viernes, 8 de mayo de 2026

8 DE MAYO DE 1820 NACIÓ DIONISIO DÍAZ- BIOGRAFÍA


La Inmortal Hazaña de

  Dionisio Díaz  en el

 Arroyo del Oro




Dionisio Díaz  nació el Pueblo El Oro, Treinta y Tres, el 8 de mayo de 1920 .

Fue un niño uruguayo, conocido por protagonizar uno de los hechos heroicos más notorios de la tradición oral del país y convertirse en el segundo héroe civil de Uruguay después de Atilio Pelossi.

El abuelo de Dionisio, Juan Díaz, era un carrero venido a menos, que nació en Montevideo en 1855, luego vivió en Carreta Quemada en el departamento de Florida donde hacía fletes en  carretas.

Juan Díaz era hombre de confianza de comerciantes y barraqueros. Sus viajes desde Florida hacia Montevideo, lo mantuvieron en las últimas décadas del siglo en un permanente deambular por los arduos caminos del Sur. La lucha por su trabajo en los difíciles tiempos que le tocó vivir, lo endurecieron. Lo hicieron más rudo, más callado, más hombre.”  

El oficio que se estaba extinguiendo en ese entonces por la llegada del tren y otros medios de transporte.

Su vida en el trabajo duro lo volvió un hombre rudo y callado.

En ese andar permanente, Juan Díaz conoció a María Rosa, en las proximidades de San José, la abuela de Dionisio, una italiana que había venido al país con su esposo José Facio.

Al fallecer su esposo María Rosa quedó viuda con cuatro hijos.

Una de estas hijas sería madre prematuramente de un niño que llamaron Eduardo.

María Luisa Díaz, hija de Juan Díaz y María Rosa Dionisio, nació alrededor de 1900.

En el año 1902 la familia se mudó a un campito de 80 cuadras cercano al pueblo El Oro, que había adquirido.

“El Pueblo del Oro, tenía “30 o 40 ranchos de mala muerte. Eran de policías, peones de estancia, trabajadores rurales. Era un pueblo de muy poca importancia.

Habría entre 200 y 300 habitantes. La vida era completamente tranquila. Era gente buena y de trabajo. Los hombres pasaban su tiempo trabajando en las chacras y las estancias de la zona.

Tenían teléfono con Treinta y Tres y Vergara, teléfono policial.

Había diligencias y autos y camiones que hacían el tramo de Treinta y Tres a Vergara. Más cerca quedaba Vergara, unos 25 kilómetros y a Treinta y Tres unos 38.

En auto se demoraba por lo menos dos horas a Treinta y Tres y a Vergara algo menos.

La escuela estaba casi en el mismo lugar que ahora, un poquito más hacia el pueblo, donde está el plantío de fresnos.

La Comisaría estaba exactamente donde hoy está el monolito.

La familia estaba compuesta de su esposa María Rosa, cuatro hijos de ésta de un matrimonio anterior, ya adultos, y dos niños muy chicos: Eduardo nieto de María Rosa y  que Juan crió como hijo, y María Luisa.

          Durante mucho tiempo, reinó la paz en el rancherío de los Díaz.

A la muerte de María Rosa, ya los cuatro hijos de su esposa habían abandonado el rancherío: los dos mayores heredaron el trabajo de carrero, el menor de los varones, Marcelo, arrendó un campito cercano y trabajaba por su cuenta y

Felicia, la madre de Eduardo y María Luisa, se había casado con Quintín Núñez y formado su propio hogar.

Siendo apenas una jovencita, María Luisa queda sorpresivamente embarazada, y el 8 de mayo de 1920 da a luz a su primogénito Dionisio

El mismo Juan Díaz ya se había “hecho a la idea de un nieto”

Por eso no llamó la atención que sin pérdida de tiempo fuera hasta el pueblo por el camino de los Vergara, a buscar a doña Laurentina, la curandera del pueblo y la que se encargaba de los partos que se daban en la zona.

Doña Laurentina era además, hermana de Quintín, el padre de aquella criatura que iba a nacer en los ranchos que hacía 18 años habían levantado los Díaz en la costa de El Oro.

Cuando la tarde daba paso a la noche, un llanto infantil iluminó, por primera vez, aquellos negros ranchos de Juan Díaz.

Un varón rubio, de hermosos y tiernos ojos azules, se convirtió desde ese momento en el orgullo y felicidad de la familia.

Había nacido Dionisio, el Pequeño Dionisio, “el niño rubio de ojos color cielo”, “cachorro de tigre” , “el Niño Héroe”.

Juan Díaz, su abuelo, presenta a Dionisio en Vergara días después con indisimulable alegría, al decir posterior de los testigos del momento.

De acuerdo a la partida de nacimiento de Dionisio era hijo natural de María.

          No se sabe con certeza quién fue el padre de Dionisio. El libro de los maestros Pinho y Rivero, habla con claridad de Quintín Núñez, el marido de la madre de María Luisa

Serafín J García, quien conoció a los protagonistas, se refiere a un contrabandista "de bien ganada fama de valiente"; y Pedro de Santillana, el primer investigador periodístico de los hechos no se atreve a señalar a nadie.

El primer regalo que recibió Dionisio fue una cunita hecha con madera de sauce labrada por su tío Eduardo.

Alrededor de esa cuna giró durante varios años la felicidad de aquel hogar.

Desde el día que dio sus primeros pasos, fue el compañero inseparable de su abuelo y su tío. Con ellos comenzó a conocer la vida, a interpretar el paisaje, conocer los animales, a ver más allá de lo que los ojos perciben…

Dionisio y su mamá

         Pasan los años, la vida rural prosigue con su monotonía y continuidad, y mientras tanto Dionisio crece alegrando el rancherío.

Con ellos permanece Eduardo Fasciolo, que en realidad era el hijo político de Juan Díaz , era bastante habilidoso para la carpintería no así para los  trabajos de campo ya que le faltaba una pierna que había sido amputada luego de ser picado por una víbora de la cruz en la garganta del pie y

como en esos años (1912) las conducciones eran muy lentas, le hicieron una ligadura que  se pasó de tiempo.

Eduardo era un gran hombre. Morocho, bajo, de bigotes. A pesar de su renguera  era elegante. María Luisa, le acomodaba la ropa. Cuando iba a salir, una sola manchita que le viera a la ropa, no se la ponía. Era un buen mozo. Era inteligente.

Eduardo sabía leer muy poco, salió de segundo, trabajaba con el abuelo. Hacía trabajos, como ser caballetes de recado y otras cosas de madera.

El carácter de Juan se había agriado con los años, a medida que había visto desaparecer su oficio, su viudez y por llevar una vida de sacrificio y pobreza en la zona rural profunda.

Hay coincidencia en los testimonios en que siempre se trató de un hombre callado y de carácter introvertido.

Los viejos vecinos de la costa de “El Oro” recuerdan y repiten todavía, conmovidos, infinidad de anécdotas que ponen de manifiesto la tierna delicadeza y la finísima sensibilidad de aquel niño.

 Cierta vez, según tales recuerdos, su abuelo encontró un nido de halcón con sus pichones, aun emplumes, que de inmediato resolvió matar. Dionisio le suplicó que no lo hiciera. “Son muy dañinos estos bichos –arguyó el viejo  - Comen cuanto pajarito indefenso encuentran al alcance de sus garras”.

-“Pero vuelan tan lindo!....-dijo el niño. Además, ellos no tienen la culpa de ser así.¿usted no come también las pobres ovejitas, que ningún mal le han hecho?”.

Y Juan Díaz, turbado y confundido ante la imprevista ocurrencia de su nieto, no se atrevió a matar a los halconcillos.

 Otra vez el viejo empuño el hacha para cortar un laurel que había en el centro del patio. El niño, al darse cuenta de sus intenciones, se le puso adelante y le aferró las piernas con ambas manos. “No, abuelito, por favor, ¡que está lleno de pimpollos!”. “¿Qué importa? Es muy grande y estorba en este lugar. Si siquiera sirviese para algo”….”Pues da flores, y sirve para que los pájaros vengan todos los días a cantar en sus ramas. ¿Le parece poco?”

También en aquella oportunidad accedió el abuelo al pedido de Dionisio. El laurel se salvó de la amenaza del hacha. Y muchos años después de la tragedia, cuando entre las ruinas de los ranchos abandonados mostraban sus troncos secos y carcomidos los demás árboles del patio, sólo él continuaba sobreviviendo allí. Y el alegre y perenne verdor de sus follajes -que no había logrado marchitar el tiempo- era como un simbólico testimonio de la gloria del niño, también inmarcesible.

Otra anécdota es contada por Luis Ramos su padrastro

Él había traído del campo una mulita viva. “Es para ti Dionisio ¿Te gusta? Tenia dos hijitos pero no les pude cazar porque se metieron en la cueva” . El niño no vaciló un instante. Alzó en brazos el azorado animalillo, le pidió a Luis que lo condujera al sitio donde estaba la cueva de que hablara, y una vez allí depositó la mulita al borde del agujero, sonriendo feliz al verla desaparecer dentro de él, sana y salva.

Así era Dionisio Díaz, el niño gaucho todo amor y ternura, cuyo efímero paso por la tierra habría de dejar una indeleble estela, iluminada por el fulgor más puro de la gloria.

 

Tiempo después, María Luisa inicia amores con un vecino de la zona, Luis Ramos, de quien queda embarazada y tiene a su hija Marina, el 19 de febrero de 1928.

Luis Ramos era una persona de muy mala fama en el pago por tratarse un contrabandista y de un hombre muy apegado a todo lo que era el poder en ese momento.

Juan Díaz no veía con buenos ojos la unión de su hija con Luis Ramos, hijo del Zurdo Ramos, su vecino y rival.

La relación entre Luis Ramos y Juan Díaz estuvo marcada por una profunda enemistad que influyó directamente en la tragedia familiar que vivió Dionisio Díaz.

 Juan Díaz, abuelo de Dionisio, despreciaba abiertamente a Luis Ramos, quien era el padre de Marina, hermana de Dionisio, y además hijo del “Zurdo” Ramos, un antiguo y rencilloso enemigo de Juan Díaz. Esta rivalidad entre ambas familias, que se remontaba a generaciones, generó un ambiente de tensión constante.

Juan Díaz veía a Luis Ramos no solo como un enemigo heredado por su padre, sino también como un rival en la "jefatura" de la casa.

Ramos se fue a vivir con María Luisa en casa de Juan, y empezó a trabajar allí, casi contra su voluntad, lo que generó en él un resentimiento muy grande.

Además, Juan Díaz consideraba a Marina, hija de María Luisa y Luis Ramos, como heredera de la sangre de su enemigo, lo que profundizaba aún más el conflicto.

Esta amarga enemistad más el hecho que querían llevarse a los niños a un lugar más cerca del pueblo sería la clave para entender los hechos trágicos que ocurrirían.

 Luis Ramos no estaba presente esa noche, lo que ha generado especulaciones, pero está comprobado que no estuvo involucrado directamente en la tragedia.

La historia trágica de Dionisio, empieza exactamente nueve años después del nacimiento de Dionisio, durante su cumpleaños el 8 de mayo de 1929.

Por ese entonces Dionisio según Luis Ramos  “Era rubio. Un hermoso niño. Delgadito. Alegre. Rubio y de ojos azules. Muy blanco de cutis. Con los cachetes rosaditos. Pasaba el día jugando.

Le enseñó a caminar a Marina. Tenía unos animalitos que le había dado el tío y padrino Eduardo. También unas vaquitas. Le gustaba mucho el campo. Nunca había ido a la escuela. Eduardo y él eran verdaderos amigos”.

 

Ese día Dionisio recibe por parte de su tío y padrino un caballo de madera que hoy está expuesto en el museo de 33.

La noche del 9 de mayo, al otro día del festejo de los nueve años de Dionisio, María luisa y los niños iban a dormir en el mismo dormitorio del abuelo en el suelo porque el abuelo se estaba sintiendo mal.

Los ranchos de Juan Díaz eran dos, dispuestos en forma de cuadro, separados por un parral. Unos tres o cuatro metros,” era la distancia entre uno y otro.

Normalmente en uno de esos ranchos de terrón y paja, dormían el Abuelo Juan y el tío Eduardo. En el otro, María Dionisio y Marina.

Ese día, cuando comenzó a llegar la noche, el abuelo le pidió a María que se acostara en su cuarto porque no se sentía bien y deseaba que le hiciera algún té.

María no dudó un instante y dispuso todo para que Eduardo se quedara en el que era su cuarto. Ella con la ayuda de Dionisio llevó su colchón de dos plazas y lo tendió en el suelo. por eso cuando llegó la noche y como lo había pedido el abuelo Juan, en un rancho se acostó el tío Eduardo. En el otro, el Abuelo. María y los niños se acostaron en el suelo para cuidarlo

De repente a eso de las nueve de la noche Juan Díaz con  una mezcla de alcohol soledad y bronca atacó a la madre de Dionisio mientras estaba acostada. El ataque fue sorpresivo ya que no hubo ninguna discusión o altercado previo.

La apuñaló varias veces Dionisio, intentando cubrirla, recibió un corte en el brazo derecho, uno en la ingle y otro en el abdomen.

Llamando a gritos a su tío Eduardo al ver caer a su madre muerta, tomó a su hermanita, y huyó buscando cobijo en el otro rancho mientras su tío va a enfrentar a su abuelo.

Aterrado Dionisio con Marina en sus brazos se oculta haciendo lo imposible para que no llore ni haga ruidos.

Eduardo era rengo. Apenas siendo un niño, le había mordido una víbora y se le debió amputar un pie, y a pesar que él utilizaba uno que él mismo se había hecho de ceibo, utilizaba una muleta para movilizarse.

         Fasciolo se traba en lucha con el atacante bajo un parral que separaba los dos ranchos principales del caserío, siendo gravemente herido. Se arrastra con sus últimas fuerzas hasta el rancho donde se cobijaba Dionisio con su hermanita, y ahí fallece, dejando a Dionisio y Marina solos e indefensos en medio de la oscura noche.

         Los pasaron fácilmente 8 horas encerrados en la oscuridad, con frio, miedo, inseguridad, hambre e incertidumbre.

Las horas no pasaban. Hasta que sintió los pájaros. Era un

niño del campo, sabía que cuando los pájaros que andaban en el patio se callaban, era porque alguien andaba por allí.

Estaba amaneciendo

          A la madrugada, apenas asomaban las primeras luces del día que le permitieron armarse de valor para enfrentar el campo abierto y cuidarse del posible atacante, Dionisio opta por dirigirse hasta la seguridad del poblado donde encontraría quien le brindara ayuda.

Tras haberse "cortado una grasita" que asomaba de su vientre (verificado por los médicos que lo atendieron después), el niño se envuelve unos trapos sostener la herida, abriga a su hermanita y con su hermanita Marina en brazos,

Cuando amaneció, miró una y otra vez. No sabe cuantas veces. Hasta que estuvo seguro de que el abuelo no estaba. No sabe la hora, pero al poco rato de aclarar. Abrió la puerta ya con la niña en brazos y con el atadito de ropa. Se dio cuenta que Eduardo estaba muerto. No se animó ir hasta el otro cuarto donde estaba su madre muerta.

Miró solo el camino que a dos o tres metros, entre los yuyos altos, se abría por la chacra. Pasó el alambrado y se metió allí. Y corrió y corrió hasta donde pudo. Sin mirar para atrás.

Hacía mucho frío: la helada se había levantado con viento, de los testigos. Dionisio vestía una camisita de percal y pantalones cortos. Nada más. Sólo se había preocupado por la ropa de Marina. La de él, no importada.

Caminó derecho y en dos cañadas se detuvo porque sentía mucha sed..

Sentó a su hermanita en el suelo, con cuidado para que no llorara, y se acostaba a tomar agua para luego levantarla en brazos. Siempre cuidando que el abuelo no se le apareciera en el camino

Sin detenerse recorrió la legua y pico hasta El Oro, a campo abierto y atravesando alambrados, cañadas y cerros y bañados, para arribar cerca del mediodía a la comisaría donde informa de lo sucedido, no sin antes dejar a su hermanita en la casa de Lalo y  Adelaida González, que era amigo de la familia, había sido policía y ahora era el alcalde, para ser cuidada.

Lalo González le dijo si quería que lo llevara en brazos y el gurí dijo: “No señor, ahora ya dejé la niña”. “No don Lalo, ahora voy mejor.”

Dionisio marchó solito para la Comisaría.

Moribundo. Recreación de la película Dionisio Díaz

         Una vez en la comisaría, lo acostaron en una cama y llamaron a una vecina, pariente del padre, Clementina  Núñez le pidieron que quedara  allí cuidándolo. Estaba fajado. Le dolía porque estaba con los intestinos de afuera. No se podía apretar. Estaba malo. No se quejaba. Lo único que expresaba era rabia porque le habían matado la madre y al tío Eduardo.

  Se dispara el procedimiento policial, y se pide un médico para atender al pequeño, quien recién es atendido 20 horas después del ataque para que un doctor proveniente de Vergara, Antonio Pissano, quien tras practicarle las primeras curas ordena su traslado hasta Treinta y Tres, cosa que no se produce hasta la mañana siguiente.

Dionisio murió el 11 de mayo alrededor de las 10 la mañana mientras era llevado a la ciudad de Treinta y Tres , ya a la vista de la ciudad, en las inmediaciones del molino de Perinetti, muere Dionisio de peritonitis, es decir que hubo todo un proceso infeccioso a causa de sus heridas, según cuenta la leyenda, sin derramar una sola lágrima.

 La policía se dirigió  al lugar de los hechos, allí encuentran a la madre en la pieza que usaba Juan Díaz a modo de dormitorio con una herida en el corazón otro corte en la espalda y dos más las manos.

En otra pieza a pocos metros estaba Eduardo con seis heridas profundas en la espalda y otra en el brazo izquierdo. En el patio había señales de lucha .      

 

Los vecinos la policía y hasta el propio  juez organizaban patrullas para encontrar a Juan Díaz .

Todos veían a su perro que se paseaba alrededor de una

laguna el 6 de septiembre siguiente casi cuatro meses después del incidente el cuerpo de juan díaz apareció flotando en las aguas de esa misma laguna, a pocas cuadras de su casa, sin haberse aclarado nunca en forma concreta la causa de su fallecimiento.



Marina Ramos, hermana de Dionisio, creció formó su familia y se convirtió en una de las pocas personas vivas en Uruguay en tener una estatua que la representa.

Ella cuenta que de niña pensaba que las personas que la criaban eran su papá y su mamá . Ella les decía papá y mamá y como nunca se habló nada de que su madre y su  hermano y su tío habían muerto, desconocía su historia.

 El vínculo familiar real con esa familia era que a la que le decía mamá en realidad era su abuela.

Marina cuenta que cuando era chica se preguntaba  de porque toda la gente la quería conocer.

Eso le daba vergüenza y se escondía poque pensaba que tenía un defecto, que era distinta de los demás.

Se  enteró recién cuando entró a la escuela , tenía nueve años cuando se primero los compañeros y luego la maestra le contaron la historia de mi familia.

Entonces cuando volvió a casa de la escuela les preguntóa su familia y le dijeron que no se hablaba nada de eso y no se preguntaba nada ni nada.

Tuvo relación con su padre luego de casada. Antes la familia que la crió no lo querían.



En abril de 2023, Marina, nonagenaria (de más de 90 años), fue homenajeada en el Festival del Olimar “Maestro Rubén Lena” por su trayectoria y por mantener viva la memoria heroica de su hermano Dionisio, quien la salvó cuando ella tenía apenas 15 meses.

Hoy tiene 97 años  sigue en su misión de mantener viva la memoria de su hermano.


 HOMENAJES


Mural pintado en la escuela rural n.º 41 Dionisio Díaz, situada en Picada de Quirino, en el departamento de Tacuarembó.

La Escuela Rural N.º 41 Dionisio Díaz está ubicada en Picada de Quirino, departamento de Tacuarembó, Uruguay. Su dirección postal es Ruta 26, kilómetro 279, sin número específico. Geográficamente, se encuentra aproximadamente en la latitud 31° 50' 52" sur. Esta escuela forma parte de la red de escuelas rurales públicas del país y lleva el nombre en homenaje a Dionisio Díaz, figura emblemática de la región.

 La escuela está registrada oficialmente con el código 46309012 y es reconocida en documentos oficiales y leyes uruguayas, como la Ley N° 16.439 de 1993, que designa con el nombre "Dionisio Díaz" a varias escuelas rurales, incluyendo esta ubicada en Picada de Quirino.







En efecto, “El Pequeño Héroe del Arroyo del Oro”, de Pedro de Santillana, fue el relato que dio origen a la leyenda de Dionisio Díaz, que se alimentó después con películas de cine, libros, poemas, monumentos, obras de teatro y enseñanzas en las escuelas de todo el país.

En 1947 se publicó el largo Romance de Dionisio Díaz, del poeta Serafín J. García, que concluye en rimas famosas:

En 1954 se inauguró en el Parque Colón de Treinta y Tres el monumento en granito a Dionisio Díaz, obra del escultor José Belloni, financiada con el aporte de los niños de todas las escuelas públicas y privadas del país. Al pie del monumento, que representa al niño cargando a su hermana, se inscribió la leyenda “Dionisio Díaz el héroe de Arroyo del Oro, ejemplo infantil de sacrificio de amor y de heroísmo”. (Esta obra posteriormente fue trasladada a un nuevo emplazamiento ubicado al ingreso a la ciudad de Treinta y Tres).

 

En 1979 se publicó El Pequeño Dionisio, un muy documentado trabajo de los maestros Ariel Pinho Boasso y Sebastián Rivero Amaro, consultado para esta nota.

Al cumplirse el 8 de mayo de 2020 los 100 años de su nacimiento, el profesor Omar Mesa Prado organizó en Treinta y Tres un encuentro de peregrinación y homenaje que quedó trunco por la aparición inesperada del Covid-19. El encuentro, sin embargo, se realizó posteriormente.




FUENTES

https://www.raicesuruguay.com/raices/Dionisio_diaz.pdf

https://www.elpais.com.uy/informacion/crimenes-que-marcaron-la-historia-de-uruguay/un-crimen-atroz-que-elevo-a-un-nino-a-la-leyenda


8 DE MAYO DE 1828 NACE HENRY DUNANT- BIOGRAFÍA


El Visionario Humanitario

 que Cambió el Mundo

 



Henri Dunant nació 8 de mayo de 1828 en la ciudad de Ginebra, capital del cantón homónimo que formaba parte de la Confederación Suiza.

Fue un filántropo suizo fundador de la Cruz Roja.

Era el hijo primogénito de Jean-Jacques Dunant, un hombre de negocios, y su esposa Antoinette Dunant-Colladon.

Su familia era muy devota del calvinismo y tenía gran influencia en la sociedad ginebrina.

Sus padres enfatizaban el valor del trabajo social, según el ejemplo de su padre que era muy activo ayudando a huérfanos y presos liberados, mientras que su madre trabajaba con los enfermos y los pobres. 

Muy influyente en la formación del joven Dunant resultó una visita a Toulon donde vio el sufrimiento de los presos.

Dunant creció en el ciclo del despertar religioso conocido como el Réveil, y a los dieciocho años se unió a la Sociedad Ginebrina de las Almas. 

Al año siguiente, junto a unos amigos, fundó la llamada «Asociación del Jueves», un grupo de jóvenes que se reunían para estudiar la Biblia y ayudar a los pobres, y pasó mucho de su tiempo libre ocupado en visitas a la prisión y trabajo social.

El 30 de noviembre de 1852 fundó el capítulo ginebrino de lo que sería el núcleo fundacional de lo que luego sería la «Asociación Cristiana de Hombres Jóvenes» (YMCA).

Tres años más tarde intervino en la reunión de París dedicada a la fundación de su organización internacional, cuyos estatutos redactó.

 A los 21 años se le obligó a dejar el Collège Calvin por sus malas notas, y empezó como aprendiz en la firma de cambio de moneda Lullin und Sautter. Después de que concluyera favorablemente su periodo de aprendizaje, permaneció como empleado del banco.

En 1853, Dunant visitó Argelia, Túnez y Sicilia, por encargo de una compañía dedicada a las «Colonias de Setif» (Compagnie genevoise des Colonies de Sétif). 

A pesar de su escasa experiencia, cumplió con éxito su misión. Inspirado por el viaje, escribió su primer libro con el título Relato de la Regencia en Túnez (Notice sur la Régence de Tunis), publicado en 1858.

 En 1856, creó un negocio para actuar en las colonias extranjeras, y después, habiendo recibido una concesión de tierras en la Argelia ocupada por los franceses, una compañía de cultivo y comercio del maíz llamada «Compañía financiera e industrial de los Molinos de Mons-Djémila» (Société financière et industrielle des Moulins des Mons-Djémila). Sin embargo, la tierra y los derechos sobre el agua no se asignaron claramente, y las autoridades coloniales no cooperaron mucho.

Como resultado, Dunant decidió apelar directamente al emperador francés Napoleón III, que estaba con su ejército en Lombardía en aquella época. Francia estaba luchando junto al Piamonte-Cerdeña contra Austria, que ocupaba gran parte de Italia. Los cuarteles de Napoleón estaban ubicados en la pequeña ciudad de Solferino. 

Dunant había escrito un libro en alabanza a Napoleón III con la intención de presentárselo al emperador, y entonces viajó a Solferino para encontrarse con él en persona.

batalla de Solferino

 En 1859, mientras intentaba reunirse con Napoleón III para exponerle los problemas de sus negocios en Argelia, contempló el campo de batalla de Solferino después del enfrentamiento de los ejércitos austriaco y franco-piamontés que combatían en la guerra de unificación italiana

La batalla causó más de 40.000 heridos, que apenas recibían atención por falta de recursos sanitarios. Henry Dunant, testigo de esta tragedia humanitaria se olvidó del propósito inicial de su viaje y con ayuda de otros viajeros y vecinas de la región se dedicó a socorrerlos.



Estaba impresionado por aquel espectáculo de horror y por la ineficacia de los servicios sanitarios de la época, escribió Un recuerdo de Solferino, libro que publicaría en 1862.

Desde entonces se lanzó a una campaña de sensibilización de los gobiernos y la opinión pública acerca de los sufrimientos de los heridos de guerra, luchando por mitigar las consecuencias humanas de los enfrentamientos bélicos, ya que no era posible acabar con ellos. 


Fruto de sus esfuerzos fueron la fundación de un servicio sanitario neutral para actuar en los campos de batalla -la Cruz Roja Internacional (1863)- y la reunión de la conferencia internacional que adoptó la Convención de Ginebra sobre heridos de guerra (1864).

 La dedicación a esta causa humanitaria le llevó a descuidar sus negocios, quedando totalmente arruinado en 1867.

Tras unos años de gloria pasajera, hubo de dimitir como presidente de la Cruz Roja y abandonar temporalmente Suiza perseguido por sus deudores. Halló refugio en la Francia del Segundo Imperio, cuyo titular -Napoleón III- le prestó apoyo incluso después de ser derrocado y exiliarse en Inglaterra.

En 1887 regresó a Suiza para ser tratado de múltiples enfermedades, viviendo recluido en un sanatorio hasta su muerte. Olvidado prácticamente por todos, en la última década del siglo varios amigos reivindicaron su figura.



En 1901, Dunant recibió el primer Premio Nobel de la Paz por su papel al fundar el Movimiento Internacional de la Cruz Roja e iniciar la Convención de Ginebra. El médico militar noruego Hans Daae, que había recibido una copia del libro de Rudolf Müller, abogó por el caso Dunant ante el comité Nobel.

Frédéric Passy

El Premio Nobel de la Paz 1901 se dividió en partes iguales entre Jean Henry Dunant "por sus esfuerzos humanitarios para ayudar a los soldados heridos y crear un entendimiento internacional" y Frédéric Passy "por su trabajo de toda la vida para las conferencias internacionales de paz, la diplomacia y el arbitraje".

El premio fue compartido con el pacifista francés Frédéric Passy, fundador de la Liga de la Paz y activo con Dunant en la Alianza por el Orden y la Civilización. Las felicitaciones oficiales que recibió del Comité Internacional representaron finalmente la rehabilitación largamente esperada por él.

Henry Dunant murió el 30 de octubre de 1910 a las diez de la noche, a la edad de 82 años.

Tumba

De acuerdo con sus deseos, fue enterrado sin ceremonia en el Cementerio Sihlfeld en Zúrich. En su testamento, donó fondos para asegurar “una cama libre” en la residencia de Heiden siempre disponible para un ciudadano pobre de la región y legó algún dinero a amigos y organizaciones de caridad en Noruega y Suiza.

 FUENTES

https://es.wikipedia.org/

https://www.biografiasyvidas.com/

https://www.fundacionindex.com/

8 DE MAYO DÍA INTERNACIONAL DE LA CRUZ ROJA

LEMA 2026-

Juntos por la salud: Apoyemos la Ciencia


El Día Mundial de la Cruz Roja (World Red Cross Day) se celebra todos los años el 8 de Mayo. Este día es el aniversario del nacimiento de Henry Dunant, considerado como el padre de la Cruz Roja. Henry concibió una idea que hoy día se ha convertido en este movimiento  reconocido a nivel mundial.

LEMA 2026





El lema del Día Mundial de la Salud 2026 — “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia” — tiene una profundidad mucho mayor de lo que parece a primera vista. No es solo un eslogan sanitario: es una declaración ética, social, política y humana sobre cómo debe enfrentarse el mundo a los desafíos actuales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo presenta como un llamado global a defender la evidencia científica, la cooperación y la confianza pública.

1. “Juntos por la salud”: la salud como responsabilidad colectiva

La primera parte del lema rompe con una idea individualista de la salud.

No dice:

 “Cuida tu salud”

 “Protege tu cuerpo”

 “Vive sanamente”

 Dice “Juntos”.

Esa palabra transforma completamente el mensaje. Significa que:

  •  la salud de una persona afecta a la de otras;
  •  las epidemias, la contaminación o la desinformación no respetan fronteras;
  •  nadie se salva solo.

 La pandemia de COVID-19 dejó una enseñanza central: la salud es interdependiente. Un virus detectado en una ciudad puede expandirse al mundo entero en semanas. Por eso, el lema subraya que:

 gobiernos,

 científicos,

 médicos,

 educadores,

 medios de comunicación,

 y ciudadanos

 deben actuar de forma coordinada.

Dimensión humana

“Juntos” también implica solidaridad:

  •  cuidar a los más vulnerables;
  •  garantizar acceso equitativo a medicamentos;
  •  combatir desigualdades sanitarias;
  •  entender la salud como un derecho universal y no como un privilegio.

 Aquí aparece una idea muy poderosa:

 la salud no depende únicamente de hospitales y medicamentos, sino también de la cooperación social.

 

2. “Apoyemos la ciencia”: una defensa de la verdad y la evidencia

La segunda parte del lema tiene un tono más urgente.

La OMS eligió deliberadamente “apoyemos” porque hoy la ciencia enfrenta:

  •  desinformación,
  •  teorías conspirativas,
  •  negacionismo,
  •  manipulación política,
  •  y pérdida de confianza pública.

 El lema reconoce implícitamente que:

 sin confianza en la ciencia, la salud pública se debilita.

 

¿Qué significa “apoyar la ciencia”?

No significa creer ciegamente.

Significa:

  •  valorar la evidencia;
  •  aceptar el conocimiento verificable;
  •  entender que la ciencia corrige errores y evoluciona;
  •  diferenciar datos de opiniones.

 La ciencia es presentada aquí como una herramienta colectiva para proteger vidas.

Gracias a ella existen:

  •  vacunas,
  •  antibióticos,
  •  anestesia,
  •  cirugía moderna,
  •  agua potable segura,
  •  diagnósticos tempranos,
  •  tratamientos contra cánceres y enfermedades infecciosas.

El lema recuerda que muchos avances que hoy parecen normales fueron conquistas científicas.

 

3. El trasfondo filosófico: ciencia + cooperación

El lema une dos conceptos que históricamente no siempre estuvieron conectados:

  •  conocimiento científico,
  •  y acción social conjunta.

  La OMS intenta transmitir que:

  •  la ciencia sola no basta si la sociedad no la escucha;
  • y la buena voluntad sola no basta sin evidencia científica.

Es decir:

  •  la solidaridad necesita conocimiento;
  •  y el conocimiento necesita compromiso social.

 Por eso el lema tiene una estructura muy significativa:

  •  primero la unión humana (“Juntos”);
  •  luego la herramienta racional (“la ciencia”).

 

 4. El concepto de “Una sola salud”

La campaña de 2026 también enfatiza el enfoque de “Una sola salud” (“One Health”).

Esta idea sostiene que:

  •  la salud humana,
  •  la salud animal,
  •  y la salud ambiental

 están profundamente conectadas.

Por ejemplo:

  •  la deforestación puede favorecer nuevas epidemias;
  •  el cambio climático aumenta ciertos riesgos sanitarios;
  •  el uso excesivo de antibióticos en animales genera resistencia bacteriana.

 Entonces, el lema también puede interpretarse así:

  •  proteger la salud humana implica proteger el planeta.

 Esto amplía enormemente el significado tradicional de “salud”.

 

5. Una respuesta al clima cultural actual

El lema tiene además una dimensión política y cultural.

En muchos países han aumentado:

  •  la desconfianza hacia instituciones científicas;
  •  las campañas de desinformación;
  •  la polarización ideológica sobre temas sanitarios.

 Por eso, “Apoyemos la ciencia” funciona casi como una defensa de la racionalidad pública.

No es casual que la OMS insista en:

  •  hechos verificables,
  •  evidencia,
  •  cooperación internacional,
  •  y confianza en expertos.

 El mensaje implícito es:

 cuando la ciencia se debilita, las sociedades se vuelven más vulnerables.

 

 6. El mensaje emocional del lema

Aunque parece institucional, el lema también tiene una carga emocional importante.

Transmite:

  •  esperanza,
  •  unidad,
  •  reconstrucción de confianza,
  •  y sentido de comunidad.

  Después de años marcados por pandemias, guerras, crisis climáticas y polarización social, el lema propone una idea simple pero poderosa:

 la humanidad progresa cuando coopera y cuando respeta el conocimiento.

 

 7. Síntesis final

El lema “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia” puede resumirse como una invitación a construir una sociedad donde:

  •  la salud sea un bien común;
  •  la ciencia oriente las decisiones;
  •  la cooperación internacional prevalezca sobre el aislamiento;
  •  la verdad basada en evidencia tenga valor;
  •  y el bienestar humano esté conectado con el cuidado del planeta.

 

 En el fondo, el lema transmite una idea central:

 el futuro de la salud dependerá menos de acciones aisladas y más de nuestra capacidad colectiva para confiar, colaborar y actuar con base científica.

 

¿Qué es el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja?



El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es una red humanitaria mundial compuesta por tres componentes independientes pero complementarios:

 

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR)

 

La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR)

 

Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

 

Este Movimiento trabaja unido bajo principios fundamentales y un propósito común de ayuda humanitaria sin discriminación

Es la red humanitaria más grande del mundo, que trabaja en conjunto para aliviar el sufrimiento humano y promover valores humanitarios.

Los componentes del Movimiento, aunque conservan su independencia en los límites del Estatuto del Movimiento, actúan siempre de conformidad con sus Principios Fundamentales y colaboran entre sí en el desempeño de sus tareas respectivas y para realizar su misión común.

Se reúnen con los Estados Partes en los Convenios de Ginebra del 27 de julio de 1929 o del 12 de agosto de 1949 en la Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (en adelante: la Conferencia Internacional).

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) siempre ha tenido un reconocido papel en el desarrollo y la promoción del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Consciente de los retos que conlleva su pleno respeto, el CICR creó en 1996 un servicio de asesoramiento en derecho internacional humanitario a fin de fortalecer su capacidad de prestar servicios a los estados en esa materia abarcando medidas concretas y necesarias para la implementación de los Convenios de Ginebra y sus protocolos adicionales, los diversos tratados sobre armas, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y otros tratados pertinentes.

 



 Emblemas oficiales de la Cruz Roja


El emblema de la cruz roja y el de la media luna roja
01-09-1989 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por François Bugnion


  «Sólo la uniformidad del signo distintivo garantiza 

  que éste se respete internacionalmente» 

Max Huber*

En la Europa de la primera mitad del siglo XIX, cada ejército señalaba sus servicios sanitarios con una bandera de color diferente: blanco en Austria, rojo en Francia, amarillo en España y negro en otros lugares. A veces, estos emblemas variaban de un cuerpo de tropa a otro. Además, ningún signo particular permitía distinguir los furgones sanitarios de los demás medios de transporte del séquito, y nada permitía identificar a distancia a los miembros del servicio de sanidad.

Es fácil imaginar, pues, las consecuencias de dicha situación: los soldados apenas sabían reconocer las ambulancias de su ejército y menos aun las del adversario. Por consiguiente, se disparaba tanto contra los furgones del servicio sanitario como contra los que contenían municiones. Los médicos y los enfermeros corrían el mismo peligro que los combatientes.

En tales condiciones, resultaba imposible recoger a los heridos antes de que finalizara el combate. Para alejarlas del fuego enemigo, las ambulancias se instalaban a mucha distancia del campo de batalla. Pero esto significaba, para los heridos hacinados sobre carretas o sobre la paja de los furgones, interminables desplazamientos durante los cuales se dislocaban las fracturas y se infectaban las heridas. L os servicios sanitarios, puestos a prueba en largas distancias, no podían llevar a cabo sus tareas y, cuando los heridos llegaban por fin a los hospitales, el único recurso de la medicina era, a menudo, la amputación. Los ejércitos volvían de la campaña seguidos por un largo cortejo de mutilados y de inválidos.

Si se quería mejorar la situación de los militares en el campo de batalla, una de las primeras medidas necesarias era, por lo tanto, adoptar un signo distintivo uniforme, utilizado por todos los ejércitos y que serviría para proteger a los heridos y a quienes les presten asistencia.

Este es uno de los objetivos que se fijó el Comité Internacional de Socorro para los Militares Heridos -que había de llamarse bien pronto Comité Internacional de la Cruz Roja- fundado en 1863 para aplicar las dos ideas expuestas por Henry Dunant en Recuerdo de Solferino :

    Suscitar, en cada país, la fundación de una Sociedad Voluntaria de Socorro para los Militares Heridos;

    Fomentar el establecimiento de un convenio para proteger a los heridos y a quienes les presten asistencia.

Ya en la primera sesión del Comité Internacional, surgió la preocupación de adoptar un signo distintivo uniforme, tanto para los servicios sanitarios de los ejércitos como para las Sociedades de Socorro que se planeaba fundar. De hecho, en las actas de la reunión del 17 de febrero de 1853 consta:

  Por último, convendría aprobar un signo, un uniforme o un brazal, para que quienes se presenten con tal distintivo, adoptado universalmente, no sean rechazados [1 ] . 

La cuestión se aplazó hasta la Conferencia de octubre de 1863, celebrada por iniciativa del Comité Inte rnacional y que dio nacimiento a las Sociedades de Socorro en favor de los Militares Heridos -las futuras Sociedades Nacionales de la Cruz Roja.

Con miras a esta conferencia, el Comité Internacional había redactado un Proyecto de Concordato, en cuyo artículo 9 constaba:

  Los enfermeros voluntarios llevan, en todos los países, un uniforme o un signo distintivo idéntico. Su persona es sagrada y los jefes militares les deben protección [2 ] .

El proyecto del Comité Internacional sirvió de base para los trabajos de la Conferencia Internacional; el proyecto de artículo 9 fue examinado, el 28 de octubre de 1863, en la tercera sesión.




El doctor Appia, miembro del Comité Internacional, introdujo la cuestión:

  El doctor Appia insiste sobre la importancia de un signo distintivo e internacional y solicita que se añada en el primer párrafo: «La Conferencia propone un brazal blanco en el brazo izquierdo.» No hay que privarse de la acción que pueda ejercer un símbolo que, como la bandera para el soldado, despierte en el corazón, solamente al verlo, el espíritu de servicio que aquí se encarnaría en una idea, la más generosa, en una empresa común a toda la humanidad civilizada [3 ] .

En las actas no se indica cómo la Conferencia decidió poner en el brazal blanco sugerido por el doctor Appia, una cruz roja; no se retuvo más que el resultado de los debates:

... tras algunas deliberaciones, se aprueba la propuesta del señor Appia, modificada en el sentido de que el brazal blanco llevará una cruz roja [4 ] .

A continuación, el doctor Brière, delegado de Suiza, volvió a plantear la cuestión de la inviolabilidad de las ambulancias y del personal sanitario:

  El señor Brière expresa el deseo de que los heridos sean socorridos, sean del bando que fueren; que quienes asistan a los heridos sean considerados como bajo salva guarda y no sean capturados; que la misma bandera sirva para todos los hospitales y ambulancias militares de los distintos países y que todo lugar en que la bandera se enarbole sea un asilo inviolable; por último, que un mismo signo distintivo, si fuere posible un uniforme de color especial o una marca fácil de reconocer, se atribuya al servicio militar sanitario, por lo menos en cada ejército [5 ] .

La Conferencia aprobó sin vacilaciones el principio de la uniformidad del signo distintivo de los enfermeros voluntarios; así, en la Resolución 8 consta:

  Llevan en todos los países, como signo distintivo uniforme, un brazal blanco con una cruz roja [6 ] .

Por otro lado, la Conferencia recomendó que se adoptara, en todos los países, un signo uniforme para el señalamiento de las ambulancias y de los servicios sanitarios de los ejércitos [7 ] .

Pero la Conferencia de octubre de 1863 no era competente para dictar normas a los Gobiernos. Por lo tanto, el Consejo Federal de la Confederación Suiza convocó, el año siguiente, una Conferencia Diplomática en la que se aprobó el Convenio de Ginebra del 22 de agosto de 1864 para mejorar la suerte que corren los militares heridos en campaña.

En el artículo 7 del Convenio se menciona el principio de la uniformidad del signo distintivo de los servicios sanitarios de los ejércitos:

  Se adoptará una bandera distintiva y uniforme para los hospitales, las ambulancias y evacuaciones que, en todo caso, irá acompañada de la bandera nacional. 

  También se admitirá un brazal para el personal considerado neutral; pero la entrega de este distintivo será de la competencia de las autoridades militares. 


  La bandera y el brazal llevarán una cruz roja sobre fondo blanco [8 ] .

Así, la adopción de un signo distintivo uniforme era una de las condiciones de la inviolabilidad de los servicios sanitarios, de las ambulancias y del personal enfermero voluntario.

Por razones que no se juzgó necesario hacer constar en las actas de la Conferencia de octubre de 1863, se eligió el emblema de la cruz roja sobre fondo blanco. En los documentos de la época de la Conferencia -al menos los que conocemos- no se nos aclaran las razones de dicha elección. Unicamente podemos hacer conjeturas [9 ] .

Desde siempre, se ha considerado que la bandera blanca es el signo distintivo del parlamentario o de quien se rinde; estaba prohibido abrir fuego contra el que la enarbolaba de buena fe. Al añadirle una cruz roja, se le atribuía una significación suplementaria: el respeto debido a los heridos y a quienes les prestan asistencia. Además, se trataba de un signo fácil de confeccionar y reconocible a distancia.

Todo nos permite suponer que la Conferencia de octubre de 1863 no tuvo intención alguna de conferir al signo distintivo de los servicios sanitarios una significación religiosa y que tampoco pensaba que adoptaba un emblema al que se le podría atribuir significación religiosa, ya que la obra que se pretendía crear debía, precisamente, trascender las fronteras nacionales o religiosas.

Pero la Europa del siglo XIX se consideraba el centro del mundo y no se pensó en ningún momento que dicha elección pudiera suscitar controversias cuando la obra franqueara los límites del Viejo Continente.

Sin embargo, no tardaron en surgir las dificultades.

Desde el comienzo de la guerra entre Rusia y Turquía (1876-1878), el Imperio Otomano, que se había adherido sin formular reservas al Convenio de Ginebra del 22 de agosto de 1864, declaró que, aunque respetando el signo de la cruz roja que protege las ambulancias enemigas, adoptaría en adelante, para el señalamiento de las propias ambulancias, el signo de la media luna roja. La Sublime Puerta afirmaba que, en el ejercicio de los derechos derivados del Convenio, Turquía se había visto, hasta la fecha, paralizada por la naturaleza misma del signo distintivo del Convenio de Ginebra que hería las susceptibilidades del soldado musulmán [10 ] .

Siguió un abundante intercambio de correspondencia que no es necesario resumir aquí [11 ] . Finalmente, se aceptó la modificación decidida unilateralmente por la Sublime Puerta, pero sólo para el período que durase el conflicto.

No obstante, el Imperio Otomano siguió utilizando el emblema de la media luna roja para señalar sus servicios sanitarios y siguió solicitando que las Conferencias Internacionales encargadas de revisar el Convenio de Ginebra reconocieran dicho emblema; entre tanto, Persia reivindicaba el reconocimiento del emblema del león y sol rojos.

La Conferencia Diplomática de 1906 mantuvo la norma general de la uniformidad del signo distintivo, pero autorizó que el Imperio Otomano y Persia formulasen reservas [12 ] .



Sin embargo, la Conferencia Diplomática de 1929 aceptó reconocer el emblema de la media luna roja, utilizado por Turquía y por Egipto, así como el del león y sol rojos, utilizado por Persia; no obstante, a fin de evitar futuras solicitudes, la Conferencia reiteró que no se reconocería ningún otro emblema nuevo [13 ] .

Se llegó, así, al artículo 19 del Convenio de Ginebra del 27 de julio de 1929, en el que se mantiene la norma general de la uniformidad del signo distintivo, aunque autorizando el uso del emblema de la media luna roja o del león y sol rojos para los países que ya los utilizaban [14 ] .

La Conferencia Diplomática de 1949, encargada de revisar los Convenios de Ginebra tras la Segunda Guerra Mundial, recibió diversas propuestas concretas:

    una holandesa, tendente a adoptar un signo único nuevo;

    el deseo de la XVII Conferencia Internacional de la Cruz Roja, celebrada en Estocolmo el año 1948, de volver al signo único de la cruz roja;

    una propuesta israelí, tendente al reconocimiento de un nuevo emblema, el escudo rojo de David, que los servicios sanitarios de las fuerzas israelíes utilizaban como signo distintivo.

Dichas propuestas dieron lugar a animados y prolongados debates [15 ] . Se abandonaron las dos primeras y la propuesta israelí se descartó tras varias votaciones sucesivas.

Se llegó, así, al artículo 38 del I Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949, que es idéntico al artículo 19 del Convenio de 1929:

  En homenaje a Suiza, el signo heráldico de la cruz roja sobre fondo blanco, formado por interversión de los colores federales, se mantiene como emblema y signo distintivo del Servicio Sanitario de los ejércitos. 

  Sin embargo, para los países que, en vez de la cruz roja, ya utilizan como signo distintivo la media luna roja o el león y sol rojos sobre fondo blanco, se admiten también estos emblemas en el sentido del presente Convenio [16 ] . 

El Estado de Israel -que se había adherido al Convenio de 1929 sin hacer ninguna reserva- ratificó los nuevos Convenios de Ginebra formulando la siguiente reserva:




  Bajo reserva de que, respetando la inviolabilidad de los emblemas y signos distintivos del Convenio, Israel se servirá del escudo rojo de David como emblema y signo distintivo del servicio sanitario de sus fuerzas armadas [17 ] .

En la Conferencia Diplomática sobre la reafirmación y el desarrollo del derecho internacional humanitario (1974-1977), los delegados de Israel presentaron de nuevo un proyecto de modificación con miras al reconocimiento del escudo rojo de David [18 ] .

No obstante, la delegación israelí retiró dicha solicitud al comprobar que ésta no obtendría los votos necesarios para su adopción.

La República Islámica del Irán comunicó, el 4 de septiembre de 1980, su decisión de adoptar la media luna roja, en lugar del león y sol rojos, como emblema y signo distintivo del servicio sanitario de los ejércitos [19 ] .

El Comité Internacional, profundamente preocupado por las dificultades que la multiplicidad de los emblemas originaba en el Movimiento de la Cruz Roja, propuso en la XXIII Conferencia Internacional de la Cruz Roja, celebrada en Bucarest el año 1977, la designación de un Grupo de Trabajo encargado de examinar ésta cuestión [20 ] . Dicho Grupo estudió un gran número dé propuestas de índole diversa, pero no pudo llegar a un acuerdo sobre una propuesta concreta; por consiguiente, en la XXIV Conferencia Internacional, celebrada en Manila el año 1981, se decidió su disolución [21 ] .

Por último, en la XXV Conferencia Internacional de la Cruz Roja, que tuvo lugar en Ginebra el año 1986, se aprobaron los «Estatutos del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja», reemplazando así a los «Estatutos de la Cruz Roja Internacional», que habían sido aprobados por la XIII Conferencia, celebrada en La Haya el año 1928, y que habían sido revisados por la XVIII Conferencia, celebrada en Toronto el año 1952 [22 ] .

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A raíz de esta evolución, se reconocen en pié de igualdad el emblema de la cruz roja y el de la media luna roja como signos distintivos de los servicios sanitarios de los ejércitos y como emblemas de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja. 

En los nuevos Estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se confirma la igualdad -que siempre había existido- entre los dos emblemas y las dos denominaciones.

El emblema del león y sol rojos no ha vuelto a utilizarse desde 1980. Como en el artículo 19 del Convenio de Ginebra del 27 de julio de 1929 y en el artículo 38 del I Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949 sólo se reconocen los emblemas de la media luna roja y del león y sol rojos para los países que ya los empleaban, debemos admitir que el emblema del león y sol rojos ha caído en desuso, ya que no se ha utilizado durante varios años.

El emblema del escudo rojo de David fue objeto de una reserva cuya validez han puesto en tela de juicio algunos autores [23 ] . Sin entrar en un debate exhaustivo acerca de una controvertida cuestión de la técnica jurídica, en nuestra opinión los adversarios del Estado de Israel tienen la obligación de respetar, en el campo de batalla, al personal y el material sanitarios israelíes.

En todo caso, el emblema protector no es el elemento constitutivo de la protección convencional, sino simplemente la manifestación visible de ésta. Los miembros del servicio sanitario deben ser respetados debido a la misión de socorro que realizan, y no porque se les señala con uno de los signos distintivos.

En cambio, el Comité Internacional de la Cruz Roja no ha podido reconocer formalmente a la Sociedad israelí del Escudo Rojo de David (Magen David Adom), con la que mantiene, desde hace más de 40 años, muy estrechas relaciones de trabajo, ya que dicha Sociedad no reúne una de las condiciones de reconocimiento necesarias para las nuevas Sociedades Nacionales, aprobadas por la XVII Conferencia Internacional de la Cruz Roja, celebrada en Estocolmo el año 1948, y confirmadas por la XXV Conferencia, que tuvo lugar el año 1986 en Ginebra; de hecho, en dicha condición se prevé que, para ser reconocida como Sociedad Nacional, la Sociedad postulante debe hacer uso del nombre y del emblema de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja de conformidad con los Convenios de Ginebra [24 ] . Por la misma razón, la Liga de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja no ha podido admitir a la Sociedad de Socorro israelí.

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La solución adoptada por la Conferencia Diplomática de 1929 y confirmada por la de 1949 carecía de lógica, ya que se reconocieron dos excepciones en cuanto al principio de unidad del signo distintivo, pretendiendo, al mismo tiempo, eliminar, para el futuro, la posibilidad de nuevas excepciones. Ahora bien, nadie podía garantizar que no se repetirían las circunstancias que habían inducido al reconocimiento de los emblemas de la media luna roja y del león y sol rojos.

Cabe recordar los graves inconvenientes qué plantea dicha solución.

a) Se puede preguntar si la situación que dimana del artículo 38 del I Convenio de Ginebra se aviene realmente con el principio de igualdad que debería regir las relaciones internacionales; da, al menos, la impresión de un partidismo en favor de los países cristianos y musulmanes y de una discriminación para con otras comunidades religiosas (budismo, hinduismo, judaísmo, etc.).

Se han escrito numerosas páginas acerca de la índole religiosa o no religiosa del emblema de la cruz roja y del de la media luna roja; hemos evitado volver sobre este debate, pues un emblema tiene esencialmente la significación que se le quiera dar. No obstante, es cierto que la coexistencia de la cruz roja y de la media luna roja confiere a estos dos emblemas una consonancia religiosa que ni el uno ni el otro tiene intrínsecamente. La aparición de la media luna roja al lado de la cruz roja ha p royectado sobre ésta, en cierto modo, una connotación religiosa que, sin duda, no quisieron darle los fundadores de la Institución.

La vuelta a un emblema único, libre de toda significación nacional o religiosa, aboliría toda apariencia de discriminación y dé partidismo.

b) La coexistencia de dos emblemas no se aviene con el principio de unidad del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y lleva implícito el peligro de una ruptura.

Cuando se aprobaron los nuevos Estatutos del Movimiento, se declaró que la unidad de éste queda consolidada por el hecho de que se considera que son iguales la cruz roja y la media luna roja. Pero, para la opinión pública, ello significa, principalmente, que el Movimiento ya no puede reconocerse en un emblema único y bajo una sola denominación.

c) La situación actual es un atentado contra la universalidad del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, dado que la mayoría de la población israelí considera que no puede identificarse con ninguno de los emblemas previstos en el artículo 38 del I Convenio, aunque las normas estatutarias del Movimiento exigen a todas las Sociedades Nacionales que utilicen uno de los dos emblemas.

d) Tal situación fomenta nuevos fraccionamientos. La solicitud de Israel no ha sido la única. Así, la Cruz Roja de la India propuso, en 1977, el reconocimiento de un nuevo emblema.

e) La coexistencia de dos emblemas comporta numerosas dificultades en los países donde hay varias comunidades religiosas: la Sociedad Nacional, sean cuales fueren sus esfuerzos por servir al conjunto de la población, parecerá identificarse al grupo social que su emblema evoca; el despliegue de sus actividades se verá obstaculizado. En caso de conflictos internos, la Sociedad Nacional corre el riesgo de verse paralizada en su acción de socorro.

Se podría imaginar que las Sociedades Na cionales de los Estados donde hay comunidades cristianas e islámicas hagan uso del doble emblema de la cruz roja y de la media luna roja, que ya utiliza la Liga de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Sin embargo, esta solución no está de conformidad con el derecho positivo, ya que el doble emblema no está reconocido en el ámbito internacional. Además, ello no tendría utilidad alguna en los países donde hay comunidades de otra índole [25 ] .

f) Por último, y lo que es más grave, la coexistencia de dos emblemas -tres, si tenemos en cuenta la reserva israelí- compromete el correspondiente valor de protección, especialmente cuando cada adversario utiliza un emblema distinto. En lugar de ser un símbolo de neutralidad, el signo distintivo se identifica entonces con una o con otra de las partes en conflicto.

De hecho, más allá de las disposiciones convencionales, el valor de protección del emblema se debe a que es idéntico para el amigo y para el adversario. Una vez que se rompe la unidad, se compromete el respeto debido al emblema y, por consiguiente, la seguridad de los heridos y de quienes les prestan asistencia.

El artículo 38 del I Convenio tan sólo podría modificarlo una Conferencia Diplomática a la que asistan todos los Estados Partes en los Convenios de Ginebra.

No obstante, en nuestra opinión corresponde al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja buscar una solución a las dificultades con que se tropieza en la situación actual y proponer dicha solución a los Estados, porque es principalmente el Movimiento el que está cargando con las consecuencias de la situación actual; se atenta contra su unidad, contra su universalidad y contra sus posibilidades de realizar acciones de socorro.

Si el Movimiento abordase esta cuestión sin prejuicios y consiguiese agruparse en torno a un único emblema, daría la prueba viva de su ideal: un movimiento de solidaridad que trasciende las front eras nacionales, culturales, ideológicas y religiosas.

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NOTAS
  François Bugnion   , licenciado en letras, fue delegado del CICR en Israel y en los territorios ocupados (1970-1972), en Bangladesh (1973-1974), en Turquía y en Chipre (1974), en Chad (1978), en Vietnam (1979) y en Camboya (1979). Desde el 1 de enero de 1989 es jefe adjunto del Departamento de Doctrina, Derecho y Relaciones con el Movimiento del CICR. Publicación:   El Emblema de la Cruz Roja, Reseña histórica   , Ginebra, CICR, 1977. 

  (Este artículo es una contribución personal cuya publicación no significa que el CICR suscriba las opiniones en él expresadas.) 

  Notas   : 

* Quatorzième Conférence internationale de la Croix-Rouge, réunie à Bruxelles en octobre 1930, Compte rendu, p. 127.

1. «Documents inédits sur la fondation de la Croix-Rouge, Procès-verbaux du Comité des Cinq», publicados por Jean S. Pictet, en Revue internationale de la Croix-Rouge, n° 360, diciembre de 1948, pp. 861 a 879; p. 866.

2. Compte rendu de la Conférence internationale réunie à Genève les 26, 27, 28 et 29 octobre 1863 pour étudier les moyens de pourvoir à l'insuffisance du service sanitaire dans les armées en campagne, Ginebra, Imprenta Fick, 1863, p. 16.

3. Idem, p. 118.

4. Idem, p. 119.

5. Idem, p. 120.

6. Idem, p. 148; Manual de la Cruz Roja Internacional, duodécima edición, Ginebra, Comité Internacional de la Cruz Roja - Liga de Sociedades de la Cruz Roja, 1983, p. 552.

7. «Compte rendu...», op. cit., p. 149; Manual de la Cruz Roja Internacional, p. 552.

8. Compte rendu de la Conférence Internationale pour la Neutralisation du Service de Santé Militaire en Campagne, celebrada en Ginebra del 8 al 22 de agosto de 1864 (autografiado), Anexo B; Manual de la Cruz Roja Internacional, p. 20.

9. Acerca del origen del signo de la cruz roja, véase: Maurice Dunant, «Les origines du drapeau et du brassard de la Croix-Rouge», La Croix-Rouge Suisse, año XXX, n° 1, enero de 1922, pp. 2 a 5; Jean Pictet, «Le signe de la croix rouge», Revue internationale de la Croix-Rouge, n° 363, marzo de 1949, pp. 167 a 201; Perceval Frutiger. «L'origine du signe de la croix rouge», Revue internationale de la Croix-Rouge, n° 426, junio de 1954, pp. 456 a 467; Pierre Boissier, Histoire du Comité international de la Croix-Rouge, De Solférino à Tsoushima, París, Plon, 1963, especialmente las pp. 105 y 106.

10. Comunicado de la Sublime Puerta al Consejo Federal suizo, 16 de noviembre d e 1876, publicado en Bulletin international des Sociétés de Secours aux Militaires blessés, n° 29, enero de 1877, pp. 35 a 37, en p. 36.

11. Para más detalles véase: Bulletin international des Sociétés de Secours aux Militaires blessés, n° 29, enero de 1877, pp. 35 a 37; n° 30, abril de 1877, pp. 39 a 47; n° 31, julio de 1877, pp. 83 a 91; n° 32 octubre de 1877, pp. 147 a 154.

Véase también nuestro estudio: El Emblema de la Cruz Roja, Reseña histórica   , Ginebra, CICR, 1977.

12. Actes de la Conférence de Révision réunie à Genève du 11 juin au 6 juillet 1906, Ginebra, Imprenta Henry Jarrys, 1906, pp. 17, 63, 160 a 164, 175, 199, 214, 260 y 286.

13. Actes de la Conférence diplomatique convoquée par le Conseil fédéral suisse pour la Révision de la Convention du 6 iuillet 1906 pour l'Amélioration du Sort des Blessés et Malades dans les Armées en Campagne, et pour l'Elaboration d'une Convention relative au Traitement des Prisonniers de Guerre, réunie a Genève du 1er ou 27 juillet 1929, Ginebra, Imprenta del Journal de Genève, 1930, pp. 19, 247 a 254, 570, 615 y 666.

14. Idem, p. 666.

15. Actes de la Conférence diplomatique de Genève de 1949, cuatro volúmenes, Berna, Departamento Político Federal, 1949, tomo I, pp. 53, 213 y 342; vol. II-A, pp. 87 a 90, 145 a 146 y 181 a 182; vol. II-B, pp. 215 a 224, 248 a 255, 389 a 391, 521, 522 y 539; tomo III, pp. 40 y 179 a 181.

16. Actes de la Conférence diplomatique de Genève de 1949, tomo I, p. 213; Manual de la Cruz Roja Internacional, p. 37.

17. Actes de la Conférence diplomatique de Genève de 1949, tomo I, p. 342.

18. Actas de la Conferencia Diplomática sobre la reafirmación y el desarrollo del derecho internacional humanitario aplicable en los conflictos armados, Ginebra (1974-1977), 17 volúmenes, Berna, Departamento Político Federal, 1977, vol. III, p. 14.

19. «Adopción de la media luna roja por la República Islámica del Irán», Revista Internacional de la Cruz Roja, n° 42, noviembre-diciembre de 1980, pp. 324 a 325.

20. XXIII Conferencia Internacional de la Cruz Roja, Bucarest, del 15 al 21 de octubre de 1977, Acta, pp. 62 y 162.

21. XXIV Conferencia Internacional de la Cruz Roja, Manila, del 7 al 14 de noviembre de 1981, Acta, pp. 1 a 60 y 183 a 184; Revista Internacional de la Cruz Roja, n° 49, enero-febrero de 1982, pp. 35 a 39.

22. « Estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja » (aprobados en octubre de 1986, en Ginebra, por la XXV Conferencia Internacional de la Cruz Roja), Revista Internacional de la Cruz Roja, n° 79, enero-febrero de 1987, pp. 25 a 44.

23. En concreto, la validez de la reserva introducida por Israel ha sido puesta en duda por Claude Pilloud, «Las reservas a los Convenios de Ginebra de 1949», Revista Internacional de la Cruz Roja, n° 3, marzo de 1976, pp. 105 a 123, y n° 4, abril de 1976, pp. 165 a 190; Shabtai Rosenne, defiende la opinión contraria en «The Red Cross, Red Crescent, Red Lion and Sun and the Red Shield of David», Israel Yearbook on Human Rights, vol. V, 1975, pp. 9 a 54.

24. Dix-septième Conférence internationale de la Croix-Rouge tenue à Stockholm du 20 au 30 août 1948, Compte rendu, pp. 80 a 81 y 92; « Estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja », artículo 4, párrafo 5, Revista Internacional de la Cruz Roja, n° 79, enero-febrero de 1987, p. 32.

25. La Alianza de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de la URSS es un caso aparte ya que, según el espíritu de la Constitución del 31 de enero de 1924, en la que se da estructura federativa a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la Cruz Roja Rusa se reorganizó de conformidad con los principios de la descentralización y de autonomía de las secciones en las diferentes Repúblicas; a nivel interno, estas secciones han sido reconocidas como Sociedades autónomas que han adoptado, según el elemento dominante de la población, el emblema de la cruz roja o el de la media luna roja. Estas Sociedades han instituido en Moscú un órgano de coordinación, la Alianza de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de la URSS, que se encarga, en especial, de la representación internacional de dichas Sociedades. La Alianza utiliza, para desempeñar sus tareas administrativas, el doble emblema de la cruz roja y de la media luna roja. En cambio, para las respectivas actividades operacionales, cada Sociedad utiliza, por lo que sabemos, el emblema que le pertenece.

Principios fundamentales



Memorial de la Cruz Roja en Solferino.

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja realiza su labor bajo siete principios fundamentales que rigen las actuaciones de esta organización, creando un vínculo de unión entre las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, el CICR y la FICR.

Los Principios Fundamentales garantizan la continuidad del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y su labor humanitaria.
 
        * Humanidad: 
El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, al que ha dado nacimiento la preocupación de prestar auxilio, sin discriminación, a todos los heridos en los campos de batalla, se esfuerza, bajo su aspecto internacional y nacional, en prevenir y aliviar el sufrimiento de los hombres en todas las circunstancias. 

Tiende a proteger la vida y la salud, así como a hacer respetar a la persona humana. Favorece la comprensión mutua, la amistad, la cooperación y una paz duradera entre todos los pueblos.

    * Imparcialidad: No hace ninguna distinción de nacionalidad, raza, religión, condición social ni credo político. Se dedica únicamente a socorrer a los individuos en proporción con los sufrimientos, remediando sus necesidades y dando prioridad a las más urgentes.

    * Neutralidad: Con el fin de conservar la confianza de todos, se abstiene de tomar parte en las hostilidades y, en todo tiempo, en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico.

    * Independencia: 
El Movimiento es independiente. Auxiliares de los poderes públicos en sus actividades humanitarias y sometidas a las leyes que rigen los países respectivos, las Sociedades Nacionales deben, sin embargo, conservar una autonomía que les permita actuar siempre de acuerdo con los principios del Movimiento.

    * Voluntariado: 
Es un movimiento de socorro voluntario y de carácter desinteresado.

    * Unidad: 
En cada país sólo puede existir una Sociedad de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja, que debe ser accesible a todos y extender su acción humanitaria a la totalidad del territorio.

    * Universalidad: 
El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en cuyo seno todas las Sociedades tienen los mismos derechos y el deber de ayudarse mutuamente, es universal.

Misión del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja




    * Prevenir y aliviar, en todas las circunstancias, los sufrimientos humanos.

    * Proteger la vida y la salud y hacer respetar a la persona humana, en particular en tiempo de conflicto armado y en otras situaciones de urgencia.

    * Tratar de prevenir las enfermedades y promover la salud y el bienestar social.

    * Fomentar el trabajo voluntario y la disponibilidad de los miembros del Movimiento, así como un sentimiento universal de solidaridad para con todos los que tengan necesidad de su protección y de su asistencia.

 

Actividades de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y Media Luna Roja




Cada Sociedad Nacional de la Cruz Roja, como auxiliar del estado en el ámbito humanitario tiene funciones acordes a las necesitades del país o responsabilidades que otorgan los estados..

Promoción de los principios fundamentales y valores humanitarios

Promoción de salud- Paraguay Hogar maternal para adolescentes

    * Campañas de prevención de enfermedades.

    * Mensajes familiares y mensajes de buena salud.

    * Campañas para promover el respeto a la diversidad y la dignidad humana, reducir la intolerancia, la discriminación y la exclusión social.

    * Apoyo a las áreas de juventud.

Intervención en casos de desastre

La Cruz Roja en la zona del terremoto en Japón

    * Búsqueda y rescate.

    * Atención pre hospitalaria.


    * Abastecimiento de agua.
    * Alojamiento temporal a personas necesitadas.

Preparación para desastres.

Cruz Roja de Cuautla,  centro de acopio de ayuda humanitaria para los estados de Veracruz, Oaxaca y Tabasco que sufren inundaciones

    * Campañas de recolección de ropa, juguetes y alimentos.

    * Solicitud de medicamentos.

    * Capacitación a la comunidad en gestión de riesgos.

    * Primeros auxilios.

    * Donaciones voluntarias.

  *Mejora de los servicios de salud en la comunidad.

Hospital de Campaña de la Cruz Roja de Tobarra- España

    * Donación de sangre.

    * Servicio de ambulancias.

    * Hospitales e instituciones de formación.

    * Servicios médico, Psicológico y odontológico.

    * Apoyo social y acompañamiento al adulto mayor, niños y en general a personas vulnerables.

Las personas que integran la Cruz Roja no reciben dinero como sueldo, pues son voluntarios (excepto técnicos, por ejemplo, un socorrista que trabaja todo el día en la playa). Trabajan para evitar el sufrimiento humano, y por el bienestar de todos.

Además, para evitar incidentes, ninguna persona que sea remunerada por su acción en Cruz Roja puede acceder a puestos políticos en la jerarquía de la institución.

 HUMOR Y SALUD



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