Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

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miércoles, 1 de julio de 2026

1 DE JUNIO DE 1818 NACIA IGNACIO FELIPE SEMMELWEIS- BIOGRAFÍA

IGNACIO F SEMMELWEIS: EL SALVADOR DE LAS

 MADRES



 “Mi vida ha sido infernal. La idea de la muerte de mis pacientes me ha resultado siempre insoportable, sobre todo cuando se cuela entre las dos grandes alegrías de la existencia, la de ser joven y la de dar vida”.

Ignác Fülöp Semmelweis (Ignacio Felipe Semmelweis, en español), nació el 1 de julio de 1818 en Buda, en la orilla derecha del Danubio, en un barrio comercial de la capital húngara de población mayoritariamente alemana.

Fue un médico húngaro de origen alemán que consiguió disminuir drásticamente la tasa de mortalidad en un 70 % por sepsis puerperal (una forma de fiebre puerperal) entre las mujeres que daban a luz en su hospital mediante la recomendación a los obstetras de que se lavaran las manos con una solución de cal clorurada antes de atender los partos.

Actualmente es considerado una de las figuras médicas pioneras en antisepsia y prevención de la infección nosocomial o iatrogenia.

Semmelweis, hijo de un tendero de comestibles de origen germano, Cursa estudios elementales en el Gimnasio Católico de Buda, y de 1835 a 1837 se forma en la Universidad de Pest, al otro lado del río.

A los diecinueveaños viajó a Viena para estudiar Derecho, y un día, tras escuchar una clase de Josef Skoda -clínico y maestro de la Semiología-, decidió estudiar Medicina. Su tesis doctoral, “La vida de las plantas”, escrita en 1844, no iba a tener ninguna relación con su futuro campo de interés: la infección puerperal.
A mediados del siglo XIX, aún no se conocían los principios científico-epidemiológicos de la transmisión de las enfermedades infectocontagiosas. Por lo que se producían verdaderas epidemias de infecciones nosocomiales en los hospitales de la época, como era el caso de la Fiebre Puerperal en el Hospital General de Viena.

En aquel entonces (antes de Pasteur) nueve de cada diez operaciones terminaban con la muerte o infección del paciente. “El juego del talento consistía en explicar la muerte en función del ‘pus bien ligado’, del ‘pus de buena naturaleza’, del ‘pus laudable’. En el fondo ecos de la impotencia. Las muertes se suceden con total simplicidad. Semmelweis no sabe aún por dónde va a emprender una grandiosa reforma de esta cirugía maldita, pero es el hombre para esta misión”. 

En efecto, en febrero de 1846, Semmelweis fue nombrado asistente del profesor Klin, director de uno de los pabellones de maternidad del Hospicio General de Viena.
Allí, comprobó que en su sector el riesgo de muerte por fiebre puerperal era mucho mayor que en el otro (a cargo del profesor Bartch): cada mes fallecía hasta el 33% de las mujeres internadas. En mayo, la mortalidad llegó al 96%, por lo que se convocó a una Comisión Imperial. 



Frente a esta realidad, Semmelweis creía que el destino lo había elegido para descubrir las medidas decisivas que evitaran tanta muerte. Su punto de partida para resolver la tragedia era una única certeza entre tanta confusión y oscuridad: había más decesos en el pabellón de Klin que en el de Bartch. A partir de este dato, Semmelweis, entonces, elaboró deducciones prácticas: en el pabellón Bartch el tacto era practicado por alumnas de comadronas, mientras que en el pabellón Klin era hecho por alumnos de medicina. Así, las comadronas de Bartch fueron intercambiadas por los estudiantes de Klin y Semmelweis pudo comprobar que la muerte seguía a los discípulos de Klin: las estadísticas de Bartch empezaron a ser tan angustiantes que los estudiantes fueron devueltos a su pabellón original. De esta manera, llegó a su segunda comprobación: los estudiantes jugaban un papel de primera importancia en este desastre. 

Klin empezó a sostener que eran los practicantes extranjeros los que propagaban la fiebre puerperal y los terminó expulsando. Sin estar de acuerdo con la decisión, Semmelweis decidió volver sobre el único hecho demostrado para investigar por qué morían más mujeres de fiebre puerperal dentro del hospital que en la ciudad, más en el pabellón de Klin que en otras clínicas de Viena. En efecto, él había notado que las mujeres que daban a luz en la calle y no iban al pabellón de Klin hasta más tarde se salvaban casi siempre (incluso en temporadas de epidemia). Así, advertía: “La causa que busco está en nuestra clínica y en ninguna otra parte”.

Mientras Klin dejó de hablarle, buscando la oportunidad para revocarle el cargo de asistente, Semmelweis, que había estudiado con Karl von Rokitansky, recordó los cortes a menudo mortales que sufrían los alumnos durante las disecciones. La verdad estaba más cerca: los estudiantes debían lavarse las manos antes de entrar en contacto con mujeres embarazadas. No obstante, Klin se negó a tomar este recaudo y el 20 de octubre de 1846, luego de una discusión, lo destituyó.
A partir de una sugerencia de Skoda, Semmelweis viajó a Venecia en compañía de su mejor amigo, el cirujano Lajos Markusovszky. Dos meses después, al regresar a Viena, se enteró que el 13 de marzo de 1847 había muerto su profesor de anatomía, Jakob Kolletchka, como consecuencia de una herida que se había hecho durante una disección. Kolletchka era profesor de Medicina Forense del Hospital General de Viena y realizaba autopsias con propósitos legales en compañía de estudiantes. Luego de lastimarse, había desarrollado linfangitis y flebitis del miembro superior con un cuadro idéntico al de la infección puerperal: pleuritis bilateral, pericarditis, peritonitis y meningitis.
Puesto que Kolletchka había muerto como resultado de una incisión cadavérica, Semmelweis culpaba a las secreciones de los cadáveres del contagio.

Dice Semmelweis “Este acontecimiento me sensibilizó extraordinariamente y, cuando conocí todos los detalles de la enfermedad que le había matado, la noción de identidad de este mal con la infección puerperal de la que morían las parturientas se impuso tan bruscamente en mi espíritu, con una claridad tan deslumbradora, que desde entonces dejé de buscar por otros sitios.”

Streptococcus agalactiae, el agente causante más frecuente de la sepsis puerperal por contaminación con flora autóctona, a 10000 aumentos. 

La infección estudiada por Semmelweis se debía a contaminación desde cadáveres con bacterias anaerobias.
 Él razonaba: “Son los dedos de los estudiantes, ensuciados en el curso de las disecciones, los que llevan las partículas cadavéricas fatales a los órganos genitales de las mujeres embarazadas, sobre todo a la altura del cuello uterino. Todo el problema reside en limpiar las manos”.



Por solicitud de Skoda, Bartch terminó aceptando al médico en su maternidad como asistente. En mayo de 1847, Semmel weis hizo preparar una solución de cloruro de calcio y pidió que todos los estudiantes que hubiesen practicado disecciones el mismo día o el día anterior- se lavasen las manos antes de efectuar cualquier exploración en una mujer embarazada. Al mes siguiente de la aplicación de esta medida, la mortalidad había caído a un 12%.
Sin embargo, a Semmelweis no le parecía suficiente y ordenó que cualquier persona, hubiese practicado o no disecciones, se sometiera a una cuidadosa desinfección de las manos con la solución de cloruro de calcio antes de explorar a una mujer embarazada. En el curso del próximo mes, la mortalidad por fiebre puerperal bajaría al 0,23%.
Semmelweis había triunfado sobre la fiebre puerperal, pero víctima de la envidia y las rencillas no logró la aprobación que esperaba. Unos sostenían que las cifras eran erróneas, otros aclamaban que las cifras eran falsas. Ningún centro médico de Europa reconocía el hallazgo y el personal de los hospitales se oponía al lavado de manos por considerarlo inútil. Sólo cinco médicos apoyaban a Semmelweis: Rokitansky, Hébra, Heller, Helm y Skoda; el resto de los colegas, estudiantes y enfermeros lo llenaban de injurias.
El profesor Hebra decía: “Cuando se haga la Historia de los errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocará asombro que hombres tan competentes, tan especializados, pudiesen, en su propia ciencia, ser tan ciegos, tan estúpidos”.

Molesto, el ministerio destituyó a Semmelweis por segunda vez el 20 de marzo de 1849, y le ordenó que abandonara Viena.
Refugiado en Budapest, Semmelweis pasó hambre y apenas podía ejercer la medicina.
Además, en un plazo de pocos días, se fracturó un brazo y una pierna, y quedó inmovilizado en cama. Su amigo Lajos Markusovszky lo encontró solo, hambriento y enfermo. “Está tan envejecido que apenas he podido reconocerle. Hay una gran melancolía grabada en sus rasgos, temo que para siempre”, escribió su compañero en aquella ocasión.

 Portada de la primera edición de la obra principal de Ignaz Semmelweis 1861- Die Ätiologie, der Begriff und die Prophylaxis des Kindbettfiebers

Afortunadamente, un tiempo después fue admitido en la maternidad San Roque (de Budapest) donde comenzó la redacción de su libro capital, “La etiología de la fiebre puerperal.”
Para 1856, el Dr. Birley, director de la institución, había muerto y Semmelweis lo sucedió. Sin embargo, luego de escribir una carta abierta a todos los profesores de Obstetricia (en la que calificaba de asesinos a los detractores de las reglas prescriptas para evitar la fiebre puerperal), comenzó a sufrir las mismas hostilidades que en Viena.

“Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho… ¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias…”

Por esa época, su único amigo, el Dr. Arneth, en marzo de 1858 viajó a París con el manuscrito de Semmelweis para participar de las sesiones consagradas a la fiebre puerperal de la Academia. Allí, sólo recibió más oposición a la aplicación del método de Semmelweis.
Agotado, rotos todos los caminos de la razón y perdidos todos los apoyos, Semmelweis cayó en la melancolía y la alienación; se dejaba dominar por las alucinaciones y una tarde corrió hasta las aulas de anatomía de la facultad, se apoderó de un escalpelo, cortó los tejidos putrefactos de un cadáver y se hizo un corte profundo. Estaba infectado mortalmente. Este fue su último recurso para demostrar que su teoría era cierta.
Skoda, advertido de la situación de su discípulo, viajó a Budapest y trasladó a Semmelweis a Viena. El 22 de junio de 1865 fue internado en un manicomio. Sin embargo, al poco tiempo, desarrolló linfagitis, pleuresía, peritonitis y meningitis, y tras una agonía de tres semanas, murió el 16 de agosto de 1865 a los cuarenta y siete años de edad.
Su obra, aunque fue ignorada por su época, será eterna.
El perdió su vida, que la integro a la causa de la ciencia, salvando con su acto heroico miles y miles de vidas.

Fue a finales del siglo XIX cuando la medicina empieza a evolucionar con las disciplinas de higiene para preservar contagios. Luis Pasteur publicaría su hipótesis microbiana, y Joseph Lister  demostrará inequívocamente la naturaleza etiológica de los procesos infecciosos, con ello se lograría imponer la desinfección, la asepsia y la esterilización en todas las especialidades médicas.

Este estudio posterior de los microorganismos (contagium animatum) en el tratamiento de enfermedades infecciosas. Tres figuras sobresalen a este respecto: Pasteur, Koch y Joseph Lister. Sin embargo, lo más importante es que a partir de ese momento la realidad médica fue vista de forma diferente. Los pacientes ya no sólo enfermaban por factores internos a su cuerpo, sino también podían contraer patologías por factores externos. Se había dado un cambio de paradigma.

HOMENAJES

El Hospicio General de Viena tiene una estatua que representa al profesor Semmelweis. Bajo la efigie se ha colocado una placa con la inscripción: "El salvador de las madres".


Memorial de Semmelweis  entre el viejo Hospital de niños y el jardín botánico en el Neuenheimer Feld en Heidelberg (Baden-Württemberg, Alemania


Estatua de la reina Elisabeth ("Sissi") en el Hospital del parque de Semmelweis, Miskolc, Hungría.

 Sello postal alemán en homenaje a Semmelweis.


LEGADO



El legado del doctor Ignaz Felipe Semmelweis en la medicina es fundamental y revolucionario, principalmente por ser pionero en la antisepsia y en la prevención de infecciones nosocomiales.

Semmelweis descubrió en 1847 que la fiebre puerperal, una infección que causaba la muerte de un alto porcentaje de mujeres tras el parto, podía reducirse drásticamente si los médicos y estudiantes se lavaban las manos con una solución desinfectante (hipoclorito de calcio) antes de atender a las parturientas.

Este simple pero crucial acto de higiene disminuyó la mortalidad en la clínica donde trabajaba del 30% a menos del 2%, lo que evidenció la transmisión de agentes infecciosos a través de las manos de los profesionales de la salud.

Aunque en su época la teoría de los gérmenes no estaba desarrollada y sus colegas rechazaron sus ideas, Semmelweis sentó las bases para la teoría de la transmisión de enfermedades infecciosas y para la importancia de la higiene en la práctica médica.

Su trabajo allanó el camino para que posteriores científicos como Pasteur y Lister desarrollaran la teoría germinal de las enfermedades y las técnicas antisépticas que hoy son estándar en hospitales.

Por ello, es conocido como el "Salvador de las Madres" y su legado perdura en la medicina moderna, donde el lavado de manos es una práctica esencial para prevenir infecciones y salvar vidas.

En resumen, el legado de Semmelweis es:

  • Introducción del lavado de manos como medida preventiva fundamental en la medicina.

 

  • Descubrimiento de la transmisión de infecciones a través de las manos de los médicos.

  •  Reducción significativa de la mortalidad por fiebre puerperal.

 

  • Pionero en los procedimientos antisépticos que transformaron la obstetricia y la medicina en general.

Este legado ha salvado innumerables vidas y sigue siendo un pilar básico en la prevención de infecciones en la atención sanitaria actual


FUENTES

lunes, 22 de junio de 2026

22 DE JUNIO DEL AÑO 1633 GALILEO ES CONDENADO POR SUS TEORÍAS SOBRE EL MOVIMIENTO DE LA TIERRA CON RESPECTO AL SOL.

 

Galileo: Padre de la ciencia moderna


Galileo Galilei 

Galileo Galilei nació en Pisa el 15 de febrero de 1564.

Fue un astrónomo, filósofo, matemático y físico que estuvo relacionado estrechamente con la revolución científica.

Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes (música, literatura, pintura). 

Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento. Ha sido considerado como el padre de la astronomía moderna, el padre de la física moderna y el padre de la ciencia.

Su trabajo experimental es considerado complementario a los escritos de Francis Bacon en el establecimiento del moderno método científico y su carrera científica es complementaria a la de Johannes Kepler.

En Florencia, bajo la protección de la familia Médicis, se dedicó al estudio del comportamiento de los objetos en el agua. 

En esta época escribió De motu, una obra que aún se puede calificar de precientífica en el sentido moderno pero donde ya se atacaba la física aristotélica. En ella expone que la afirmación realizada por Aristóteles de que la velocidad con la que cae un cuerpo es proporcional a su peso era errónea, aunque no publicó el tratado porque sabía que contenía errores que, aunque pequeños en comparación con las nuevas aportaciones, eran suficientes para que los filósofos naturales aristotélicos tuviesen excusa para atacarlo. 

Además, su propuesta era demasiado revolucionaria para exponerla sin una explicación adecuada, cosa que no logró hasta diez años después.

La obra de Galileo abarca el desarrollo del método científico con el desarrollo inicial de la física y una revolución completa de la astronomía al utilizar el telescopio por primera vez al estudio sistemático de los cielos.

En el panteón de la revolución científica, Galileo ocupó una alta posición por el uso pionero de los experimentos cuantitativos con resultados analizados matemáticamente. 

No existía tradición alguna de métodos similares en el pensamiento europeo en aquel tiempo; el gran experimentador que precedía inmediatamente a Galileo, William Gilbert, no usaba un aproximamiento cuantitativo.

También contribuyó al rechazo de la lealtad ciega a la autoridad (como la Iglesia) u otros pensadores (como Aristóteles) en materia de ciencia y en la separación de ciencia, filosofía y religión. Es por esto que se le llama "padre de la ciencia".

En el siglo XX algunas autoridades desafiaron la realidad de los experimentos de Galileo, en particular el distinguido historiador de la ciencia Alexandre Koyré. Los experimentos relatados en Dos nuevas ciencias para determinar la ley de aceleración de caída de los cuerpos, por ejemplo, requieren medidas precisas del tiempo, lo cual parece imposible con la tecnología del siglo XVII. 

Según Koyré, se llegó a la ley deductivamente, y los experimentos eran meramente ilustrativos.

Investigaciones posteriores, sin embargo, los han validado. Los experimentos de caída de cuerpos (ahora deslizamiento de cuerpos) fueron repetidos usando los métodos descritos por Galileo (Settle, 1961), y la precisión de los resultados eran compatibles con el informe de Galileo. 

Más tarde la investigación de documentos inéditos de Galileo, mostró la veracidad de los experimentos y hasta indicó resultados particulares que condujeron a la ley del cuadrado de los tiempos (Drake, 1973).

El centro de las investigaciones de Galileo son las teorías del movimiento, reprobando los conceptos aristotélicos respecto a que cuerpos de diferente peso caen a diferentes velocidades.

La casa florentina de Galileo

Es en 1581 al ingreso a la Universidad de Pisa para estudiar medicina, donde encontrándose un día en la catedral de Pisa, se dice que al observar una lámpara oscilando, descubrió que ésta demoraba siempre lo mismo en efectuar una oscilación, a pesar de que estas redujeran gradualmente su amplitud. 

Más tarde, Galileo verificó experimentalmente su observación y propuso el empleo del péndulo como elemento regulador del tiempo en los relojes, concepto desarrollado en 1656 por Christiaan Huyghens. 

En 1592, solicita y obtiene la cátedra de matemáticas en Padua, donde desarrollaría, durante los siguientes 18 años, sus trabajos más descollantes. 

Continuando sus investigaciones sobre el movimiento, alrededor de 1604, demuestra teóricamente que los cuerpos que caen, siguen lo que se dio en llamar la ley del movimiento uniformemente acelerado (según la cual, en tal movimiento, los cuerpos aumentan o disminuyen de velocidad uniformemente con el tiempo). Galileo estableció también la ley de la caída parabólica. 

Sobre fines del siglo XVI, y en conocimiento de la propuesta de Nicolás Copérnico, de que los planetas orbitan al Sol, no se atrevía todavía a difundirla, como se evidencia en su carta a Kepler del 4 de abril de 1597, aunque ya estaba convencido de su validez. 

Durante la primavera de 1609, se entera en Venecia de la reciente invención del telescopio, por un óptico holandés de nombre Lippershey, y a su regreso a Padua comienza por construir uno que aumenta al triple y luego otro que multiplica por 32. 

Galileo realizó sus observaciones con el relativamente nuevo telescopio, considerado hoy rudimentario.

Proeza que logró luego de diseñar su propio método de verificación de la curvatura de las lentes. Sus instrumentos permitieron observaciones astronómica precisas y pronto fueron solicitados por personajes influyentes de todas partes de Europa.

Siendo el primero en estudiar los cielos, Galileo comenzó a publicar sus observaciones a fines de 1609 y anunció importantes descubrimientos en 1610. 

Ilustración elaborada por Galileo sobre las fases lunares

Describió la superficie de la Luna como áspera y desigual y no lisa como se creía siguiendo la opinión de los aristotélicos. La Vía Láctea, dijo que consistía en una gran colección de estrellas y en torno a Júpiter halló cuatro satélites, nunca antes vistos, que llamó Sidera Medicea, en honor a quien fuera primero su discípulo y luego patrón, Cosme II de Médicis, gran duque de Toscana. Afirmó que Venus presentaba fases como la Luna, tal como debía ser si se lo consideraba un planeta con su órbita interior a la de la Tierra. 

Este descubrimiento resulta interesante, pues Copérnico había sostenido que al no observárseles fases, tanto Mercurio como Venus debían ser planetas transparentes. 

Por otra parte, también nos confirman la excelente calidad óptica de los instrumentos de Galileo. También estudió a Saturno, que describió como un cuerpo compuesto de estrellas, con una central, mayor que las otras.

 

Galileo enseñando al dux de Venecia el uso del telescopio. Fresco de Giuseppe Bertini (1825-1898).

 Durante su visita a Roma en 1611, la demostración de su telescopio le granjeó grandes halagos de parte de las personalidades más importantes, que lo animaron a publicar en 1913, tres cartas bajo el título “Istoria e dimostrazioni intorno alle macchie solari e loro accidenti”. En ellas dio respaldo a la teoría copernicana, al exponer que el movimiento de rotación de las manchas solares contradecía los planteos geocéntricos de Ptolomeo y daban la razón a los heliocéntricos de Copérnico. 

Los profesores de la escuela aristotélica, reaccionaron al verse intelectualmente amenazados y replantearon a las autoridades eclesiásticas la contradicción entre la teoría de Copérnico y las Escrituras. 

Con el apoyo de los Domínicos, acusaron a Galileo ante la Inquisición, de dichos blasfemos de su invención. Muy alarmado, Galileo respaldado por el monje benedictino B. Castelli, uno de sus discípulos, escribió cartas al Gran Duque de Toscana y a las autoridades de Roma, recordando a la iglesia su práctica de interpretar las Escrituras como alegorías toda vez que entrasen en conflicto con la verdad científica.

Y también, que para quiénes se convencieran con pruebas de algún hecho, sería muy difícil de sobrellevar, que tal convicción fuere pecado. Y en persona rogó a las autoridades romanas que abrieran el camino al cambio. Desgraciadamente, el cardenal Roberto Bellarmino, jefe de teólogos de la iglesia, no fue capaz de apreciar la importancia de las nuevas teorías y se aferró a la creencia tradicional de que las hipótesis matemáticas no tenían nada que ver con la realidad física. 

En cambio sólo valoró el riesgo de un escándalo, que podría perjudicar al Catolicismo en su puja con el Protestantismo, y para evitarlo hizo declarar “falso y erróneo” el planteo copernicano, e ingresó en el Index el libro de Copérnico, en un decreto que se publicó el 5 de marzo de 1616. 

Como deferencia personal hacia Galileo, le advirtió de antemano del decreto una semana antes, diciéndole que no debía “ni respaldar ni defender” la doctrina que podría aún discutirse, pero como mera “hipótesis matemática”.

 

En 1624, Galileo regresó a Roma y solicitó la revocación del decreto de 1616, pero sólo obtuvo permiso del Papa para escribir sobre “los sistemas del mundo” Copernicano y de Ptolomeo, siempre que los discutiera sin anteponerlos, y concluyera que el hombre no puede presumir de conocer cómo está hecho el mundo realmente, "porque Dios pudo haber logrado su creación de maneras no imaginadas por el hombre, quién no debe poner límites a la omnipotencia Divina". Estas instrucciones le fueron dadas por escrito, con la firma del censor jefe Monsignor Riccardi. 

Durante su estadía en Roma, tuvo oportunidad de ver uno de los primeros microscopios compuestos. Y habiendo ya experimentado con el empleo de lentes para la observación de objetos pequeños, sus conocimientos de óptica le permitieron desarrollar varias sustanciales mejoras en su diseño.

 Los siguientes siete años, Galileo los dedicó a su gran libro publicado en 1632 “Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo”, donde discute las teorías geocéntrica y heliocéntrica y combate los presupuestos de la cosmología aristotélica porque no encuentra justificación: ¿por qué el Universo ha de tener un centro y no más de uno?, ¿por qué va a ser finito y no infinito? 

Los estudios de Galileo contra la teoría geocéntrica se presenta como discordante con la oposición de la Iglesia Católica al sistema Copernicano lo que habilitó a las autoridades eclesiásticas de acusarlo de “vehemente sospecha de herejía”. 

A pesar de sus reclamos de imposibilidad a causa de la edad y enfermedad, fue intimado a viajar a Roma, en febrero de 1633 para enfrentar un juicio cuya sentencia le fue leída el 21 de junio y lo declaraba culpable de haber defendido y enseñado la doctrina copernicana y se le ordenó retractarse. Galileo, debió declarar conforme a un protocolo, que “abjuraba, maldecía y detestaba” sus pasados errores.

 El 22 de junio 1633, en el convento dominicano de Santa María sopra Minerva, Roma, se emite la sentencia: Galileo es condenado a la prisión de por vida (pena inmediatamente conmutada por residencia de por vida por Urbano VIII) y su obra es prohibida. Él pronuncia igualmente la fórmula de abjuración que el Santo Oficio había preparado y agradeció a los diez cardenales que lo habían defendido, y en especial a los tres cardenales que habían pedido su exculpación.

 Las teorías de Galileo entraron en conflicto con la Iglesia católica y su juicio es considerado como el clásico enfrentamiento entre la ciencia y la religión.

Finalmente, la condena fue esta: la obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de tres años, más la de no alejarse demasiado de su lujosa villa en Arcetri, pena esta última que fue levantada enseguida.

 

Galileo pasó sus últimos años en prisión domiciliaria.

Vive en arresto domiciliario desde 1633, lo que no afectó su extraordinaria creatividad, escribiendo durante este tiempo Diálogos sobre dos nuevas ciencias, en la que resume todas sus investigaciones y descubrimientos encuadrados en lo que hoy es la mecánica y especialmente la cinemática. 

Fundamenta los estudios del movimiento en dos secciones y establece por primera vez leyes para: la caída libre, el movimiento sobre planos inclinados, la suma de movimientos independientes, el movimiento de proyectiles, etc. y es el primero en exponer el concepto mecánico de fuerza. 

En 1637 realiza su último descubrimiento importante con el telescopio, al anunciar y describir los movimientos de libración de la Luna. Cerca de su fin y ya ciego, dictó a dos de sus discípulos: Evangelista Torricelli y Vincenzo Viviani, sus pensamientos sobre fenómenos de impacto. 

A fines de 1641 le sobreviene una fiebre pertinaz, y muere el 8 de enero del año siguiente.

IMPACTO DE LA OBRA DE GALILEO

 

La teoría heliocéntrica de Galileo creó malestar entre algunos clérigos en Roma.

La revolución científica protagonizada por Copérnico y Gelileo se  basa en contradecir el sistema aristotélico - ptolemaico dominante durante la Edad Media y que partía de tres dogmas como: la división del mundo en dos esferas: celeste y terrestre; la superficie de la Luna no es llana: es de carácter rugoso, hay montañas y valles, y por tanto no es una esfera perfecta como creían los aristotélicos.

 Desmiente con ello la inalterabilidad de los cuerpos celestes, y además el Sol tiene manchas, lo cual quiere decir que no es homogéneo en todas sus partes. El Sol padece mutaciones, luego los astros no son inmutables. En segundo lugar, el geocentrismo: la Tierra está situada en el centro del Universo y permanece inmóvil, y por último, que el cielo posee forma esférica y tiene un movimiento de giro. Todos los cuerpos celestes se mueven de forma uniforme y en círculos perfectos.

 

Desde Galileo, el método científico sufre un giro, que consolida la revolución científica, en tanto se basa en el rechazado del criterio de autoridad de la iglesia y de los filósofos anteriores, en que se deben observar rigurosamente los fenómenos y hacer repetidas experiencias y separar lo esencial de lo accidental, y en particular la necesidad de formular hipótesis y corroborarlas con los hechos.  

Por ello su aporte en la ciencia implica también una revolución en el pensamiento, en tanto la autoridad de la Iglesia quedaba en entredicho, ya que seguía manteniendo el geocentrismo, sistema que le convenía a sus intereses jerárquicos. La teoría del heliocentrismo, suponía cuestionar que los textos bíblicos (como por ejemplo que la Tierra fuera el centro del Universo -geocentrismo-) fueran válidos para una verdadera ciencia.

 Habrá que esperar a la primera mitad del siglo XVIII donde el papa Benedicto XIV autoriza las obras sobre el heliocentrismo, ya que en 1741, donde la prueba óptica de la órbita de la Tierra, hizo que el Santo Oficio diese al impresor la primera edición de las obras completas de Galileo.

Galileo sigue siendo considerado uno de los más grandes científicos de la historia.


Pero recién el Siglo XX comienza el reconocimiento de Galileo, a partir de Pío XII quien comienza a rendir homenaje al gran sabio: en 1939 este Papa, en su primer discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, a pocos meses de su elección al papado, describe a Galileo "el más audaz héroe de la investigación ... sin miedos a lo preestablecido y los riesgos a su camino, ni temor a romper los monumentos".

En 1992, una comisión investigadora nombrada trece años antes por el Papa Juan Pablo II, reconoce públicamente el error cometido por el tribunal eclesiástico.

En el año 2009, 376 años después de su condena y la prohibición de sus libros, y aprovechando los eventos del Año de la astronomía, el Vaticano celebró el 15 de febrero una misa en su honor. La celebración, fue oficiada por monseñor Gianfranco Ravasi y estuvo promovida por la Federación Mundial de Científicos; la Santa Sede quería hacer pública la aceptación del legado del científico dentro de la doctrina católica.

FUENTES

https://uruguayeduca.anep.edu.uy/efemerides/510

https://www.bbc.com/mundo/noticias-49373889

https://es.wikipedia.org/wiki/Galileo_Galilei