
Eusebio Hierónimo de Estridón, conocido comúnmente como San Jerónimo, fue un sacerdote, teólogo, traductor e historiador cristiano nacido alrededor del año 340 en Estridón, en la región de Dalmacia (actual Croacia).
Jerónimo fue un hombre que, para traducir un texto sintió la necesidad de irse a vivir al país donde se hablaba esa lengua para poder entender mejor el mensaje que debía traducir.
No se trataba, simplemente, de reemplazar una palabra en hebreo por su equivalente en latín, sino que era necesario comprender el sentido, la cohesión del texto y la intención del autor.
Intérpretes
de las Naciones Unidas trabajando en sus cabinas durante una reunión del
Consejo de Seguridad. Los intérpretes son uno de los muchos tipos de
profesionales de la lengua que trabajan para la ONU. Foto ONU/Manuel Elías.
La celebración ha sido promovida por la FIT (Federación Internacional de Traductores) desde su creación en 1953.
Esta fecha se aprovecha para difundir conciencia acerca de una profesión que se ha vuelto fundamental, tanto por razones de la globalización como para la comunicación entre las culturas.
Entre los muchos principios que defiende dicha Asociación, se encuentra el de la formación de los intérpretes profesionales en la cultura y el espíritu de cada una de las lenguas que habrán de interpretar y se sugiere que los futuros intérpretes pasen al menos un semestre estudiando en una universidad en la que se impartan estudios en dichas lenguas extranjeras.
Aunque es imposible dar una cifra exacta –ni siquiera aproximada–, se calcula que en el mundo se hablan en la actualidad entre 3.000 y 5.000 lenguas, de las cuales solamente 600 cuentan con más de 100.000 hablantes, cifra que se considera mínima para garantizar su supervivencia a medio plazo. Entre los idiomas más extendidos están el chino mandarín, usado por 900 millones de personas; el inglés, con 470 millones de hablantes; el hindi, hablado por más de 420 millones de personas; el español, utilizado por 360 millones; y el ruso, con casi 300 millones de hablantes.
Otro aspecto curioso es el que tiene que ver con su distribución geográfica, que no es ni mucho menos homogénea. Según afirma Enrique Bernárdez en su libro ¿Qué son las lenguas?, en Asia se concentra el 32 por 100 de las lenguas existentes, en América el 15 por 100 –entre otras el quiché, el menomimi, el iowa o el guaraní–, y en Europa y Oriente Medio, sólo el 4 por 100.
Se estima que en África se hablan más de 1.500 lenguas diferentes. Hay casos singulares como el de Camerún, un país con 12 millones de habitantes en el que se hablan nada menos que 270 idiomas, o Nigeria, donde se han registrado casi 450. Pero la palma se la lleva Papúa Nueva Guinea, cuyos habitantes se comunican, atención, en ¡850 lenguas diferentes! Toda una torre de Babel.
Entre las amenazadas, que son casi el 90 por 100 de las existentes, las hay tan sugestivas como el cayapa, en Ecuador, con algo menos de 5.000 hablantes; el walmajari, que sólo hablan 1.000 seres humanos en el mundo; y el zuñi, en Norteamérica, con 6.000 usuarios. Hay también casos más graves, como el miwok, un idioma indio que únicamente hablan 4 personas; o el yidiny, en Australia, con poco más de una docena de hablantes. Respecto del kamas, una lengua que se hablaba en los Urales, se da prácticamente por desaparecida, porque es más que probable que haya muerto el último hablante del que se tenía noticia, un anciano que tenía 92 años en 1987.
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A diferencia de la mayoría de los traductores, San Jerónimo saltó a la fama y es conocido hasta en nuestros días a su versión traducida del hebreo al latín de la Biblia, llamada la Vulgata (de vulgata editio, 'edición para el pueblo') , L Vulgata fue hasta 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.
La Biblia traducida por Jerónimo se convirtió en el libro más leído de la humanidad y dejó de ser la versión ‘oficial’ de la Iglesia Católica recién en 1979 cuando se publicó la Neovulgata.Vulgata y a sus demás obras literarias le valieron el título de Doctor de la Iglesia Católica.
Jerónimo aprendió el latín en Roma, donde sirvió al papa Dámaso y luego, cuando ya estaba interesado en traducir la Biblia del hebreo, decidió instalarse en Belén para perfeccionar su dominio de dicha lengua. Incluso se dio el lujo de corregir versiones anteriores de traducciones del Nuevo Testamento o de ciertos trozos del Antiguo Testamento, tratando de establecer un rigor en la versión traducida.
En su momento, sus coetáneos lo criticaron por traducir la Biblia a partir de la versión en hebreo, pero San Jerónimo consideraba que debía acudir al texto original y traducirlo y, de hecho, detectó una serie de errores en las versiones de la Biblia que circulaban en su tiempo.
EL TRADUCTORADO
UNA PROFESIÓN
EN CRISIS
La profesión de traductor atraviesa una transformación
profunda y acelerada: la inteligencia artificial (IA) ha desplazado el núcleo
del trabajo desde la traducción “desde cero” hacia la postedición, la
validación de calidad y la gestión de riesgos lingüísticos, mientras comprime
tarifas, reduce volúmenes de encargos clásicos y empuja a muchos profesionales
a replantear su modelo de negocio o incluso a abandonar la profesión.
Panorama actual: qué está cambiando y por qué ahora
La irrupción de modelos de IA generativa y de traducción
automática neuronal (TAN/NMT) ha acortado drásticamente los tiempos de
respuesta y ha hecho que clientes y agencias confíen en promesas de ahorro y
velocidad, lo que se traduce en una caída del volumen de negocio de la
“traducción clásica” y en una presión sostenida a la baja sobre las tarifas. En
2026, el impacto ya es medible: la traducción clásica ha pasado de representar
alrededor del 37% al 29% del total del sector, y las tarifas de postedición han
caído entre un 13% (autónomos) y un 29% (empresas).
Este cambio no es solo tecnológico, sino económico y
organizativo: la gestión de proyectos se ha reconfigurado para priorizar flujos
automatizados, y la responsabilidad legal y de calidad recae cada vez más en el
traductor humano que valida lo que la máquina produce.
De “traducir” a “validar”: la postedición como nuevo
centro de gravedad
El desplazamiento más visible es del teclado al criterio: el
traductor pasa de producir el texto completo a revisar, ajustar y validar lo
que un modelo genera en segundos. Técnicamente, esto se llama postedición:
contrastar el texto fuente con la traducción automática, corregir errores,
incoherencias, sesgos y problemas de estilo, y asumir la responsabilidad legal
por el producto final.
En la práctica, esto implica nuevas competencias: capacidad
de diagnóstico rápido de fallos de IA (alucinaciones, calcos, registros
inadecuados), sensibilidad cultural y pragmática para adaptar el texto al
público meta, y conocimientos de gestión de calidad y de herramientas de TA/IA.
Mercado laboral y condiciones: precarización, fuga de
talento y crisis de confianza
Los datos recientes pintan un escenario de presión económica
fuerte. Según la European Language Industry Survey 2026, hasta un 17% de los
traductores autónomos se plantea ya abandonar la profesión. En España, una
encuesta de Asetrad y la UCM muestra que la mitad de los profesionales redujo
sus ingresos el año anterior y solo uno de cada cuatro confía en continuar
hasta la jubilación.
Las denuncias del sector apuntan a una precarización
sistémica: abaratamiento de tarifas, sustitución de trabajos completos por
tareas de corrección de máquina, y uso de la IA para generar textos “mediocres”
que luego el humano debe rescatar, todo ello con menor reconocimiento y
remuneración. Como resultado, se habla de una “fuga de cerebros”: traductores
con experiencia que migran a otras áreas (localización, gestión de contenidos,
enseñanza, corrección de estilo, comunicación) o que combinan la traducción con
otros servicios para sostener ingresos.
Calidad, ética y propiedad intelectual: los límites de la
IA
Aunque la IA mejora la eficiencia, la traducción humana
sigue siendo mejor valorada, especialmente en aspectos subjetivos del lenguaje
(registro, tono, matices culturales, ironía, ambigüedad controlada). La IA, en
cambio, tiende a producir textos más homogéneos, con riesgos de calco, pérdida
de voz del autor y errores contextuales que solo un lector humano experto
detecta con fiabilidad.
En el plano ético y legal, el sector alerta sobre el uso de
textos protegidos para entrenar modelos sin compensación a autores y
traductores, y reclama que se exija a los grandes proveedores de IA pagar por
el uso de esa propiedad intelectual. También se denuncia que la postedición,
cuando se impone como norma, puede convertir al traductor en un “filtro de
calidad” barato, asumiendo responsabilidades legales sin el reconocimiento ni
la retribución correspondientes.
Formación y perfil profesional: qué competencias ganan
valor
La formación del traductor está siendo redefinida. Los
programas universitarios y cursos de especialización incorporan ahora módulos
de tecnología del lenguaje, TA/IA, gestión de proyectos digitales y ética de datos.
Se espera que los nuevos traductores trabajen más cerca de perfiles técnicos
(informáticos, ingenieros de prompts, especialistas en datos lingüísticos) para
aportar valor humano a los flujos automatizados.scielo.
Las competencias más valoradas ya no son solo lingüísticas y
literarias, sino también:
- Diagnóstico
y corrección de errores de IA (semánticos, pragmáticos, culturales).
- Adaptación
de registro y estilo para públicos específicos (infantil, jurídico,
médico, técnico, marketing).
- Gestión
de calidad y control de riesgos (coherencia terminológica, cumplimiento
normativo, accesibilidad).
- Conocimientos básicos de funcionamiento de modelos de IA y sus límites (para saber cuándo no confiar en la máquina).
- Oportunidades emergentes: nichos y nuevas funciones
Pese a la crisis, la IA también abre nichos:
- Especialistas
en calidad lingüística para empresas que implementan flujos de IA.
- Consultores
en localización y adaptación cultural de contenidos generados
automáticamente.
- Formadores
y auditores de sistemas de IA en contextos específicos (salud, derecho,
educación).
- Gestores
de proyectos que combinan TA, IA y equipos humanos para optimizar
coste-calidad-tiempo.
La clave está en dejar de competir en velocidad y precio
contra la máquina y posicionarse como garantía de calidad, responsabilidad y
adaptación cultural.
Crítica estructural: ¿eficiencia a cualquier costo?
El discurso dominante de “eficiencia y ahorro” oculta costos
sociales y culturales:
- Precarización
de una profesión altamente cualificada, con mayoría de autónomos y poca
protección laboral.
- Homogeneización
del lenguaje y pérdida de diversidad estilística y cultural en textos
masivamente generados por IA.
- Externalización
de riesgos: la empresa ahorra, pero el traductor asume la responsabilidad
legal y reputacional de los errores.
Las asociaciones del sector (como Asetrad en España o AGPTI
en Galicia) reclaman tarifas dignas, límites al uso sustitutivo de la IA, y
mecanismos de compensación por el uso de propiedad intelectual en el
entrenamiento de modelos.
Escenario probable a corto y medio plazo
- Consolidación
de la postedición como tarea central, con tarifas aún bajo presión.
- Mayor
segmentación: traductores generalistas y de bajo valor añadido, más
expuestos; especialistas (jurídico, médico, literario, infantil-juvenil,
localización de alto nivel) con más capacidad de defender valor humano.
- Incremento
de la regulación y la negociación colectiva en torno al uso de IA en
traducción, propiedad intelectual y condiciones laborales.
- Reinvención
de la formación: menos “traductor puro” y más “gestor de calidad
lingüística y cultural en entornos de IA”.
En síntesis, la profesión no desaparece, pero se redefine de
manera dolorosa: el traductor humano se convierte en el filtro de calidad y el
responsable último frente a los errores y límites de la IA, mientras el mercado
intenta pagar menos por ese rol crítico. El desafío central es político y
económico tanto como técnico: cómo evitar que la eficiencia de la IA se
traduzca en precarización masiva y pérdida de diversidad lingüística y cultural
Perfil. El Traductor Público es un profesional universitario, de acuerdo con el art. 28 de la ley Nº 12.997 de 28/XI/1961, ejerce una profesión liberal, siendo depositario de la fe pública, y su actividad es de naturaleza eminentemente intelectual.
El ejercicio de su profesión abarca un vastísimo espectro en el campo del conocimiento -lo que presupone una constante puesta al día en la medida en que se amplía incesantemente el ámbito de la ciencia y de la técnica- exigiéndosele una total pericia idiomática, por cuanto el dominio de los idiomas en que actúa es “conditio sine qua non” para el desempeño de su profesión.
Debe poseer asimismo una vastísima cultura, imprescindible en su actividad de intermediario entre pueblos y etnias con formas de vida diferentes que debe conocer en todos sus aspectos: jurídico, cívico, sociocultural, científico, comercial, literario, etc.
Las leyes uruguayas determinan en muchos casos su actuación preceptiva para el diligenciamiento de documentación que proviene del extranjero o que se remite al exterior, de la que son ejemplos los exhortos, poderes, sentencias, testimonios, certificaciones, documentos personales, comerciales, financieros y técnicos en general.
Desde el año 1976, la carrera de Traductorado Público se halla radicada en la Facultad de Derecho. A ella se ingresa mediante una prueba de admisión en idioma español y en idioma extranjero, y solo pueden presentarse quienes hayan aprobado el segundo ciclo de Enseñanza Secundaria (egresados de cualquier orientación) y posean el conocimiento previo del idioma extranjero. Cabe consignar que la carrera de Traductorado exige del aspirante un nivel de suficiencia en el conocimiento de la lengua extranjera que presupone, necesariamente y sin excepción, largos años de estudio para alcanzar el dominio cabal de la misma. La Facultad no tiene, por consiguiente, el objetivo específico de “enseñar” lenguas, sino el de impartir “especialización” técnica y diversificada de alto nivel en las mismas.
Los cursos de Traductorado se dictan en las siguientes lenguas: alemán, francés, inglés, italiano y portugués, previéndose para el futuro una ampliación del actual espectro lingüístico.
Actualmente rige un plan de estudios de cuatro años de duración (estructurado en 17 asignaturas dictadas en cursos anuales que conforman la doble vertiente lingüística y jurídica de estos estudios) que recoge iniciativas y experiencias nacionales y extranjeras.
Se prevén, asimismo, cursos de posgrado en tres áreas básicas de especialización: la de traductor literario, traductor científico, y traductor-intérprete en la órbita judicial.
Duración de la carrera: 4 años.
Título: Traductor Público.
El Colegio de Traductores Públicos del Uruguay es una asociación profesional con una larga trayectoria. Fundada en 1950, luego de un proceso que comenzó en 1932, es la institución pionera de la región.
El CTPU nuclea a los Traductores Públicos egresados de la Universidad de la República, quienes se gradúan luego de cuatro años de estudios en la Facultad de Derecho.
Es una asociación sin fines de lucro cuyos objetivos están consagrados en sus estatutos. Uno de los más importantes es promover la capacitación constante de sus socios, para lo cual se organizan regularmente diversas actividades: cursos, talleres, jornadas, charlas y seminarios.
Los principios que guían el accionar del CTPU son la ética y la solidaridad entre sus miembros y con la sociedad.
Fines del Colegio de Traductores Públicos del Uruguay
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Los fines principales del Colegio de Traductores Públicos del Uruguay, como lo consignan los estatutos vigentes hasta la fecha, son los siguientes:
a) Representar a sus asociados (...), adoptando y propiciando la adopción de las disposiciones necesarias para asegurarles el libre desempeño de su profesión,(...) también velando por el total reconocimiento y mantenimiento del decoro e independencia de la misma.
b) Gestionar ante los Poderes Públicos la adopción de toda clase de medidas tendientes al mejoramiento de la situación legal y material de los Traductores Públicos y la protección de los mismos.
c) Prestar todos los asesoramientos que le sean solicitados, relacionados con la profesión.
d) Velar por el desarrollo de la conciencia y la ética profesional y de la ética gremial del Traductor Público.
e) Establecer vínculos con (...) instituciones jurídicas, literarias, universitarias, etc., nacionales o extranjeras.
f) Establecer vínculos con (...) instituciones nacionales o extranjeras que agrupan a (...) traductores, intérpretes profesionales o idóneos, o personas que desarrollen sus actividades en la lingüística y campos afines.
g) Defender el prestigio y los intereses de sus miembros y fomentar el espíritu de solidaridad y de buena voluntad entre los mismos.
Primeros movimientos asociativos
1932 - Un grupo de profesionales se reúne para tratar de reglamentar la carrera.
Marzo de 1932 - Se crea la "Asociación de Traductores Públicos". Tras breve período de actividades, se interrumpe la actividad de la misma.
1940 - Se retoman por breve lapso las actividades, que se habían suspendido. Se vuelven a interrumpir.
El Colegio de Traductores Públicos del Uruguay
1950 - Una vez más se reúnen profesionales para crear el estatuto de la Asociación de Traductores Públicos. Se aprueba el estatuto y se denomina a la institución Colegio de Traductores Públicos del Uruguay.
1954 - Se obtiene la personería jurídica. Desde entonces, las reuniones de los sucesivos consejos directivos del Colegio tienen lugar en los domicilios particulares u oficinas de trabajo de sus presidentes o autoridades.
1990 - Se publica el primer número de la 2a. Época de la Revista del Colegio de Traductores Públicos del Uruguay, que, dirigida por el Prof. Roberto Puig (h), desde entonces será editada bajo la supervisión de los sucesivos Consejos de Redacción e incluirá colaboraciones de los socios.
1997 - Se inaugura la actual sede -independiente- del Colegio.
2002 - Se lanza la página Web del Colegio, con el objeto de complementar el boletín "Noticias de Interés", creando un ámbito de comunicación directa con el Colegio y una fuente dinámica y permanentemente actualizada de informaciones al alcance de los asociados, de entidades pares en todo el mundo y del público en general.
2006 - Se publica en el Diario Oficial la resolución del Directorio de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Profesionales Universitarios sobre la aprobación de la incorporación de los Traductores Públicos al colectivo de contribuyentes y beneficiarios de dicha institución, quedando comprendidos quienes egresaron a partir del 1º de marzo de 2006 y los ya egresados nacidos a partir del 2 de marzo de 1970, siempre que realicen libre ejercicio de la profesión.
Mayo, 2008 - Con el fin de hacer uso de toda la tecnología a nuestro alcance y ponerla a disposición de nuestros socios, se implementa el Foro virtual del CTPU, cuya meta es facilitar la comunicación entre colegas.
Agosto, 2009 - Habida cuenta del rápido desarrollo de las herramientas informáticas y tecnológicas, y de la importancia creciente de una presencia institucional en Internet moderna y actualizada, se decide renovar la página web del CTPU. Se anuncia entonces en Asamblea General la puesta en marcha del proyecto “Nuevo sitio web del CTPU”. Se propone la creación de un espacio ágil, funcional, que facilite el acceso a información de utilidad, tanto a los socios como a los usuarios de los servicios de traducción. Se fijan los objetivos, se reúne el material y comienza la etapa de diseño y desarrollo conjunto por parte de los integrantes de la Directiva que promueve el proyecto y del proveedor de servicios informáticos contratado.
Agosto, 2010 - Culmina el proyecto y se concreta el lanzamiento del nuevo sitio web.





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