El 6 de septiembre de 1522 la
nao Victoria al mando de Juan Sebastián El Cano, regresa a Sanlúcar de
Barrameda, completando así la primera circunnavegación documentada del planeta
Tierra. Solo regresaron 18 marinos de los 285 que iniciaron la expedición, y
traen una carga valiosa de especias.
Provino de una familia acomodada y respetada localmente. Su padre fue Domingo Sebastián Elcano, un rico vecino y destacado comerciante y armador naval en Guetaria, considerado uno de los hombres más pudientes del lugar.
Su madre fue Catalina del Puerto, de una familia influyente con miembros clérigos y escribanos.
Fue el cuarto de ocho hermanos. Algunos de sus hermanos, como Martín Pérez, Antón Martínez y Martín Ochoa, también fueron marineros y participaron con él en expediciones posteriores.
La familia tenía tradición marinera y poseía al menos un barco propio con el que comerciaban.
Desde joven se dedicó al mar, inicialmente en actividades comerciales y más tarde en expediciones militares y exploratorias.
Su entorno familiar y social influyó en su carrera marítima y mercantil.
En el año 1509, Juan Sebastián
Elcano participó en la expedición militar española dirigida por el cardenal
Francisco Jiménez de Cisneros para conquistar la plaza de Orán, en la actual
Argelia.
Esta expedición fue una
empresa apoyada y financiada por Cisneros, con el respaldo del rey Fernando el
Católico, que buscaba controlar la costa de Berbería y eliminar un nido de
corsarios que perjudicaban el comercio en el Mediterráneo.
La operación partió el 16 de mayo de 1509 desde Cartagena con una flota de aproximadamente 80 naos y 10 galeras, transportando cerca de 14,000 soldados.
Las tropas desembarcaron en Mazalquivir, ciudad cercana a Orán, el día 18 de mayo, y tras un fuerte combate lograron tomar la alcazaba, las murallas y las puertas de Orán.
El asalto fue rápido debido al bombardeo naval y al uso de escaleras para franquear las murallas.
En la batalla, los defensores sufrieron fuertes bajas y muchos cautivos cristianos fueron liberados.
El cardenal Cisneros, pese a su avanzada edad, dirigió la expedición desde el inicio y luego entró victorioso en Orán, ordenando la restauración de las estructuras dañadas y la consagración de mezquitas a santos cristianos, además de la creación de hospitales y conventos.
La conquista aseguró a España cientos de años de dominio en la plaza, y Elcano destacó en esta campaña por su valentía y pericia como marino, experiencia que solidificó su reputación para las futuras empresas de exploración marítima.
Esta acción militar fue uno de los momentos clave en la carrera temprana de Elcano, estableciendo su fama en las armas y el mar.
Entre los años 1518 y 1519 se
instala en Sevilla y se une a la expedición de Fernando de Magallanes que parte
en 1519 con cinco naos para buscar una ruta occidental a las Islas de las
Especias (Molucas) navegando hacia el oeste.
Elcano fue un marino
experimentado clave en la expedición y participa en la exploración del Río de
la Plata y la Patagonia.
Primera página de la larga Instrucción del Rey a
Magallanes y Faleiro.
Clavo, la cotizada especia de la que la nao Victoria
trajo 27 toneladas.
En su honor, el buque escuela de la Armada Española Juan Sebastián Elcano lleva su nombre.
Nació en fecha que oscila entre 1480 y 1491, y los estudiosos se inclinan por una u otra en referencia con la edad que le asignan al comenzar el viaje con Magallanes.
Durante su estancia en la corte española se informó de la expedición que preparaba Magallanes y decidió participar en ella.
Emprendió el viaje a Sevilla, donde logró alistarse en la tripulación expedicionaria con el cargo de sobresaliente, puesto destinado por lo general a jóvenes de familia noble enrolados en busca de aventuras o experiencia militar.
Pigafetta parece haber gozado de una constitución robusta, como él mismo afirma:
«habiendo estado bien de salud para llevar mi diario».
Los invito a leer la parte final del cuaderno de bitácora llevado por Antonio Pigafetta en su viaje gracias al cual podemos tener una visión cercana de esa memorable hazaña.
Cuando quieren darles alguna cosa, se la dejan en el suelo, de donde la recogen, y cuando andan por los caminos gritan constantemente po, po, po, esto es, guardaos de mí.
Para doblar el Cabo de Buena Esperanza, subimos hasta el 42° de latitud sur; y nos fue preciso permanecer nueve semanas frente a este cabo, con las velas plegadas, a causa de los vientos del oeste y del noroeste que experimentamos constantemente y que concluyeron en una tempestad terrible. El Cabo de Buena Esperanza está hacia los 34° 30' de latitud meridional, a mil seiscientas leguas de distancia del de Malaca.
En fin, con ayuda de Dios, el 6 de mayo doblamos este terrible cabo, siendo preciso acercamos a él hasta distancia de cinco leguas, sin lo cual no lo hubiéramos conseguido jamás.
Carecíamos totalmente de víveres, y si el cielo no nos hubiese acordado un tiempo favorable, habríamos todos muerto de hambre.
Sabiendo que nos hallábamos en tierra enemiga y que se abrigarían sospechas de nosotros, tuvimos la precaución de hacer decir a los hombres de la chalupa que enviamos a tierra a hacer provisión de víveres, que pasábamos al puerto porque habiéndose quebrado el palo trinquete al doblar la línea equinoccial, gastamos mucho tiempo en acomodarlo, y que el comandante en jefe, con otras dos naves, había continuado su derrota a España.
Les hablamos de manera de hacerles creer que veníamos de las costas de América y no del Cabo de Buena Esperanza. Prestóse fe a nuestras palabras y por dos veces recibimos la chalupa llena de arroz a cambio de nuestras mercaderías. Para ver si nuestros diarios habían sido llevados con exactitud, hicimos preguntar en tierra que qué día de la semana era.
Habiendo por tercera vez regresado la chalupa a tierra con trece hombres, notamos que se la retenía, pudiendo además sospechar por el movimiento que se observaba en algunas carabelas, que querían también apoderarse de nuestra nave, lo que nos determinó a partir en el acto.
Sanlúcar de Barrameda
Gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre entramos en la bahía de San Lúcar y de los sesenta hombres que formaban la tripulación cuando partimos de las islas Molucas, no éramos más que dieciocho, y éstos en su mayor parte estaban enfermos.
Desde que habíamos partido de la bahía de San Lúcar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo entero, yendo siempre de este a oeste.















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