martes, 18 de agosto de 2026

18 de AGOSTO DE 1895 NACIA ANTONIO ROBLES - BIOGRAFÍA

 


Antonio robles : Descubriendo la Magia

  en  la Literatura Infantil




Antonio Joaquín Robles Soler (Robledo de Chavela), más conocido como Antoniorrobles, nació el 18 de agosto de 1895, en Robledo de Chavela, Madrid, España.

 Fue un escritor español, adaptador, cuentista, cronista, ensayista, novelista, periodista e ilustrador español, destacado especialmente en la literatura infantil.

Su padre, Félix Robles, era médico rural en Robledo de Chavela (Madrid), pueblo de nacimiento del escritor.

La madre, Adelaida Soler, su apellido dio origen a la segunda parte del seudónimo literario de su hijo ("Robles" + "Soler" = Antoniorrobles).

La familia se trasladó poco después del nacimiento de Antonio a San Lorenzo de El Escorial, donde transcurrió la infancia del futuro escritor. Este entorno escurialense marcaría profundamente su obra y su imaginario literario.

La profesión del padre vinculó a la familia con el ambiente de una población pequeña y con la vida de la sierra madrileña.

Su infancia se desarrolló en el entorno de San Lorenzo de El Escorial y su monasterio, un espacio que tendría una importancia duradera en su memoria y en su obra.

Allí creció, allí se formó su sensibilidad y allí quedó fijado el paisaje emocional que más tarde reaparecería en sus memorias y en su literatura.

El Escorial fue, de hecho, mucho más que el lugar donde vivió de niño: se convirtió en el principal referente afectivo y vital.

 Antoniorrobles fue el tercero de cuatro hermanos.

Se supone que cursó sus primeros estudios en San Lorenzo de El Escorial donde creció.

Su vínculo con la escritura apareció tempranamente: a los dieciocho años publicó su primer artículo en el diario madrileño La Tribuna.

Primero con colaboraciones puntuales y poco después con crónicas de viaje (“Postales en color”) que ya muestran su mirada literaria y visual, antes de convertirse en una figura central del periodismo cultural y la literatura infantil española.

Más tarde evocaría su juventud y sus primeros pasos literarios en textos autobiográficos y en recuerdos sobre El Escorial.

Antoniorrobles comenzó estudios superiores de Ingeniería de Montes en San Lorenzo de El Escorial, pero abandonó esa carrera sin llegar a terminarla.

Él mismo declaró en una entrevista que empezó “un poquitito” en esa carrera, pero que no era “amigo de estudiar” y que la dejó pronto para dedicarse al periodismo y la literatura.

No hay evidencia de que se matriculara o terminara otra carrera universitaria reglada; las biografías lo describen como periodista y escritor autodidacta en lo literario, sin título universitario finalizado.

Aunque no completó una titulación universitaria, Antoniorrobles desarrolló una trayectoria profesional muy definida.

Colaboró desde joven en diarios y revistas (La Tribuna, La Correspondencia de España, Buen Humor, Gutiérrez, Estampa, Ahora, Crónica, etc.).

Se convirtió en el iniciador de la moderna literatura infantil española, con una extensa obra de cuentos, novelas y adaptaciones.

En 1918, con 23 años, Antoniorrobles dio sus primeros pasos en el periodismo profesional al colaborar en el diario madrileño La Tribuna, un periódico conservador y maurista fundado en 1912 que contaba con firmas destacadas de la época.

Ese mismo año, el 14 de marzo de 1918, Antoniorrobles había leído en una función benéfica del Teatro de San Lorenzo de El Escorial un opúsculo titulado Intermedio sentimental, lo que marca el inicio de su actividad pública como escritor.

En esa etapa temprana, Antoniorrobles aún no usaba el seudónimo por el que sería conocido; firmaba con su nombre o con variantes como “Donantoniorrobles”, que más tarde se fijaría como Antoniorrobles en la revista Gutiérrez (a partir de 1927).

En La Tribuna publicó crónicas y artículos de opinión, consolidando un estilo periodístico que combinaba la observación cotidiana con un tono a menudo irónico y literario.

Este primer vínculo con La Tribuna es relevante porque marca el inicio oficial de su carrera periodística, antes de que se consolidara como colaborador habitual de otras cabeceras y revistas (La Correspondencia de España, Buen Humor, Gutiérrez, Crónica, etc.).

Le permite integrarse en el entorno intelectual madrileño de la época, donde ya colaboraban nombres como Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala o el caricaturista Luis Bagaría, con algunos de los cuales luego mantendría amistad y proyectos conjuntos.

Entre los años 1920 y 1922, Antoniorrobles consolidó su faceta de cronista de viajes con dos series muy características: “Postales en color” (Italia) y “Humo de kif” (Marruecos), publicadas respectivamente en La Tribuna y La Correspondencia de España.

En diciembre de 1920 viajó a Italia y permaneció allí hasta abril de 1921.

Las impresiones de ese primer viaje al extranjero dieron lugar a quince crónicas que publicó en el diario madrileño La Tribuna bajo el título colectivo Postales en color.

El título ya revela su enfoque: una mirada visual, pictórica y casi cinematográfica, en la que describe ciudades, paisajes y escenas cotidianas como si fueran estampas o postales coloreadas, algo coherente con su sensibilidad plástica y su posterior vinculación con el arte y la ilustración.

En 1922 viajó a Tetuán (Marruecos), motivado por la enfermedad grave de su hermano José, que cumplía allí el servicio militar.

Desde el norte de África envió a La Correspondencia de España* una serie de ocho crónicas agrupadas bajo el título “Humo de Kif”.

El título alude al kif (cannabis tradicional del Magreb), y las crónicas combinan la descripción de paisajes, costumbres y ambientes marroquíes con observaciones irónicas y literarias, en la línea de su estilo periodístico: cercano, visual y a menudo humorístico.

Estas dos series son fundamentales porque marcan su consolidación como cronista de viajes dentro del periodismo madrileño de entreguerras, antes de que se volcara de lleno en la literatura infantil y el humor gráfico.

Muestran ya rasgos que definirán su obra posterior: la mirada visual, el gusto por el detalle cotidiano, el tono irónico y amable, y la capacidad de transformar la experiencia directa en relato literario.

Constituyen, junto con sus primeros relatos (como La garra de lo humano, 1922), la base de su reputación como escritor y periodista antes de convertirse en el “patriarca de las letras infantiles españolas”.

En 1923 Antoniorrobles dio un paso decisivo en su carrera literaria y periodística: se integró en el núcleo renovador del humor español a través de la revista Buen Humor y, al mismo tiempo, publicó su novela Tres Novela de pueblo, editada en Madrid por la Librería de A. PueyoLibrería de A. Pueyo, que consolida su faceta de narrador de temática social y rural.

Buen Humor era un semanario satírico y humorístico fundado en diciembre de 1921 por el caricaturista Sileno (Pedro Antonio Villahermosa), que se convirtió en uno de los principales focos del humor moderno en Madrid durante los años veinte.

En 1923 Antoniorrobles inició sus colaboraciones en este semanario, junto a una generación de escritores y humoristas que proponían un nuevo concepto del humor, más vanguardista, literario y cercano a la vida cotidiana.

Entre sus compañeros de redacción y colaboradores habituales figuraban Ramón Gómez de la Serna (con sus greguerías y textos breves), Manuel Abril, Enrique Jardiel Poncela, Juan Pérez Zúñiga, Eduardo Zamacois. Luis de Tapia, José Francés, José López Rubio, entre otros.

Esta etapa es importante porque sitúa a Antoniorrobles en el centro de la vida intelectual madrileña de entreguerras, en contacto directo con las vanguardias y con autores que luego serían claves en la narrativa, el teatro y el humor españoles.

La obra está subtitulada explícitamente “Novela de pueblo”, lo que indica su intención de retratar la vida cotidiana del entorno rural español, con sus personajes típicos, conflictos sociales y costumbres locales.

El subtítulo “Novela en colores” sugiere una narrativa muy visual y plástica, coherente con el estilo de Antoniorrobles (ya visible en sus crónicas de viaje como “Postales en color”) y con la sensibilidad de la época, que buscaba traducir a la literatura las experiencias cromáticas y visuales de la modernidad.

En Tres Antoniorrobles combina una mirada realista y crítica sobre la sociedad de pueblo.

Un tono a menudo irónico y agudo, coherente con su formación periodística y humorística

Un interés por los personajes populares y las dinámicas colectivas, algo que luego trasladará a su literatura infantil.

Esta novela se inscribe en la línea de su primera narrativa adulta (tras La garra de lo humano, 1922), antes de que, a partir de 1925, se volcara de lleno en la literatura para niños en la revista Pinocho de la editorial Calleja.

El año 1923 es, por tanto, un punto de convergencia:

Por un lado, su trabajo en Buen Humor lo afianza como escritor de humor y cronista moderno, en diálogo con Gómez de la Serna y la generación del 27.

Por otro, Tres (Novela de pueblo) lo muestra como narrador de temática social, capaz de abordar con seriedad y profundidad el mundo rural, sin perder su sello irónico y observador.

En conjunto, 1923 marca su consolidación como figura polifacética: humorista, cronista y novelista, antes de que su trayectoria derivara hacia la literatura infantil y juvenil, donde alcanzaría su mayor proyección.

En 1924 Antoniorrobles publicó El archipiélago de la muñequería, una novela vanguardista que lleva el subtítulo de “Novela en colores” y que cuenta con un prólogo de Ramón Gómez de la Serna formado por 18 greguerías, lo que la sitúa en el corazón de la renovación estética de las vanguardias españolas.

Este prólogo no es un texto crítico convencional, sino un conjunto de 18 greguerías, el género breve e ingenioso que Ramón había creado y que define como “una metáfora más un chiste”, y que él mismo usaba para abrir o rodear obras de sus amigos y tertulianos del café Pombo.

La obra fue editada en Madrid, 1924, por la Librería de A. Pueyo, la misma editorial que había publicado un año antes su novela Tres (Novela de pueblo).

Antoniorrobles era ya tertuliano del Pombo, el famoso café madrileño donde Ramón reunía a artistas y escritores de vanguardia, y su integración en ese círculo se refleja en la colaboración directa de Gómez de la Serna en esta novela.

El hecho de que Ramón prologue la obra con greguerías (y no con un estudio crítico) subraya el carácter vanguardista, lúdico y experimental del libro, alineado con la estética de la época: fragmentarismo, imagen sorprendente, juego verbal y visual.

El archipiélago de la muñequería es el “primer libro del tertuliano del Pombo” en el sentido de que es la primera obra de Antoniorrobles que aparece explícitamente avalada y enmarcada por Ramón dentro de la órbita de las vanguardias.

El título El archipiélago de la muñequería evoca un espacio fragmentado y múltiple (“archipiélago”) vinculado al mundo de las muñecas y los juguetes, un territorio que luego Antoniorrobles explorará de forma sistemática en su literatura infantil, pero que aquí aparece tratado desde una perspectiva más adulta y experimental.

La novela forma parte de lo que los estudiosos llaman su “narrativa mayor” para adultos, junto a Tres, El muerto, su adulterio y la ironía, Novia, partido por dos y Torerito soberbio, y se caracteriza por sus rasgos humorísticos y vanguardistas, asimilando el espíritu de las corrientes europeas de los años veinte.

El archipiélago de la muñequería es relevante porque marca el punto más alto de su narrativa vanguardista para adultos, antes de que, a partir de 1925, se volcara de lleno en la literatura infantil y juvenil en la revista Pinocho de la editorial Calleja.

Consolida su vínculo con Ramón Gómez de la Serna y con el entorno del café Pombo, situándolo como un autor que, sin pertenecer a la Generación del 27 en sentido estricto, comparte su clima estético y sus redes de amistad y colaboración.

Anuncia, desde la ficción adulta, temas y motivos (muñecos, juguetes, mundos miniaturizados) que luego serán centrales en su obra para niños, pero aquí tratados con un lenguaje más experimental y cercano a la vanguardia.

En 1925 Antoniorrobles dio un giro decisivo en su trayectoria al publicar sus primeros cuentos infantiles en la revista Pinocho, semanario dirigido por Salvador Bartolozzi y editado por la prestigiosa editorial Saturnino Calleja, lo que marca el inicio de su consagración como renovador de la literatura infantil española.

Pinocho fue un semanario infantil lanzado el 22 de febrero de 1925 por la editorial Saturnino Calleja, con sede en Madrid y Barcelona, y se publicó hasta diciembre de 1931, con alrededor de 351–358 números.

La iniciativa partió de Rafael Calleja Gutiérrez (de la familia Calleja), pero el diseño, dirección y portadas estuvieron a cargo de Salvador Bartolozzi, ilustrador y escritor clave en la renovación de la literatura y el teatro para niños en España.

 Presentó Hermanos monigotes* y obtuvo el primer premio (o “premio especial”, según algunas fuentes) en ese concurso, lo que fue recibido con elogios unánimes por la crítica y los especialistas en educación.

Este reconocimiento lo convirtió en el primer escritor ligado a la Institución Libre de Enseñanza que aplicaba los postulados de la vanguardia literaria al género infantil, según destacaron contemporáneos como Herminio Almendros, quien lo llamó “el más original y brillante escritor de cuentos para niños en lengua española”.

Aunque el premio se concedió en 1932, la obra no vio la luz como libro hasta tres años después, en 1935, debido a diversos factores editoriales y al contexto político y económico de la época.

Hermanos monigotes y el premio de 1932 son fundamentales porque:

Consagran a Antoniorrobles como el renovador de la literatura infantil española, capaz de aplicar las vanguardias (humor, juego, imagen, fragmentarismo) al género infantil con un lenguaje accesible y poético.

Lo sitúan como el primer autor infantil premiado a nivel nacional en España, en un momento en que el Estado republicano buscaba impulsar una educación y una cultura modernas.

Marcan un hito en la historia de la LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) en español, ya que la obra es citada sistemáticamente en estudios, antologías y diccionarios como ejemplo de la nueva literatura para niños de los años treinta.

El libro fue finalmente publicado tres años más tarde, lo que explica la diferencia entre la fecha del premio y la de publicación.

En ese intervalo, Antoniorrobles continuó publicando otros cuentos y libros infantiles, pero Hermanos monigotes quedó como su obra más emblemática y premiada de esa etapa.

Hermanos monigotes (Visión alegre, amable y simple de las cosas de la vida), que había sido premiado en 1932, se publicó en 1935 por la editorial Juventud, con sede en Barcelona.

La portada y las ilustraciones fueron obra de J. Vinyals, y el libro incluye también viñetas del propio Antoniorrobles, quien a menudo dibujaba a sus personajes.

Cuenta con un prólogo de Ramón Pérez de Ayala, escritor y crítico de prestigio, lo que subraya la importancia que se le daba a esta obra dentro del panorama literario de la época.

En el catálogo del Centro Virtual Cervantes y en la Enciclopedia de la Literatura en México se registra como:

Hermanos monigotes (Visión alegre, amable y simple de las cosas de la vida), prólogo de Ramón Pérez de Ayala, ilustraciones de J. Vinyals, Barcelona, Juventud, 1935.

El libro está formado por una serie de cuentos breves protagonizados por los “hermanos monigotes”, personajes que representan objetos, utensilios o conceptos cotidianos convertidos en figuras con vida y personalidad.

Según el Diccionario LIJ y otras fuentes, hay unas 40 historias (algunas ediciones hablan de 40 cuentos), con títulos como: Hermana Copa, Hermanas Tijeras, Hermano Armario, y otros “hermanos” que personifican elementos de la vida diaria.

En cada cuento, Antoniorrobles parte de un dibujo sencillo (un monigote) y construye una historia alegre, amable y simple, como indica el subtítulo, en la que lo cotidiano se transforma en aventura o en pequeña lección de vida, sin moralismo explícito.

Esta estructura refleja su concepción de la literatura infantil como juego verbal y visual, donde el dibujo y el texto se complementan para crear un universo cercano y fantástico a la vez.

Durante la Guerra Civil (1936–1939), Antoniorrobles se posicionó de forma inequívoca a favor de la República, y puso su escritura al servicio de la causa antifascista, especialmente a través de la literatura infantil.

En ese contexto publicó varias colecciones de cuentos con intención propagandística, entre ellos diversas versiones de cuentos clásicos adaptados a la situación bélica y a la ideología republicana.

Estas adaptaciones aparecieron en la editorial Estrella, dentro de la colección “Cuentos Estrella”, y llevaban títulos como: El patito feo, Los músicos improvisados, Alí Babá y los cuarenta ladrones, Caperucita Roja, El gato con botas, Pulgarcito, y Cenicienta.

En ellos, Antoniorrobles trasponía los esquemas clásicos a un contexto de lucha de clases y guerra civil, presentando a los protagonistas como niños o personajes humildes que se enfrentan a la “nobleza” o al “fascismo” y acaban triunfando.

También publicó otros títulos de claro contenido político, como: Un niño en cierta guerra, Tigres labró la tierra, Palomitas de Botón, de paz y de guerra son, El poderoso influyente y los tres magos de Oriente, Automóviles audaces que de morir son capaces, Llevan a la luna un día, hasta la Comisaría

Estas obras fueron luego perseguidas y eliminadas de los centros oficiales y bibliotecas durante la dictadura franquista, lo que explica que hoy se conserve muy poco de esa producción en España.

Después de la derrota republicana, se exilia a México, donde permanece 33 años

Tras la derrota republicana en 1939, Antoniorrobles y su esposa huyeron a Francia y, desde Burdeos, embarcaron hacia México.


Antoniorrobles es considerado un pionero y renovador de la literatura infantil española, integrando influencias vanguardistas y aportando un humor original y accesible para niños. Su obra ha sido traducida a varios idiomas, entre ellos euskera, inglés, francés, portugués y ruso. Su contribución es ampliamente reconocida en España y México, y sus libros siguen siendo reeditados y leídos hoy en día.

Llegó al puerto de Veracruz el 22 de abril de 1939, apenas unos días después del final oficial de la guerra, y se instaló en la Ciudad de México, donde permaneció 33 años hasta su regreso a España en 1972.

Su exilio mexicano fue largo y estable: a diferencia de otros exiliados que pasaron por varios países, él se radicó en México de forma casi ininterrumpida, integrándose profundamente en la vida cultural y educativa del país.

En México, trabaja como profesor de Literatura Infantil en la Escuela Nacional de Maestros y en la Secretaría de Educación Pública (SEP)

Antoniorrobles no solo continuó escribiendo, sino que estrenó un nuevo oficio: el de formador de maestros en literatura infantil.

Desde su llegada, impartió un cursillo de literatura infantil para maestros de enseñanza primaria en la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Posteriormente, se le creó una Cátedra de Literatura Infantil en la Escuela Nacional de Maestros (también llamada Escuela Normal de Maestros) de la Ciudad de México, donde enseñó durante años a futuros docentes.

Esta cátedra fue, en buena medida, creada para él, lo que refleja el reconocimiento de que era, en ese momento, el más célebre escritor para niños en lengua española y una figura idónea para formar a los maestros en el uso de la literatura con los pequeños.

Su labor en la SEP y en la Escuela Normal lo convirtió en un referente en la formación de educadores, y su nombre se vinculó estrechamente a la renovación de la enseñanza de la literatura infantil en México.

Publica en periódicos como Excélsior; realiza adaptaciones e ilustraciones, participando en radio y televisión para el público infantil

En México, Antoniorrobles mantuvo una intensa actividad periodística y de difusión cultural. Colaboró con frecuencia en el diario Excélsior*, uno de los más importantes del país, donde publicó artículos, crónicas y textos literarios.

También participó en programas de radio dirigidos al público infantil, en los que narraba cuentos y fomentaba la lectura y la imaginación de los niños; su voz se hizo muy popular entre varias generaciones de oyentes.

Con el tiempo, esa presencia se extendió también a la televisión, donde continuó con su labor de cuentacuentos y divulgador de la literatura infantil, adaptando relatos clásicos y propios a los nuevos medios.

Paralelamente, realizó numerosas adaptaciones de cuentos tradicionales y colaboró como ilustrador de sus propios libros, manteniendo la costumbre de dibujar a sus personajes (“monigotes”) y de integrar texto e imagen.

En el ámbito editorial mexicano, trabajó con casas como EDIAPSA, que editó publicaciones como Rompetacones (semanario infantil) y Los jueves en el Colegio de don Ramón, donde Antoniorrobles tuvo una presencia destacada.

En 1942 publicó el ensayo ¿Se comió el lobo a Caperucita?, una obra de reflexión sobre la literatura infantil, los cuentos tradicionales y su función educativa y simbólica.

Este título se ha convertido en una referencia clásica dentro de los estudios de literatura infantil en español, tanto por su título sugerente como por su contenido, en el que Antoniorrobles analiza críticamente los relatos clásicos y su adaptación a los nuevos tiempos.

El ensayo refleja su doble condición de creador y teórico: no solo escribe cuentos, sino que piensa y discute sobre qué debe ser la literatura para niños, cómo abordar los cuentos tradicionales y qué papel juega la imaginación y el humor.

Para el público adulto, Antoniorrobles publicó en 1944 la novela El refugiado Centauro Flores, una obra que aborda de forma crítica y autobiográfica la experiencia de la Guerra Civil y del exilio.

A través del personaje de Centauro Flores, un refugiado español en México, la novela explora:

El trauma de la guerra y la derrota

La experiencia del desarraigo y la llegada a un país nuevo

Las dificultades de integración y la nostalgia por la patria perdida.

Esta obra es una de las pocas novelas de madurez de Antoniorrobles que se conserva y estudia como testimonio literario del exilio republicano en México, y complementa su imagen de escritor dual: infantil y adulto, lúdico y comprometido.

En 1954 publicó 8 estrellas y 8 Cenzontles, un libro infantil que combina elementos de la naturaleza (las estrellas) con el cenzontle, ave muy presente en la cultura mexicana y conocida por su capacidad de imitar otros cantos.

Este título refleja su adaptación a la cultura mexicana, incorporando motivos locales y paisajes del nuevo país que lo acogía, sin perder su estilo lúdico y poético.

Entre sus obras infantiles más destacadas en México figura La bruja doña Paz, un cuento o libro de cuentos que se convirtió en uno de sus títulos más conocidos en el país.

En 1960, La bruja doña Paz recibió el Premio del Comité AngloAmericano pro Naciones Unidas, un reconocimiento internacional que subrayaba la calidad y el valor educativo de su obra.

Este premio se suma al Premio Nacional de Literatura de 1932 por Hermanos monigotes, y confirma que Antoniorrobles mantuvo, durante todo su exilio, un alto nivel creativo y de reconocimiento en el campo de la literatura infantil.

En 1962 apareció Rompetacones y cien cuentos más, una voluminosa recopilación de cien cuentos que lleva por protagonista a Rompetacones, un personaje recurrente en su obra infantil mexicana.

Rompetacones fue también el nombre de un semanario infantil editado por EDIAPSA, lo que muestra cómo Antoniorrobles integraba sus personajes en distintos formatos: libros, revistas, radio y televisión.

En conjunto, estos puntos muestran cómo, tras la Guerra Civil, Antoniorrobles transformó su compromiso político y su vocación literaria en una intensa labor educativa, periodística y creativa en México, donde se convirtió en un puente entre la vanguardia española y la cultura mexicana, y en un referente fundamental de la literatura infantil en español durante más de tres décadas de exilio.

El 24 de enero 1972, tras 33 años de exilio en México, Antoniorrobles regresó a España y se instaló de nuevo en San Lorenzo de El Escorial, la ciudad que consideraba “la más bella del mundo” y donde había vivido la mayor parte de su vida antes de la guerra.

Publica las obras autobiográficas Yo (1973) y Los escalones de una vida (1981) están relacionadas con ese regreso y con la evocación de su vida escorialense.

El regreso estuvo motivado por:

La fuerte añoranza de sus lugares queridos (Robledo de Chavela, su pueblo natal, y El Escorial, donde su padre fue médico y él pasó su infancia y juventud).

Una salud ya quebrantada, que le hacía difícil seguir viviendo lejos de su entorno familiar y afectivo.

El deseo de reencontrarse con su público infantil español, con los niños que no habían podido conocer sus relatos porque sus libros habían sido prohibidos o eliminados durante la dictadura.

A su llegada, se encontró con un país muy cambiado: la Institución Libre de Enseñanza apenas se recordaba, y sus obras infantiles anteriores a la guerra estaban prácticamente olvidadas o desaparecidas de las librerías y bibliotecas.

Publicación de nuevos libros infantiles tras el regreso

A pesar de ese olvido inicial, Antoniorrobles volvió a escribir y a publicar libros infantiles en España, al tiempo que algunas de sus obras clásicas comenzaban a reeditarse:

La obra Un poeta con dos ruedas (1973) apareció en 1973 como una de sus primeras obras infantiles editadas en España tras el exilio.

El libro había sido publicado antes en México por CostaAmic en 1971, con el subtítulo “Cuentos para los 11 años de edad y sus alrededores”, y luego fue reeditado en Madrid por Afrodisio Aguado en 1972–1973.

Se trata de una colección de cuentos y relatos en los que el protagonista es un poeta que se desplaza en bicicleta (“dos ruedas”), una imagen que evoca libertad, movimiento y una mirada poética sobre lo cotidiano, muy acorde con el espíritu de Antoniorrobles.

La obra Las tareas del ángel Gurriato (1974) fue publicado en 1974, es otro de los títulos originales que vio la luz en España en esa etapa final de su vida.

El título sugiere un universo fantástico y tierno: un ángel “gurriato” (travieso, juguetón) al que se le encomiendan tareas o misiones, probablemente relacionadas con proteger, ayudar o acompañar a los niños, en la línea de sus cuentos anteriores sobre ángeles, juguetes y seres imaginarios.

Este libro, junto con Un poeta con dos ruedas, forma parte del esfuerzo de Antoniorrobles por conectar con una nueva generación de lectores infantiles que no habían tenido acceso a su obra antes de los años setenta.

Paralelamente, en estos años empezaron a reeditarse algunos de sus libros anteriores a la guerra, como Hermanos monigotes, lo que poco a poco fue recuperando su figura para el público español.

El 23 de enero de 1983, Antonio Joaquín Robles Soler —más conocido como Antoniorrobles— falleció en su domicilio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), a los 87 años, cerrando así una vida marcada por la literatura, el exilio y un compromiso profundo con la infancia y la cultura.

Murió a las seis de la madrugada del 23 de enero, en su propia casa, como consecuencia de un coma urémico, agravado por una afección gripal y una enfermedad arterioesclerótica, fue una enfermedad aparentemente leve la que, en un hombre ya anciano y de salud quebrantada, terminó con su vida en una fría mañana de enero.

Tenía 87 años, de los cuales 33 los había pasado en el exilio en México (1939–1972), antes de regresar a España y reinstalarse en El Escorial.

Su muerte tuvo una amplia cobertura en la prensa española. Al día siguiente, el 24 de enero de 1983, el diario El País* publicó una extensa necrológica titulada “Antoniorrobles, iniciador de la moderna literatura infantil española, falleció ayer en El Escorial”, en la que se lo definía como el “patriarca de las letras infantiles españolas”.

El 10 de febrero de 1983, su amigo y coterráneo Manuel Andújar publicó en El País el artículo “Nuestro Antoniorrobles”, un texto de homenaje que repasaba su figura, su influencia en la literatura española y, sobre todo, su papel fundamental en la literatura infantil.

En los meses siguientes aparecieron otros artículos y reseñas que destacaban su doble faceta: escritor de humor y vanguardia para adultos, y renovador de los cuentos para niños.

 

OBRAS destacadas

 

Libros para lectores adultos

1922 - La garra de lo humano

1923 - Tres (Novela de pueblo)

1924 - El archipiélago de la muñequería (Novela en colores)

1927 - El muerto, su adulterio y la ironía (Novela de incertidumbre)

1929 - Novia, partido por dos (Novela de humor)

1932 - Torerito soberbio

1933 - El muerto y su adulterio

1942 - ¿Se comió el lobo a Caperucita?; Seis conferencias para mayores con temas de literatura infantil (ensayo)

1942 - De literatura infantil. Dos conferencias. Ensayos de teatro infantil. La infantilización de las Leyendas Aborígenes. (ensayo)

1944 - El refugiado Centauro Flores. Novela al día

1961 - La fauna se columpia

1969 - El violín de Don Matías

1973 - Yo (Notas de vanidad ingenua) (memorias)

1981 - Los escalones de una vida (Autobiografía)

 

Libros infantiles

1930 - 26 cuentos infantiles en orden alfabético

1930 - 8 cuentos de niñas y muñecas

1931 - 8 Cuentos de las cosas de Navidad

1931 - Cuentos de los juguetes vivos

1935 - Hermanos monigotes (Visión alegre, amable y simple de las cosas de la vida)

1935 - Botón Rompetacones o la doble vuelta al mundo (novela para chicos)

1936 - Rompetacones y Azulita. 8 cuentos infantiles de la A a la H

1939 - Aleluyas de Rompetacones (100 cuentos y una novela).

1942 - Un gorrión en la guerra de las fieras

1954 - 8 estrellas y 8 cenzontles (Novela de sueños infantiles)

1960 - La bruja doña Paz

1962 - Rompetacones y 100 cuentos más (Relatos de 10 minutos para el colegio y la radio)

1964 - La bruja doña Paz

1974 - Las tareas del ángel Gurriato

1983 - El último dragón y la sombrerería

1985 - El señor que se comió un mundo

2009 - 26 Cuentos infantiles en orden alfabético. I (Ediciones de la Torre, Madrid)

2009 - 26 Cuentos infantiles en orden alfabético. II (Ediciones de la Torre, Madrid)

2009 - 26 Cuentos infantiles en orden alfabético. III (Ediciones de la Torre, Madrid)

HOMENAJES

Tras su muerte en 1983, y especialmente a partir de los años noventa, la memoria de Antoniorrobles fue recuperada en su tierra, con homenajes y dedicaciones de espacios públicos:

En Robledo de Chavela, su pueblo natal, existe una biblioteca pública que lleva su nombre, en reconocimiento a su condición de escritor universal nacido en esa localidad.

Esta biblioteca forma parte de la red de bibliotecas de la Comunidad de Madrid y sirve como centro de difusión de la lectura y, en particular, de su obra, que se ha convertido en un referente local y regional.

En San Lorenzo de El Escorial, donde vivió la mayor parte de su vida y donde murió, hay un colegio público de educación infantil y primaria que lleva el nombre de C.E.I.P. Antoniorrobles.

Este centro educativo rinde homenaje al escritor como modelo de creador de literatura infantil y como figura vinculada a la historia cultural de El Escorial.

El colegio organiza a menudo actividades relacionadas con la lectura, los cuentos y la literatura infantil, manteniendo vivo el espíritu de un autor que dedicó su vida a imaginar mundos para niños.

Tras su fallecimiento, se reeditaron y recopilaron muchas de sus obras:

Cuentos de las cosas que hablan de1981, poco antes de morir)

 Cuentos de «El Perro, el Ratón y el Gato»de1983)

El señor que se comió un mundo (1985)

 Y, progresivamente, sus clásicos de preguerra como Hermanos monigotes* y 26 cuentos infantiles en orden alfabético.

LEGADO

Su muerte simboliza el cierre de un ciclo: el de una generación de intelectuales republicanos que vivieron la guerra, el exilio y el regreso, y que contribuyeron de forma decisiva a la renovación de la cultura española del siglo XX.

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