordó que tres cumpleaños atrás su padre había llegado con una caja dentro de la cual se escuchaba un tenue gemido.
Ella y su hermana, muy emocionadas se abalanzaron para levantar la tapa. Arrinconado en un ángulo de la caja, asustado, estaba un pequeño pastor alemán.
Cuatro manos competían por acariciar el suave pelaje castaño y negro de su nuevo amigo.
Ya más tranquilo el cachorro las observaba apaciblemente, como estudiándolas, con sus ojos color avellana oscuro. En un bullicio continuo lo pusieron en el piso para verlo mejor, mientras proponían diferentes nombres.
El cachorro reconocía su nuevo hogar olfateándolo todo. Las niñas estaban encantadas de ver sus orejas, todavía caídas, el hocico ahusado, las suaves almohadillas de sus patas, el cuerpo regordete y la peluda cola.
-¡¡Chanfle!!- exclamaron Valentina y Mariana al unísono, al verlo caminar de un lado a otro.
Como todavía no dominaba su equilibrio, el andar del cachorro, era medio sesgado llevándolo a chocar con las patas de las sillas y la mesa de la sala.
- ¡Se llamará Chanfle!.- repitieron. Y así quedó establecido.
Y desde ese día Chanfle pasó a ser un miembro más en las correrías de la pandilla.-
Valentina volvió de sus pensamientos cuando Marcelo bromeando, le arrojó un fruto de timbó diciéndole:
- Vale, te presto una oreja para que nos escuches, y no estés en la re-luna.
Todos rieron ante la ocurrencia de Marcelo.
La conversación transcurrió con la natural modorra que provocaba esa hora del día. De pronto Valentina dijo en tono preocupado:
-¿Vieron, chiquilines?. ¡Qué raro; tanto pescado muerto en la orilla!.
-Debe ser algún derrame de petróleo; o la marea roja- conjeturó Daniel, que siempre se estaba informando sobre los desastres ecológicos .
-Sí, es raro- dijo Marcelo acariciándose la barbilla.
-Son demasiados- afirmó Mariana realizando un rápido recuento de los pescados que veía dispersos cerca del agua.
Tendidos en la mullida hierba, disfrutando de la libertad que da la vida al aire libre, los amigos valoraban la suerte que tenían de vivir en ese lugar.
Los horrorizaba pensar en irse a una gran ciudad a encerrarse en un apartamento; eso era un proyecto para cuando fueran grandes y estudiaran en la universidad.
Así pasaron las horas más tórridas del día, conversando , observando los animales del monte y con Daniel como instructor, haciendo práctica de lazo con una liviana cuerda que arrojaban a los troncos caídos de los árboles.
Daniel había aprendido esta destreza , que encantó a sus amigos, en las visitas a la estancia donde su tío trabajaba como administrador.-
Este juego había convertido a los niños en habilidosos enlazadores, tanto, que algunas veces y como broma, Chanfle terminó atrapado por la cabeza o por las patas traseras.
Chanfle disfrutaba del juego, emprendía carreras en forma zigzagueante para hacerles más difícil la prueba de atraparlo.
Cuando el sol dejó de achicharrar todo lo que se ponía a su alcance, los niños jugaron entre las frescas olas y luego armaron un partido de fútbol con un grupo de compañeros ocasionales de la playa.

CAP. 2

Encuentro con los Ah Puch
A la tardecita, cansados de tanta actividad, Valentina, Mariana, Marcelo y Daniel, siempre acompañados por el perro, volvieron a su lugar preferido bajo los árboles para merendar.
El sol parecía hundirse en el mar donde los violetas, celestes, dorados, rosados, y anaranjados salpicaban el cielo, dándole al paisaje una atmósfera maravillosamente irreal.
Comieron los sándwiches que llevaban con gran apetito, ya que la actividad había sido mucha. Chanfle, que miraba codiciosamente el alimento que los niños se llevaban a la boca, también participó del festejo.
Luego los niños continuaron su animada charla mientras Chanfle, ya satisfecho su apetito, dormía apaciblemente.
De pronto el perro se despertó bruscamente y levantando las orejas se quedó quieto escuchando con atención.
Los cuatro niños siguieron la dirección de la mirada atenta del animal y a través de la suave penumbra del atardecer, que comenzaba a borrar el contorno de las cosas, notaron un llamativo movimiento entre los matorrales de yuyos y acacias.
Con sigilo se pusieron de pie, haciéndole señas a Chanfle para que no ladrara, ya que podría espantar al animalito que suponían estaba allí.
Comenzaron a caminar. Apartando delicadamente las ramas; iban en fila india y en absoluto silencio.
Después de avanzar unos ochenta metros se detuvieron al borde de un claro del monte.
En el medio vieron con gran asombro dos diminutas figuras que conversaban
gesticulando aparatosamente. Eran de pequeña estatura, no llegaban al metro, con grandes cabezas descarnadas, enormes ojos saltones, nariz larga en punta igual que las orejas y una boca de finos labios descoloridos, que dejaban ver una despareja hilera de dientes amarillos

Su flácido cuerpo estaba adornado con collares de huesos y campanas.
- Ya comenzaron a morir los peces- dijo uno con voz chillona, saltando sobre sus huesudos pies.
- Siii...¡¡qué lindo, qué lindo!! debemos ir por más veneno para continuar la matanza- palmoteó el otro con sus descarnados dedos.-
Los niños se miraron espantados y en sus dilatados ojos surgieron estas mudas preguntas: ¿Quiénes eran esos seres?. ¿De dónde salieron?. ¿Por qué querían envenenar el agua?.
A continuación los seres se despidieron dando saltitos en ronda, como si la arena todavía caliente les quemara los pies.
-Mañana nos vemos aquí a la misma hora- dijo uno de ellos y a continuación desaparecieron a gran velocidad en direcciones diferentes
Estupefactos por lo que habían visto y oído los cuatro niños estaban congelados.
-Debemos averiguar sobre estos seres- dijeron al unísono Mariana y Valentina, que fueron las primeras en reaccionar.
-Por supuesto, y rápido, porque por lo que vimos el mundo está corriendo peligro- sentenció Daniel.
-Bueno, yo creo que debemos ir a la casa de la maestra Walkiria y consultarla, que ella sabe mucho de todas las cosas- dijo Marcelo.
-Qué buena idea -exclamaron las niñas.

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ARTÍCULO PUBLICADO EN EL SEMANARIO " MINUANO" el 15 /06/2007

Algunas palabras sobre literatura infantil


Escribe: Cecilia Manzione

A la salida de la dictadura, el país vio -entre otras manifestaciones culturales- la novedad de una «literatura» dirigida a niños de las más variadas edades, con formato e ilustraciones que mucho se parecían a algunas publicaciones especializadas venidas de Europa. Es cierto que los clásicos uruguayos con textos exclusivos para niños como Julio C. Da Rosa, Morosoli, Espínola, Serafín J. García, tenían su lugar de privilegio. Pero también es cierto que la literatura para niños rondaba siempre en los temas campesinos o de los pequeños pueblos del interior del Uruguay.
El fenómeno del grupo musical Canciones para no dormir la siesta había demostrado durante los años oscuros que la poesía para niños puede y debe trascender lo rural y lo urbano. Pero Canciones para no dormir la siesta fue un hecho aislado que no llegó al gran público, si bien marcó a una generación de niños cuyos padres encontraban en sus producciones discográficas y las presentaciones en vivo, un escondite donde manifestar con la metáfora y las entrelíneas.
En veinte años, desde 1985, han aparecido algunos autores -Roy Berocay, Helen Velando, Sergio López, Ignacio Martínez, Susana Olaondo- que han tratado de remover la industria editorial. Lo han hecho, a su manera. Claro está que la exigua plaza de ventas al público ha sido fuertemente compensada con la venta a las agencias del BID (Mecaep y Memfod) que han comprado miles de ejemplares para las escuelas y los liceos de todo el país. Se trata de una escritura hecha para vender, hecha por encargo para colocar rápidamente en una licitación o por venta directa. Se trata de vender lo que el público pide: solo historias entretenidas. Un negocio redondo del que los niños y maestros han sido las víctimas directas.
Un perverso círculo vicioso ha ido instalándose en los lectores jóvenes -que pronto se hacen maduros- de tal manera que se vuelve confusa la discriminación entre lo literario y lo no literario. En veinte años los niños en el sistema educativo han leído casi exclusivamente esos libros. ¿Qué piensan los maestros acerca de la inmersión en obras y autores donde el goce estético es lo predominante?
Por otro lado, el país no ha invertido en bibliotecas especializadas ni en otros autores que pudieran enriquecer el gusto artístico de los niños y los jóvenes.
Tampoco se han fomentado ferias, congresos o encuentros de editoriales, autores, libros y lectores. La Feria del Libro, organizada anualmente por la Cámara del Libro, repite año a año un esquema poco atractivo para los niños y sus mayores, y de escaso de valor cultural. Se observa una preeminencia de lo comercial sobre lo artístico, educativo y cultural. Parecería que los lectores tuvieran que encontrarse con un buen libro, gracias a vaya a saber a qué acto mágico.
Los organismos oficiales de promoción del libro, entre ellos el Ministerio de Educación y Cultura, deben impulsar desde las bibliotecas diseminadas por todo el país, la adecuada información bibliográfica sobre la literatura para niños y actividades incentivadoras, de manera de formar lectores críticos.
Sin una planificación que contemple el objetivo de crear lectores en todo el país, todos los esfuerzos serán insuficientes. Necesitamos una política nacional de lectura que incluya una investigación del estado en cuanto a formas de edición, temas, dibujantes, autores. Faltan publicaciones de revistas especializadas que aborden el tema desde la perspectiva de los expertos, maestros o profesores en Uruguay y el resto del mundo.
El Concurso Anual de Literatura que organiza el Ministerio de Educación y Cultura tiene una categoría destinada a literatura infantil. Buena cosa sería la publicación de esas obras y su difusión en las escuelas y bibliotecas.
En mis manos tengo Cuatro chicos y un perro. En busca de los Ah Puch de Arinda González Bo, maestra oriunda de Minas. Se trata de una novela breve o serie de relatos, ganadora de una mención en el concurso del año 2004, del Ministerio Educación y Cultura. Este es solo un ejemplo de los muchos autores que tiene el país que se entregan al arte de la palabra y, como en este caso, también a las ilustraciones, que son magníficas. La historia contada es atractiva; pero el valor principal de la obra está en el tratamiento del lenguaje. La autora va introduciendo al lector en la tradición lingüística a través de mitos y leyendas heredadas de los mayores. Se propone un cuidadoso uso de la lengua por parte del narrador, seguramente porque la autora posee conciencia lingüística y sabe, como docente, las consecuencias en los usos sociales, del lenguaje estándar. Sin embargo, no se justifica el tuteo de los personajes, que desconoce el voseo de nuestra variante idiomática.
Arinda González presenta generosamente a sus personajes, un grupo de niños amigos y un perro, que nos recuerda el título morosoliano Tres niños, dos hombres y un perro. Los escenarios conocidos -la escuela, el Águila, la playa, el monte, el arroyo-, los personajes -los niños, el perro, la maestra, los seres extraños-, y el hilo temporal de la historia haciendo continuas idas y venidas de la memoria colectiva, y permanentes proyecciones acerca de la resolución de la historia principal hacen de esta obra un deleite para la razón y la sensibilidad.
¿Están los maestros dispuestos a investigar y a cambiar el repertorio de lecturas en las escuelas, de manera de promover niños lectores inteligentes?

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