sábado, 24 de octubre de 2026

24 DE OCTUBRE DE 1886 NACE GUILLERMO LABORDE - BIOGRAFÍA

GUILLERMO LABORDE : MAESTRO DE ARTISTAS

Autorretrato

Guillermo Laborde nace en Montevideo el 24 de octubre de 1886. 
Fue un pintor, escultor, diseñador, escenógrafo y docente uruguayo.

Guillermo Laborde fue una de las figuras que contribuyeron a la renovación de las artes plásticas del Uruguay durante las primeras décadas del siglo XX. Su legado no se limita a sus pinturas: comprende también su labor como maestro de artistas, su participación en el desarrollo del arte moderno nacional y su trabajo en el diseño gráfico, el teatro y las celebraciones del carnaval.


Estudia en el Círculo de Bellas Artes con el pintor Carlos María Herrera. 

En 1910 visita centros artísticos de Europa y en 1912, a su retorno a Montevideo, obtiene por concurso una beca otorgada por el Ministerio de Instrucción Pública. 


En el taller - 1916

 Retrato del escultor Luis Falcini -1916

Viaja entonces nuevamente a Europa en 1912 y estudió en Florencia, Roma, París y España, con el apoyo de una beca del gobierno uruguayo. 
Además de la pintura se interesa por la decoración y la escenografía. 

Regresó a Montevideo en 1921 y comenzó a trabajar como docente en la Escuela Industrial, el Círculo Fomento de Bellas Artes y los Institutos Normales de Montevideo

 
El espejo

Petrona Viera

Desde 1921 hasta su muerte, Laborde es docente de Petrona Viera. Menciona Raquel Pereda que este vínculo es un nexo fundamental entre Petrona y el exterior. "Laborde le imprime a Petrona una enseñanza de modernidad" ( Raquel Pereda,"Petrona Viera"). 
Quizás su intensa labor docente le impide una dedicación mayor a su realización artística. 

Laborde, cuidadoso del plano, va necesitando con el correr del tiempo grandes superficies. 

Creador de vestuarios y realizador de tablados de carnaval, también desarrolla intensa actividad como decorador y escenógrafo en teatros oficiales e independientes. 

Participa en numerosas exposiciones promovidas por el Ministerio de Instrucción Pública y la Comisión Nacional de Bellas Artes obteniendo algunas distinciones. 

Deporte- 1923


En 1923 es nombrado profesor de dibujo y decoración en la Escuela Industrial, y de dibujo y pintura en el Círculo de Bellas Artes. José Pedro Argul ("Proceso de las Artes Plásticas del Uruguay") destaca la tarea de este profesor que debía suplir las carencias del medio en cuanto a museos y otros lugares similares donde el estudiante pudiera ir a confrontar sus trabajos.
 


 


Luz artificial -1930
 

En la exposición del Centenario del Uruguay (1930) gana el premio de Instrucción Pública; el primer y tercer premio en el concurso de afiches sobre el deporte organizado por la Comisión del Centenario; obtiene medalla de oro en 1940 en el Salón Municipal.
Expone en Buenos Aires, Perú, Ecuador entre otros países. Está representado en nuestra colección, en el Museo Municipal Juan Manuel Blanes y en varias instituciones estatales.

Junto con José Cuneo Perinetti, Carmelo de Arzadun, Alfredo De Simone y Petrona Viera, se convirtió en uno de los fundadores del movimiento "Planismo", llamado así por su técnica de pintar en "planos" austeros y geométricos con colores brillantes. 

Guillermo Laborde falleció en Montevideo el 13 de mayo de 1940, cuando tenía 53 años. Su muerte interrumpió una trayectoria que abarcaba distintas disciplinas artísticas y que había contribuido a ampliar las posibilidades de expresión de la cultura uruguaya. 


  Retrato de Luis E. Pombo- de Guillermo Laborde -1928

HOMENAJES

 


Guillermo Laborde (1886-1940)

 

La permanencia de sus obras en las colecciones públicas, su reconocimiento en la historia del arte nacional y las iniciativas destinadas a conservar y exhibir sus pinturas constituyen algunas de las formas más significativas en que se mantiene viva su memoria.

Para comprender los homenajes que recibió después de su muerte, es necesario considerar tanto los reconocimientos institucionales como la recuperación de sus obras y la influencia que ejerció sobre las generaciones posteriores.

 

1. La conservación de su memoria en las instituciones culturales

Uno de los homenajes más importantes que puede recibir un artista después de su muerte es que su obra sea conservada, estudiada y puesta al alcance del público.

En el caso de Guillermo Laborde, el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) ha desempeñado un papel fundamental en esa tarea.

La colección del museo reúne 42 obras de Laborde, entre las que se encuentran pinturas que permiten apreciar la diversidad de su producción y su contribución al arte moderno uruguayo. Entre las más destacadas figuran Deporte (1923), Retrato de Luis E. Pombo (hacia 1928), Autorretrato (1937) y Retrato de la pintora Petrona Viera (1940).

 

Deporte (1923)

Esta pintura constituye un ejemplo de la búsqueda de nuevas soluciones formales y cromáticas que caracterizó a Laborde. Su conservación permite estudiar la relación entre el movimiento, la composición y el lenguaje moderno de la pintura uruguaya.

 


Retrato de Luis E. Pombo (hacia 1928)

Es una obra significativa por su composición y por el tratamiento del color.

El retrato demuestra que Laborde no se limitó a reproducir los rasgos físicos de una persona: también exploró las posibilidades expresivas de la figura y del espacio pictórico.

Luz artificial (hacia 1930)

Esta obra es especialmente importante por la representación de un trabajador y por su concepción visual de la energía y la iluminación. Su recuperación constituye uno de los episodios más significativos de la conservación del patrimonio artístico de Laborde.

La presencia de estas pinturas en las colecciones públicas permite que las nuevas generaciones conozcan su producción y que los investigadores puedan analizarla dentro de la evolución histórica de las artes plásticas del Uruguay.

 

2. La restauración de Luz artificial: un homenaje a través de la conservación


Uno de los acontecimientos más relevantes en la recuperación de su legado ocurrió en 2014, cuando el Museo Nacional de Artes Visuales presentó al público la obra Luz artificial, recientemente restaurada con la colaboración de la empresa estatal UTE.

La exposición se realizó entre el 3 de julio y el 10 de agosto de 2014, en la sala 2 del museo. La restauración permitió recuperar y volver a mostrar una pintura que posee un interés tanto artístico como histórico.

La obra había sido creada originalmente para la Central Térmica José Batlle y Ordóñez y estaba destinada a acompañar la inauguración de las instalaciones en 1932.

En ella aparece un obrero de perfil, con una postura tensa que transmite energía y concentración. La luz se representa mediante círculos concéntricos y líneas diagonales, una solución visual que vincula el tema industrial con la experimentación formal del artista.

La historia material de la pintura también resulta reveladora. Según testimonios recogidos sobre su trayectoria, la obra sufrió daños y fue objeto de intentos de restauración.

En 2012, la curadora Mechtild Endhardt trabajó en su recuperación con el apoyo del MNAV. Posteriormente, su presentación pública en 2014 permitió que un público más amplio volviera a contemplarla.

Este episodio puede considerarse un homenaje especialmente valioso porque no se limita a recordar el nombre de Laborde: recupera una obra concreta, protege su integridad y devuelve a la sociedad una parte de su patrimonio cultural.

Además, Luz artificial invita a reflexionar sobre el lugar del trabajador en la sociedad y sobre la capacidad del arte para transformar una escena industrial en una imagen de gran fuerza expresiva.

 

3. El reconocimiento de su contribución al arte moderno uruguayo

Otro homenaje duradero a Guillermo Laborde es el lugar que ocupa en la historia del planismo, una de las corrientes más características de la pintura uruguaya de las décadas de 1920 y 1930.

El Museo Nacional de Artes Visuales reconoce a Laborde entre los artistas que participaron de esa experiencia estética.

 El planismo se distinguió por el empleo de superficies de color relativamente uniformes, contornos definidos, simplificación de las formas y una particular atención a la luz. Estas características contribuyeron a renovar la representación del paisaje, la figura humana y la vida cotidiana.

La importancia de Laborde no reside únicamente en haber practicado ese lenguaje pictórico. También contribuyó a difundirlo mediante su actividad docente en el Círculo de Bellas Artes y en otras instituciones educativas.

Su reconocimiento como artista moderno se mantiene a través de los estudios históricos, las fichas de las colecciones museísticas y las exposiciones que permiten situar sus obras en relación con las de otros pintores de su generación.

Este reconocimiento resulta fundamental porque evita que su figura quede reducida a la de un pintor de una época determinada. Laborde forma parte de un proceso de transformación cultural en el que los artistas uruguayos asimilaron experiencias europeas y desarrollaron formas de expresión propias.

 

4. El homenaje que perdura a través de Petrona Viera

Petrona Viera (1895-1960)

La trayectoria de esta destacada pintora uruguaya constituye una de las expresiones más significativas de la influencia pedagógica de Laborde.

Entre los legados más importantes de Guillermo Laborde se encuentra su relación con Petrona Viera, a quien enseñó desde 1921 hasta su muerte en 1940.

El vínculo entre ambos fue mucho más que una relación convencional entre profesor y alumna. Laborde acompañó el desarrollo artístico de Viera, la orientó en su formación y contribuyó a acercarla a las nuevas corrientes de la pintura moderna. El MNAV destaca que su enseñanza fue decisiva para la incorporación de Petrona al planismo.

La obra posterior de Viera, reconocida por sus escenas infantiles, sus paisajes y sus composiciones luminosas, demuestra la importancia que puede alcanzar la formación artística cuando permite que cada creador desarrolle una voz propia.

Tras la muerte de Laborde, Petrona continuó su búsqueda artística y exploró otras técnicas, entre ellas el grabado. El MNAV señala que comenzó a trabajar en esta disciplina poco después del fallecimiento de su maestro y que encontró orientación en Guillermo Rodríguez.

Este hecho permite comprender la dimensión humana de la relación entre ambos artistas: la desaparición del maestro no significó el fin de la trayectoria de la discípula, sino el comienzo de una nueva etapa de experimentación.

El legado de Laborde se prolongó, por tanto, en la obra de una artista que desarrolló una personalidad propia y alcanzó un lugar destacado en la cultura nacional.

La enseñanza también es una forma de creación: el maestro no deja solamente obras materiales, sino conocimientos, preguntas, procedimientos y estímulos que otros artistas transforman y enriquecen.

 

5. La permanencia de su obra en los museos y en la memoria cultural

La conservación de las pinturas de Laborde en el Museo Nacional de Artes Visuales y su representación en otras colecciones públicas, entre ellas la del Museo Juan Manuel Blanes, constituyen otra forma de reconocimiento póstumo.

Los museos cumplen una función que va más allá de guardar objetos. Al catalogar, investigar, restaurar y exhibir las obras, contribuyen a mantener viva la memoria de los artistas y a incorporar su producción al patrimonio compartido.

En el caso de Laborde, la documentación museística permite reconstruir una trayectoria que abarcó la pintura, la escultura, la decoración, la escenografía y el diseño gráfico. Esa diversidad ayuda a comprenderlo como un creador que participó en diferentes espacios de la vida cultural uruguaya.

No obstante, conviene establecer una distinción histórica: la existencia de colecciones, publicaciones y exposiciones documentadas demuestra una labor sostenida de conservación y recuperación, pero no significa que todos esos acontecimientos hayan sido organizados expresamente como homenajes conmemorativos a Laborde.

Lo que sí puede afirmarse es que la preservación de sus obras y su inclusión en la historia del arte nacional mantienen vigente su contribución.

 

6. El afiche del primer Campeonato Mundial de Fútbol de 1930


Una imagen vinculada a la historia del Uruguay

La realización del afiche del primer Campeonato Mundial de Fútbol, celebrado en Uruguay en 1930, es una de las contribuciones más conocidas de Laborde al diseño gráfico nacional.

El Museo Nacional de Artes Visuales registra esta pieza entre las obras del artista.

Este trabajo amplía el significado de su legado, pues muestra que su producción no estuvo limitada a los espacios tradicionales de las bellas artes.

El afiche vinculó la creación artística con un acontecimiento deportivo de repercusión internacional. De ese modo, Laborde participó en la construcción visual de un acontecimiento que forma parte de la memoria colectiva uruguaya.

Su labor como diseñador demuestra, además, la importancia de las artes gráficas en la comunicación pública y en la representación de la identidad de un país.

La permanencia de esta pieza en el patrimonio museístico permite estudiar cómo el lenguaje visual de un artista puede trascender su época y quedar asociado a un acontecimiento histórico.

LEGADO

 

1. Su legado en el teatro, la escenografía y el carnaval

El reconocimiento de Guillermo Laborde también debe incluir su actividad en las artes aplicadas y escénicas.

Además de pintar y esculpir, diseñó vestuarios, realizó decoraciones y creó escenografías para teatros oficiales e independientes. Participó asimismo en la preparación de tablados y en los festejos del carnaval montevideano.

Esta faceta de su producción merece atención porque revela una concepción amplia del arte. Para Laborde, la creación artística podía desarrollarse tanto en una tela destinada a un museo como en un espacio teatral o una celebración popular.

En estos ámbitos, el color, la forma, la composición y el diseño se ponían al servicio de una experiencia colectiva. El público podía entrar en contacto con su sensibilidad artística incluso sin conocer su nombre.

Parte de este trabajo efímero —como ocurre habitualmente con las escenografías y las decoraciones de carnaval— resulta más difícil de conservar que una pintura. Por eso, los registros históricos y la investigación documental son esenciales para reconstruir esta dimensión de su trayectoria.

La amplitud de sus actividades constituye, en sí misma, una de las razones por las que su figura merece ocupar un lugar destacado en la historia cultural del Uruguay.

 

2. La vigencia de su legado artístico

La renovación del lenguaje pictórico

Laborde contribuyó a consolidar una pintura que exploraba el color, la simplificación formal y la organización de las superficies. Su obra permite comprender el proceso de modernización de las artes visuales uruguayas.

La formación de nuevas generaciones

Su tarea docente demuestra que el desarrollo cultural de un país depende también de quienes transmiten conocimientos, estimulan la experimentación y acompañan a los jóvenes creadores.

La protección del patrimonio

La conservación de sus obras en museos y la restauración de Luz artificial muestran la importancia de preservar los bienes culturales para las generaciones futuras.

La integración de distintas disciplinas

Su actividad como pintor, escultor, diseñador y escenógrafo invita a superar las divisiones rígidas entre las bellas artes, las artes aplicadas y las manifestaciones populares.

El legado de Laborde conserva interés porque permite estudiar una etapa decisiva de la cultura uruguaya y, al mismo tiempo, plantea cuestiones que continúan siendo relevantes: la relación entre tradición y modernidad, la función social del arte, la formación de los artistas y la responsabilidad de conservar el patrimonio.

Sus pinturas no deben contemplarse únicamente como testimonios de una época pasada. También son documentos visuales que permiten comprender cómo una generación de creadores buscó nuevas formas de representar su entorno y de participar en la transformación cultural del país.

 

Conclusión: un artista cuya obra continúa hablando

Guillermo Laborde murió en 1940, pero su contribución al arte uruguayo no desapareció con él. Su memoria permanece en las pinturas que conservan los museos, en la recuperación de obras como Luz artificial, en el reconocimiento histórico del planismo, en el célebre afiche del Mundial de 1930 y, de manera muy especial, en la influencia que ejerció sobre Petrona Viera.

No es necesario que todos los reconocimientos adopten la forma de monumentos, placas o ceremonias conmemorativas. También se honra a un artista cuando sus obras se estudian, se restauran, se exhiben y se incorporan a la educación cultural de la sociedad.

En ese sentido, el homenaje más profundo a Guillermo Laborde consiste en reconocerlo como un creador integral: un hombre que no solo produjo imágenes, sino que participó en la formación de otros artistas y contribuyó a ampliar los horizontes de la cultura uruguaya.

Su legado reúne tres dimensiones inseparables: la obra que creó, la enseñanza que transmitió y el patrimonio cultural que las generaciones posteriores tienen la responsabilidad de conservar.

Gracias a esa continuidad, Guillermo Laborde sigue ocupando un lugar significativo en la historia de las artes plásticas del Uruguay. Su vida demuestra que la importancia de un artista no se mide exclusivamente por la cantidad de obras que deja, sino también por las transformaciones que impulsa y por la huella que su trabajo imprime en la cultura de su país.

 FUENTES

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